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Sonic Arsenal – The Creatures – El sonido frenético de la afirmación

The Creatures es primigenio: se encuentra en nuestras entrañas, en nuestros instintos más profundos emergiendo Budgie

Hoy que tenemos día de brujas en #SonicArsenal, planeaba contarles la historia de ‘Peepshow’ a través del libro que recientemente se sumo a la serie 33 1/3, sin embargo revisando historias me di cuenta que justo hace 15 años esperábamos a un grupo, nos llenamos de promesas y tan solo nos quedamos con un último disco de The Creatures, eso cambió el contenido de este blog semanal.

Como punto de partida tenemos a Susan, que presenció muchos de los conciertos de Sex Pistols, hasta convertirse en uno de los personajes del círculo cercano al grupo. Se sumergió en el espíritu DIY y pronto creó su propia banda, que en sus primeras tocadas contó con el apoyo de Sid Vicious. Montones de grupos siguieron el mismo camino, pero sólo Siouxie Sioux supo mantener a los Banshees en alto, al igual que su sonido distintivo.

Cerca de 20 años fue lider del grupo, en el transcurso inventó parte del dark wave, inspiró a muchos con su vestimenta negra, cabello tieso alborotado y agregó el maquillaje pálido. En los setentas, Siouxsie refrescó la agresividad punk con glamour y feminidad, cualidades ausentes en la escena.

Siouxie Sioux & The Banshees sin duda marcó a muchas criaturas de la noche, sin embargo sus mayores ambiciones no se quedan ahí. The Creatures es su proyecto más elevado que se puede comparar con un sólido experimento producto de una alineación accidental. Los Banshees estaban en el estudio trabajando en ‘Ju-Ju’, John y Steve fueron por una taza de té, cuando regresaron el baterista Budgie y la vocalista Sioux habían tenido una revelación, que posteriormente se convertiría en un EP y un largo matrimonio.

1981: AÑO CERO
“Budgie y yo sólo empezamos a hacer ésta cosa alrededor de las letras. Funcionó y lo grabamos en el EP ‘The Wild Things’, es de la misma época que ‘Ju-Ju’”. Debido a la creciente fama de Siouxie & The Banshees, The Creatures se quedó como proyecto alterno, al que recurrían cada vez que se aburrían un poco o cada vez que los Banshees llegaban a un callejón sin salida. En esos días, hacer discos de The Creatures era parte de su vida diaria, sobre todo con la primera separación de los Banshees en 1995.

A pesar de que en el 2002 el grupo realizó la gira ‘Seven Year Itch’, ya no existen posibilidades de una reunión de los Banshees, simplemente porque Siouxsie y Budgie decidieron concentrarse en The Creatures, con ánimos de convertir al proyecto en su fuerza creativa primaria, pero ahí nos deben otra, no se vio coronada la idea con una serie de discos con mayor continuidad.

HAI! fue el primer esfuerzo, que rompía la tradición de lanzar un nuevo álbum cada cuatro años, surgió exactamente 24 horas después de que la gira con los Banshees concluyera en Japón, marcó el fin de una era y el inicio de una serie de sesiones experimentales en Tokio al lado de Leonard Eto. El baterista aceptó unirse a The Creatures sólo un día, pero el resultado de esas sesiones improvisadas simplemente fue genial. Esa presión en la grabación imprimió en el álbum atmósferas densas, ritmos frenéticos y una gran cantidad de voces viscerales. El resultado final se aproxima a muchas cosas que hicieron los Banshees, sin embargo éste proyecto tiene grandes características como para separarse de las comparaciones.

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BANSHEE VS. CREATURE
“Supuse que se harían algunas comparaciones”, dijo en algún momento Siouxie. “La diferencia con The Creatures es que siempre está regido por la batería y la voz. No es todo sobre chirridos en las guitarras y sonidos de un gran macho. Es mucho más sutil en ese sentido”. Esa sutileza se desborda en HAI!, en parte porque el grupo intenta despegarse de todo lo que había realizado antes. Para Budgie todo se reducía a: “el espíritu de Japón tocó nuestras almas y un nuevo capítulo en la historia de The Creatures’ comenzó”.

HAI! fue el último momento del grupo, un álbum mucho más denso que sus tres antecesores de larga duración, construido sobre capas y capas de xylofonos, campanas y tuberías de acero, maniobrados ingeniosamente por Budgie y Leonard Eto, mientras que Sioux susurraba y canturreaba como una sirena creada en la década de los 40. El material fue tan misterioso y sensual como la imagen de la portada, destilando un sublime minimalismo: simpleza cargada de atmósfera.

 

 

Cada track fue hecho para disfrutarse con audífonos, listo para dejarte caer un atracón auditivo. Inmediatamente podías sentir la influencia del director Akira Kurosawa, combinándose con tendencias occidentales. Desde ‘Say Yes!’ hasta ‘Around the World’ y ‘Seven Tears’, te sientes atrapado en esas historias llenas honor y costumbres, con una imaginería que a veces resulta difícil de comprender para aquellos que no pueden darse una pausa de contemplación.

Antes de quedarnos colgados con esa sensación de lo que prometía más hace 15 años y nunca llegó, recomiendo el clásico del cine B, ‘Godzilla!’ y la seductora cadencia de ‘Imagoro’. Unos minutos después hay un nuevo cambio y aparece el tópico más relacionado con Sioux, sexo traducido en ‘Tourniquet’, ligado inmediatamente con el fatalismo de ‘Further Nearer’ y la desolación de ‘City Island’.

 

 

En medio de esa sentimiento de claustrofobia surge ‘Tantara!’, que extrañamente cierra el disco de forma positiva, recalcando el título del disco, HAI!, que puede traducirse del japonés simplemente como “SI”. La palabra revela mucho de la situación de The Creatures: “No más tal vez, no más un podría ser, ¡di si!”.

