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Brevísimo almanaque 2017 – Lo que el rock nos trajo y nos dejó

Por: Alex Salas / @WinyCuper

No sé si a ustedes les pasó pero 2017 fueron como 14 años en uno. Me emocioné, lloré, canté, me enamoré, me rompieron el corazón, me mandaron a la friendzone y mandé a la friendzone, usé Tinder una semana me dio miedo y huí. Perdí amigos, hice nuevos, recuperé a otros, tuve trabajo hasta el vómito, me desvelé, me mudé, me quedé sin agua, me subieron el gas y me bañé con agua fría, gané peso, luego me metí al gym y lo perdí, conocí bandas nuevas, me reencontré con las viejas, me enfermé y luego sané, y todos estos momentos hermosos o no, tuvieron siempre un fondo musical.

A principios de año, en el marco del festival Ceremonia se nos pusieron los nervios de punta cuando la visita mexiquense se vio casi frustrada por sus sutiles vientos; fue entonces que rescatamos a Björk del baúl de los 90 y la vimos tan cerca, eternamente joven como si por ella no pasaran los años. Con su personalidad energética y amorosa, persistió y junto con otros artistas lograron que el festival Ceremonia finalmente se llevara a cabo tan solo un día después. Fue ella misma quien  nos presento a Arca y a sus magníficas creaciones que oscilan entre lo extraordinario y lo ecléctico. Pero nos perdimos a Nicolas Jaar, este DJ neoyorquino a quien moría por escuchar en esta edición del festival.

En el verano del amor, en medio de una noche loca llena de amor y cerveza en el Alicia conocí la música de Iván García y a la Trola, autores poblanos que nos devuelven la fe en el rock hecho en México. El primero haciendo gala de una lírica impecable, elegante e interesante como hace mucho no se encontraba en un autor mexicano. Los segundos que entre riffs rasposos y un rock muy sui generis, esta banda de poblanos nos entregan una música auténtica y más ruidosa que la de cualquier veterano.

Hacia mediados de año vinieron los grandes clásicos: Sting, su banda, sus hijos y toda su perfección. Una noche calurosa de mayo dónde los hits de The Police nos hicieron cantar y hasta llorar. La majestuosidad de este alien inglés tan solo se pudo ver un poquito opacada por la realeza hecha música, me refiero a las varias fechas que ofrecieron los de King Crimson en el Teatro Metropolitan, las cuales resultaron impecables, memorables y plagadas de genialidad. Sin duda, la visita de estos grandes a México queda ya plasmada en los anales de la historia de los grandes conciertos en nuestro país  y es que uno no puede creer tanta majestuosidad amontonada en esa conversación musical que pareció extraída de otro planeta.

Vinieron los imperdiblesCoordenada y Corona Capital, los cuales nunca decepcionan y año con año mejoran, aunque en ambos casos el cartel tampoco estuvo tan exorbitante como en anteriores ocasiones.

Lo verdaderamente extraordinario vino con el fin de año. Un concierto y un pequeño festival, le pusieron emoción, rock, ánimo y vitalidad a nuestras medio grises capitalinas vidas. Me refiero a Arcade Fire y elFestival Hipnosis.

Arcade Fire

Resulta que por azares de la vida, cuando no estoy escribiendo, me desenvuelvo como agente secreto en unas oficinas de gobierno donde finjo ser jefa de un área de recursos humanos. Ahí todo transcurre de una forma monótona y uniforme, hasta los desencuentros. Un día Jobita no trae humor y le hace una  cara arrugada a  Nando. Tan solo eso basta para que arda Troya y prevalezca un ambiente tan gélido como el de la mismísima Guerra Fría. Incluso sucede que en la fiesta de fin de año Jobita le tenga que decir Rosy que si le dice a Nando que por favor le pase la sal. Y no sé por qué pienso que esto sucede en casi todas las oficinas de todos los trabajos de cualquier tipo en cualquier lugar del mundo.

Finalmente luego de un año completo y media botella de Bacardi blanco después, Nando invita a Jobita a bailar una cumbia en la fiesta de navidad de la Coordinación, lo que hace que se reconcilien y que el ambiente en recursos humanos vuelva a la normalidad.

¿Pero se imaginan lo difícil que debe ser para una banda lidiar con un conflicto interno y salir a ofrecer un espectáculo fingiendo que no pasa nada?

En eso pensaba cuando Regine Chassagne, Win Butler, William Butler y Richard Reed Parry y compañía salieron al escenario en medio de una parafernalia de lucha libre cual Arena México, con Chumel Torres como anfitrión (claro, no todo podía ser tan perfecto) fue una flecha directa al corazón. Así fue que caímos rendidos a los pies de los de Arcade Fire desde el minuto uno.

No sé si fueron mis nervios o mis ánimos godinezcos que a veces me hacen ver todo más gris de lo normal, pero aunque los canadienses parecían hacer todo de una forma profesionalmente genial, parecía haber una extraña tensión en el escenario, como cuando Jobita le hizo la cara arrugada a Nando y decidieron odiarse, solo que, en un escenario las asperezas tienen que limarse en segundos no en años.

Tensiones más o menos, lo cierto es que esta voluminosa banda se ha consagrado como uno de los grandes favoritos mexicanos.  Y no es para menos, es todo lo que los millenniales queremos, porque sí, treintañeros del mundo, entérense que también tienen un poquito de millennials y que por eso les gusta una banda como Arcade Fire, y para muestra los siguientes signos: un rock pop bailable aparentemente dulce pero con lírica ácida y algunas veces hasta amarga que nos hace movernos o al menos ponernos de buenas aún en los peores momentos.

Una multitud de músicos en el escenario todos multinstrumentistas que además cuentan con carreras artísticas multidisciplinarias que te hacen sentir que puedes hacerlo todo y que además es fácil y divertido; y por si esto fuera poco, un espectáculo interactivo en el que el público forma parte del espectáculo y donde los Butler anduvieron de arriba abajo más de una vez usando las butacas como una extensión del escenario. No puede haber algo más millennial y maravilloso que esto.

Hipnosis o el festival de las bandas que nadie conoce pero que deberían conocer

Llegó tarde la noticia de que habría un festival con ciertos tintes de garaje, fuzz y psicodélia. La iniciativa de Indie Rocks! con todo y el lío que involucra ser una productora independiente al Dios monopolio, decide una vez más ir por la libre y jugársela aún con el viento en contra y no me queda más que decirles: gracias.

Gracias por regalarnos un festival diferente, pequeño, íntimo, con otros géneros y conceptos que nos brindan al menos la idea de que hay más opciones de entre la vaga ilusión de libertad de elección que nos brinda el repudiado pero a la vez bendecido capitalismo.

Así en una tarde helada pero bella, tuvimos la oportunidad de escuchar a bandas como: Virtual Haze, Viv & the Sect, Cascabel, The Mud Howlers, Death Valley Girls fueron algunas bandas que abrieron esta chulada de festivalito que fue como una perla preciosa en medio de un frío inesperado. Nada que una buena chamarra, la grata compañía, un café calientito o un par de shots de vodka no pudieran llenar de calidez.

Pero hubo tres momentos peculiares, tres bandas no tan nuevas, pero tampoco tan viejas. Tres  bandas que rompen paradigmas, oídos y bocinas.

The Coathangers, The Black Angels y Black Rebel Motorcycle Club. Cada una con un sello distintivo pero todas con algo en común: mujeres bateristas, guitarras poderosas y un rock escandaloso y emocionante que no para de sonar y resonar en la cabeza. Tres bandas que sin temor a equivocarme han trascendido las barreras genéricas y convertirse en música que todos deberían escuchar.

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