U2, un abrazo en medio de la tragedia

Escrito por: Alex Salas

Fecha de publicación: 9 octubre, 2017

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Fotografías: Chino Lemus, cortesía OCESA

Ya mucho se ha hablado de los irlandeses y de la forma en que Bono extravió  la creatividad de la banda en algún lugar entre sus miles de millones de dólares y la veintena de actividades altruistas a las que dedica su tiempo libre. Me atrevo a decirles que cualquier opinión salida de quien sea respecto a eso, vive en la bodega blindada especial para guardar las cosas sin importancia de las respectivas mansiones de estos católicos hijos de Dios.
Y no creo que lo anterior se deba a un asunto de ego (carita pensante) o de no tomar en cuenta a sus hordas de fanáticos mismos que se van perdiendo a miles con la salida de cada nuevo disco. En un afán ingenuo, pienso que bandas como U2, esas que llenan estadios y mueven masas a través de música y discursos políticos, tienen puesta su visión en algo quizá más grande: abrir el camino para una nueva era en cuanto a evolución musical presentada en directo.
Lo anterior lo sustentan el Zoo TV Tour,  con un escenario creado por Willie Williams ocupado por 36 pantallas, decenas de micrófonos y cámaras de vídeo desperdigadas por doquier con mensajes contra el capital, o algo así. Luego vino el Pop Mart Tour recordado por el gran limón-bola disco y su inmensa pantalla LED, y con este escenario digno de dios Dionisio, una catástrofe de las mismas dimensiones que provocó que la banda irlandesa no visitara México por casi diez años.
Después del desencuentro, vino el Vertigo Tour, con un escenario mucho más modesto, al igual que los discos que promocionaban en aquel 2006 mismo que sería el antecedente de algo mucho más grande; la gira 360 y esa cosa descomunal nombrada como “La garra” diseñada por el arquitecto Mark Fisher, quien fue el encargado de diseñar al anterior escenario más grande a este y fue nada más y nada menos que el utilizado por The Rolling Stones en la gira A Bigger Bang Tour. Ya muchas veces estas dos bandas han competido sobre a ver quien hace el show más grande. Al fin hombres.
 

 
Todos los anteriores en suma con el Joshua Tree Tour han sido los espectáculos que hemos presenciado en México de esta banda, siempre consentida por nuestro país. Y aunque hay quienes dicen que ser fan de U2 es como ser fan de Maná o seguidor del América, lo cierto es que han pasado ya más de 30 años en los que esta banda y el público mexicano han escrito una bella y duradera historia de amor, con todo y sus rupturas; no olvidemos aquel suceso que mencioné anteriormente, aquel que inició entre los jefes de seguridad de la banda irlandesa y los del Estado Mayor Presidencial, pues los hijos de papá Zedillo querían salir lo más pronto posible para no mezclarse con la chusma sin importar que pasaran por zonas restringidas, ya que había cámaras y equipo que se estaba utilizando en ese preciso momento. Dicha trifulca provocó que el jefe de seguridad de U2, un tipo conocido como El Tío Jerry, no volviera a desempeñarse como guardaespaldas de la banda. Bono solicito una disculpa pública por parte de Ernesto Zedillo, el entonces presidente de México quien minimizando la situación a un evento menor, nos dejó a los mexicanos sin Elevation Tour y con una nariz arrugada por parte de Don Bono.
U2 es a México lo que The Rolling Stones para Argentina. No sabemos si es el catolicismo, cierta solidaridad, la calidez sanguínea o lo borracho, la cosa es que entre irlandeses y mexicanos hay más coincidencias que los colores de una bandera y el gusto por la cerveza. U2 se siente en casa cuando visita México y en esta ocasión, México se sintió cobijado en su vulnerabilidad con su visita.
La noche del 4 de octubre estuvo coronada con una de esas famosas lunas otoñales que caracterizan al décimo mes del año. En el aire se respiraban unas enormes ganas de ser abrazado y llorar. Varios tenían el alma en un hilo y muchos más el alma destrozada, era entonces el momento de abandonarse al menos por un par de horas al goce ocasional.
Noel Galagher y sus High Flying Birds no pasaron tan desapercibidos, ya mucha gente estaba esperando su arribo ya sea por morbo, por casualidad o verdaderas ganas de escucharles, el chiste es que el sonido fue perfecto y su actuación impecable muy a la altura de las circunstancias sonaron ‘Everybody’s on te Run’, ‘Look All the Doors’, ‘In the Heat of the Moment’, ‘Riverman’ solo para dar paso a una lluvia de hits de Oasis, para recordar viejos tiempos con ‘Champagne Supernova’, ‘Half the World Away’, ‘Little by Little’, ‘Wonderwall’ y ‘Don’t Look Back in Anger’.
Luego de casi una hora, a las nueve quince de la noche en punto, se apagan las luces del foro Sol para dar pie a un sonido de sala confuso ya que sonaba ‘The Whole of the Moon’, tema original de los Waterboys, pero siempre configurada en el imaginario como de U2 , tan solo unos segundos después, llega la calma y la euforia con los primeros acordes de ‘Sunday Bloody Sunday’, no importa cuantas veces hayas escuchado esta canción en vivo, o que tan poco fan seas de esta banda, pero la piel siempre se pone como de gallina al escucharla. Lo mismo sucede con los tres temas siguientes: ‘New Year’s Day’, ‘Bad’ y su muy agradable pedacito de ‘Heroes’ que todo el mundo alcanza a corear y finalmente ‘Pride (in the name of love)’ para coronar la introducción. Hay algo que saca de onda y es que la inmensa pantalla detrás de la banda ha estado apagada todo este tiempo ¿Acaso esta descompuesta? ¿Acaso otro hijo de otro presidente priísta pidió que la apagaran para no dañar su retina? Discúlpenme, no soy de las que se autospoilea viendo vídeos de la gira previos a esta presentación, tan solo soy una bohemia a la cual aún le gusta sorprenderse.
 

