hi

#SonicArsenal – CDs y guerrillas urbanas

La lucha entre lo tangible y lo intangible en la música estaba relacionada con el disco compacto, ese formato que apareció por primera vez en Japón el 1 de ocubre de 1982. Era la promesa del sonido limpio contra lo que parecía obsoleto (el vinilo), en la actualidad no figura como favorito, perdió popularidad entre el vinilismo y el streaming. Se presume su extinción, pero eso incita a comprar más CDs, si nos apasionamos, la realidad es que todo sonido debería tener la posibilidad de materializarse como algo que provoque fetiches. Lamentablemente en muchos casos la realidad no es sobre pasiones, sino de un gran motivador, por supuesto, el dinero.

 

 

Para algunos la guerrilla de calcomanías es solo contaminación visual, pero es la extensión del arte apropiándose y golpeando la calle “con en esa misma conciencia colectiva que define la cultura del Internet”, tal como lo define la serie documental ‘Stick To It’, en fragmentos nos lleva por el diseño que reta el espacio a través de la cultura del cómic, música y skaters.

 

#SonicArsenal – Lecciones de silencio para redes

Verificas el primer círculo… todo bien. Pasas al segundo… todo bien, das la vuelta en Eje 8, ves una columna de humo y el ensordecedor silencio es roto por las ambulancias, la siguiente pregunta es: ¿Ciudad de México estás bien?

 

Hay calma que se tensa con la vista, División del Norte sin semáforos, los mensajes empiezan a llegar, las redes sociales empiezan a mostrar los primeros avisos de que debes dar la vuelta y volver, calle tras calle, te detienes varios minutos para verificar la llegada de los familiares que no aparecen, sigues hasta llegar a lo que pudo ser el caos, pero que en realidad estaba siguiendo las reglas de “no corro, no grito y no empujo”, la gente caminando a lo largo de Insurgentes con miedo en los ojos, conteniendo pies, alejándose de los edificios, caminando por el carril confinando al metrobus, que debía liberarse para ambulancias, pero todo mundo sigue la lógica, el centro de la calle es el lugar más seguro.

 

Los mensajes siguen cayendo, las noticias en la radio de los autos siguen sincronizándose con la tragedia, no como te la contaron, tampoco como la has visto, has pasado cerca del punto cero varias veces pero el GPS te sigue jalando hacia otro lado durante cuatro horas en las que no has enfrentado la realidad más que en narración oral, sonidos lejanos y unos pocos tuits que has logrado poner para brindar información a la red de tu trabajo.

 

Hasta que llegas a tu casa descubres donde corren, gritan y empujan, Twitter y Facebook son zonas de pánico, los nombres de personas desaparecidas se replican tantas veces como las imágenes de los edificios afectados, los deditos actúan siguiendo el miedo, la información de rebote es un escándalo que daña más la fragilidad del momento. Las siguientes horas son trabajo de contensión de rumores, de personas yendo de un lado a otro verificando el “dicen que en tal lugar se acaba de derrumbar…”, adoptas medios y tuiteros de confianza, los sigues hacia la veracidad del momento para brindar tranquilidad y apoyar en la contención de desinformación, orientando nuestros contenidos a lo que más necesitaban nuestros más de 20 mil seguidores en Twitter, la herramienta que tiene mayor impacto en tiempo real.

 

El acto del retuit causa más confusión, se siente la confusión en la forma en la que corren los mensajes, se comparten una y otra vez. Todos gritan y empujan, todo es ruido en el ensordecedor silencio que te protege a la distancia. Aprendimos a no gritar, no correr y no empujar, pero no sabemos todavía como reaccionar en redes. Medios, reporteros y civiles tratan de poner orden, como está sucediendo en las calles, las brigadas de emergencia en línea no mueven piedras, mueven rumores y mentiras para mover el miedo, hay que organizarse, hay que reagruparse, brindar certeza, calma y sobre todo información de utilidad con extrema verificación.