 

Sonic Arsenal – The Residents, intrusiones avant pop

Durante 50 años The Residents ha permanecido en el anonimato, apareciendo en público disfrazados desde ojos gigantescos y criaturas marinas a ancianos y payasos tétricos, negándose a brindar entrevistas a cualquier medio de comunicación, estableciendo que Cryptic Corporation es la única organización que maneja todos sus asuntos con el mundo exterior en general.

Anonimato es la clave. El grupo nunca ha sentido la necesidad de que el público sepa hacia dónde van ni lo que están haciendo, ¿por qué? eso tampoco se puede saber (hay un montón de otras razones que no voy a explicar aquí). Cryptic Corporation, como vocero, ha garantizado cierta información, pero aún así el proyecto sigue siendo un curioso caso, en su propio nivel, casi similar a la CIA y la necesidad de conocimiento que requiere un alto nivel de seguridad.

Aún así lo que hemos leído de voz de sus colaboradores cercanos puede ser un poco dudoso. Las preguntas específicas sobre la metodología y el motivo son incontestables y se dejan a la mente del usuario. Es como viajar en aguas desconocidas y hacer el mapa hacia arriba a medida que se avanza, todo es personal y empírico, pero con la herencia de la época hippie en la que aparecieron como colectivo creativo al que continuamente le roban los ojos.

Solo sabemos que el grupo escribe, graba y produce todos los sonidos, que sus álbumes son compilados en secreto y que las grabaciones se hacen al estilo de una banda sonora de una película. El resultado es una serie de obras densas que asienten con la cabeza hacia los estados de ánimo orquestales, punk, electrónica, distorsiones, avant-jazz, sinfonías clásicas y voces nasales.

También sabemos que hay requisitos, un lugar común para los artistas que quieren mantener en orden todos los aspectos de una producción, pero para The Residentes va mucho más allá de las teorías en general y los planes de acción del control. Ahora también sabemos que The Residents piensan en todo como una extensión de un álbum, por eso han trabajado últimamente en ampliar su colección de CD-ROM, que de por sí ya es toda una experiencia.

De hecho, ahora ven su música como una actividad multitasking, porque en la actualidad ya nadie tiene tiempo para realizar el ejercicio de poner un álbum y solo escuchar, por eso creen que deben preparar a la gente para hacerlo. Aunque suene novedoso prepararte para escuchar, The Residents no son nuevos en eso, desde sus inicios en 1969 han echado mano de la iconografía de la cultura popular para obligarte a poner atención y si no lo has hecho, probablemente te has perdido el documental sobre su historia.

 

Pero en sus CD-ROM todo cobra una nueva vida en modo interactivo, y ahí es donde el genio creativo de The Residents te permite ser un usuario que manipula cada aspecto de sus personajes. Todo se vuelve un control multi-media, incluso te permiten manipular sus canciones mientras las imágenes vuelan. Tal vez se han vuelto más complicados con los años, incluso hasta más ruidosos, pero escuchando su nuevo material se percibe un sentido de la transformación.

 

 

Como culto de los hombres sin rostro con un ácido sentido de la parodia, son amos de la experimentación sonora, han jugado con música de Sun Ra, Hank Williams, George Gershwin, Frank Zappa, Beatles, Rolling Stones y John Cage, pero también son maestros en el uso de fragmentos de grabaciones de cassettes con cantos de aves, soldados de la guerra de Vietnam, efectos de sonido y piezas de un minuto sustentadas en jingles y fragmentos de programas de radio.

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Tienen más 60 discos, pero su colección en realidad es de 200 grabaciones, demasiado material para sumergirse, sin embargo, si no se han adentrado en el mundo de The Residents, la forma fácil y directa es comprarse el disco que lanzaron para festejar su trayectoria en la oscuridad, Petting Zoo, una retrospectiva que va desde 1972 hasta el 2002 y que muestra las diferentes facetas del grupo.

Por supuesto la mejor opción para muchos fue haberlos visto en el Festival Aural, el único lugar donde se han dado el lujo de tanto ruido.

Sonic Arsenal – Blues Explosion, el anonimato y el ruido

Podría decirse que Jon Spencer Blues Explosion es la influencia de gran parte del sonido que mueve en la actualidad, pero a pesar de eso no es precisamente la banda más conocida antes de su inclusión en ‘Baby Driver’. Ser una gloriosa influencia neoyorquina nunca ha sido fácil, sobre todo cuando un grupo ve como todos sus discípulos pasan a las grandes ligas mientras ellos siguen tocando en un pequeño circuito.

Aunque la oscuridad en la que se ha mantenido Jon Spencer Blues Explosion causaría una gran depresión a cualquiera, sus integrantes ignoran el hecho y declaran en todo momento que aman tanto la música que podrían hacerlo “hasta como broma”. A pocos días del lanzamiento de un disco solista de Jon Spencer, seguimos inspirados por él y su grupo, le dedicamos todo un programa y hablaremos del lanzamiento hace 20 años de ‘Acme’, un álbum que desafió las reglas del blues y nos llevó a una amalgama que hoy entendemos con toda claridad, no te pierdas el especial el próximo viernes 19 de octubre en #SonicArsenal.

 

La ligereza de su filosofía no es tan parecida a su sonido, por lo mismo las críticas se dividen y colocan a Jon Spencer Blues Explosion como un grupo sumamente inspirado o un proyecto armado con cálculo extremo. La verdad es que estos neoyorquinos siguen ambas líneas, por una parte dejan que emerja al vocalista Jon Spencer como un Elvis Presley acelerado y por otra desarrollan un tipo de música tan complicada que no puede ser simplemente un acto de mercadotecnia. También es verdad que la esencia de JSBE es la actitud, es más estilo que sustancia en sus conciertos y todos sus discos, pero tampoco podemos pasar por alto que su ruido es increíble.

