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El soundtrack de la vida – Expectativa vs Realidad

Hay momentos en la vida en los que la expectativa de de que algo bueno va a llegar es tan grande que cuando eso llega nos parece que no es lo que esperábamos o simplemente la expectativa supera a la realidad. Es un fenómeno muy común y sucede mucho.

No es mi papel, y mucho menos mi área de experiencia tratar de dar una explicación lógica sobre el asunto y mucho menos un consejo de cómo sobrellevarlo. Lo único que puedo hacer en este espacio es compartir con el colectivo cultural el sentimiento y escribirles sobre algunas rolas que son muy buenos ejemplos de este desagradable, pero al parecer inevitable sentimiento.

En 1995, Radiohead lanzó su celebrado segundo álbum ‘The Bends’, de ahí se desprende su segundo sencillo, ‘Fake Plastic Trees’, una oda a la melancolía que narra la historia de dos personajes que viven una vida “plástica” y vacía que poco a poco los va desgastando y un tercero que está en una relación con esas mismas características.

La rola está inspirada de un desarrollo inmobiliario al oeste de Londres llamado Canary Wharf que prometía ser un nuevo distrito comercial, sin embargo, debido a una caída de la bolsa se detuvo el proyecto y quedó abandonado, lo único que sobrevivió fue una zona decorada con plantas artificiales. La grandilocuencia de las expectativas y la fragilidad de la realidad queda perfectamente retratada en este track, sobre todo, en mi opinión en la devastadora frase “if I could be who you wanted, all the time”.

 

 

Un verdadero paladín de la destrucción de ilusiones es sin lugar a dudas, Morrissey y un himno de la desesperanza es ‘Heaven Knows I’m Miserable Now’ del álbum ‘Hatful of Hollow’ de 1988 de The Smiths. Considerada por el Salón de la Fama como una de las 500 canciones que le dieron forma al rock and roll, la rola nos describe una situación que es mejor conocida por nosotros como “cuando no nos calienta ni el sol”.

Un sentimiento de amargura por ver pasar a una pareja amorosa, por conseguir un trabajo y sobre todas las cosas la insoportable idea de dedicar nuestro valioso tiempo a gente a quien no le importa si vivimos o morimos. Creo que todos hemos pasado por una etapa de odio superlativo y sin temor a equivocarme puedo afirmar que es un estad causado por una terrible decepción. Nuevamente, la realidad haciendo de las suyas y haciendo nuestras vidas tristes y miserables.

 

La culminación a esta entrega no puede ser otra más que ‘You Can’t Always Get What You Want’, segundo sencillo del álbum ‘Let It Bleed’ de 1969 de The Rolling Stones. Escrita por Mick Jagger y Keith Richards, la letra hace referencia a los temas más destacados de la década de los 60, el amor, la política y la drogadicción.

El track nos lleva por el optimismo con el que abordamos nuevos proyectos y la inevitable desilusión que nos acecha. Pero nos deja una gran enseñanza, que, tómenlo como quieran, es una gran lección de vida, no siempre podemos tener lo que queremos, pero si lo intentamos, algunas veces vamos a encontrar lo que necesitamos”.

 

Al final, la realidad nunca va a superar la expectativa, después de todo somos humanos y creamos historias fantásticas en nuestras cabezas, que nunca llegan a funcionar del todo en la realidad, pero debemos poder reconocer en las derrotas morales esas pequeñas victorias reales, poder el verdadero avance y entender que aunque las cosas no parecen salir como las planeamos, nunca están tan mal como lo estamos percibiendo, es ahí donde la realidad puede ganarle un poquito de terreno a la expectativa, porque el fatalismo nunca le va a ganar a los pequeños placeres de la vida.

OkAssange… en Rock 101

OK…

Thomas Edward Yorke nació un 7 de octubre de 1968 en la ciudad de Wellingborough, Reino Unido, aunque creció en Escocia, muy cerca de una playa repleta de búnkers y demás resquicios de la Segunda Guerra Mundial.

Una de sus primeras influencias musicales fue Brian May, guitarrista de Queen. Y fue esa admiración por May la que lo animó a hacerse de su primera guitarra con apenas siete años de edad, y a construir a los diez su propio instrumento de manera casera en un intento, quizá, de imitar lo hecho por May con su modelo Red Special.

