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¿Dónde terminará la censura de Spotify?

El anuncio de este mes que Spotify había instituido una nueva política para lidiar con “contenido de odio y conducta de odio” llevó a algunos a preguntar: “¿Dónde terminará esto?” Su primera decisión fue eliminar la música del cantante R Kelly, acusado en serie  por varios delitos sexuales. Los servicios de streaming rivales han seguido el liderazgo de Spotify. R Kelly no enfrenta cargos criminales y ha acusado al servicio de transmisión de actuar sobre “acusaciones falsas e infundadas”.

“¿Dónde terminará esto?”, pregunta Dan Cairns en la revista Culture de The Sunday Times. Es una pregunta pertinente. De hecho, una búsqueda de Spotify muestra que música de Gary Glitter y Lostprophets todavía está disponible, lo que se siente moralmente indefendible cuando una empresa se inclina hacia la santificación. El pop, el rock y el rap están llenos de jamás bienhechores cuyo comportamiento ha sido cuestionable, a menudo explotador e incluso criminal. Retenga muchas letras de las canciones para analizarlas y podría justificar el contenido de odio y la promoción de conductas odiosas en múltiples catálogos retrospectivos.

¿Y qué sigue haciendo la música de Chris Brown en las listas de reproducción de Spotify? Se declaró culpable de violencia doméstica y figura en una lista de nombres en una carta del grupo de defensa de las mujeres UltraViolet al fundador de Spotify, Daniel Ek. Otros incluyen a Steven Tyler de Aerosmith, que tuvo una aventura con un joven de 16 años, y Nelly, que niega las acusaciones de violación y agresión sexual. Con todo esto en mente, aquí hay seis artistas cuyo trabajo puede no sobrevivir por mucho tiempo.

 

David Bowie

Lori Maddox (que ahora usa el apellido Mattix) fue una de las groupies que estuvo en Los Ángeles a principios de la década de 1970, y con la que participaron algunos de los nombres más importantes del pop. Ella dice que perdió su virginidad con Bowie cuando tenía 14 o 15 años. Según la ley californiana, tales acciones cuentan como una violación legal. Bowie nunca respondió preguntas sobre Mattix y murió con su condición de santo intacto.

 

Jimmy Page

Los periodistas mayores aman a Jimmy Page, razón por la cual su reputación es excelente, a pesar de haberse acostado con Mattix, desde que tenía 14 años, durante gran parte de la década de 1970. DJs de la radio Tacky han sido crucificados por menos. De hecho, tan cepillada está la fase Lolita de la leyenda de la guitarra de Led Zeppelin que Rolling Stone lo mencionó en una pieza bajo el titular: “The 10 Wildest Led Legends de Zeppelin, Fact-Checked”. Tenía 14 años. ¡Salvaje!

 

Dee Dee Warwick

El primo de Whitney Houston ha sido acusado de abusar sexualmente de la cantante de I Will Always Love You. Las acusaciones aparecen en un nuevo documental del director Kevin Macdonald (que habló con Culture la semana pasada) y, con la muerte de Warwick, se espera que esto sea todo lo que la gente sepa sobre la mujer — cantante por derecho propio y hermana de Dionne. Nunca fue una estrella lo suficientemente grande como para estar en listas de reproducción de Spotify, pero sus canciones, incluida You’re No Good, permanecen en el servicio. Podrían encontrarse en el registro “en riesgo”.

 

Eminem

Si alguien encaja en el grupo de “contenido de odio” en el nuevo código moral de Spotify, tiene que ser el rapero más vendido de todos los tiempos, Eminem. Desde que era un advenedizo malcriado hasta sus últimos años —ahora tiene 45 años— el artista de Detroit ha sido provocativo/grosero con las mujeres y con los homosexuales en particular, con muchas letras que pueden incitar tanto a la ira como a la violencia. Francamente, estos son temas recurrentes en el hip-hop convencional.