EL BLUES Y EL PUNK
Las dos guitarras, la batería y la ausencia del bajo (mucho antes que Black Keys y White Stripes) han conseguido a lo largo de 27 años calcar el esqueleto del blues, aunque han agregado algunos toques distorsionados y estruendosos que parecen alejarse de sus raíces. El cantante de blues Rufus Thomas y los Rolling Stones son las grandes inspiraciones de Jon Spencer, Judah Bauer y Russell Simins, quienes antes de incorporarse a Blues Explosion eran parte de distintos grupos de punk neoyorquinos como Pussy Galore y Honeymoon Killers. Lo aprendido en esas bandas llevó hasta el nuevo grupo la anarquía, que en ciertos momentos llegó a clasificarse como anti-rock porque parecía ir en contra de todo estándar o ritmo. De hecho en producciones como “Crypt Syle” (1992) y “Extra Widht” (1993) es tan evidente su gusto por la distorsión y el ruido que es imposible entender algo.

La primera encarnación de esa banda fue Jon Spencer Blues Explosion, el trío era sólo un escaparate para su vocalista, sin embargo a principios del 2004 Jon Spencer decidió cercenar su nombre y dejar que el grupo mostrara su esencia y ese alarido que surge en sus conciertos entre canción y canción: ¡Blues Explosion, Blues Explosion!. Ese grito de guerra es el nuevo nombre de la banda, que después de siete producciones finalmente cobrará las cuentas que le deben todos los ídolos de Nueva York, Detroit y Ohio de la década pasada.

 

 

CLICHÉS DEL ROCK
‘Damage’ fue la introducción para muchos en la era 00, era el producto de los tres anteriores discos de Blues Explosion con un sonido suavizado y más estudiado para alcanzar a esas personas que no entendían su forma de explotar. Lo que en ‘Orange’ (1994) surgió como experimentación en una serie de instrumentos de viento, el intento de imitar el góspel, un Theremin y un rap de Beck vía telefónica en ‘Damage’ fluyó como una muestra de madurez. El ruido seguía ahí, al igual que su necesidad de destruir y reconstruir los clichés del rock.

En ‘Acme’ (1998) y ‘Plastic Fang’ (2002) Jon Spencer Blues Explosion tomó sus propias experiencias para inspirar su música y sus letras, con lo que acuñaron un estilo que lograba acercarlos más a la gente. Simplemente sus canciones eran mejor recibidas y finalmente fueron comprendidas, solo así su explosión de blues y punk logró salir del subterráneo para llevarlos hasta ‘Damage’, que en su intento por alcanzar un poquito del reconocimiento que se les debía los alejó de la disquera que había creído ciegamente en ellos, Matador, y los acercó a un sello que podría mantenerlos en el culto y al mismo tiempo brindarles un poco de fama, Sanctuary.

Los conocedores de la música de JSBE sin duda extrañaron algo en esa nueva encarnación, porque a pesar que la fuerza seguía ahí el grupo sonaba menos anárquico, algo que fueron recuperando con los años, bajo la idea principal: “¡Damas y caballeros, está no es música del diablo!” y aquel “no hacemos blues, hacemos rock and roll”.  Ahí sigue la necesidad de explicar todo desde una perspectiva mundana, ahí surge todavía el dolor, las golpizas, algo de sexo, similitudes entre Arizona y Marte, las infidelidades y uno que otro recuerdo de que el blues no ha muerto y solo se ha transformado en una explosión de tres hombres capaces de tocar en 90 minutos 157 canciones.

1. Afro (Extra Width, 1993)
2. Blues X Man (Orange, 1994)
3. Chicken Walk (Jon Spencer Blues Explosion, )
4. Hot Shot (Now I Got Worry, 1996)
5. Magical Colors (Acme, 1998)

Butter 08: Participan Miho Hatori y Yuka Honda (Cibo Matto), Russell Simins, Rick Lee (Skeleton Key ) y el diseñador gráfico Mike Mills.
Workdogs: Participan Rob Kennedy, Scott Jarvis, Jon Spencer y Terry Teel.
Boss Hog: Participan Christina Martinez (Pussy Galore y esposa del vocalista de Blues Explosion), Jerry Teel, Kurt Wolf y Jon Spencer.

Sonic Arsenal – No hay olor en el jardín del edén

Será hasta septiembre cuando los medios empiecen a saturarse con la idea ‘Nevermind’, parece que todavía no salimos de ahí y Netflix los sabe (si no entendiste la referencia, todavía no has visto ‘Everything Sucks’), solo hace unos días todo mundo se volvía a azotar con la idea de la pérdida, sin embargo mis recuerdos de esa misma historia tienen otra perspectiva, porqué no hay olor en el jardín del edén.

Casi tres décadas parecen mucho, sobre todo cuando el radar musical ha dado tantos saltos para marcar una vida no solo personal sino también profesional. Cuando has establecido una relación íntima con tus discos y has logrado condensar todas esas ideas en 60 GB que te acompañan constantemente, lo lógico es haber establecido relaciones igual de estrechas con momentos relacionados con esos sonidos, en mi caso han crecido a través de las pausas que me ha obligado a adoptar mi achacoso yo y los momentos específicos que relaciono con anécdotas (propias y ajenas) y personas, entre ellos la ausencia de Nirvana.

En ocasiones me han pedido que escriba sobre el grupo y la importancia de ‘Nervermind’, ambos los relaciono con el estado mental de mi generación y la innegable indiferencia que dividía a los Beavis de las Darias, el impacto de un sonido que en su crudeza exaltaba las agallas reprimidas por varias crisis económicas y sociales. Pero, a pesar de haber estado ahí, lo que conecta mis recuerdos de la adolescencia no es precisamente Nirvana, tal vez un poco de grunge vía Mother Love Bone y Pearl Jam, la querida franelita y el aprendizaje de muchos géneros a través de mis compañeros en la preparatoria, sin embargo nada es tan vívido como las razones por las que una de las canciones que más escuché en esa época no fue ‘Smells Like Teen Spirit’ sino ‘In-A-Gadda-Da-Vida’.

