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Sonic Arsenal – Un tren llamado cassette

En algún momento se pensó que el cassette acabaría con la música, curiosamente (como ocurrió con el MP3) se convirtió en el formato del conocimiento, todos los que crecimos con la cultura del mixtape sabemos que significa armar una recopilación, con dedicatoria, estilo y economía de minutos, prácticamente éramos curadores de espacios sonoros.

En algún momento del 2013 Sony anunció que descontinuará el formato en el 2013 y aquí sigue, no solo vigente sino expuesto a través de grupos que ya adoptaron el formato y una sexta celebración de tiendas por celebrarse en el mes de octubre. No pude evitar recordar otro capítulo de ‘How Music Works’ de David Byrne, quien explica perfectamente la época dorada de la grabación casera, que no sólo abarca la obsesión al modo ‘High Fidelity’, también alcanza el diseño de arte punk, la distribución hormiga y un libro realizado por Thurston Moore basado en todos los cassettes que recibió mientras andaba de gira con Sonic Youth en la década de los 80.

Desde la perspectiva de Moore, “los mixtapes eran nuestros espejos musicales. La tristeza, furia o frustración que sentías en cierto momento se encapsulaba en la selección de canciones. Hacías mixtapes que correspondían a sentimientos que correspondían a estados emocionales, estaban disponibles para aparecer en el reproductor cuando se necesitaba reforzar o aliviar. El mixtape era tu amigo, tu psiquiatra y tu refugio…”

En ese mismo 2013 en el que Sony anunciaba la extinción del cassette, se celebró por primera vez el Día Internacional de las Tiendas de Cassettes, una versión modesta del Record Store Day que dio lugar a la creciente subcultura de las cintas con ediciones especiales de At The Drive-In, The Flaming Lips y Deerhunter, fue acompañado por el estreno del documental ‘Cassette’, realizado en crowdfunding por el director Zack Taylor y que contó con las siempre reveladoras declaraciones de Henry Rollins, Mike Watt e Ian McKaye, por supuesto no tiene nada que ver con los comentarios sobre el resurgimiento del formato gracias a la serie ’13 Reasons Why’ en el 2017 o el ‘Awesome Mixtape’ de Guardianes de la Galaxia.

 

Cuando Bing Crosby decidió impulsar la compañía Ampex, creada por Alexander M. Poniatoff con tecnología decomisada en las filas del ejercito nazi, en realidad sólo quería dejar de hacer un programa de radio diario y tener más tiempo para jugar golf, sin embargo la persona que le dio la idea ya tenía otras posibilidades en mente. Les Paul deseaba experimentar con la grabación multipistas, su interés era puramente creativo, por lo que no pudo imaginar que al lograr que un inversionista encontrara una solución para disfrutar más tiempo de ocio impulsaría la creación del cassette, las grabaciones caseras y la cultura del mixtape.

Aunque parecía irse y hasta se anunció que se descontinuaría el formato, la realidad es que muchos siguen trabajando en cinta, no solo editan sus materiales de esa forma para acercarse a una rareza en la era digital, tampoco se trata del sonido, es sobre un formato que de muchas formas se convirtió en el más cercano al consumidor. Todo el que haya sufrido el hambre de su reproductor entiende las razones, aunque tal vez sean más claras para quienes pasaron muchas horas seleccionando la lista de canciones adecuada para crear el mixtape perfecto.

Precisamente de eso trata el documental, la relación y las posibilidades que dio el formato a géneros como el punk, que dentro de su ética Do It Yourself descubrió que el carísimo estudio de grabación salía sobrando cuando tenías una grabadora portátil, pero también es sobre esa pasión por compartir música que después Nick Hornby volcó en su novela ‘High Fidelity’ y que David Byrne explica tan bien en su libro ‘How Music Works’.

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Banda Sonora 101: I’m Not There 

Dirigida por el estadounidense Todd Haynes (‘Velvet Goldmine’) en 2007, ‘I’m Not There’ (en español le pusieron ‘Mi historia sin mi’) es un filme biográfico en el que seis actores (Christian BaleCate BlanchettHeath LedgerRichard GereBen Wishaw y Marcus Carl Franklin) interpretan diferentes facetas y momentos en la vida de Bob Dylan.

