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El son mexicano y la incógnita de Fígaro

Hablar de la música de Wolfie a veces puede ser caer en lugares comunes, como en cualquier podcast o programa de radio, sin embargo, abordarla desde la referencia de la vida propia puede ser también interesante, sobre todo cuando la escuchas con la OFUNAM.

Quizá estas dos obras, la Obertura de Las Bodas de Fígaro y particularmente la Sinfonía No. 40 sean –entre una docena más– de las primeras obras de Mozart que conocí y disfruté; la obertura literalmente abre un mundo mágico, donde todo es alegría y color; abre un mundo donde me siento cómodo y feliz; aunque faltaban muchos años para que entendiera y me divirtiera con los enredos amorosos de esta obra, ya se despertaba mi curiosidad, recuerdo haber preguntado a mi mamá si este Fígaro que ahora se casaba era el mismo Fígaro del Largo al Factotum de la Città del signore Rossini o también que si eran bodas –en plural–, cuántas veces se había ya casado, o cuántas más se casaría, no sé, esas cosas que pueden interesarle a un niño de ocho o diez años y que disfrutaba de esa música de la misma manera que un trozo de flan napolitano o el olor de la paja de avena que daba cada tarde a los caballos.

En cuanto a la Sinfonía No. 40, esta es caso especial, recuerdo que fue la primera obra que supe conscientemente que me gustaba y mucho; el primer LP que teníamos sólo tenía el primer movimiento, que me resultaba francamente fascinante, el primer tema me acompañaba a todos lados y sonaba en mi cabeza durante muchos días, tiempo después llegó otro LP con la obra completa acompañada de la Júpiter –40 y 41– que realmente no me interesó tanto en aquel momento, la 40 acaparaba toda mi atención.

Recuerdo cómo me fascinaba ese primer tema, las reelaboraciones del mismo y cómo las trasladaba yo de la música al movimiento del mundo, al andar de una persona, de un animal, al color de una tarde, a la impertinencia de una tormenta de verano, al frío de enero, al sabor del bacalau, no sé, encontraba en esa música la clave para entender muchas cosas de este mundo, la música me hablaba de ellas y me las explicaba y sí, siempre era un momento gozoso.

Ofrenda es un encargo de la OFUNAM dedicado al maestro Quarta con la intención de que interpretara el violín al mismo tiempo que dirigía la orquesta, aunque en este concierto, que fue su estreno mundial, el violín estuvo a cargo del maestro Kwapisz. Esta obra desarrolla un lenguaje sonoro moderno y complejo, con atonalidades, pero que también abraza algunas sonoridades clásicas, el discurso del violín va de lo experimental hasta el virtuosismo clásico.

Posee momentos de gran vigor orquestal en los que proyecta un discurso que me atrevería a llamar neonacionalista, pues son evidentes las influencias de música como la de Moncayo y Chávez, llegando a asimilarse a las grandes obras compuestas para las películas de la Época de Oro por estos grandes compositores y también que recoge elementos sonoros del folklor nacional. Aquí tengo una duda pues en el programa de mano, en la presentación a través de TV UNAM y en la charla introductoria previa al concierto, el maestro Ruiz Guadalajara refiere que “el son jarocho La bruja, se hace presente hacia la conclusión de la obra.” aunque a mí me parece que el tema que incorpora es del son istmeño de “El Feo”, en fin, seguramente es una confusión.

Lo cierto es que el maestro Vázquez ya había trabajado con elementos del son mexicano, recuerdo hace un par de años el estreno de su obra El Árbol de la Vida donde incorpora de forma exquisita el son de El Cascabel lo que le da una riqueza enorme a la obra además de reafirmar la vigencia de esta música tradicional, tan viva en la actualidad, afortunadamente.

En un gran ejercicio de apreciación musical, después de esta obra vanguardista escuchamos una obra que si bien está a un poco más de un siglo de distancia, en ella se encuentran elementos musicales que la hacen destacar pues a pesar de que podemos sentirla como parte aún del Romanticismo tardío, tiene pasajes de gran virtuosismo y exigencia técnica y que transforman la música en una obra vanguardista, distinta a lo que se componía en aquellos tiempos; aunado a un profundo lirismo que transita a lo largo de todo el concierto, la tremenda energía expresiva del violín hace de este un concierto poderoso, magnífico en verdad, ante lo que uno queda impactado, como ante un impresionante paisaje natural, enorme, inconmensurable, hermoso y devastador.

Un concierto maravilloso en el que disfruté muchísimo de todas las obras, desde mis muy mozartianos deleites, el magnífico estreno de Ofrenda que enriquece el acervo musical de la orquesta y obviamente, del país y hasta el estupendo concierto de Karłowicz, que es un autor que no es habitualmente interpretado pero que es siempre un gran placer escucharlo.

 

OFUNAM Programa 5 Tercera Temporada 2018

Massimo Quarta, Director Artístico

Sebastian Kwapisz, Violín

Obertura de Las Bodas de Fígaro

Sinfonía No. 40 en Sol Menor, K 550

Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791)

Ofrenda

Hebert Vázquez (1963)

Concierto para Violín en La Mayor, opus 8

Mieczysław Karłowicz (1876–1909)

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