 

Pasamos la madrugada enlazando gente, información sobre liberación de líneas móviles y spots de Internet, liberación de elementos necesarios para trabajar en las calles (bicicletas, suministros, calles, herramientas) y presionamos para que el llamado a encerrarse por miedo fuera un llamado a ayudar, a considerar como críticas las horas que iban trancurriendo; de la misma forma fuimos enlazando medios que empezaban a poner en orden lo que verdaderamente sucedía en las calles, alejándonos en lo posible de las imágenes alarmistas, el mensaje para nosotros era claro: sin miedo, ayuda, brinda calma a otros, brinda lo necesario para el rescate, para brigadas y el público que te sigue.

 

Los gritos de la noche del martes no se mitigaron durante horas, pero el miércoles de muchas formas se empezaron a imitar los gestos de las zonas de rescate, el orden y movimiento con un puño en alto costante para mantener el silencio necesario para escuchar. El acto de tuitear y postear en FB adquirió un nuevo sentido, se generaron nuevas conversaciones ordenadas a través de hashtags, se crearon códigos de fecha y hora, se logró que todos los gritos de un punto a otro tuvieran un eco con conciencia, con un objetivo común en canales adecuados.

 

Algunos dicen que se trata nada más de tuitear, sobre todo los que nunca han manejado una comunidad virtual y llevan más o menos un timeline personal, se le considera activismo de sillón, sin embargo en el #19sMX se mostró que la emergencia puede encontrar canales virtuales para organizar brigadas. Uno llega a tomar cursos para manejar redes y saber que hacer en casos críticos, pero siempre se enfocan hacia una crísis de credibilidad o desprestigio, en verdad nada te prepara para encontrar a la mayoría gritando en lo que parece un cuarto muy amplio donde nadie se escucha de extremo a extremo, la responsabilidad que implica tener bajo tu cuidado a muchos ojos que necesitan una respuesta responsable y comprometida de ti.

 

Sin embargo el hacktivismo ya se ha probado en continuas ocasiones como una poderosa arma para organizar, las redes han logrado convocatorias y han seguido movimientos sociales en el mundo, pero no nos había tocado en México utilizarlas de este modo, creando cadenas de necesidades reales a través de medios virtuales, uniendo grupos de Whatsapp que reflejaron claramente el #AquíNecesitamos de las zonas afectadas.

 

En Rock 101, desde el primer instante decidimos no ser el medio en cientos de horas de cobertura, somos un medio digital, conocemos nuestra trinchera y nuestro compromiso con el público que desde 1984 espera que seamos la radio que ocurre entre canción y canción, en esta ocasión fuimos el apoyo de tuit en tuit, seguiremos siéndolo porque no deseamos volver a la otra normalidad, esperamos seguir siendo el enlace de necesidades de México en redes y volvemos al aire como el acompañamiento emocional a través de la música.

#SonicArsenal – del nuevo yé-yé a Neill Blomkamp

Mientras se habla de shoegaze y psych, en otros lugares el yé-yé es la tendencia. El sonido de los 60 resurge en el siglo XXI. Una serie de bandas francesas como The Limiñanas y La Femme han agregado a la simpleza del pop cierta psicodélia, garage y surf a la escena de clubes underground, que cubiertos de oscuridad son el retrofuturo de la música.

 

 

Una película fallida y la cancelación de su participación en Alien cambiaron la perspectiva de Neill Blomkamp como director, no renuncia a la pantalla grande pero opta por otro espacio, estrenando una serie de cortometrajes de alto presupuesto con Oats Studios. ‘Rakka’, ‘Firebase’ y ‘Zygote’ son gloriosas muestras de independencia en el terreno del horror y sci-fi.

 

 

 

#SonicArsenal – De la nada al mainstream

Como muchos, seguro iniciaste el viernes invirtiendo minutos (los envidiosos dirán que perdidos) en el doddle Google del día, si ya hiciste crate diggin’ y mezclaste, tal vez sea oportuno retomar la idea detrás del juego, el 44 aniversario del nacimiento del hip-hop. Un conjunto de ideas amalgamadas en un concepto por el que hace algunos años Ice T realizaba una pregunta: si de alguna manera está relacionado con el blues y el jazz, ¿por qué no se le tiene tanto respeto como a esos géneros?

El cuestionamiento data de 2012, momento en el que aparece el documental ‘Something From Nothing: The Art of Rap’, resulta increíble que aquello que parecía un reclamo al no llegar al mainstream totalmente, en cinco años sea todo lo contrario, el hip-hop se transformó en una glotonería que ya se ha comido gran parte de la cultura popular al sumarse la evolución de la electrónica, jazz, R&B y soul.

