hi

El soundtrack de la vida – calaveritas rockeras

Para ser sincero no soy mucho de la celebración de Día de muertos, la cosa viene de familia porque no nunca fuimos de poner ofrenda y en el colegio se hacía más por el Halloween.

Sin embargo la tradición de las “calaveritas” siempre me ha gustado, ese juego entre la literatura, la muerte y el humor, una característica muy mexicana y aunque me chocan los estereotipos, una práctica común en la que no me cuesta trabajo integrarme, así que sin más preámbulo, les comparto mis calaveritas rockeras.

También podría interesarte escuchar: #YUnDíaDeMuertos 2017 

La muerte sin dudarlo
a Bowie vino a llevarse
pero no podía encontrarlo
pues le gusta disfrazarse.
Tuvo que pedir refuerzos
buscando si pista, sin rumbo
y tras muchos esfuerzos
se lo llevó al inframundo.

The Man Who Sold the World es un sencillo del álbum homónimo de David Bowie de 1970, en la letra se deja entrever una especie de duplicidad, y aunque nunca se aclaró realmente a quién se refería Bowie, juega con la conjugación entre el primer y segundo verso con la primera persona del singular y del plural. Ese juego entre el él y el nosotros define su naturaleza camaleónica.

 

También podría interesarte: En el camino de Bowie

Una de las cosas que más disfruto de la época halloweenesca es poder usar disfraz, jugar un rato a ser alguien o algo más, dejar la piel propia por un exoesqueleto que nos deja divertirnos un rato para después volver a la normalidad, sin rencor y preferentemente sin memora.

Sin estar muy convencida
la huesuda vino por Reed
pero estaba muy divertida
y se le escapó sin sentir.
Lo siento Lou, dijo la muerte
esto es un asunto serio,
ya se te acabo la suerte
te vas conmigo al cementerio.

El tercer sencillo del álbum The Velvet Underground & Nico, Heroin, fue un track que causó controversia en 1967, su año de lanzamiento, ya que se acusaba que la rola glorificaba el uso de las drogas. sin embargo la letra se puede interpretar de una forma totalmente opuesta o distinta. La primera vez que la escuché era demasiado joven ( o fresa) para entender su verdadero significado, así que viví muchos año creyendo que se refería a una mujer y para mi tenía perfecto sentido.

Y esa es la magia de la música, y especialmente la de Lou Reed, las letras pueden tener distintos significados, transmitir distintas cosas dependiendo nuestra edad o hasta nuestro humor. La idea de algo que nos haga sentir “mejor que muertos” es una sensación que todos quisiéramos experimentar, la gran ventaja es que en México lo podemos vivir una vez al año.

Casi por accidente, la muerte
a Leonard Cohen se llevó
le invitó un trago muy fuerte
y casi se le olvidó.
No te creas que es cuento
dijo la huesuda muy suelta
yo creía que ya estabas muerto
y habías salido a dar la vuelta.

Cada vez que despierto con la garganta cerrada o lo que yo conozco como “voz Leonard Cohen” me pongo a cantar Everybody knows, sencillo del álbum de 1988 I’m your man, por mucho mi rola preferida de Cohen.
Descrita como “amargamente pesimista y a la vez graciosa” tiene mucho que ver con esa dualidad entre el destino inevitable y lo poco que podemos hacer al respecto; al final “todo el mundo sabe que así son las cosas”.

La celebración de la muerte no es exclusiva de los mexicanos, muchas culturas a través de la historia lo han hecho, tal vez sea la particular forma de verlo y el humor con que se hace lo que hace que destaque y llame la atención. Al final cada quien lidia con el fin como mejor le parece, lo que no podemos negar es que ese fin llega, si hay vida después de la muerte, es otro tema de discusión, yo solo sé que hay que disfrutar de la música y de la vida en lo que se completa el trámite mortal, que me permite desde este plano escribir calaveritas rockeras para el Día de Muertos.

También podría interesarte: La experiencia cercana a la muerte de Bono

El suelo es el límite

Cuando “ya no lo hacen como antes” es el momento en el que agradecemos que el rock and roll desde su inicio haya sido una materia prima maleable, que exige evolución constante y requiere para su crecimiento alejarse con cada paso del origen. Tal vez los puristas extrañan el inicio, añoran el sonido que conocían, pero otros apreciamos sumergirnos en las profundidades de las etiquetas para descubrir géneros a través de su acercamiento al punto de partida desde las diferentes desviaciones en el camino. Algunos desprecian las etiquetas, otros descubren que esas mismas clasificaciones sirven para tomar diversas rutas sonoras, unos más nos enseñan que el origen de un género parte de otro lugar.

