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Rita, el rompecabezas que le hacía falta a la pieza

Hubo un periodo idílico hacia finales de la década de los ochenta en el que en ese México oculto, repleto de misterio, violencia y represión, comenzó a gestarse lo que pintaba como una nueva ola impulsada por jóvenes que gustaban del reventón y del rock, pero también del arte hecho en México, de esa misma manera nos encontramos con Rita Guerrero a través del documental.

Ya hemos hablado hasta el cansancio del misticismo ochentero que nos hace creer que al menos esa década en nuestro pasado fue mejor. La libertad flotaba en el aire, esa ligera idea de poder hacer lo que se deseaba también era un poco mágica, pues era la primera generación que, probablemente, tenía los medios para hacerlo. Ese México potencia mundial que se materializó por un instante tan efímero del que hoy solo quedan afortunadamente, un mal sabor de boca, una enorme deuda insoldable, una cicatriz imborrable, una brecha en la cultura aún abierta, las posibilidades y nuestros recuerdos.

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De esa bella época cortamos un fragmento igual de hermoso llamado Rita Guerrero. Un fragmento que de tan hermoso, no sé si lo vivimos o lo soñamos.

Nacida en la perla tapatía, la perla de la familia Guerrero fue Rita, la menor de once hermanos. El señor Guerrero, fue un reconocido trompetista que impactó en su descendencia otorgándoles el don de la artisteada, así, Rita y algunos de sus hermanos tomaron el camino de la música y las artes como un estilo de vida siendo muy jóvenes aún.

Superada su crisis adolescente, Rita decide irse a la Ciudad de México y comenzar a arder como el cuásar que estaba destinado a ser.

A partir de este momento, comienza una de las historias más bonitas que han contado las crónicas mexicanas, que nos cuenta de la vida de una mujer que vino al mundo a iluminar a su paso todo lo que tocaban sus manos, cual alquimista moderna.

O al menos eso es lo que sugiere el profesor y amigo de Rita, quien cuenta la primera impresión que tuvo de ella como alumna la que describe como inolvidable.

Luego de haber visto Rita, el documental, me quedó una pregunta en la cabeza: ¿Debería de importarnos a los receptores de una obra de arte el contexto personal del autor? ¿Si el o la artista son asesinos, violadores, drogadictos, maltratadores, o bien, activistas, humanitarios y en esencia buenas personas? ¿El contexto personal del autor influye en nuestra manera de percibir su obra?

Pensé en la inmensa cantidad de personajes que a pesar de tener pasados oscuros, líos legales o personales, su obra logra prevalecer, destacar y trascender. Basta echar un vistazo al pasado de cualquiera de los Rolling Stones o los escritores de la Generación Beat o de Bob Dylan, Andy Warhol, Woody Allen, Scott Weiland tan solo por mencionar algunos, que son casos notables en los que la obra superó sus antecedentes. El de Rita, no es necesariamente un pasado oscuro, pero como el todo ser humano, esta lleno de matices y claroscuros que, dentro del universo que la conforman, merece y debe ser recordado.

La historia revive al personaje de Rita Guerrero a través del coro de voces reunidas por Arturo Díaz Santana en Rita, el documental, quienes de forma cronológica consiguen reconstruir dignamente al personaje que logra materializarse en la ficción. Rita rebelde, Rita estudiante, Rita actriz, Rita cantante. Rita intensa, Rita inmensa, Rita ardiente. Rita controladora, Rita autoritaria. Rita iluminada, Rita zapatista, Rita espiritual. Rita madre, Rita enferma, Rita vivo recuerdo. Uno a uno, compañeros de escuela, ex parejas, amigos, músicos, colegas, amigos y amigas, profesores, hermanos y su sobrina van colocando pedacito a pedacito esa parte de Rita que sabíamos que existía pero que no conocíamos.

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Fue tan poderosa su influencia que hoy hablamos de su insaciable talento que se multiplicó en numerosísimas facetas, hablamos de su capacidad histriónica, de su disciplina como líder de Santa Sabina, de su eterna búsqueda espiritual, de su pasión por la música barroca y del eco que aun suena de su voz. Hemos librado la discusión alrededor de su belleza física y de su vida personal. Hoy hablamos de Rita Guerrero, ese fuego incandescente que ardió tanto que consiguió autoinmolarse, así lo describe Poncho, bajista de Santa.

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Arturo Díaz Santana, al terminar de ver la biopic de Bob Marley tuvo una revelación digna de compartir con Aldo Max Rodríguez, ex integrante de Santa y pareja sentimental de Rita. Un motivo, un cómplice y mucho corazón son la materia prima inicial para poner en marcha este homenaje póstumo que sin pensarlo, de pronto es un documento histórico que guarda testimonio de una de las figuras más grandes que ha dado el arte mexicano.

Opera prima de Díaz Santana que reúne 28 testimonios y 68 fuentes institucionales que con apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos y algo de polvos mágicos de Fondeadora, ya ha logrado presentarse en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara en su edición número 33 y en la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género.

