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El Soundtrack de la Vida – Bandas venidas a menos

La decadencia es un fenómeno natural, es parte de un ciclo y muchas veces una etapa necesaria para un eventual resurgimiento. A pesar de ello, a nadie le gusta cuando su banda favorita llega a un estado de decadencia y sobre todo que no salga de ahí; esperar álbum tras álbum a que regrese a su plenitud y terminar con el corazón (y el oído) destrozado cuando eso no sucede. 

Las causas de que una banda venga a menos son múltiples, los ejemplos incontables, en esta entrega les comparto algunas que, en mi opinión, ya son un caso perdido.

En el otoño de 1999 una banda inglesa irrumpió en la escena mundial con un sonido crudo, fusionando distintos estilos musicales, haciendo énfasis en el uso de secuencias y con letras inusuales y atrevidas. Muse, lanzaba su primer álbum Showbiz. La banda tuvo éxito inmediato entre un público perdido entre el grunge y el nu metal, que buscaba sonidos más armónicos sin llegar al pop. Un sonido fresco y auténtico había llegado para quedarse.

 

 

Para 2006, el álbum Black holes and revelations le valió una nominación para el Mercury Prize y tal vez sea el punto más alto de la banda incorporando un estilo urbano a sus composiciones pero sin alejarse de los sintetizadores y las guitarras. Un par de años después, Muse apareció en el OST de la película Twilight y ahí fue que las cosas empezaron a salir mal.

Para 2009 Muse dejó de ser una banda de chicos raros para chicos raros y se empezó a convertir en una especie de culto, toda la promoción del álbum The Resistance estaba dirigida para fan base adolescente que tenía muy poco que ver con los (de alguna manera) oscuros orígenes de la banda. El álbum dejó mucho que desear y desde ahí no han regresado. El más reciente, Simulation Theory estuvo acompañado de una gira mundial con 30 Seconds to Mars. No necesito decir más.

Los mediados de los años 2000 fueron épocas de gran desarrollo para la música, cientos de bandas tenían la oportunidad de ser escuchadas gracias al desarrollo de la industria Indie (independiente) que permitió que la música saliera de la oscuridad del colapso de las grandes disqueras y con el internet como aliado poner la música disponible para escucharse sin grandes inversiones.

Una de las bandas beneficiadas de este momento fue, sin duda, The Killers una banda originaria de Las Vegas que en 2004 lanzó su primer álbum Hot Fuss. El sencillo “Mr. Brightside” se convirtió en un fenómeno mundial; inspirada en la psicología detrás de los celos y acompañada de una melodía rítmica y pegajosa, impulsó al álbum a llegar al número 1 de las listas de popularidad en el Reino Unido, Irlanda y Australia.

 

 

En su siguiente álbum, Sam’s Town del 2006, la banda mantuvo su esencia de rock alternativo y rolas energéticas como “When we were young” y “Read my mind”, sin embargo para su tercera producción, Day and age del 2008 nos encontramos con un muy marcado uso de sintetizadores y secuencias.

Parecerá un poco hipócrita de mi parte celebrar ese mismo estilo musical en Muse y rechazarlo en The Killers, sin embargo, “Human”, el primer sencillo del álbum marcaba un cambio total en el estilo de la banda, que más que evolucionar, simplemente volteaba a ver otros mercados y suena forzado. 

La banda se tomó un largo receso y luego regresó con Battle Born, álbum que no se cómo describir ni  entiendo. Finalmente en 2017 volvió con Wonderful, wonderful, al respecto solo voy a mencionar que el álbum no hace honor a su nombre.

Una de las más grandes decepciones que mi afición a la música se ha llevado tiene dos letras y se llama U2, una banda que ha superado la prueba del tiempo, pero no la de la calidad musical.

En 1980 una banda irlandesa exploraba el post punk con una guitarra brillante y un vocal apasionado. El álbum Boy nos contaba historias de adolescencia y rebeldía propias de la época, en un mundo cambiante que salía de la guerra fría y se encaminaba hacia nuevos horizontes que serían dominados por la televisión. Aunque el disco no obtuvo un gran reconocimiento en su momento, la revista Rolling Stone lo incluyó entre los 500 mejores álbumes de rock de todos los tiempos. 

 

La música cambia, nosotros cambiamos. En un mundo ideal crecemos al lado de nuestro ídolos de la juventud y disfrutamos de la música, de su evolución, pero en la vida real no funciona así.

 

Sin duda hay bandas que evolucionan para bien, y U2 fue por algún tiempo, un magnífico ejemplo de ello. Para 1987, la banda produjo uno de los mejores álbumes de rock de todos los tiempos, The Joshua Tree, ingeniado y producido por Brian Eno y Daniel Lanois, que definía perfectamente el sonido de la banda, además de que exhibía un reclamo social que si bien partía desde la óptica puramente irlandesa, atendía temas globales.

 

 

El éxito y reconocimiento que logró la banda por abordar temas políticos, fue el principio del fin; su vocalista Bono comenzó a tomar un protagonismo que lo llevó a convertirse en un referente, lo cual claramente no supo manejar bien.

