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#SonicArsenal – Mindbending, Stanley Kubrick en México

Prepárense para abrir la puerta de la habitación 237, sacar al drugo que tienen guardado en el closet y seleccionar el mejor tono de barniz que satisfaga ese fetiche que disimulan cuando salen a la calle, la exposición de Stanley Kubrick ha llegado a la Ciudad de México, con mil piezas que representan un nerdgasmo para los fanáticos del director estadounidense.

Un recorrido que puede tener tres visiones, la del fanático casual que se quiere acercar a la obra de Kubrick, el cinéfilo que extenderá su visión repitiendo películas en el ciclo que realizará la Cineteca a lo largo del mes de diciembre y el obsesivo de la información que saciará algunas incógnitas a través de los detalles de producción, la creación de los personajes, la elaboración de los proyectos y la manera en que el director involucraba a otros para crear un concepto.

Con salas que intensifican el tono de cada película, del verde militar al rojo apasionado y el mínimo del blanco, recorrer la exposición en la Cineteca Nacional puede ser algo de paso al incluir objetos iconicos como H.A.L 9000, el enigmático suéter del Apolo de Danny, la influencia de Otto Dix en ‘Paths of Glory’ y el kit de superviviencia que funcionaría tanto en Las Vegas como en un bombardeo en Rusia, sin embargo deben hacer el recorrido de las lecturas, las interminables lecturas que revelan detalles de las películas.

El conocimiento del trabajo está más allá de la emoción de ciertos objetos que incitan a sacar el móvil para capturar y compartir en redes, el Kubrick geniecillo lo encontramos en la exposición en los guiones, las cartas y los storyboards, las verdaderas revelaciones que por ejemplo te alejan de la idea de hiperespacio y te llevan al concepto de mindbending, el desdoblamiento al interior de cada película que incluyen bromas sobre sexo, el meticuloso detalle en las escenas, los cambios en los díalogos originales y las razones por las que la música, el waltz sobre todo, fueron fundamentales en ciertas producciones.

Esos detalles los encontramos desde el inicio, contengan la tentación de correr hacia el laberinto, dejen al fondo del paladar la urgencia de llegar al Korova Milk Bar, quédense varios minutos en la primera sala, el lugar del que surgieron los encuadres, los años de la fotografía fija con su Graflex, busquen la canción ‘Lolita Ya Ya’ mientras pasean por la sala dedicada a la película, agreguen la historia de Dalton Trumbo y la lista negra a su “I’m Spartacus!”, analicen el texto ‘El génesis africano’ de Robert Ardrey y la declaración de avistamiento de un ovni por parte de Arthur C. Clarke y Kubrick, entenderán que tanto se introducía el director en cada película.

Reserven una hora si solo quieren ver las películas, lleven dos si quieren a Kubrick, lleven tres si quieren descubrir que tanto influyó su visión en la actualidad.

Lugar: Cineteca Nacional. Av. México Coyoacán #389, Col. Xoco.

Del 2 de diciembre de 2016 al 29 de mayo de 2017

Horarios: Martes a domingo de 12:00 a 21:00 (último acceso a las 20:00 horas). Lunes, cerrado. 24, 25 y 31 de diciembre, cerrado.

Heavy Metal, el culto en seis historias

La estética del caos, el punk, el metal y lo erótico, la revista francesa que diera pie a la edición estadounidense Heavy Metal, desarrolló su propio universo a partir del cómic fantástico, destacando inmediatamente con las colaboraciones de H.R. Giger, Esteban Maroto, Moebius y Philippe Druillet. Durante 40 años han definido con bromas agudas y violencia visual un culto a la mezcla de ‘Barbarella’ (1968) con ‘A Clockwork Orange’ (1971).

En 1981 se extendió por primera vez con seis visionarias historias de ficción y fantasía combinadas con música de Black Sabbath, Blue Oyster Cult, Cheap Trick, Devo, Donald Fagen, Grand Funk Railroad, Sammy Hagar, Journey, Nazareth y Stevie Nicks.

Como película ‘Heavy Metal’, revelaba el estilo de una época, iniciaban los 80 con una éstetica agresiva de la mano de la primera revista ilustrada para adultos, de bajo presupuesto para 1981 pero tan influyente en los años posteriores que los seis segmentos han sido retomados de diversas formas en el cine, solo basta ver las películas de David Fincher para entender porqué tenía tanto interés en realizar un remake.

 

Celebrando en el 2016 su 35 aniversario, la película fue la primera extensión de la revista, no incluyó la variedad de artistas internacionales que lograron crear la fantasía soft core and gore que los adultos buscaban, se mostró complaciente con las escenas de peleas, drogas, bromas de sexo y senos bamboleantes, esencialmente parecía una comedia estándar para adolescentes, con pocas dimensiones y derivaciones de historias que ya habían sido publicadas, sin embargo la remezcla cyberpunk combinada con la música logró que a pesar del fracaso, ‘Heavy Metal’ se convirtiera en un filme de culto.