Dicen que tu playlist puede cambiar tu vida, ciertamente me ha ocurrido en muchas ocasiones, incluyendo los 17 minutos de Iron Butterfly que aparecieron en Espumas, el antrillo de mesas de Corona que rodeaban el hueco de concreto que tanto hacía de barra como de zona de democratización de sonidos, donde a través de una simple grabadora las propuestas llegaban en cassettes grabados por los estudiantes que ahí nos reuníamos. Ahí fue mi primer acercamiento con los sonidos que finalmente se convirtieron en parte de las múltiples obsesiones que hoy dominan mis horas al escribir y hablar sobre música.

A la grabadora de acceso comunitario también llegaron aquellos CDs que aparecieron en la tienda de discos local, Aquarius; Alice In Chains, Soundgarden y la oleada completa del I Want My MTV versión nación alternativa y 120 minutos, pero estuvieron poco tiempo en rotación, Espumas cambió de dueño y la nueva administración acabó con el simple concreto y aserrín y lo sustituyó con una alfombra, colocó luces de neón en el techo y reemplazó la grabadora con una rockola que acabó con nuestra costumbre de escuchar música variada mientras realizábamos el balance de las tardes con una cerveza en una mano y un cigarrillo en la otra.

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No recuerdo cuánto costaba cada canción, pero si tengo muy presente en la memoria que no tardaron en llegar los silencios prolongados en aquellos viernes de los 90, donde las preocupaciones adolescentes poco tenían que ver con la economía de nuevos pesos y campanazos zapatistas, todo era sobre esa ecuación en que la mayor cantidad de canciones impactaba la cantidad de cervezas y que más bebidas implicaba menos ambiente… hasta que alguien descubrió aquel álbum de 1968 que adecuó su pscodélia a las luces rosas y azules de Espumas en plena Generación X. El rock ácido se esparció por las paredes de ese cuarto de pequeñas dimensiones que decía ser un bar.

El tiempo se convirtió en nuestra mayor inversión, ‘In-A-Gadda-Da-Vida’ abarcaba el espacio que fácilmente podrían ocupar otros cortes de punk y rock, lograba el ambiente robado a nuestra economía de cassettes (que aún era moneda en circulación en el viejo Datsun azul). Iron Butterfly se convirtió en una de las mejores inversiones de la coperacha (pobre de aquel que pusiera por error la versión editada), el marco de los mejores recuerdos que tengo de mi adolescencia, donde esos 17 minutos se repetían una y otra vez, suspendiendo la memoria como si no tuviéramos prisa por llegar a ser adultos. La última vez que escuché con esa intensidad la canción fue cuando Espumas agregó discos pop a la rockola (finalmente notaron que los rockeros siempre andábamos quebrados) y me fui en camino hacia la madurez y la universidad.

 

#SonicArsenal – MC50

Basta un grito para definir un género antes de que existiera, el “Kick Out The Jams Motherfucker!” que se escuchó en 1968 era un eco de la época, la ética incendiaria de las Panteras Blancas y Motor City Rock con todas sus cualidades e iniquidades. Cincuenta años después, en una actualidad que asume que el rock ya se ablandó/envejeció/murió, regresa MC5 como MC50 en una gira que desde el cambio de nombre define el ejercicio de nostalgia.

Como una de las primeras raíces en torcerse lejos del rock and roll, no es una exageración decir que antes del punk existía MC5, pero mucho antes del grupo existían sus integrantes, quienes no pudieron unirse más que a golpes y separarse cuando la emoción se disipó, el consumo de drogas entró en acción y no le queda otra opción a los miembros de la banda que recordar un legado perdido en las batallas internas.

‘MC5: A True Testimonial’ es el tipo de rockumental que te lleva por dos vías, enfrentándote al antes y después que al final encuentran una unión explicable. Por un lado tenemos al MC5 sumamente crítico con la situación de Estados Unidos en la década de los 60, involucrado en las protestas contra la guerra en Vietnam, que participa tanto en la Convención Nacional Democrática como en las Panteras Blancas y los disturbios en los campus universitarios, pero también encontramos a los integrantes sobrevivientes en el retiro, la actualidad detrás de una fogata en las montañas de Arizona, en un aula abandonada o recorriendo a través de la memoria el momento en que la banda entró en la crisis político-social de la rebeldía generacional.

Aunque no se pierde de vista su participación en movimientos estudiantiles, no tardamos en comprender que sus intereses eran otros, la motivación para sus impulsos estaba arraigada en la música. El filme nos atrapa en los deseos de los músicos de MC5, las drogas y el amor a la audiencia, trata de llevarnos con los testimonios por un largo camino de explicaciones que incluyen la fuerza bruta de sus actuaciones hasta las actividades que fueron vigiladas de cerca por la policía y el FBI, las cuales no estaban relacionadas de ninguna forma con la influencia de su sonido.

Como muestra el documental, MC5 sucumbió a las presiones de la arrogancia, las drogas y la ignorancia que consumió su música en los años después de su separación, traza el camino de auto-destrucción que de cierto modo reflejó las múltiples crisis económicas y sociales de Detroit, su ciudad natal, en el tiempo en que surgió la banda.

 

 

El filme inicia en 1967 cuando el cantante Rob Tyner y el guitarrista Fred Smith se enfrentaron a golpes en el estacionamiento de un bar en Detroit, Wayne Kramer recuerda la historia mientras empieza a construir de memoria los momentos relevantes para el nacimiento de MC5, que tras la primera pelea continuó en batalla a través de la furia primitiva y violenta que alimentó su música, tan diversa como las múltiples combinaciones de las siglas que forman su nombre, tal vez no podemos reemplazar a sus integrantes, pero en algunos casos el Motor City Five puede ser sustituido por una ágil mezcla de obscenidades que aumentaron con los años.

