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40 años de la influencia del lunático Keith Moon

Este 2018 se cumplen 40 años de la muerte de uno de los bateristas más reconocidos a nivel mundial: Keith Moon, quien fuera el percusionista de la mítica banda inglesa The Who.

Moon falleció a los 32 por sobredosis de Clometiazol, sedante que se le había prescrito para ayudar con los síntomas de abstinencia del alcohol, problema con el que lidiaba intentando desintoxicarse en su propia casa.

El baterista logró mantener su excéntrica y estrambótica forma de tocar con The Who, durante sus proyectos alternos y su etapa como solista, aunque su personalidad autodestructiva lo llevó a tener un sin número de incidentes, dentro y fuera del escenario, porque el hombre consumía de todo… y en cualquier momento.

Su legado musical es extenso y el reconocimiento hacia su trabajo nunca ha cesado. Pocos músicos pueden presumir que algún personaje icónico de la cultura popular esté basado en ellos, pero la figura de Keith Moon quedó plasmada en la alocada y desenfada forma de tocar la batería de Animal, el muppet peludo de Sesame Street.

Sobra decir que es raro encontrarse con cualquier listado de los mejores bateristas del rock, sin que su nombre aparezca dentro de los primeros diez lugares.

No son menos los destacados bateristas que han reconocido la influencia del músico inglés… Ringo Starr, baterista de The Beatles y amigo cercano de Moon, mostró un guiño de lo que le aprendió en “Ticket to Ride”.

Mickey Waller, baterista que acompañó a muchos de los grandes de la escena del rock inglesa, fue quien quizá logró capturar más la rebeldía impulsiva de Moon, como se escucha en “Every Picture Tells a Story” de Rod Stewart. 

Pero no sólo los de su generación le muestran admiración. Neil Peart, de Rush, reconoce que Moon le dio una nueva idea de la libertad, donde no había necesidad de ser fundamentalista. Y Dave Grohl, ex de Nirvana y frontman de los Foo Fighters lo ha calificado como un baterista salvaje, desenfadado y frenético.

Por estas y muchas razones más, este 6 de septiembre recordamos al gran baterista de The Who y a todos sus colegas, en el especial #OnDrums101…

 

 

Banda Sonora 101 – Martin Scorsese, melómano (segunda parte)

La semana pasada publicamos en este mismo espacio la primera parte de un viaje mágico musical por la extensa filmografía de Martin Scorsese, cineasta que ha integrado a la música como parte fundamental de su propio lenguaje cinematográfico. En esa primera entrega, abarcamos las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado, periodo que cubre de las películas MEAN STREETS (1973) a GOODFELLAS (1990).

Ahora toca el turno a la segunda mitad de la filmografía de Scorsese, es decir, revisaremos las películas (y sus bandas sonoras) realizadas por Scorsese de 1990 a la fecha, incluidos los documentales que hizo para la televisión pública hasta la serie VINYL (2016) que realizó para el canal HBO.

Iniciamos el viaje con un brinco en el tiempo al año 1990:

GOODFELLAS (1990)
Se estrenó el 9 de septiembre de 1990 en la Mostra de Venecia, donde inició un exitoso recorrido por festivales internacionales de cine. Junto con la trilogía de EL PADRINO (Francis Ford Coppola) y ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA (Sergio Leone), se le considera una de las mejores películas de mafiosos en la historia del cine. La protagonizan Robert De Niro, Ray Liotta, Elizabeth McGovern y Joe Pesci. En la banda sonora: Muddy Waters, Derek & The Dominos, Bobby Darrin, Tonny Bennett, Cream…

 

 

CAPE FEAR (1991)
Es una revenge movie potentísima que se estrenó en el festival de Berlín de 1991. La protagonizan Robert De Niro, Nick Nolte, Jessica Lange y Juliette Lewis. Un violador sale de prisión luego de catorce años de condena y asedia a la familia del abogado que lo defendió, mismo que cometió un grave error al ocultar un documento clave durante el juicio. La música original es de Bernard Herrmann (PSICOSIS).

 

 

CASINO (1995)
Es una película de mafiosos protagonizada por Robert De Niro, Joe Pesci y Sharon Stone. Retrato de la decadente vida de dos gángsters en Las Vegas con una banda sonora de antología que define los gustos musicales de Scorsese: Rolling Stones, Ottis Reading, Muddy Waters, Roxie Music…

 

 

KUNDUN (1997)
La siguiente película de Scorsese llegó a México vía la Muestra Internacional de Cine de 1998. Se llama KUNDUN, se realizó en 1997, y se trata de un filme biográfico sobre el Dalai Lama con música original de Phillip Glass.

 

 

BRING DOWN THE DEAD (1999)
Esta película cuenta la historia de un paramédico asediado por la culpa que busca redimir un hecho del pasado que lo atormenta. Nuevamente el tema de la culpa presente en el guión de Paul Shrader y en la filmografía de Scorsese. El soundtrack trae rolas de The Clash, R.E.M. Johnny Thunders, The Who…

 

 

GANGS OF NEW YORK (2002)
Protagonizada por Leonardo Di Caprio, Daniel Day-Lewis y Cameron Diaz, se trata de una revenge movie ubicada en Nueva York a mediados del Siglo XIX, cuando la ciudad era un campo de batalla infernal entre inmigrantes Irlandeses e ingleses que llegaron antes y se consideraban nativos. U2 compuso el tema principal de la película: “The Hands that Built America.”

 

 

THE BLUES (2003)
En 2003 viene la serie THE BLUES, o MARTIN SCORSESE PRESENTS THE BLUES, un proyecto de siete capítulos, coordinado por Scorsese, sobre la historia del blues para la televisión pública estadunidense, en el cual también participaron personajes como Clint Eastwood y Wim Wenders. Un proyecto a todas luces ambicioso en términos de difusión de la cultura musical.

