Woodstock, 50 años

Escrito por: Roberto Garza

Fecha de publicación: 8 agosto, 2019

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Este mes se celebra el 50 aniversario del festival musical sesentero que marcó a toda una generación de soñadores, el legendario Woodstock, mismo que fue documentado por el cineasta Michael Wadleigh con la ayuda de un joven Martin Scorsese.

Woodstock fue un mega concierto de tres días (terminó siendo de cuarto) que involucró mucho sexo, drogas y rock ‘n roll, tal como reza la canción de Ian Dury, además de enormes cantidades de lodo provocado por las intensas lluvias veraniegas.

Woodstock es sin duda el ícono más poderoso de la contracultura hippie de los años 60. Se llevó a cabo del 15 al 18 de agosto de 1969, hace 50 años, en la granja lechera de Max Yasgur, en la ciudad de Bethel, ubicada en las afueras de White Lake, Nueva York.

Que el cinefotógrafo Michael Wadleigh lo haya documentado para la historia en la película WOODSTOCK: TRES DÍAS DE PAZ Y MÚSICA es un regalo para la humanidad, porque lo que ocurrió en esa granja lechera de Bethel, Nueva York, no se volvió a repetir jamás con la misma vibra e intensidad. De hecho, hay historiadores que sostienen que Woodstock representa el punto climático de una era, la de la paz y del amor, al tiempo que anuncia el inicio del declive hacia la represión desde el poder de los años 70.

Los artífices

Los organizadores del Festival de Woodstock fueron cuatro jóvenes: John Roberts, Joel Rosenman, Artie Kornfeld y Mike Lang. El mayor de los cuatro tenía 27 años en agosto de 1969, cuando ocurrió el festival.

Roberts (heredero de una enorme fortuna) y su amigo Rosenman estaban en la búsqueda de una manera de usar el dinero del primero para invertir en un proyecto que les haría ganar aún más dinero. En otras palabras, estaban montados en el capitalismo salvaje.

John Roberts y Joel Rosenman publicaron un anuncio en The New York Times que decía lo siguiente: “Hombres jóvenes con capital ilimitado buscan oportunidades de inversión y propuestas de negocios interesantes y legítimas”. Entonces aparecieron Artie Kornfeld y Mike Lang.

La propuesta original de Kornfeld y Lang era construir un estudio de grabación y un retiro para músicos de rock en Woodstock, Nueva York (donde ya vivían Bob Dylan y otros músicos).

La idea se transformó en la creación de un concierto de rock de dos días para 50,000 personas, con la esperanza de que el concierto recaudara suficiente dinero para pagar el estudio.

Los cuatro jóvenes se pusieron a trabajar con esmero en la organización del festival. Encontraron un lugar para el evento en un parque industrial en las cercanías de Wallkill, Nueva York.

Imprimieron boletos (7 dólares por un día, $ 13 por dos días y $ 18 por tres días), que se podían comprar en tiendas seleccionadas o por correo. También trabajaron en la organización de alimentos, la contratación de músicos y los servicios de seguridad y sanitarios.

Los problemas

La primera de las muchas cosas que salieron mal con la organización del festival Woodstock fue la ubicación. No obstante los esfuerzos de los cuatro jóvenes y de sus abogados, los ciudadanos de Wallkill no querían que miles de hippies invadieran su ciudad.

Después de muchas disputas legales, la ciudad de Wallkill aprobó una ley el 2 de julio de 1969, es decir un mes y medio antes del festival, que efectivamente prohibió que Woodstock se llevara a cabo en sus cercanías.

Todos los involucrados en la organización de Woodstock entraron en pánico. Las tiendas se negaron a vender más boletos y las negociaciones con los músicos se pusieron ríspidas. Los organizadores tuvieron que encontrar de inmediato una nueva ubicación.

Para su fortuna, a mediados de julio, antes de que muchas personas comenzaran a exigir reembolsos por sus boletos pre comprados, Max Yasgur ofreció su granja lechera de 240 hectáreas en Bethel, Nueva York.

Esta parte de historia fue contada en el 2009 por el cineasta Ang Lee en TAKING WOODSTOCK, una película entrañable.

Por afortunado que parezca el hallazgo de la granja lechera en Bethel, el cambio de lugar de último minuto retrasó seriamente la línea de tiempo del festival.

