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Banda Sonora – El rock en el cine de los 90

Iniciamos un nuevo programa en Rock 101, hemos hecho un recorrido por los primeros años del puro, total y absoluto cine y rock, para estrenar este blog les comparto 20 películas que sintetizan la relación entre los dos elementos fundamentales del espacio sonoro que presentamos esta semana, el cine de los 90.

THE DOORS (1991)
Dirigido por Oliver Stone y protagonizado por Val Kilmer, THE DOORS es un filme biográfico sobre Morrison y The Doors, desde que Morrison estudiaba cine en la UCLA hasta su extraña muerte a los 27 años en 1971 en París. Después de esta película se han hecho varios documentales sobre The Doors que valen mucho la pena.

 

1991: THE YEAR PUNK BROKE (1992)
Dirigida por David Markey, esta película sigue la gira europea de Sonic Youth de 1991, en la cual los acompañó Nirvana como teloneros, justo en el boom del grunge en Seattle y a unos meses del lanzamiento del álbum de ruptura Nevermind de Nirvana.

 

PERROS DE RESERVA (1992)
Se estrenó el 21 de enero de 1992 en el festival Sundance. Luego se exhibió en los festivales de Cannes, Toronto, Nueva York, Sitges, Chicago… y acumuló un montón de premios. Y fue con el éxito de esta película hiperviolenta y con una banda sonora espectacular que el nombre de Quentin Tarantino se escuchó por todo el mundo.

 

SINGLES (1992)
Dirigida por Cameron Crowe en 1992, SINGLES cuenta la historia de unos veinteañeros que se mueven en la escena grunge de Seattle de principios de los 90s. Un retrato inmediato desde la ficción de un movimiento musical bien poderoso liderado por bandas como Alice in Chains, Pearl Jam, Soundgarden, Mudhoney…

 

DAZED AND CONFUSED (1993)
Obsesionado con la juventud, Richard Linklater hizo DAZED AND CONFUSED en 1993. La historia de la película se ubica en 1976 y narra las aventuras de un grupo de jóvenes en su último día de clases. La banda sonora tiene puros cañonazos de bandas de la época: Black Sabbath, Alice Cooper, Deep Purple, Lynyrd Skynrd, Ted Nugent, ZZ Top

 

PULP FICTION (1994)
Se estrenó en el festival de Cannes el 12 de mayo de 1994, donde se llevó la codiciada Palma de Oro. De ahí en adelante fue tan grande el impacto de esta película tanto en taquilla como en crítica que se convirtió en un clásico instantáneo. Muchos salimos corriendo del cine a comprar el soundtrack de inmediato.

 

ASESINOS POR NATURALEZA (1994)
En el festival de Venecia de 1994 se estrenó ASESINOS POR NATURALEZA, de Oliver Stone. Película hiperviolenta, con personajes traumatizados que asesinan sin piedad y cuyo soundtrack fue producido por Trent Reznor. En la banda sonora: L. Cohen, Cowboy Junkies, Nine Inch Nails, Jane’s Addiction, Patti Smith, Bob Dylan…

 

DEAD MAN (1995)
DEAD MAN es un peliculón de Jim Jarmusch. La protagoniza Johnny Depp y la música original es de Neil Young, quién durante el rodaje veía los avances e improvisaba contra las imágenes proyectadas, tal como lo hizo Miles Davis en ASCENSOR PARA EL CADALSO de Louis Malle en 1958.

 

CASINO (1995)
De Martin Scorsese, es una película de mafiosos en Las Vegas protagonizada por Robert De Niro, Joe Pesci y Sharon Stone, y que tiene una banda sonora de antología. Una selección de rolas que define los gustos musicales de Scorsese: Rolling Stones, Ottis Reading, Muddy Waters, Roxie Music…

 

TRAINSPOTTING (1996)
Además de ser una gran adaptación de la novela de Irvine Welsh, es cinematográficamente tan poderosa que marcó a toda una generación. Así de importante es. Y la banda sonora es sin duda uno de los mejores maridajes que se han dado entre cine y rock.