Ya radicado en Oxfford, Yorke forma su primera banda llamada On A Friday, aunque el gusto le duraría sólo dos años, pues fue internado en un colegio de chicos donde pasó algunos de sus años más infelices. Se alienó de sus compañeros y peleaba constantemente. Su pesar social incrementó debido a una anormalidad en su ojo izquierdo, razón por la que constantemente era molestado despiadadamente y que desde entonces ha aprendido a aceptar.

Yorke estudió Bellas Artes y Literatura en la Universidad de Exeter, tiempo en el cual también obtuvo diferentes trabajos, como DJ o vendedor de trajes. A principios de los noventa, York contactó a su compañero de clase Ed O’Brien (a quien le encontraba parecido con Morrissey) y a Colin Greenwood para tocar juntos; después incluyeron a Phil Selway y a Jonny, hermano de Colin, haciéndose llamar Radiohead, por la canción homónima que apareció en el álbum True Stories (1986), de Talking Heads.

 

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Fuera de Radiohead, York ha colaborado con artistas como Flea, DJ Shadow, Björk, Flying Lotus, PJ Harvey, Modeselektor, Burial y Four Tet, entre muchos otros.

En 1998 participó junto a Jonny en la banda sonora del filme Velvet Goldmine, para la que ambos integraron el súper grupo Venus In Furs. Fue en 2006 cuando Yorke lanza The Eraser, su primer material como solista. Tres años más tarde, Yorke formaría el supergrupo Atoms For Peace con Flea de los Red Hot Chilli Peppers; Joey Waronker, Mauro Refosco y Nigel Godrich, que lo acompañarían en una pequeña gira por los Estados Unidos para tocar los temas de su primer larga duración.

La inquietud y desenfado de Yorke sobrepasan el plan musical, su voz crítica en temas sobre la industria musical, derechos humanos, política, ambientales y nuevas tecnologías ha mostrado tener un gran peso más allá de lo mediático.

Yorke es también pionero en fórmulas alternativas para la publicación de música, como el “pay what you want” o BitTorrent, tanto con Radiohead como en solitario… Este activismo le mereció que en 2002 la revista Q lo considerara la sexta persona más poderosa en la música.

El activismo de Thom Yorke contra las plataformas digitales de distribución de música lo ha llevado a calificar a Google y YouTube como Nazis, debido a su conducta de apoderarse de las obras de los artistas.

En 2013, Yorke decidió retirar su material como solista de diferentes plataformas, señalando sus políticas injustas con proyectos musicales emergentes, aunque tiempo después toda su discografía apareció nuevamente.

Fue también en 2013 cuando Thom Yorke recibió una invitación de Residente, cantante de Calle 13 y de Julian Assange, hacker y portavoz del sitio web WikiLeaks; para colaborar en el rescate del ex espía de la CIA, Edward Snowden… Aunque Yorke nunca se pronunció al respecto.

 

…Assange

Lanzada el 4 de octubre del 2006, WikiLeaks es una organización mundial sin fines de lucro, dedicada a obtener y publicar informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia de interés público, preservando el anonimato de sus fuentes a través de su sitio web.

WikiLeaks se describe a sí misma como una organización fundada por disidentes chinos, periodistas, matemáticos, científicos y tecnólogos de empresas start-up de diferentes países de Europa, además de Estados Unidos, Taiwan, Australia, y Sudáfrica.

 

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Aunque los creadores de WikiLeaks no están identificados formalmente, se reconocen al australiano Julián Assange como uno de sus principales asesores, redactor jefe y actual director.

Recordando ambas fechas, y la influencia tanto de Yorke como de Assange en la cultura y la sociedad actuales, es que presentamos el especial #OkAssange, este jueves, de 8 a 8, por Rock101online.mx

 

 

El soundtrack de la vida – no eres tú, soy yo

Por alguna razón que es muy difícil explicar, nos encanta embarcarnos relaciones en las que sabemos que no hay ninguna posibilidad de éxito, sin embargo, no por razones pedagógicas o por lo menos científicas lo hacemos de todos modos; pura y absoluta necedad o necesidad humana (la línea que las separa es muy delgada) y la mayor de las veces, por simple y llana calentura, pero siempre terminamos en esa área llamada no eres tú, soy yo.

Hago un paréntesis para poner en contexto que lo que me trajo hasta aquí, es la frase ‘High and Dry’, que podría traducirse como “que te dejen [email protected]”; una situación en la que a nadie nos gusta estar, pero que no podemos evitar provocar. El instinto humano de supervivencia nos hace actuar de forma reprochable y hacer al prójimo, lo que odiamos nos hagan a nosotros mismos.

