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El diablo va a estar muy triste, nos dijo Fobia

Son las 19:30 y el tránsito sobre Río Churubusco es lento pero fluido. El chófer me va platicando que su cantante favorito es Alex Lora, que le va al Cruz Azul y me pregunta a quién voy a ver al Palacio de los Deportes.

-Fobia.
-Ah, Fobia tocan (sic) padre, le gustan mucho a mi hija. Siempre que hay fiesta cantamos El Microbito en el karaoke.
-¿Qué edad tiene su hija?
-Tiene 16 años, joven.

En silencio agradezco que me diga joven, aunque pienso que la mayoría de los asistentes seremos hombres y mujeres de mediana edad con buen gusto musical, aunque no dejo de preguntarme por qué le gusta Fobia a su hija de 16 años. Me arriesgo de todas formas.

-Su hermana mayor era fan de Fobia, le ponía sus discos y después murió en un accidente de tránsito. Desde entonces, joven.
No me casa lo de joven. Más bien soy chavorruco en esencia, inclusive pienso en volver a perforarme las orejas, total.

Don chófer no tiene cambio y me espera mientras bajo a un puesto de vendimia cuyos productos lucen más en diseño y estilo que la “mercha” oficial de la banda. Regreso con cambio y le pregunto si su hija de 16 años estará en el concierto.

-No hubo lana –me dice y alza los hombros–, ya sabe, la música ya es un lujo.
-Luego lo suben a Youtube –le digo pero creo que no me entiende. Le extiendo una calcomanía de Fobia que compré para cambiar el billete–. Llévesela a su hija –le digo dándole una palmada en el hombro y el sujeto sonríe.

El lobby del Palacio se nutre de gente del mismo corte. Aquí no hay expresiones mexicanistas sino un aire de vanguardia. Veo gente con pinta de entrepeneurs, diseñadores, músicos, periodistas sin gafete; pocos cabellos largos, más bien calvas y un contraste entre ropas coloridas y trapos negros.

Pienso en los deseos de Paco Huidobro de querer un Fobia de garaje que hoy copa, hasta la última fila, el Palacio de los Deportes. Multiplico por dos al número de asistentes y así saco el porcentaje momentáneo de su cantidad de detractores por noche. Porque Fobia no hace ruido, no hay guitarrazos sino un vaivén de sonidos que, como criaturitas, van acomodándose para dar forma a las canciones de un Fobia que va construyendo su música en bloques: entes, viajes, sexo… Imágenes necesarias para configurar una revolución mental sin discursos patrioteros, es decir, una revolución sin manos. Fobia no es simplemente un grupo de rock, es algo que va más allá. Sus canciones son postales exclusivas para el soundtrack y la memoria personal de cada uno de los que estamos ahí.

No hay sarapes ni puños en alto ni consignas, esto es música, no un mitin, ¡carajo!, ¡por fin!; vaya, los pocos millennials que tuvieron un orgasmo en reversa cuando la banda abre con El Diablo se confunden cuando escuchan Jonathan… No saben qué es eso, no entienden y se miran confundidos. Ninguno hace el cruce de brazos en Revolución sin manos.

Pero bailan y cantan, y se las saben. A mi lado un chavorruco hermano escupe todas las letras, me pregunta si tocarán Caminitos hacia el cosmos, le urge saberlo, y le digo que seguramente, porque es una de las canciones favoritas de Paco Huidobro.

Y éste se mira bien en escena, como el poeta maldito con el que comparte el apellido (vaya coincidencias), pero uno se pregunta hacia dónde mira cuando toca, por qué su sonrisa es tan sardónica bajo ese bigotillo que es urgente que rasure. ¿Acaso está congratulado con ver los alcances de sus pulsiones? Pero la diferencia entre Paco y Vicente es que el primero no segrega a la sociedad sino la salpica de recuerdos con cada canción que nació en su cuarto siendo un adolescente. ¿Se imaginaría entonces hasta dónde iba a llegar su ocurrencia? “Quiero ser músico”… Ok, dale, pa’lante, y en unos años llenarás el Palacio…

La voz de Leonardo mantiene su potencia cristalina. Leo no habla, él canta, es el contramaestre de esa nave que va a Júpiter mientras el capitán extrae una avalancha de sonidos con su Fender roja y maltrecha. ¿Para qué hablamos si lo que la gente quiere es música y no arengas? Iñaki es un vampiro calvo y sereno que acaricia sus teclados como si fueran su amante más gozosa. Cha, el buen Cha, esa especie de perro San Bernardo devenido en bajista es mucho más discreto que en sus primeros años pero sus notas, perfectamente ecualizadas, te pegan en el plexo solar.

Mención aparte merece Jay. #PerdónanosJay, publico en Facebook al verlo tensar los músculos convertido en un kraken diminuto cuyos tentáculos aporrean esa batería minimalista sin toms de aire y que nos obliga a no extrañar a Gabriel Kuri. ¿Es que acaso Jay cobra el doble? Y, si no, debería.

Dios bendiga a los gusanos es un madrazo al hígado y pienso que de subir a Fobia al ring habría vencido a Golovkin en el primer round y nos vamos a cenar temprano.

Y tenemos 80% del primer disco, 50% de Mundo Feliz, 40% de Leche (“¿Y Los Cibernoides?”, pregunta mi hermano Irving Natera con esa insatisfacción que olvida cuando suena El Crucifijo), 30% de Amor Chiquito y así, disminuyendo. ¿Para qué queremos más si con Vivo el venue parece venirse abajo?

Cataratas de serpentinas… Dos encores. Al salir me siento como caminando sobre Insurgentes, de madrugada, después de un concierto de Fobia en LUCC.

-Misión cumplida –le escribo a mi madre en un mensaje de WA–, hoy vi pasar mi vida en postales como canciones.
-¿Te gustó? –pregunta.
-Y desde el fondo canto shubidubaparututurá…

El soundtrack de la vida – Crónicas del guacarock

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan todos los domingos, esos son los chidos”, con esta intervención a Bertolt Brecht inicia mi guacarock favorito, El guacarock del Santo de Botellita de Jerez de su segunda producción La Venganza del Hijo del Guacarock de 1985.

Los Botellos llegaron a llenar un vacío de propuestas innovadoras en el rock mexicano a principios de los 80 con un estilo irreverente y humorístico que hacía frente a los productos que Luis de Llano y Raúl Velasco ofrecían a destajo y querían vender por rock como el autonombrado “Ángel del Rock” Laureano Brizuela. Con rolas que nos hacían reír, realizaba una denuncia social a las condiciones políticas de nuestro país y siempre buscaron encontrar un punto de reconciliación para una sociedad polarizada por la inestabilidad económica que el país vivía y nos dejaron una frase que aún perdura. ‘Lo naco, es chido’.

 

 

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En el primer lustro de la década de los 80 los rockeros nacionales sufrían de una crisis de identidad severa, entre la invasión de Parchís, Menudo, Timbiriche y los grupos españoles y argentinos, era difícil encontrar una referencia nacional, las bandas de los 70 estaban casi desaparecidas y la movida era underground. En ese limbo musical, Alex Lora perdía una batalla jurídica con Charlie Hauptvogel sobre los derechos legales del nombre Three Souls in my mind, por que decidió cambiar el nombre de la banda a El Tri para el álbum ‘Simplemente’ de 1985.

El estilo urbano y desafiante de El Tri, encontró a un público ávido de himnos de protesta, con los que se pudieran identificar, pero sobre todo que se mostraran como un movimiento en contra de lo establecido y con rolas de temas cotidianos como el Metro Balderas, la terminal del ADO o que hacían referencia a una historia cuasi mitológica ente dos seres que surgieron en un sueño, y un poema que el poeta nunca escribió. ¿Quién de ustedes no derramó una lagrimita caguama en mano mientras escuchaba la letra de está Triste Canción de amor?