El último resquicio de calidad lo podemos ver en el disco Achtung baby de 1991, y aún ahí U2 empezaba a moverse hacia lo electrónico, lo que se sentía muy contrario al sonido que definió a la banda por muchos años y que comenzaba a perder el piso.

Ya para 1993 Zooropa es un álbum totalmente extraño con una narrativa muy lejana a los inicios de la banda que se preocupaba más por mantener su imagen que por hacer música de calidad. Ni siquiera voy a mencionar las siguientes siete producciones, que están tan perdidas como el sumergido continente de la Atlántida.

La música cambia, nosotros cambiamos. En un mundo ideal crecemos al lado de nuestro ídolos de la juventud y disfrutamos de la música, de su evolución, pero en la vida real no funciona así.

La verdad es que la música nos abandona y nosotros también la abandonamos. Afortunadamente, las opciones no se acaban y por cada banda que “se vende”, surge otra que quiere experimentar y construir sobre lo que ya se ha hecho.

Pueden estar de acuerdo o no conmigo. Lo cierto es que la mejor música es la que nos gusta, la que llena nuestros oídos y nos hace sentir, nos inspira y nos mantiene de buen humor. Lo importante es que el playlist se siga refrescando y que tengamos canciones a las cuales recurrir cuando realmente lo necesitamos.

 

 

Un toque celestial en el rock

Recordando una escena de la serie de televisión ‘The Get Down’, en donde el personaje de Mylene Cruz quien quiere ser cantante a toda costa y en contra de los principios de su padre, un devoto cristiano muy fiel a la creencia religiosa de los años setenta, interpreta el tema ‘There But For The Grace Of God Go I’, en una audición para un empresario de una disquera. Esta se lleva a cabo dentro de la iglesia del barrio y con la ayuda de Zeke, el otro protagonista, resulta un muy buen ejemplo de la combinación entre el soul y los coros góspel que desde los años 60 gracias a gente como The Chambers Brothers, se han ido mezclando y hoy en día muchos artistas de distintos géneros han creado temas con arreglos de los llamados Gospel Choirs. Algunos simplemente les dicen Choir Songs a las canciones que no necesariamente llevan gospel pero si tienen esa melodía con tono celestial y emotivo.

Figuras clásicas de la talla de los Rolling Stones, Paul Simon, Madonna o Michael Jackson han compuesto canciones con esta especie de coros conmovedores que enriquecen la melodía y principalmente realzan las presentaciones en vivo. También gente como Damon Albarn con Blur y Gorillaz, Kanye West, Katy Perry o George Michael, entre muchos otros, han sacado rolas con coros gospel.

 

Como siempre, les dejamos algunos de los que más nos gustan sobre dicho tema. Ya saben que pueden comentar si tienen otra rola con este tipo de coros, recomiéndenos algunas más.

 

Uno de los ejemplos que no precisamente son góspel pero sí Choir Songs, es The Polyphonic Spree, banda de Tim Delaughter que se forma a raíz del deceso del bajista de su anterior banda Tripping Daisy. Con más de 20 integrantes, principalmente coristas, sus rolas están llenas de coros emotivos.

 

Los coros que hacía esta banda de hard-progressive rock en los noventa se asemejan mucho al estilo del que estamos hablando. Sin ser forzosamente con coristas, el timbre de Dan Arlie junto con los arreglos de Eric Valentine en la batería y producción, hacían esa atmosfera multitudinaria.

 

Una de las rola características del rock con arreglos góspel es la que mister Harrison nos regala en My Sweet Lord. Clásico que comprueba que la calidad de este miembro de los Fab Four.

 

Muchas de las agrupaciones de Góspel se forman en el Reino Unido, y es por eso que bandas como Primal Scream los invitan a colaborar en sus composiciones. Aquí la maravillosa ‘Movin´ On Up’ que abre el Screamadelica.

 

Bret Michaels junto con Ritchie Kotzen, que había tomado el lugar de C.C. DeVille en la lira principal, componen Stand para el cuarto álbum de Poison y convocan a un coro Gospel a la melodía que sirve como primer sencillo. Aunque ya lo había hecho Michaels en temas como Something To Believe In.

 

Del Hot Fuss, debut aclamado de Brandon Flowers y sus muchachos. Surge este tema que componen con coros emotivos. Recordamos su show en Coachella 2004 en la Gobi Tent donde aparecen con 20 coristas góspel detrás al momento de interpretar esta rola. Ya no lo hacen, pero sigue siendo una de sus mejores canciones en vivo.

 

No podía faltar este rolón de los inigualables Faith No More. El maestro Patton haciendo gala de su gran voz acompañado de bastantes chicas en los coros. ¡Un agasajo!

 

Que Nick Cave ocupe esta clase de composturas en sus creaciones ya es normal. Y aquí les dejamos una exquisita.

 

La última producción hasta ahora de Karen O y Nick Zinner con los Yeahs, comienza de gran manera con Sacrilege, aunque el resto del Mosquito haya decepcionado.