En febrero de 1995 Radiohead lanzó en el Reino Unido como segundo sencillo doble de su álbum The Bends, High and Dry, una rola que según el propio Thom Yorke, nunca estuvo en los planes de la banda ser lanzado. En una entrevista, el líder de la banda británica se refiere a ‘High and Dry’ como ‘una canción muy Rod Stewary’ y habla de cómo la disquera insistió en lanzar el sencillo, algo con lo que la banda nunca estuvo de acuerdo.

 

‘High and dry’ fue un éxito, pero todos sabemos que las situacianes forzadas no siempre funcionan así, la mayor parte de las veces iniciamos con grandes expectativas y en algún momento del camino nos damos cuenta que las cosas no llevan el rumbo o el ritmo que queremos y es cuando decidimos abortar la misión.

Una decisión unilateral siempre es la más complicada, aunque dudo mucho de las que se publicitan como “de mutuo acuerdo”, y cuando la decisión está tomada, no hay argumento que pueda superar al duro y cruel “no eres tú, soy yo”, y por más que nuestro corazón se rompa al terminar una relación de dos años, dos meses o dos semanas nos aferramos a nuestro deseo de ser libres sin importar que tan infelices esto nos haga.

No hay una rola que capte este sentimiento como lo hace ‘A Letter to Elise’ del álbum ‘Wish’ de The Cure, inspirada , según el propio Robert Smith en ‘Cartas a Felice’ de Franz Kafka y coincidentemente, un sencillo que tampoco iba a ser incluido en dicho álbum, principalmente por la insistencia del ex baterista Boris Williams.

 

 

Dejar a alguien [email protected] (high and dry) no es lección suficiente para nosotros y ya sea el tiempo o nuevas oportunidades nos hacen embarcarnos en otras aventuras, siempre pendiendo de un hilo como en la canción de Joy Division, ‘Love Will Tear Us Apart’ de 1980, escrita por Ian Curtis quien se suicidara un mes antes de que el sencillo fuera lanzado.

Hay dos versiones del origen de esta rola, una que es un relato autobiográfico del triángulo amoroso en que Curtis estaba metido entre su esposa Deborah y una groupie belga, y la otra es que es una desafiante respuesta a ‘Love Will Keep Us Together’ de Captain and Tennille. Cualquiera de las dos opciones no cambia el hecho de que es una rola cruda y realista que nos hace ver que el amor no es para siempre y que vivimos en constante peligro de estar del otro lado y que en lugar de ser nosotros, sea alguien más quien nos quiera dejar [email protected] y en la desesperanza.

 

Banda Sonora – El rock en el cine de los 90

Iniciamos un nuevo programa en Rock 101, hemos hecho un recorrido por los primeros años del puro, total y absoluto cine y rock, para estrenar este blog les comparto 20 películas que sintetizan la relación entre los dos elementos fundamentales del espacio sonoro que presentamos esta semana, el cine de los 90.

THE DOORS (1991)
Dirigido por Oliver Stone y protagonizado por Val Kilmer, THE DOORS es un filme biográfico sobre Morrison y The Doors, desde que Morrison estudiaba cine en la UCLA hasta su extraña muerte a los 27 años en 1971 en París. Después de esta película se han hecho varios documentales sobre The Doors que valen mucho la pena.

 

1991: THE YEAR PUNK BROKE (1992)
Dirigida por David Markey, esta película sigue la gira europea de Sonic Youth de 1991, en la cual los acompañó Nirvana como teloneros, justo en el boom del grunge en Seattle y a unos meses del lanzamiento del álbum de ruptura Nevermind de Nirvana.

 

PERROS DE RESERVA (1992)
Se estrenó el 21 de enero de 1992 en el festival Sundance. Luego se exhibió en los festivales de Cannes, Toronto, Nueva York, Sitges, Chicago… y acumuló un montón de premios. Y fue con el éxito de esta película hiperviolenta y con una banda sonora espectacular que el nombre de Quentin Tarantino se escuchó por todo el mundo.

