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From Chicago to México. De sismos y otredades

Por: Rocío Santos, conductora y productora de Domingos en Vocalo / @roxyoradio

Aquel 19 de septiembre cambió nuestra manera de ver al otro, de sentir su otredad. Esa mañana me despedí de dos amigos, quienes se habían alojado en mi apartamento durante su visita a Chicago, y que esa misma tarde salían rumbo a la Ciudad de México. Casualmente la aerolínea les había cambiado el horario del vuelo, y además, les agregó una escala en otro estado que atrasaría su llegada. Parecían frustrados, pero al final fue una alteración a su itinerario que seguro agradecieron al aterrizar.

Salí rumbo a Navy Pier, donde se encuentra situada la estación de radio donde trabajo. Por la tarde, planeaba ir con mi amiga Fran a los Free Tuesday at the MCA para ver la exposición de Takashi Murakami que finalizaba esa semana. Fran me envió un mensaje como a las 2:30pm diciendo: “Amiga, creo que no voy a llegar. Tembló en Puebla y está muy afectado el Defectuoso. Como que no podría fluir viendo arte y estar pensando en tanta tragedia en Puebla, la Ciudad de México, Chiapas, Oaxaca… Lo siento por mi informalidad”.

Con mi ignorancia, mi torpeza y la prisa del momento le respondí: “Ya leí, pero no fue tan afectado como quedó Oaxaca”. Ella continuó: “No tanto, pero se siguen cayendo edificios”. Terminé lo que estaba haciendo y rápidamente entré a Twitter con desconcierto porque sabía que Fran no cancela al menos que sea algo serio. Los updates en redes reflejaban un panorama caótico, que no era tema de ninguna broma, de ningún meme. “Forget Murakami!”, me dije. Salí volando rumbo a casa y le llamé a mi mamá para preguntar por nuestros familiares en la Ciudad de México, el Estado de México y Oaxaca, me consolaba el saber que nadie estaba afectado.

En mi trayecto en el “L” de la red line, comencé a comunicarme con mis amigos y entré en ese estado de shock que producen estos desastres pese a que uno no viva en el ojo del huracán. Recibí mensajes de empatía hasta de desconocidos preocupados por la situación en México. Así arrancó una semana con un par de días atrapada en casa, sabiendo que muchos de mis grandes amigos y familiares pasaban por una situación crítica, y sabiendo que yo no podía estar ahí para apoyarlos. Sin embargo, desde mi lugar privilegiado en la radio y viviendo en el extranjero sí podía contribuir.

Con el paso de los días, en Chicago la comunidad mexicana se activó para recaudar fondos y recolectar artículos de primera necesidad. Se crearon iniciativas por todos lados, algunas de manera independiente y otras con vínculos a organizaciones comunitarias. Las redes fueron clave para correr la voz y, por supuesto, la radio también. Con el temor de enviar donativos a la gente equivocada, y con los rumores de las cuentas falsas y los abusos que suelen suceder, opté por contribuir a una recaudación organizada por mi amigo Chemo, se había enterado que Nazli, la hermana de una amiga en común, estaba apoyando en las calles de las zonas más afectadas en la Ciudad de México, entregando víveres que preparaban en su restaurante de comida vegana junto a un grupo de voluntarios.

Así arrancó la misión para recolectar fondos entre amigos cercanos, algunos ni siquiera mexicanos, pero del círculo de amigos que tan sólo buscaban solidarizarse con una contribución que finalizó en la recaudación de aproximadamente 400 dólares. Entre los breaks de clase, Chemo desde su celular ejecutaba el plan estratégico para recibir los fondos de todos y enviarlos a Nazli. La cantidad recaudada fue utilizada y verificada con recibos, fotos y vídeos, los cuales nos enviaba en cadena después de cada entrega de víveres y de herramientas para las brigadas de rescate en la delegación Álvaro Obregón.

En otro extremo de la ciudad, Pilsen Vintage and Thrift y Tonantzin Community Arts and Cultural Gallery también abrieron sus puertas para recolectar artículos y donativos en el barrio de Pilsen. La tarde del 22 de septiembre acudí junto a mi amigo Korko a la galería Tonantzin, un espacio cultural que Marcela Gallo, Marce, ha mantenido a pie por casi una década y donde han desfilado artistas como Centavrvs, Los Cojolites, Héctor Guerra, Antidoping y muchos otros. Allí nos abrazó el canto de Diana Hinojosa, una artista mexicoamericana que con su guitarra interpretó la nostálgica ‘Canción Mixteca’ y que nos provocó el llanto. Continuamos entre melodías y plática para hacer catársis en nuestro sentir.

