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Daniel Ash, retomar una historia adelantada a su tiempo

En enero de este año tuvimos la oportunidad de escuchar a Poptone en vivo en el Auditorio BlackBerry, un proyecto que reúne cuatro actos en la historia de Daniel Ash y una serie de sonidos que se adelantaron de muchas maneras a su propio tiempo.

En esa única presentación fuimos de la música de Bauhaus a la de Tones on Tail y Love and Rockets, hasta tuvimos la oportunidad de escuchar el más reciente track de Daniel Ash, ‘Flame On’, que de alguna manera nos arrojó hacia la dinámica que se estaba gestando con esa gira. Tres meses después nos otorga un álbum que precisamente refleja el espíritu de esas primeras fechas y las posibilidades de encontrarte con un Poptone que es referencia más no un ejercicio de nostalgia.

Daniel Ash, siendo la influencia de muchos de los guitarristas de la era alternativa (sin su herencia quién sabe como habrían sonado Jane’s Addiction, Soundgarden y Red Hot Chili Peppers), debemos ubicarlo más allá de la etiqueta en la que se encasilló a las bandas en las que participó. Su forma de tocar la guitarra siempre tuvo relación con la aparición de la música electrónica, las máquinas de ritmos se fusionaron con su estilo, así se convirtió a través de Tones On Tail y Love and Rockets en la base para muchos actos que sobre un muro ruidoso de punk oscuro y rock agresivo cambiaron la faz de la música bailable en los 90, no es gratuito que el disco ‘Seventh Dream of Teenage Heaven’ fuera el punto de partida de proyectos más recientes como The Faint y The Knife con Orbital y Leftfield de por medio.

Con motivo del lanzamiento del primer disco de Poptone, Luis Gerardo Salas tuvo la oportunidad de platicar con Daniel Ash sobre el proyecto, la gira y la manera en que para sus oídos este no es un proyecto que aviva la nostalgia por lo que ocurrió en los 80, en realidad es un acto que ha dejado que aquellos días donde mostraban futuro finalmente los alcancen en el presente.

Escucha a continuación la entrevista con Daniel Ash.

 

 

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Tutti-Frutti, el under chilango 30 años después

Por Luis Burgoa

Si algún recuerdo perenne y entrañable guardo de las pocas ocasiones que visité el legendario Tutti-Frutti a finales de los 80, era la afabilidad y camaradería de los que ahí laboraban o se reunían para reventar; ubico perfecto la primera vez que fui con mis amigos de la preparatoria, todos sureños, todos clase-medieros, un poco fresas tal vez, pero todos con gustos afines por lo extraño, por la música oscura y poco comercial, por la ropa new wave de estilo dark, el delineador negro y obviamente a esa tierna edad (17-19 años) con una inclinación por reventar y bailar.

Ver a toda esa banda subterránea con cabello erizado, tatuajes (en aquella época, algo muy poco común), la moda avant-garde, el maquillaje sin distinción de género, era de inicio un poco intimidante, ya que despertaba prejuicios aun entre los que hacíamos lo mismo o nos veíamos iguales que ellos; sin embargo esa sensación duraba un breve instante al darte cuenta de que casi todos aun sin conocerte, te saludaban, te preguntaban en donde habías comprado tu ropa, etcétera… el ambiente en pocas palabras, era el de una comunidad, que si bien estaba conformada por personas “raras” no dejaba de irradiar camaradería y buena onda. La fila para jugar en el pinball o pedir algo en la barra, eran el mejor pretexto para romper el hielo con los desconocidos y con los propietarios Brisa y Danny, ambos encantadores, ambos grandes anfitriones.

Llegar al Tutti-Frutti era en sí toda una aventura; para los sureños ir a Lindavista era prácticamente una odisea: la lejanía, lo exótico de aquella zona para nosotros: parte industrial, parte residencial, todo un estereotipo del suburbio gris de las grandes ciudades y con la única ayuda que uno contaba para llegar allí, era la del Guía-Roji (millennials favor de googlearlo) y las referencias de los ya iniciados que ya habían visitado el misterioso y subterráneo lugar.

El Apache 14 era un restaurante propiedad del dueto romántico de cantantes Carmela y Rafael, pareja artística y también en la vida real, que había alcanzado mucha fama durante los 60 y 70, época en que los duetos románticos y la balada, eran la norma; fue gracias a dicho éxito que se inauguró bajo el concepto de “Restaurante Familiar con Variedad” dicho sitio y fue posteriormente que una serie de circunstancias fortuitas y muy afortunadas se conjugaron para que se gestara la leyenda del Tutti; ese lugarcito escondido, sin acceso a la calle, sin letrero, que estaba atrás del Apache 14 y del que algunos hablaban y muy pocos conocían en persona.

