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No quiero irme, señor Rock and Roll

Hace poco se llevaron a cabo tres fiestas en conmemoración de un mítico lugar llamado el Tutti Frutti donde, en la década de los ochenta, se reunía gente de diversas edades, mundos, medios y clases (sí, antes de que la ciudad se convirtiera en este vómito clasista que es hoy) con el único objetivo de escuchar buena música y con un poco de suerte, convivir y escuchar con quienes se atrevían a hacer rock en esa época… tal como lo hacíamos hasta hace unos días en El Imperial.

¿Se imaginan? Llegar a un lugar al que luego de ir una otra y otra vez, las personas que asistían como tú dejaban de ser desconocidas, luego se hicieron tus amigos y finalmente se convirtieron en una familia. Un lugar que se convirtió en una gran casa a donde todos ansiaban llegar para pasar un buen rato con buenos amigos y exquisita música.

Ya no recuerdo el momento en que decidí dejar de salir a bares por reunirme en casa de amigos porque resulta más barato, más cómodo y porque “Ahí podemos poner la música que nos gusta”.

Así dejé de ir al siempre vivo Bulldog Café, donde vi a bandas como Café Tacvba, Molotov, incluso a ¡Papa Roach! Para eso da mi memoria, y es que tuve que haber ido un millón de veces, ya que en aquel entonces, cuando este recinto tomo su segundo aire luego de cambiar de la calle Sullivan en la Juárez hacia la avenida Revolución, quien escribe trabajaba por primera vez para un medio. Todo era claro por primera vez, ahí supe que quería hacer eso para siempre. La fiesta eterna, el océano de posibilidades, convivir tan cercanamente con mis bandas favoritas, simplemente un sueño hecho realidad.

Pero no todo eran risas y diversión. Entrar era un suplicio, en la década de los 90 aún tenías que lucir bien y caerle mejor al de la puerta, de no ser así, eras condenado a la espera infinita. Una vez vencido el dragón de la fortaleza, era necesario lidiar con los precios. Un poderosísimo cover de $350 pesos para los hombres y $50 pesos para mujeres (ahora sí salve el feminismo ¿no?) a cambio de una bella barra libre perpetua y adulterada adornada por los y las bartenders más hermosas del todavía Distrito Federal.

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Paraíso idílico que dejó de ser interesante para los premillennials como yo, pero que aún era frecuentado por algunos trasnochados, y por sureños con el alma llena de canciones de Guns n’ Roses. El buen Bulldog que, el pasado 28 de enero dejó de ladrar.

También por esa época se irguió una poderosa fortaleza llamada Ficción, que tan solo duró un suspiro y yo recuerdo tan solo en sueños. Era como la casa de Lestat el Vampiro, luces bajas, gente hermosa, muebles y detalles Luis XVI, música perfecta. Un escenario íntimo y un montón de almas que se fueron extinguiendo por racimos hasta el punto de desaparecer y cuyo lugar fue ocupado por un reconocido antro gay.

Ya en los dosmiles, cuando todos dábamos al rock por muerto y a la escena local sepultada kilómetros bajo la tierra, comenzaron a surgir células pequeñitas de corazón gigante para que las bandas nacionales tuvieran un lugar donde ser escuchadas. Así llegaron el Caradura, el Pasagüero y El Imperial, este último tuvo como su última noche el pasado 7 de julio.

Un recorrido musical de 10 años por el cual un sinnúmero de recuerdos, fotografías pero sobre todo música inolvidable, que hoy ya solo vivirá en nuestros recuerdos, en nuestros álbumes de fotos y en nuestros corazones. Larga vida a El Imperial.

Gracias, gracias, gracias… #ElImperial10

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En alguna de esas reuniones alrededor del Tutti Frutti, me atreví a preguntar ¿Cuál era la marca de ese chicle que pegó tan padre en los ochenta? ¿Por qué ya no ha vuelto ese misticismo, esa camaradería y familiaridad, ese gusto por compartir música con conocidos y desconocidos? ¿La apatía? ¿El individualismo? ¿La posibilidad de acceder a la música más fácil y rápido?

De por sí nuestro país nunca ha gozado de una buena salud rockerísticamente hablando como para andar dándonos el lujo de perder recintos dedicados a la difusión del rock mexicano.

Tres factores pongo en el escritorio para nuestra tarea: Bandas con poco talento y mucha ambición que no crean la noción de avanzar en colectivos. Una industria incipiente (medios, tiendas de discos, disqueras y recintos abusivos) cuyo único objetivo es explotar al artista sin retribuirle de manera justa y digna. Finalmente un público poco crítico que no consume música local ni acude a recintos para escuchar bandas nacionales privilegiando los eventos mediáticamente funcionales como los grandes festivales. Resultado, una escena agonizante.