Si bien es cierto que la película termina por naufragar en su propio mar de ambiciones, también es posible afirmar que el cineasta Todd Haynes, con el apoyo del supervisor musical Jim Dunbar, armó un impresionante soundtrack de 34 canciones, de las cuales 33 son versiones nuevas de rolas inmortales de Dylan realizadas ex profeso para la película (la restante es una versión de ‘I’m Not There’ interpretada por el propio Dylan, con el acompañamiento de The Band).

 

 

 

En el proyecto participaron músicos y bandas de la talla de Eddie VedderSonic YouthCalexicoCat PowerKaren OIron & WineLos LobosSufjan StevensYo La TengoThe Hold SteadyStephen MalkmusJim James y Jack Johnson.

La música del filme fue editada en un disco doble producido por el propio Todd Haynes y Randall Poster, el cual, digámoslo sin ambages, supera por mucho en calidad a la misma película. Se trata sin lugar a dudas de uno de los mejores soundtracks que se han producido en la historia del cine-rock.

Chequen la lista y dénse este soundtrack:

 

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#SonicArsenal – Observen bien antes de viajar con malas compañías

 

“Cada hombre tiene dentro de sí un parásito que no está actuando en todo a su favor”. Él debía saber muy bien de que hablaba. Novelista beat y poeta, junkie, expatriado, homosexual, ruidoso tirador, inspiración del heavy metal, cabeza del punk-rock, líder de escena, extraño viejo y objeto del director Yony Leyser en el documental ‘William S. Burroughs: A Man Within’, que a 20 años de su regreso al plano aquel lugar dnde se aprende a vivir en silencio, es el mayor recuerdo de tres generaciones, aunque ya no parece vigente en la actualidad.

 

Pasemos un momento por alto el hecho de que la película ‘Kill Your Darlings’ (2013) intentó incoporarlo a la generación 00 y consideró más acertado incluir una canción de TV On The Radio a potenciar la experimentación del jazz en los escritores de la generación beat, olvidemos ese desliz sonoro por el tema central, el incidente que unió a diversos autores y propició que múltiples perspectivas fueran liberadas a lo largo de los años, excepto la de los protagonistas directos, que tras varios intentos no lograron que se publicara su versión a cuatro manos y posteriormente decidieron silenciarla como un trato entre caballeros. Nada saldría a la luz hasta que su personaje central muriera.

 

 

La visión de John Krokidas para ‘Kill Your Darlings’ parte de Allen Ginsberg, que cerró el círculo del asesinato cometido por su amigo Lucien Carr de diversas formas, primero a través de la dedicatoria de ‘Howl’, el poema donde las mejores mentes de una generación son destruidas por la locura, “hambrientas histéricas desnudas”. Posteriormente por medio de cuentos y hasta su biografía, donde describió coloridamente su relación con el rubio de ojos azules, hermoso, brillante, un fascinante personaje que también incendiaba la mente de sus otros amigos en “el círculo de libertinos”, William S. Burroughs y Jack Kerouac.

 

Beats, letras, homosexualidad, drogas, armas, punk, arte, muerte y por un fugaz instante de reflexión revelada, amor. Burroughs sin duda era un hombre de muchas capas, algunas de ellas impenetrables desde sus gestos secos o la distancia que impone ser un icono de la generación beat, tal vez por eso la película que parte de la novela ‘And the Hippos Were Boiled in Their Tanks’ (finalmente publicada en 2008) y ‘William S. Burroughs: A Man Within’ no son intensamente detalladas, son más bien un tributo, pero aún así es un tributo fascinante.

 

Mientras ‘Kill Your Darlings’ parte de una versión más cercana a los hechos reales, ‘And the Hippos Were Boiled in Their Tanks’ es un recuento de los hechos desde dos perspectivas que terminan uniéndose alrededor de una novela de misterio. Will Dennison (Burroughs) y Mike Ryko (Kerouac) le dan un giro al asesinato, no se centran en el incidente, pero nos llevan a través de diversas anécdotas a ese momento. Juntan hechos, los transforman y capturan escenas de comedia e instantes absurdos, logran una larga broma que se convierte en el estilo literario del que ya se impregnaban, desarrollan su voz con capítulos intercalados como un retrato de un segmento perdido de su generación, que en su hervor emergía como algo duro, honesto y sensacionalmente real.