 

SINGLES (1992)
Dirigida por Cameron Crowe en 1992, SINGLES cuenta la historia de unos veinteañeros que se mueven en la escena grunge de Seattle de principios de los 90s. Un retrato inmediato desde la ficción de un movimiento musical bien poderoso liderado por bandas como Alice in Chains, Pearl Jam, Soundgarden, Mudhoney…

 

DAZED AND CONFUSED (1993)
Obsesionado con la juventud, Richard Linklater hizo DAZED AND CONFUSED en 1993. La historia de la película se ubica en 1976 y narra las aventuras de un grupo de jóvenes en su último día de clases. La banda sonora tiene puros cañonazos de bandas de la época: Black Sabbath, Alice Cooper, Deep Purple, Lynyrd Skynrd, Ted Nugent, ZZ Top

 

PULP FICTION (1994)
Se estrenó en el festival de Cannes el 12 de mayo de 1994, donde se llevó la codiciada Palma de Oro. De ahí en adelante fue tan grande el impacto de esta película tanto en taquilla como en crítica que se convirtió en un clásico instantáneo. Muchos salimos corriendo del cine a comprar el soundtrack de inmediato.

 

ASESINOS POR NATURALEZA (1994)
En el festival de Venecia de 1994 se estrenó ASESINOS POR NATURALEZA, de Oliver Stone. Película hiperviolenta, con personajes traumatizados que asesinan sin piedad y cuyo soundtrack fue producido por Trent Reznor. En la banda sonora: L. Cohen, Cowboy Junkies, Nine Inch Nails, Jane’s Addiction, Patti Smith, Bob Dylan…

 

DEAD MAN (1995)
DEAD MAN es un peliculón de Jim Jarmusch. La protagoniza Johnny Depp y la música original es de Neil Young, quién durante el rodaje veía los avances e improvisaba contra las imágenes proyectadas, tal como lo hizo Miles Davis en ASCENSOR PARA EL CADALSO de Louis Malle en 1958.

 

CASINO (1995)
De Martin Scorsese, es una película de mafiosos en Las Vegas protagonizada por Robert De Niro, Joe Pesci y Sharon Stone, y que tiene una banda sonora de antología. Una selección de rolas que define los gustos musicales de Scorsese: Rolling Stones, Ottis Reading, Muddy Waters, Roxie Music…

 

TRAINSPOTTING (1996)
Además de ser una gran adaptación de la novela de Irvine Welsh, es cinematográficamente tan poderosa que marcó a toda una generación. Así de importante es. Y la banda sonora es sin duda uno de los mejores maridajes que se han dado entre cine y rock.

 

HYPE! (1996)
Dirigido por Doug Pray, HYPE! es un rockumental clásico de los 90s que retrata la escena grunge de Seattle. Un filme portentoso con una banda sonora de altísimo calibre. Música de Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains y bandas más oscuras como Fastbacks, the Gits, Some Velvet Sidewalk y Love Battery

 

SUBURBIA (1996)
Dirigida por Richard Linklater, este director obsesionado con la juventud y el tiempo, retrata a un grupo de adolescentes en los suburbios de EU que viven las tribulaciones típicas de esta etapa de la vida. No es la mejor película de Richard Linklater (BOYHOOD es mi favorita) pero sin duda cuenta con una banda sonora de altísimo calibre: Elastica, Sonic Youth, Beck, UNKLE, Flaming Lips, Butthole Surfers…

 

BREAKING THE WAVES (1996)
El danés Lars von Trier es un personaje: genio del lenguaje cinematográfico, torturador de Björk, integrante del movimiento Dogma 95 y provocador profesional. Todo eso es Lars von Trier y la verdad es que su filmografía es muy impresionante. En mayo de 1996 llevó a Cannes BREAKING THE WAVES, una película que desde entonces dejaba a ver el poder de las imágenes y las retorcidas historias de este cineasta de ruptura. A diferencia de la mayoría de sus películas, donde la música incidental pasa casi inadvertida, para Breaking the Waves Von Trier armó un soundtrack bien roquero, con rolas de Deep Purple, Elton John, T. Rex, Roxy Music y Jehtro Tull…

 

YEAR OF THE HORSE (1997)
Realizada por Jim Jarmusch, YEAR OF THE HORSE documenta la gira de 1996 de Neil Young & Crazy Horse. Hay concierto filmado, entrevistas con miembros de la banda y material de archivo. Una película olvidada pero de gran relevancia para el cine-rock.