 

Así como The Echo Nest reunió cientos de clasificaciones para entender la raíz de muchos grupos y un artículo en The Guardianexploró el punto de partida de algunos géneros, descubro a través del libro ‘Facing The Other Way: The Story of 4AD’ de Martin Aston una breve pausa en su recorrido por la historia del sello discográfico para revelar el origen del shoegaze, ese mismo que alberga al new wave y el lo-fi en una misma gama. El punto de partida para ésta historia es la búsqueda del dueño de 4AD, Ivo Watts-Wallace, con casi una década formando un sonido para el sello, necesita darle un nuevo giro a la industria:

 

“No fue sino hasta el siguiente año, 1990, que a esta nueva camarilla de bandas parecidas a Cocteau (Twins) y (Jesus and) Mary Chain se les dio una etiqueta – la prensa musical se decidió por ‘shoegaze’, primero se acuñó en una reseña en Sounds sobre la banda Moose. Como el gótico, el shoegaze fue más una crítica que un sonido, basado en la forma en que los músicos jóvenes confiaban en gran medida en los pedales de efectos a sus pies, se vieron obligados a mirar hacia abajo en lugar de enfrentar a la audiencia. Ayudó a ocultar el hecho de que estas bandas no siempre mostraban personalidades agobiantes, vocalistas fuertes y rebosante confianza. 
Para utilizar todos los clichés que rodeaban al shoegaze, el sonido era borroso, narcótico, distorsionado y ondulante, de ensueño, era música escapista desempeñada por estudiantes de la opinión de Ivo sobre la música como un paisaje interior y no un punto de vista articulado. El shoegaze parecía casi la negación de la revolución cultural o musical que sucedía alrededor de esas bandas”.

La etiqueta no tardó en extenderse como un recurso peyorativo en la prensa británica y aunque Moose no se convirtió en el grupo más importante, el género no tardó en mostrar propuestas cuya distorsión brindó una nueva desviación cercana y a la vez alejada del punto de origen, una nueva rama que incluye a Slowdive, Swervedriver, Ride, Lush, Pale Saints y My Bloody Valentine, incluso esa misma calle tiene una bifurcación de herederos de la misma raíz de la que partieron sus antecesores (The Velvet Underground, Sonic Youth, Hüsker Dü, The Chameleons, The Cure, Bauhaus y Galaxie 500) que prefieren utilizar los nombres chillwave o new gaze.

Para ser un género que tenía como único límite el suelo, el shoegaze no ha dejado de sentirse a pesar de la extinción de sus principales actos. Su herencia está más presente que nunca gracias a una versión actualizada, que prácticamente retoma muchos de los elementos de esa generación que liberaba su genialidad al mirar sus zapatos. De ese sonido de mediados de los 80 y principios de los 90, algunas bandas han recuperado el estilo y el sonido tan puro que se despreciaba a sí mismo y resultaba introspectivo, aunque sin una confrontación de sentimientos. La nueva versión, nombrada new gaze (nü gaze para aquellos que se quieran sentir más vanguardistas), surge de los restos y recuerdos de la primera oleada de bandas shoegaze, que después de moverse en diferentes direcciones se convirtió en un culto y la fuente de inspiración para nuevos grupos y nuevas audiencias.

 

El sonido de las guitarras fuertemente procesadas en la mezcla renació con “Ágætis Byrjun” de Sigur Rós. Aunque no es estrictamente shoegaze, el disco mostró muchos de sus elementos típicos y un “nuevo” nivel de exploración sonora que desató a una nueva generación, la cual se ha fortalecido en los últimos cuatro años alrededor de un estilo viejo que sigue pareciendo vanguardista.

 

 

Bandas como Asobi Seksu, Crocodiles, M83, Amusement Parks On Fire, The Fields y Radio Dept. se han enfocado más en los sintetizadores que en las guitarras del shoegaze, pero ha conservado su otra virtud: las voces sometidas en volumen y tono a las capas de sonidos, que otorgan un fuerte sentido de la melodía. A pesar que ninguno de los actos del new gaze y sus seguidores vivió el mejor momento del shoegaze, la nueva generación ha comprendido la fuerza que impedía que los integrantes de Lush, My Bloody Valentine, Slowdive y Pale Saints se movieran más allá del espacio marcado por sus pies.

 

-->