 

Finalmente, me referiré a una de las bandas más emblemáticas del rock nacional de los 80 y que se movía entre el mainstream y el underground liderada por una mujer de voz potente y gran presencia en el escenario. Me refiero por supuesto a Kenny Avilés, líder de la banda Kenny y los Eléctricos. El sencillo Me quieres cotorrear, de 1983 grabado con el sello independiente ‘Com-Rock”, serviría como punta de lanza para abrir paso a nuevos proyectos del rock nacional. Kenny aparecía por igual en vídeos musicales en programas de Televisa que en bares de la Ciudad de México. Su look ‘Cindy Lauper’, una banda con Ricardo Ochoa en la guitarra y sobre todo un show energético, se ganó el gusto y el respeto de la banda pesada y los fresas.

 

 

Sin duda el legado de Kenny en el rock es de suma importancia y se vuelve trascendental cuando pensamos en una época en la que el rock necesitaba de referencias y expresiones que trascendieran aún más allá de la música. Kenny logró eso y más, los títulos de sus rolas se hicieron parte del vocabulario urbano y unieron a una generación que realmente necesitaba un elemento adhesivo.

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Rita, el rompecabezas que le hacía falta a la pieza

Hubo un periodo idílico hacia finales de la década de los ochenta en el que en ese México oculto, repleto de misterio, violencia y represión, comenzó a gestarse lo que pintaba como una nueva ola impulsada por jóvenes que gustaban del reventón y del rock, pero también del arte hecho en México, de esa misma manera nos encontramos con Rita Guerrero a través del documental.

Ya hemos hablado hasta el cansancio del misticismo ochentero que nos hace creer que al menos esa década en nuestro pasado fue mejor. La libertad flotaba en el aire, esa ligera idea de poder hacer lo que se deseaba también era un poco mágica, pues era la primera generación que, probablemente, tenía los medios para hacerlo. Ese México potencia mundial que se materializó por un instante tan efímero del que hoy solo quedan afortunadamente, un mal sabor de boca, una enorme deuda insoldable, una cicatriz imborrable, una brecha en la cultura aún abierta, las posibilidades y nuestros recuerdos.

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De esa bella época cortamos un fragmento igual de hermoso llamado Rita Guerrero. Un fragmento que de tan hermoso, no sé si lo vivimos o lo soñamos.

Nacida en la perla tapatía, la perla de la familia Guerrero fue Rita, la menor de once hermanos. El señor Guerrero, fue un reconocido trompetista que impactó en su descendencia otorgándoles el don de la artisteada, así, Rita y algunos de sus hermanos tomaron el camino de la música y las artes como un estilo de vida siendo muy jóvenes aún.

Superada su crisis adolescente, Rita decide irse a la Ciudad de México y comenzar a arder como el cuásar que estaba destinado a ser.

A partir de este momento, comienza una de las historias más bonitas que han contado las crónicas mexicanas, que nos cuenta de la vida de una mujer que vino al mundo a iluminar a su paso todo lo que tocaban sus manos, cual alquimista moderna.

O al menos eso es lo que sugiere el profesor y amigo de Rita, quien cuenta la primera impresión que tuvo de ella como alumna la que describe como inolvidable.

Luego de haber visto Rita, el documental, me quedó una pregunta en la cabeza: ¿Debería de importarnos a los receptores de una obra de arte el contexto personal del autor? ¿Si el o la artista son asesinos, violadores, drogadictos, maltratadores, o bien, activistas, humanitarios y en esencia buenas personas? ¿El contexto personal del autor influye en nuestra manera de percibir su obra?

Pensé en la inmensa cantidad de personajes que a pesar de tener pasados oscuros, líos legales o personales, su obra logra prevalecer, destacar y trascender. Basta echar un vistazo al pasado de cualquiera de los Rolling Stones o los escritores de la Generación Beat o de Bob Dylan, Andy Warhol, Woody Allen, Scott Weiland tan solo por mencionar algunos, que son casos notables en los que la obra superó sus antecedentes. El de Rita, no es necesariamente un pasado oscuro, pero como el todo ser humano, esta lleno de matices y claroscuros que, dentro del universo que la conforman, merece y debe ser recordado.

La historia revive al personaje de Rita Guerrero a través del coro de voces reunidas por Arturo Díaz Santana en Rita, el documental, quienes de forma cronológica consiguen reconstruir dignamente al personaje que logra materializarse en la ficción. Rita rebelde, Rita estudiante, Rita actriz, Rita cantante. Rita intensa, Rita inmensa, Rita ardiente. Rita controladora, Rita autoritaria. Rita iluminada, Rita zapatista, Rita espiritual. Rita madre, Rita enferma, Rita vivo recuerdo. Uno a uno, compañeros de escuela, ex parejas, amigos, músicos, colegas, amigos y amigas, profesores, hermanos y su sobrina van colocando pedacito a pedacito esa parte de Rita que sabíamos que existía pero que no conocíamos.

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Fue tan poderosa su influencia que hoy hablamos de su insaciable talento que se multiplicó en numerosísimas facetas, hablamos de su capacidad histriónica, de su disciplina como líder de Santa Sabina, de su eterna búsqueda espiritual, de su pasión por la música barroca y del eco que aun suena de su voz. Hemos librado la discusión alrededor de su belleza física y de su vida personal. Hoy hablamos de Rita Guerrero, ese fuego incandescente que ardió tanto que consiguió autoinmolarse, así lo describe Poncho, bajista de Santa.

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Arturo Díaz Santana, al terminar de ver la biopic de Bob Marley tuvo una revelación digna de compartir con Aldo Max Rodríguez, ex integrante de Santa y pareja sentimental de Rita. Un motivo, un cómplice y mucho corazón son la materia prima inicial para poner en marcha este homenaje póstumo que sin pensarlo, de pronto es un documento histórico que guarda testimonio de una de las figuras más grandes que ha dado el arte mexicano.

Opera prima de Díaz Santana que reúne 28 testimonios y 68 fuentes institucionales que con apoyo del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos y algo de polvos mágicos de Fondeadora, ya ha logrado presentarse en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara en su edición número 33 y en la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género.

Emotiva, brillante, íntima y elocuente resulta este homenaje que servirá para nunca pasar por alto la relevancia de un personaje como el que fue Rita Guerrero. Esta obra resulta entonces el rompecabezas que le hacía falta a la pieza al soundtrack en español de nuestras vidas.

No quiero irme, señor Rock and Roll

Hace poco se llevaron a cabo tres fiestas en conmemoración de un mítico lugar llamado el Tutti Frutti donde, en la década de los ochenta, se reunía gente de diversas edades, mundos, medios y clases (sí, antes de que la ciudad se convirtiera en este vómito clasista que es hoy) con el único objetivo de escuchar buena música y con un poco de suerte, convivir y escuchar con quienes se atrevían a hacer rock en esa época… tal como lo hacíamos hasta hace unos días en El Imperial.

¿Se imaginan? Llegar a un lugar al que luego de ir una otra y otra vez, las personas que asistían como tú dejaban de ser desconocidas, luego se hicieron tus amigos y finalmente se convirtieron en una familia. Un lugar que se convirtió en una gran casa a donde todos ansiaban llegar para pasar un buen rato con buenos amigos y exquisita música.

Ya no recuerdo el momento en que decidí dejar de salir a bares por reunirme en casa de amigos porque resulta más barato, más cómodo y porque “Ahí podemos poner la música que nos gusta”.

Así dejé de ir al siempre vivo Bulldog Café, donde vi a bandas como Café Tacvba, Molotov, incluso a ¡Papa Roach! Para eso da mi memoria, y es que tuve que haber ido un millón de veces, ya que en aquel entonces, cuando este recinto tomo su segundo aire luego de cambiar de la calle Sullivan en la Juárez hacia la avenida Revolución, quien escribe trabajaba por primera vez para un medio. Todo era claro por primera vez, ahí supe que quería hacer eso para siempre. La fiesta eterna, el océano de posibilidades, convivir tan cercanamente con mis bandas favoritas, simplemente un sueño hecho realidad.

Pero no todo eran risas y diversión. Entrar era un suplicio, en la década de los 90 aún tenías que lucir bien y caerle mejor al de la puerta, de no ser así, eras condenado a la espera infinita. Una vez vencido el dragón de la fortaleza, era necesario lidiar con los precios. Un poderosísimo cover de $350 pesos para los hombres y $50 pesos para mujeres (ahora sí salve el feminismo ¿no?) a cambio de una bella barra libre perpetua y adulterada adornada por los y las bartenders más hermosas del todavía Distrito Federal.