 

FEAR AND LOATHING IN LAS VEGAS (1998)
Adaptación de Terry Gilliam del libro de viajes (en el sentido literal y figurado) de Hunter S. Thompson, con Jonny Depp y Benicio del Toro como protagonistas. La banda sonora: puro rocanrol bien seleccionado con diálogos y monólogos incluidos.

 

VELVET GOLDMINE (1998)
Un poderoso retrato del glam rock en Inglaterra con evidentes referencias a David Bowie. El director Todd Haynes armó dos supergrupos para este soundtrack y en 2007 hizo I’M NOT THERE sobre Bob Dylan.

 

THE BIG LEBOWSKI (1998)
Los hermanos Coen hacen películas geniales. Échenle un vistazo a su filmografía y verán que se encuentran por lo menos 5 peliculones. En el 98 estrenaron THE BIG LEBOWSKI, con la inmortalizaron a ese personaje apodado The Dude, magistralmente encarnado por Jeff Bridges.

 

SLC PUNK! (1998)
Se filmó en 1998 pero se estrenó oficialmente en el festival Sundance de 1999. Me refiero a SLC PUNK!, película que lleva a la comedia la vida de los dos únicos punks en una ciudad dominada por mormones. Es muy divertida y la banda sonora es genial.

 

MEETING PEOPLE IS EASY (1998)
Dirigido por Grant Gee, MEETING PEOPLE IS EASY (1998) es un retrato de Radiohead en sus procesos creativos y tocadas en vivo en tiempos del Ok Computer. Una joya de rockumental que se mantiene sin una sola arruga después de 20 años.

 

GHOST DOG (1999)
Me gustan las películas de artes marciales y samuráis pero GHOST DOG (1999) de Jim Jarmusch me es tan importante que tengo un poster colgado en la pared. Forest Whitaker encarna a un asesino a sueldo que se rige por el Hagakure, código de los samuráis, y se comunica con palomas mensajeras. Todo al ritmo hiphopero de The RZA.

Massive Attack, el sonido de la política y el caos

Massive Attack, una banda que si tuviese la fortuna de definirlos al oído de cada uno de ustedes sería con la palabra globalización. Más que hablar de ellos, es introducir una mirada en las acciones de la música en favor de la conciencia política.

En el presente las letras de las canciones han invadido el juicio del consumidor, agobiado de historias de desamor, fiestas, mujeres y si, increíblemente de narcotráfico. Este constante bombardeo de historias es un síntoma de la falta de libertad, una analogía del gobernado que habla antes de escuchar o simplemente no habla.

Las minorías tanto en la política como en la música son, me parece, la verdadera expresión de la praxis, es decir, el proceso de conocimiento y de toma de conciencia: tomar decisiones nos hace libres. Massive Attack es libre; es una banda que habla por su sonido y las múltiples imágenes que reproduce. No es precisamente una banda que hable por las letras de sus canciones, dando voz al valor del misterio y su autenticidad: propaganda política y el sonido del caos.

Robert del Naja y Grant Marshall, hijos de inmigrantes que llegaron a Reino Unido, reconocen en cada uno de sus discos pero sobretodo de sus presentaciones en vivo una preocupación por el miedo que cobija al mundo.

Exonerar a la sociedad de la xenofobia, el materialismo y la moda, se ha vuelto el estándar de su performance. “Felipe VI abdica”, “cada voto suma”, “personas vs fronteras”, “democracia contra capital”, “Jóvenes que se precipitan por el balcón’ y “Padres que suplantan la identidad de su hijo para acosar a menores”, parecieran ser estrofas de un poema violento pero no, es un poema libre y son la expresión de Massive Attack, de Bristol, de su oposición al Brexit y al terrorismo.

Apelar a la colectividad no ha sido precisamente un ideal bien visto en el ejercicio comercial de la música, destacando apenas de forma débil cierto speech, conciertos de beneficencia y un desfile de atuendos de diseñadores que se hallan lejos y perdidos en criterios que nada tienen que ver con el nacionalismo. ¿”Mexico is the shit”?. No, la realidad es que en México poco o nada se ha hecho. Molotov y Olallo Rubio apenas supieron pronunciar puto a las cámaras (según a Peña Nieto) y nada más, mientras debajo de los escenarios fumaban marihuana. Un León Larregui alcoholizado se pronuncia preocupado por la situación en Ayotzinapa y Fernando Rivera de Monocordio expresando anomalías en la colonia Roma desde un periódico gratuito.

