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El soundtrack de la vida – 1984, esta es mi historia y me aferro a ella

Tener 10 años en la Ciudad de México de 1984 es el equivalente a estar en el momento musical exacto en lugar exacto. La música fluía a montones y a pesar de estar en el target demográfico perfecto para Luis de Llano y compañía, las influencias musicales post Parchis y Enrique y Ana me obligaban a resistirme al casi natural paso hacia Timbiriche y más bien me dejé llevar por un álbum que en lugar de mostrar a unos niños que hacían una versión infantilizada de uno de mis primeras películas favoritas, Grease (Vaselina), mostraba a un ángel fumando un cigarrillo, lo cuál escandalizaba a mi abuela, pero encendía un mi un deseo de escuchar los riffs de Eddie Van Halen y las resonantes vocales de David Lee Roth.

Dicho esto, les hago una pregunta, ¿Qué niño de 10 años se podría resistir a la ferocidad del intro de guitarra, la batería y la imagen de un David Lee Roth volando por los aires con lentes oscuros, spandex multicolor y una grabadora al hombro en el vídeo de ‘Panama’, el tercer sencillo del álbum 1984 de Van Halen?, la respuesta es sencilla, este niño no.

No recuerdo si escuche el track o vi el vídeo musical primero (una pregunta tipo, qué fue primero, la gallina o el huevo), lo que si puedo recordar es que hice mi primer air guitar y que al escuchar la rola mi cuerpo se llenaba de energía y me daban ganas de bailar, de saltar, de correr y de gritar, todos los síntomas de una posesión demoníaca si además agregamos que, como no entendía la letra, simplemente inventaba sonidos que se asemejaban a los sonidos originales, lo que puede ser considerad como hablar un lenguaje surgido del mismo averno. No hay mejor manera de iniciar tu historia en el heavy metal que ser acusado de estar poseído por el mismísimo Belcebú.

 

Otro descubrimiento que sin duda me alejó de forma definitiva de los caminos de Siempre en Domingo fue el álbum ‘Born in the USA’ de Bruce Springsteen, permitanme poner en contexto que 1984 fue un año olímpico y la máxima justa deportiva tuvo lugar en Los Angeles, California ese verano, por lo que las imágenes del Tío Sam eran muy populares, incluso recuerdo tener un peluche de Sam, la mascota oficial de aquellos juegos olímpicos. Es casi natural pensar que un álbum en el que ‘El Jefe’ aparecía en la portada vistiendo unos jeans, una playera blanca y una gorra roja en el bolsillo llamara mi atención. Al final era sólo un pre adolescente impresionable, sin embargo la rola que más recuerdo de ese álbum es ‘Dancing in the dark’ y tiene que ver con el ridículo baile de Springsteen, que en aquel entonces, me parecía lo máximo.

 

 

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Finalmente y muy adhoc, está ‘Fade to Black’ del álbum ‘Ride the lightning’ de Metallica, una power ballad que en su momento fue criticada por los fans hardcore de la banda, sin embargo les permitió abrirse a otros públicos, como los pre y pubertos inconformes buscando identidad musical, debido a que en la portada aparecía una silla eléctrica mis papás no me quisieron comprar el álbum, pero no contaban con los mix tapes disponibles en el bazar del hotel de México (si ese mismo al que se referirían las Flans entre puestos, camisetas, discos y jeans) y el Walkman de mi hermana mayor.

La rola se convertiría en uno de mis primeros placeres ocultos, escuchando con la puerta cerrada y bajo las cobijas a todo el volumen que mis oídos podían soportar. No pasó mucho tiempo hasta que mi mamá me descubriera y tirará el cassette TDK en el que tenía la grabación, pero el daño estaba hecho, mi alma estaba contaminada de rock y gracias a la FM y proyectos como Rock 101 pude seguir escuchando y soñando con aprende a tocar guitarra, dejarme crecer el pelo y rockear lo más duro que mi primera decena de años me permitía.

 

 

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