 
Así llega ‘When the Streets Have No Name’, y la pantalla amarilla se enciende, y las primeras lágrimas salen porque la cursi que vive en mi, la ex fan de U2 reaparece conmovida, no sé si porque los acontecimientos recientes lo tienen a uno así, todo sensible, o porque de veras esta canción te llega al tuétano mal. U2 sabe que es el momento de lloriquear, porque es su trabajo y tienen todo meticulosamente planeado y es por eso que suceden ‘I Still Haven’t Found What I’m Looking For’ y ‘With or Without You’, y solo que fueras de piedra o hubieras ido solo al concierto fuiste capaz de no abrazar a quien estuviera junto a ti.
Y fue así que los irlandeses nos recetaron todito ‘The Joshua Tree’, sin temor ni temblor (ni Dios lo mande) una tras otra: ‘Bullet the Blue Sky’ con trocitos de ‘The Star-Spangled Banner’, ‘War’ y ‘America’, luego vinieron ‘Running to Stand Still’, ‘Red Hill Mining Town’, ‘In God’s Country’, ‘Trip Through Your Wires’, ‘One Tree Hill’, ‘Exit’ y finalmente la esperadísima ‘Mothers of the Disappeared’, la cual además estuvo acentuada por El Pueblo Vencerá, esa donde se suponía que sacaríamos los encendedores, pero no pasó.
Mientras todo el Joshua Tree era entonado en vivo frente a mi y a otras miles de personas, supe que algo raro pasaba, ok, ok. Estuve ocupando un lugar lejano pero eso es algo que he hecho muchas veces, más ¿Por qué diablos no veía a la banda tocar? Había una inmensa pantalla detrás como protagonista, una vez más inventiva de Willie Williams,  la cual mostraba escenas maravillosas de la banda caminando por la carretera, o una carretera solitaria, o simplemente ese árbol descomunal que emulaba a un árbol solitario y tranquilo, todo autoría del viejo genio Anton Corbjin y JR. Pero, pero ¿Y la banda? ¿Qué no era ese el sentido de que hubiera una enorme pantalla calidad 4K, ver a la banda hacer eso que saben hacer muy de cerca sin importar que tan lejos estuvieras?
Por un momento pensé que ese espectáculo pude verlo desde la comodidad de mi hogar sin tener que haber pagado miles por entradas y cerveza, pero la inocencia que hay en mi y que me permite seguirme sorprendiendo pensó: Bono, The Edge, Adam y Larry ya no son unos jovenzuelos, hace mucho que no sacan un buen disco, vamos que con algo tienen que sorprendernos y esto fue la nostalgia sumada a la tecnología.
Tras ver excelentes shows como el de The Rolling Stones, el año pasado, o la más reciente visita de Roger Waters, el siguiente tema es pensar ¿Serán estos los primeros pasos hacia una nueva etapa en los shows en vivo? Quizá U2 puede estar en vivo desde Berlín pero este mismo montaje pudo estar en otras 5 sedes sin necesidad de contar con la banda físicamente. ¿Lo imaginan?
 

 
Todo esto pensaba mientras dejaba mi mirada fija en esa enorme pantalla y no, no estaba bajo los influjos de ninguna hierba, simplemente que era imposible no distraerse con todas esas imágenes perfectas proyectadas frente a ti.
Luego de un silencio minúsculo llegaron ‘Beautiful Day’ con un trocito de ‘Starman’, ‘Elevation’ y ‘Vertigo’ con su respectivo cachito de ‘It’s Only Rock and Roll’ y enseguida otro silencio un poco más largo, lo que da la pausa perfecta para ir al baño. Me pierdo de ‘You’re The Best Thing About Me’, porque los baños me quedan muy lejos, pero llego justo al momento que al menos para mi, resultó lo más sorprendente de la noche, me refiero a ‘Ultraviolet (Light my way)’ y un Bono susurrando que “La casa no descansa en la tierra sino en los hombros de una mujer” Pum, directo al corazón. Y esa cosa de pantalla de pronto se convierte en un altar que homenajea a unas y a tantas mujeres importantes en la historia que es imposible no dejarse llevar por ese montaje, aparecen luego Carmen Aristegui, Salma Hayek, Gabriela Mistral, Rosario Castellanos, María Felix, no las únicas, ni las últimas ni las más importantes, pero sí muy queridas y admirables todas. Un homenaje por parte de los irlandeses, muy oportuno y muy de agradecerse. Luego llega ‘One’, ya de por sí se nos estaba saliendo el corazón y bueno, con esto simplemente era imposible contenerse, era el momento definitivo de sufrir sin parar. Con ‘One’ vinieron pedacitos de ‘Drowing Man’ y ‘Cielito Lindo’ que algunos fans del spoiler no dejaron de entonar durante toda la noche. Muchas lucecitas encendidas y mucha emoción. Ahora recordé a qué vine a este concierto.
La cosa termina con ‘Sweetest Thing’ de una forma raramente intempestiva al que mi acompañante denominó como coito interrumpido. Me hizo falta un toque de ‘Achtung Baby’, un toque de ‘Zooropa’, un toque de ese U2 que acompañaba mis desveladas de desamor en secundaria, ese U2 que, una pequeña parte de mi sigue esperando que vuelva. En cualquier caso, se agradece el abrazo musical que nos dieron estos irlandeses más amados que odiados.