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Aún nos quedan el Under, el Alicia, el Pasagüero, el Caradura. El Chopo, el Segundo piso en Azcapotzalco, y cualquier lugar de cualquier colonia que nos brinde la posibilidad de escuchar lo nuevo que ofrece México en cuanto a música refiere. Pídele a tus bandas favoritas provincianas que se den una vuelta por acá y entre amigos arreglamos los viáticos. Recordemos que morimos un poco cuando nos negamos la posibilidad de sorprendernos con algo nuevo y morimos un poco más con la playlist de Spotify que amamos y ponemos diario.

Haz patria, consume local.

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Darkwave, ayer y hoy en México

Es indudable que el contexto musical en México luce una de sus mejores etapas en la historia, y tampoco es que con esta afirmación quiera discriminar al pasado pues sería sin duda un pecado eterno. Simplemente es que hoy en día el concepto de lo “masivo” que décadas atrás asustaba al artista y al propio espectador, permite tener al alcance de nuestros ojos y oídos cualquier artista sin importar raza, color, religión o género, con sus peculiaridades y tropicalizaciones que incluso permiten albergar en nuestro país al darkwave.

Específicamente la Ciudad de México se ha vuelto un hábitat de encuentros musicales que ha permitido vencer de a poco los falsos estereotipos del consumidor. La sociedad contemporánea es digna de exigir un cambio en los estándares que de forma microscópica podemos notar en un concierto, por ejemplo: la crítica de la vestimenta, el separarnos por el costo de un boleto, los individuos que escupen hacia arriba por su gafete de prensa o la soberbia de aquellos que no se cansan de criticar al reggaetón o la banda.

Así, el creciente número de festivales musicales es un primer avistamiento de encuentro entre culturas y formas de ser. Sin embargo, las consecuencias disparan distintas vicisitudes que otorgan al pasado un valor inquebrantable y elegante. Una forma de entender el cambio es sin duda Spotify, por ejemplo; una plataforma que deja poco sentido a la curiosidad y a la comprensión del artista desde sus inicios pero que su vez asume su importancia por conectar a distintas generaciones.

La realidad del asunto es que estas reflexiones fueron posibles gracias a espacios particulares de la ciudad que son dignos de conocer, pero también de comprender. Lugares como Patrick Miller, Dirty Sound, Departamento, Centro de Salud, pero sobre todo Real Under, son habitaciones que albergan una serie de tributos a la escena underground que no predican con el concepto masivo.

 

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Allí, nuevas generaciones se congregan felices de imaginar cómo eran las pistas de baile en los años 80, un tanto perdidos en láser, humo y sintetizadores. Y es que gozar del sinte es una experiencia infinita e irrepetible, haciendo de las noches de la ciudad pequeños capítulos que creen hablar del espacio, las estrellas e incluso de las artes plásticas.

Para comprender mejor lo anterior dicho me es necesario hablar brevemente de Mateo Lafontaine. Artista y exponente de la escena post punk y la música electrónica en México, amante del Korg y los Casio. A través de sus dedos, la historia se traduce en la importancia de la tecnología y cómo esta revolucionó el sonido análogo. Gran parte del discurso de Mateo se enriquece por la filosofía que busca romper lo ya establecido, incluso como contraparte del punk.

Cierta nostalgia se dispara de muchas entrevistas que he visto de él, pero seguro de que las nuevas generaciones asuman nuevos alcances dada las nuevas condiciones económicos y culturales pues si bien antes las ideas eran revolucionarias también eran costosas. Ferviente amante de las calles, conocedor de la vieja colonia Roma, Polanco y Santa María la Ribera, coleccionista de vinilos y fanzines; así es como Mateo justifica el paso del tiempo sobre la pista de baile para rebelarse ante los ojos del noctámbulo.

Para seguir iluminando un poco la propuesta que se esconde en la oscuridad de la ciudad es importante conocer los sonidos que influyen en la tornamesa y que se transforman en synthpop y techno pop. Kraftwerk, Ultravox, Soft Cell, entre otros, son algunas de las voces que dieron vida a Casino Shangai, banda referente de la escena dark en México y que hoy se asoma en los rostros del Centro de Salud, específicamente de Ulalume Zavala, quien atenta contra la copia de sonidos que ya se hicieron en los 80, pero defiende la transformación de estos, tales como el darkwave industrial y que se personifican en el segundo piso del Real Under.