No quiero afirmar que los demás no estuvieron involucrados, pero creo que gran parte del reconocimiento del hip-hop en la actualidad viene de Questlove, quien de forma clara estableció las reglas de su juego, las mismas que ha aplicado al lado de The Roots, y los pequeños fragmentos con gran significado que vemos a través del programa de Jimmy Fallon con Justin Timberlake, donde el blanco negro (parafraseando a Norman Mailer) se ha apropiado de una cultura para exponerla tal como le ocurrió al blues, jazz y rock and roll.

En el libro de Questlove ‘Mo’ Meta Blues’ obtenemos una guia para acercarnos a la película ‘Mo’ Better Blues’ de Spike Lee con el diálogo de Shadow Henderson (Wesley Snipes): “Eso es mentira. Todo, todo lo que acabas de decir es una mierda. De todas las personas en el mundo, nunca nadie tuvo la oportunidad de tocar su propia música…. Así es, las personas no vienen porque tu grandioso hijo de puta tocas la mierda que no les gusta. Si tocas la mierda que les gusta, entonces la gente vendrá, así de simple”.

Y así volvemos a ‘Something From Nothing’ (frase que después aparecería en una canción de Foo Fighters), ¿qué significa el hip-hop para ti?, una pregunta simple que deriva en 50 respuestas y visiones diferentes sobre un mismo género, que posteriormente el director Ice T dobla en otras incógnitas más sobre el proceso artístico, particularmente el rap, que convierte algo de la nada y transforma lo homogéneo en algo popular, un fenómeno de cultura de masas, que a pesar de sus grandes aportaciones artísticas, no había alcanzado el nivel de respeto que gozan el blues y el jazz, pero que en el 2017 ha desplazado al rock como el género más escuchado en estaciones de radio y servicios de streaming.

Mi visión del asunto no es de rechazo, no es que hayamos abandonado a nuestros roquerillos satánicos favoritos, en realidad es la cultura popular la que finalmente fue alcanzada por un género que inicialmente era de nicho (como el blues, el jazz y el propio rock and roll) y logró con su expansión colocarse como el punto más experimental en la música en la actualidad al comerse su propio pasado y transformarlo en sonidos tan diversos que alcanzan para todos los gustos.

#SonicArsenal – Observen bien antes de viajar con malas compañías

 

“Cada hombre tiene dentro de sí un parásito que no está actuando en todo a su favor”. Él debía saber muy bien de que hablaba. Novelista beat y poeta, junkie, expatriado, homosexual, ruidoso tirador, inspiración del heavy metal, cabeza del punk-rock, líder de escena, extraño viejo y objeto del director Yony Leyser en el documental ‘William S. Burroughs: A Man Within’, que a 20 años de su regreso al plano aquel lugar dnde se aprende a vivir en silencio, es el mayor recuerdo de tres generaciones, aunque ya no parece vigente en la actualidad.

 

Pasemos un momento por alto el hecho de que la película ‘Kill Your Darlings’ (2013) intentó incoporarlo a la generación 00 y consideró más acertado incluir una canción de TV On The Radio a potenciar la experimentación del jazz en los escritores de la generación beat, olvidemos ese desliz sonoro por el tema central, el incidente que unió a diversos autores y propició que múltiples perspectivas fueran liberadas a lo largo de los años, excepto la de los protagonistas directos, que tras varios intentos no lograron que se publicara su versión a cuatro manos y posteriormente decidieron silenciarla como un trato entre caballeros. Nada saldría a la luz hasta que su personaje central muriera.

 

 

La visión de John Krokidas para ‘Kill Your Darlings’ parte de Allen Ginsberg, que cerró el círculo del asesinato cometido por su amigo Lucien Carr de diversas formas, primero a través de la dedicatoria de ‘Howl’, el poema donde las mejores mentes de una generación son destruidas por la locura, “hambrientas histéricas desnudas”. Posteriormente por medio de cuentos y hasta su biografía, donde describió coloridamente su relación con el rubio de ojos azules, hermoso, brillante, un fascinante personaje que también incendiaba la mente de sus otros amigos en “el círculo de libertinos”, William S. Burroughs y Jack Kerouac.

