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Banda Sonora 101: Rápidas y furiosas, el cine-punk

En los primeros siete programas de @BandaSonora101 hicimos un recorrido por la historia del cine-rock, desde su génesis en 1955 hasta las producciones más recientes de 2017 y 2018. Así que hemos viajado a lo largo de más de seis décadas por la historia del cine-rock y hemos hablado de unas 150 películas del género. Una vez realizado este repaso histórico, en @BandaSonora101 haremos programas temáticos y en esta ocasión toca el turno al cine-punk, subgénero del cual hemos seleccionado 16 películas emblemáticas, divididas en dos grupos: 8 documentales y 8 ficciones.

A esta curaduría de 16 películas punketas le hemos llamado “Rápidas y furiosas: punk en el cine.”

 

DOCUMENTALES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FICCIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La primera muerte de Rick, la guitarra de Pete Townshend

La destrucción como el medio de expresión, el instrumento destrozado como la herramienta ideal para alcanzar el clímax que el sonido ya no puede otorgar. Lo que ocurrió la noche del 8 de septiembre de 1964 no era algo nuevo, se había visto con anterioridad con Jerry Lee Lewis, quien años antes había iniciado el fuego desde su propio piano; al igual que el músico de country Ira Louvin que se había hecho famoso por destruir mandolinas empujado por el furor de su actuación; incluso Charles Mingus ya había manifestado su enojo con el público destruyendo su bajo, sin embargo la guitarra Rickenbacker Rose Morris 1998 que chocó contra el techo del Railway Tavern hace 52 años cambió la historia del rock and roll y la idea de destrucción como la extensión de una banda.

 

Aunque en su libro ‘Who I Am’ el músico se recuerda destruyendo elementos desde siempre, la primera ocasión que Pete Townshend probó la energía de la devastación ante el público fue un mero accidente, estrelló el clavijero de su guitarra contra un techo sumamente bajo, al darse cuenta del daño decidió estrellar el resto en el suelo y lanzar los pedazos al público, tomó su Rick 12 y continuó tocando.

 

En la siguiente presentación de The Who en el Railway, el público esperaba ver nuevamente la electrizante destrucción, el accidente no tardó en convertirse en un acto premeditado y parte de la agresiva imagen del grupo, que no solo le brindó más seguidores a la banda, impactó y hasta generó otros actos, como ocurrió aquella ocasión en que Ron Asheton viajó desde Detroit para ver a los Beatles en The Cavern y la suerte lo puso esa noche frente a The Who, a su regreso a Estados Unidos formó junto con su hermano menor y su amigo una banda llamada The Stooges.

 

 

Los seguidores de The Who vieron la destrucción como un truco, pero el acto no tardó en convertirse en la afrenta que la música convencional necesitaba, aunque la primera ocasión fue un accidente, la realidad es que Pete Townshend a partir de ese instante empezó a formar el concepto alrededor del grupo: “No tenía idea de a dónde me llevaría la primera destrucción de mi guitarra, pero sabía muy bien de donde venía todo eso” explica Townshend en su autobiografía. “Alentado por la obra de Gustav Metzger, el pionero del arte auto-destructivo, planeaba destruir completamente mi guitarra si el momento parecía correcto”.

 

El acto creció a través del sonido que el bajista John Entwistle y el guitarrista amplificaron con ayuda de las cajas de ruido que fabricaba su amigo Jim Marshall, se sumergieron en la idea con la dedicada locura de Keith Moon y la compulsiva actuación del vocalista que quería seguir siendo rocker, pero que las circunstancias pusieron del lado mod, Roger Daltrey. Avanzaron hacia un nuevo concepto: la destrucción es arte cuando se establece en la música.

 

En otro momento de ‘Who I Am’, el guitarrista explica que la ocasión en que Gustav Metzger presenció su versión de auto-destrucción en proceso con The Who, le explicó que de acuerdo con su tesis se enfrentaba a un dilema: “Se suponía que debía boicotear la formula del propio nuevo pop comercial, atacar el proceso que me permitió tal expresión creativa, no contribuir a ella. Estuve de acuerdo. Los trucos me habían superado”.

 

Efectivamente el truco superó al grupo, el público no entendió la importancia de la auto-destrucción, consideró el acto como un elemento más, no percibió la experiencia de la liberación emocional de romper los instrumentos al final del concierto, solo esperaba que el momento llegara para afirmar que el grupo había realizado una buena presentación y simplemente asumieron que aquellos días que no terminaron en destrucción, The Who no dio todo el espectáculo. En algunos momentos incluso fue una competencia, solo basta recordar la guitarra de Jimi Hendrix incendiándose en Monterey Pop Festival en 1967, solo unos momentos después que The Who casi destruyera el mismo escenario.

 

La imagen de la destrucción no tardó en convertirse en el elemento de un género como el punk, uno de esos instantes fue inmortalizado en la portada del disco London Calling de The Clash, la fotografía de Paul Simonon capturada por Pennie Smith nos mantuvo desde 1979 enganchados a ese instante previo a la muerte del bajo Fender Precision, un momento del que solo podemos imaginar el final.