 

 

THE AVIATOR (2004)
Ahora vamos al 14 de diciembre de 2004, día del estreno mundial en Nueva York de El AVIADOR, segunda colaboración de Di Caprio con Scorsese. Esta película cuenta la vida del legendario Howard Hughes con una selección maravillosa de canciones en cada etapa de su vida. Hasta Django Reinhart suena en esta banda sonora…

 

 

NO DIRECTION HOME: BOB DYLAN (2005)
En 2005 Martin Scorsese se involucró en un proyecto de televisión pública cultural y realizó un portentoso rockumental de casi 6 horas llamado NO DIRECTION HOME: BOB DYLAN, una investigación exhaustiva sobre el icono cultural y premio Nobel de literatura.

 

 

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THE DEPARTED (2006)
Vamos a 2006 con THE DEPARTED, nuevamente con Leonardo Di Caprio, y película que finalmente (se lo debían desde los años 70) le valió el Oscar a Mejor película y Mejor Director a Martin Scorsese. El soundtrack, para no perder la costumbre, cuenta con una selección de rolas de altos vuelos.

 

 

SHINE A LIGHT (2008)
Pasamos a 2008 con una película padrísima que se llama SHINE A LIGHT, un registro documental de un concierto en Nueva York de los Rolling Stones, viejos amigos de Martin Scorsese, quien nuevamente (como en THE LAST WALTZ, 1978) da lecciones de cómo se debe filmar un concierto en vivo.

 

 

SHUTTER ISLAND (2010)
Luego en 2010 viene SHUTTER ISLAND, otra colaboración con Leonadro Di Caprio. Cuando se estrenó a finales de 2010 tuve la oportunidad de viajar a Nueva York para entrevistar a Scorsese. Sin duda uno de los mejores días de mi vida. Pero, bueno, lo importante es que la película es un portentoso thriller psicológico con realidades paralelas. Muy loca pero buenísima. En este caso, para la banda sonora Scorsese acude a la música de cámara.

 

 

GEORGE HARRISON: LIVING IN A MATERIAL WORLD (2011)
En 2011 Scorsese regresa al genero documental con GEORGE HARRISON: LIVING IN A MATERIAL WORLD, sin duda la mejor película que se ha hecho sobre el músico y ex miembro de los Beatles. Una joya del cine-rock.

 

 

HUGO (2011)
En el 2011 también se estrenó una película entrañable de Scorsese que se llama HUGO, un homenaje al cine del gran Georges Melies y primera película se Scorsese en 3D y para toda la familia. La música original es del canadiense Howard Shore.

 

 

THE WOLF OF WALL STREET (2013)
Es la quinta colaboración de Leonardo Di Caprio con Martin Scorsese, quien en este filme lleva a la ficción la vida real de un pillo de cuello blanco llamado Jordan Belfort. La banda sonora es un catalogo impresionante de rolas, sin duda se trata de uno de los mejores soundtracks en la filmografía de Scorsese.

 

 

VINYL (2016)
Cerramos el viaje por la filmografía de Scorsese en 2016, año en el que n 2016 Martin produjo (y dirigió un capítulo de) la serie VINYL del canal televisivo HBO. Tanto la serie como el soundtrack vuelan por lo alto. Chequen el sountrack.

 

Banda Sonora 101: Blow-Up

En diciembre de 1966, horas después de la premier mundial de Blow-Up’ en Nueva York, Herbie Hancock llamó por teléfono a Michelangelo Antonioni para expresarle su desilusión por la manera como el italiano había utilizado su música. “Sólo se escuchan fragmentos”, dijo el compositor, miembro del Quinteto de Miles Davis desde 1963 y que a sus 25 años había sido requerido por uno de los directores de cine más celebrados del planeta.

La respuesta del cineasta, 35 años mayor que Hancock, fue contundente: “La usé como sentí que era correcto”. El pianista, según la entrevista publicada en la edición de aniversario de la banda sonora (Turner, 1996), colgó el teléfono, se quedó helado un instante, sin decir palabra, hasta que se dio cuenta del error: había ido a la premier de Blow-Upa escuchar su música y no a ver la película de Antonioni.

Al cabo de unos días –añade el texto–, Hancock se sacudió el ego, vio de nuevo la película y quedó maravillado. Esa misma noche llamó al cineasta: “Lo siento, tienes la razón: ¡Es cine!.. Esta es una lección que nunca voy a olvidar”. En la obra de Antonioni, comprendió Hancock, la música siempre está al servicio de la película y el director hace con ella lo que mejor considere.



En aquellos años, Hancock ya era considerado una de las mayores promesas del jazz. Además figurar en la selecta alineación del Quinteto de Miles Davis, a sus 26 años tenía un contrato como solista con el sello Blue Note, que le publicó piezas del nivel de ‘Watermelon Man’, ‘Maiden Voyage’ y ‘Cantaloupe Island’.

Pero Hancock nunca había compuesto música para un largometraje y –según lo aceptó años después–, no tenía mucha idea que cuál era la función de un músico en el cine, y menos en las películas de autores como Antonioni o Fellini, por mencionar a dos maestros italianos de la época.

‘Blow-Upestá inspirada en ‘Las babas del Diablo’, de Julio Cortazar. A diferencia del relato original, la anécdota no ocurre en París sino en Londres de mediados de los sesenta, en tiempos de la revolución cultural, cuando la fusión de modernismo y psicodelia abrió una serie de umbrales en el mundo de la música: jazz y funk se volvieron una palabra; el blues se acopló con el rock; Bob Dylan se colgó una guitarra eléctrica y creó el concepto folk rock y los Beatles tendieron un puente con los sonidos de Oriente con el ‘Revolver’.