A tres meses del terremoto, no somos ajenos a un país en pie de lucha y con un admirable esplendor de esperanza. Desde la Windy City te abrazamos, México. Porque al final somos habitantes de un mismo espacio. Gracias por las lecciones aprendidas y la solidaridad con los más vulnerables. ¡Feliz año!

Con nosotros unidos, ustedes no pasan

Porque ante la naturaleza no hay revancha, septiembre fue fatídico. Todos lo hemos dicho, esa maldita coincidencia 32 años después, llegó para mostrarnos que simplemente hay fechas que el calendario debería excluir.

La emoción ha llenado nuestro corazón, cadenas humanas organizadas al ritmo de la solidaridad, manos, cientos de manos disponibles para apoyar, para hacer que el dolor sea menos, para tratar de aliviar el terror que dejaron 7.1 grados Richter.

Mexicanos, miles de mexicanos dejaron de mentarse la madre para rompérsela entre los escombros con la única intención de hallar vida. Ya se habló mucho, ya se vio mucho, se han escrito líneas que logran penetrar en los poros, los puños se alzaron –por fin- para exigir silencio salvador.

La prueba aún no está superada, la sacudida no sólo cimbró la tierra, lo hizo también con nuestras conciencias. En una sociedad desanimada, engañada y dolida, poco se podía esperar, sin embargo el milagro sucedió y los ciudadanos se vieron hombro a hombro con un solo objetivo: poner de pie a los que habían caído.

La insolencia de la desgracia golpeó y lo hizo duro, no sólo en las construcciones, sino en los egos, en la intolerancia, pero sobre todo en la indiferencia. Ahora todo duele, el hijo, la hermana, el esposo, la abuela, los amigos, la mascota y los recuerdos.

Vivir ya no va a ser lo mismo, así como nuestros padres, tenemos un 19 de septiembre que contar, pero no sólo resumir en frases hechas, se trata de honrar. ¿Qué viene ahora?, quedarnos con la lección, ¿quién contra nosotros, si ya sabemos unirnos?

Poner de pie a México, no termina con erigir edificios, se deben reconstruir hogares, alzar los cimientos de la confianza y resurgir, estar alerta, porque contra todos unidos NADIE PUEDE.

Somos el Rébsamen, La Roma, Tlalpan, Tláhuac, Xochimilco, Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Morelos, Puebla, norte y sur, costa y selva, somos uno, porque la causa es la misma: nosotros. Siempre habrá culpables, rufianes que sin reparo burlan las normas en pro de su condición, que sepan ahora que ya no van a pasar, porque nuestro puño sigue en alto y nuestra mano siempre atenta del caído.

La naturaleza podrá quitarnos todo, porque todo le pertenece, pero nuestros verdugos de aquí ya no pasan, estamos atentos, vigilantes y activos. Si podemos levantar escombros con sólo nuestras manos, podemos con cualquier cosa con sólo nuestro espíritu.

Sepan todos si mi país de derrumba, yo lo reconstruyo…

 

El soundtrack del 19S: del nacionalismo al malinchismo

 

Para el rock, y la música en general, no tengo nacionalidad ni fronteras ni terruño, y mi idiosincrasia musical es la que provee el estado de ánimo y en ocasiones, inclusive, el clima.

Todas las canciones de este mundo están compuestas con base en la conjugación diversa de siete notas que pueden ser dispuestas en compases con millones de posibilidades. En mi universo privado, no obstante, hay buena y mala música tanto como hay buenas y malas personas y, en ambos casos, soy lo más incluyente posible.

Entre el Zócalo de la Ciudad de México y el Foro Sol hay 8.5 kilómetros de distancia y en ambos escenarios, con algunos días de diferencia, se orquestó un mismo gesto de solidaridad proveído por protagonistas de distinto calibre musical: U2 y un elenco que habría hecho las delicias de Raúl Velasco. No, no me contradigo, pero vuelvo a aquello de la buena y mala música, y hago énfasis en la abolición de las fronteras, musicalmente hablando.

A mí me da lo mismo que a mucha gente le guste Mon Laferte, quizás el último resabio pop derivado del caudal bien generado por la dupla Lafourcade-Venegas, pero sigo creyendo que Bosé es un artista infinitamente superior a Laferte y que una arenga de ésta, en una cosmogonía social como la mexicana, tiene el mismo efecto que un tuitazo que se diluye en un mar de hashtags, una revolución de globos con agua o el activismo mexicanista de Bono.

