Woodstock: lo que fue, lo que es hoy, y lo que podría ser…

Escrito por: Luis Acosta

Fecha de publicación: 15 agosto, 2019

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El festival de música y arte de Woodstock es uno de los festivales de rock y congregación hippie más famosos de la historia, pero este año, varios promotores tuvieron la intención de crear un nuevo Woodstock como homenaje al evento original que acabó prácticamente en nada…

Bajo el lema: “Woodstock 3 Days of Peace & Music”, este multitudinario concierto tuvo lugar en una granja de Bethel, Nueva York, los días 15, 16, 17 y la madrugada del 18 de agosto de 1969. Con 32 actuaciones, la entrada para Woodstock costó 18 dólares para los tres lluviosos días, quienes concurrían llevaban melena y amuletos, las chicas faldas de colores; sus símbolos eran la bandera del arco iris, y el llamado símbolo de la paz.

En el festival la improvisación reinaba en casi todo,se organizaba sobre la marcha, razón por la que incluso la entrada acabó siendo gratuita.

El festival que reunió a cientos de miles durante tres días en una granja acondicionada cual foro de rock, sin que por eso se registrara un solo acto violento o de agresión sexual, y para lograrlo no se necesitaron policías, soldados o vigías, únicamente gente abierta a convivir y con un enorme respeto por los demás. Tan sólo por mostrar que no se requiere del Estado o de fuerzas autoritarias para que una multitud coincida en paz, es ya un acto profundamente revolucionario.

Durante el festival se vivieron intensas noches de sexo y drogas, destacando el consumo de LSD y marihuana; todo esto aderezado con música rock. Y aunque inicialmente el concierto se organizó pensando que conllevaría pérdidas para la organización, el éxito del documental sobre el evento hizo que finalmente resultara un acto rentable.

Entre los artistas participantes destacaron: Ravi Shankar, Joan Baez, Santana, Janis Joplin, Creedence Clearwater Revival, The Who, Jefferson Airplane, Joe Cocker, Blood Sweat & Tears, Crosby Stills Nash & Young y Jimmy Hendrix.

Los “hippies” estaban en contra de la guerra de Vietnam, por lo que Jimi Hendrix tocó el himno estadounidense sólo con una guitarra eléctrica como signo de protesta a los comportamientos bélicos del gobierno estadounidense.

El cofundador del festival de Woodstock Michael Lang aseguró que “nunca” supo que estaba haciendo historia aunque fue consciente de que vivió “algo especial” durante el verano de 1969, cuando medio millón de personas se congregaron en Nueva York bajo el lema “paz y música”.

Y tras la celebración de aquellos tres días de lluvia, música y amor, se celebraron otros festivales “Woodstock”: 1979, 1989, 1994 y 1999.

Se realizó el famoso documental Woodstock (Woodstock. 3 Days of Peace & Music) sobre este concierto, dirigido por Michael Wadleigh y editado y montado entre otros por Martin Scorsese. Fue estrenado en 1970 y ganó el Premio Oscar al mejor documental.

Hoy en día, Woodstock se considera como el primer macrofestival de la historia, además de un símbolo de la contracultura y un legado para quienes aman la música por encima de todas las cosas.

La editorial de The New York Times lo calificó como “un caos colosal” pudieron evitar que el festín fuera recordado como el más representativo festival musical de la historia. Pero su primera organización se replicaría para siempre.

Todas las ediciones conmemorativas de Woodstock fueron, en cierta medida, fallidas. 1979, 1989, 1994 y 1999. En la última, de hecho, presentó disturbios, un muerto por sobredosis y violaciones. Y en lo que sería el aniversario de medio siglo del festival, tampoco mejoró. Lo que sería Woodstock 50, en homenaje a la primera edición, terminó por cancelarse de manera definitiva.

Este año, varios artistas como Santana, quien tocó en la primera edición, decidieron abandonar el proyecto luego de que el principal inversionista, Dentsu Aegis Network se retirara por que no se podía garantizar la salud ni seguridad de los artistas y publico. Ni la organizadora Live Nation ni ninguna otra promotora quiso rescatar el festival que tampoco logró concretar una sede.

Sin embargo, más allá de la fallida organización de aniversario, hay que entender lo que Woodstock significó y como nos repercute hasta nuestros días.

Es importante entender el contexto en el que se desarrolló el festival y el trasfondo de aquel verano del 69: el hombre acababa de pisar la Luna, había una guerra en Vietnam que amenazaba con volverse eterna, los movimientos estudiantiles se esparcían por el mundo, los asesinatos del Che Guevara y Martin Luther King eran algo reciente y el activismo en favor de la igualdad racial y los derechos civiles se intensificaba en Estados Unidos, y también se tenían ganas de hacer algo al respecto.

Si algo caracterizó a la juventud de los 60 fue su afán de cuestionarlo todo, desde las relaciones económicas de producción, la política y el poder, hasta la vestimenta, las tradiciones y la sexualidad. Esto que se estaba dando en todo el mundo, generó un fenómeno jamás visto y que no se ha vuelto a ver: una revolución mundial impulsada por jóvenes.

Pocas cosas son tan humanas como la nostalgia y las ganas de regresar a tiempos ya idos. Sin embargo, cuando lo nostálgico mira sólo hacia atrás corre el riesgo de volverse conservador y reaccionario, y la única manera de no caer en ello es tomar ese pasado y proyectarlo al futuro, de lo contrario suceden cosas como “Woodstock 50” el cual parecía más pensado para agrandar los bolsillos que para evocar el espíritu de los 60.

Y he aquí lo irónico: una de las razones para cancelarlo fue que no había condiciones de seguridad ni cuerpos de vigilancia suficientes para controlar a la gente, se quería evocar un momento en la historia donde la gente mostró que era posible convivir en paz, sin necesidad de policías. ¡Así de absurdo!.

El gran error de estas conmemoraciones, que se han realizado en 1979, 1989, 1994, 1999 y 2004; ha sido el intentar meter dentro del sistema un evento que, por su naturaleza misma, es antisistema, esto le hace perder su alma revolucionaria y el mejor ejemplo de ello es la edición de 1999, recordada por sus peleas entre el público, las agresiones sexuales, la misoginia dirigida a cuanta mujer subía al escenario y el precio exorbitante de las botellas de agua.

Quizá parte de esto se deba a que el rock se ha vuelto un negocio tan lucrativo que ya no hay lugar para propuestas como el Woodstock original. Y es que no se pueden forzar las cosas así, pues lo que pasó en aquellos tres días hace medio siglo es irrepetible simplemente porque no se están dando las condiciones históricas, artísticas ni sociales de antes, hoy el mundo es muy diferente de como era en 1969.

Si algo de esta magnitud se logró en los 60, nada impide imaginar que es posible conseguir algo similar de nuevo, pues las condiciones opresivas persisten, por lo que podemos y debemos esperar nuevas rebeliones juveniles. No sabemos qué estrategias adoptarán las nuevas generaciones al protestar, pero de tomarse el tiempo para mirar el pasado y proyectarlo al futuro verán que es posible evitar la violencia y abrirle las puertas al arte y a la resistencia.