En el 66, Londres brillaba en glorioso technicolor y por sus venas corría todo tipo de sustancias psicotrópicas. Ese año, el llamado “swinging London” abrió las puertas al movimiento hippie. En las calles rugían las scooters de los mods, quienes pasaron de la rebeldía individual a la revuelta social e hicieron del disco ‘My Generation’, de The Who, la banda sonora de sus días. En los clubes se podía viajar con la música de Pink Floyd (Syd Barret pisó la luna antes que Neil Amstrong) o escuchar el jazz con más onda de todos los tiempos. Miles Davis y Herbie Hancock podían estar tocando juntos en un club, mientras Jeff Beck y Jimmy Page revolucionaban el sonido del rock a unas cuadras de distancia.

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Antonioni se apropió el relato de Cortazar y lo ubicó en esta Londres. La historia es básicamente la misma: un fotógrafo se obsesiona con la idea de haber captado un asesinato con su cámara, pero nunca logra resolver el misterio. El títuloBlow-Upse refiere a “reventar el grano de la foto” mediante la ampliación de la imagen.

¿Por qué Antonioni decidió llamar a Herbie Hancock para musicalizar Blow-Up’? Hay una explicación lógica: el personaje principal del filme, Thomas (David Hemmings), es un fotógrafo especializado en moda y de gustos sofisticados. No es un mod común y corriente, un rebelde callejero (como el personaje deQuadrophenia’), sino un artista interesado en las corrientes de vanguardia. En lugar de una moto scooter tiene un deportivo convertible; y en su estudio fotográfico sonaban finas piezas de jazz, en lugar del acelerado álbum The Who.

Antonioni, apasionado de la música, y en particular del jazz, intuyó bien que Hancock era el músico indicado para crear los sonidos que sintetizaran la energía de la movilización juvenil, la rebeldía mod, con la elegancia del jazz.

Antonioni tomó la decisión correcta: Hancock invitó al bajista Ron Carter y el baterista Jack DeJohnette y al poco tiempo le entregó al director una docena de piezas extraordinarias, la mayoría pensadas para ambientar escenas específicas. En algunas aceleró los ritmos de la batería, en otras dilató las líneas del bajo y en casi todas se dio vuelo con el piano eléctrico.

Hancock construyó la atmósfera sonora que le encargó Antonioni, pero de paso compuso un álbum que hoy es considerado una obra fundamental del jazz de los 60. Y precisamente por eso, por el hecho de haber creado un álbum tan excelso, Hancock se sacó de onda el día de la premier. Su música no era la protagonista de la noche sino un elemento más del filme, que de hecho Antonioni usó como “source music”, es decir, la que se escucha cuando alguien prende la radio o pone un disco en una película.

Como contrapunto al jazz, Antonioni invitó a la banda de rock The Yardbirds, con la que filmó una secuencia delirante mientras tocan ‘Stroll On’ en vivo: el público se mantiene inmóvil, como idiotizado, mientras Jimmy Page se avienta un solo desenfrenado y Jeff Beck destruye su guitarra como lo hacía Pete Townshend de The Who en aquellos años. La cámara sigue el movimiento de Thomas mientras se escabulle entre el público estático y al tiempo que Beck destroza el escenario. A esta memorable actuación de los Yardbirds, hay que agregar dos canciones que Antonioni encargó a Tomorrow, en la que tocaba Steve Howe antes de formar Yes.

Hancock debió sentirse muy desilusionado a la salida del cine, con el ego hecho pedazos. Pero días después, el pianista comprendió que el cine es un es un arte complejo, un lenguaje que integra a varias expresiones, y por ello se disculpó con Antonioni, hecho que demuestra una humildad muy poco común entre los artistas que gozan de fama.

A la fecha, Hancock ha musicalizado una decena de largometrajes, entre ellos una delicia del cine-jazz dirigida por Bertrand Tavernier: ‘Round Midnight’. Su momento cumbre en el cine sigue siendo ‘Blow-Up’.

El soundtrack de la vida – Del punto A al punto B

Cada vez que escucho ‘Baba O’Riley’ de The Who siento que algo muy importante está a punto de suceder, y es que de la innovadora inclusión de un sintetizador acompañada de esos enérgicos acordes de piano, una verdadera genialidad de Pete Townshend, emana un sentimiento de anticipación, acompañada de una expectativa positiva que es difícil de explicar, y que la hace la rola ideal para iniciar cualquier clase de proyecto en el soundtrack de la vida.

Levantar la vista desde punto A y visualizar a la distancia un punto B que tenemos como objetivo alcanzar, sin importar el móvil o medio teniendo como catalizador la voz de Roger Daltrey y la batería de Keith Moon. Debo advertir que la combinación musical no garantiza que nuestra misión sea exitosa, pero puedo asegurarles es que es una de las mejores y más inspiradoras formas de iniciarla.

No sé para ustedes, pero para mi una de las partes más difíciles de un recorrido (real o virtual) es el recorrido en sí, y todo el trabajo que conlleva;  esa tierra de nadie entre punto A y punto B que es campo de batalla, tierra del aburrimiento y mamá luchona a la vez. En ocasiones es un tramite tan engorroso que nos hace claudicar, abortar misión o quedamos dormidos. Es ahí donde entra Dire Straits y su ‘Sultans of Swing’. La relevancia de esta rola va más allá de una simple coincidencia, es la primera canción que grabaron los hermanos Knopfler en Londres, con 100 libras en el bolsillo, un hecho que le daría nombre a la banda, casi como un  breve prólogo de la banda antes de alcanzar el éxito  y un homenaje al honky-tonk. Nada más adecuado para darnos valor para seguir el viaje y disfrutar del trayecto.