Pero el problema real no es ése sino que en un repentino y urgente contexto nacionalista, la opinión exacerbada por el gusto personal promueva un extraño esbozo malinchista que coloque el gesto de la enorme bandera mexicana que mostró U2 en su kilométrica pantalla por encima de las coquetas y bien redactadas proclamas de Laferte y Morrison (Carla). ¿Tan rápido se les olvidó el patrioterismo? ¿Acaso estamos tan urgidos de atención paternal que es necesario que venga un histórico del rock a recordarnos que somos mexicanos? Lo mismo sucede cuando Roger Waters mienta madres a mansalva un par de veces mientras Panteón Rococó lo hace cada ocho días, sólo que sin pantallas gigantescas ni fuegos pirotécnicos.

 

 

Nunca he ido a un concierto de Laferte, y pienso nunca hacerlo, pero no sé si en cada ocasión apuntale su languidez musical con una queja contra el pinche gobierno, aunque no lo creo y, por ende, con base en esa suposición, me atrevo a señalar que tanto Laferte como U2 y los mismos Red Hot Chili Peppers aprovecharon ese resquicio para colocar una guinda más en el álbum de recuerdos, es decir, fueron tan oportunistas como los organizadores del concierto en el Zócalo. Recordemos que en México la queja por lo que sea cotiza muy alto. Y está bien, cada quien cuida su negocio como puede, pero lo verdaderamente importante, dramático e interesante es ver cómo reacciona el público nacional ante una misma acción repetida en distintos escenarios.

Si bien es cierto que durante la crisis social proveída por el sismo del 19 de septiembre de 2017 se aplaudió la fraternidad entre vecinos de ciudad y estados, semanas después volvimos a recuperar esa necesidad de marcar la diferencia por puro gusto, trazar fronteras porque “tú eres un chavorruco que sigue amando a Timbiriche y yo un adulto contemporáneo que sigue creyendo que U2 va a cambiar al mundo”.

¿Por qué vale más el obsequio Irlandés que el mexicano? ¿Tendrá que ver, pregunto con ironía, el precio del boleto o el tamaño de la producción? Finalmente las diferencias son positivas porque, en algunos casos, generan la personalidad y la idiosincrasia, pero ningún costado tiene más valor que el otro aunque no por eso están exentos de crítica.

El concierto de U2 estaba agendado y se aprovechó el contexto, y el mamotreto montado en el Zócalo, amén de su “intención”, fue oprobioso por lo que encerraba tras su coraza. Más allá de ser un festivalito exprés se trató de un veloz showcase, una pasarela de catálogo disfrazada de oasis ante la tragedia; un remanso, decían. Sin embargo, si hablamos de impacto social, ninguno fue mejor que el otro. Más allá de lo musical para su target, ninguno significó algo tangible, aunque al menos, en conjunto, corrieron el velo de la poca memoria inmediata que tenemos los mexicanos.

Temblor: entre la ironía y la coincidencia

Es una especie de secuencia sonora debajo del agua, que recuerda a una manada de búfalos en tropel. Casi puedes verla venir antes de escucharla y sentirla. Inclusive observas de soslayo, en una fracción de segundo, hacia la ruta que sigue desde su origen, como antecediendo el siguiente movimiento.

Aparentemente los defeños hemos desarrollado un nuevo instinto animal genético que nos permite tensar los músculos antes de liberar la energía que nos pondrá en movimiento. La comunicación entre los sentidos se ha vuelto más fina, sobre todo cuando tiembla.

Correr es la mejor opción, siempre. Pero correr no significa mover pies y manos sin un orden aparente sino desatar la energía acumulada en esos segundos en los que confrontas el sino de la furia silenciosa contra tu instinto de supervivencia. Correr ordenadamente salva vidas; correr ordenadamente, y con sangre fría, te permite halar o empujar, sin contacto físico, a quien puede provocar un embotellamiento en las escaleras o los pasillos. Correr es la mejor opción, siempre.

¿Por qué demonios no tomé ese curso de parkour que iba a regalarme mi chica en mi último cumpleaños?, piensas cuando te encuentras obstáculos humanos frente a ti en una eventualidad natural. ¿Por qué no tengo la fuerza de 10 elefantes? ¿Por qué otra vez a nosotros y el mismo día? ¿La respuesta está en la ciencia? Quizás, pero no hay tiempo de googlear. Una cosa es saber que el cáncer se cura a tiempo con quimioterapia y no comiendo gorgojos, y otra muy diferente es cargar con tu kit de supervivencia de lunes a domingo porque en cualquier momento puede temblar con la rabia con la que tiembla en México, y en la Ciudad de México, y en la Colonia Roma, y La Condesa, y ahora en Puebla y Morelos.