Por su parte el documental, gracias a las grandiosas imágenes de archivo (muchas de ellas muestran su característica voz), nos encontramos con el viejo líder de varias genraciones, los amigos íntimos de Burroughs (al menos tan íntimos como el propio Burroughs lo permitía), con astutas animaciones de alambres se desarrolla cada tema, que de de una forma u otra se van encadenando para entender poco, un poquito, de su obra y su personalidad. Las entrevistas son primordiales, el director John Waters hace un gran trabajo colocando cada pieza del contexto e importancia de Burroughs en el mundo que lo rodeaba. Las conversaciones con Allen Ginsberg también son reveladoras, sus platicas son parte de la mitología beat, algo que podríamos llamar ‘Bill and Al Show’. Yo vería sin duda ese programa.

 

Si todavía recuerdan ese 2 de agosto de 1997 en que una de las voces de aquella generación que reunía drogas, ironías, pasión y desencanto en algún hotel de París, deben detenerse en ‘William S. Burroughs: A Man Within’, un documental que trata de abarcar todos sus encantos a punta de pistola, al menos es suficiente para que los que no lo conocen tanto descubran su conexión con iconos punk como Patti Smith e Iggy Pop, así como su influencia en Sonic Youth, Gus Van Sant y el concepto de heavy metal, además de su fascinación con las armas, las serpientes y el capítulo que desembocó en sus mejores obras, la muerte de Joan Vollmer, esposa de Burroughs que falleció después de un desafortunada combinación de armas, alcohol y William Tell en la Ciudad de México en 1951.

 

 

No crean que descubrirán detalles sobre sus libros o sus poemas, es sobre el hombre y como tal, vale la pena escuchar su ‘Oración de Acción de Gracias’ de 1986 o escucharlo interpretar con tanta peculiaridad la canción ‘Falling in Love Again’ de Marlene Dietrich en alemán.

 

 

‘A Man Within’ definitivamente está lleno de rayones que evocan y dibujan el esqueleto Burroughs y su visión de la humanidad. No sobra ninguna imagen o palabra, incluso quisieras más, pero es obvio que el director no quiere darte todo el interior, se trata de que lo sigas buscando en el exterior de la película.

El suelo es el límite

Cuando “ya no lo hacen como antes” es el momento en el que agradecemos que el rock and roll desde su inicio haya sido una materia prima maleable, que exige evolución constante y requiere para su crecimiento alejarse con cada paso del origen. Tal vez los puristas extrañan el inicio, añoran el sonido que conocían, pero otros apreciamos sumergirnos en las profundidades de las etiquetas para descubrir géneros a través de su acercamiento al punto de partida desde las diferentes desviaciones en el camino. Algunos desprecian las etiquetas, otros descubren que esas mismas clasificaciones sirven para tomar diversas rutas sonoras, unos más nos enseñan que el origen de un género parte de otro lugar.

 

Así como The Echo Nest reunió cientos de clasificaciones para entender la raíz de muchos grupos y un artículo en The Guardianexploró el punto de partida de algunos géneros, descubro a través del libro ‘Facing The Other Way: The Story of 4AD’ de Martin Aston una breve pausa en su recorrido por la historia del sello discográfico para revelar el origen del shoegaze, ese mismo que alberga al new wave y el lo-fi en una misma gama. El punto de partida para ésta historia es la búsqueda del dueño de 4AD, Ivo Watts-Wallace, con casi una década formando un sonido para el sello, necesita darle un nuevo giro a la industria:

 

“No fue sino hasta el siguiente año, 1990, que a esta nueva camarilla de bandas parecidas a Cocteau (Twins) y (Jesus and) Mary Chain se les dio una etiqueta – la prensa musical se decidió por ‘shoegaze’, primero se acuñó en una reseña en Sounds sobre la banda Moose. Como el gótico, el shoegaze fue más una crítica que un sonido, basado en la forma en que los músicos jóvenes confiaban en gran medida en los pedales de efectos a sus pies, se vieron obligados a mirar hacia abajo en lugar de enfrentar a la audiencia. Ayudó a ocultar el hecho de que estas bandas no siempre mostraban personalidades agobiantes, vocalistas fuertes y rebosante confianza. 
Para utilizar todos los clichés que rodeaban al shoegaze, el sonido era borroso, narcótico, distorsionado y ondulante, de ensueño, era música escapista desempeñada por estudiantes de la opinión de Ivo sobre la música como un paisaje interior y no un punto de vista articulado. El shoegaze parecía casi la negación de la revolución cultural o musical que sucedía alrededor de esas bandas”.