2018 será sin duda un año significativo para la vida política en varias partes del mundo. El cambio de un gabinete incorpora situaciones económicas y desde luego sociales que nos involucran en un ejercicio confuso y hasta cierto punto violento. El caos, más que un símbolo de exhorto es miedo y desconocimiento del ejercicio del poder y de nuestra posición frente a la autoridad.

Es en el caos que las clases sociales se distinguen aún más unas de otras, las comunidades rurales se disipan y la corrupción acrecienta falsos valores por encima de la propia educación; 40 países serán parte de un nuevo ejercicio en favor de la democracia participativa. Sociedades de México, Italia, Rusia, Colombia, entre otros, serán parte de un nuevo proceso de participación ciudadana, aquél que se ha resquebrajado por la ausencia del bienestar social: pobreza, desigualdad y violencia; sangre derramada en manos de una guerra oculta en los monitores y en las pantallas del celular, en la cultura del dinero y en una agotadora búsqueda de salvación divina, fe.

Los individuos son síntomas de una enfermedad que equivocadamente hemos nombrado “la culpa es del gobierno”. Gobernados o gobernantes, todos asumimos un valor institucional y ciudadana que nos privilegia de responsabilidades, y digo privilegia pues eso nos hace libres. La falta de criterio, personalidad y decisión se vuelto el alimento del odio y la violencia, del no reconocer a la autoridad ni sus leyes.

La libertad es alma del discurso y la exigencia; es la posición ideal de la literatura, el periodismo, el arte,…la música. La reflexión política es un compromiso de día a día y ¿qué mejor este año para reconocer que aún falta mucho por decir?. Este espacio compete como principio la música y en ella el discurso político aún no halla su espacio de encuentro.

Pensemos que hoy en día el Internet es un suburbio de propuestas y acercamiento a las exigencias de muchos. En el poder de la palabra es que las indiferencias pueden acabarse. ¿Acaso no sucedió en Río de Janeiro cuando 2 millones de personas se congregaron para una misma causa?: ver a The Rolling Stones. La conglomeración que puede causar la música es un ejercicio civil que puede construir muchas cosas pero siempre en favor de que la contraparte sea lo suficientemente maduro.

En conclusión, me es importante transmitir la importancia de la imagen pública que implica el estar sobre el escenario, el deberse a versos, coros y sentimientos que el público hace suyos. La reflexión se halla en el punto de encuentro entre público y músico. Romper el viejo paradigma es el nuevo camino de la industria musical que el mundo merece y así ya han nacido pequeños destellos: Radiohead rompiendo el boicot cultural de Israel, las Pussy Riot luchando contra el conservadurismo de la sociedad rusa o el citado Robert del Naja, fundador de Massive Attack, dotando de armas artísticas a la sociedad bajo el nombre de Bansky. ¿Lo dudan?.

Por ahora Massive Attack terminó una pequeña gira por Asia y algunos países de Europa, pero aún late en la conciencia de muchos mexicanos una deuda que adquirieron luego de dar por terminada su última presentación en el Corona Capital por una tormenta eléctrica cuando apenas daba inicio. Pronto han de regresar.

La música, el tiempo y las letras, están ya depositadas en la armonía del soundtrack de nuestras vidas como una oportunidad para el diálogo y el encuentro de comunidades. Y es que tanto en la política como en la vida, la persuasión, lejos de establecer una condición de poder, es un valor de empatía. La música es persuasión.

Si quieren conocer más del discurso social y político de Massive Attack, pueden encontrar en YouTube un documental de la BBC llamado ‘Unfinished’. Más que hablar del nacimiento de una banda, es un acercamiento a las paredes de Bristol.

#SonicArsenal: el álbum unificado

 

Siguiendo las diversas líneas de pensamiento de Brian Eno me encontré su sistema para acomodar las canciones dentro de un disco, casualmente unos días después empecé a leer la edición de 33 1/3 dedicada al disco ‘OK Computer’, que resultó ser algo más que una gran explicación sobre el delicado orden de los tracks, también fue un largo “ahhhhhh” que nunca había pensado: ¿qué sucedió cuando se agregaron más minutos al pasar del formato del vinilo al CD? Ni qué decir cuando el algoritmo empezó a decidir que sucedería entre oreja y oreja.

 

En el espíritu de siempre, les comparto fragmentos del libro de Dai Griffith y por supuesto la explicación de Brian Eno.

