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Industria del plástico se compromete por frente sustentable

El presidente de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (ANIPAC), Juan Antonio Hernández, explicó que los industriales del sector están trabajando en unidad para generar conciencia de que el uso de los plásticos no es malo, por el contrario, ha aportado muchos beneficios a lo largo de los años, en sectores importantes como en la alimentación, salud y transporte, entre otras.

“El plástico es necesario, nos ha dado las ventajas en sectores más importantes como alimentos, salud y transporte”, aseguró durante el Quinto Foro  de Materias Primas “Análisis, tendencias y enfoques del plástico para el entorno actual”, organizado por la ANIPAC.

Además, invitó a los industriales a trabajar en conjunto para que al sector del plástico siga siendo clave en la economía nacional.

Juan Antonio Hernández destacó que la ANIPAC participa en conjunto con otras asociaciones internacionales, con las que han logrado detener 73 iniciativas en contra del bolsas de plástico y los desechables, actualmente en México trabajan en 31 que están dirigidas para las bolsas y 32 a los popotes.

Por su parte, el Director de la Anipac, Raúl Mendoza, aseguró que el sector requiere de unidad, pues enfrentan grandes retos, ya que la percepción de que los residuos sólidos son un problema ambiental y esto se debe a la falta de buenas prácticas de consumo y de la inadecuada disposición del residuo, así como la deficiente infraestructura que tiene el país para el acopio y gestión integral de los mismos.

Consideró necesario alargar la vida útil del recurso, evitando la generación de “basura”, es decir, convertir un residuo en un nuevo material de uso eficiente que le permita convertirse en insumo de otro ciclo productivo, de manera continua, lo que ocasiona mejores procesos en la industria, mejores prácticas, menos recursos, menos huella de carbono y un ambiente saludable para el ser humano, apuntando al cuidado de nuestro planeta.

Raúl Mendoza expuso que las 3Rs “Reducir, Reciclar, Reutilizar”, no han sido suficientes, por lo que promoverán a las 5Rs “Repensar, Rediseñar, Reducir, Reciclar y Reutilizar”, a través de campañas de educación para sumar a la sociedad, incidir con legisladores y gobiernos para regular de manera adecuada y su compromiso en planes de separación de residuos, así como impulsar la economía para el desarrollo y la apertura de plantas de reciclaje del plástico en México.

“El hecho es que se requieren acciones concretas con un profundo análisis previo, así como la participación conjunta de todos los involucrados en esta problemática, es decir, la acción comprometida y decidida de gobiernos, de asociaciones locales e internacionales, de ambientalistas, de institutos de cátedra e investigación, de los involucrados en la cadena productiva de los diversos plásticos y muy importante, de la sociedad”, enfatizó.

El Director asumió compromisos e hizo el llamado que como industria se tengan las siguientes metas: trabajar con la Industria para que el 100% del embalaje de plástico sea reciclable, se reutilice o recupere para 2040; que el 100% del embalaje de plástico sea reciclable o recuperable para 2030; que el 100% de los sitios de fabricación en México sea adoptados los principios y buenas prácticas en la Operation Clean Sweep (Cero Pellets) para 2022.

Así como generar un programa de educación y difusión continúa enfocado a la identificación, correcto manejo y disposición de los residuos plásticos, así como el consumo responsable y adoptar los Principios de Producción y consumo sustentable, diseminando una cultura y buenas prácticas dentro de sus asociados.

Bernardo Fallas de Platts, en su ponencia sobre Crudo y Energía 2018, aseguró que las inversiones en México se han diversificado han crecido, es un paso en la dirección correcta en productos refinados, nuestro país es el cuarto consumidor de gasolina a nivel mundial; sin embargo, aunque nos estamos desarrollando no es de la manera en que se espera.

Entre otras ponencias de Javier Ortíz de IHK MArkit; Markus Kerekes de Dow Packaging and Speciality Plastics Latin America; Jeffrey Helms, Celanese Engineered Materials y Agustín Mendoza del Instituto Panamericano para Alta Dirección de Empresas (IPADE) se habló sobre incremento de aranceles; así como en la industria automotriz se destacó que el crecimiento va a ser en donde encontremos compuestos plásticos que antes provenían del metal, ya que ahora el PVC es un material que se solicita mucho. Sobre los retos y perspectivas del actual gobierno aseguraron que se debe fortalecer la democracia, para que los ciudadanos sigan creyendo en ella.