La etiqueta no tardó en extenderse como un recurso peyorativo en la prensa británica y aunque Moose no se convirtió en el grupo más importante, el género no tardó en mostrar propuestas cuya distorsión brindó una nueva desviación cercana y a la vez alejada del punto de origen, una nueva rama que incluye a Slowdive, Swervedriver, Ride, Lush, Pale Saints y My Bloody Valentine, incluso esa misma calle tiene una bifurcación de herederos de la misma raíz de la que partieron sus antecesores (The Velvet Underground, Sonic Youth, Hüsker Dü, The Chameleons, The Cure, Bauhaus y Galaxie 500) que prefieren utilizar los nombres chillwave o new gaze.

Para ser un género que tenía como único límite el suelo, el shoegaze no ha dejado de sentirse a pesar de la extinción de sus principales actos. Su herencia está más presente que nunca gracias a una versión actualizada, que prácticamente retoma muchos de los elementos de esa generación que liberaba su genialidad al mirar sus zapatos. De ese sonido de mediados de los 80 y principios de los 90, algunas bandas han recuperado el estilo y el sonido tan puro que se despreciaba a sí mismo y resultaba introspectivo, aunque sin una confrontación de sentimientos. La nueva versión, nombrada new gaze (nü gaze para aquellos que se quieran sentir más vanguardistas), surge de los restos y recuerdos de la primera oleada de bandas shoegaze, que después de moverse en diferentes direcciones se convirtió en un culto y la fuente de inspiración para nuevos grupos y nuevas audiencias.

 

El sonido de las guitarras fuertemente procesadas en la mezcla renació con “Ágætis Byrjun” de Sigur Rós. Aunque no es estrictamente shoegaze, el disco mostró muchos de sus elementos típicos y un “nuevo” nivel de exploración sonora que desató a una nueva generación, la cual se ha fortalecido en los últimos cuatro años alrededor de un estilo viejo que sigue pareciendo vanguardista.

 

 

Bandas como Asobi Seksu, Crocodiles, M83, Amusement Parks On Fire, The Fields y Radio Dept. se han enfocado más en los sintetizadores que en las guitarras del shoegaze, pero ha conservado su otra virtud: las voces sometidas en volumen y tono a las capas de sonidos, que otorgan un fuerte sentido de la melodía. A pesar que ninguno de los actos del new gaze y sus seguidores vivió el mejor momento del shoegaze, la nueva generación ha comprendido la fuerza que impedía que los integrantes de Lush, My Bloody Valentine, Slowdive y Pale Saints se movieran más allá del espacio marcado por sus pies.

 

Bestia 2016

Fotografías: cortesía de Bestia Festival

La bestia nuevamente fue liberada, cuatro días de intensa experimentación, con sonidos que retan al oído del verso-coro-verso para llevarlo al terreno de las vibraciones, el jam, la liberación de las restricciones del ruido y la constante de Bestia Festival, no encontrarán un evento similar en México, ninguno les va a sacudir de tal forma el oído.

Bestia se va comprendiendo lentamente, empieza a saborearse cada vez más con la intervención de espacios como la Biblioteca José Vasoncelos, el día del concierto extremo y el acompañamiento del cine.

No ha sido fácil para los organizadores, ya lo platicábamos el año pasado con Claudia Curiel cuando nos presentaba los eventos curados por John Zorn, en esa ocasión se trataba de un órgano monumental a punto de hablar por el ‘Dr. Caligari’, en el 2016 se trató de ‘El Hombre de la Cámara’ y el Ciclo Georges Meliès, dos propuestas silentes que en su momento fueron un verdadero reto para el espectador, similar a lo que realiza Bestia en la Ciudad de México.

Bajo la sombra de ‘Matrix Móvil’ de Gabriel Orozco, Bestia Festival inició con 47 minutos de vibraciones que nos envolvieron nuevamente en el sonido avant-garde, la pieza de Jim O’Rourke que crece de forma abrumadora conforme se suman instrumentos. La ballena nos observaba flotando en la Biblioteca José Vasconcelos mientras los cambios microtonales iban hacia los macrotonales, fuimos claramente hipnotizados por el oído. Ritmos, divisiones, la estructura que desde el inicio retó a los asistentes a dejarse llevar hacia el interior, con el corazón saltando un latido al seguir la ejecución en un espacio que desde su misma estructura parece concebido para Bestia.

En el segundo día nos trasladamos a la Cineteca Nacional para presenciar la primera muestra de cine musicalizado del festival, en su momento ‘El hombre de la cámara’ de Dziga Vertov fue una de las primeras propuestas que mezcló el documental y el cinema verité con una serie de soundtracks en vivo que lograban resaltar la propuesta visual experimental que hasta la fecha es considerada como una obra de genialidad basada en los recursos y el discurso.