Finalmente llega el momento más triste de nuestro viaje, el final; ya que sin importar las circunstancias finalizar un proyecto nos llena de melancolía y nos hace tratar de extender lo más posible para evitar la dolorosa separación. Para estos casos no hay mejor receta que una rola alegre y trivial, un himno digno de un desfile de bienvenida que nos haga sentir que lo mucho o poco que vivimos durante nuestro trayecto fue lo suficientemente significativo como para que seamos recibidos como héroes.

En mi opinión, ‘The boys are back in town’ de Thin Lizzy  reúne esas características al pie de la letra, estamos hablando de una rola melódica en la que sobresale un épico doble de guitarra a cargo de Scott Gorham y Brian Robertson que nos hace sentir que cualquiera que haya sido el resultado, llegar al punto B hace que valga la pena y nos incite a volverlo a intentar.

La sencillez en el concepto

Siempre había tenido la idea errónea de que un disco conceptual era algo en palabras mayores, trabajos muy bien planeados que nos narraban una historia en específico alrededor de ciertos personajes. Vaya, algo así como cuentos fantásticos y obras literarias creadas por la élite del pensamiento, por músicos filósofos y mentes extraordinarias que ocupan un espacio divino en el universo. Cierto es que todos aquellos creadores de dichos trabajos, sí son gente de una capacidad única en la invención de sus obras, en particular de sus discos conceptuales. Sin embargo, la disyuntiva era el cómo entender y descifrar la historia detrás de la instrumentación, la barrera del idioma, y luego la secuencia en sí de los temas, que junto con los arreglos y la estética en el arte del álbum, hacían creer que solo eruditos, letrados y clavados lo entenderían.

 

Mi concepto de álbum conceptual (valiendo la redundancia) era que necesariamente debería de ser algo muy profundo, difícil de comprender y exclusivo para bandas progresivas. Cosas como Alan Parsons Project, Pink Floyd, King Crimson, Emerson Lake & Palmer y hasta STYX, que escuchaba de mis tíos o de mis compañeros de escuela, musicalmente me dejaban impresionado y con la imagen de que era algo muy avanzado o demasiado volado. Honestamente, nunca he sido seguidor del género de rock progre por sus metáforas complejas y temas metafísicos, pero principalmente por ese sentido de pertenencia para solo unos cuantos. Y por eso creía que solo ellos podían componer discos conceptuales derivados de clásicos en los sesentas y setentas donde se empezó a nombrar de esa manera y también como ópera rock a cosas de The Who e incluso de los Beatles.

 

Después de mucho tiempo, con la adicción a conocer y escuchar bandas nuevas, entendí que el término de álbum conceptual no era precisamente una característica para el rock progresivo, sino que en cualquier género musical han existido producciones que se desarrollan con base en un personaje, historia y temática en específico. De ahí que artistas de hip-hop como De La Soul, Jay Z y ahora Kendrick Lamar, también han ganado popularidad con sus propuestas conceptuales. Que hay bandas donde todos o casi todos sus discos sean catalogados como conceptuales, les suena Radiohead, Frank Sinatra, Avantasia, Coheed And Cambria o  Iced Earth por nombrar algunos.

Hay obras magistrales como el Operation Mindcrime de Queensrÿche y el Abigail de King Diamond, entre muchas otras. Trabajos de Metallica, Sufjan Stevens, Green Day, Bruce Springsteen y un largo etc. En español hay cosas de Chary García, Mago de OZ, Los Planetas, y no sé si hasta aquella cosa llamada KUMAN de Cristal y Acero entre como tal.

 

Y así hay muchísimos discos con un concepto definido, que no necesariamente tienen que sonar a progresivo, ni hablar de cosas irreales o enigmáticas (sin demeritar al género). Ahora les dejo muy buenas recomendaciones de bandas con discos conceptuales en diferentes géneros y de muy buena manufactura a ver que les parecen. Como siempre los invitamos a que nos den sus recomendaciones también.

 

Su lider Tim Kasher quiso contar la historia de lamentos, intriga y pasajes dolorosos de una persona que se refugia en su órgano para llorar y desahogarse del odio y la mala fortuna, agradeciendo al final que lo peor se haya terminado y aun sigua vivo.

 

 

 

Mansun es una banda de la época del britpop, logrando llegar a lugares muy altos gracias a la historia de un super héroe que quiere librar a un pueblo de las inmoralidades e injusticias. Una joya que no deben de dejar pasar.

 

 

 

Si bien ya habíamos nombrado al enigmático Will Sheff y su Okkervil River en anteriores posts, no podemos dejar pasar su gran obra conceptual de 2005, Black Sheep Boy. Donde nos narra la historia de un personaje sacado de una canción de un artista de los sesentas llamado Tim Hardin. Sheff decide hacer todo un álbum a través de este personaje, e incluso saca un EP llamado Black Sheep Boy Appendix para terminar su homenaje.

 

 

 

Entrando en terrenos escabrosos y malignos, en los años del auge del Death Metal, Nocturnus debuta con este tétrico álbum que se basa en la historia de un ente cibernético que quiere regresar en el tiempo a acabar con el abuso de la religión cristiana. La banda de Florida fue la primera en incluir teclados en su devastador sonido. Haciendo una especie de death progresivo.

 

 

 

Con su debut Original Pirate Material del 2002, Mike Skinner gano muchos seguidores con su mezcla de hip hop, garage y electrónico. Para su segundo disco, Skinner decide hacer un álbum que gire alrededor de su vida junto a sus mejores amigos.