Se tuvo que redactar nuevos contratos para alquilar la granja de Max Yasgur y las áreas circundantes, y se adquirieron permisos para permitir el festival en la ciudad de Bethel.

La construcción del escenario, del pabellón de los artistas, los estacionamientos, los puestos de venta y el parque infantil tuvieron un comienzo tardío y apenas terminaron safe en home. Algunas cosas, como las taquillas y las puertas de acceso, no se terminaron a tiempo.

Más problemas

A medida que se acercaba la fecha, surgieron más problemas. Pronto pareció que su estimación de 50,000 personas era demasiado baja y el nuevo cálculo aumentó a más de 200,000 personas.

Los jóvenes organizadores trataron de conseguir más baños, más agua y más comida. Sin embargo, los concesionarios de alimentos seguían amenazando con cancelar en el último minuto (los organizadores habían contratado accidentalmente a personas que no tenían experiencia en concesiones), por lo que tenían que preocuparse por si podían o no transportar el arroz por avión como suministro de alimentos de respaldo.

El miércoles 13 de agosto de 1969 (es decir, dos días antes de que comenzara el festival), ya había aproximadamente 50,000 personas acampando cerca del escenario.

Estas primeras olas eran de jóvenes que habían atravesado los enormes huecos en la cerca donde aún no se habían colocado las puertas de acceso. Literalmente aplicaron el llamado madruguete y se instalaron en primera fila.

Como no había forma de lograr que esas 50,000 personas abandonaran el área para pagar los boletos y tampoco había tiempo para levantar las puertas y evitar que más personas entraran, los organizadores se vieron obligados a cagarse en el capitalismo e hicieron de Woodstock un evento gratuito.

La declaración de que Woodstock sería un festival gratuito tuvo dos efectos. El primero fue económico, ya que los ambiciosos organizadores iban a perder grandes cantidades de dinero.

El segundo efecto: una vez que se difundió la noticia de que Woodstock era un festival gratuito, se estima que un millón de personas se lanzaron a Bethel, Nueva York, de las cuales alrededor de 500,000 llegaron al festival.

Cuatro días de paz y música

Nadie había planeado un festival para medio millón de personas. Las autopistas en el área literalmente se convirtieron en estacionamientos cuando la gente abandonó sus autos en medio de la calle y emprendió la caminata hasta la granja lechera donde sería el festival.

El tránsito vehicular se complicó tanto que los organizadores tuvieron que contratar helicópteros para trasladar a los artistas desde sus hoteles al escenario.

A pesar de todos los problemas, el festival Woodstock comenzó casi a tiempo. El viernes 15 de agosto por la noche, Richie Havens se subió al escenario e inició oficialmente el festival. Esa noche también tocaron Sweetwater y Joan Baez, entre otros.

La música comenzó de nuevo poco después del mediodía del sábado con Quill y continuó sin parar hasta el domingo alrededor de las 9 am. El día de las bandas psicodélicas continuó con músicos como Santana, Janis Joplin, Grateful Dead y The Who, por mencionar algunos.

Para la gran mayoría, el festival terminó el domingo. Decenas de miles se fueron durante el día, dejando a unas 150,000 personas para el domingo en la noche. Cuando Jimi Hendrix, el último músico en tocar en Woodstock, terminó su set temprano el lunes por la mañana, la multitud se redujo a unas 25,000 personas.

A pesar de la lluvia y el lodo, de las interminables colas de 30 minutos para el agua y la espera de al menos una hora para usar el baño, el Festival Woodstock fue un gran éxito que superó todas las expectativas.

Los organizadores quedaron atónitos cuando todo acabó. No tuvieron tiempo para entender que habían creado el evento musical más trascendente de la historia del rock, ya que primero tuvieron que lidiar con su increíble deuda de más de 1 millón de dólares y las 70 demandas que se presentaron en su contra. De capitalistas salvajes pasaron a convertirse en mecenas de un evento histórico.

Para su alivio, la película documental de Michael Wadleigh, WOODSTOCK: TRES DÍAS DE PAZ Y MÚSICA, se convirtió en un éxito en taquilla en 1970 y las ganancias cubrieron una gran parte de la deuda.