La música interpretada por Julián Bonequi, Dora Bartilotti y Fernando Vigueras llevó a ‘El hombre de la cámara’ a la idea central de Bestia, la renovación de proyectos audiovisuales a través del contexto sonoro. Las diversas exposiciones, los acercamientos, las aceleraciones y los fragmentos de 1929 sobre Rusia después de la revolución siempre resultan impactantes, sobre todo cuando la yuxtaposición del sonido renuevan lo que vemos en la pantalla.

CONCIERTO DE MÚSICA EXTREMA

A falta de mejor término, llamemos a lo que trae el festival Bestia “música extrema”. A su directora, Claudia Curiel, no le agrada la otra opción de “música experimental” porque espanta a la gente. Y tiene razón. Por “música extrema” entendamos música llevada hasta sus últimas consecuencias, hasta los límites de sus tres componentes básicos: ritmo, melodía y armonía de tal modo que ponga al escucha al borde de sí mismo, que desparrame el ser en la música, como destrozado por una bestia.

En su cuarta edición, el festival no desmereció a la leyenda que poco a poco va construyéndose. El sábado 3 de diciembre, en el Lunario del Auditorio Nacional, tuvo lugar la noche magna. En un festival como Bestia, Cleric es la banda fresa, ruidosas embestidas de jazz metálico y al mismo tiempo groovie con vocalizaciones salidas del meritito infierno.

Para lo de Simulacrum simplemente no hay palabras que le hagan justicia. John Medeski en el órgano (de Medeski, Martin & Wood), Kenny Grohowsky (de Abraxas) en los tambores y el guitarrista Matt Hollenberg (quien había tocado previamente con Cleric) interpretaron las composiciones de John Zorn que integran su único álbum.

Claudia Curiel, organizadora del festival, en entrevista para Rock 101, ya había anticipado que Simulacrum era la banda que no había que perderse en esta edición, y cuánta razón tenía. El sonido que esos tres hombres sacaron de sus instrumentos te emocionaba, pero te hacía pensar, hasta que al final te despellejaba, te dejaba en un gran vacío de música y soledad del ser.

Y si dijimos que Cleric era la banda fresa, en el festival Bestia la banda pop es Godflesh. G.C. Green al bajo y Justin Broadrick a la guitarra y voz, acompañados por secas programaciones, entregando su precursora marca de metal industrial. Es una banda de antaño, que nunca había venido a México, por lo que buena parte del público que llenó el lunario los estaba esperando. Invocaciones a Black Sabath sobre un paisaje rítmico post apocalipsis industrial y vocalizaciones de zombie radioactivo. Godflesh cumplió con las pantanosas expectativas de su público tras una estela de masacre auditiva que bien honró la denominación bestial de este festival.

EL VIAJE A LA LUNA

Al día siguiente, domingo 4 de diciembre, cerramos con un singular cineclub. Una selección de cortometrajes del vanguardista del cine Georges Meliès. Con el acompañamiento en vivo de la música preparada en exclusiva para el festival Bestia-Aural por un ensamble compuesto por John Medeski al órgano (y la flauta, y la medólica), Lee Ranaldo –de Sonic Youth- en la guitarra, el baterista Kenny Grohowsky –de Abraxas, y quien había tocado con Medeski en Simulacrum la noche anterior- y Mike Rivard en el bajo –un colaborador de Morphine-.

Experiencia única a la que cabría suponer que ninguno de los presentes se arrepintió de asistir, pues el maridaje de las alucinadas visiones de Meliès con el ejercicio atmosférico que los ejecutantes obsequiaron arriba del escenario, de espaldas al público, pendientes ellos también del ritmo que marcaba cada filme, elevaba el resultado sensorial a una suma considerablemente mayor a los factores que la componían.

Para cerrar la primera parte, el vocalista de Cleric se les unió en la cinta llamada “Fausto en los infiernos”, aportando los alaridos de condenado propios para la ocasión. Tras breve intermedio, salieron para el apoteósico cierre, con Ranaldo aporreando, acariciando y sacudiendo su guitarra con baquetas, arcos de violín y lo que por momentos parecían susurros de distorsión, alcanzando un clímax liberador con El viaje a la luna, lo que todos estábamos esperando, que culmina en un frenesí no muy distante al de Sonic Youth.