Emotiva, brillante, íntima y elocuente resulta este homenaje que servirá para nunca pasar por alto la relevancia de un personaje como el que fue Rita Guerrero. Esta obra resulta entonces el rompecabezas que le hacía falta a la pieza al soundtrack en español de nuestras vidas.

Santa Sabina: nostalgia tras 7 años sin Rita

Santa Sabina no busca volver, no tienen la intención de suplir a Rita Guerrero, quien falleció en marzo de 2011, explica Pablo Valero guitarrista y miembro de la primera generación de la banda durante su estancia en LaPopLife.

Su próximo concierto será el 5 de agosto en el Teatro Esperanza Iris de la Ciudad de México, lugar especial para la agrupación. Valero explica que es una manera de celebrar la voz y presencia irremplazable de Rita, quien se convirtiera en un icono del rock mexicano.

Pablo y Poncho de @santasabinaoficial les dejaron saludos después de su visita a @lapoplifecom #SantaSabina #RockMexicano #FFYR101

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Valero y Pocho Figueroa, bajista de la agrupación mexicana, detallaron que durante la presentación se proyectará “Rita, el documental” ópera prima del egresado del Centro de Estudios Universitarios Cinematográficos (CUEC), Arturo Díaz Santana.

Posteriormente, ofrecerán un concierto con las canciones representativas de la agrupación formada a finales de 1988, época del “Rock en tu idioma” en la que vieron la luz otras bandas como Caifanes, Fobia, Kenny y los eléctricos, entre otros.

Durante su primera presentación en 1989 en El Salón de los Aztecas tenían temor de que no le gustara a nadie su música. Valero explica que probablemente nadie entendió el sonido de “Los Sabinos”, “ no nos entendieron pero nos sintieron, la gente que se quedó fue la que logró sentirnos”, recuerda el también fundador.

Santa Sabina

Foto por: Santa Sabina

Santa Sabina es dos momentos o generaciones, ambas con Rita, desde “Partido En Tres” (1992) hasta “Azul Casi Morado” (1977) los Residentes #101, Pablo y Pocho saben que sin importar la época son “Sabinos” que se unen por objetivo en común.

“Ni el rock ni el Jazz se pueden hacer si no eres carnal de verdad”, señalan, asimismo, añaden que los distintos momentos por los que ambos pasaron no se distinguen una vez que están tocando en el escenario.

La experimentación en la carrera de Santa Sabina es algo que los identificó y los marcó, Pablo apunta que los grupos de hoy en día prefieren sonar a algo, mientras que ellos, cuando iniciaron querían sonar a algo que no existía y lo lograron.”Jamás va a volver Santa Sabina porque no va a volver la parte más importante”, sin embargo, continuarán con proyectos y presentando “Rita, el documental”, el cual se estrenó a finales del año pasado, y que este 2018 se ha estado presentado en diferentes festivales

El próximo 29 de septiembre Santa Sabina se presentará el Guadalajara donde ofrecerán un concierto y proyectaran el documental, ambos por separado.

 

 

Inmortalicemos el legado de Rita, la musa del rock

Hace dos años comenzó el sueño de plasmar en un largometraje la vida y obra de quien encarnó una de las voces más enigmáticas de México. Rita, el documental está inspirado en Rita Guerrero, vocalista del grupo Santa Sabina, integrante de Ensamble Galileo y musa que ocupó el arte como la expresión más pura de transformación para hacer vibrar miles de corazones.

Rita, el documental es un filme dirigido por Arturo Díaz Santana; una obra emotiva y personal que recoge el testimonio de las personas más cercanas a la cantante, como su madre, hermanas, así como colaboradores, artistas y amigos. Gracias a ellos y a cientos de admiradores se formó el Archivo Rita Guerrero con material exclusivo y entrañable, mismo que sólo podía reflejar la gran pasión que Rita imprimía a cada creación, enmarañada entre un retrato político y social del país.

Sin embargo, hay un último reto que sortear: Rita, el documental requiere apoyo de todos aquellos quienes desean ver materializada esta cinta. Para ello se alió con la plataforma Fondeadora con el objetivo de terminar la postproducción y garantizar la distribución del archivo. La meta es conseguir 500 mil pesos para este propósito y donar cada peso extra a FUCAM, una asociación civil que tiene como misión procurar el diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama, así como fomentar su detección oportuna.

“Rita y yo fuimos amigos cuando formó una familia con mi amigo Aldo Max. En 2013 salí muy conmovido de la Cineteca Nacional después de ver Marley, un documental sobre la vida de Bob Marley. Cuando atravesé la puerta se me ocurrió que Rita merecía no sólo un documental, sino uno que hiciera justicia a la belleza de su vida y obra. Conseguí la cinta, se la di a Aldo y le dije: ‘mira esto porque te voy a proponer un proyecto’. Cuando lo volví a ver, él sabía cuál era la propuesta. No fue fácil imaginarnos las implicaciones emocionales, pero con este documental estamos reviviendo a quien realmente merece vivir”, cuenta Arturo Díaz.