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Paraíso idílico que dejó de ser interesante para los premillennials como yo, pero que aún era frecuentado por algunos trasnochados, y por sureños con el alma llena de canciones de Guns n’ Roses. El buen Bulldog que, el pasado 28 de enero dejó de ladrar.

También por esa época se irguió una poderosa fortaleza llamada Ficción, que tan solo duró un suspiro y yo recuerdo tan solo en sueños. Era como la casa de Lestat el Vampiro, luces bajas, gente hermosa, muebles y detalles Luis XVI, música perfecta. Un escenario íntimo y un montón de almas que se fueron extinguiendo por racimos hasta el punto de desaparecer y cuyo lugar fue ocupado por un reconocido antro gay.

Ya en los dosmiles, cuando todos dábamos al rock por muerto y a la escena local sepultada kilómetros bajo la tierra, comenzaron a surgir células pequeñitas de corazón gigante para que las bandas nacionales tuvieran un lugar donde ser escuchadas. Así llegaron el Caradura, el Pasagüero y El Imperial, este último tuvo como su última noche el pasado 7 de julio.

Un recorrido musical de 10 años por el cual un sinnúmero de recuerdos, fotografías pero sobre todo música inolvidable, que hoy ya solo vivirá en nuestros recuerdos, en nuestros álbumes de fotos y en nuestros corazones. Larga vida a El Imperial.

Gracias, gracias, gracias… #ElImperial10

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En alguna de esas reuniones alrededor del Tutti Frutti, me atreví a preguntar ¿Cuál era la marca de ese chicle que pegó tan padre en los ochenta? ¿Por qué ya no ha vuelto ese misticismo, esa camaradería y familiaridad, ese gusto por compartir música con conocidos y desconocidos? ¿La apatía? ¿El individualismo? ¿La posibilidad de acceder a la música más fácil y rápido?

De por sí nuestro país nunca ha gozado de una buena salud rockerísticamente hablando como para andar dándonos el lujo de perder recintos dedicados a la difusión del rock mexicano.

Tres factores pongo en el escritorio para nuestra tarea: Bandas con poco talento y mucha ambición que no crean la noción de avanzar en colectivos. Una industria incipiente (medios, tiendas de discos, disqueras y recintos abusivos) cuyo único objetivo es explotar al artista sin retribuirle de manera justa y digna. Finalmente un público poco crítico que no consume música local ni acude a recintos para escuchar bandas nacionales privilegiando los eventos mediáticamente funcionales como los grandes festivales. Resultado, una escena agonizante.

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Aún nos quedan el Under, el Alicia, el Pasagüero, el Caradura. El Chopo, el Segundo piso en Azcapotzalco, y cualquier lugar de cualquier colonia que nos brinde la posibilidad de escuchar lo nuevo que ofrece México en cuanto a música refiere. Pídele a tus bandas favoritas provincianas que se den una vuelta por acá y entre amigos arreglamos los viáticos. Recordemos que morimos un poco cuando nos negamos la posibilidad de sorprendernos con algo nuevo y morimos un poco más con la playlist de Spotify que amamos y ponemos diario.

Haz patria, consume local.

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Banda sonora 101: cine rock mexicano

Los tiempos que hoy corren en México son históricos –de cambios de fondo y forma en materia política– e inevitablemente nos invitan a reflexionar sobre los temas que nos identifican como un mexicano, más allá de nuestras diferencias.

Si hay algo que refleja con claridad la identidad de un pueblo es precisamente su cinematografía. Sí, el cine, sea ficción o documental, es el espejo de los pueblos y, de paso, un poderoso generador de identidad nacional.

Inmersos en esta idea de exploración de nuestro cine y por lo tanto de nuestra identidad, en @BandaSonora101 nos echamos un clavado en la historia del cine rock mexicano e hicimos una selección de 15 películas de diversa estirpe pero que comparten un elemento en común: el rock.

Aquí la selección de películas:

 

DEVERAS ME ATRAPASTE (1985)
Dirigida por Gerardo Pardo a partir de un cuento de René Avilés Fabila, DEVERAS ME ATRAPASTE se estrenó el 11 de julio de 1985. Esta película es un pilar del cine rock mexicano y cuenta la historia de una chica de familia conservadora que se enamora del fantasma de un roquero, el Humo, compa que toca en una banda de rock progresivo llamada Manchuria (en la que participa Gerardo Pardo), encargada de componer la música original de la película. Hace unos años tuve el gusto de programarla en copia de 35mm en una edición del ciclo “Rock en el cine” de la Cineteca Nacional. La música que hizo Manchuria para el filme está disponible en YouTube.

 

¿CÓMO VES? (1986)
Dirigida por Paul Leduc en 1986, ¿CÓMO VES? retrata el rostro marginal de la CDMX en los años 80. La cámara recorre las calles y recrea la vida nocturna de los barrios al ritmo de El Tri, Son de Merengue, Rockdrigo, Jaime López y Cecilia Toussaint. Leduc muestra a un sector de la sociedad, la juventud chilanga de los 80, enfrentado a la pobreza, la represión, la falta de oportunidades y la violencia.

 

UN TOKE DE ROC (1988)
Realizada por Sergio García Michel en súper 8 mm, UN TOKE DE ROC (1988), pequeña joya del cine rock mexicano, es una gran apología a la música y a la rebeldía feminista con la participación de Cecilia Toussaint, Jaime López, Rockdrigo, Chac-Mool, Three Souls in My Mind… La Filmoteca de la UNAM, en merecido homenaje a la generación de los llamados superocheros, lanzó un DVD de esta película hace unos cuantos años.

 

CIUDAD DE CIEGOS (1990)
En 1991 Alberto Cortés realizó CIUDAD DE CIEGOS, filme compuesto por 10 historias que al mezclarse forman una película muy sólida sobre la ruptura y la desazón. El escenario es un departamento de la colonia Condesa, en la CDMX, donde a lo largo de tres décadas sucede esta decena de historias. Los guionistas: José Agustín, Hermann Bellinghausen, Alberto Cortés, Marcela Fuentes-Berain, Paz Alicia Garciadiego y Silvia Tomasa Rivera. La música original es obra de José Elorza y el soundtrack trae una gran pieza: “Foto Finish” interpretada y musicalizada por Rita Guerrero (Santa Sabina) y Saúl Hernández (Caifanes).

 

AMORES PERROS (2000)
AMORES PERROS se estrenó el 14 de mayo de 2000 en el festival de Cannes. Esta película fue el trampolín con el que Alejandro González Iñárritu brincó a las grandes ligas del cine. También proyectó al escritor y cineasta Guillermo Arriaga. González Iñárritu y Arriaga trabajaron juntos en 21 GRAMOS y BABEL y luego se pelearon. De esta trilogía, AMORES PERROS es la que más rifa y la que tiene una banda sonora perrísima con piezas de Control machete, Nacha Pop, Gustavo Santaolalla, Titán, Los del garrote, Celia Cuz,… Un antes y un después en materia de soundtracks mexicanos.