Estuvieron presentes Alejandra Juárez, Presidenta de la Sección de Materias Primas; Enrique Galeana presidente y vicepresidente de la Sección de Materias Primas para Plásticos, así como representantes de la industria.

Urge ANIPAC asumir compromisos para el buen uso de popotes

La Asociación Nacional de la Industria del Plástico A.C. (ANIPAC) urgió a que tanto fabricantes, autoridades y sociedad, asuman su compromiso y responsabilidad para el buen uso y manejo de los popotes, ya que prohibirlo o rechazarlo no es la solución al reto que se enfrenta en este rubro, sino que debe existir la regulación correcta y una mayor cultura ambiental.

Además, la asociación que congrega a más de 250 empresas del sector plastiquero, hace un llamado a REDUCIR el uso de popotes, es decir, “si no lo necesitas, no lo utilices y no lo pidas”; además de exhortar a REUTILIZAR este producto, “si puedes desinfectar o lavar el material, puedes volver a usarlo”, comentó el director de la ANIPAC, Raúl Mendoza.

El directivo también aclaró que es erróneo el dato que ha venido circulando sobre todo en redes sociales, acerca de que: “en México una persona utiliza en promedio 38 mil popotes en su vida”, ya que son datos que no corresponden a nuestro país.

La ANIPAC estima que en promedio una persona consume 73 piezas de popotes anualmente, es decir, una persona consume un popote cada CINCO días, considerando las características de la población que lo utilizan con mayor frecuencia, el cual corresponde principalmente a zonas urbanas o turísticas, pues la zona rural lo consume muy poco.

De esta manera la Asociación afirma que, las campañas actuales de desprestigio del material carecen de sustento y solo buscan confundir a la población.

Asimismo, la asociación destaca que las resinas utilizadas en la fabricación de popotes son 100% reciclables, ya que se fabrican de acuerdo con lo que señala la NOM-251-SSA1-2009, normatividad que regula las prácticas de higiene para el proceso de alimentos, bebidas o suplementos alimenticios.

Lo anterior, ya que el popote se cataloga como un producto utilizado principalmente para prevenir enfermedades por fluidos corporales contagiosos al entrar en contacto con la boca; además de su practicidad para beber líquidos.

Se considera que de los residuos sólidos urbanos totales, los popotes representan tan sólo el 0.05 por ciento, y que únicamente el 39 por ciento de la fabricación de popotes se encuentra en la industria formal, de aquí la importancia de la regulación y supervisión, datos señalados por la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ).

Por último, la industria del plástico resalta que ha buscado y continuará con el acercamiento y creación de alianzas con establecimientos comerciales, restaurantes y hoteles, mismos que utilizan en gran medida este producto, a fin de separar los popotes y que estos a su vez sean aprovechados para el reciclaje.

La necesidad de reciclar la música

La primera vez que reciclé algo fue cuando borré los cassettes de Julio Iglesias de mi abuela para grabarles encima al grupo de jazz crucero Shakatak, que me andaba presumiendo uno de mis tíos. “Consigue un cassette y graba los discos que quieras”, me dijo, y los que estaban más a la mano eran los del madrileño, la neta.

Por esos días mi abuela culpó a mi prima de andar de enamoradiza y pronta y de estar pensando “tonteras” con la música del intérprete de (¡válgame título más oportuno!) ‘De niña a mujer’, y le dijo que no anduviera agarrando sus cosas. Luego apuntó sus baterías contra mí y me espetó, con esa gritería de barítono en drogas: “y usted, escuincle cabrón, si quiere grabar mariguanadas de jazz borre los cassettes de Louis Armstrong de su abuelo” (¿?).

Recientemente me deshice de un cinturón de cuero y estoperoles que me duró 15 años y que compré en Pull and Bear cuando era soltero, sin kilos de más, adinerado, fashionista y me compraba ropa con calacas purpúreas, estampados vintage y esténciles con aerosol. La prenda ya no daba para más, parecía serpiente exprimida, parecía el Kikín Fonseca en sus últimos partidos en el equipo Santos de Guápiles de Costa Rica (existe, lo juro).