 

Guns N Roses

Hasta el momento, Axl Rose es culpable de crímenes contra la moda. Sin embargo, es revelador que la canción más impactante de su banda, One in a Million, haya quedado fuera de la versión de su álbum debut, Appetite for Destruction. La canción estaba en el seguimiento, GN’R Lies, y mientras una nueva versión voluminosa encuentra espacio para algunas canciones de dicho disco, One in a Million se ha desvanecido. Tal vez porque tiene líneas sobre “n ******”, y no de una manera agradable. “Estaba enojado con algunas personas negras que intentaban robarme”, explicó Rose una vez. Parece poco probable que el código moral de Spotify permita tales letras o, de hecho, disculpas poco convincentes.

 

Michael Jackson

¿Donde empezar? Primero, quizás, con los éxitos. ¿Qué tipo de servicio de transmisión podría existir sin Billie Jean y Heal the World? Ese es el problema con todos estos artistas y su moral dudosa, ¿pero el Rey del Pop? Sin sus canciones, todo se siente más £5.99 al mes que el estándar £9.99. Sin embargo, si Spotify (con razón) va a cuestionar la promoción de la música de R Kelly, al menos debe vigilar las acusaciones de abuso infantil contra Michael Jackson. Nunca fue encontrado culpable, pero algunas de las supuestas manzanas malas algunas veces lo son.

 

Traducción libre de Lilith T. Masso. Texto tomado de Culture, The Sunday Times.

Darkwave, ayer y hoy en México

Es indudable que el contexto musical en México luce una de sus mejores etapas en la historia, y tampoco es que con esta afirmación quiera discriminar al pasado pues sería sin duda un pecado eterno. Simplemente es que hoy en día el concepto de lo “masivo” que décadas atrás asustaba al artista y al propio espectador, permite tener al alcance de nuestros ojos y oídos cualquier artista sin importar raza, color, religión o género, con sus peculiaridades y tropicalizaciones que incluso permiten albergar en nuestro país al darkwave.

Específicamente la Ciudad de México se ha vuelto un hábitat de encuentros musicales que ha permitido vencer de a poco los falsos estereotipos del consumidor. La sociedad contemporánea es digna de exigir un cambio en los estándares que de forma microscópica podemos notar en un concierto, por ejemplo: la crítica de la vestimenta, el separarnos por el costo de un boleto, los individuos que escupen hacia arriba por su gafete de prensa o la soberbia de aquellos que no se cansan de criticar al reggaetón o la banda.

Así, el creciente número de festivales musicales es un primer avistamiento de encuentro entre culturas y formas de ser. Sin embargo, las consecuencias disparan distintas vicisitudes que otorgan al pasado un valor inquebrantable y elegante. Una forma de entender el cambio es sin duda Spotify, por ejemplo; una plataforma que deja poco sentido a la curiosidad y a la comprensión del artista desde sus inicios pero que su vez asume su importancia por conectar a distintas generaciones.

La realidad del asunto es que estas reflexiones fueron posibles gracias a espacios particulares de la ciudad que son dignos de conocer, pero también de comprender. Lugares como Patrick Miller, Dirty Sound, Departamento, Centro de Salud, pero sobre todo Real Under, son habitaciones que albergan una serie de tributos a la escena underground que no predican con el concepto masivo.

 

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Allí, nuevas generaciones se congregan felices de imaginar cómo eran las pistas de baile en los años 80, un tanto perdidos en láser, humo y sintetizadores. Y es que gozar del sinte es una experiencia infinita e irrepetible, haciendo de las noches de la ciudad pequeños capítulos que creen hablar del espacio, las estrellas e incluso de las artes plásticas.

Para comprender mejor lo anterior dicho me es necesario hablar brevemente de Mateo Lafontaine. Artista y exponente de la escena post punk y la música electrónica en México, amante del Korg y los Casio. A través de sus dedos, la historia se traduce en la importancia de la tecnología y cómo esta revolucionó el sonido análogo. Gran parte del discurso de Mateo se enriquece por la filosofía que busca romper lo ya establecido, incluso como contraparte del punk.

Cierta nostalgia se dispara de muchas entrevistas que he visto de él, pero seguro de que las nuevas generaciones asuman nuevos alcances dada las nuevas condiciones económicos y culturales pues si bien antes las ideas eran revolucionarias también eran costosas. Ferviente amante de las calles, conocedor de la vieja colonia Roma, Polanco y Santa María la Ribera, coleccionista de vinilos y fanzines; así es como Mateo justifica el paso del tiempo sobre la pista de baile para rebelarse ante los ojos del noctámbulo.