 

PIEDRAS VERDES (Ángel Torres Flores, 2000)
“Una pacheco road movie”… Así definió a PIEDRAS VERDES su director, Ángel Flores Torres, cuando lo entrevisté hace 18 años. Más por azares del destino que por decisión propia, una joven atribulada (Vanessa Bauche) emprende un viaje de autodescubrimiento. El cineasta se apega al guión de las road movies clásicas y acompaña el viaje de la joven protagonista con música de Botellita de Jerez, Café Tacvba, Oscar Chávez, Resorte, Tequio…

 

Y TU MAMÁ TAMBIÉN (2001)
Alfonso Cuarón, además de ser un gran cineasta, tiene muy buen gusto musical. Basta con darle una escuchada al soundtrack de Y TU MAMÁ TAMBIÉN (2001) para darnos una idea de sus preferencias musicales. Esta maravillosa road movie, interpretada por Maribel Verdú, Diego Luna y Gael García, inmortales charolastras desmadrosos, es recordada por sus grandes pasajes musicales. Inolvidable la escena del baile erótico de los tres protagonistas en la playa con “Si no te hubieras ido” de Marco Antonio Solís. El soundtrack incluye rolas de Molotov, Plastilina Mosh, Café Tacvba, La Revolución de Emiliano Zapata, Brian Eno, Frank Zappa, Mala Rodríguez, Titán…

 

PERFUME DE VIOLETAS (2001)
Realizado por Maryse Sistach, cineasta dotada de una gran sensibilidad social y humana, PERFUME DE VIOLETAS (2001) es un filme crudo que ubica a su joven personaje femenino (Ximena Ayala) en el centro de un entorno machista, violento, totalmente adverso (así como lo es hoy en día para una chavita de la secu en muchos barrios de la zona metropolitana de la CDMX). El rock funciona como traje a la medida en esta dramática historia que hasta se queda corta si la comparamos con la cruda realidad de los feminicidios en nuestro país.

 

ALEX LORA: ESCLAVO DEL ROCANROL (2003)
En octubre de 2003 se estrenó en la sala 3 de la Cineteca Nacional otro de los pocos rockumentales mexicanos de la historia: ALEX LORA: ESCLAVO DEL ROCANROL, dirigido por Luis Kelly. Esta película una apología absoluta al personaje, como si el cineasta le rindiera tributo a Lora en lugar de contar la historia de su carrera con objetividad. La música, no obstante, es lo más representativo de este trabajo ¡Qué viva el rocanrol!

 

NO TUVO TIEMPO. LA HURBANISTORIA DE ROCKDRIGO (2004)
Hacia finales de 2005 y principios de 2006 se estrenó en un puñado de salas de la CDMX el rockumental NO TUVO TIEMPO. LA HURBANISTORIA DE ROCKDRIGO (2004), de Rafael Montero. Retrato fílmico de Rockdrigo González, el Profeta del nopal, y del movimiento rupestre en la capital chilanga, esta película pasó casi inadvertida salvo por su exitosa exhibición en la Cineteca Nacional, donde se mantuvo más de un mes en cartelera. Hoy, a la luz de la historia, este filme se muestra como un documento fundamental del cine rock mexicano.

 

NACO ES CHIDO (2009)
Dirigida por Sergio Arau, NACO ES CHIDO (2009) es un autorretrato de la legendaria banda Botellita de Jerez como sólo ellos lo podrían hacer. Una película muy divertida, satírica a madres, 100% irreverente, con grandes momentos musicales y con la presencia de muchas personalidades del rock mexicano. Para el soundtrack invitaron a un montón de artistas a hacer versiones propias de sus rolas. María Emilia, Alex Otaola, El Gran Silencio, Kinky, Café Tacvba, Molotov, Yucatán A Go Go…

 

SEGUIR SIENDO (2010)
Los cineastas Ernesto Contreras y José Manuel Craviotto convivieron unos 700 días con los integrantes de Café Tacvba para realizar SEGUIR SIENDO (2010), un hermoso rockumental que resume los primeros 20 años de la banda y que los retrata en sus procesos creativos y tocadas en vivo. La música es el punto G de la película.

 

GIMME THE POWER (2012)
Rockumental de Olallo Rubio sobre Molotov, GIMME THE POWER (2012) es un grito contra el sistema político podrido (el mismo que acaba de pagar la factura en las urnas). Un alegato poderoso, desde el arte de la música, en contra de la corrupción y los abusos de la clase política mexicana. Molotov no es cualquier banda y en esta película queda bien claro.

 

TIJUANA, SONIDOS DEL NORTEC (2012)
Dirigido por Alberto Cortés y producido por Jorge Sánchez, actual director del Imcine, TIJUANA, SONIDOS DEL NORTEC es un documental que recorre las calles de la ciudad titular para descubrir su música. Así nos lleva a Nortec Collective: Pepe Mogt y Ramón Amescua de Bostich + Fusible; Jorge Verdín y Fritz Torres de Clorofila y Pedro Beas de Hiperboreal. Un documento fílmico que registra la vibrante vida musical de Tijuana, donde la fusión de sonidos generó una escena musical bien poderosa y que se mantiene viva.

 

RITA, EL DOCUMENTAL (2017)
Realizado por Arturo Díaz Santana, RITA, EL DOCUMENTAL (2017) es un filme biográfico sobre la gran Rita Guerrero, actriz, compositora y voz inconfundible de Santa Sabina. El filme registra desde su infancia en Guadalajara, su paso por el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, los tiempos gloriosos al frente de Santa Sabina hasta sus últimos días de vida, antes de morir víctima de cáncer de mama.

 

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Bio 101 – Axel Catalán

Axel Catalán es un cantautor originario de Morelia, que se ganó nuestro respeto gracias a su canción ‘Los Amantes’, que sirvió para calentar los ánimos previo a su debut ‘Perro Viejo’, eso lo ha llevado a girar por todo el país y a integrarse a una nueva camada de cantautores mexicanos que picando piedra están haciendo nombre y ganando fans desde abajo, cómo de ver, se le puede ver cercano a Negro, Andrés Canalla o Belafonte Sensacional, si eres fan del rock rupestre o el urbano tienes que conocer su trabajo.

1. ¿En qué momento la música se volvió parte de tu vida?

Supongo que siempre me acompañó. Desde que tengo memoria la música ha estado alrededor de mi vida, y ha marcado siempre los momentos más importantes desde que soy niño. Escribí mi primer canción a los ocho años, así que supongo que siempre supe que quería ser músico.

2. ¿Cuál fue tu primer instrumento y cómo llegó a ti? 

A los ocho años que te comento que escribí mi primer canción la compuse tocando cubetas y cacerolas como si fuera una batería; pero el primer instrumento con el que tuve contacto fue una guitarra acústica que tenía cuatro cuerdas y que alguien había olvidado en la casa de mi madre. Cuando se llevaron esa guitarra espere medio año hasta que una prima me regalo otra guitarra acústica que fue con la que aprendí a tocar en una estudiantina. Mis compañeros me tiraban carreta por que tenía adornos de mariposas, porque según mi prima la había comprado porque era igual a la guitarra que tocaba Shakira cuando estaba cachetoncita.

3. ¿Es el instrumento con el que te sientes mejor ahora? 

Sigo usando la guitarra, de repente uso un bajo pero solo para “jamear” con los músicos con los que toco. Intente tocar el piano, pero realmente creo que mi instrumento es la guitarra.

4. ¿Quién es para ti el mejor músico de todos los tiempos y por qué?

No tengo un ídolo de ese tipo. Admiro mucho a muchísimos músicos de distintos géneros.

Yo dije que no… Café Tacvba dijo sí

México es más un país de mitos que de leyendas, aquéllos vertidos por dos tipos de personas: los ignorantes o los que quieren un país de ignorantes. Si, por ejemplo, las cifras de diagnóstico de cáncer mostraban un incremento leve pero sustancial que coincidía con el aumento en las ventas de los hornos de microondas ya, per se, los hornos de microondas provocaban cáncer pero de todas formas nadie dejaba de utilizarlos.

 

Eso en términos de salud pero también en cuestiones musicales México colecciona, y hasta presume, algunos mitos; a saber de algunos:

a) Grupo que anota un jonrón se vende.

b) Caifanes fue el mejor grupo de la historia de la música popular mexicana.

c) En gustos se rompen géneros (ustedes disculparan la frase hecha).

 

El inciso “c” es evidentemente un mito porque si fuese verdad todo el mundo escribiría de música y no se trata de eso, porque si bien las sensaciones que provoca toda manifestación artística tienen que ver con el gusto, éste no siempre es atinado y requiere de un guía –de ahí que existamos los analistas– para que los espectadores no confundan reguetón con arte. El inciso “b” más que un mito es una grosería y el inciso “a” me lo tragué con carnada, anzuelo, sedal y caña.

 

Y todo aquello me refiere a dos palabras con las que alguna vez no estuve de acuerdo: Café Tacvba. Y es que el fin de 2016 coincidió con un nuevo acercamiento personal hacia la música de los cafetos por medio del sencillo ‘Futuro’ y del libro biográfico que recientemente publicó el maestro Enrique Blanc.

