La reina de los obstáculos

Written by on 02/08/2018

Dejó hasta el último aliento y al cruzar la meta cayó. No quedó nada. Sólo su corazón agitado, pulmones ávidos de oxígeno, intenso dolor en las piernas y la mirada casi perdida hacia la pizarra: 55.11 segundos. Tirada en el tartán, las pocas fuerzas alcanzaron para una sonrisa: Zudikey Rodríguez rompió el récord mexicano de 400m vallas, ganó plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla 2018. Una carrera que se convirtió en una analogía de su propia vida, como si cada valla fuese un momento en la historia de La Reina de los Obstáculos.

Zudikey Rodríguez

Zudikey Rodríguez. Foto: Especial

De niña corría 100m y 200m en la Olimpiada Nacional. En 2005, cuando era juvenil, una sorpresa llegó a su vida: esperaba un bebé. Se alejó de las pistas, nació Ethan y poco después, el entrenador Cosme Rodríguez, de la Universidad de Chihuahua, la invitó a regresar al atletismo. En poco tiempo, Zudikey se convirtió en todóloga: mamá, estudiante de Licenciatura en Nutrición y atleta de alto rendimiento. Cada hora transcurría con cronómetro en mano.

En diciembre de 2007, visitaba a sus papás en Valle de Bravo, pero un accidente automovilístico cambió todo. En el choque, protegió a Ethan, que quedó sin daños, pero a ella se le incrustaron vidrios de la ventana en el rostro y allí permanecen, dolorosos, hasta hoy. Sin embargo, esa noche, las astillas cristalinas sobre sus ojos no le agobiaron, lo grave fue un golpe en su rodilla izquierda pues parecía que los sueños de la temporada olímpica por iniciar no serían para ella.

Tres meses después de rehabilitaciones, en marzo de 2008, corrió 400 metros y clasificó con el relevo 4x400m que compitió en los Olímpicos de Beijing 2008. Con estudios, maternidad, terapias y esfuerzo.

En 2009 corrió en la Olimpiada Nacional. “El deporte ha cambiado mi vida. Me encanta lo que hago, lo disfruto al máximo, sé que es difícil ser mamá, deportista de alto rendimiento y estudiante, pero también es muy bonito, me siento llena, plena y realizada. Mi vida se lleva a base de disciplina, tengo horario para todo y lo que hago es cumplir mi agenda al pie de la letra para organizarme”, dijo después de ganar cuatro oros en la competencia.

Mientras Zudikey se esforzaba en la pista, su hijo Ethan, de tres años de edad, falleció en un accidente. El momento fue tan duro y repentino que sólo había un pronóstico: ver como el radiante fulgor de una futura estrella del deporte se extinguía en la oscura adversidad y el retiro. Meses después, en el Campeonato Nacional de Atletismo, ganó con récord de evento los 400m vallas (56.10s). El resultado de una ecuación llena de valor, esfuerzo, disciplina y amor.

“Lo que más quisiera en este mundo es tener a mi hijo de vuelta y aunque yo sé que eso no va a poder ser, siento que él está aquí conmigo siempre y por eso le dedico todas mis carreras y nunca voy a dedicarle algo en lo que no me entregue totalmente, nunca le dedicaría algo en lo que no deje todo el corazón. Siempre que sucede algo difícil, pienso ‘esto no es nada, lo peor ya pasó’ y si pude sobreponerme a eso, a cualquier cosa que venga, también”, compartió.

En junio de 2010, se cumplió un año de la partida de Ethan y Zudikey, en la tercera carrera de su vida en 400m con vallas, ganó oro en el Campeonato Iberoamericano de Atletismo de España (56.33s). La estrella no sólo renacía, brillaba más fuerte.

En los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Mayagüez 2010, ganó plata en 400m vallas y bronce con el relevo 4x400m. Meses después, el Comité Organizador de Mayagüez 2010 anunció que ella y otros cuatro mexicanos dieron positivo en uso de sustancias prohibidas y a todos les retiraron las medallas.

No hizo trampa. A consejo de su entrenador ingirió un suplemento alimenticio que contenía una sustancia prohibida y a causa de la ignorancia perdía el brillo de su esfuerzo, arrastrada a las lágrimas y de nuevo a esa pregunta sin respuesta: “¿¡por qué!?”.

Zudikey fue suspendida un año de las competencias y no se detuvo a reflexionar en preguntas vacías, ni aceptó el papel de víctima que esos episodios le ofrecían. Quería el personaje estelar, quería ser la heroína de su propia historia y ganó el papel en cada día de determinación, entrenamiento y tenaz esfuerzo.

La sanción terminó antes de los Panamericanos de Guadalajara 2011. Fue parte del relevo 4x400m, pero a la segunda relevista se le cayó la estafeta y por mayor esfuerzo, las chicas terminaron en quinto sitio.

Casi dos años después, el 2 de agosto de 2013, Zudikey regresó a la pista; ese espacio impredecible que puede victimizarla o encumbrarla. Este capítulo lo escribió en el Campeonato Iberoamericano de Atletismo de Sao Paulo, Brasil, donde ganó oro en 400m vallas (56.63s). “Dudé si algún día volvería a correr 56 segundos. Hoy sé que pronto llegará el 55. Soñaba con este momento muchas noches. Ya se hizo realidad en Brasil. Al terminar la carrera apunté al cielo porque el más contento es mi niño Ethan, él festeja más que yo este resultado. Lo Amo”, suscribió entonces en sus redes sociales.

 

Pero su historia en Juegos Centroamericanos y del Caribe no terminaría con un dopaje. Entrenó a conciencia para la edición de Veracruz 2014 y durante una práctica, al pasar una valla cayó tan fuerte que sufrió un esguince cervical de segundo grado. Los doctores le pidieron reposo, a tres semanas de su cita con la historia, pero no haría caso. Entrenó, compitió y se convirtió en la primera mexicana que logró el título regional en 400m vallas (56.79s). En los Panamericanos de 2015 llegó a la final de la prueba, pero no clasificó a los Olímpicos de Río 2016.

Con su alta expertiz en el tartán, hubo quienes auguraban el ocaso de su carrera deportiva, entre ellos, las autoridades metodológicas que se encargarían de ver por sus apoyos para entrenar o competir en el extranjero, pero bajo esos argumentos, la ayuda nunca llegó. Zudikey no esperaría a que los demás resolvieran sus adversidades.

Ella misma buscó los apoyos para realizar un campamento de preparación en República Dominicana, entre las condiciones más similares a Barranquilla y al lado de su querida amiga Zurian Hechavarría, de Cuba. Juntas planificaron una preparación como ninguna antes, juntas llegaron a los Juegos y juntas, o casi juntas, cruzaron la meta: Zurian marcó 55.13s, dos centésimas arriba de Zudikey (55.11), que a su vez quedó a tres centésimas de la ganadora Ronda Whyte de Jamaica (55.08).

Así, tirada en el tartán, Zudikey, con sus dolores y recuerdos, sus desalientos y logros, celebró el triunfo de su resiliencia, con la mano señalando al cielo y el recuerdo de su motivo eterno: Ehtan.


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