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Verde y arcoíris (el día en que los panboleros festejaron con los gays)

Entre los festejos del triunfo 2-1 de México sobre Corea del Sur, los aficionados al futbol y la comunidad LGBTTTIQ se encontraron en Av. Paseo de la Reforma; una alegórica muestra de aceptación y convivencia

Fue un festejo de tolerancia, diversidad y aceptación. El controvertido grito de la afición mexicana no se escuchó en Rostov, Rusia, durante la victoria 2-1 sobre Corea del Sur y, entre las irónicas casualidades del destino, al otro lado del mundo coincidieron en tiempo, espacio y euforia los amantes del futbol y la comunidad Lésbico Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti, Intersexual y Queer -o LGBTTTIQ- de México.

Porque el sábado 23 de junio se programó la edición 40 de la marcha por el Orgullo Gay –hoy nombrada Marcha LGBTTTIQ- que salió a las 12:00 del día del Ángel de la Independencia, pero justo poco antes de la cita, México consumaba su segundo triunfo en la Copa del Mundo de Rusia 2018 y, como dicta la tradición: el Monumento a la Independencia, con su victoria alada, será el epicentro de los festejos futbolísticos.

Así iniciaron los contingentes su camino y sin saberlo, su convergencia. El choque de colores confluyó en Av. Paseo de la Reforma: la oleada futbolera en verde olivo avanzaba en contraflujo a la marea arcoíris, cuyo destino fue el Zócalo Capitalino.

Por un lado banderas, matracas, espuma, rostros maquillados en verde, blanco y rojo; por otro: largas pestañas, altos tacones, medias de red, alas doradas, besos, bailes, pelucas y carros alegóricos. Pero en medio de ambas: el orgullo, la euforia, la aceptación y la alegría.

La Zona Rosa, quizá fue el núcleo del encuentro: no sólo es el área de mayor afluencia para la Comunidad LGBTTTIQ, también entre sus calles habitan, conviven y comercian residentes coreanos, que, pese a la derrota de su equipo, salieron también a gozar las mareas humanas de verde y arcoíris.

Con el avance de las mareas en sentidos opuestos, convivieron frente a frente. Desde un pequeño grupo de manifestantes que repudiaban a la comunidad del arcoíris y gritaron en su contra ¡Hombre y Mujer, familia natural!; hasta Drag Queens tan requeridas para retratos, como estrellas de cine; desde padres e hijos con banderas de México, hasta hombres en tacones, medias y delicada ropa interior de encaje.

Si no era suficiente surrealista, a la escena se agregó un nuevo personaje: la manifestación de los 400 pueblos, que se caracteriza por bailar totalmente desnudos alrededor del Monumento a Cuitláhuac, que se encuentra al cruce con Av. Paseo de la Reforma e Insurgentes. No se sabría quién entre los gremios sería el más impresionado, conmovido o agitado en los oleajes de locuras paganas; cada una con su propio dios…o su antidios: el futbol, la libertad sexual o los conflictos político-sociales del país.

Entre verde, arcoíris y desnudez, emergían los asistentes neutros: los del comercio ambulante que vendían diademas de unicornio, coronas de papel, cornetas, playeras réplica de la Selección Nacional, copias de la Copa del Mundo, agua, comida, banderas o espuma. Marchantes sin causa, pero si con ganancia.

Una vez la marea verde llegó a la glorieta del Ángel de la Independencia salieron del closet los gritos contenidos, desde una porra, cual disculpa que rezó “¡El Profe Osorio!”, el censurado “¡Ehhhhhhh PUTO!”, o ¡El que no brinque es puto! Así también se alejaron bailando -y sin saltar- los orgullosos integrantes de la comunidad arcoíris, que se dirigía a la conquista de otro terreno futbolero: la Plaza de la Constitución, que llenó su centro de actividades alusivas al Mundial de Rusia 2018 con el ZocaFut, desde una pantalla gigante, pequeñas canchas para hacer retas o muestras museográfica; allí fue donde culminó la famosa marcha, con un concierto por los derechos y el respeto de los que aceptan sus propios gustos y los defienden.

Messi traicionó a Argentina, como Stalin a Gorki

Viajé de San Petersburgo a Nizhny Nóvgorod, una ciudad rusa que albergaría uno de los partidos más emblemáticos del Mundial Rusia 2018.

Las seis horas del viaje transcurrieron lentamente, como si cada segundo anunciara los 90 minutos más agónicos de Messi.

Platiqué en el tren con el dueño de Taco Box, Maxi, un aficionado del Boca Juniors con 6 mundiales a cuestas, donde sigue más que una selección, un sueño de niño: la pasión por el fútbol argentino.

Su ídolo es Juan Román Riquelme, pero no duda en afirmar que Maradona será el mejor de la historia.

Quizá en ese momento estaba seguro que su seleccion ganaría, pero algo en su interior le decía, sin darse cuenta, que jamás pensaría en Messi como el sucesor de los grandes ídolos celestes o que el jugador del Barça daría el peor Mundial de su historia.

La selección de Argentina de Lio Messi, se enfrentó ayer a la legión croata encabezada por Luca Modrić e Ivan Rakitić, jugadores del Real Madrid y Barcelona, respectivamente.

El partido fue una pesadilla para Argentina, la misma que se vivió horas después entre los aficionados, que incrédulos, trataban de justificar los 80 minutos que Messi caminó en el campo de juego.

