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Y el premio a la “Mejor película políticamente correcta” es para…

Decenas de servicios de streaming, largometrajes creados con iPhones, presupuestos diminutos para crear cine… se podría creer que vivimos en una época privilegiada para la libertad de expresión audiovisual, una en la que como creadores somos capaces de decir que nos sentimos orgullosos por plasmar exactamente lo que quisimos en nuestro arduo trabajo, pero simplemente no es así. En una época donde tenemos mayor apertura mental, pareciera que vivimos en un ensimismamiento en la búsqueda de una utopía políticamente correcta.

A esta idea está unido Hollywood desde hace unos cuantos años y sus premiaciones no están exentas, las cuales ya han comenzado y terminan en febrero con los Oscar. El tema de este año es el feminismo y el acoso sexual, desatado por las revelaciones contra Harvey Weinsten, cofundador de The Weinsten Company y productor de importantes películas como lo son la mayoría de la filmografía de Quentin Tarantino.

A esto se le sumaron momentos significativos como el veto a Kevin Spacey y Danny Masterson de Netflix; la creación del movimiento Time’s Up Now, el cual busca defender los casos de acoso y la equidad laboral; y la posible postulación demócrata de Oprah Winfrey en las próximas elecciones presidenciales de 2020.

También es necesario hablar de los momentos no tan afortunados de todo este movimiento, como toda la propaganda que se hizo en contra de Meryl Streep por tener una foto con Weinsten, cuando apenas hace un año era alabada por su rechazo abierto a Donald Trump; las repentinas acusaciones contra James Franco tras recibir un Globo de Oro; o las palabras de Natalie Portman en los Golden Globes donde presentaba fatídicamente la categoría de “Mejor director masculino”.

La pregunta es ¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué hasta ahora personas como Tarantino o Salma Hayek despotrican contra Weinsten? ¿Por qué Rose McGowan (de la serie Charmed) acusa a Streep? ¿Por qué hasta ahora Portman va en contra de los directores masculinos cuando muchos de ellos han explotado todo su potencial, incluyendo a Darren Aronofsky con el que ganó el Oscar a mejor actriz principal por “El Cisne Negro”?

De ninguna manera son justificables todos estos crímenes en contra de todas esas mujeres dentro de la industria: desde el salario menor al de sus contrapartes masculinas, la falta de oportunidades de dirigir y producir, hasta el acoso sexual y la violación. Pero no es descabellado pensar que todo este movimiento además es una cuestión propagandística.

No es ningún secreto que los últimos nueve años de la premiación de la Academia a lo mejor del cine ha sufrido un declive en su audiencia. El año pasado, las premiaciones conducidas por Jimmy Kimmel perdieron cuatro por ciento de su audiencia, quedando sus cifras en 32.9 millones de telespectadores. Sin embargo, entre 2014 y 2016, el show ha perdido el interés de diez millones de personas.

Esta caída abismal debe ser por distintos factores: la televisión cada vez se ve menos, hay más política dentro del show que cine, hacen performances demasiado alargados, el show es muy largo (el del año pasado duró un poco más de tres horas) y al público cada vez le interesa menos la crítica y lo que sea que tenga que premiar.

¿Entonces por qué no creer que todos estos movimientos son recursos para establecer un raiting aceptable durante la transmisión de dichos eventos? Tan sólo en comerciales, la transmisión recauda alrededor de 115 millones de dólares durante la noche para la cadena ABC.

Hace dos años se desataba el #OscarsSoWhite; el año pasado Hollywood se unía contra el antagonista por excelencia, Donald Trump; y hoy se pelea por una igualdad de género que en ciertos aspectos raya en lo ridículo: “¿Por qué Greta Gerwing no está nominada por la dirección de Lady Bird?” Tal vez no lo merezca, tal vez no es equiparable al trabajo de Martin McDonagh en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri o al de Guillermo Del Toro con The Shape of Water. Pensemos ¿cuánto tiempo se tendría que agregar a la ceremonia para que cada sector sea premiado y no se sienta discriminado o para al menos agregar una categoría de “Mejor Directora Femenina”? Al parecer no basta con que las series más importantes y multipremiadas del 2017, como The Handmaid’s Tale, The Marvelous Mrs. Maisel o Big Little Lies, hayan sido producidas y protagonizadas por mujeres.

Las últimas preguntas en este mar de cuestionamientos sería: ¿cuántos millones de dólares, entrevistas y portadas de revistas vale mi dignidad como para guardar ese tipo de atrocidades durante años? ¿Cuántos millones valen ahora revelar toda esta información? Si Hollywood fuera el entorno de transparencia que alega ser hoy, personajes como Woody Allen no estarían trabajando en el medio, tras las acusaciones de abuso sexual por parte de su hija Dylan Farrow. También las actrices que trabajaron con el director no se sentirían arrepentidas de hacerlo si realmente prestaran atención a su pasado. Doble moral, sería así señalada por muchos.

El actor Liam Neeson ha clasificado todo este movimiento como una cacería de brujas y muchos lo han tachado de insensible ¿Por qué no considerarlo? ¿Desde cuándo tener un pensamiento amplio de una situación es castigado? Hollywood es una empresa que ha ido perdiendo adeptos con el paso del tiempo, pero de una u otra forma elshowbiz debe continuar, aunque sea impulsado por desgracias de este tipo.

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