De los confines de la clase trabajadora de Detroit, MC5 surge en el documental como una banda alejada de la imperante ideología hippie, estaban más concentrados en el espíritu de su canción ‘Kick out the Jams’, intercedieron por el rock and roll, la droga y el sexo a nivel de calle con un mensaje que no tardó en indignar a algunos padres y autoridades locales. Para 1972, después de tres álbumes y haber incitado un alto nivel de entusiasmo en sus presentaciones en vivo, todo había terminado.

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Las entrevistas con los integrantes que aún viven (Wayne Kramer, Michael Davis y Dennis Thompson) cubren los huecos que las imágenes de archivo no pueden llenar, pero permiten capturar el áspero carisma de MC5. Como el guitarrista Wayne Kramer explica en ‘MC5: A True Testimonial’, fue un logro sobrevivir a los primeros meses, sus cuentos más legendarios datan de esa primera época en la que vivían en comuna y su fama crecía con cada presentación. Afortunadamente podemos atestiguar al acto en vivo, incluso a través de la filmación del FBI en la convención democrática en Chicago en 1968.

David C. Thomas acierta al titular a la película A True Testimonial, el director captura la esencia de Detroit que gestó el ritmo y rebelión que inspiró a la banda, logra transmitir a través de la imágenes la desesperación que alimentó a MC5 y a sus hermanos menores The Stooges, permite que el ambiente se empalme con las personalidades, el grupo, los conciertos y las giras, crea un contexto para cada relato para llevarnos pacientemente a la desaparición de la banda, pero sin caer en los clichés que fácilmente podrían explotarse con la historia de sexo, drogas y rock and roll de MC5.

‘MC5: A True Testimonial’ esencialmente nos cuenta lo que sucedió, sigue cada paso entre el ascenso y la caída de esta versión musical de la guerrilla que eludió el éxito comercial, fue eliminada de los sellos Elektra y Atlantic al no cubrir sus expectativas y finalmente se separó tras una serie de fracasos. La desintegración es uno de los temas fundamentales, ya que “nadie podía salvar a MC5, excepto por ellos mismos”, David C. Thomas permite que se desarrolle la historia con la energía y lo que no podían enfrentar, en tiempos de cambio la separación la concretó el desafío con base en drogas, alcohol, choques de personalidad y desacuerdos sobre la dirección musical.

 

El suelo es el límite

Cuando “ya no lo hacen como antes” es el momento en el que agradecemos que el rock and roll desde su inicio haya sido una materia prima maleable, que exige evolución constante y requiere para su crecimiento alejarse con cada paso del origen. Tal vez los puristas extrañan el inicio, añoran el sonido que conocían, pero otros apreciamos sumergirnos en las profundidades de las etiquetas para descubrir géneros a través de su acercamiento al punto de partida desde las diferentes desviaciones en el camino. Algunos desprecian las etiquetas, otros descubren que esas mismas clasificaciones sirven para tomar diversas rutas sonoras, unos más nos enseñan que el origen de un género parte de otro lugar.

 

Así como The Echo Nest reunió cientos de clasificaciones para entender la raíz de muchos grupos y un artículo en The Guardianexploró el punto de partida de algunos géneros, descubro a través del libro ‘Facing The Other Way: The Story of 4AD’ de Martin Aston una breve pausa en su recorrido por la historia del sello discográfico para revelar el origen del shoegaze, ese mismo que alberga al new wave y el lo-fi en una misma gama. El punto de partida para ésta historia es la búsqueda del dueño de 4AD, Ivo Watts-Wallace, con casi una década formando un sonido para el sello, necesita darle un nuevo giro a la industria:

 

“No fue sino hasta el siguiente año, 1990, que a esta nueva camarilla de bandas parecidas a Cocteau (Twins) y (Jesus and) Mary Chain se les dio una etiqueta – la prensa musical se decidió por ‘shoegaze’, primero se acuñó en una reseña en Sounds sobre la banda Moose. Como el gótico, el shoegaze fue más una crítica que un sonido, basado en la forma en que los músicos jóvenes confiaban en gran medida en los pedales de efectos a sus pies, se vieron obligados a mirar hacia abajo en lugar de enfrentar a la audiencia. Ayudó a ocultar el hecho de que estas bandas no siempre mostraban personalidades agobiantes, vocalistas fuertes y rebosante confianza. 
Para utilizar todos los clichés que rodeaban al shoegaze, el sonido era borroso, narcótico, distorsionado y ondulante, de ensueño, era música escapista desempeñada por estudiantes de la opinión de Ivo sobre la música como un paisaje interior y no un punto de vista articulado. El shoegaze parecía casi la negación de la revolución cultural o musical que sucedía alrededor de esas bandas”.

La etiqueta no tardó en extenderse como un recurso peyorativo en la prensa británica y aunque Moose no se convirtió en el grupo más importante, el género no tardó en mostrar propuestas cuya distorsión brindó una nueva desviación cercana y a la vez alejada del punto de origen, una nueva rama que incluye a Slowdive, Swervedriver, Ride, Lush, Pale Saints y My Bloody Valentine, incluso esa misma calle tiene una bifurcación de herederos de la misma raíz de la que partieron sus antecesores (The Velvet Underground, Sonic Youth, Hüsker Dü, The Chameleons, The Cure, Bauhaus y Galaxie 500) que prefieren utilizar los nombres chillwave o new gaze.