 

Ulalume es consciente de la realidad actual en las que nuevos vulnerables buscan acojo en la música y las artes en general, provocando así una búsqueda constante por una evolución sónica que exprese su carácter y responda a ciertas cuestiones sociales. Quizá eso refleje la sintonía de lo que hace actualmente como DJ y exponente del house y el techno.

Con este pequeño preámbulo no queda más que perderse en los rincones alejados de la multitud. La realidad es que estos lugares no sólo concentran un homenaje al pasado sino a su estética e ideología que inmortaliza a los poetas malditos, la pintura, el terror, la androginia, el individualismo, pero, sobre todo a la creatividad. Por eso insistir en que las ideologías no se construyen discriminando otras pues todos somos parte de un mismo pasado y es en las circunstancias del tiempo que la personalidad se afianza al disfrute de lo que la música provoca: dolor, risa, pasión, adrenalina, pero nunca el imponer nuestro género favorito.

Esta pequeña mirada al espacio multicultural de nuestra ciudad está pensada en la posibilidad de sabernos seres distintos y cambiantes, pero conscientes de nuestra posición en sociedad que aún no permite identificarnos. La música es un gran inicio y lente de los detalles en los que nos perdemos como seres exigentes, críticos, prejuiciosos y a veces ausentes de nuestras tradiciones. Salgamos a las cantinas, pulquerías, a los rodeos, los palenques, las bodas, Garibaldi, el Chopo, el Under. Hablemos con nuestros ancestros, hijos, hermanos, vecinos, gente que admiramos o no comprendemos. La música, insisto, es un gran aliento.

17 edición del Festival Vive Latino, día 2 – 24 de abril

 

Por: Cristian Morales Gómez

Fotografías: Alex Amezcua

 

Un crisol de música y color inundaron el Autódromo Hermanos Rodríguez para darle vida al segundo día de actividades del Vive Latino 2016. Desde temprano, un estupor rodeó las afueras del recinto, formulando lo que más tarde sería un público hambriento de Rock distribuido entre seis escenarios, cuatro “clanes” —Agua, Tierra, Aire y Fuego— y la carpa Ambulante.

 

El magno festival de música alternativa en México arrancó en el pabellón Tecate con Eddie y Los Grasosos, agrupación que presentó un compendio de las principales melodías de sus tres discos. Al ritmo del rockabilly, la voz de Eddie Wolfan invitaba a soltar las caderas y danzar al compás de armonías alegres y rebeldes que transportaban a cada uno de los presentes a mediados del siglo XX.

 

Una vez culminada la actuación de una de las bandas mexicanas representativa de la escena del rockabilly, el público hizo suyos el resto de los espacios distribuyéndose entre las carpas donde se presentaron personalidades de la talla de Ingrid Beujean y Mauricio Nieto (en la Casa Comedy), así como las agrupaciones Toreros Muertos, Piluso, Los Yerberos y The Guadaloops.

 

El escenario Claro Músic fue testigo de un ritual sonoro guiado por la energía y los acordes de la guitarra de Francisco Frione de Surfistas del Sistema. Fue así como el terceto argentino se presentó por primera vez en el Vive, lugar en que interpretó piezas de sus dos álbumes. Labios de Miel y Friday Midnight a través de sus pasajes finos y modernos hicieron estallar las ovaciones de más de uno, colocando a los jóvenes músicos como una muestra del nuevo rock latinoamericano.

 

 

Frase a frase, nota a nota, un sonido familiar encontró su hogar. El legendario Chetes se paró ante su gente y desentrañó cada estrofa de su música con la suavidad que define su voz. Su participación alcanzó su clímax al sonar las primeras palabras de Completamente de su disco Blanco Fácil para formular un dejo en la memoria colectiva al alcanzar el coro. Así al entonar el tan conocido “¡Hey! Todo lo tienes”, un sinfín de serpentinas de colores adornaron la tarde dejando una emoción contenida.

Al llegar las cuatro de la tarde, al festival arribaron los sonidos balcánicos de Goran Bregovic. El compositor de Sarajevo hizo bailar a más de uno con su característico estilo que combina sonidos del folclore tradicional de la ex-Yugoslavia con rock, y música búlgara. Interpretó con ímpetu cada una de las melodías de su disco Underground, soundtrack de su homónimo cinematográfico.

 

Por su parte, la carpa Ambulante proyectó tres maravillosos documentales, acordes a la experiencia que representó el Vive Latino. La muestra consistió de Somos Lengua, Blur: Two Worlds Tower y Ziggy Stardust and the Spiders from Mars.

 

Al acercarse el ocaso, los fanáticos se perfilaron con prontitud al foro principal para presenciar la llegada de los favoritos del público mexicano. Un vocho adornado de bola disco descendió ante la expectación de cada uno de los asistentes. Rubén Albarrán, Meme, Joselo y Quique estaban en casa y al resonar las primeras frases de Chilanga Banda el escenario era suyo.