 

El Space Rock de Justin Pierce y su Spiritualized llegan al climax en su tercera producción Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space. Trompetas, cuerdas y un gran coro góspel, sobresalen en esta obra de hace 20 años.

 

Muchas gracias por el tiempo dedicado, esperando sea de su agrado y principalmente nos retroalimenten con sus recomendaciones. Hasta pronto.

Ésa no me la dediques

A mi amigo El Toronjo se le ocurrió invitarme a su casa para presentarme a su nueva novia. Estaba tan orgulloso que armó una mesa de quesos y carnes frías, un par de botellas de vino Nobile di Montepulciano y otra de mezcal que mercó allá en Oaxaca con artesanos emprendedores. Le decimos El Toronjo por redondo y cacarizo pero tiene tan buen ángel que es como un enorme Oso; ya hay otro amigo al que le decimos El Oso así que se le quedó El Toronjo, ni modo.

El Toronjo también es un gran conocedor de música así que la velada estuvo aderezada con una buena seguidilla de piezas programada en su iPod. El Toronjo es divorciado, como yo, pero a él le costó más trabajo sobreponerse y, por encima de todo, conseguirse una buena novia, así que era evidente su orgullo por la Mafer.

El problema con El Toronjo es que tiene mala memoria en sus cinco sentidos, pero cuando activa el sexto gracias a unos buenos tragos, la memoria fallida parece resetearse, restablecerse sin avisar. Y todo iba bien, inclusive hasta pesadamente cursi cuando puso ‘Lady in red’ de Chris de Burgh, y me dijo, con la confirmación de la Mafer, que ésa era la canción que iban a bailar en su boda. Luego se tomaron de las manos y se besaron generando un momento incómodo al que le reduje los niveles de glucosa empinándome dos mezcales de golpe.

Creí que el tema había muerto ahí, pero dos botellas de vino después, ya con la cara tan chapeada como una toronja, el idiota del Toronjo se puso a recordar su boda fallida y, como me lo temía, conmemoró, con el horizonte de la cordura extraviado por la emoción de esa memoria que por lo visto aún le punza, que su vals de recién casados había sido precisamente el único éxito de Chris de Burgh. Hasta ahí la velada porque la Mafer me dijo en tono de orden: “Bicho, acompáñame a tomar un taxi”.

Alguna vez, platicando en un viaje por carretera de regreso de Acapulco con mi amigo Arturo Flores, hoy editor de Playboy, mientras César Anaya, editor de Rock Stage, caía en coma en el asiento trasero por una infección estomacal y un piquete de abeja, concluimos que es peligroso sacar de contexto una canción y darle poderes más allá de su esencia lúdica. Es decir: no es de caballeros andar dedicando canciones. El meollo del asunto radicaba en la difícil empresa de reciclar canciones cada vez que cambiábamos de novia o de turno al bate, porque por muy analistas musicales que fuéramos se nos terminaban las opciones.

A veces la memoria no es suficiente, sobre todo rebasando los 30 años, por lo que sería muy conveniente llevar un registro, una bitácora, un little black medical book como el de las enfermeras, de acuerdo con Eric Stoltz en ‘Pulp Fiction’, para evitarnos papelones como los del Toronjo y muchos de ustedes, ya me dirán si miento.

Durante un tiempo detesté a Depeche Mode porque a una ex se le ocurrió mentar que era el grupo favorito de su ex más significativo. “Depeche Mode es una girly band, con razón le gusta”, recuerdo que le dije nada más por ardilla.

 

No obstante, la irresponsabilidad no es del todo nuestra ya que, por desgracia, las canciones que más nos llegan, sean románticas o no, tienen la maleabilidad de los sentimientos, se adecúan a nuestro presente y encajan sus engranes con los de nuestra maquinaria emocional tan necesaria de combustible.

 

Cuando dedicas una canción y tu relación se va al retrete sientes como si te arrancaran los órganos y no es del todo descabellado buscar un acuerdo con la rijosa como si se tratase de la separación de bienes: “tú te quedas con el buró, el refrigerador, la sangüichera que nos regaló tu tía la gorda y estas rolas tuyas que ni me gustan y a mí regrésame las mías”, pero el virus ha sido inoculado. No está de más reconocer que tengo algunas canciones prohibidas que no puedo ni postear en Facebook porque, encima, la mayoría de mis ex comparten red social conmigo (sí, ya sé que soy un idiota). Y si acaso se me ocurre mentar alguna de esas piezas corro el riesgo de provocar un espejismo de añoranza. Lo mismo sucede con los bares románticos y a media luz de la Condesa porque la mesera de siempre, la guapa de rulos rojizos, parece disfrutar el momento de decirme: “otra vez por acá, joven”. ¬¬

Finalmente, al salir de casa del Toronjo, le dije a la Mafer que no fuera tan dura con él, le expliqué la teoría de la maleabilidad de las canciones y, con esa sonrisa en donde todo cabe, me espetó: “Ya lo sé, sólo es para disciplinarlo, de todas formas tú me dedicaste esa canción hace un par de años, no se te olvide”. Yo sólo sonreí y me prometí, en silencio, dejar de andar desperdiciando mis canciones.

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