Para ser un género que tenía como único límite el suelo, el shoegaze no ha dejado de sentirse a pesar de la extinción de sus principales actos. Su herencia está más presente que nunca gracias a una versión actualizada, que prácticamente retoma muchos de los elementos de esa generación que liberaba su genialidad al mirar sus zapatos. De ese sonido de mediados de los 80 y principios de los 90, algunas bandas han recuperado el estilo y el sonido tan puro que se despreciaba a sí mismo y resultaba introspectivo, aunque sin una confrontación de sentimientos. La nueva versión, nombrada new gaze (nü gaze para aquellos que se quieran sentir más vanguardistas), surge de los restos y recuerdos de la primera oleada de bandas shoegaze, que después de moverse en diferentes direcciones se convirtió en un culto y la fuente de inspiración para nuevos grupos y nuevas audiencias.

 

El sonido de las guitarras fuertemente procesadas en la mezcla renació con “Ágætis Byrjun” de Sigur Rós. Aunque no es estrictamente shoegaze, el disco mostró muchos de sus elementos típicos y un “nuevo” nivel de exploración sonora que desató a una nueva generación, la cual se ha fortalecido en los últimos cuatro años alrededor de un estilo viejo que sigue pareciendo vanguardista.

 

 

Bandas como Asobi Seksu, Crocodiles, M83, Amusement Parks On Fire, The Fields y Radio Dept. se han enfocado más en los sintetizadores que en las guitarras del shoegaze, pero ha conservado su otra virtud: las voces sometidas en volumen y tono a las capas de sonidos, que otorgan un fuerte sentido de la melodía. A pesar que ninguno de los actos del new gaze y sus seguidores vivió el mejor momento del shoegaze, la nueva generación ha comprendido la fuerza que impedía que los integrantes de Lush, My Bloody Valentine, Slowdive y Pale Saints se movieran más allá del espacio marcado por sus pies.

 

#SonicArsenal – Mindbending, Stanley Kubrick en México

Prepárense para abrir la puerta de la habitación 237, sacar al drugo que tienen guardado en el closet y seleccionar el mejor tono de barniz que satisfaga ese fetiche que disimulan cuando salen a la calle, la exposición de Stanley Kubrick ha llegado a la Ciudad de México, con mil piezas que representan un nerdgasmo para los fanáticos del director estadounidense.

Un recorrido que puede tener tres visiones, la del fanático casual que se quiere acercar a la obra de Kubrick, el cinéfilo que extenderá su visión repitiendo películas en el ciclo que realizará la Cineteca a lo largo del mes de diciembre y el obsesivo de la información que saciará algunas incógnitas a través de los detalles de producción, la creación de los personajes, la elaboración de los proyectos y la manera en que el director involucraba a otros para crear un concepto.

Con salas que intensifican el tono de cada película, del verde militar al rojo apasionado y el mínimo del blanco, recorrer la exposición en la Cineteca Nacional puede ser algo de paso al incluir objetos iconicos como H.A.L 9000, el enigmático suéter del Apolo de Danny, la influencia de Otto Dix en ‘Paths of Glory’ y el kit de superviviencia que funcionaría tanto en Las Vegas como en un bombardeo en Rusia, sin embargo deben hacer el recorrido de las lecturas, las interminables lecturas que revelan detalles de las películas.

El conocimiento del trabajo está más allá de la emoción de ciertos objetos que incitan a sacar el móvil para capturar y compartir en redes, el Kubrick geniecillo lo encontramos en la exposición en los guiones, las cartas y los storyboards, las verdaderas revelaciones que por ejemplo te alejan de la idea de hiperespacio y te llevan al concepto de mindbending, el desdoblamiento al interior de cada película que incluyen bromas sobre sexo, el meticuloso detalle en las escenas, los cambios en los díalogos originales y las razones por las que la música, el waltz sobre todo, fueron fundamentales en ciertas producciones.

Esos detalles los encontramos desde el inicio, contengan la tentación de correr hacia el laberinto, dejen al fondo del paladar la urgencia de llegar al Korova Milk Bar, quédense varios minutos en la primera sala, el lugar del que surgieron los encuadres, los años de la fotografía fija con su Graflex, busquen la canción ‘Lolita Ya Ya’ mientras pasean por la sala dedicada a la película, agreguen la historia de Dalton Trumbo y la lista negra a su “I’m Spartacus!”, analicen el texto ‘El génesis africano’ de Robert Ardrey y la declaración de avistamiento de un ovni por parte de Arthur C. Clarke y Kubrick, entenderán que tanto se introducía el director en cada película.

Reserven una hora si solo quieren ver las películas, lleven dos si quieren a Kubrick, lleven tres si quieren descubrir que tanto influyó su visión en la actualidad.

Lugar: Cineteca Nacional. Av. México Coyoacán #389, Col. Xoco.

Del 2 de diciembre de 2016 al 29 de mayo de 2017

Horarios: Martes a domingo de 12:00 a 21:00 (último acceso a las 20:00 horas). Lunes, cerrado. 24, 25 y 31 de diciembre, cerrado.

#SonicArsenal – Enke reggae

 

Japón, ese lugar mágico donde las tuberías solían esconder plomeros de 8 bits, pero que en mi memoria se refiere a elementos de una cultura relacionada con el movimiento shibuya-kei y God Speed You! Black Emperor, el documental que apareció en 1976 en un granuloso blanco y negro de 16 mm y que nos llevó hasta la visión de motociclistas de Mitsuo Yanagimachi.

 

Lejano, pero el documental de 90 minutos fue de alguna manera el punto de partida de la banda canadiense con su atmósfera de urgencia y desafío, sin embargo en ese mismo instante en el que encontramos varios caminos en la memoria de Japón, mientras había bandas de chicas en el garage y Murakami empezaba a recolectar rinconcillos para comer fideos, apareció en 1975 la primera banda de reggae. The Pioneers realizó una exitosa gira que finalmente atraería a Bob Marley and The Wailers al Shinjuku Kosei Nenkin Kaikan en Tokyo.

