hi

Música más allá de la seda italiana

El año 1990 comenzaba para mí glamorosamente, era un adolescente y una vuelta de la Fortuna me colocó durante algunos años en la cima, mis ingresos eran escandalosamente altos para un estudiante recién ingresado a la preparatoria de la UNAM. Vestía de traje por el gusto de hacerlo, no por necesidad ni trabajo; gazné o corbatas de seda italiana, lo mismo que los zapatos –como aconseja Apolonio a Laertes, siempre he considerado que uno debe vestir tan decorosa y elegantemente como el bolsillo lo permita– aunque he de reconocer que en aquella época sí me excedía un poco.

Un buen día llegó a mí un VHS en el que un hombre maduro pasaba por una gran crisis, la historia tenía tintes dramáticos y sin embargo, lo que me cautivó fue la estética, la fotografía, los colores, los ambientes, una Roma casi vacía y hombres impecablemente vestidos con trajes preciosos, ese era mi estilo. Miré muchas veces esa cinta, más como quien ojea una revista que interesándome realmente en la trama; a esa edad, la crisis de un hombre maduro me resultaban remotamente ajena y lejana.

Pasó el tiempo y un buen día me di cuenta que esa película me acompañaba más allá de la sedas italianas; había melodías que bullían en mi cabeza, melodías que definitivamente no identificaba pero que me resultaron entrañablemente familiares. Cuando volví a ver por enésima vez The Belly of an Architect, la música absorbió por entero mi atención y me encontré de frente con la maravillosa obra de Wim Mertens. Fue como “ver” la película tan sólo a través del sonido y fue un impacto formidable, un impacto que en aquel momento no alcancé a comprender en su justa dimensión.

También podría interesarte: Banda Sonora 101: Blow-Up

Esta noche de mayo 2018 me instalo en la Sala Nezahualcóyotl y espero que inicie este recital que me causó una gran euforia cuando lo vi anunciado. No me preparé, no desempolvé CDs ni recuerdos, tan sólo esperé la fecha. La Sala estaba iluminada con una media luz azul, piano al centro y después del hermoso ritual de presentación, aplausos y sonrisas, Wim y orquesta toman asiento y comienza la magia. Las primeras notas me llevan a escenarios que construí en la mente hace años y olvidé durante mucho tiempo, me miraba proyectado en una pantalla, la fotografía con el grano reventado de una película de color Kodak obviamente forzada; paredes rosadas iluminadas con las luces doradas del atardecer en contraste con unas muy cuidadas sombras diagonales, yo en un traje cruzado y corbata a tono, ocres, beiges y cafés, accesorios en piel de cocodrilo sentado al lado de una morena preciosa, de enorme y estrafalario peinado y piernas larguísimas, quien servía dos copas de Nebbiolo vestida tan sólo con un saco enorme de hombreras enormes, sonreíamos y brindábamos y la música de Mertens creaba el ambiente absolutamente íntimo; ensoñaciones le llaman…

 

 

Es difícil encasillar en un concepto predefinido la música de Mertens, si bien toca tangencialmente la corriente minimalista estadounidense, la riqueza y suntuosidad de la tradición musical europea –con raíces que se hunden hasta la música antigua anterior incluso al Renacimiento– le da a su música una profundidad inesperada; no es música sinfónica pero tampoco son canciones pop, es música que crea ambientes íntimamente personales, que ejercen un encanto al que es muy difícil sustraerse, creo que es uno de los ejercicios más inteligentes del uso de la orquesta en la música de vanguardia contemporánea y aunque, por otro lado, es perfecta para el lenguaje cinematográfico, no precisa de ese medio para expresarse tan profunda e íntimamente; a una dulzura inesperada puede seguir un ostinato hipnótico que nos acelera en un momento y que nos lleva de la mano en un recorrido delirante y absolutamente delicioso.

Es inevitable hacer referencia a la música de Glass, Reich, Riley y por supuesto Nyman cuando pensamos en Mertens pero el marco referencial sólo sirve durante un breve instante pues su música tiene una gran personalidad, muy bien estructurada y con el sello inconfundible de su voz tan peculiar de contratenor.

Este recital ha sido una de las experiencias musicales más gratas e intensas que he vivido en muchos años –y afortunadamente la bellísima OFUNAM ha sido pródiga en brindar momentos entrañables– El trabajo de Wim con la orquesta fue verdaderamente estupendo, inolvidable.

 

 

Hubo un solo negrito en el arroz y es que mis estimados amigos de Sala Nezahualcóyotl me pidieron que esta vez, por cuestiones de contratos, broadcasting y esas cosas referentes a los derechos de uso y reproducción de la imagen, no tomara fotos del concierto; con todo el dolor de mi corazón tuve que abstenerme de tomar las fotos y eso que me llevé mi colección de lentes largos, en fin, los excesos del capitalismo afectan hasta el ámbito del arte pero nos queda todo lo demás. Les debo las fotos pero espero que hayan disfrutado de esta charla. Abrazo cordial a todos los rockcientoúnicos y amigos que me leen tan amablemente.

 

OFUNAM Wim Mertens Segunda Temporada 2018

Jesús Medina, Director Huésped

Wim Mertens, Voz –Contratenor– y Piano

Joy of Laughter, Cire Perdue, Sovereign Abandon, Initial Detachment, Sprachresten, Holes in Habit, Affine Schemes, Ahead of Itself, Tout ça, c’est Fini, Often a Bird, La Fin de la Visite, Zusammensetzen, Yes, I Never Did, Further Hunting, Birds for the Mind.

Wim Mertens (1953)

-->