Hace un par de meses, una amiga de aquellas épocas, me invitó a entrar al grupo de Facebook que se creó con motivo del documental que se está realizando sobre el Tutti; una gran labor de amor de todos los involucrados: Brisa, Danny, Laura, Alex, María, Jerry y los demás, que han logrado con gran entusiasmo y esfuerzo, recolectar historias, documentos, fotografías, memorabilia y reencontrarse con la gente y los amigos que frecuentaban el sitio; de esto tendremos noticias muy pronto y ya haremos la crónica respectiva.

Dos noches Tutti Frutti, toda la información con @sonicarsenal

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A partir del documental, decidieron organizar una fiesta para conmemorar a uno de los sitios más importantes y piedra angular para la contracultura chilanga; la sociedad del México actual, no se explicaría sin el Tianguis del Chopo, sin el Tutti, sin el LUCC, sin El 9, sin el Hip 70, sin Rockotitlán, sin Rock 101, sin el Rock Stock, sin Super Sound, Rock Express, etcétera; un porcentaje de los Generación X de esta ciudad y otras más por añadidura, no nos explicaríamos sin estos referentes culturales y sociales que lograron abrir de a poco, la cerrada y anquilosada realidad de aquellos años.

Llegar a El Imperial la noche de ese jueves fue muy emocionante y obviamente produjo muchos flash backs de aquellos años; ver a tanta gente reunida, predominantemente en el rango de edades de 40 a 50 años, pero que seguimos transmitiendo esa vibra y esa energía que solamente quienes crecimos y vivimos ”los otros ochentas”, comprendemos; no los ochentas de Timbiriche, del News, del Magic, de Flans y Cindy Lauper, sino los de Joy Division, The Cure, Siouxsie y Depeche, los de Insólitas Imágenes de Aurora, Pedro y Las Tortugas, del Studio Line y el Súper-Punc (sic), los de los pantalones de pinzas y los sacos largos y los pelos de punta… esos, nuestros ochentas de unos cuantos.

La cita fue desde las 22:00 y la asistencia fue un éxito; quien esto escribe, llegó una hora después y el Impe ya se veía bastante lleno; al cabo de una hora más, el lugar ya lucía abarrotado.

Caras conocidas, otras si acaso familiares y otras tantas nuevas, pero todas con la expectativa de rememorar aquellos años y aquellas aventuras que tanta nostalgia provocan de repente; nadie se ve, ni se siente viejo esta noche, todo lo contrario: la frescura de hace 30 años no se ha perdido y el brillo en los rostros y en los ojos, es apabullante.

Algunas celebridades del rock mexicano se veían por ahí, pero esta noche no eran los protagonistas y ellos lo sabían bien; esta noche todos éramos iguales y nos saludamos como sucedía en el Tutti en aquellos años después de una tocada: de tú a tú y sin mayores pretensiones; todos éramos comunidad.

Saludar a Danny y a Brisa, a Laura, abrazarlos y felicitarlos por ese gran legado que no ha muerto y que pronto recibirá el reconocimiento y la documentación que merece y que pide a gritos; lugares como el Tutti, no se pueden quedar en solo una charla o una anécdota, merecen trascender y dejar la huella que su importancia amerita; hubieron parteaguas y este fue uno de los más importantes.

Elemento principal de la noche, por supuesto la música: Danny y otros amigos dj’s se encargaron de deleitarnos con la mejor música posible, sonaron Tones On Tail, Sisters Of Mercy, Bauhaus, The Cure, Iggy Pop, Fad Gadget… y por un momento, el tiempo regresó en el corazón; música que hoy se trae en el teléfono, en la tablet y que con un par de clics se encuentra en Spotify o en You Tube, dejó de ser ese activo que hoy en día es tan fácil de obtener, al que ya no cuesta trabajo acceder y por instantes volvió a ser esa música rara y deseada, que tanto trabajo nos costaba conseguir y por lo tanto valorábamos como a ninguna otra cosa.

Más tarde The Dragulas tomaron posesión del escenario y con su look a lo Visage, a lo Klaus Nomi, tocaron un set de rolas digno de una curaduría del underground mexicano: canciones de bandas como Size, Pedro y Las Tortugas, Insólitas Imágenes… vaya, un festín para los expertos con buena memoria y los recuerdos siguieron fluyendo a borbotones; todos disfrutamos y evocamos gracias a su set retro-futurista; definitivamente que el futuro lucía mucho mejor desde el pasado, es un hecho.

