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19-S: El olor de la corrupción

Los gobiernos de los últimos 32 años han fallado respecto a la seguridad de los edificios en la Ciudad de México. La gente sabe qué hacer cuando ocurre un sismo: cómo seguir la ruta de evacuación y en qué sitios se corren menos riesgos.

Sin embargo, los edificios en donde se encuentran no brindan en general ninguna garantía. No hay manera de saber si la escuela en que dejan a sus hijos, las oficinas en que harán algún trámite, el departamento que rentan o la vivienda que compraron comprometiendo su patrimonio van a resistir ante la corrupción que ha carcomido los reglamentos.

Quedar a salvo tras un terremoto como el acontecido el 19 de septiembre del 2017 depende más del azar que de las políticas públicas. La corrupción mata. Por ejemplo, la tragedia vivida hace un año por el número de personas muertas –incluidos niños– en el Colegio Rébsamen así como en las oficias de Álvaro Obregón no debió ocurrir. Culpar a la naturaleza es un pretexto. Esa fue una de las escalofriantes conclusiones a las que llegamos quienes desarrollamos la cobertura periodística titulada ¿Por qué se cayó mi edificio? elaborada por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

En el Colegio Rébsamen donde perdieron la vida 19 niños y siete adultos hubo graves irregularidades: se construyó sin planos y trámites obligatorios. Además hubo documentos falsos y las autoridades nunca escucharon a los vecinos cuando alertaron sobre pisos de más, la construcción de departamentos para las dueñas y los planes de protección civil estaban llenos de inconsistencias.

Uno de los hallazgos que han puesto al descubierto el tamaño de la corrupción está relacionado precisamente con la protección civil. La mañana del martes 19 de septiembre de 2017, en el colegio se realizó un simulacro. En el salón de tercero B de primaria, Pilar Martí —maestra desde hace 34 años— explicó a sus alumnos cómo sería el desalojo.

Cuando sonó la alerta sísmica, Pilar y sus estudiantes utilizaron una ruta de evacuación en sentido contrario a la marcada por las autoridades de la escuela.

Los directivos la regañaron: todos debían seguir el protocolo que era bajar por las escaleras del área administrativa. A las 13:14 de ese mismo día, la Ciudad de México se cimbró con un sismo de magnitud 7.1. Pilar intentó cumplir las indicaciones pero el edificio administrativo, aquél por el que tenían que pasar si seguían la ruta oficial de evacuación, colapsó.

Karla, Santiago, André, Daniela, Valentina, Aned, Diego, Eduardo, Francisco, Gustavo, Eileen, Mónica, José Eduardo, Paola, Daniela Itzel, Alex is, Fernanda y la maestra Claudia trataron de salir por la misma ruta oficial que siguieron durante el simulacro de la mañana. No lo lograron.

Alexandra, una niña de secundaria, decidió poner a salvo a varios niños de primaria. La encontraron sin vida, junto con otro chico. Yoshua iba en secundaria y, de acuerdo con varios testimonios, durante el sismo estaba en las instalaciones del laboratorio; también intentó seguir la ruta de evacuación establecida.

Las irregularidades en la construcción de esa escuela surgieron desde su nacimiento. En noviembre de 1974 se solicitó una licencia de construcción para una barda perimetral. En ese documento no aparece que habría un colegio. En los archivos de la delegación Tlalpan no se encontraron las memorias de cálculo a través de las cuales se mide la resistencia de los edificios.

La secundaria abrió sus puertas gracias a un oficio de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) fechado el 16 de marzo de 1990 y tiene el folio 06573 con una superficie de 2 mil 500 metros cuadrados. Sin embargo, al verificar el documento, la misma dependencia respondió vía transparencia que no hay un registro de ese tipo con esa fecha.

Además, a raíz de esa solicitud, la Seduvi buscó el folio y lo que encontró es un documento que corresponde a un predio localizado en Santa Martha Acatitla, en la delegación Iztapalapa.

En Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma, pudo impedirse la muerte de 49 personas si desde hace décadas las autoridades hubieran aplicado la ley en contra de los diferentes dueños que tuvo ese edificio. Al igual que en el colegio Rébsamen el tema de la protección civil huele a corrupción: la escalera de emergencia daba a un patio sin salida.

Pero no sólo hubo negliencia en este caso, lo peor está por venir: el gobierno capitalino ya pagó 46 millones de pesos a los actuales dueños del edificio, Ernesto Sota López y Ernesto Sota Cisneros por la
expropiación del terreno para instalar ahí un memorial para las víctimas del 19-S a pesar de que existen investigaciones contra ellos presentadas por los familiares de quienes perdieron ahí la vida.