Para seguir iluminando un poco la propuesta que se esconde en la oscuridad de la ciudad es importante conocer los sonidos que influyen en la tornamesa y que se transforman en synthpop y techno pop. Kraftwerk, Ultravox, Soft Cell, entre otros, son algunas de las voces que dieron vida a Casino Shangai, banda referente de la escena dark en México y que hoy se asoma en los rostros del Centro de Salud, específicamente de Ulalume Zavala, quien atenta contra la copia de sonidos que ya se hicieron en los 80, pero defiende la transformación de estos, tales como el darkwave industrial y que se personifican en el segundo piso del Real Under.

 

Ulalume es consciente de la realidad actual en las que nuevos vulnerables buscan acojo en la música y las artes en general, provocando así una búsqueda constante por una evolución sónica que exprese su carácter y responda a ciertas cuestiones sociales. Quizá eso refleje la sintonía de lo que hace actualmente como DJ y exponente del house y el techno.

Con este pequeño preámbulo no queda más que perderse en los rincones alejados de la multitud. La realidad es que estos lugares no sólo concentran un homenaje al pasado sino a su estética e ideología que inmortaliza a los poetas malditos, la pintura, el terror, la androginia, el individualismo, pero, sobre todo a la creatividad. Por eso insistir en que las ideologías no se construyen discriminando otras pues todos somos parte de un mismo pasado y es en las circunstancias del tiempo que la personalidad se afianza al disfrute de lo que la música provoca: dolor, risa, pasión, adrenalina, pero nunca el imponer nuestro género favorito.

Esta pequeña mirada al espacio multicultural de nuestra ciudad está pensada en la posibilidad de sabernos seres distintos y cambiantes, pero conscientes de nuestra posición en sociedad que aún no permite identificarnos. La música es un gran inicio y lente de los detalles en los que nos perdemos como seres exigentes, críticos, prejuiciosos y a veces ausentes de nuestras tradiciones. Salgamos a las cantinas, pulquerías, a los rodeos, los palenques, las bodas, Garibaldi, el Chopo, el Under. Hablemos con nuestros ancestros, hijos, hermanos, vecinos, gente que admiramos o no comprendemos. La música, insisto, es un gran aliento.

Músicos ahora pagan por estar en listas de Spotify

Músicos y disqueras están pagando miles de dólares por agregar sus canciones a las listas más influyentes de Spotify, infiltrados de la industria musical aclaman. El mercado negro ha sido llamado una “payola” del siglo 21 después de la práctica prohibida de discográficas pagando por tiempo de transmisión en la radio. Un jefe de la industria disquera en Londres le dijo a The Times que estaba consciente de los  “playlist pluggers (los que se enchufan a las playlists)” que ofrecen promover canciones en playlists influyentes por cargos de tres mil a cinco mil dólares.

Dijo que meramente la promoción de canciones con dueños de playlists era legítimo, pero agregó: “Hay mucha materia gris. Puede que tu dinero no vaya directamente al dueño de la playlist, pero estos contactos conocen a la gente correcta, pueden pedir favores, llevarlos a cenas o por tragos”.

Dijo que individuos no pueden comprar lugares en las playlists de Spotify, que son las más escuchadas, pero que cuando se trataba de playlists independientes era una “ley de la selva” en la que 300 dólares podían cambiar manos en un pub y nadie se daría cuenta.

Un número de compañías en línea también cobran a músicos o discográficas sumas pequeñas para “lanzar” canciones a playlists.

Un sitio, Playlister, alteró su modelo de negocios para “confirmar inequívocamente que no son un sitio que recompensa a los creadores de las playlists por lugares”, después de que un reciente reportaje en la página The DailyDot dijera que los usuarios podían pagar de  cinco a dos mil dólares para ser agregados a las listas.

Spotify subsecuentemente ha retirado el acceso de la compañía a sus datos, causando que el servicio cerrara, aunque sus dueños universitarios de 21 años de edad pretenden crear una nueva versión que será permitida.

Hay evidencia de que pagar por acceso a las playlists, si no es que por un lugar, puede ser rentable.