Y cada uno se retira, perdiéndose en el pelaje negro de la noche, imaginando, en fantasías salvajes. qué bestias esperan para desgarrarnos en el futuro.

#SonicArsenal – Dejar para existir: la música de Charles Manson

 

“Mi música no es música. Es un rap, una plática. Nada de lo que hago termina. Lo hago de una sola vez desde el alma en trance. No es entretenimiento. No soy un payaso o un actor” – Charles Manson

 

Dicen que es un genio y que se hubiera tenido la oportunidad habría alcanzado a los Beatles, pero es mejor conocido por el otro camino, el de la infamia que refleja demasiados sueños ácidos y chicas hippies colgados a una secta que arrojó horrores para zonas todavía inexplicables. Su música es una metamorfosis que va de un cantante de folk, hasta una especie de icono contra lo establecido que observa desde un póster.

 

Su música definitivamente refleja la historia de su vida, que en su mayoría transcurrió en una prisión, muestra el rock que ‘Helter Skelter’ le impregnó y el punk que surgió todavía muchos años después de ser sentenciado a permanecer encerrado de por vida en una cárcel en California.

 

Mucho antes de convertirse en el personaje infame que hipnotiza con su mirada y un poco después de cumplir varias condenas por robo y fraude con cheques, Charles Milles Manson tenía la firme ilusión de convertirse en una voz de la contracultura y un compositor que impregnara a todos con sus pensamientos apocalípticos. Desde que llegó a Los Angeles persiguió un contrato discográfico y se unió a varios personajes para poder difundir su música, sin embargo sólo unos cuantos lograron escucharlo antes de convertirse en el autor intelectual de los asesinatos en la casa del director Roman Polanski.

 

LSD = VENERACIÓN

Antes de que los Beatles le confirmaran a través de ‘Helter Skelter’ que sus teorías sobre el fin del mundo eran reales (al menos así lo entendió), Charles Manson mostró su música, hizo varios demos y causó el caos en los estudios de grabación al querer incorporar a sus seguidores de La Familia en una sola toma, tan conflictivo fue el asunto que ningún sello quiso darle otra oportunidad cuando todavía era libre. Como muchas personas que lo rodeaban, Dennis Wilson y Neil Young lo veneraban y apreciaban su música, tal vez había demasiado LSD a su alrededor provocando algunas impresiones exageradas.

 

Wilson logró que los Beach Boys grabaran la canción ‘Cease to Exist’, que apareció en el disco ‘20/20’ bajo el título de ‘Never Learn Not to Love. La ayuda de Neil Young llegó mucho después, el músico le consiguió un contrato discográfico para financiar su defensa en el caso Tate-LaBianca y no se cansó de repetir que Manson “hizo un tipo de música que nadie había hecho antes. Podría sentarse con una guitarra, empezar a tocar y crear algo diferente cada vez. Solo salía y salía. Musicalmente pienso que es único. Tiene algo de locura, algo de grandeza. Era como un poeta viviente”.

 

Precisamente esa fama de pacheco, poeta y loco es la que lo convirtió en un icono desde el encierro, desde su celda creó a una estrella de rock que ha influenciado a mucho músicos, que recibe cerca de 60,000 cartas al año y que ha quedado plasmado en miles de camisetas desde 1969. Charles Manson decía que él y La Familia sobrevivirían al holocausto racial en el desierto y que así lograrían trascender en la historia, la verdad es que sólo Manson alcanzó su objetivo: volverse una figura que mueve masas a través de su música. El resto sólo fue encerrado y olvidado.

 

MÚSICA DE CHARLES MANSON 

 

INSPIRADOS POR CHARLES MANSON

 

  • ‘Look At Your Game Girl’- Guns N’ Roses incluyó como track oculto de ‘The Spaghetti Incident’ ésta canción original de Charles Manson.