Tomemos como referencia la primera escena, un astronauta llega a la tierra en un convertible blanco y un pequeño regalo que no tardará en desintegrarlo, poderes malignos se desatan en esos primeros minutos, inmediatamente estás en el universo Heavy Metal, que pronto se carga de robots cachondos, zombies, parodias de vaqueros del espacio y feministas buscando venganza.

Las seis historias se ajustan en una forma perversa, la desintegración inicial en realidad es parte de un circulo que se cierra con balance al final, son las imágenes y las 16 canciones que escuchamos las que hacen que trascienda ‘Heavy Metal’ como película y elemento cultural.

Curiosamente, aún teniendo los mismos elementos que la película de 1981, ‘Heavy Metal 2000’ no logró el mismo impacto, ni la voz de Billy Idol ni el soundtrack lograron salvar a la producción. Visualmente era la representación viva de la revista unida a la música de Bauhaus, Queens of the stone age y Pantera, sin embargo ¿qué sorpresas podía brindar Heavy Metal a una generación bombardeada por todos sus herederos?

Lo que ocurrió en 1981 obviamente ya no es de interés para el 2000, sobre todo cuando tienes en medio de esos dos puntos ‘The Terminator’ (1984), ‘Dune’ (1984), ‘Brazil’ (1985), ‘Akira’ (1988), ‘Total Recall’ (1990) y ‘The Fifth Element’ (1997), películas con referencias visuales que hablan de la inportancia de ‘Heavy Metal’, sin embargo nada es tan claro como los primeros minutos de ‘Tenacious D in The Pick of Destiny’ (2006).

Regresamos al Hotel Overlook, Jack sigue ahí

El radio sigue en interferencia, emitiendo voces para Danny Torrance desde que apareció ‘The Shining’ de Stephen King en 1977, mientras The Stanley Hotel sigue esperando nuevos habitantes antes de convertirse en un museo y superamos el hecho de que el libro que continuaba la historia nos decepcionó brutalmente, empezamos a celebrar el continuo erizar de piel que provocó la adaptación de Stanley Kubrick.

El filme, que cumple en el mes de diciembre 35 años, se convirtió en la continua referencia de una generación que no puede ver largos pasillos de alfombra setentera y gemelas de vestido azul sin pensar que algo tétrico sucede por ahí. Para algunos, la obsesión va más allá y es material de teorías de conspiración que nos brindaron el extraordinario documental ‘Room 237’, donde se muestra a un director con un alto coeficiente intelectual, fastidiado después de realizar una película de época como ‘Barry Lyndon’ (1975), que simplemente quiso retarnos visual e intelectualmente a través de una película de horror psicológico de múltiples capas, tangibles a simple vista, pero nunca antes analizadas.

‘The Shining’ tal vez es el trabajo más enigmático de Kubrick por la aparente experiencia de horror y su capacidad de desorientarnos al alejarse tanto del libro de Stephen King. Para la mayoría sólo se trata de una película, para otros es una gran metáfora que desata múltiples teorías sobre dobles intenciones del director con mensajes ocultos, bromas subliminales e incluso una cubierta para revelar la verdad sobre los logros de la era espacial.

El director Rodney Ascher investiga a través de ‘Room 237’ todos esos significados ocultos en la película de 1980, desde el título somos arrojados al umbral de la habitación vacía del hotel Overlook, que aprendimos mucho antes de éste documental no es un lugar en el que quieras registrarte. Con una verdadera obsesión intelectual y atención al detalle descubrimos el fanatismo por ‘The Shining’, el encanto, el risible análisis y la deconstrucción de las diversas capas que te obligan a ver la película desde muchas otras perspectivas.

De ésta forma donde hay latas de comida surge una explicación y eco de la matanza de los indios americanos, una máquina de escribir se convierte en un símbolo del Holocausto, una bandeja para papeles aparece como una erección y una serie de nubes revelan un cameo en aerógrafo de Stanley Kubrick. Con éste documental sabemos que “la ola de terror que se extendió por todo Estados Unidos” no sólo transformó el cuarto 217 del libro en el 237, también descubrimos que la tierra se encuentra a 237,000 millas de la luna y que eso ubica a ‘The Shining’ como un elemento de las teorías de conspiración.

Desde la perspectiva numérica, el escritor Jay Weidner relaciona el número 237 como una críptica referencia a la distancia entre la tierra y la luna, un supuesto guiño de Kubrick para revelar su participación en el montaje de las imágenes del Apollo y los primeros pasos del hombre en el satélite terrestre. Posiblemente no es la primera vez que escuchas esa teoría, pero deberías poner más atención al suéter de Danny.

Conforme las ideas se convierten en otras ideas más fantásticas, los signos y significados aparecen en todos lados, Room 237 deja de ser un documental sobre The Shining y se transforma en un filme sobre la naturaleza de la obsesión (del director y de sus seguidores por igual) y la capacidad para comprobar que cualquier cosa puede ser real. Después de esto, las nueve partes en las que Ascher divide la película construyen un caso que podría mantener conversaciones y observaciones en pausa, con el dedo en el botón de regresar y adelantar durante aún más horas.

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