 

HYPE! (1996)
Dirigido por Doug Pray, HYPE! es un rockumental clásico de los 90s que retrata la escena grunge de Seattle. Un filme portentoso con una banda sonora de altísimo calibre. Música de Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains y bandas más oscuras como Fastbacks, the Gits, Some Velvet Sidewalk y Love Battery

 

SUBURBIA (1996)
Dirigida por Richard Linklater, este director obsesionado con la juventud y el tiempo, retrata a un grupo de adolescentes en los suburbios de EU que viven las tribulaciones típicas de esta etapa de la vida. No es la mejor película de Richard Linklater (BOYHOOD es mi favorita) pero sin duda cuenta con una banda sonora de altísimo calibre: Elastica, Sonic Youth, Beck, UNKLE, Flaming Lips, Butthole Surfers…

 

BREAKING THE WAVES (1996)
El danés Lars von Trier es un personaje: genio del lenguaje cinematográfico, torturador de Björk, integrante del movimiento Dogma 95 y provocador profesional. Todo eso es Lars von Trier y la verdad es que su filmografía es muy impresionante. En mayo de 1996 llevó a Cannes BREAKING THE WAVES, una película que desde entonces dejaba a ver el poder de las imágenes y las retorcidas historias de este cineasta de ruptura. A diferencia de la mayoría de sus películas, donde la música incidental pasa casi inadvertida, para Breaking the Waves Von Trier armó un soundtrack bien roquero, con rolas de Deep Purple, Elton John, T. Rex, Roxy Music y Jehtro Tull…

 

YEAR OF THE HORSE (1997)
Realizada por Jim Jarmusch, YEAR OF THE HORSE documenta la gira de 1996 de Neil Young & Crazy Horse. Hay concierto filmado, entrevistas con miembros de la banda y material de archivo. Una película olvidada pero de gran relevancia para el cine-rock.

 

FEAR AND LOATHING IN LAS VEGAS (1998)
Adaptación de Terry Gilliam del libro de viajes (en el sentido literal y figurado) de Hunter S. Thompson, con Jonny Depp y Benicio del Toro como protagonistas. La banda sonora: puro rocanrol bien seleccionado con diálogos y monólogos incluidos.

 

VELVET GOLDMINE (1998)
Un poderoso retrato del glam rock en Inglaterra con evidentes referencias a David Bowie. El director Todd Haynes armó dos supergrupos para este soundtrack y en 2007 hizo I’M NOT THERE sobre Bob Dylan.

 

THE BIG LEBOWSKI (1998)
Los hermanos Coen hacen películas geniales. Échenle un vistazo a su filmografía y verán que se encuentran por lo menos 5 peliculones. En el 98 estrenaron THE BIG LEBOWSKI, con la inmortalizaron a ese personaje apodado The Dude, magistralmente encarnado por Jeff Bridges.

 

SLC PUNK! (1998)
Se filmó en 1998 pero se estrenó oficialmente en el festival Sundance de 1999. Me refiero a SLC PUNK!, película que lleva a la comedia la vida de los dos únicos punks en una ciudad dominada por mormones. Es muy divertida y la banda sonora es genial.

 

MEETING PEOPLE IS EASY (1998)
Dirigido por Grant Gee, MEETING PEOPLE IS EASY (1998) es un retrato de Radiohead en sus procesos creativos y tocadas en vivo en tiempos del Ok Computer. Una joya de rockumental que se mantiene sin una sola arruga después de 20 años.

 

GHOST DOG (1999)
Me gustan las películas de artes marciales y samuráis pero GHOST DOG (1999) de Jim Jarmusch me es tan importante que tengo un poster colgado en la pared. Forest Whitaker encarna a un asesino a sueldo que se rige por el Hagakure, código de los samuráis, y se comunica con palomas mensajeras. Todo al ritmo hiphopero de The RZA.

Trainspotting 2: La vida en la retromanía

 

“Eres un turista en tu propia juventud”, la frase salta de la pantalla mietras Renton, Sick Boy y Spud observan un campo que visitaste con ellos hace 20 años, el diálogo continúa pero es imposible negar que Danny Boyle te cerró el ojo después de brindarte diversas secuencias donde la música y lo que en 1996 llamaron ‘La Vida en el Abismo’ aparenta ser algo nuevo titulado ‘Trainspotting 2’.