 

Comenzando con el sencillo sentencié, después de escucharlo una docena de veces mientras procrastinaba la vida y lo publicaba en Facebook, que seguía apendejado con el video, simple pero agradable visualmente gracias a esa textura de cómic oscuro, y con la manera como estos tipos habían lustrado y engranado las bases de una simple cumbia. Arrabal con luces de neón, pensé, utilizando una imagen muy ochentera, y luego aseguré, sin temor a la crítica, que, para variar, estos tíos labraban otro caminito, otro punto de fuga para alcanzar el nivel de un ejercicio similar al que habría conseguido Kraftwerk versionando, por ejemplo, el ‘Yiri Yiri Bom’ de Silvestre Méndez, en versión de Beny Moré. Y hermano ambas canciones porque el Yiri Yiri Bom lo escuché en mi niñez hasta el cansancio ya que mi abuela de sangre francesa estaba loca por las cumbias más oscuras con sabor a vudú.

 

“No es vanguardia, es una cochinada simplona”, dijo quien abanderó la avalancha de reclamos generada por mi atrevimiento. Si bien es cierto que desde finales de la primera década del siglo XXI esto se hacía con regularidad, no se trataba de un hecho aislado sino de una consecución dictada por las nuevas formas de hacer música (Sonido Gallo Negro, por ejemplo). Así, mientras que en el caso de CT se trata de una ocurrencia típica que forma parte del crisol tradicional de los de Ciudad Satélite, un guiño entre muchos otros gestos diferentes, para Sonido Gallo Negro la cumbia electrificada era un todo.

 

 

A Café Tacvba lo conocí a finales de los ochentas gracias a un cassette pirata comprado en el Tianguis del Chopo que me prestó mi amigo Raúl, con quien en esas tiernas edades formé un dueto de DJs llamado Los Elegantes, y me pareció la perfecta excusa para retomar esa educación oscura proveída por el Yiri Yiri Bom mezclada con algo que era rock pero al mismo tiempo no. Era como The Cure en cantina con rockola de cinco pesos. Luego los vi en directo en La Última Carcajada de la Cumbancha (LUCC) con un sonido esquelético y venenoso y me fasciné tanto como mi papá la primera vez que los escuchó en ese cassette Sony de 60 minutos. Y precisamente lo que me gustó de ellos –a diferencia del sonido de Maldita Vecindad y Caifanes que sin ser malo era evidente– radicaba en que tomaban elementos de mexicanidad urbana poco apreciados en el circuito elitista del rock, les escupían, los metían en una pica lica Moulinex y te sorprendían.

 

Hace unas semanas, como invitado en la cabina de Rock 101 para hablar sobre la muerte de 2016, referí que no defendía nada de la nueva música porque me parecía algo que ya había escuchado muchas veces en distintas décadas. No obstante, ante ese aparente lustre y la asepsia del sonido actual ‘Futuro’ me parece lo más refrescante hasta ahora tanto como me lo pareció en su momento el ‘Turn on the bright lights’ de Interpol.

 

Sin embargo, después de que CT grabara su primer disco con Warner me alejé de ellos mentando madres por haberse “vendido”, por haber suavizado su sonido y porque el ejército de fans parecía no entender, más allá del análisis de la masa, lo que estaba sucediendo. Con esa mentalidad negativa que duró unos lustros entrevisté a Meme y Rubén en la terraza de un hotel de cinco estrellas dos días antes de su concierto en el Zócalo y me hablaron precisamente de la manera como enfrentaban a la brava los paradigmas del pop nacional, un ingrediente esencial en su derrotero. “Ven al concierto y tu idea va a cambiar”, me dijo Meme y me entregó un gafete all acces. Dos días después le di la razón y, si bien hay canciones que no tolero ni en los peseros, reconozco que el inciso “b” es un mito porque las necesidades del escucha nacional están bien saciadas y arropadas por CT. Así que las críticas negativas de quienes no son analistas musicales me vienen guangas.

 

Por otro lado, el libro de Enrique Blanc condensa en 352 páginas un argumento innecesario pero iluminador para explicar los motivos del grupo y, logrando lo que no pudo el documental Seguir siendo, ilustra el camino que siguió el pop nacional a partir de su llegada a los escenarios en sus cinco sentidos y sin caudillos mentirosos, aglutinando en perfecta sincronía a todas las clases sociales en tugurios como LUCC, Rockotitlán o El 9.

 

Finalmente, en algunos casos, para conocer los motivos de ciertas bandas es necesario recular en su historia, darle al arte de YouTube y reconocer los errores propios cegados por el gusto personal, no obstante, con CT basta con escuchar lo que van liberando poco a poco para darte cuenta de la importancia de su sonido en la historia y de los cientos de malos émulos que presumen de vanguardia. No todo es guitarrazo, ya se los he dicho, pero parece que nadie lo entiende.

 

A 25 años de que salió “El circo” La Maldita Vecindada y Los Hijos del 5º Patio

La Maldita Vecindad y los Hijos del 5° Patio están de manteles largos, su disco “El Circo” cumple 25 años, para festejarlo el pasado 18 de noviembre fue relanzado en una edición especial en vinil, para los verdaderos admiradores de la emblemática banda de rock mexicano.

 

La producción, a cargo del reconocido Gustavo Santaolalla, es el álbum más vendido del rock nacional, siendo enlistado entre los 100 mejores discos de la década de los 90 por la reconocida revista SPIN y cuya popularidad fue tan grande que además de llevar a un grupo de origen underground a la popularidad nacional, rompió fronteras hacia Estados Unidos, América Latina e incluso Europa.

Gracias al éxito logrado por esta producción, Maldita Vecindad fue el primer grupo de rock mexicano que realizó una gira transcontinental, llamada “La Gira Pata de Perro”, donde tuvieron la oportunidad de tocar en vivo en Europa, visitando España, Suiza, Alemania, Inglaterra, Bélgica, Irlanda, Dinamarca, Suecia, Portugal, Holanda, Italia, Francia, Noruega y Austria.

Y por si fuera poco, la banda  festejará con un concierto el próximo 11 de diciembre en la Carpa Astros de la Ciudad de México. Fue en 1991 cuando la banda de rock le dio al mundo uno de los materiales más importantes de su discografía y para la escena del rock nacional, por ello regresarán al mismo escenario que sirvió para darlo a conocer hace un cuarto de siglo.

Asimismo, la Carpa Astros está celebrando un año de actividad ininterrumpida presentando conciertos y expresiones artísticas en vivo, por lo que el evento consuma esfuerzos y carreras desde diversos ángulos, se indicó mediante un comunicado de prensa.

“El Circo” se estrenó el 24 de septiembre de 1991 y contiene temas emblemáticos como “Pachuco”, “Un poco de sangre”, “Solín”, “Un gran circo”, “Pata de perro”, “Otra”, “Kumbala” y “Querida”, ésta última de la autoría del fallecido cantautor Juan Gabriel.

Inmortalicemos el legado de Rita, la musa del rock

Hace dos años comenzó el sueño de plasmar en un largometraje la vida y obra de quien encarnó una de las voces más enigmáticas de México. Rita, el documental está inspirado en Rita Guerrero, vocalista del grupo Santa Sabina, integrante de Ensamble Galileo y musa que ocupó el arte como la expresión más pura de transformación para hacer vibrar miles de corazones.

Rita, el documental es un filme dirigido por Arturo Díaz Santana; una obra emotiva y personal que recoge el testimonio de las personas más cercanas a la cantante, como su madre, hermanas, así como colaboradores, artistas y amigos. Gracias a ellos y a cientos de admiradores se formó el Archivo Rita Guerrero con material exclusivo y entrañable, mismo que sólo podía reflejar la gran pasión que Rita imprimía a cada creación, enmarañada entre un retrato político y social del país.