 

 

 

Una maravilla del underground en los ochentas, el maestro Bob Mould junto a Grant Hart y Greg Norton deciden hacer un disco doble, con la temática de la experiencia de escapar de la familia y sobrevivir la crudeza de la vida exterior. Con la base de punk hardcore que identifica su sonido, en Zen Arcade logran meter sonidos más folk y pop. Dando como resultado uno de los mejores discos de la época.

 

 

 

En Beyond Hell, Dave Brockie o mejor dicho Oderus Urungus (RIP) y su séquito de defensores del universo. Deciden hacer un viaje al mismísimo infierno y enfrentar al demonio. Fantasía thrasher que siempre caracterizo a estos monstruos. Además cuenta con la magnífica producción de Devin Townsend, y hasta un DVD del álbum hay.

 

 

 

Con toda la influencia de Bob Mould, desde Irlanda surge un trió fenomenal catalogado en su tiempo como la mejor banda de ese país, por encima de U2 o Van Morrison, para su cuarto disco en 1994, sin tener la intención de crearlo así, las letras de las rolas se entrelazan y nos dan esa historia de desesperación  y soledad que predomina en el disco.

 

 

 

De Ween podemos esperar cualquier cosa, y justo después de haber lanzado su disco de ¡Country!, nos rematan con The Mollusk, que vuelve al sonido lo-fi y psicodélico que los identifica. Tratando durante el disco su aventura submarina al noreste de  los Estados Unidos. Diversión y mucha calidad.

 

 

 

Uno de mis favoritos, RRR es la carta de presentación de 4 chicos confundidos en los barrios de Brooklyn. En medio de peleas, decesos y mucha depresión, deciden formar la banda y desatar toda la furia contenida en una joya subvaluada de los noventas. Combinación de metal, hardcore y alt-rock, con letras oscuras y directas que poco a poco culminan por orillar al abismo a ese personaje condenado a vivir en la famosa Low Life de los suburbios de Nueva York. La catarsis que provoca Life Of Agony los ha convertido en artistas de culto a nivel internacional con una fanbase muy leal. Por cierto su nuevo álbum ya salió y lo reseñaremos la siguiente semana.

 

 

 

#SonicArsenal – Peter Blake, la herencia del arte pop

A la par de Andy Warhol, Peter Blake es uno de los nombres importantes del pop art, movimiento con el que emergió en los 60 y con el que produjo collages, esculturas, grabados y diseños publicitarios, sin embargo en el mundo de la música es conocido por la cubierta de varios discos, sobre todo por su diseño del ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ de los Beatles, arte que en esta semana celebró 50 años de su realización.

 

Con la política de hacer el arte accesible y crear el equivalente visual de la música pop, Blake intentó acoplar las enseñanzas de la escuela de arte con la vida diaria, a la larga integró esa amalgama de información en una serie de portadas memorables, que desde el punto de vista de Blake, merecen el mismo respeto que las pinturas a gran escala. Precisamente eso fue lo que diferenció a Blake de los artistas contemporáneos, simplemente quería celebrar la nueva cultura pop que explotaba en la música, el cine y la televisión, lo que le permitió incursionar en un medio como el del diseño de portadas de discos.

 

Además de la creación del arte de ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’, Blake concibió las fundas de ‘Stanley Road’ (1995) de Paul Weller, el álbum tributo a Ian Dury, ‘Brand New Boots and Panties’ (2001), ‘Gettin’ in Over My Head’ (2004) de Brian Wilson, el disco tributo ‘Me and Mr. Johnson’ (2004) de Eric Clapton y ‘Stop The Clocks’ (2006) de Oasis. Aunque su diseño más famoso sigue siendo el que realizó para los Beatles y por el que recibió tan sólo $200 libras. También es recordado por la portada de ‘Face Dances (1981) de The Who, que muestra retratos de los integrantes del grupo realizados por múltiples pintores del movimiento pop art, incluyendo el propio Peter Blake.

 

 

Si, parece un lugar común para los que escribimos sobre música glorificar todo lo que hicieron los Beatles, pero en este caso se trata de reconocer el trabajo de Sir Peter Blake, quien logró que las imágenes que en su mayoría eran convencionales y pocas veces fuera del estándar, fueran un nuevo marco para todos los diseñadores, por esa razón me voy a olvidar de los múltiples mensajes ocultos en la portada, la lista de personajes incluidos y las pistas para saber si Paul McCartney está muerto o no.

El álbum fue un verdadero parte aguas, antes de 1967 y Sgt. Pepper el arte de las cubiertas cubría todas las posibilidades del estándar impuesto por la industria y los propios diseñadores, una forma fácil y segura de hacer las cosas, que en esos años incluía muchos momentos psicodélicos y un extenso más de lo mismo.

 

Haciendo un gran acercamiento a la zona de la creatividad, después del lanzamiento de Sgt. Pepper y siendo comparado con lo que había sido realizado antes, las ideas ya no se pudieron contener, se dispararon y por consecuencia muchos dejaron de pensar en lo que era aceptable. Fue el primer empaque creado para sentir.

 

Las imágenes insertadas en el diseño eran completamente novedosas y la forma en que todos estos objetos y todas esas personas famosas aparecían en la cubierta no tenían sentido, pero ese sin sentido le dio a la gente el propósito de sentarse y pensar no sólo en la música, también comprenderla, fue la primera ocasión en que se incluyeron las letras de las canciones en un disco. De repente el álbum se convirtió en un lazo entre el grupo y sus seguidores, se volvió un objeto para analizar, descifrar, entender y, sobre todo, observar.