La continuación de lo que inició The Who unos años después fue expuesto desde otro ángulo por Chuck Klosterman en su libro Eating The Dinosaur, donde escribe sobre el acto de destrucción realizado por Nirvana en el capítulo titulado Oh, the Guilt: “Es fascinante y estúpido observar adultos destruyendo cosas a propósito. Es una sensación que se aplica a una multitud de estímulos: espectáculos de camiones monstruo, dinamitar estadios deportivos, los disturbios raciales, el legado musical de Van Halen, huevos, gobiernos y dioses temporales. Y guitarras. Siempre guitarras”.

 

Klosterman explica que nunca se pueden destruir suficientes guitarras, incluso Pete Townshend no ha podido lograrlo, el acto ilustra e intenta recordarnos, supuestamente, la agresividad de un grupo, que sus integrantes son “máquinas que pueden matar fascistas… tristemente el número de fascistas asesinados por la destrucción de una guitarra sigue estando cerca de cero”.

 

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Lo que inicialmente fue una manifestación no tardó en convertirse en un momento coreografiado, como aquel que montaba Nirvana. Un roadie debía quitar todos los micrófonos de la batería para que solo algunos elementos fueran destruidos. La versión de 1988 de Nirvana por supuesto no tenía que montar ese espectáculo, lo hacía sin pensar y destruía su propio equipo, sin embargo la de 1992 ya no realizaba la destrucción por frustración, “la gente lo espera. Dale a los chicos lo que quieren”, dijo alguna vez Kurt Cobain.

 

La extensión de lo que sucedió hace 50 años, que creó el mito de The Who en los escenarios, posiblemente sobrepasó la idea y se convirtió en el espectáculo, uno que no importa cuántas veces se repita o quien lo realice (Arcade Fire, Deep Purple, Green Day, Muse o “Weird Al” Yankovic), sigue siendo el suspiro previo, al momento en que la música a veces no alcanza con sus propias notas.

Joe Strummer – Hell W10

En 1983, Joe Strummer creó un corto silente en blanco y negro con los integrantes de The Clash y algunos amigos titulado ‘Hell W10’. El filme, escrito y dirigido por Strummer, muestra a Paul Simonon como Earl y Mick Jones como el rey del hampa Sócrates, se centra es una historia de rivalidad, ambición, asesinatos y violencia, mezclada con el estilo de las películas de gángsteres de los 30 y el mundo criminal de Londres en los 80, una especie que Guy Ritchie explotaría de diversas formas muchos años después a través de películas como ‘Lock, Stock and Two Smoking Barrels’, ‘Snatch’, ‘Revolver’ y ‘RocknRolla’.

 

‘Hell W10’ surge tras varias experiencias de The Clash con el cine, primero a través de ‘The Punk Rock Movie’ de Don Letts (que años después se convirtió en el documentalista casi oficial del grupo) y ‘Rude Boy’, un documental falso sobre un roadie que a pesar de incluir la participación de la banda en el concierto Rock Against Racism y contar con grandes discursos de Joe Strummer, no les satisfizo completamente.

 

El proyecto aparece en un periodo en el que empezaban a desgastarse las relaciones, en realidad no tenían mucho que hacer, realizar un filme parecía la mejor opción cuando la banda estaba empezando a desmoronarse. Con la extraña experiencia de Rude Boy, decidieron hacerla ellos mismos con una cámara de 16mm. El resultado, como es comprensible, fue todavía más extraño, sobre todo si consideramos que se trata de una banda que elige el silencio en vez de su música para presentar una historia que no se basa en un guión sino en una idea general dentro de la cabeza de Strummer.

 

 

Terminada la filmación, la película prácticamente se enlató, en 1987 Strummer creía que el material se había perdido definitivamente, suponía que Hell W10 afortunadamente (no apreciaba realmente lo que había dirigido y producido) era una de las pérdidas de la bancarrota del laboratorio al que mandó el corto.

 

En 2002, la película fue re-descubierta y re-editada por Don Letts, que agregó música de The Clash al soundtrack. El vídeo originalmente fue incluido en la colección ‘The Essential Clash’ hace algunos años, pero el corto ya puede encontrarse en línea. Es esencial para cualquier fanático de The Clash, son las últimas escenas de personas que ya habían pasado demasiado tiempo juntas y que estaban a punto de terminar su relación a finales del año en que se filmó ‘Hell W10’.

 

The Libertines – ‘Anthems For Doomed Youth’

“Una de las últimas bandas de rock”, así podríamos describir a The Libertines. Dos discos aclamados ‘Up the Bracket’ (2002) y ‘The Libertines’ (2004). En sus filas dos líderes carismáticos y rockstars en toda la extensión de la palabra, Carl Barat y Pete Doherty, confrontaciones, peleas, sexo, adicciones, desintegración y el culto inmediato marcando así una época.

 

Infinidad de imitadores y bandas influenciadas por The Libertines brotaron por todo el Reino Unido además de otras partes del mundo (Arctic Monkeys, The Vaccines, Palma Violets, etcétera). Una reunión parecía imposible sobre todo por las adicciones de Doherty, las constantes peleas con Barat, además de la creación de proyectos musicales por separado por parte de ambos (Babyshambles, Dirty Pretty Things).