Cada vez que tiembla, amén de recordar a Chico Che, me vienen a la mente dos referencias musicales: la portada del disco Unknown pleasures de Joy Division, y la canción ‘Run like hell’ de Pink Floyd.

 

 

Para quien añoraba vivir una escena típica de un Apocalipsis tipo Mad Max II, el 19 de septiembre de… 2017 le bastaba con salir a la esquina de Insurgentes y Durango en la Roma Norte. Hordas de gente con rictus de temor y desconocimiento, dependiendo de la edad; polvo de cemento, cal y estrellas adobando el cielo inmediato, olor a gas, a cabello quemado, a sudor; un éxodo hacia el sur; espontáneos pidiendo alejarse de los muros por la caída de los cristales y el recubrimiento de las fachadas. Creo que pude ver, mientras me desplazaba rumbo a la escuela de mi hijo hasta Mixcoac, a los fantasmas de Kerouac y Burroughs en la esquina de Monterrey y Álvaro Obregón inyectándose para tratar de entender esa extraña cosmogonía que bifurca la vida de los capitalinos y del mexicano en general.

A veces es mejor moverse solo y tratar de digerir las cosas con base en la experiencia que te dan tus 43 años de edad y los 11 que tenías en 1985, ya con varios temblores en el currículum. Ya sabes que debes alejarte de los muros, que es mejor caminar en medio de la calle, que correr ordenadamente es la mejor opción. La sangre fría, en una ciudad en llamas, es el plato fuerte de tu dieta diaria. Ya sabes que no hay teléfonos, que es lógico que internet se dará un descanso, que las malas noticias llegan a tiempo.

Hace un par de años acudí como ponente invitado para conmemorar el 30 aniversario del terremoto de 1985 en el Claustro de Sor Juana hablando sobre el manejo de los medios, y durante mi ponencia señalé: “…¿acaso México está preparado para enfrentar un terremoto de las mismas dimensiones que el de 1985? Lo más seguro es que no…”, pero me equivoqué, porque los años de adiestramiento y el ADN heredado entre generaciones permitió que la catástrofe fuera menor, pero no menos importante, que la acontecida en 1985. Teoría y práctica salvaron vidas, eso es seguro.

Y aquí lo importante versa sobre la diferencia entre versiones de una generación a otra.

Dice Javier Huerta, de 42 años, Ingeniero Mecánico Eléctrico: “Tuve el privilegio, o la desgracia, de vivir los terremotos de 1985 y 2017 en situaciones similares: estuve enfermo de gripa, no fui a la escuela en 1985 y no fui a trabajar en 2017; me quedé en casa; mi casa está a 100 metros de la casa donde vivía en 1985. Este terremoto lo sentí infinitamente más fuerte, no obstante, ahora sé que, efectivamente, lo fue. Sin embargo, me quedo con la duda de si parte de la intensidad está relacionada con que ahora soy padre de familia y no dejaba de pensar en dónde estaban mi esposa y mi hijo, y si estaba bien. Perspectivas que te da la edad (…) Mi parte racional me dice por qué la naturaleza quiere mostrarnos la diferencia entre ironía y coincidencia, siendo que este terremoto fue el mejor ejemplo del segundo término. Mi parte irracional, romántica y perceptiva, me dice que en México hay un ciclo que nos renueva como seres humanos cada treinta y tantos años, y que nos recuerda que somos más de lo que creemos ser y, al mismo tiempo, podemos desaparecer en cualquier instante. Sólo que no hemos sabido entenderlo ni aprovecharlo”.

Por su parte, Mónica, una comunicadora y locutora millennial, me señalaba: “Jamás pensé que viviría algo similar. Recordaba, mientras salía de casa cargando a mi perro, escuchando cómo se caían las cosas y pensando que mi casa iba a caerse, que tú y yo fuimos al memorial del 85 en el Museo del Estanquillo y me relatabas tu experiencia, y entonces pensaba que exagerabas, pero fue como colocarme en otro orden real. Sucede, y es algo que no quiero volver a experimentar”.

No obstante, sin importar generaciones, y quizás a causa de ese ADN heredado, la sociedad civil volvió a tomar las riendas del asunto. Niños, jóvenes, adultos y viejos se fundieron con un solo fin. Dejemos al gobierno de lado, ya es mucha necedad apuntalar lo evidente.