  • ‘Piggy’ y ‘March Of The Pigs’ – Nine Inch Nails incluyó estas canciones en el disco ‘The Downward Spiral’, grabado parcialmente en la casa de Roman Polanski y que fue acreditado en el álbum como Le Pig of Beverly Hills Studio. Ambos tracks son referencia directa a la palabra escrita en la escena de los asesinatos con sangre: “PIG”.
  • ‘My Monkey’ – Canción incluida en ‘Portrait of an American Family’ de Marilyn Manson y que cuenta con cuatro líneas extraídas del corte ‘Mechanical Man’ de Charles Manson.
  • ‘ATWA’ – Corte inspirado por el movimiento ecologista “Air, Trees, Water, Animals” (conocido también como ATWAR) que impulsó Manson. Fue incluido en el disco ‘Toxicity’ de System Of A Down, en el booklet del álbum el grupo también le agradece su gran aportación a su música.
  • ‘Bloodbath in Paradise’ – Ozzy Osbourne se inspiró en Manson y La Familia para escribir ésta canción del disco ‘No Rest for the Wicked’.
  • ‘Tin Omen’ y ‘Worlock’ – Skinny Puppy incluyó en la primera sampleos de la voz de Manson. La segunda fue incluida en el álbum ‘Rabies’, en el punto medular de la canción puedes escuchar a Charles Manson cantando ‘Helter Skelter’ con Al Jourgensen (Ministry) haciéndose cargo de la guitarra.
  • ‘Death Valley 69’ – Sonic Youth grabó ésta canción para su disco ‘Bad Moon Rising’. El corte fue inspirado por la zona en la que La Familia se escondería y muestra a grades rasgos como fue la noche del 9 de agosto de 1969.

#NoHayFuturo – Señor, lo estaba esperando

 

Escribo esto al llegar a casa tras una junta maratónica, en medio de la que nos hemos enterado mi socia y yo que ha fallecido Leonard Cohen,  ella lo tomó a la ligera diciendo que ya lo veía venir, yo, decidí seguir con velocidad para terminar lo más pronto posible, abrir una botella de vino y rendirle luto a una de las figuras que sin querer siempre estuvo ahí en mi vida.

 

Desde niño recuerdo en casa de mis abuelos, donde crecí, mi tío escuchaba tanto a Victor Manuel y Serrat como a Leonard Cohen o Dylan, ahí fue donde me familiaricé con esas melodías y con canciones contadas, habladas.

 

Alrededor de los 15 cuando ya por voluntad propia comencé a descubrir los árboles genealógicos de la música, descubrí que en verdad me gustaba el trabajo del viejo. A lo largo de los años apareció y desapareció, me hizo leer a García Lorca, como también me hizo descubrir (eso si junto a Sonic Youth) a Morente. Que me hizo amar esta parte de flamenco psicodélica gracias al disco ‘Omega’ que hizo en mancuerna Enrique Morente con Lagartija Nick, un homenaje flamenco-rockero-psicodelico-lisergico, en el que esta fusión rockera/gitana cantaba la obra de García Lorca y Leonard Cohen.

 

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Con Leonard Cohen con una relación itinerante, siempre iba y venia, en una temporada solía fumar marihuana y diseccionar sus canciones, las analizaba hasta olvidar el origen del tren de pensamiento que me llevó a miles de reflexiones en el camino. Incluso antes de pensar que algún día sería manager de Belafonte Sensacional, con Belafonte pasaba horas enteras bebiendo, fumando y reflexionando las canciones de Cohen en un apartamento de la calle de Regina que hacia las veces de cuartel fiesteraca y hoyo funky.

 

En la intimidad también llegó a aparecer en una etapa oscura en la que con pose de raro e inadaptado seducía chicas con canciones de Serge Gainsburg y Cohen, para convencerlas de que me bailaran hasta que el amor se nos terminara.

 

Me toco ir de promo con Nacho Vegas cuando contaba a todo mundo como en la entrega del Premio Príncipe de Asturias, trató de advertirle a Cohen que alguna de las manos que sacudía al recibir el premio pudo haber sido la misma que disparó a Lorca.

 

Siempre tuve la esperanza de poder llegar a un concierto de Cohen, y las apuestas crecieron cuando su manager le chingó su feria y el buen Cohen tuvo que salir de su retiro y regresar a la civilización para tratar de hacer una nueva fortuna, a la única manera que sabía, con la música.

 

Hace apenas unas semanas escribiendo en un Starbucks a falta de luz o Internet en mi oficina, le di la primera escucha a ‘You Want It Darker’, se me salieron unas lagrimas, no puedo negarlo.

 

Al llegar a “String Reprise/Treaty” se me rompió el corazón, me temblaron las manos de la emoción de saber al viejo Cohen vivo, con un disco y con la posible oportunidad de que el álbum lo llevara de gira y pudiera verlo.