 

Después de Sgt. Pepper, los sellos y los mismos músicos fueron mucho más liberales al momento de crear la portada de un disco, inmediatamente se pensó en la comercialización, pero con objetivos demográficos y sociales específicos, los gráficos mejoraron y múltiples artistas reconocidos fueron comisionados a agregar su experiencia al medio. Pero por más liberales que se mostraran los sellos discográficos, todavía existían ciertos límites. Por su significado, la misma portada ha sido reproducida múltiples veces como tributos y parodias.

 

 

Con ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ la voz del músico repercutió y gritó en la portada, por eso es considerado el álbum que abrió el camino para que los músicos tuvieran mayor control sobre el arte de la cubierta. El artista plástico ha explicado que el proceso ha cambiado enormemente, mientras muchas cosas en la actualidad pasan por sistemas digitales, en ésa época los Beatles y sus múltiples acompañantes fueron recortados a mano y pegados en una superficie de madera antes de ser transferidos al álbum.

 

Justo hace cinco años, junto con el aniversario número 45 de ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’, Peter Blake llegó a los 80 años, pretexto suficiente para que el artista creara un remix del disco que cambió todo el concepto de diseño de portada. En la nueva versión Blake y su familia y amigos fueron cortados, copiados y pegados casi instantáneamente. En la portada re-imaginada aparecen Sir Elton John, Dame Vivien Westwood, Dame Helen Mirren, Amy Winehouse, Ian Curtis, J.K. Rowling y otras celebridades inglesas, incluso Sir Paul McCartney, pero es más un tributo a su vida y a su más famosa idea.

 

De Marvel al tritono, despidiendo a Black Sabbath

 

La banda que se formò en pleno oleaje psicodélico, creció a la sombra de los Beatles y The Who, pudo haber seguido ese camino, pero escapar de la rutina y el trabajo en la fábrica requirió del intervalo tritono para construir a uno de los géneros más importantes que aparecieron en la década de los 70. El grupo que apareció en 1968 llegó a su fin el pasado 4 de febrero, la última presentaciòn comenzó con la ceremonia oscura ‘Black Sabbath’ y se prolongó a lo largo de 16 canciones, tres de ellas fundamentales para entender el uso de ese intervalo y su impacto en el doom, el stoner y el heavy metal.

 

El pasado martes platicamos en #SonicArsenal sobre las habilidades entre la guitarra y el bajo, mostramos a los herederos de los últimos 15 años y abordamos los detalles detrás de ‘Children of The Grave’ y ‘Paranoid’, pero nos saltamos ‘Iron Man’, lo mostramos como referencia de la canción ‘The Metal’ de Tenacious D, pero el tiempo limitó el contexto de la historia, aprovechamos el espacio de este blog para extendernos en el otro clásico que cerró ese concierto en Birmingham.

 

You can’t kill the metal. The metal will live on. Punk rock tried to kill the metal. But they failed

Tenacious D en #SonicArsenal
pic.twitter.com/kqIASaXsDW

— Karina Cabrera (@karipunk) 7 de febrero de 2017

 

En 1970 Black Sabbath quería demostrar que no era una simple banda de blues con estruendosas guitarras distorsionadas, deseaba convertirse en un gran icono y lo logró. Tenían un disco y ya le habían dado forma al naciente heavy metal, sin embargo el reto del segundo disco parecía frenar sus expectativas. Para no desviarse en el camino, volvieron a apostar por un sonido fuerte y letras que hacían referencia a drogas, ocultismo, Satán, el horror y la ciencia-ficción. La mezcla definitivamente era demente, por eso no es extraño que el álbum adoptara el nombre de ‘Paranoid’.

 

La fórmula del disco fue rechazada por las estaciones de radio tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, sin embargo eso no le importó a los seguidores de Black Sabbath, que abarrotaron cada concierto para escuchar una de las canciones más importantes de la historia del grupo: ‘Iron Man’. Es el cuarto track de ‘Paranoid’ y es la canción más popular por el sello que Black Sabbath logro imprimirle al corte, muchos riffs sobre una base que parece un caos, pero que en realidad está perfectamente planeada.

 

Las vocales que se distorsionan al principio de la canción (cuando escuchas las palabras “I am Iron Man”) también lograron que éste corte se volviera en un clásico, sobre todo porque mostraban la iniciativa de la banda por experimentar. Para lograr ese sonido robótico paranoico en Ozzy, pasaron su voz a través de un “talkbox”, un accesorio electrónico que va conectado a la guitarra y al amplificador. Mientras las vocales mostraban esos toques futuristas, la guitarra lanzaba sonidos a través de un tubo, creando un efecto envolvente.

 

El corte abre con la batería y una guitarra repetitiva, la voz distorsionada de Ozzy surge y revela su personalidad antes que Tony Iommi lance esa serie de riffs, que ya se han vuelto inconfundibles para la historia de la música. Ozzy se luce y le da vida al personaje principal en Iron Man con una serie de zig zags, permitiendo que de vez en cuando surjan algunos actores secundarios que sueltan algunos cuestionamientos.

 

Pero la base rítmica y la voz de Ozzy no son suficientes para crear un clásico, por eso necesitaban una letra contundente que saliera de lo convencional. Black Sabbath concibió el corte como si fuera un largo letargo de ciencia-ficción, Geezer Butler inspirado por el personaje Iron Man de Marvel Comics. En lugar de dejar lucir al típico héroe, el grupo decidió convertirlo en un hombre que ha visto más de lo que deseaba y que puede transformarse en un ente vengativo. El corte concretamente habla sobre un hombre que viaja en el tiempo y observa el Apocalipsis, en el proceso se vuelve de hierro (“Se volvió de hierro en un campo magnético, cuando viajó en el tiempo para ver el futuro del género humano”).