 

Beats, letras, homosexualidad, drogas, armas, punk, arte, muerte y por un fugaz instante de reflexión revelada, amor. Burroughs sin duda era un hombre de muchas capas, algunas de ellas impenetrables desde sus gestos secos o la distancia que impone ser un icono de la generación beat, tal vez por eso la película que parte de la novela ‘And the Hippos Were Boiled in Their Tanks’ (finalmente publicada en 2008) y ‘William S. Burroughs: A Man Within’ no son intensamente detalladas, son más bien un tributo, pero aún así es un tributo fascinante.

 

Mientras ‘Kill Your Darlings’ parte de una versión más cercana a los hechos reales, ‘And the Hippos Were Boiled in Their Tanks’ es un recuento de los hechos desde dos perspectivas que terminan uniéndose alrededor de una novela de misterio. Will Dennison (Burroughs) y Mike Ryko (Kerouac) le dan un giro al asesinato, no se centran en el incidente, pero nos llevan a través de diversas anécdotas a ese momento. Juntan hechos, los transforman y capturan escenas de comedia e instantes absurdos, logran una larga broma que se convierte en el estilo literario del que ya se impregnaban, desarrollan su voz con capítulos intercalados como un retrato de un segmento perdido de su generación, que en su hervor emergía como algo duro, honesto y sensacionalmente real.

Por su parte el documental, gracias a las grandiosas imágenes de archivo (muchas de ellas muestran su característica voz), nos encontramos con el viejo líder de varias genraciones, los amigos íntimos de Burroughs (al menos tan íntimos como el propio Burroughs lo permitía), con astutas animaciones de alambres se desarrolla cada tema, que de de una forma u otra se van encadenando para entender poco, un poquito, de su obra y su personalidad. Las entrevistas son primordiales, el director John Waters hace un gran trabajo colocando cada pieza del contexto e importancia de Burroughs en el mundo que lo rodeaba. Las conversaciones con Allen Ginsberg también son reveladoras, sus platicas son parte de la mitología beat, algo que podríamos llamar ‘Bill and Al Show’. Yo vería sin duda ese programa.

 

Si todavía recuerdan ese 2 de agosto de 1997 en que una de las voces de aquella generación que reunía drogas, ironías, pasión y desencanto en algún hotel de París, deben detenerse en ‘William S. Burroughs: A Man Within’, un documental que trata de abarcar todos sus encantos a punta de pistola, al menos es suficiente para que los que no lo conocen tanto descubran su conexión con iconos punk como Patti Smith e Iggy Pop, así como su influencia en Sonic Youth, Gus Van Sant y el concepto de heavy metal, además de su fascinación con las armas, las serpientes y el capítulo que desembocó en sus mejores obras, la muerte de Joan Vollmer, esposa de Burroughs que falleció después de un desafortunada combinación de armas, alcohol y William Tell en la Ciudad de México en 1951.

 

 

No crean que descubrirán detalles sobre sus libros o sus poemas, es sobre el hombre y como tal, vale la pena escuchar su ‘Oración de Acción de Gracias’ de 1986 o escucharlo interpretar con tanta peculiaridad la canción ‘Falling in Love Again’ de Marlene Dietrich en alemán.

 

 

‘A Man Within’ definitivamente está lleno de rayones que evocan y dibujan el esqueleto Burroughs y su visión de la humanidad. No sobra ninguna imagen o palabra, incluso quisieras más, pero es obvio que el director no quiere darte todo el interior, se trata de que lo sigas buscando en el exterior de la película.

#SonicArsenal – 4AD, el sello de construcción femenina

 

El primer día de 1980, inició el fast forward resumido en las siglas 4AD, la visión del sonido desde la perspectiva del que se alimentaba con la historia de la música y que al mismo tiempo intentaba crear un nuevo panorama, poco sabía Ivo Watts-Russell que su perspectiva definiría de muchas formas la década de los 80, mucho menos que sería cautivado en numerosas ocasiones por voces femeninas y que estas a su vez determinarían el sonido del sello discográfico.