 

La película que no es ‘Porno’, pero que retoma uno que otro elemento del libro de Irvine Welsh para darnos a entender el espíritu de aquel bromance roto por la traición (que por supuesto sigue ahí), se encarga se realizar un ejercicio de meta información, el punto central y por el cual giran múltiples formas de obsesión, regresión, acumulación y entendimiento/desentendimiento de la actualidad a través de un filme como ‘Trainspotting 2’.

 

Las referencias son obvias, en momentos descaradas, incluso se vuelven una broma interna entre creador y espectador, las escenas son las mismas, pero al mismo tiempo son otras, todos corrimos mientras escuchábamos el monólogo de “choose life, choose a job”, volvemos a correr hacia la salida de ese estacionamiento, pero el monólogo ahora aparece como otro guiño hacia el espectador (esto esperabas, ¿no?), pero con la incorporación de lo que nos adormece en la actualidad, desde redes sociales hasta el swap face y el temor al sistema de CCTV donde un mundo nos vigila.

 

 

El filme parte de la nostalgia, el encuentro con la continuación de una historia que te brinda lo que reconoces, sin embargo debe tener otro ritmo. El director sabe que quieres ‘Perfect Day’, llegará como gancho inicial para que te sumerjas en recuerdos, ya no en la alfombra donde Lou Reed cobró otro sentido para la Generación X.

 

Te brinda más de Underworld pero yuxtapone los significados de ‘Born Slippy’ y ‘Slow Slippy’ para el turista de su propia juventud, porque no es lo mismo el exceso de noches en picaderos que van hacia un rave bajo el influjo de ‘For What You Dream Of’ a los días del tinte, la válvula en el corazón, el no haber hecho nada con tu prometedora vida o la necesidad de viagra mientras lo único que escuchas es ‘radio ga ga, radio gu gu, radio ga ga’.

 

 

El estado frenético de los días de la heroína son sustituidos por la cocaína, el ritmo de la película sube y baja, sin embargo ya no percibes el síndrome de abstinencia de 1996, ya nadie necesita una dosis de metadona o emergerá triunfante del peor retrete de Escocia, pero ten por seguro que los visitará y en algún momento encontrarás una cabeza surgiendo de la misma manera, pero en otra escena.

 

La sensación de pérdidas continuas en la primera película se transforma en una comedia en la segunda. Alguien arruina el suicidio de otro, la extrema derecha que celebra la muerte de los católicos se convierte en un instante de ‘A Life Less Ordinary’ pero sin ‘Beyond The Sea’ (hey, si tu quieres nostalgia, el director puede hacer guiños a su propia trayectoria); han pasado 20 años, los mismos actores han cambiado, pero henos aquí, en la oscuridad disfrutando las referencias, porque insistimos en ser turistas de nuestra propia juventud, siendo tentados una vez más por ‘Lust For Life’, pero aquel Ziggy Pop se nos niega en una ocasión (en vinilo, porque en esos tiempos vivimos), pero no se preocupen, tendrán su recompensa por asomarse en su yo de hace dos décadas.

 

 

Trainspotting 2 y el hedonismo en la era digital

 

No sé nada aún del tratamiento que Danny Boyle le aplicó a ‘Porno’ de Irvine Welsh en su película ‘T2’ más allá de lo ambiguo que han mostrado los avances y ese tibio esbozo hacia la nueva era digital en algún diálogo extraviado.

 

Cuando el mismo Boyle presentó ‘Trainspotting’ en 1996, el grueso de los entusiastas que conocíamos la obra literaria del oriundo de Edimburgo éramos experimentadores nacientes del hedonismo de las drogas blandas y su mezcla con la música (que no con el rock en específico), así como de la aparente libertad paternal, y nos congratuló que la curva de los personajes era, hasta cierto punto, terrenal. No obstante, distábamos de ser adeptos al consumo de sustancias más fascistas como la heroína, pero valía la pena el riesgo de aventurarse en ese universo de ficción.