Sin embargo, hay un último reto que sortear: Rita, el documental requiere apoyo de todos aquellos quienes desean ver materializada esta cinta. Para ello se alió con la plataforma Fondeadora con el objetivo de terminar la postproducción y garantizar la distribución del archivo. La meta es conseguir 500 mil pesos para este propósito y donar cada peso extra a FUCAM, una asociación civil que tiene como misión procurar el diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama, así como fomentar su detección oportuna.

“Rita y yo fuimos amigos cuando formó una familia con mi amigo Aldo Max. En 2013 salí muy conmovido de la Cineteca Nacional después de ver Marley, un documental sobre la vida de Bob Marley. Cuando atravesé la puerta se me ocurrió que Rita merecía no sólo un documental, sino uno que hiciera justicia a la belleza de su vida y obra. Conseguí la cinta, se la di a Aldo y le dije: ‘mira esto porque te voy a proponer un proyecto’. Cuando lo volví a ver, él sabía cuál era la propuesta. No fue fácil imaginarnos las implicaciones emocionales, pero con este documental estamos reviviendo a quien realmente merece vivir”, cuenta Arturo Díaz.

Rita, el documental es un proyecto ganador de la VII Emisión para ópera prima documental del CUEC, y una producción del CUEC con el IMCINE. El trabajo comprendió dos años y medio de procesar infinidad de videos en diversos formatos, fotografías, notas de prensa, audios; así como 25 entrevistas de personas cercanas a Rita en cada etapa de su vida.

Se pretende que las proyecciones se realicen en marzo de 2017 en algún cine emblemático de la ciudad, mientras los objetos de recompensa para quienes hagan un donativo para el proyecto se entregarán en un lapso no mayor a un bimestre después de concluida la Fondeadora.

El músico Alfonso André, quien estuvo unido a ella por “una una gran amistad, cariño, respeto profesional y amor por la música”, considera “fantástico que se hagan esfuerzos como éste en México, un país con tan poca memoria. Además, el equipo que lo lleva a cabo está integrado por profesionales del cine y sabe lo que hace. Ojalá existieran más iniciativas de este tipo”.

Aún quedan 10 días para lograr el objetivo y concluir este proyecto que llevará Rita, el documental, que guiará a los fanáticos por una travesía entre material inédito, fruto de una minuciosa investigación del historiador Jorge Paredes; con testimonios de personas muy allegadas a Rita cuyas voces son el hilo narrativo y, en general, verán una película hecha desde una perspectiva interna y con un gran compromiso con la realidad.

“Es una película que presenta muchas facetas de Rita, la hija, hermana, tía, amiga, artista, pareja, icono del rock y de la música barroca. Es una construcción coral que nos muestra a un ser humano complejo y excepcional a la vez. Al hacer esta película descubrí que ella estaba siempre en búsqueda de la belleza a través de cualquier medio”, concluye Díaz.

Avándaro entre líneas, a 45 años de historias no contadas

 

Lo que pasó en Avándaro se quedó en Avándaro y lo que sucedió en aquel septiembre de 1971 ha pasado y seguirá pasando a la historia como una leyenda épica de generación en generación. Como buenos mexicanos moralinos, a los padres y madres que fueron testigos de este acontecimiento, aún les cuesta trabajo (cuando no niegan en absoluto haber estado ahí) hablar de lo ocurrido en esos dos días donde una multitud de alrededor de cien mil personas (otros dicen que trescientos mil), se dieron cita cerca de Valle de Bravo para escuchar el mensaje de paz y amor de doce bandas que tocaban eso que los oídos humanos comenzaban a reconocer como música rock.

 

Buscando testimonios para esta remebranza me doy cuenta de lo afortunados que fueron quienes asistieron a ese lugar, pues gracias a que no existía herramienta tecnológica alguna que pudiera guardar registro de lo ahí ocurrido, la mayoría de los testigos debe acudir al único medio que tienen: sus magníficos recuerdos. Casi nada grabado, muchas fotografías y millones de anécdotas no contadas es lo que sabemos hoy del mítico Festival de Rock y Ruedas donde jóvenes de distintas clases sociales e ideologías se reunieron con el único objetivo de escuchar canciones de rock.

 

 

Sobre Avándaro, lo que seguramente has escuchado y vas a escuchar al respecto, no es casualidad sino porque los redactores de la historia de México así lo han querido como casi todas las historias que valen la pena contarse sobre nuestro país y que han sido mal contadas por esos hombres de negro que, sobre Avándaro, nos narran una historia de sexo desenfrenado, drogas descontroladas y ruido sin ton ni son. ¡Colosal orgía!, Vicio y degradación (revista Mañana) o el favorito de siempre,  el Alarma con su ¿Amor y Paz? ¡El infierno! Fueron tan solo algunos de los encabezados que se leyeron la mañana del 13 de septiembre de 1971.

 

Una hilarante historia acerca de “una encuerada” que en un momento de frenesí provocado por el exceso de sustancias prohibidas se despojó impúdicamente de sus prendas para incitar a todos los demás jóvenes a ese festín de depravación. De esta historia, rescato y transcribo lo transcrito por José Woldenberg (también testigo) a través de la voz de Federico Rubli, que en su libro ‘Estremécete y rueda’ cuenta lo siguiente:

 

“Tocaba La División del Norte, el público estaba eufórico, “un fuerte alarido atrajo mi atención… (Sobre un tráiler) una chava morena de pelo negro, lacio y largo con una cinta alrededor de la cabeza bailaba rítmicamente, sólo que estaba en pantaletas, pues se había quitado los jeans. Después de un rato se volvió a poner sus pantalones. Siguió bailando… Esporádicamente se alzaba su playera blanca para dejar al descubierto sus senos, sin brassier, desde luego… hasta que decidió despojarse de toda inhibición quitándose su playera de color blanco. Después de un rato, el personal de la organización la retiró del techo del tráiler. No se volvió a saber nada de ella en toda la noche, ni nunca más”.

 

Narra Wolldenberg, que luego de esta anécdota, la figura semidesnuda de una completa desconocida se convirtió en  el ícono de toda una generación. La revista Piedra Rodante de aquellos años publicó una supuesta entrevista con Alma Rosa González López “La Encuerada de Avándaro” una chavita de onda, muy maciza y que siempre andaba pastel, la cual resultó ser una invención por parte de la publicación, misma que sería desmentida en el año 2001 por el periódico La Jornada donde Oscar Sarquiz, conocido crítico de rock en entrevista con Manuel Aceves (director editorial de Piedra Rodante en tiempos de Avándaro) sacaría los trapitos al sol de semejante osadía a la luz de la honorabilísima Dirección Federal de Seguridad que al amparo de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública en donde yace clara y transparentísimamente, la verdadera identidad de esta joven quien hoy debe vivir a sus 64 años con una sonrisa perpetua e inmortal debido a su travesura.

 

 

Seguramente también has escuchado o escucharás que todo estaba mal organizado, que hubo personas que se quedaron varadas en la carretera, que había que caminar un chorro, que no se podía escuchar casi nada de música debido a que el sonido era malísimo y que lo único que podías ver era muchachos y muchachas en trance por la enorme cantidad de mariguana que habían consumido; que los camiones “iban hasta las chanclas”, que no había nada para comer o beber, que la luz se fue. Pero al leerlo con ojos modernos nos damos cuenta que ese es justo el típico ambiente de un festival de música o ¿En serio alguna vez has acudido a algún festival donde no existan todo tipo de obstáculos? Y eso que ahora vivimos plenamente cobijados por el capitalismo emprendedor que no nos deja sufrir por cerveza ni un instante.

 

Algunos testimonios rescatan que el gobernador del Estado de México en ese entonces, Carlos Hank González, llevado por engaños creyó noblemente que lo que se celebraría a la par de la carrera automovilística sería una simple Nochecita Mexicana, permitiendo de esta forma que el festival se llevara a cabo sin contratiempos. En realidad no había nada por lo que alguien debiera preocuparse ¿o si?

 

No debemos olvidar (ah porque a los mexicanos nos gusta mucho eso de olvidar) que para septiembre de 1971 habían pasado apenas tres años de los oscuros acontecimientos ocurridos en la Plaza de las Tres Culturas y apenas unos meses antes de llevarse a cabo El Festival de Rock y Ruedas, otro episodio de represión por parte del gobierno en turno conocido como El jueves de Corpus resonaba en la conciencia colectiva de una juventud herida, despojada de toda dignidad, atemorizada y descorazonada, pero al fin, energética y optimista.