 

No solo se trata del número de mujeres dentro de 4AD, sino del tipo de voces femeninas que tenían una perspectiva inefable. No era un enfoque de estrellas de pop o de personalidades que pudieran explotarse visualmente, sino sobre la música. Había algo extraordinario en ellas, algo emocional y visceral, algo básico y sin embargo complejo. Aunque algunos criticaron a lo largo de los años que el sello careciera de una consciencia política, debido a su concepto de belleza contagiada a través del oído, de algo no se pudieron quejar: la contribución de 4AD a la visibilidad y la promoción de la mujer.

 

El libro ‘Facing The Other Way: The Story of 4AD’ de Martin Aston buscar trazar la historia en tiempos de Ivo Watts-Russell, se va revelando la manera en que esas voces crearon junto con el arte de Vaughan Oliver el concepto 4AD. La energía masculina de Bauhaus, In Camera, Blue Soul y The Birthday Party en los años de formación del sello, lentamente se inclinó hacia un espíritu más femenino y andrógino, “pero atravesado por una racha tenaz (no es de extrañar que los gays se sientan atraídos por 4AD). Ivo no era gay, simplemente estaba hipnotizado por las mujeres – su presencia, la forma, la energía y el sonido. Ningún otro A&R hombre o mujer, ni antes ni después, ha dado tantas oportunidades a las mujeres artistas”.

 

 

La mística de los artistas de 4AD siempre estuvo en la música reforzada por el empaque y el arte de cada material. En su primera década prácticamente era un sello de múltiples capas, necesitabas hundirte en los sonidos y las imágenes para acceder a la noción completa, bajo esa idea de inmersión no resulta extraño que casi todos los que se unieron a la disquera fueran bastante tímidos, en algunas ocasiones hasta eran considerados misteriosos o arrogantes, en realidad era el club de criaturas frágiles de 4AD, incluso cuando muchas de ellas tenían un origen en el punk.

‘Facing The Other Way’ expone que “con el el número de mujeres Ivo logró crear regularmente un ambiente libre de la insensibilidad-alfa macho que habría sido notable en cualquier industria. Para los estándares de la industria de la música, era notable”. Solo en ese ambiente podrían haber surgido y continuado tantos proyectos como The Amps, Belly, The Breeders, Cocteau Twins, Dead Can Dance, Laurie Anderson, Lisa Germano, His Name Is Alive, Lydia Lunch, Lush, Stereolab, Throwing Muses, Xmal Deutschland y el celebrado proyecto colectivo This Mortal Coil, que logró reunir en algunas ocasiones todas esas voces en un mismo espacio.

 

4AD no firmaba bandas de moda, se trataba del buen gusto y un aspecto distintivamente femenino una gran parte del tiempo. Para el final de sus años en 4AD, Ivo había trabajado con veintiséis solistas o bandas con cantantes y músicos femeninos, una proporción similar a la cantidad de artistas masculinos con los que colaboró el sello.

 

Aunque se podría pensar que el estancamiento de sonidos que sufrió 4AD durante años podría haber afectado la inclinación por voces femeninas, curiosamente, el número de mujeres artistas firmados en la nueva era de la disquera coincide con el de Ivo, por lo que ha logrado que las mujeres aún sean visibles en la música contemporánea con nombres tan notables como los de Anni Rossi, Blonde Redhead, Camera Obscura, St. Vincent y Tune-Yards, la única diferencia es que el 4AD del presente es una etiqueta muy diferente, pero todavía logra mostrar el fast forward de la idea inicial.

#SonicArsenal – The White Stripes, 20 años y cuatro colores después

 

Finales de los 90, parecía que el nü-metal dominaría un rato más, pero llegó un respiro con la simpleza de canciones cortas, instrumentos básicos y posturas no tan atascadas, inclinadas hacia el esencia del garage, country, folk y blues.

 

Justo en el instante en que empezaba el declive de Detroit, que llevaría a la ciudad hacia la bancarrota, el abandono de edificios, los terrenos baldíos convertidos en huertos comunales que vimos en el documental de Julien Temple y las propuestas de renovar los espacios recibiendo artistas que no tuvieran miedo a los mitos de ‘8 Mile’, apareció White Stripes, en un Día de la Bastilla de 1997, según cuentan las leyendas promovidas por Jack White, aprovecharon una noche de micrófono abierto para revelar por primera vez de qué manera reunían las características del DIY del punk, mostrando sólo intuición al crear, sin tener una gran instrucción musical.