El rapero de Atlanta Tommie Kind dijo que su single Eastside había alcanzado más de 110 mil streams debido a su posicionamiento en 14 playlists después de que su manager le pagara a curadores para que la metieran. “Los streams ahora son la única manera de llegar realmente a personas con las que de otra manera no te podrías conectar. Te da la posibilidad de ser escuchados a nivel mundial”, dijo a The DailyDot

Aunque infiltrados en la industria niegan que el posicionamiento en las playlists internas de Spotify pueda ser comprado directamente, dicen que meter una canción en suficientes listas privadas hará que sea agregada al radar de lanzamientos del propio Spotify y a las listas de Descubrimiento Semanal, que son generadas por un algoritmo, trayéndoles a los músicos amplia exposición.

Sin embargo, expertos dicen que pagar por posiciones en playlists raramente haría suficiente para “hacer” una canción y muchos músicos intentando ganarle al sistema estarían decepcionados.

Spotify es el servicio de streaming más grande, con alrededor de 159 millones de usuarios activos y 71 millones de suscriptores pagando.

En 2015 Billboard citó a un ejecutivo de una disquera que aclamaba que las vacantes en listas populares eran vendidas entre dos mil y 10 mil dólares. Spotify actualizó sus términos y prohibió “vender una cuenta de usuario o playlist, o de lo contrario aceptar cualquier recompensa, financiera o de lo contrario, para influenciar el nombre de una cuenta o playlist o el contenido incluido en una cuenta o playlist”.

Expertos dicen que esto es imposible para Spotify de monitorear.

Tampoco es la única manera en la que la plataforma puede ser explotada. Estafadores recientemente hicieron cientos de miles de libras gracias a Spotify por medio de la creación de un canal de cuentas para escuchar música que poseen en repetición, se reportó. La operación, que usó más de mil 200 cuentas pagadas, pudo haber generado alrededor de 72 millones de reproducciones, ganando casi 300 mil libras al mes. Spotify dijo que estaba invirtiendo en tecnología para investigar y lidiar con dicha actividad.

Una vocera de Spotify dijo: “No hay un ‘pago-por-playlist’ o venta de nuestras playlists en ninguna manera. Es malo para los artistas y malo para los fans. Nosotros mantenemos una política estricta, y tomamos acciones apropiadas en contra de los grupos que no se apegan a dichas políticas”.

 

 

#SonicArsenal – AI, al servicio de la música y el cine

Lo que esperábamos y no sucedió (al menos como nuestra loca imaginación indicaba), lo que si tenemos y ya podemos utilizar, les comparto dos casos de inteligencia artificial. El primero permite enlazar música, pero en realidad es más un centro de descubrimientos personales; mientras que el segundo es parte de las obsesiones que nos seguimos preguntando después de ‘Blade Runner 2049’.

Podríamos seguir peleando con el algoritmo y su necesidad de decirnos que escuchar o de una vez por todas considerar que la combinación de datos con inteligencia artificial puede brindarnos experiencias extraordinarias. Con el paquete de librerías de amplios rincones por explorar en Apple Music y Spotify, podemos seguir las reglas descritas por Nick Hornby en el libro ‘High Fidelity’ sin perder completamente la esencia del DJ por el servicio digital, ese es el objetivo de la app Muru Music, llamada así por el término aborigen australiano “viaje”, la primera AI que encuentra puntos de conexión entre géneros y transiciones que no planea sustituir tu gusto sino ampliarlo, también puedes trabajar vía web.

 

Mientras Rose McGowan susurra el conmovedor monólogo de Roy Batty en la canción ‘RM486’, exploramos ‘Astro Creep: 2000’ de White Zombie y agregamos a nuestra lista de deseos una oveja eléctrica, retomamos la leyenda del sexto replicante, aquel que aparecía en el guión original como “Mary”, pero que al ser eliminado creó un pequeño error de continuidad que originó la teoría popular que todos queremos confirmar en ‘Blade Runner: 2049’. Rick Deckard podría ser aquel replicante reprogramado con extraordinaria reputación, sin embargo sabemos que ese guiño/error en el corte de Ridley Scott no se extendió como deseábamos en el filme de Denis Villeneuve.

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