El puño en alto para pedir silencio es lo de menos. Los perros, ahora héroes incidentales, conforman una deidad más en el escenario de la catástrofe, pero en dónde queda cada persona.

México acaba de dar una vuelta de tuerca, nos graduamos, una vez más, como una sociedad henchida de orgullo y con unos tamaños que ya quisieran en otras partes del mundo.

Ahora, lo interesante es saber cuánto va a durarnos esa fuerza, ese empuje más allá de las catástrofes. ¿Por qué no exigimos en eso y mil cosas más?

Depende de nosotros.

Felicidades a todos. Felicidades a México. Y no, no me pongo mesiánico, porque esta fuerza es una realidad. Hagámosla valer en adelante.

Sismo CDMX – Una oportunidad

 

Fue la catedral del Centro Histórico el espacio de devoción en el que nunca había estado. El infortunio del tiempo y el espacio me puso en medio de una catástrofe de la cuál no hay espacio para el hubiese. El temblor del pasado martes 19 de septiembre cimbró la zona de confort de la cual nos urgía salir. El miedo no es una exageración ni es producto de la debilidad del hombre, es tan solo la energía guardada y arraigada en el amor que uno siente. Amor por las personas, por la familia, por la dicha de estar aquí y ahora, por el recuerdo de lo que una vez fuimos, pero, sobre todo de lo que queremos ser.

Y es que la naturaleza nunca ha estado tranquila ni satisfecha con el hombre, pues día a día nos avisa de nuestro conformismo e ignorancia. La naturaleza no es la lluvia sobre el cuerpo ni el frio en invierno; es la actitud del hombre sobre quien lo rodea. Y si, el martes nos rodeamos de miedo pero también de soberanía, aquella que sumergida en el facto político y social nos discrimina según nuestra economía y ética moral. La naturaleza nos recordó quiénes somos lejos de las instituciones, lejos del mercado y la autonomía de la que carecemos. Nos necesitamos y nos ayudamos, nos levantamos.

Nos conocimos porque en el “buenos días” y el “hasta luego” nos escondemos en el diluvio de la prisa. El escalofrío del temblor nos recuerda el tiempo que nos sobra o nos falta, el tiempo que hemos dejado ir en el afán de creernos inmortales. La lucha social, en ojos de Marx, desintegra nuestra condición privada y ajena a los asuntos del Estado. Hoy, la idea es clara y precisa, no somos ajenos a nada ni a nadie y a ello nos debemos como sociedad civil que cimienta los valores y congruencias de una vida generacional que tal vez ya no veamos. No ayudamos por lo que pasó sino por lo que vendrá y en forma estricta no es ayuda sino una condición de vida y responsabilidad para ser mejor humanos.

 

 

Las paredes podrán caer pero no así nuestra historia, aquella en la que el monumento no es de concreto sino de solidaridad y armonía en favor de los nuestros para recibir con los brazos abiertos a quien aún le debemos tanto: la tierra prometida, de la que nuestros hijos quieren saber y merecen. No está encima de nosotros una loza pesada ni la nostalgia; está la oportunidad de reivindicarnos en muestra de fe con los que siempre han estado a nuestro lado, con los que no merecen un beso o un abrazo porque las cosas no están bien. Está lo oportunidad para ser eternos en nuestra búsqueda de amor.

Centros de acopio CDMX

¿Quieres ayudar? Aquí se instalarán los centros de acopio

CENTRO HISTÓRICO

Zócalo, en la carpa blanca de la Segob.

CONDESA

Parque España (lo administra el Ejército)

COLONIA JUÁREZ

Abraham González 67, Col. Juárez

POLANCO

Rubén Darío 115

Glorieta de Masaryk

Cruz Roja de Polanco

Teatro Ángela Peralta

UNAM

Estadio Olímpico Universitario

CONGRESO DE LA UNIÓN

BOSQUES DE LAS LOMAS

Paseo de los Tamarindos 49

Bosque de Avellanos 142

Bosque de Toronjos 39-GH02A

Cerrada de Bezares 130

CONTADERO

Arteaga y Salazar 1267 casa 5

LOMAS DE CHAPULTEPEC

Sierra Amantepec 193

Virreyes 1110

LA HERRADURA

Cerrada Bosque de Yuridia 4

Universidad Anáhuac

BOSQUE REAL

Privada de acueducto 60

TECAMACHALCO

Fuente de Pirámides 37

NAUCALPAN

Rinconada de Jesús, Lomas de Santa Cruz.

Y EN LAS DELEGACIONES DE LA CDMX

Artículos de primera necesidad

Artículos de higiene personal

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