 

 

Aquella breve conexión entre Japón y el reggae va hasta mediados de los 60, cuando aparece ‘Ringo Oiwake’ de Hibari Misora, que como ídolo pop no solo puso las piezas para el movimiento ska diez años después en la isla, también tuvo resonancia en Kiki Hitomi y su debut ‘Karma No Kusari’, una combinación de sonidos que van del espíritu jamaiquino a los 8 bits en tan solo 10 canciones, la liga enka reggae que incluso admite un espacio psicodélico.

 

Japonesa se origen, trasladada a Inglaterra en los 90 y con residencia en Alemania en la actualidad, Kiki Hatomi crea el soundsystem del siglo XXI, cercano a una ópera espacial para ‘Knights of Sidonia’ de poco más de 30 minutos.

 

Hacer del lenguaje un ritual

Por: Karina Cabrera / @karipunk

Las leyendas cuentan que todo empezó en algún momento de 1976 cuando los Sex Pistols se proclamaron el anticristo, pero ese no es el punto de partida y mucho menos Londres es el epicentro del movimiento, solo es un momento dentro de un relato que ha tenido diferentes facetas y ha permanecido vigente hasta la actualidad.

El punk como género e incluso como revista, surgió a finales de la década de los 60, pero se forjó a principios de los años 70, con importantes conexiones de formación entre grupos de Nueva York, Detroit y Londres, sin embargo hay diferencias claras entre cada uno de esos movimientos, eso que en un principio llamaban de forma peyorativa punk, fue el estilo que provocó el enojo de Patti Smith durante una entrevista, por considerar las preguntas banales y desinteresadas en el fondo de la música.

“Yo tengo un trabajo más duro o más difícil que nadie en ese escenario. ¿Saben lo que hago? Conecto. Hago que la gente se levante. Busco al hombre que no se levanta y lo hago levantarse”, explica el vocalista de Stillwater, Jeff Bebe, al resto de la banda. Como todo lo que hay en la película ‘Almost Famous’, Cameron Crowe obtuvo la idea del recurrente discurso de Bruce Dickinson cuando habla de su labor al frente de Iron Maiden y que continuamente aparece en películas sobre heavy metal. Cierto, pero probablemente es escasa la idea, tal vez es necesario tomar las palabras de alguien más.

Rimbaud dijo que necesitaba un nuevo escenario y un nuevo sonido para crear poesía, prácticamente esa es la idea alrededor del libro ‘Please Kill Me: The Uncensored Oral History of Punk’, algunas ideas son directas, otras deambulan alrededor de los hechos y cada pérdida en la identidad de una generación, sin embargo pocos tienen tan claro como Patti Smith lo que significa ponerse al frente y tratar de revolucionar a una persona a través de sus oídos.

“La representación física de la actuación es más importante que lo que estás diciendo. La cualidad llega a través por supuesto, pero si tu cualidad de intelecto es elevada, y tu amor a la audiencia es evidente, y tienes una fuerte presencia física, puedes llegar lejos en cualquier cosa”, explicaba Patti Smith en el documental ‘Dream of Life’, sin embargo para conocer la intensidad de las actuaciones de la cantante en la década de los 70 prefiero recurrir a William Burroughs, quien al vivir a pocas cuadras del CBGB, se la encontraba constantemente en esos primeros años.

“Verás, Patti empezó como una poeta, entonces se convirtió en pintora, y de repente emergió como una verdadera estrella de rock. Lo que fue extraño, porque creo que ella no habría llegado muy lejos con su poesía o su escritura, solo a partir de cero. Pero de repente, ella es una estrella de rock. No hubo duda de eso”, describe aquel que pasaba largas horas platicando con Smith en la barra del CBGB, recordándole múltiples veces que era gay. Curioso recordatorio para alguien que fue abordada por Allen Gingsberg en una cafetería, le compró un panecillo y alivió su habre tras confundirla con un chico de facciones muy finas.

Patti Smith la que se volvió exitosa escribiendo poemas de rock and roll, al actuarlos, que no eran precisamente obras de genialidad, pero ciertamente eran una especie de poesía que crecía al interpretarla.

La cantante encontró la forma de hacernos reaccionar a sus palabras, por medio de la interpretación, así fue como yo la descubrí cuando al terminar una conferencia de prensa en la casa azul de Frida Kahlo tomó el micrófono para brindarnos una canción de forma planeadamente espontánea, acompañada de forma acústica por su inseparable Lenny Kaye en ‘People Have The Power’ y ‘Wing’ me hizo entender lo que yo había ignorado durante años: la conciencia poética, al hacer del lenguaje un ritual, no se queda estática en el papel.

Historia de un bot sin toalla

Hay bandas que te enseñan a cantar a grito pelado en la madrugada golpeando el volante, Tom Petty and the Heartbreakers es una de ellas, al menos esa es mi primera reacción cuando aparece ‘American Girl’ en el radom de mi reproductor, aunque eso en la memoria colectiva nos lleve a la referencia de una noche en el ‘Silencio de los Inocentes’, en mi caso tiene final feliz, siempre conservo mi piel.

 

Hay grupos que te enseñan a hacer pogo dance como The Jam y The Clash, así como hay otros que te obligan a levantar un puño amenazador en el aire, como Rage Against The Machine y Anti-Flag, pero los que más aprecio son los que me enseñaron a escuchar y me llevaron a salirme de la música para explorar la extensión de las canciones en otros contextos.

 

En Sonic Arsenal de vez en cuando los invito a escuchar con audífonos y cerrar los ojos para descubrir la mezcla y el poder de algunos cortes que remueven las entrañas, un ejercicio que empecé a realizar en la adolescencia cuando apareció el primer discman en mi casa. Armada con unos audífonos empecé a apretar ese botón de dopamina que nos hace repetir constantemente las canciones por la satisfacción que provocan, de forma pausada descubrí que había diversas capas, algunas imperceptibles cuando ponía el disco en el sistema de sonido casero.

