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#SonicArsenal – AI, al servicio de la música y el cine

Lo que esperábamos y no sucedió (al menos como nuestra loca imaginación indicaba), lo que si tenemos y ya podemos utilizar, les comparto dos casos de inteligencia artificial. El primero permite enlazar música, pero en realidad es más un centro de descubrimientos personales; mientras que el segundo es parte de las obsesiones que nos seguimos preguntando después de ‘Blade Runner 2049’.

Podríamos seguir peleando con el algoritmo y su necesidad de decirnos que escuchar o de una vez por todas considerar que la combinación de datos con inteligencia artificial puede brindarnos experiencias extraordinarias. Con el paquete de librerías de amplios rincones por explorar en Apple Music y Spotify, podemos seguir las reglas descritas por Nick Hornby en el libro ‘High Fidelity’ sin perder completamente la esencia del DJ por el servicio digital, ese es el objetivo de la app Muru Music, llamada así por el término aborigen australiano “viaje”, la primera AI que encuentra puntos de conexión entre géneros y transiciones que no planea sustituir tu gusto sino ampliarlo, también puedes trabajar vía web.

 

Mientras Rose McGowan susurra el conmovedor monólogo de Roy Batty en la canción ‘RM486’, exploramos ‘Astro Creep: 2000’ de White Zombie y agregamos a nuestra lista de deseos una oveja eléctrica, retomamos la leyenda del sexto replicante, aquel que aparecía en el guión original como “Mary”, pero que al ser eliminado creó un pequeño error de continuidad que originó la teoría popular que todos queremos confirmar en ‘Blade Runner: 2049’. Rick Deckard podría ser aquel replicante reprogramado con extraordinaria reputación, sin embargo sabemos que ese guiño/error en el corte de Ridley Scott no se extendió como deseábamos en el filme de Denis Villeneuve.

El Hombre en el Castillo, dos veces Dick

Es 1962, para nosotros son tiempos tiempos de la Guerra Fría, pero ese no es un tema para Philip K. Dick, el escritor se enfocó en uno de esos tantos “si hubiera” que levantan muchas especulaciones, uno de ellos es el mundo alternativo narrado en ‘El Hombre en el Castillo’, donde las potencias del Eje ganaron la Segunda Guerra Mundial y se dividieron el planeta, por consecuencia los alemanes continuaron con el exterminio de judíos y lo extendieron hacia toa la población de África, mientras que los italianos simplemente se sometieron y los japoneses descubrieron una nueva fascinación por toda la memorabilia de la historia americana anterior a la guerra.

A principios del 2015 Amazon nos dio un pequeño fragmento de lo que ese mundo distópico podría ser, transformándolo en una serie web que olímpicamente ha pasado desapercibida por la temporada de premios. La adpatación de la novela de Dick nos sitúa sin tantas vueltas en la costa del Atlántico de Estados Unidos, el territorio nazi desde 1947 donde se ha instaurado un régimen racista y de terror, la costa del Pacífico está en manos japonesas, para ambos bandos los estadounidenses son ciudadanos de segunda clase que observan en silencio como se gesta una posible guerra entre Alemania y Japón.

En los 10 episodios tal vez no observamos tanto el coleccionismo de “artículos artesanales americanos” y la continua necesidad de verificar todo con el I Ching, sin embargo si percibimos en ‘El Hombre en el Castillo’ la estructura básica que el mismo ‘Libro de los Cambios’ se encarga de contradecir a lo largo de la historia, cada consulta al oráculo nos lleva a la posibilidad que marca otro de los ejes centrales de ésta historia. La serie producida por Ridley Scott nos acerca una vez más a ‘El libro La Langosta Se Ha Posado’, escrito por un tal Hawthorne Abendsen, donde informa a través de una historia novelada que esa amarga derrota no tuvo lugar en el mundo real, revelando que la humanidad podría estar sufriendo un delirio colectivo dentro de un juego de percepciones y contrarrealidades que nos llevan a pensar en esas otras sospechosas capas que el propio Phillip K. Dick percibía en su vida.

Tanto la novela como la serie son sobre lo abstracto y lo visible, de un mundo contaminado que no percibe la falsedad, el hombre en el castillo (que por supuesto tampoco vive en tal lugar) es una persona que antepercibe el universo y espera abrir esa ventana de probabilidades a otros, sin embargo para lograr que la langosta se pose es necesario mostrar que lo que se toca no es precisamente real y lo que el oráculo intenta revelar con cada exagráma es otra historia enmascarada por la ficción.

Es, como muchos otros libros de Phillip K. Dick, un cuestionamiento sobre la historia, quién la cuenta, quién la escribe, quién la retuerce para sus propios fines y, en el caso de la serie, una de esas historias que no ganará toneladas de premios, pero sin duda atrapa con sus premisas, las imágenes y los instantes en que una película prohibida revela una verdad que parece oculta a la vista de todos.

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