 

 

Cuándo el protagonista regresa a la época en que vive intenta prevenir a los humanos, sin embargo nadie cree que el final de los tiempos se aproxime, precisamente en ese momento la voz de Ozzy se desdobla y da vida a esa serie de personas que cuestiona “¿Está vivo o muerto? ¿Sus pensamientos han abandonado su cabeza? ¿Porqué deberíamos preocuparnos?”. Nuevamente surge el protagonista, su frustración se vuelve furia, busca vengarse de los humanos… arrojando sobre el mundo el final que presenció.

 

El mejor momento de la canción surge en ese instante en el que el salvador se convierte en el verdugo. Las frases “ahora el tiempo está aquí, para que el hombre de hierro propague el miedo” y “la venganza de la tumba, mata a las personas que alguna vez salvó” dejan claro que el protagonista crea el Apocalipsis. Sus “pesadas botas de plomo” persiguen a la humanidad, ellos “corren tan rápido como pueden” pero el hombre de hierro ha surgido y no cederá hasta acabar con todos. Eso lo hace sentir vivo.

 

La atmósfera que el grupo creó para ‘Iron Man’ es sorprendente, realmente logra envolverte en la historia, liberando poco a poco algunas piezas hasta concretar el sonido que tendría el Apocalipsis. Esos sonidos también internaron convertirse en una ópera rock, sin embargo el grupo abandonó el proyecto y dejó que ‘Iron Man’ trascendiera tan sólo en seis impresionantes minutos de riffs y convulsiones vocales.

 

De The Who a Apple en un solo edificio

 

Muchos se desgarrarán las vestiduras, pero debemos apreciar la ironía de que el lugar utilizado para que Algie realizará su primer vuelo, se convierta pronto en parte del corporativo Apple. ‘Animals’ no solo simbolizaba la revuelta en la granja, contenía la crítica política y social que colocó a Pink Floyd lejos de la psicodélia y cerca del álbum concepto.

 

Aquella imagen que Roger Waters concibió junto con Storm Thorgerson alrededor de Battersea Power Station (la misma que vimos en el Zócalo hace unos días) ya estaba integrada en la cultura popular antes del disco de 1977, su perfil sobre Londres es tan reconocible que por esa misma razón trata de preservarse a través de varios proyectos, se propuso un centro nocturno hace algunos años, será una tienda y una oficina llena de manzanas electrónicas próximamente.

 

Apple anunció que instalará sus oficinas londinenses en la famosa antigua central eléctrica de Battersea, un icono de la ciudad, a orillas del río Támesis que desde 1983 dejó de operar y fue transformado en viviendas y oficinas de lujo, tal vez vimos un anticipo de eso cuando el director Alfonso Cuarón concibió Ark of the Arts, que contenía los artefactos más apreciados de la cultura (incluido Algie) en ese mismo edificio en su película ‘Children of Men’ (2006)

 

 

En realidad el edificio está presente en todos lados, se utilizó como símbolo de la decadencia post industrial en ‘RocknRolla’ (2008), recibió a los Beatles en 1965 para la película ‘Help!’ y fue testigo de la persecución desnuda de ‘The Meaning of Life’ (1983), hasta en el absurdo panorama de Monty Python la estación de energía tenía sentido, tanto como en ‘Superman III’ (1983) como en ‘The Dark Knight’ (2008).

 

 

Sin embargo la aparición más significativa de Battersea Power Station es parte del viaje de ‘Quadrophenia’, la ópera rock, el mapa y las pistas que nos dejó The Who en ese disco parten de ese punto en Londres. Jimmy The Mod fue fotografiado por Ethan Russell en Queenstown Road con el edificio al fondo, el panorama perfecto para llevarnos al instante en que mods y rockers se enfrentan en la playa de Brighton y el desorden de identidad que eventualmente será demostrado a través del sonido cuadrafónico.

 

El icónico LP doble inicia con esa imagen de Battersea Power Station, el impresionante booklet lleno de fotografías que recrean casi exactamente lo que escuchabas en ‘Quadrophenia’, nos llevaba del recuerdo urbano hasta llegar al mar. En 1973 el grupo transportó una idea, la cual próximamente encontrará un nuevo sentido en Apple.

La primera muerte de Rick, la guitarra de Pete Townshend

La destrucción como el medio de expresión, el instrumento destrozado como la herramienta ideal para alcanzar el clímax que el sonido ya no puede otorgar. Lo que ocurrió la noche del 8 de septiembre de 1964 no era algo nuevo, se había visto con anterioridad con Jerry Lee Lewis, quien años antes había iniciado el fuego desde su propio piano; al igual que el músico de country Ira Louvin que se había hecho famoso por destruir mandolinas empujado por el furor de su actuación; incluso Charles Mingus ya había manifestado su enojo con el público destruyendo su bajo, sin embargo la guitarra Rickenbacker Rose Morris 1998 que chocó contra el techo del Railway Tavern hace 52 años cambió la historia del rock and roll y la idea de destrucción como la extensión de una banda.

 

Aunque en su libro ‘Who I Am’ el músico se recuerda destruyendo elementos desde siempre, la primera ocasión que Pete Townshend probó la energía de la devastación ante el público fue un mero accidente, estrelló el clavijero de su guitarra contra un techo sumamente bajo, al darse cuenta del daño decidió estrellar el resto en el suelo y lanzar los pedazos al público, tomó su Rick 12 y continuó tocando.

 

En la siguiente presentación de The Who en el Railway, el público esperaba ver nuevamente la electrizante destrucción, el accidente no tardó en convertirse en un acto premeditado y parte de la agresiva imagen del grupo, que no solo le brindó más seguidores a la banda, impactó y hasta generó otros actos, como ocurrió aquella ocasión en que Ron Asheton viajó desde Detroit para ver a los Beatles en The Cavern y la suerte lo puso esa noche frente a The Who, a su regreso a Estados Unidos formó junto con su hermano menor y su amigo una banda llamada The Stooges.

