‘Year of the Tiger’, el duelo de Myles Kennedy

Written by on 03/04/2018

Hay dos temas relevantes dentro de la música rock en nuestros días: el primero es su posible extinción, augurado por figuras como Gene Simmons (KISS), Julian Casablancas (The Strokes) y Matt Bellamy (MUSE); y otros eventos la bancarrota de Gibson o el cierre mental que tenemos algunos para expandirnos a todas sus variantes.

El segundo es todas leyendas que hemos perdido una tras otras durante los últimos tres años: David Bowie, Chris Cornell, Dolores O’Riordan, Chester Bennington, que si bien podría ser un pretexto para reforzar el primer tema, es la desmitificación de su inmortalidad que lo aparta.

Es por eso que, al menos desde mi perspectiva, los músicos intentan despegarse un poco del género para entregarnos “algo más: personal, excitante, único, fuera de un encasillamiento”, y el género escogido por excelencia es el country. Kid Rock dejó todo el bawitdaba para hacer dúos con Sheryl Crow y coverear ‘Sugar Pie Honey Bunch’; Steven Tyler dejaba su puesto del demonio de los gritos para regresar sus raíces a Sunapee, New Hampshire con ‘We’re All Somebody from Somewhere’, un disco que apenas es salvado por sus dos singles y un cover de ‘Peace of my Heart’; e inclusive recientemente Justin Timberlake trato de incursionar en él con ‘Man of the Woods’, un disco que prometía tener inclinaciones al folk y que terminó siendo más dubstep, calificado como el peor trabajo de su vida.

Chris Cornell decía que si no eres capaz de llenar un escenario sin una banda de respaldo, realmente no eres un artista. Cosa que tal vez sólo logró él o su amigo íntimo Eddie Vedder. Pero debemos de dejar de aferrarnos al pasado y abrirnos al presente, el cual nos ha entregado apenas hace unas semanas uno de los discos en solitario más completos de los últimos años: ‘Year of the Tiger’ de Myles Kennedy.

Kennedy es mejor conocido por ser el líder de Alter Bridge, colaborar con Slash y por tener una voz inigualable, tanto que en algún punto de su carrera se corría el rumor de que sería la nueva voz de Led Zeppelin.

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‘Year of the Tiger’ no está exenta de eso: Myles compone para explotar su voz como lo hemos escuchado en ‘Show me a Leader’ o en ‘The Dissident’, ambas canciones de sus más recientes materiales con Alter Bridge y Slash respectivamente. Sus agudos acentúan perfectamente cada verso más allá de ser un complemento, sino representando su marca personal y su esencia.

El concepto del disco no está de más: “en el año del tigre, no tengo tiempo que perder”, es una referencia al año de 1974, el año de la muerte de su padre. En algún punto de ese año, una noche su padre padeció apendicitis y lo dejó pasar hasta que se convirtió en gangrena y murió al amanecer. La decisión de no tratarse fue por ser parte de la ciencia cristiana, la cual no cree en la medicina sino en la voluntad de Dios. A partir de ahí, Kennedy toma la experiencia post-muerte de su padre y a lo que le deparaba a su familia, con temas como el homónimo, ‘Mother’, y a los senderos que ha recorrido como cantante: una batalla entre el bien y el mal, representada por versos feroces y con melodías de guitarra acústica que no se ensombrecen ante los arreglos de las eléctricas.

Todo el tiempo es Myles y su acústica: el hipnotismo de ‘Haunted by Design’ se logra con un trasteo sureño, hasta que nos sorprende con un solo vertiginoso el cual irrumpe, pero logra aterrizar de nuevo en ese sentido de somnolencia.

Devil on the Wall’ es su continuación: un tanto sucia, con coros vocales propios del góspel que no da espacio a la interpretación: es el seguimiento a su insomnio, pero más allá de ser producido por la cafeína (como ha declarado el propio Myles en algunas entrevistas), es su batalla interna contra la muerte de su padre. La canción habla del destino y nuestras elecciones.

El desglose de cada canción es posible pero, como todo buen disco, debe ser visto como un todo, una narración de cualquier evento que el autor decida. Myles logra entregar un disco cuyas canciones son integras, tanto al tema como al estilo, con una experimentación apenas palpable de instrumentos que no son precisamente country, algo que se verá en su gira europea siendo él y su guitarra acústica en mano, al igual que Cornell, al igual que Vedder. Inclusive hay un tributo involuntario con ‘Turning Stone’ y su similitud a ‘Dead Wishes’ del ‘Higher Truth’ de Chris Cornell. Una prueba más de que el rock aún tiene camino por recorrer.


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