Rita, el documental es un proyecto ganador de la VII Emisión para ópera prima documental del CUEC, y una producción del CUEC con el IMCINE. El trabajo comprendió dos años y medio de procesar infinidad de videos en diversos formatos, fotografías, notas de prensa, audios; así como 25 entrevistas de personas cercanas a Rita en cada etapa de su vida.

Se pretende que las proyecciones se realicen en marzo de 2017 en algún cine emblemático de la ciudad, mientras los objetos de recompensa para quienes hagan un donativo para el proyecto se entregarán en un lapso no mayor a un bimestre después de concluida la Fondeadora.

El músico Alfonso André, quien estuvo unido a ella por “una una gran amistad, cariño, respeto profesional y amor por la música”, considera “fantástico que se hagan esfuerzos como éste en México, un país con tan poca memoria. Además, el equipo que lo lleva a cabo está integrado por profesionales del cine y sabe lo que hace. Ojalá existieran más iniciativas de este tipo”.

Aún quedan 10 días para lograr el objetivo y concluir este proyecto que llevará Rita, el documental, que guiará a los fanáticos por una travesía entre material inédito, fruto de una minuciosa investigación del historiador Jorge Paredes; con testimonios de personas muy allegadas a Rita cuyas voces son el hilo narrativo y, en general, verán una película hecha desde una perspectiva interna y con un gran compromiso con la realidad.

“Es una película que presenta muchas facetas de Rita, la hija, hermana, tía, amiga, artista, pareja, icono del rock y de la música barroca. Es una construcción coral que nos muestra a un ser humano complejo y excepcional a la vez. Al hacer esta película descubrí que ella estaba siempre en búsqueda de la belleza a través de cualquier medio”, concluye Díaz.

Profetas de la rabia desparasitada

A mediados de los años noventas del siglo pasado un grito de rabia parido desde Los Ángeles, California, acompañó alrededor del mundo a la disidencia de moda, la primera revolución digital que conmovió por su aparente inocencia.

 

La movida del EZLN a través de los nodos de internet y los faxes en decadencia tuvo en Rage Against the Machine, principalmente en Zack de la Rocha y Tom Morello, a par de voceros privilegiados. Mientras el grunge entretenía a los padres del emo musicalizando berrinches adolescentes, la banda de LA orientaba las intenciones de un sonido potentísimo e infectado de rabia  hacia la promoción de la conciencia social a niveles globales.

 

Extrañamente, en México fueron más los que voltearon hacia Chiapas gracias a las curiosas insistencias de RATM y no a Panteón Rococó o Santa Sabina, combos adheridos a la causa sin ninguna reserva. Curiosamente, en casa la banda que no se adhería al zapatismo pero cargaba un discurso de hartazgo divertido pero real era Molotov, sin afanes paternalistas.

 

 

Años después el EZLN y RATM se difuminaron hasta borrar casi toda huella de lo que fueron en alguna ocasión, quedando como referentes de una generación que mostró preocupación por un cambio social, algo que no ocurría desde los años sesentas y que no ha vuelto a suceder; al menos no con esos alcances.

 

Recientemente, en una época en que la digitalización del todo va más allá de las cosas y las ideas, poco después de que Radiohead hiciera un interesante mutis de la red global antes de lanzar nuevas y fastuosas producciones, se anunció un “posible” y mentiroso retorno de RATM, algo que picó los corazones de los fanáticos irredentos de la banda angelina, deseosos de un poquito de análisis social musicalizado. Y no exagero, porque el grueso de quienes fuimos seguidores del sonido y la ideología de RATM ya sobrepasamos los 40 años y debemos ir a visitar al médico por un chequeo general al menos una vez al año, así que aquello sí tuvo un impacto directo en nuestra salud provocando una especie de microinfarto.

 

No obstante, la emoción de pensar que quizás RATM aprovecharía la coyuntura de las elecciones en Estados Unidos para reaparecer y dar un golpe de carácter quedó en puras buenas intenciones.

 

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Si bien musicalmente resulta interesante fusionar el sonido de RATM con Cypress Hill y Public Enemy, el resultado no puede ser menos elocuente para quienes bregamos por un nuevo discurso, adecuado a los tiempos que corren. Es decir, que la música retome uno de sus principales motivos: comunicar además de entretener.

 

Y uno amasa las utopías, porque si Julian Assange se acercó a Tom Morello y Calle 13 por qué no habría de hacerlo con RATM y sus visiones incendiarias en contra del imperialismo y todo ese discurso incómodo para extirpar las “revoluciones” de las redes sociales y las mesas de la cafetería más invasiva del mundo. Ucrania es un buen ejemplo.

 

Finalmente, la ocurrencia no está del todo mal. La idea de un supergrupo como Prophets of Rage, con base en músicos maduros, enriquece el escenario artístico, sin embargo, el topping emocional para quienes rogamos por un pilón siempre se queda en las alacenas de un Zack de la Rocha quizás aburrido, quizás desmotivado, o quizás tan disidente que prefiere masticar a solas sus revoluciones personales.

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