 

 

No es extraño, por muy sorpresivo que resulte, que seamos pocos los que esperamos con regocijo el estreno de ‘T2’ lejos del interés de algunos miembros de nuestra generación y obviamente de las nuevas generaciones más acostumbradas a los excesos vívidos y virtuales gracias a la penetración de las redes sociales y su uso indiscriminadamente lúdico y, hasta cierto punto, patético.

 

La dificultad de antaño para conseguir drogas se franquea gracias a los alcances de la deep web; y el hedonismo sexual, visto como un negocio en esta nueva entrega, no es mayor al placer de quienes, con la facilidad con que se envía un archivo por Whatsapp, rubrican una versión porno de ellos mismos gracias al sexting.

 

Lo que debería ser visto por las generaciones más jóvenes como el regreso de los Rolling Stones de la literatura hedonista ha sido adoptado con una pasmosa indiferencia:

 

“¿Qué tienen de rudos Sick Boy, Begbie y Renton que no tengamos nosotros?”

 

Tampoco es que se trate de incluir al autor de ‘Trainspotting’ dentro de los bordes de un Burroughs en ‘Junkie’ o ‘The Naked Lunch’, pero es verdad que la obra de Welsh requería un impacto efectivo en quienes deseábamos ver algo más que lo que nuestras imágenes mentales nos facturaban, y Boyle lo consiguió.

 

La representación carnal de Renton en el crisol de nuestro ego se evidenció en lo que alguien pudo lograr después de ver ‘T1’: o dejaron las drogas o se consumieron en ellas. Pero lo cierto fue que, dentro de las mentes educadas, la moraleja de ‘T1’ obró de manera importante para el derrotero de cualquier iniciado y, a los incautos, les enseño algo de buena música.

 

 

Para nadie es un secreto que después del madrazo que fue el OST de ‘T1’ la cultura rave en América Latina tuvo no un repunte sino un nacimiento enternecedor y en ocasiones exagerado pero plausible. El rock elemental fue dejado de lado y la consecución de notas secuenciadas generó un nuevo vicio. No resulta exagerado afirmar que importantes DJs y productores como Armin van Bureen, Chicane o David Guetta le deban demasiado a aquella película respecto a sus alcances en países no educados para la música electrónica.

 

En este caso, en una parte de la película, ‘Born Slippy’, de Underworld, aderezaba una escena de esperanza plástica precisamente contrapuesta al speech inicial que rezaba: “Choose a life…” en el cual se pretende satanizar, o delinear, la necesidad consumista del capitalismo como reducto de la comodidad humana. Gracias, Boyle, por ese contraste.

 

La potencia con la que ataca la escena el dueto formado por Karl Hyde y Rick Smith generaba una coda esencial para quien se erige como un perdedor pero se ha encontrado con una nueva vida que desconoce pero que en el fondo, desde el principio, le atrae como las heces a la mosca. El mensaje que Boyle pretende facturar es que los perdedores también sufren, aunque vayan ganando.

 

‘T1’ es una trampa y sí, tiene moraleja.

 

Claro que los cuatro fabulosos tenían que volver, esta vez para hurgar en otro elemento esencial del hedonismo humano que, en estas épocas, no requiere mayores estrategias que estar en línea.

 

Quizás la omisión de Boyle fue llegar a destiempo y ‘T2’ puede llegar a ser un filme de culto para algunos pocos. De igual manera, la penetración que esta nueva entrega requiere es arroparse en un OST tan efectivo como el anterior, buscando la fortificación de bandas añejas acordes al sentimiento heredado de ‘T1’ para no caer en banalidades ni efectismos baratos que pretendan enganchar a las nuevas generaciones.

 

Porque los drogadictos más adorados de la historia del cine, ahora metidos a pornógrafos, necesitan un cobijo educado, cuidado, fino y nada rupestre, mucho menos simplista, para anidar en las mentes de quienes no han visto ‘T1’, o no les hace mella, y se sientan identificados con esos cuatro entes cuyas personalidades pueden alojarse en el inconsciente de cualquiera.