 

 

Los seguidores de The Who vieron la destrucción como un truco, pero el acto no tardó en convertirse en la afrenta que la música convencional necesitaba, aunque la primera ocasión fue un accidente, la realidad es que Pete Townshend a partir de ese instante empezó a formar el concepto alrededor del grupo: “No tenía idea de a dónde me llevaría la primera destrucción de mi guitarra, pero sabía muy bien de donde venía todo eso” explica Townshend en su autobiografía. “Alentado por la obra de Gustav Metzger, el pionero del arte auto-destructivo, planeaba destruir completamente mi guitarra si el momento parecía correcto”.

 

El acto creció a través del sonido que el bajista John Entwistle y el guitarrista amplificaron con ayuda de las cajas de ruido que fabricaba su amigo Jim Marshall, se sumergieron en la idea con la dedicada locura de Keith Moon y la compulsiva actuación del vocalista que quería seguir siendo rocker, pero que las circunstancias pusieron del lado mod, Roger Daltrey. Avanzaron hacia un nuevo concepto: la destrucción es arte cuando se establece en la música.

 

En otro momento de ‘Who I Am’, el guitarrista explica que la ocasión en que Gustav Metzger presenció su versión de auto-destrucción en proceso con The Who, le explicó que de acuerdo con su tesis se enfrentaba a un dilema: “Se suponía que debía boicotear la formula del propio nuevo pop comercial, atacar el proceso que me permitió tal expresión creativa, no contribuir a ella. Estuve de acuerdo. Los trucos me habían superado”.

 

Efectivamente el truco superó al grupo, el público no entendió la importancia de la auto-destrucción, consideró el acto como un elemento más, no percibió la experiencia de la liberación emocional de romper los instrumentos al final del concierto, solo esperaba que el momento llegara para afirmar que el grupo había realizado una buena presentación y simplemente asumieron que aquellos días que no terminaron en destrucción, The Who no dio todo el espectáculo. En algunos momentos incluso fue una competencia, solo basta recordar la guitarra de Jimi Hendrix incendiándose en Monterey Pop Festival en 1967, solo unos momentos después que The Who casi destruyera el mismo escenario.

 

La imagen de la destrucción no tardó en convertirse en el elemento de un género como el punk, uno de esos instantes fue inmortalizado en la portada del disco London Calling de The Clash, la fotografía de Paul Simonon capturada por Pennie Smith nos mantuvo desde 1979 enganchados a ese instante previo a la muerte del bajo Fender Precision, un momento del que solo podemos imaginar el final.

La continuación de lo que inició The Who unos años después fue expuesto desde otro ángulo por Chuck Klosterman en su libro Eating The Dinosaur, donde escribe sobre el acto de destrucción realizado por Nirvana en el capítulo titulado Oh, the Guilt: “Es fascinante y estúpido observar adultos destruyendo cosas a propósito. Es una sensación que se aplica a una multitud de estímulos: espectáculos de camiones monstruo, dinamitar estadios deportivos, los disturbios raciales, el legado musical de Van Halen, huevos, gobiernos y dioses temporales. Y guitarras. Siempre guitarras”.

 

Klosterman explica que nunca se pueden destruir suficientes guitarras, incluso Pete Townshend no ha podido lograrlo, el acto ilustra e intenta recordarnos, supuestamente, la agresividad de un grupo, que sus integrantes son “máquinas que pueden matar fascistas… tristemente el número de fascistas asesinados por la destrucción de una guitarra sigue estando cerca de cero”.

 

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Lo que inicialmente fue una manifestación no tardó en convertirse en un momento coreografiado, como aquel que montaba Nirvana. Un roadie debía quitar todos los micrófonos de la batería para que solo algunos elementos fueran destruidos. La versión de 1988 de Nirvana por supuesto no tenía que montar ese espectáculo, lo hacía sin pensar y destruía su propio equipo, sin embargo la de 1992 ya no realizaba la destrucción por frustración, “la gente lo espera. Dale a los chicos lo que quieren”, dijo alguna vez Kurt Cobain.

 

La extensión de lo que sucedió hace 50 años, que creó el mito de The Who en los escenarios, posiblemente sobrepasó la idea y se convirtió en el espectáculo, uno que no importa cuántas veces se repita o quien lo realice (Arcade Fire, Deep Purple, Green Day, Muse o “Weird Al” Yankovic), sigue siendo el suspiro previo, al momento en que la música a veces no alcanza con sus propias notas.

Eddie Vedder se une al 50 aniversario de The Who

La celebración de 50 aniversario de The Who que inició a finales del 2014 tendrá un nueva parada, Pete Townshend y Eddie Vedder anunciaron que realizarán �Celebrating The Who�, un concierto benéfico que tendrá lugar en Chicago el 14 de mayo en el teatro Rosemont. A la celebración se unirán el hermano de Townshend, el guitarrista Simon, así como otros músicos que suelen andar de gira con The Who: el baterista Zak Starkey (Oasis); el bajista Pino Palladino y el trío de tecladistas John Corey, Loren Gold y Frank Simes. El concierto, que será una pausa en la gira por Estados Unidos al lado de Joan Jett and the Blackhearts, servirá para reunir fondos para la organización caritativa que encabezan Townshend y Roger Daltrey, Teen Cancer America, que apoya diversos programas para adolescentes con cáncer a través de University of Chicago Medicine. Por su puesto, se espera que Townshend y Eddie Vedder realicen nuevamente una colaboración sobre el escenario, como muchas otras que han hecho en los últimos años, aunque también nos interesaría ver a los otros integrantes de Pearl Jam regalándonos uno de los tantos covers que han realizado de The Who.

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