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101 años de Juan Rulfo

El año pasado se habló mucho de Juan Rulfo a propósito de su centenario, pero aquí preferimos celebrarlo en su aniversario 101. Se ha dicho muchas veces que es reconocido internacionalmente como uno de los mejores autores del siglo XX, que su novela ‘Pedro Páramo’ revolucionó la literatura mexicana ya que nunca se había hecho algo parecido, que perteneció al llamado “realismo mágico”, que sus obras sorprenden e innovan por utilizar un lenguaje coloquial, que además de escritor era fotógrafo, e incluso algunos aseguran y otros niegan que era alcohólico. En estas afirmaciones —que han ido construyendo la figura de un clásico— hay algo de verdad y algo de mito.

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno o Juan Rulfo como su abuela lo llamó después para perpetuar su apellido, quedó huérfano desde niño, y luego de perder también a su abuela tuvo que vivir en un orfanato. Allí contrajo la incurable depresión que lo acompañó hasta el día de su muerte y que impregnó toda su creación artística. Tanto en su narrativa como en su obra fotográfica quedó plasmado ese carácter, que derivó en atmósferas entristecidas, melancólicas, desoladas. Al entrar en contacto con sus cuentos, su novela y sus fotografías, es inevitable sentir que algo anda mal, algo oprime el pecho… es como la sensación de impotencia ante una tragedia.

Su obra es silenciosa como el mismo Rulfo, quien desde niño fue un lector incansable que en lugar de salir a jugar con otros niños prefería devorar libros de día y de noche hasta que le apagaban la luz. Estos hábitos, según el artista jalisciense, lo hicieron introvertido y en cierto modo lo desconectaron de la realidad: “vivía por dentro porque le tenía miedo al mundo”.

Sin duda, Juan Rulfo con menos de 300 páginas se estableció como uno de los más geniales narradores de la historia de la literatura universal. Su novela ‘Pedro Páramo’ sí marcó un antes y un después en la tradición literaria mexicana, pero no ha sido la única, pues sus innovaciones y aportaciones no vienen de la nada. Podríamos hablar de que Rulfo trajo a nuestras letras la quinta gran ruptura. Antes que él tuvimos las de Efrén Hernández (nada menos que el maestro de Rulfo) y José Revueltas, por mencionar sólo dos.

Sobre ‘Pedro Páramo’ hay que decir que no es realismo mágico ni realismo social ni real maravilloso, como algunos la califican, aunque sí tiene elementos de las tres tendencias. Es una novela que debe mucho al estadounidense William Faulkner, de quien Rulfo se nutrió estructuralmente para luego desplegar su gran lirismo, su conocimiento de los mitos universales y su enorme dominio de los efectos sensoriales. Aclaremos también que Rulfo no escribió en lenguaje coloquial, lo que hizo fue tomar el habla campesina y estilizarla para que el lector crea que está leyendo verdadero lenguaje coloquial. ¡Y lo logró! Gran parte de su popularidad se debe a sus verosímiles personajes de carne y hueso.

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A veces callado y a veces conversador, Rulfo siempre estuvo cubierto de cierta aura taciturna; por supuesto, quienes lo conocieron afirman que tenía un gran sentido del humor, inteligente e irónico. ¿Y para qué negar que el alcohol formó parte de la vida de Rulfo si él mismo lo reconoció? Sus amigos cercanos afirman que lo mismo funcionaba como refugio para escapar de su realidad asfixiante que como parte del ambiente bohemio de la capital.

¿Fue más fotógrafo que escritor? Hay quienes juzgan que las fotografías son un complemento de sus historias; otros dicen que es al revés. Si le preguntáramos a él, nos recomendaría no complicarnos y respondería: “cuando yo tomaba fotografías, no pensaba en la literatura; son dos géneros muy diferentes”. Pero ¿por qué Rulfo no escribió más de tres libros en su vida? a) Porque murió su tío Celerino y era el que le platicaba las historias, b) porque era muy flojo para escribir, c) porque no era escritor, sino un aficionado.

Podemos creer una de estas respuestas o varias, pero quizá encontremos la verdad en esta confesión: “La realidad no me dice nada literariamente, aunque pueda decírmelo fotográficamente”; “admiro a quienes pueden escribir acerca de lo que oyen y ven inmediatamente. Yo no puedo penetrar la realidad: es misteriosa”. Este confesado misántropo fue un gran autocrítico y perfeccionista, dejó proyectos inconclusos o los destruyó por no considerarlos de valor literario, lo que también contribuyó a lo breve de su obra.

En lugar de ponerme a escribir [‘Pedro Páramo’] debí haber ido a emborracharme”… En eso no estamos de acuerdo contigo, Rulfo. Esos tres libros y más de 6 mil negativos se encargarán de que el legado de Rulfo siga trascendiendo en el tiempo.

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