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The Raveonettes: De la restricciones al muro de ruido solo hay un paso

Una década y siete discos después recordamos el glorioso B Menor, el sonido que definió el inició de The Raveonettes, pero que no logró en transformarse con canciones que yuxtaponen la simplicidad estructural, con ecos de la década de los 50 y 60, con una intensa instrumentación eléctrica que ha crecido hasta un muro de ruido propio de un shoegaze renovado. En el recorrido del 2001 (año en que se formó el grupo) hasta el 2015 poco ha cambiado en el contenido de sus letras, se percibe aún la oscuridad, la delincuencia, las drogas, el asesinato, el suicidio, el amor, la lujuria y la traición, recordándonos que su influencia directa es The Velvet Underground, pero que al ser parte de la generación “The”, la amalgama de sonidos amplía la visión en el producto final con la influencia de The Shangri-Las y The Cramps. En el 2003 se les llamaba la resurrección de Jesús & Mary Chain y White Stripes escandinavos, sin embargo las pretensiones de los The Raveonettes iban mucho más allá de la simple comparación, creando una serie de restricciones alrededor de su música que se acercaba a las líneas del arte conceptual. El dueto estaba impregnado de desencanto existencial y la ambición de comerse al mundo, Sharin Foo (bajo, vocales) y Sune Rose Wagner (guitarra, vocales), huían a los “The”, la tendencia encabezada por los The Strokes, The Vines, The Hives y The White Stripes. De hecho, se apegaban al reto de permanecer fuera del grupo destacado. ABURRISE PARA CREAR La historia del grupo era corta y poco llamativa, Wagner estudiaba la trayectoria del rock leyendo múltiples enciclopedias de música, empezando desde la década de los 50 hasta seguir la pista de cada disco de Sonic Youth. Antes de obsesionarse con cada dato, el vocalista formó parte de un grupo de rock alternativo llamado Psyched Up Janis, que se mantuvo en el desconocimiento en Dinamarca y cualquier otro lugar del mundo. Por otra parte, el padre de la vocalista Sharin Foo tocaba la guitarra en un grupo de folk-rock, de ahí venía su apego a la música. Mientras que su abuelo llegó desde la provincia de Hunan hasta Copenhague en la década de los 40 y fundó el primer restaurante de comida china en la ciudad. Su existencia en el lugar en donde vivían era totalmente aburrida, �la opción era morir en el hastío o hacer una mezcla de música que pudiera cruzar la frontera de su país de origen. The Raveonettes son una prueba más de que el ocio puede engendrar grandes proyectos. ENERGÍA ESPONTÁNEA Y JINETES FANTASMAS
“Whip It On” fue el punto de partida, una muestra de ocho canciones que en tan sólo 22 minutos desbordaban una mezcla de garage depresivo y rockabilly, en su primer material ese estilo seguía, el sello se mantendría durante varios años con pocas modificaciones.

Excepto por el tono (B Menor), la idea de apegarse a tres acordes e imponerse un estricto limite de duración en cada corte (no más de 180 segundos), The Raveonettes creció en la energía espontánea que ahora escuchamos descomponiendo audífonos con la saturación de “Pe Ahi” (2014).

Aunque la ola que trajo desde Dinamarca a The Raveonettes ha evolucionado con horas escenario, sigue ahí la sensación de escuchar un soundtrack de cómic oscuro, el recuerdo del B Menor que otorgaba a su música más brillo hace 12 años, los accidentes de cuatro acordes ya suceden con más frecuencia y los límites ya no son un concepto, sino un patrón de sonido. The Raveonettes pronto regresará a la Ciudad de México, serán parte de la quinta edición del Festival Marvin, que se realizará el 16 de mayo en el corredor Roma-Condesa.

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