 

Los Tacvbos celebraron los 20 años de Avalancha tal por lo que tocaron ocho de los tracks del disco, además de integrar seis rolas inolvidables. El Fin De La Infancia, La Ingrata, Las Flores, Olita del Altamar, El Baile y El Salón y Chica Banda fueron las melodías que los autóctonos de la Ciudad Satélite obsequiaron a su tan amado público.

 

 

Los telones estaban listos para el disfrute, el cierre estaba a la espera. El Big Beat de Prodigy resonó en cada rincón del Autódromo Hermanos Rodríguez. El grupo inglés de música electrónica, The Prodigy, coronó la media noche, mientras Liam Howlett se presentaba entre las luces deslumbrantes. Nadie pudo dejar de moverse y todos vivían para alabar la genialidad de un grupo que marcó los noventas.

 

Interpretaron temas como Firestarter y Omen, los cuales integraron un espectáculo de luces y sonidos capaz de anonadar a cualquier escéptico. El Vive Latino concluyó entre fanfarrias y un buen sabor de boca.

Stand up, disqueras independientes y documentales en Vive Latino 2016

De 1998 a 2015 los cambios han sido notorios en Vive Latino, a la oferta inicial de conciertos se le han sumado poco a poco nuevas actividades con el objetivo de hacer del festival un evento cultural que abarca muchas áreas y disciplinas, la experiencia que nos permite entender la necesidad de ir más allá de lo que ocurre en los escenarios. Por esa razón los invitamos a que a su largo recorrido sumen la Feria de Disqueras Independientes y la Carpa Ambulante, agreguen sin falta las siguientes actividades de la edición número 17, que se llevará a cabo el 23 y 24 de abril en el Foro Sol, entre las que se encuentran la Carpa Casa Comedy y el área Clan de Clanes.

En conferencia de prensa el director del festival Jordi Puig habló junto a Sofía Niño de Rivera, Alex Díaz y Mauricio Barrientos “Diablito” sobre la Carpa Casa Comedy, que también se integra a las actividades del encuentro. Será la primera casa rotante de stand up en México donde se combinarán DJ sets con comediantes. El proyecto espera viajar por toda la República después de Vive Latino.

A las propuestas de este año en el festival también se suma Clan de Clanes, coordinado por la cantante y actriz Montserrat de León, así como por el líder de Café Tacvba, Rubén Albarrán. El proyecto será integrado por cuatro tribus, cada uno con los elementos base (agua, fuego, aire y tierra), serán el punto de conexión con asociaciones que buscan crear un movimiento social más consciente partiendo de los lo lúdico.

Una vez más el festival contará contará con la participación del Tianguis Cultural del Chopo, dos pequeños parques y la Carpa Ambulante que estará presente por sexto año presentando documentales sobre artistas Blur, David Bowie y Enrique Bunbury.

El Tianguis del Chopo celebra 35 años con serie de conciertos

El 4 de octubre de 1980 el Museo Universitario del Chopo de la UNAM albergó el Primer Tianguis de la Música, solo permanecería durante un mes, pero 35 años después seguimos hablando de sus actividades. Para celebrar, el primer hogar del Tianguis del Chopo realizará un ciclo de conciertos con las bandas representativas de la trayectoria de ese espacio que abrió nuevos cauces para la distribución cultural.

Durante 35 años, ha sido un espacio donde la cultura del rock ha dado lugar a proyectos que involucran disciplinas artísticas como la literatura y el performance, la celebración inicia el 4 de octubre de 2015 a las 17:00 horas con una charla conmemorativa por el aniversario del tianguis y un concierto.

 

El primer tianguis de la música en México permaneció hasta 1982 dentro del museo, lo que convirtió a la institución en lugar de encuentro sabatino para intercambiar publicaciones, discos y para escuchar bandas en vivo. De 1983 a 1985 el tianguis tuvo lugar fuera del museo, en la calle Enrique González. Posteriormente se instaló en uno y en otro lugar de la ciudad hasta que en 1988 se estableció en la calle Aldama, cerca de Buenavista, en la Delegación Cuauhtémoc.

 

No se pierdan la serie de conciertos.

Bardo Thodol

4 de octubre,18:00 hrs. Entrada libre.

Vía láctea

11 de octubre, 18:00 hrs. Entrada libre

Arteria

18 de octubre, 18:00 hrs. Entrada libre

Luz de Riada (Power Trío)

25 de octubre, 18:00 hrs. Entrada libre

 

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