 

Hoy bebo un vino y mientras veo este monitor, agradezco los infinitos momentos que la música de Cohen me ha dado, pero siento saudade de no poder lograr ese sueño de poder verlo moverse en un escenario, de no escuchar su viva voz susurrar al micrófono. Me queda esperar que  Morente lo reciba en el más allá extendiéndole la mano para decirle “Señor, lo estaba esperando” mientras con lagrimas en los ojos vuelvo a escuchar:

 

“I wish there was a treaty we could sign

It’s over now, the water and the wine

We were broken then but now we’re borderline

And I wish there was a treaty,

I wish there was a treaty between your love and mine”

#NoHayFuturo – Los Beach Boys en Galicia

 

En 2007 cuando apareció su álbum debut un grupo de neo punks llamado Triángulo de Amor Bizarro nos dejó con la boca abierta, cantando de transiciones, balas y vocalistas apedreadas por el partido humanista, con un sonido que va de la psicodelia de Sonic Youth y The Jesus and Mary Chain, con la influencia política de Los Planetas, Kortatu y Eskorbuto.

 

Casi 10 años después esta pandilla de gallegos lanzó en enero su álbum ‘Salve Discordia’, pero decidieron hacer una pausa en medio de la promoción de esta placa para lanzar “A cantinga de Juan C”, un merecido y fabuloso homenaje a “The John B Sails”, una canción con 100 años de historia proveniente de las Bahamas que popularizaron los Beach Boys, pero que antes ya había pasado por la voz de Johnny Cash, que suena en gallego con una nostalgia particular pidiendo poder regresar a la tierra que vio nacer a estos bellacos luego de beber toda la noche en medio de una gira que los ha llevado por Chile, Estados Unidos, España y ahora México.

 

Del under al mainstream y la extinción

La música alternativa no inició con Nirvana y su ‘Smells Like Teen Spirit’, mucho antes de ‘Nevermind’ existió toda una cultura underground que era considerada alternativa para la música convencional. Mucho antes de convertirse en una sección en las tiendas de discos, que sólo indica que lo que no sepas definir puede acomodarse ahí, existieron una serie de grupos que eran lo opuesto a la corriente principal, básicamente podemos decir que han existido desde el nacimiento del rock.

 

Elvis Presley era la alternativa al pop meloso de los 50, los Rolling Stones eran la alternativa malosa a los Beatles, Bob Dylan era la respuesta aguerrida al folk tradicional y los Ramones fueron la oposición a las largas canciones del rock progresivo. Bajo esos simples términos, todo grupo ha pasado por una fase alternativa hasta que se los traga el mainstream. Aunque desde hace varios años el mismo término ya es una herramienta de la corriente principal, la palabra en algún momento tuvo una connotación que exigía respeto y marcaba una independencia ideológica, que muchos grupos pertenecientes a las grandes disqueras no podían presumir.

 

LA CULTURA IGNORADA

El término alternativo fue manoseado constantemente durante la década de los noventas, sin embargo la palabra fue acuñada desde los 70 y 80 para describir la tendencia post-punk que se iba extendiendo y que era asociada con otras formas de cultura que iban en contra de lo que dictaban los medios de comunicación o cualquier estilo de vida más popular. Simplemente, en esa época se empezó a utilizar el término para definir ese estilo que era ignorado por las grandes compañías y que se mantenía orgullosamente al margen de esa línea.

 

A la par de ese movimiento surgieron formas de expresión en los medios de comunicación, unas pocas publicaciones (la mayoría fanzines) y estaciones de radio (predominantemente colegiales o que trasmitían de forma ilegal, piratas para terminar pronto) dedicaban grandes espacios a la música alternativa, que en esos momentos todavía no alcanzaba gran popularidad, pero estaba a punto de convertirse en uno de los géneros más perseguidos por su naturaleza vanguardista.

 

El rock alternativo se volvió más popular a mediados de los 80’s, en gran parte gracias a la insistencia del locutor de la BBC John Peel, que tuvo uno de los pocos espacios alternativos antes de que existiera la palabra, y las estaciones de radio colegiales, la cuales trataron de alejarse del término alternativo y acuñaron la etiqueta college rock para albergar a todos esos grupos eran escuchados exclusivamente por adolescentes y universitarios. Dentro de esa línea los favoritos de la escena alternativa y las estaciones de radio estudiantiles eran R.E.M., Husker Dü, Pixies, XTC, New Order, The Smiths, U2 y Sonic Youth, que posteriormente superaron la no-existencia relacionada con lo alternativo y encontraron el éxito comercial o al menos el reconocimiento masivo.

 

Próxima semana: la deuda con el punk en este blog.

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