No obstante, cuando dejé morir a mi viejo y fiel compañero con agujeros suficientes para darme batalla me vino a la mente la canción ‘El final’ de Rostros Ocultos y me invadió la pena ajena. Gracias a la magia de YouTube corrí a revivir esa canción tan zonza como melodramática para darme cuenta que viví engañado mucho tiempo (lo mismo me sucedió hace poco con los Fabulosos Cadillacs) y me pregunté cuánta música andamos reciclando y dejando de lado por ese curioso fenómeno llamado madurez.

 

En su artículo ‘Psicología de la música y emoción musical’, Josefa Lacárcel Moreno señala que “La melodía afecta a la vida emocional y afectiva y es el diencéfalo el que recibe los motivos y diseños melódicos, adquiriendo éstos significación, despertando así todo un mundo interior de sentimientos y emociones”. Más adelante, la especialista señala que la música incide directamente sobre la inteligencia emocional (ya me imagino lo “inteligentes” que son los que escuchan reguetón).

Lo que yo creo es que con el paso del tiempo la cada vez mayor actividad musical de cada persona va adecuándose a la madurez emocional que va desarrollándose y, por ende, es necesario evolucionar también en ese sentido. Lo extraño del caso es que puedo dejar de lado a Creedence, LFC y Rostros Ocultos pero no a Timbiriche… ¡Aaah! Quizás eso se deba a que, de estos últimos, aprecio la melodía sencilla pero no presto atención a las letras cuando de aquéllos no aprecio absolutamente nada. Por el contrario, su sonido general me parece ramplón, pero eso es sólo una apreciación personal.

Lo extraño del caso es que quienes presumimos saber de música también creemos que tenemos el poder de ningunear cualquier ejemplo musical y a sus adeptos. Pero hay una trampa.

 

En ocasiones envidio la capacidad de otros de tener un espectro mayor de tolerancia en lo que respecta a las artes, no obstante, la música que escucho me resulta positiva para mis emociones y mi inteligencia emocional, y forma parte del medio ambiente en el que me desarrollo. Es como un enorme árbol de canciones del que arrancas la que se te antoja en el momento y luego la dejas florecer de nuevo.

Cuando borré los cassettes de Julio Iglesias de la abuela pensaba que esa música sosa y blandengue no era digna de mis oídos acostumbrados a los machetazos de Iron Maiden, no obstante, cuando me convertí en un adulto contemporáneo, o bien en un romántico caprichoso, cantaba ‘Hey’ a todo pulmón en un Vive Latino (o en cualquier borrachera) cuando la pulsaba La Gusana Ciega. Es decir: caí en la trampa.

Regularmente hablamos de la nostalgia ventajosa de los acetatos y los cassettes ante la facilidad del archivo digital, pero de éste no hemos referido esa ventaja del botón de delete que se compara con meter papelitos babeados en las ranuras de los cassettes para matar eso que no nos gusta. Eso podría llamarse intervención, ahora que el lenguaje del arte alternativo se usa para todo.

Cuando escribía para El Universal, hace más de 15 años, me solicitaron para hacer una entrevista telefónica con Pablo Milanés (entonces era yo un iluso que escuchaba la trova con mucha esperanza) y tras una reyerta con el cubano necio que bateó mis preguntas inteligentes y al que sólo le importaba que se llenara su concierto en México, regresé a casa y apliqué la bella fórmula de: Ctrl+E+borrartodo y me deshice de todas sus canciones. ¡Al retrete y a jalarle como cuando las evidencias no son necesarias!

Cuando reciclas el gusto musical, más que la música en sí misma, quedan memorias que, sin embargo, pierden potencia. No está de más decir que las viejas canciones son postales que, con el paso del tiempo, pierden color a fuerza de verlas. Peor aún si se desperdician en uno de esos exabruptos románticos de andar dedicando los sentimientos personales contenidos en las canciones.

La idea es, ¿cuántos cassettes de sus papás borraron por la emoción de encender la radio y escuchar ese hit que, en unos años, sería tan prescindible como importante?

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