Este movimiento anticipado puede ser legal pero significa un agravio para los ciudadanos. Los dueños han indeminzado a algunas de las familias afectadas por un monto total de 42 millones de pesos, esto quiere decir que con el dinero pagado por las autoridades lograron salir del apuro y hasta un extra de cuatro millones de pesos les quedó como ahorro.

Los dueños de Álvaro Obregón 286 todavía no han sido exonerados porque el inmueble tenía un piso de más, la torre estaba inclinada sin que la hubieran reforzado, hubo un cambio de elevadores y entre los pisos se colocaron losas catalanas cuyo grosor puede ser de hasta siete centímetros. Es decir, el peso del edificio fue un factor que influyó en el colapso.

No habría peor agravio para la ciudad que se instalara un memorial para las víctimas en un espacio donde alguna vez hubo un edificio que por la corrupción y la negliencia se vino abajo.

Los abogados y algunos dueños de inmobiliarias han dicho que el sismo fue tan fuerte que poco pudo hacerse para mantener en pie a los edificios. Eso ha sido desmentido por los científicos: ingenieros civiles especialistas en estructuras y geólogos de la UNAM advirtieron que actualmente los estudios sobre sismología hacen posible que los inmuebles de una metrópoli como la CDMX pueden dañarse o quizá quedar inhabilitados, pero nunca caerse.

Fundación GIA y aliados reconstruyen icónico mercado de Salina Cruz

Con una inversión de 35 millones de pesos, fundación GIA y organismos aliados entregaron al municipio de Salina Cruz, Oaxaca, el nuevo mercado “Ignacio Zaragoza”, el cual fue rehabilitado tras el devastador sismo del 7 de septiembre de 2017 que destruyó gran parte de la infraestructura pública en el istmo de Tehuantepec.

Ante la devastación, Fundación GIA hizo un llamado para rehabilitar este importante mercado.

Gran parte de la reconstrucción fue donada por GIA, teniendo como aliados al Fideicomiso Fuerza México, Fundación Holcim México, Kiewit, CEMEX, Aceromex, Grupo Collado, Unicorp, Helvex, Ruhrpumpen, Vitromex, Ingeniería y Constructores Gabe, e Instalaciones Electromecánicas e Hidrosanitarias Núñez, que se solidarizaron con la población oaxaqueña.

Entre materiales de construcción y mano de obra para rehabilitar el mercado en total se donaron 35 millones de pesos para el mercado. Una obra que beneficia a más de 2 mil personas directamente y a toda la población del Istmo, al ser uno de los más importantes centros de abasto del municipio y sus alrededores.

Al evento de la entrega de la obra asistieron el Gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, y el Presidente del Comité Técnico del Fideicomiso Fuerza México y del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón, así como el Director General de PEMEX, el Ing. Carlos Treviño y el Presidente Municipal de Salina Cruz.

Henry Davis, presidente de la Fundación GIA, destacó que:

“La rehabilitación del mercado era de suma importancia por ser un foco económico sustancial para la gente que aquí reside, y por eso decidimos enfocar nuestros esfuerzos en reconstruirlo con una donación directa y sin intermediarios”.

Agregó que el inmueble está prácticamente nuevo y en condiciones óptimas para su operación, y aseguró que se respetó en su mayoría el trazo original del mismo.

Por su parte, Juan Pablo Castañón explicó que la aportación para este proyecto, es una muestra del compromiso con el desarrollo económico de las comunidades afectadas por el sismo, y “en especial con la recuperación del Estado de Oaxaca”.

El presidente municipal de Salina Cruz, Rodolfo León Aragón, agradeció los esfuerzos de la fundación para llevar a cabo la reconstrucción de este mercado de más de 45 años de historia, el cual es icónico para la región, ya que no solo es un elemento esencial para el desarrollo económico de la zona, sino un importante centro de convivencia para sus pobladores.

Para la rehabilitación se utilizaron 131 mil 520 horas-hombre, quienes demolieron 5 mil 291 metros cúbicos y construyeron 3 mil 150 metros cuadrados. Se necesitaron además 23.6 toneladas de acero de refuerzo, así como 200 toneladas para la estructura metálica y 8 mil 414 metros cuadrados de pintura vinílica. La techumbre del nuevo mercado mide 2 mil 700 metros cuadrados y los firmes de concreto 3 mil 500 metros cuadrados.

 

 

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