 

Después de 6 años de separación, regresaron en 2010 para tocar por última vez  en el aclamado festival de Reading-Leeds. Se dijo que The Libertines se desintegraban de forma definitiva o por lo menos parecía un hecho irreversible. Pero Pete Doherty, Carl Barat, Gary Powell y John Hassall aún tenían capítulos e historias que contarnos, esta vez ya no de drogas, sexo, o historias sucias de Londres, ahora tocaba el turno de hablarnos de las cicatrices mentales de su presente y pasado.

 

Es así como después de algunas presentaciones el año pasado, estaban de vuelta con su primer material en 11 años, el esperado ‘Anthems For Doomed Youth’, disco que cuenta con 12 tracks que nos transportan de forma nostálgica a mediados de la década pasada.

 

‘Barbarians’ abre el disco y de inmediato se nota el estilo clásico del cuarteto, coros gloriosos, cambios de ritmo sello de la casa y con ciertos toques oscuros, un sencillo inmediato. ‘Gunga Din’ un tema donde la ironía sobre su reunión, sus peleas y sus noches frenéticas esta presente en todo momento, donde las guitarras de Barat y Doherty se conjugan como en sus buenos tiempos. ‘Fame And Fortune’ con sonidos circenses muy al estilo de Blur.

 

‘Anthem for Doomed Youth’, el track que da título al disco, es sin duda la más representativa, la que más nos recuerda los mejores momentos de la banda, himno inmediato. El asunto sigue emocional con ‘You´re My Waterloo’ otra baladita muy al estilo de The Libertines. ‘Belly of the Beast’ cambia un poco el estado de ánimo, mostrando un poco de irreverencia, pero contenida.

 

La acústica ‘Iceman’ baja de nueva cuenta el tono del disco, tono que se recupera de inmediato con la  juguetona y por momentos punk ‘Heart of the Matter’. ‘Fury of Chonburi’ y ‘The Milkman´s Horse’, aunque con cierto encanto, son el claro ejemplo del porqué el regreso de The Libertines bien pudo redondearse con un álbum de 10 tracks.

 

‘Glasgow Coma Scale’ pone de nuevo a tono el disco, con un estilo garaje post punk que nos recuerda por momentos a Wire y Pixies. ‘Dead for Love’ se encarga de cerrar el esperado regreso de The Libertines, un disco cargado de nostalgia, un álbum que llega a tiempo pero tarde y que nos recuerda que aunque Doherty, Barat y compañía se fueron, realmente todo este tiempo seguían con nosotros a través de sus canciones y su legado.

 

‘Anthems For Doomed Youth’ no es el gran disco de The Libertines, pero su honestidad y valentía están presentes en los 12 tracks que conforman el álbum, dignísimo regreso que nos prepara para su próxima presentación en el Festival Capital como uno de los actos estelares.

 

Canciones Indispensables: ‘Barbarians’, ‘Fame And Fortune’, ‘Anthem for Doomed Youth’ y ‘Glasgow Coma Scale’.

Julien Temple invitado especial de DocsDF

 

Le gustamos y nos gusta, Julien Temple regresa nuevamente a México como Invitado de honor en la décima edición del Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF), que se llevará a cabo del 15 al 24 de octubre de 2015.

 

En conferencia de prensa se reveló que el documentalista Julien Temple presentará tres de sus películas más emblemáticas. “Estoy muy emocionado por volver a la Ciudad de México y compartir con DocsDF, uno de los festivales más importantes del mundo, una muestra de mi trabajo con los mexicanos. Confío en que quienes acudan a las proyecciones, mías o de otros directores seleccionados este año, se llevarán una gran experiencia”, aseguró Temple, quien también ofrecerá una clase magistral el 20 de octubre en la Universidad de la Comunicación como parte de las actividades de la octava edición de Docs Forum, el componente formativo de DocsDF y será homenajeado ese mismo día por DocsDF por su larga trayectoria.

 

Las películas de su autoría que se exhibirán son ‘Oil City Confidencial sobre el grupo Dr. Feelgood , su debut como director el falso documental ‘The Great Rock’n Roll Swindle” y el estreno en nuestro país de la película ‘The ecstasy of Wilko Johnson’ sobre la vida del guitarrista de Dr. Feelgood, quien a pesar de que le diagnosticaron cáncer pancreático terminal enfrentó la vida con gran positividad.

 

Esta última película integra la sección Proyecciones Especiales, se mostrarán en la décima edición de DocsDF de manera gratuita y en espacios al aire libre emblemáticos de la capital como Las Islas en Ciudad Universitaria, el Foro Lindbergh en la colonia Condesa y la Plaza San Jerónimo en el Centro Histórico.

 

En total, DocsDF organizará este año 257 proyecciones de 116 documentales de 31 países y para que más público pueda conocer la oferta fílmica el 87 por ciento de esas funciones serán gratuitas. Para conocer más detalles de la programación, fechas, horas y sedes del festival, consulta www.docsdf.org

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