Siguió la noche y El Imperial abarrotado como pocas veces; Danny volvió a tomar el mixer y la fiesta siguió y siguió, poniéndonos a bailar a todos. La camaradería y espíritu colectivo del Tutti, se volvió a sentir; re-encontrarse a amigos que no veías hace muchos años, saludar y conocer a gente nueva, todo igual de divertido y cool, como en aquel local sin letrero y sin acceso fácil de Avenida Politécnico.

Afortunadamente, habrá una fiesta más en el Foro Bizarro a mediados de abril, con promesa de enfocarse un poco más en el periodo punk del Tutti, así que alisten sus botas con casquillo y vayan ejercitando esas articulaciones para el slam, chavos.

La reflexión que queda, es: Necesitamos más sitios así, frescos, contra-culturales, divertidos, sin poses ni pretensiones más allá de lo esencial; hoy la clandestinidad ya no es más que una herramienta de marketing o una excusa para mantener giros negros y los buenos sitios para divertirse y escuchar propuestas distintas, existen, pero el toque y la energía de aquellos años, de aquellos sitios, no se encuentran en cada esquina. Tal vez la nostalgia me haga ver todo a través de un cristal color de rosa y como todo hombre suele hacer, opino que mis tiempos fueron los mejores, pero… efectivamente, fueron los mejores porque fueron muy diferentes a todo.

Poptone en México

En el universo musical de nuestro tiempo todo es posible, si alguna ocasión imaginamos ver en una misma oportunidad a tres proyectos emblemáticos de los últimos 20 años del sigo pasado, ahora eso será posible gracias al proyecto Poptone, el cual comandado por Daniel Ash y en compañía de Kevin Haskins y Diva Dompé, serán los responsables de resucitar en directo a un trinomio musical que marcó entrañablemente a varias generaciones de escuchas.

Seguramente este viaje en el tiempo donde se encontrarán las propuestas del rock gótico de Bauhaus y el post punk de Tones on Tail y Love and Rockets, será una de esas que se quedarán incrustadas en la memoria colectiva de los asistentes a dichos recitales, los cuales ocurrirán en poco menos de un mes, tanto en la ciudad de Tijuana como en la CDMX.

Resucitar a tres bandas paradigmáticas de la historia de la música alternativa del cierre del pasado milenio, sin duda es una empresa muy ambiciosa, donde los años marcan fechas importantes como la publicación del último disco de estudio de Bauhaus ‘Go Away Out’ hace una década, el cual paso sin pena ni gloria, aunque también significó la activación de una gira al respecto.

Cuando comenzó este proyecto se cumplieron 30 años del ‘Earth, Sun, Moon’ de Love and Rockets, Daniel Ash también llego al sexto piso y este 2018 se cuentan 25 vueltas al sol del álbum ‘Burning from the Inside’ y la disolución del cuarteto comandado por Peter Murphy, demasiada historia sobre las espaldas de Poptone y por su puesto los recuerdos del concierto de Bauhaus en el Palacio de los Deportes en 2005, la visita de Love and Rockets en 1996 en el Cine Opera, y la de Daniel Ash y David J. pinchando discos en 2008 en el Hard Rock Live.

Todos estos remanentes de un legado histórico que abarca más de cuatro décadas de ideas musicales que justamente estaban ampliando las expectativas del rock alternativo de los años ochenta y noventa del siglo XX, son la fortaleza de Poptone, que revivirá en vivo esos pasajes de oscuridad que materializaron sus primeras composiciones bajo el sello inglés 4AD, al igual que la transición de su segundo proyecto que es de donde retoman la combinación de dos sílabas en inglés ‘Pop’ (nombre del único álbum de estudio de Tones on Tail) y Tone en singular extraído del mismo nombre, donde lograron emparentar el post punk y la dulzura de una electrónica obscura y cadenciosa que los convertiría en una banda de culto por solo presentarse en directo durante 1984 y finalmente cerrando este amplio círculo conformado por tres capas, la acidez, pop y funk obscuro de lo que Love and Rockets compartió a lo largo de siete álbumes.

El próximo 2 y 3 de febrero de este 2018 tenemos una cita inevitable para presenciar el concierto de Poptone, donde por primera vez serán interpretados temas de Tones on Tail en suelo mexicano y por si fuera poco, aderezado seguramente por un conjunto de canciones que revivirán no solo dos de las décadas más importantes de la música rock alternativa del siglo pasado, sino también convocará a un público que a lo largo de cuatro o más décadas ha añorado desde la perspectiva del sueño, un combo que seguramente nadie de nosotros imaginamos se convirtiera en un hecho justo al inicio de este joven

año.

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