 

 

Uniendo su estilo a sus característicos colores blanco y rojo, emulando a un dulce bicolor que los acompañó tanto en sus instrumentos como en su vestimenta, el grupo no solo estuvo en la renovación de un sonido al iniciar la década de los 00, también estuvo en los excesos que los llevaron a realizar la gira de una nota y participar en las peleas de Motor City Rock. La combinación no llegó al principio, cuando lanzaron su sencillo debut en formato de 7 pulgadas ‘Let’s Shake Hands’, el arte estaba más cerca de The Smiths y Belle and Sebastian que de las continuas obsesiones cromáticas que llegaron muchos años después, pero ya veíamos el dulce como un detalle de lo que sería The White Stripes. El esquema de color que veríamos durante seis discos después se trasformaría en el amarillo/negro de Third Man Records, el azul de sus sesiones en vivo y los vinilos de colores que terminarían alborotando a una nueva generación que ya se había acostumbrado a no tocar la música.

 

 

Tal vez ya no sabemos nada de Meg White (ya no responde las llamadas de ese pasado), pero Jack sigue vigente. Justo hoy hace 20 años fue el primer encuentro con un tipo que ha demostrado ser al mismo tiempo innovador y agresivamente nostálgico, a través de su sello ha revelado que es un maestro de la mercadotecnia, solo recuerden ese momento en que lanzó un LP que al desmontarse incluía un sencillo o las maravillas de ‘Lazaretto’, no dudo que pronto nos venderá las maravillas del vinilo negro.

 

 

Jack, visionario con actitud de científico loco, sin duda  ha logrado trascender gracias a sus múltiples proyectos, su sello discográfico que hace referencia a su trabajo como maestro tapicero y la continua obsesión con cierto tipo de sonido, que lo ha llevado a revivir las trayectorias de Loretta Lynn y Wanda Jackson, reunir el glorioso pasado musical de Paramount y sumergirnos en una larga serie sobre raíces y espíritu, ‘American Epic’ verdaderamente le hace honor a su nombre.

 

 

Palabras me sobran, pero me guardo los sonidos para la siguiente semana, escuchen #SonicArsenal el siguiente miércoles, celebraremos a The White Stripes, pero sobre todo lo que ocurrió después de que los dos colores básicos del grupo alcanzaran el amarillo y el azul.

#SonicArsenal: la fase Beta

Como The Pigeons lograron darle un nuevo color a un área rural de Escocia, pero como The Beta Band crearon una serie de ruidos que construyeron una nueva etapa para la música británica, rompieron con lo convencional y desplegaron susurros entre Meat Puppets y Pink Floyd, que fueron descritos por el mismo grupo como folk hop, una mezcla perfecta entre folk, rock, trip-hop y todos los experimentos que surgieran al palomear. Hace 20 años nos encontramos por primera vez con The Beta Band a través de ‘Champion Versions’, un EP que aun resuena por su influencia de ambientes y sampleos en la clara descripción de como se seca la lluvia al tocar el suelo.

 

Desde 1996 The Beta Band creó la diferencia, con ambiciosos e inspiradores cortes que liberan atmósferas familiares y al mismo tiempo irreconocibles. Su eclecticismo fue perfectamente retratado en tres discos, tres EPs y dos recopilaciones, todos ellos intentaron –según palabras de Robin Jones“inyectar calidad en cualquier otro género mediocre”.

 

Generalmente se sampleaban a sí mismos, ya fuera el ritmo de una cuchara en manos de John Maclean, los zapatos de Steve Mason pateando una tabla de cocina o Robin gritando a través de un pedal distorsionador, prácticamente lo mejor de ellos eran sus experimentos. Sin embargo, ya no hay nada de eso, para sorpresa de muchos anunciaron su separación en agosto de 2004, la Beta Band se dividió en tres pedazos que ahora nos complementan por separado, obviamente ninguno de los proyectos iguala a esa banda que vendía discos con sólo unos segundos de “Dry The Rain” en “High Fidelity”.