 

Mientras tanto, las viejas generaciones que deseábamos desayunar escuchando a New Order con nuestros padres tenemos la responsabilidad de explicar y compartir qué demonios fue ‘T1’ y su OST. Y mostrar el mismo regocijo que vomitamos cuando vemos en escena a los Stones o a Kraftwerk.

 

La pregunta es, ¿a quién van a invitar a ver ‘Trainspotting 2’?

Escoge una vida, un trabajo o Rock 101

Ya lo decían los Beastie Boys, debes luchar por tu derecho a enfiestarte, esa sola idea bastó para que emergiera una escena donde hasta 10,000 personas bailaban en la sordidez de diversas bodegas abandonadas y lejos del radar de la policía. Como todo levantamiento, su duración fue breve, de alto impacto y fue absorbida por el mainstream. Bailar se convirtió en una inspiración, una afrenta política y un reclamo sobre una situación social.

La revolución rave, como lo revelan sus héroes anónimos, es el punto de inflexión donde el acid house dejó de ser fenómeno underground local y se convirtió en una explosión cultural en todo el mundo. ¿Fue una revolución o sólo fue una serie de fiestas? La planeación y los riesgos que implicaban, además de entender que las ganancias monetarias eran pocas comparadas con la reacción de los periódicos y la policía, mostraban el espíritu de rebeldía e idealismo que acompañaban la música, un honesto testamento de una época, una serie de ciudades unidas por sus madrugadas y claves secretas para acceder a la ética y estética del acid house.

Fue una revolución, no hay duda, fue una oleada hecha no tanto por los creadores del acid house, sino por aquellos que lo hicieron crecer como un movimiento underground y lo convirtieron en fenómeno juvenil, épico y contagioso. Todos los problemas para concretar el rave en términos capitalistas tenía un costo de £3 libras por persona, que apenas cubrían los costos para realizar la fiesta, pero el ingenio era parte integral para lograr que toda la gente llegara hasta el lugar. Algunos de ellos pagaron la rebeldía con su libertad, acusaciones de violencia y venta de drogas, acoso policíaco e imposiciones de toques de queda.

La revolución a través de la música electrónica en el underground tiene sus mejores años entre 1988 y 1994, para el momento en que la película ‘Trainspotting’ adopta la idea de moverse de “Ziggy Pop” a otros parámetros sonoros y rejuvenecerse por el oído, el movimiento ya es totalmente mainstream, para 1996 la idea del rave no solo está presente en estaciones de radio y festivales, incluso se le menciona en programas de televisión de corte juvenil como ‘Beverly Hills 90210’.

Justo hace 20 años nos escontramos con la esencia punk de Irvine Welsh trasladada a la pantalla, de alguna forma la serie de picaderos en Escocia, el SIDA aniquilando adictos a la heroína y la Generación X que prefería divertirse a trabajar (pero que aceptaba en el fondo que tendrá que elegir una vida) transgredieron el cine con un nuevo lenguaje visual donde una escena ya se mostraba procesada, masticada y deglutida, para algunos el punto de partida es el soundtrack del filme, para otros es la idea de que las películas sobre jovenes ya no se trataban del romance al estilo ‘Pretty in Pink’ o la detención en la escuela tipo ‘The Breakfast Club’, pero a final de cuentas seguía siendo sobre el arte de crear un soundtrack inolvidable.

Partiendo de aquella novela que estaba en la lista de libros prohibidos y uno de los más robados de las tiendas británicas, celebramos el 20 aniversario del estreno de ‘Trainspotting’, esperando que Danny Boyle nos de pronto la continuación ‘Porno’, aceptando que todas las elecciones del monologo de Renton (que en la película es el inicio y en el libro la mitad) se han concretado, escogimos la pantalla de plasma y la serie de comodidades que sustituyeron la evasión con base en la heroína y aceptamos que el plan de estudios de diversas universidades ya incluye la primera novela de Irvine Welsh.

Acompañanos el 23 de febrero en un día perfecto, de clubes nocturnos, sábanas sucias y por supuesto mucho (Z)Iggy Pop, iniciamos a las 10 de la mañana y continuaremos administrando dosis en tus oídos hasta las 8 de la noche tan solo para evitar el síndrome de abstinencia.

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