 

De tal forma que algunos sectores del gobierno se sintieron inseguros al enterase sobre esa aglutinación multitudinaria de jóvenes que al estar motivados por esa música del diablo y sabe Dios que sustancias, quien sabe, podrían sentirse estimulados hacia la rebelión y el libre pensamiento y pues eso no, ni Dios lo mande. Es por eso que como un paisaje natural de nuestro país, podían observarse policías uniformados por doquier, y sí, también se cuenta que hubo agentes encubiertos. Sin embargo, el de Echeverría era mandato de primer mundo, moderno y progresista, su gobierno hizo un gran esfuerzo por tratar de suavizar el 2 de octubre y liberó presos y perdonó a los exiliados; jamás de los jamases permitiría que en un encabezado de prensa apareciera un “Cancelado El Festival de Rock y Ruedas por descontrol ante sustancias” nonono ni Dios lo mande, dejemos que los jóvenes se diviertan, se lo merecen. Simplemente no dejemos que esto vuelva a suceder. México no está listo para el rock, le susurró Pepe Grillo al oído a nuestro querido presidente quien nos protegió durante muchos años de caer en el  mal camino del rock y sus demoniacas enseñanzas.

 

Lo que sucedió después es ese chisme que todos saben pero nadie quiere decir; más de una década de oscurantismo cultural que nos dejó a muchos Albertos Vázquez, muchas Angélicas María y ningún concierto de artistas internacionales que pudiera reunir a más de cien jóvenes en un mismo lugar ¿No los llena de curiosidad saber que hubiera sido del rock hecho en México si éste hubiera seguido su cauce natural después de ese festival? A mi sí. Es un poco el mismo morbo que da pensar qué hubiera sido de México de no haber sido conquistado y todas esas fantasías que entran en el catálogo de los hubiera.

 

 

Afortunadamente lo que se cuenta en la otra historia de México, esa que fluye de manera natural de oído a oído, de padre a hijo, en papelitos, en chismes, entre amigos, esa que nos suena a verdadera historia, nos cuenta cosas mucho más agradables acerca de ese mítico festival donde por primera vez, los jóvenes mexicanos daban rienda suelta a sus fantasías musicales. Es probable que alguien haya decidido comenzar a tocar la guitarra después de escuchar a La Tribu o a los Three Souls in My Mind; aunque algunos aseguran que, por ser el último número, a estos últimos, más bien los dejaron solos. Seguramente muchos padres se enamoraron escuchando rolas de Peace and Love; lo que sería raro porque fueron ellos los que, según cuentan, incitaron un poco al caos con sus palabras altisonantes. Quien sabe, quizás exista el caso de alguien que fue concebido al calor de las canciones de El Amor; aunque la mayoría recuerda haberlos abucheado por fresas.

 

Probablemente muchos grupos de amigos se conocieron ahí entre el polvo y el lodo escuchando a Bandido, a El Epílogo o a La División del Norte. También existe el caso de aquellos que escuchando a El Ritual, a los Yaki o a Tinta Blanca hayan visto una visión de su futuro como hacedores de una industria musical nacional naciente y prometedora y que hasta el día de hoy se aferran a este sueño, esperanzados. El propio padre del primo de un amigo, dejó a su esposa en cama a días antes de dar a luz para ir a escuchar a los Dug Dug’s y también existe el caso del padre de otra amiga quien dijo estar trabajando para luego salir muy eufórico en la foto de la portada de uno de los tantos LPs recopilatorios. Sabía que estas anécdotas me servirían algún día.

 

Lo cierto es que leyendo las entre líneas de aquello que en verdad sucedió aquel septiembre de 1971, lo que percibimos algunos de aquellos que no estuvimos ahí se reduce al olor de una primera aventura, a las cosquillas del primer amor, a las sonrisas emanadas de la hermandad, al eco de la solidaridad que los jóvenes algún día tuvimos, a la ansiedad de ser parte protagónica de un mundo mejor, a una rebeldía encausada a la esperanza, a la convivencia armónica, en fin, a historias que hablan sobre paz y amor.

 

Bibliografía

Proyecto Colector: Formando la fonoteca del rock mexicano

Bibliotecas, cinetecas y fonotecas digitales están en marcha para evitar perder el registro de la historia, un trabajo que promete ser permanente para preservar la memoria, una idea que se ha vuelto sumamente importante en los últimos años. Sin embargo a veces la labor de preservar se convierte en un proyecto para concretar lo que durante años nos hemos preguntado, ¿porqué no existe, porqué no se ha hecho?. Proyecto Colector y la Fonoteca Nacional parecen tener finalmente la respuesta.

 

En promedio se editan en México 250 discos de rock en español, entre 200 y 210 son de mexicanos y el resto son artistas argentinos, chilenos, colombianos o españoles cuyos discos son editados aquí en México. Los datos no son a ojo de buen cubero, son completamente comprobados por alguien que pasó la mitad de su vida adquiriendo discos y que ha pasado gran parte de las últimas tres décadas no sólo escuchándolos y atesorándolos, también ha dedicado mucho tiempo a ordenarlos, catalogarlos y entenderlos por datos, algo que podrán comprender todos aquellos que tienen más de 100 discos en su colección y que en cierto momento han entendido que es necesaria la clasificación para no perderse.

Proyecto Colector llega como una pieza de Audiotecas Digitales de la Fonoteca Nacional, que como hemos visto en sus muchas sesiones de escucha y cursos, tiene un verdadero aprecio por el rock mexicano, sin embargo no surge propiamente en esa institución, ya que nace con Ricardo Bravo, escritor, locutor, editor de revistas especializadas y melómano apasionado del rock en español.

 

El proyecto prácticamente nace desde su inicio como melómano de rock en español, “algo que data desde principios de los 80, cuando ya tenía un tiempo como melómano de rock en inglés y descubro el rock en español por medio de diferentes personas, un amigo argentino que era un vecino, un amigo español que era un compañero de la secundaria y mi papá, que me acercó a discos de Chaac Mool”, explica en entrevista el fundador de la revista Nuestro Rock.

 

“En estos años de 81, 82, 83 y 84 voy descubriendo todo eso y me identifico mucho. Siempre me gustó tener referencias, andar buscando libros, enciclopedias de rock, investigar leer, y ahí me di cuenta que con referencia al rock en español no había una fuente informativa fidedigna y completa de la escena del rock, sobre todo en México. Casi instintivamente me di a la tarea de recopilar los discos, ahí empecé con ésta idea de buscar los discos de los 80… empecé a conseguirlos en el Chopo, con coleccionistas y los propios músicos”.

 

Ricardo Bravo y Luis Gerardo Salas en la Fonoteca Nacional. Foto Karina Cabrera

 

A la búsqueda de materiales en los 80 se sumó la de los 90, un trabajo que hoy en día le hace decir a Ricardo Bravo que tiene colecciones completas producto de la dedicación de ir consiguiendo todos los discos que salían de cada año. Para cuando terminó la última década del siglo XX, tenía la misma idea, “sólo que a partir de ahí empecé a dedicarme a otras cosas, hubo algunos distractores también relacionados con la música, pero no tan vinculado al rock en español”.

 

Como melómano y coleccionista sabía que era muy importante tener toda la colección y respaldar todo lo que había hecho en los 80 y los 90, para verdaderamente tener una memoria histórica completa de lo que había sido el rock en español editado en México, con el Proyecto Colector ha encontrado de manera inmediata, con el respaldo de una institución tan importante como la Fonoteca Nacional, la forma de crear un espacio donde se pueda compartir todo ese trabajo de investigación que abarca en la actualidad miles de discos.

 

Con Proyecto Colector y Audiotecas Virtuales, “se logrará llevar a diferentes ciudades de la República toda la música del acervo de la Fonoteca Nacional, con una sección dedicada a la colección completa de rock mexicano” de los últimos 30 años. Una parte será Referentes del Rock Mexicano, armada con la colección de más de 5.500 discos de Ricardo Bravo y la sección Rock en Español del Siglo XXI.

