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Wacken, ciudad metal en 3D

En el 2007 iniciamos un paseo turista a través del documental “Full Metal Village”, nos detuvimos en los meses de paz rural en Schleswig-Holstein, localidad alemana que cuenta con una fuerte industria ganadera y una serie de habitantes que trabajan todo el año con el objetivo de transformar en julio/agosto el pueblo en una locura de altos decibelios y peregrinos de larga cabellera y uniforme intensamente negro. El panorama pastoral cambia debido a los 70,000 headbangers que se reúnen para asistir a Wacken Open Air, uno de los festivales de metal más importantes del mundo.

Mientras que en el documental de Sung-Hyung Cho nos encontramos con una población que participa ávidamente en la realización del festival, en la película “Wacken 3D” tenemos la otra perspectiva, la de los asistentes que en tres días convierten el paisaje verde en algo parecido a una zona de desastre de lodo, tiendas de campaña abandonadas y vestigios de una intensa fiesta de metal.

Durante 25 años el área equivalente a 300 campos de fútbol se ha convertido en la más grande fiesta que todo metalhead debe visitar al menos una vez en su vida, aunque como podemos ver en las entrevistas en el documental, la experiencia de acampar, dormir en el auto, sobrevivir con cerveza y participar en un slam de grandes proporciones se convierte en una adicción, una sola ocasión no es suficiente.

El caso del director Norbert Heitker es parecido a esa necesidad de regresar, pero él realizó su sueño de asistir al festival de otra manera. En el 2013 reunió un equipo de 18 cámaras 3D para documentar la llegada de las masas y 140 bandas de 45 países para transmitir la experiencia con todas sus capas de basura acumuladas, su ruido y el caos bien organizado alrededor del metal.

Nos permite experimentar Wacken en la otra dimensión que logra resumir muchos puntos, Rammstein sobresale con ‘Du Hast’ por los efectos especiales de agua, fuego, luces y toneladas de confeti saltando a través de la pantalla; sin embargo uno de los mejores momentos aparece cuando vemos a un asistente regodearse en un charco, agitando la cabeza en cámara lenta ante nuestros ojos, el lodo nos salpica en 3D, llega hasta nosotros mientras una soprano sustituye el estruendo y transforma el instante en algo sumamente poético.

‘Wacken 3D’ verdaderamente va más allá de la descripción, mucho se ha dicho y escrito sobre el festival, pero siempre queda flotando la idea de que es necesario asistir para entenderlo. En el caso del documental, se trata de asistir, ver la transformación del paisaje en tres días de intensa actividad, soportar las crudas en la mañana y encontrarse con la audiencia, pero con ciertos privilegios que incluyen backstage, codearse con personajes como Henry Rollins y asentarse en esa villa que duerme durante gran parte del año y revive en un largo fin de donde los mejor que se puede tener es perder frecuencias en el oído gracias a Motörhead.

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