 

 

 

1. “The Three EPs” (1998)

Uno de los encuentros más fascinantes con The Beta Band, una colección de tres EPs que revela en cada instante que tan aventurados eran. Mutan entre lo frecuente y lo impredecible, con estructuras melódicas irregulares y sampleos de pianos, acordeones y quien sabe cuantas cosas más. Con “Dry The Rain”, “I Know”, “B + A” y “Dog’s Got a Bone” no hay duda, el grupo prometía mucho en 1998 al llevarnos de lo complejo a lo extraño y hasta lo increíblemente bello.

2. “The Beta Band” (1999)

Un collage de electrónica, country, prog rock y psicodelia, pero sin llegar a lo kitsch. Las múltiples capas de voces son la esencia del disco, “It’s Not Too Beautiful” tiene montones de elementos que recuerdan a Pink Floyd, aunque el reggae tiene su mejor momento en “No. 15”. Fue considerado uno de los discos más débiles del grupo, sin embargo sus fans piensan que es la mejor muestra de su desafiante sonido.

3. “Hot Shots II” (2001)

Después de la sobreexposición mediática, el grupo intentó recluirse en un disco para lanzar críticas desde la oscuridad. Con sátiras políticas y sociales, Beta Band se rodeo de folk, futuro, dub, pop y grandes atmósferas adictivas. Melancolía que podríamos resumir en dos tracks “Eclipse” y “Won”.

4. “Heroes to Zeros” (2004)

Ninguna canción parece tener una dirección concreta, pero esa es la magia del disco. En una forma extraña, Beta Band se vuelve psicodélico, electrónico y stoner rock al puro estilo de la década de los 70. Un verdadero clásico que intentó capturar la energía del grupo en vivo, aunque mantuvo sus excéntricos sampleos. “Assessment”, “Rhododendron”, “Liquid Bird y “Pure For” fueron lo último de su legado, dijeron adiós a lo grande.

 

King Biscuit Time 

Aunque se presenta con el nombre de Black Affair, es el proyecto en solitario del vocalista Steve Mason. Surgió casi al mismo tiempo que el grupo, sin embargo sólo ocupaba el tiempo de descanso de Beta Band para grabar EPs y sencillos, por eso su álbum debut “Black Gold” fue editado hasta el 2006.

Escucha: “C I AM 15” y “Kwangchow”

The Aliens

Justo después de la separación de Beta Band, Gordon Anderson, John Maclean y Robin Jones formaron The Aliens. Su primer lanzamiento fue el EP “Alienoid Starmonica” en el 2006, que brinda una perspectiva más cercana al funk, su inspiración proviene directamente de la música de Sergio Leone, Serge Gainsbourg, Brian Eno y Brian Wilson.

Escucha: “The Happy Song” y “Robotman”

The General and Duchess Collins

Integrado por Richard Greentree y Robin Jones, este proyecto se puso como objetivo crear un caos organizado con tintes de Velvet Underground, The Who y Funkadelic. Su música habla sobre “los piratas en el amplio mar de la radio satelital”, Vladimir Nabokov y Alejandro Dumas. Hasta el momento sólo ha editado el disco “Calling Earth” (2006), con el que intentan evidenciar la “condición humana” al comprar comida en línea.

Escucha: “The Collector” y “Spiders”

#SonicArsenal – 30 días, 30 canciones

Justo hace 40 años, cuando empezaba a notarse una clara división basada en el miedo, apareció Rock Against Racism (RAR), un movimiento de bandas que en pleno surgimiento del punk en el Reino Unido buscaba proponer ideales a través del pop, rock y reggae, además de protestar ante los continuas declaraciones racistas que se habían escuchado en diversos músicos de la vieja escuela, incluída la voz de un borracho Eric Clapton, que promovía un voto en contra de convertir a su país en una “colonia negra”.

“Mantener a britania blanca” decía aquel de la mano lenta, un grupo de escritores respondió con una carta en NME recordándole al guitarrista que sus raíces venían precisamente de lo que repudiaba. Al mismo tiempo Generation X, The Clash y X-Ray Spex, entre otros, respondieron participando en un histórico concierto y marcha bajo la bandera Rock Against Racism, que nos daría otros movimientos similares contra el sexismo.