Ahora estoy comiendo en el centro de esta ciudad que hasta 1990 se llamaba Gorki, en honor a su celebre escritor Alexei Maximovich Peshkov (1868-1936), llamado años más tarde Máximo Gorki (seudónimo que en ruso significa, “Máximo, el amargo”), destacado por trasladar la palabra de los trabajadores a la lucha del comunismo.

Este pensador social identificado por su aporte al movimiento revolucionario ruso, fue ovacionado cuando murió por más de 100 mil personas en la Plaza Roja, en donde Stalin encabezó el acto fúnebre a pesar de que algunas versiones, dicen, fue quien envenenó a Gorki, oficialmente declarado muerto por una enfermedad cardíaca-pulmonar.

El 20 de junio de 2018, me tocó despedir a Lionel de la historia de los mundiales. Tal vez lo pongan en el juego contra Nigeria, pero hoy nadie duda que este apático jugador del Barcelona, brindó uno de sus últimos partidos con la albiceleste, sin gloria, sin pasión, pero con una afición que jamás le dio la espalda a pesar de haber jugado el peor partido de su historia.

Llegué emocionada al estadio, creyendo que Messi sería capaz de llevarme al éxtasis o situarme en la cúspide emocional futbolera, como cuando vivía en Barcelona y asistía al Camp Nou con regularidad.

La algarabía de los aficionados argentinos, latinos, asiáticos y europeos no hicieron efecto en un futbolista que le quedó a deber al fútbol, a sus hinchas y a él mismo.

Antes de que empezara el partido, emocionada observé un ritual de albicelestes quienes a las afueras del estadio rezaban por Messi como los católicos le rezan a Dios, invocando a su talento y magia para llevar a Argentina a la victoria, al gooool.

Nada, la afición de Croacia eran menor en número pero no en espíritu. Sus cánticos y fuerza opacaban a los miles de aficionados que coreaban Meeeeesssiiii, Meeeeesiiii…

Este jugador no solo perdió un partido, aplastó la ilusión de una sociedad que después de 3 años de un nuevo gobierno conservador pretende acabar con 12 años de un populismo que se incrustó en el ADN de las nuevas generaciones argentinas.

Maxi es economista y me explica que en su país el 30% de la población no trabaja, ya que vive del subsidio del gobierno.

“Ojalá México entienda que el populismo no es el camino correcto. Mauricio Macri sustituyó en el 2015 a Cristina Kirchner, quien tras 12 años de “kirchnerismo” nos llevó a la ruina. Lamentablemente es difícil que los jóvenes trabajen, están acostumbrados a vivir de la ayuda social y es complicado hacerlos trabajar”, afirma el hincha albiceleste.

De acuerdo a periodistas argentinos, alrededor de 21 millones de personas (casi la mitad de la población) cobran del Estado ya sea por sueldos, planes sociales, jubilaciones y pensiones.

www.clarin.com/economia/21-millones-personas-cobran_0_B1dVPeZ1W.amp.html

Por eso Maxi y la afición que convivimos en el partido analizaban el desastre que vivieron esa noche en Nizhny.

“A Maradona lo observé jugar y hubiera salido con los tobillos rotos antes de perder así, sin alma, sin gloria. A veces los desastres de nuestros gobiernos los sanaban los magos del fútbol”, relataba otro hincha argentino quien en la mesa de junto platicaba con su compañero de aventura.

Mi café está frío, no sabe igual que otros días. Nadie esperaba un milagro, ni siquiera la fe del Papa Francisco alcanzó para motivar a un jugador que estuvo lejos de alcanzar el máximo tributo de un jugador de fútbol: la Copa Mundial de la FIFA en Rusia 2018.

Maksim Gorki fue aliado y amigo de Lenin (Vladimir Ilych Ulianov), el líder del socialismo soviético, hasta que convencido por su defensa a la libertad de expresión, el novelista de vagabundos decidió apoyar a escritores censurados por los bolcheviques.

Su lucha llevó a que Lenin le recomendara u ordenara alejarse de la URSS a partir de 1921, lo que le permitió viajar por Europa y conocer a muchos escritores que comulgaban con su ideología.

Gorki regresó a su país en 1932 gracias a que Stalin creía que necesitaba de su apoyo para mover a las masas o influir en las conciencias a partir de este líder intelectual.

El escritor ruso jamás comulgó con Stalin y por más que el dictador intentó utilizar al intelectual, nunca pudieron entablar una relación de aliados o compañeros de causa.

Tal vez, por esa situación Stalin ordenó el asesinato de Gorki, ya que cada día hay más pruebas de que no murió por causas naturales.

Gorki se la jugó con la suya y fue aclamado por un pueblo en la Plaza Roja. Hoy ese lugar está lejano de la historia del fútbol para Messi, quien se la jugó con su apatía y desinterés por partirse el alma y quizá un “tobillo” para ganar un partido.

Gorki murió en Moscú el 18 de junio de 1936 en la misma casa en la que Lenin había vivido paralizado, los últimos años de su vida.

Hoy, 82 años después, el fútbol de Messi murió de nada, dejando un legado que nadie recordará en la historia de los mundiales.

Terminaré esta historia periodística en Nizhny Nóvgorod, antes llamada “Gorky”, y regresaré a Moscú para de allí viajar a Rostov, donde jugará mi selección de México, de la que todos hablan en Rusia y de la que cada día estoy más que orgullosa.

¡Viva México!

No te olvides de escuchar https://rock101online.mx y hoy, solo por hoy, me despido con “No llores por mí, Argentina”, interpretada por Nacha Guevara, artista y política argentina, seguidora de Eva Perón, a quien la historia siempre, siempre, tendrá en un lugar especial por su lucha social.

 

 

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