 

Desde esa burbuja creada por el ruido de uno, que se percibe extraño desde el exterior cuando se observan los movimientos sin música, empecé a desmenuzar capas con ‘Animals’ de Pink Floyd, que me volaba la cabeza cada vez que aparecía un solo de guitarra, pero también empecé a notar esa serie de sonidos que acoplados de forma perfecta se volvían imperceptibles. Lo mismo me ocurrió con una banda que después me otorgó el gusto por la ciencia ficción de línea enredada pero extremadamente simpática.

 

Conozco a Radiohead como todos, desde ‘Creep’, pero también lo conozco a través de las crónicas de mi hermano en ese concierto de Pachuca y otra ocasión que entrevistando a Camilo Lara me contó la travesía del grupo en su primera vez en México y aquella azotea de Guanajuato donde meditaban lo que le sucedería a la banda. Sin embargo conozco a Radiohead más por las exploraciones resultantes de escuchar demasiado tiempo con audífonos, analizando el arte de Stanley Donwood y los booklets ocultos, siguiendo los experimentos sonoros que fueron creciendo y analizando las letras que me llevaron a leer en varias ocasiones la historia donde levantar el dedo pulgar y acarrear una toalla se vuelve fundamental. Gracias a Radiohead me quedé con Douglas Adams, aunque mi disco favoritos siguen siendo ‘The Bends’, ‘Kid A’ y ‘Hail to the Thief’ (en ese orden).

 

Hay bandas con las que uno se conecta de forma emocional, pero que te obligan a observarlas de forma profesional, pero que debido a la conexión te hacen perder la objetividad, para mi Radiohead es una de esas bandas, la disfruto hasta que me lleva a ese glorioso estado gris que me hace enchufarme con la idea de que toda canción tiene un origen, de ahí salió la idea de realizar una columna en Rock Stage, donde mensualmente conté el contexto y las anécdotas que inspiraron una canción durante casi cuatro años.

 

Ya no escucho Radiohead con tanta frecuencia como lo hacía hace algunos años, incluso me perdí su última presentación en México, sin embargo sigo pendiente de lo que ocurre alrededor de sus integrantes, porqué sigo encontrando inspiración y me vuelven a llevar a donde no he estado, porqué hay bandas que te transportan sin separar los pies del suelo.

40 años del Blitzkrieg Bop

 

‘Blitzkrieg Bop’ es la introducción sónica de los Ramones al mundo. No sólo fue el primer sencillo en la historia del grupo, sino que también es la primera canción incluida en su primer producción, también es una de sus canciones más conocidas. El corte sigue en alta rotación (y ahora mucho más con la muerte de todos sus integrantes orgiginales), pero sin duda suena mucho mejor en un gran estadio, fue creada para eso precisamente, para lograr un estruendo masivo al grito de “Hey, Ho, Let’s Go!”.

 

Son pocos los primeros tracks del lado principal de un disco (recuerden que alguna vez uno tenía que cambiar del lado A al B) que abren tan rotundamente una presentación. Con un asalto de tres acordes se abre paso ‘Blitzkrieg Bop’. Ramones impulsan el cántico al unísono con gran rapidez, enganchándote con su ironía y su característica simplicidad. Como los otros trece cortes del disco, ‘Blitzkrieg Bop’ es una creativa aglomeración del rock & roll primigenio, los grupos vocales femeninos y el surf-rock. El primer sencillo simplemente pavimentó el camino para los soñadores, los inadaptados y los solitarios, que encontraron en el grupo neoyorquino la bandera freak en alto.

 

Eran tan extraños que eran brillantes. La fórmula era obvia: cuatro adictos que podían a duras penas sostener sus instrumentos, mucho menos tocarlos. Sin embargo Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy mostraron un toque de genialidad con su clásico cántico “Hey, Ho, Let’s Go!” Simplemente querían su propia versión de ‘Saturday Night’ de The Bay City Rollers, quienes lograban fundirse con la audiencia al invocar su “S-A-T-U-R-D-A-Y, Night”. La voz perduró en una legión de leales seguidores.

 

 

Aunque sus largas cabelleras les daban una apariencia de cavernícolas, los Ramones se alejaban de esa torpeza sutilmente. La canción pareciera una invitación a divertirse desenfrenadamente, pero más bien es una orden con carácter militar. ‘Blizkrieg Bop’ en realidad habla sobre los ataques relámpago y los bombardeos incesantes a cargo del ejercito nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Los Ramones sin duda son engañosos.

 

La guitarra de Johnny Ramone, que suena bastante distorsionada, ocupa tan sólo el canal izquierdo, mientras que el resto de la banda ocupaba a sus anchas el canal derecho, alejando cualquier estigma de estupidez, lanzando un engañoso gancho al desenfreno. La primera parte del corte revela el ataque aéreo en “Están formados en línea recta. Van a través de un estrecho viento”. La situación que viven los habitantes inmediatamente es descrita con: “Los chicos están perdiendo la cabeza… Pilotean en el asiento trasero. Generan vapor caliente”.

 

Después del ataque sorpresa el ejercito entra en acción nuevamente al grito de “Hey, Ho, Let’s Go!”, agregando un “dispárenles por la espalda ahora”, mientras los habitantes del lugar se preguntan y contestan “¿Qué quieren?. No lo sé”. Las ordenes son cumplidas, los prisioneros tienen un nuevo destino hacia los campos de concentración: “Todos están encajonados y listos para irse”.

 

El álbum debut de los Ramones, producido con tan sólo $6000 dólares en un estudio dentro del Radio City Music Hall, apenas llega a los 26 minutos. No tuvo ningún éxito inmediato, es claro que los cortes conocidos alcanzaron el reconocimiento al paso de los años (sobre todo ‘Blitzkrieg Bop’) Contenía incomodas referencias nazis, una canción sobre inhalar pegamento, otra sobre la prostitución masculina, un corte romántico y ningún tipo de solo. En pocas palabras, la receta para el álbum perfecto.

 

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