 

Según nos explicó Ricardo Bravo, muchos de los materiales serán digitalizados no sólo para ponerlos a disposición del público, la parte más interesante viene con Referentes del Rock Mexicano, que “serán sometidos a ese proceso para limpiarlos, para ayudar a que el audio sea mucho mejor, lo que garantiza realizar viajes fantásticos en discografías y obras completas de los representantes más grandes de nuestro país”, pero el conocimiento no sólo será musical, porque la idea es incluir entrevistas donde los mismos autores abordarán los detalles de su discografía.

 

La parte de colaboración general tiene como objetivo “encontrarnos con esa bandas, que tal vez no logran trascender más allá de nivel local, pero que hacen un gran esfuerzo para poder editar un disco de manera formal, es sobre los grupos que logran dar ese paso para realizar la maquila mínima de 1.000 discos. Lo que se buscan son discos editados de forma profesional, no demos o los que una banda puede quemar en su casa”.

 

Además de ser una memoria histórica que se compartirá de manera gratuita, se vuelve también una especie de cápsula del tiempo, con la Fonoteca Nacional queda la garantía de que se preservarán los archivos y cualquier persona en el futuro podrá conocerlos. Pero el proyecto sonoro no es todo, porque podría crecer hacia el plano editorial, gracias a la recopilación de información y múltiples entrevistas podríamos ver finalmente lo que muchos han iniciado, realizado y nunca terminado completamente. Después de varias décadas se podría llegar a la enciclopedia definitiva del rock mexicano.

 

Si desconocen completamente la labor de la Fonoteca Nacional, los invitamos a acercarse a través de la entrevista que realizamos a Tito Rivas, director artístico de la institución. También pueden visitar su audioteca y biblioteca pública (incluye una sección de rock mexicano) en Avenida Francisco Sosa 383, Coyoacan, Santa Catarina, 04010 Ciudad de México, D.F.

59 años de rock mexicano

Desde el momento en que el rock llegó a nuestro país en la década de los 50, específicamente en 1956 con la grabación de ‘Mexican Rock And Roll’ a cargo de la orquesta de Pablo Belyrán Ruíz y ‘El Relojito’ de Gloria Ríos, los músicos locales se vieron frustrados en su intento de crear algo original basado en ese mismo ritmo. La industria discográfica de esa época prácticamente obligaba a los grupos a grabar covers, sin embargo junto con el movimiento de 1968 nació un nuevo intento por llevar el rock en nuestro país hasta otro nivel. La diferencia de raíz fue el idioma, en un principio el rock era en español pero era una copia, el segundo paso fue en inglés y mostraba cierta originalidad.

 

El movimiento del rock en México causó mucho furor entre las clases media y alta, al grado que logró atraer la atención de los medios de comunicación. No tuvo un origen rebelde, popular o propositivo como en Estados Unidos, sino que llegó como un producto procesado directamente de norteamérica, de esa manera en 1971 el festival de Avándaro fue convertido en una realidad cultural, que iba más allá del simple gusto por un estilo musical, sin embargo se empezaron a negar permisos y es cuando el rock se sale de los salones bien organizados y recurre a corralones, bodegas o terrenos baldíos en la periferia de la ciudad.

 

 

Con las tocadas subterráneas, surgieron nuevos valores que forman parte de una generación de músicos que hasta hoy han trascendido. Se origina el “Movimiento Rupestre”, que contemplaba a aquellas bandas que a falta de recursos para formar grupos con instrumentos eléctricos, presentaban su propuesta sólo acompañados de su guitarra, y cuya riqueza se basaba en sus letras muchas veces complejas y con una carga existencial, que nos remitía de alguna manera al movimiento folk acústico de los sesentas. Después del terremoto de 1985, este movimiento se convierte en semillero de un sinfín de compositores y grupos de rock nacional.

 

A mitad de ese mismo año, se crearon foros como La Rockola, El Bar 9, Rockotitlán, Foro Alicia, Rock Stock, La Victoria, Tequila Boom, La Diabla, Babel, Fixión, Tutti Frutti, LUCC, donde gracias al ambiente de estos lugares, aparecen de un momento a otro una nueva generación de grupos. Con el renacimiento del rock, se dio cita también al surgimiento de otras artes subterráneas como el teatro, la danza, performances entre otras actividades, permitiendo entonces que los lugares donde se citaban para las tocadas fueran también espacio para éstas artes.

 

Durante casi una década las compañías disqueras y los grupos mexicanos establecieron una relación bastante fructífera, que animó a estaciones de radio y medios impresos a confiar en la calidad del rock nacional y su capacidad para producir sus propios sonidos. Entre los 80 y 90 la música tuvo cierta continuidad en nuestro país, a pesar del formato pop que los sellos grandes utilizaban para promocionar a los grupos de rock. No importaba realmente la forma, mientras los sonidos salieran del hoyo funky y llegaran hasta las grandes masas.

 

Sin embargo a finales de los 90 la continuidad llegó a su fin, algunas disqueras decidieron dar carta de retiro a los grupos en los que alguna vez habían confiado y que ahora no resultaban un buen negocio. La crisis de la industria, provocada por la piratería y los altos salarios de los ejecutivos, definitivamente se llevó entre las patas a una buena parte de esas bandas que ansiaban tener un contrato discográfico y que aspiraban poder utilizar el gran aparato de difusión y distribución que les prometían. Simplemente estaban congelados, sin disquera para sacar nueva música (en el caso de las bandas con algunos años de existencia) o acercarse por primera vez a un público más amplio (en el caso de la bandas noveles).

 

En la búsqueda de nuevas formas de expresión las disqueras independientes se han fortalecido, acogieron diferentes géneros y establecieron nuevas formas de trabajo en las que permitieron nacer a una nueva generación de grupos, que han combinado novedosas formas de organización y distribución para hacer llegar hasta el público su música con mucho éxito. Esa nueva camada sigue al pie de la letra la línea del DIY, buscan la autogestión para mantener libre su música, deciden que quieren hacer con ella y la forma en que la harán llegar a sus seguidores. La mayoría de las veces estos grupos producen sus propias canciones, maquilan sus discos y reciben íntegras sus ganancias, que son reinvertidas en el equipo del grupo y en la edición de más discos.

 

Celebrando 59 años de rock, los diferentes grupos hoy día en escena son producto del trabajo de un movimiento que ha tenido pausas, verdaderos momentos de fuerza y continuidad para ser vigente. El rock es una realidad, por esa razón celebramos su existencia con el especial #HechoEnMéxico101 en rock101online.mx, con una fiesta de sonidos antes de llegar al gran 60. No te pierdas la transmisión el día 14 de septiembre, 10 horas en vivo en la memoria sonora de México, las instalaciones de la Fonoteca Nacional.

Vuelve ‘Águila o Rock’, ahora en el Museo del Chopo

A finales de la década de los 80 apareció en la televisión mexicana ‘Águila o Rock’, buscaba definir el movimiento de Rock en Tu Idioma pero a través de la escena nacional y los músicos más relevantes de la época. La serie será retomada por el Museo Universitario del Chopo, se proyectarán diversos episodios, empezando por aquellos dedicados a Jaime López y Cecilia Toussaint, presentados por los propios músicos en compañía de Alberto Cortés el 3 de septiembre a las 20:00 horas.

‘Águila o Rock’, conducida por Rita Guerrero, fue una serie relevante por las personas que fueron entrevistadas y por los realizadores que participaron, hoy en día ocupan un lugar privilegiado en la música y la cinematografía mexicana. Con el tiempo logró reunir solistas en vivo y entrevistas únicas, además de material invaluable para el análisis del desarrollo de la historia del rock en nuestro país.

Aunque muchos de los episodios de la serie se pueden encontran en YouTube, recomendamos asistir a las próximas proyecciones de ‘Águila o Rock’ en el Museo Universitario del Chopo, todas ellas contarán con los protagonistas de aquella escena. Próximas proyecciones: 1 de octubre, 5 y 19 de noviembre de 2015, 20:00 horas.Entrada libre.

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