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Sonic Arsenal – The Residents, intrusiones avant pop

Durante 50 años The Residents ha permanecido en el anonimato, apareciendo en público disfrazados desde ojos gigantescos y criaturas marinas a ancianos y payasos tétricos, negándose a brindar entrevistas a cualquier medio de comunicación, estableciendo que Cryptic Corporation es la única organización que maneja todos sus asuntos con el mundo exterior en general.

Anonimato es la clave. El grupo nunca ha sentido la necesidad de que el público sepa hacia dónde van ni lo que están haciendo, ¿por qué? eso tampoco se puede saber (hay un montón de otras razones que no voy a explicar aquí). Cryptic Corporation, como vocero, ha garantizado cierta información, pero aún así el proyecto sigue siendo un curioso caso, en su propio nivel, casi similar a la CIA y la necesidad de conocimiento que requiere un alto nivel de seguridad.

Aún así lo que hemos leído de voz de sus colaboradores cercanos puede ser un poco dudoso. Las preguntas específicas sobre la metodología y el motivo son incontestables y se dejan a la mente del usuario. Es como viajar en aguas desconocidas y hacer el mapa hacia arriba a medida que se avanza, todo es personal y empírico, pero con la herencia de la época hippie en la que aparecieron como colectivo creativo al que continuamente le roban los ojos.

Solo sabemos que el grupo escribe, graba y produce todos los sonidos, que sus álbumes son compilados en secreto y que las grabaciones se hacen al estilo de una banda sonora de una película. El resultado es una serie de obras densas que asienten con la cabeza hacia los estados de ánimo orquestales, punk, electrónica, distorsiones, avant-jazz, sinfonías clásicas y voces nasales.

También sabemos que hay requisitos, un lugar común para los artistas que quieren mantener en orden todos los aspectos de una producción, pero para The Residentes va mucho más allá de las teorías en general y los planes de acción del control. Ahora también sabemos que The Residents piensan en todo como una extensión de un álbum, por eso han trabajado últimamente en ampliar su colección de CD-ROM, que de por sí ya es toda una experiencia.

De hecho, ahora ven su música como una actividad multitasking, porque en la actualidad ya nadie tiene tiempo para realizar el ejercicio de poner un álbum y solo escuchar, por eso creen que deben preparar a la gente para hacerlo. Aunque suene novedoso prepararte para escuchar, The Residents no son nuevos en eso, desde sus inicios en 1969 han echado mano de la iconografía de la cultura popular para obligarte a poner atención y si no lo has hecho, probablemente te has perdido el documental sobre su historia.

 

Pero en sus CD-ROM todo cobra una nueva vida en modo interactivo, y ahí es donde el genio creativo de The Residents te permite ser un usuario que manipula cada aspecto de sus personajes. Todo se vuelve un control multi-media, incluso te permiten manipular sus canciones mientras las imágenes vuelan. Tal vez se han vuelto más complicados con los años, incluso hasta más ruidosos, pero escuchando su nuevo material se percibe un sentido de la transformación.

 

 

Como culto de los hombres sin rostro con un ácido sentido de la parodia, son amos de la experimentación sonora, han jugado con música de Sun Ra, Hank Williams, George Gershwin, Frank Zappa, Beatles, Rolling Stones y John Cage, pero también son maestros en el uso de fragmentos de grabaciones de cassettes con cantos de aves, soldados de la guerra de Vietnam, efectos de sonido y piezas de un minuto sustentadas en jingles y fragmentos de programas de radio.

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Tienen más 60 discos, pero su colección en realidad es de 200 grabaciones, demasiado material para sumergirse, sin embargo, si no se han adentrado en el mundo de The Residents, la forma fácil y directa es comprarse el disco que lanzaron para festejar su trayectoria en la oscuridad, Petting Zoo, una retrospectiva que va desde 1972 hasta el 2002 y que muestra las diferentes facetas del grupo.

Por supuesto la mejor opción para muchos fue haberlos visto en el Festival Aural, el único lugar donde se han dado el lujo de tanto ruido.

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