En el 2012 regresa el concepto de concierto/manifestación con Love Music Hate Racism, justo cuando se notaban los primeros brotes de lo que culminaría con el Brexit, que desafortunadamente apoyó Morrissey y que echó nuevamente al suelo las posibilidades de una reunión de The Smiths al agudizar las viejas diferencias con Johnny Marr.

De ese punk gritón y consciente con el referente de RAR nace la serie de discos ‘Rock Against Bush’, pero también encuentra su conexión con las canciones de protesta de la década de los 60, con Bob Dylan dándole continuidad y voz a una generación que estaba por cambiar las armas por flores.

Fat Mike de NOFX reunió a una nueva escena punk para hablar sobre Estados Unidos, protestar contra un presidente e involucrar a una nueva generación en la política. Tal vez no lograron detener la elección, pero nos encontramos con voces conscientes y con otras radicales que con la camiseta “No My Political Advisor” criticaban el enfasis electoral del disco.

En 2016, cuando la ola de miedo al otro, la propagación del racismo y la discriminación empezaron a acentuar el tono de una elección, la música nuevamente se convirtió en una expresión clara dentro de la política. Olvidemos las múltiples protestas realizadas por diversos grupos al ser utilizados en actos de campaña, dejemos a un lado que Bernie Sanders se colocó como el candidato de escritores y músicos y se tuvo que hacer a un lado por intereses mayores, incluso podemos olvidar por un instante que el regreso de Le Tigre fue con una canción de apoyo a Hilary Clinton, propongo notar que la protesta esta vez no vino de parte del punk, sino de una serie de bandas que desde diversos géneros se unieron en el deseo de terminar con la campaña “ignorante y divisiva” de Donald Trump.

Durante 30 días nos llegaron 30 canciones, ahora reunidas en un solo disco, pero que forman parte de otros materiales que ya habían sido impactados por el momento que vivimos, por ejemplo ‘Same Old Lie’ de Jim James, ‘Young, Latin and Proud’ de Helado Negro, ‘Demagogue’ de Franz Ferdinand y ‘Locker Room Talk’ de Cold War Kids, surgieron antes del proyecto como una reflexión del contexto actual y se suman a un estado de esperanza, sin embargo la mayoría de las canciones tienen un tono lúgubre, de crítica posterior a lo que parece inevitable.

Gane o pierda Trump, notamos un cambio en la mentalidad. Conservadurismo cruzado con un indiferente levantamiento de hombros, los que tienen miedo vota, los que son el futuro se abstienen. Preocupación que 30 canciones logran manifestar con absoluta claridad.

La deuda con el punk

 

Muchas bandas alternativas estaban unificadas por su deuda colectiva con el punk, que permitió que cualquier persona con pocos conocimientos musicales y muchas dosis de actitud tuviera la esperanza de formar una banda, sin embargo otros géneros como el jazz, el reggae y el folk lograron influir a los primeros alternativos y les impregnaron un sonido que hacía bastante difícil que llegaran, por más talentosos que fueran, a los medios masivos más comerciales.

 

Aunque la mayoría de esos grupos nunca tuvieron espectaculares ventas de discos, se esforzaron de forma considerable por influir y dejar un gran legado a una generación que apenas cruzaba la pubertad en la década de los 80. La música alternativa, la rebelión hormonal y la ética DIY prácticamente se unieron y se convirtieron en la inspiración de todo mundo.

 

via GIPHY

 

A finales de los 80 algunos grupos como Jane’s Addiction, Soundgarden y Mudhoney repentinamente acapararon la atención de los críticos tanto en América como en Europa, pero fue hasta el vertiginoso éxito de Nirvana en 1992 que la música alternativa cambió de ambiente, de pronto lo alternativo se convirtió en una lucrativa fuente de ingresos y en la palabra más utilizada para amalgamar a una serie de géneros que tenían una propia definición, pero por cuestiones de mercadotecnia fueron sometidas a la misma etiqueta, así quedaron en el mismo estante en las tiendas géneros como el grunge, el britpop, el college rock, el dream pop, el gótico, el sonido Madchester, el shoegazing y una serie de sonidos más que fueron imposibles de definir, pero que encajaron bastante bien en la zona alternativa, ni hablar de todos los grupos que intentaron llegar a esa lucrativa superficie y que no estuvieron en la ciudad correcta.

 

Próxima semana: Nación Alternativa.

-->