“Hemos pasado mucho tiempo escuchando las canciones de este álbum en diferentes secuencias … tratando de encontrar una buena secuencia para presentarlo. Este es un tema tradicional al hacer un disco – porque una canción puede adular o matar la que sigue. Era más fácil en los días de vinilo, ya que se trataba de lidiar con dos tipos de música – Lado 1 y Lado 2 – y era relativamente fácil dividir el material en dos grupos de, por ejemplo 5 o 7 canciones. Pero cuando llegaron los CDs, de repente tenías un flujo continuo de hasta 80 minutos de música.

 

Ahora estamos en una era diferente de nuevo, donde mucha gente descarga tracks de forma individual y realmente no tienes idea de en qué orden (o en compañía de qué) será escuchado tu trabajo. Sin embargo, como si la descarga no existiera todavía, hemos invertido un montón de tiempo tratando de llegar a un orden que sonaba bien si lo reproduces de principio a fin.

 

Para que te hagas una idea de las dimensiones de este problema: Yo estaba trabajando con una banda una vez en un álbum de 15 canciones, y estábamos empezando a preguntarnos como darles una secuencia. Alguien en la banda dijo: ‘¿No podríamos sencillamente escuchar todas las alternativas?’. Decidí averiguar cuánto tiempo nos tomaría. El número de secuencias es 15x14x13x12x11x10x9x8x7x6x5x4x3x2x1 …. que es un magnífico 1.307.674.368.000 – o aproximadamente 1,3 billones de posibles secuencias. Si cada una de estas secuencias te toma una hora para oír, asciende a alrededor de 150 millones de años de escuchar continuamente. Si te gusta dormir y tener una vida social, se debe multiplicar por 3, que llevaría hasta 450 millones de años – por lo que tendríamos que haber comenzado a escuchar a mediados de la Era Paleozoica, rodeado por desconcertadas formas de vida, para haber cumplido el plazo de principios de julio de 2011 en la era del Holoceno.

 

Es evidente que, para nosotros los mortales, pasar por todas las alternativas no es una opción. Así que Rick y yo, por desgracia mortales, escuchamos en forma aleatoria – dejamos el reproductor de CD lanzando las pistas en cualquier orden, y prestamos atención a las combinaciones que tenían sentido (o sonaban horrible). Así es como hemos construido el orden de reproducción, pero había una mosca en la sopa: la respiración de los cuervos. Independientemente de lo que parecía debíamos hacer, había una que no quería sentarse cómodamente. Realmente quería estar sola, separada de todo lo demás. Es por eso que ponemos el minuto de silencio, de modo que, para los que escuchan el disco como una experiencia continua, habría una pausa antes de comenzar. (No es un silencio en realidad – puse un poco de ruido blanco, un falso silbido de cinta por ahí… para hacer una señal psicológica de que algo estaba pasando.

 

Mi sugerencia es escuchar de vez en cuando el álbum de forma aleatoria. Eso produce algunas sorpresas agradables, como de repente darse cuenta de un track que realmente no habías notado antes”.

Metallica – ‘Hardwire… to Self-Destruct’

No importa cuánto tiempo haya entre cada disco de música original que se le ocurra a Metallica realizar, de cualquier manera siempre la marca en la que se ha convertido la llamada banda de metal más importante de la historia resultará un hit inmediato y no precisamente por la calidad del trabajo.

 

Vamos, se que se puede malinterpretar pero trataremos de ser lo más imparciales posibles, partiendo de que no hemos sido devotos fieles del grupo y que en su tiempo si despotricamos por el camino andado desde principios de los noventa, y que si bien no somos de los true-metal-headbangers-anarchist-antimaistream-diehardfans que echan en cara el paso de la banda después del cuarto disco, tampoco es que desde hace 25 años todo haya sido maravilloso incluyendo el disco negro.

 

¿Entonces por qué escuchar y reseñar un nuevo trabajo de ellos? Porque no creemos que toda reseña sea para alabar los resultados de algo, y siendo una marca comercial como lo son estos cuatro señores, pues nunca pasará desapercibido,  sobre todo cuando estas más allá del bien y del mal y puedes hacer lo que se te pegue la gana. Así le ha pasado a gente como los Rolling Stones, U2, Radiohead e incluso cosas como Muse. Que hagan lo que hagan ya están en zona de confort e importan más los discos en vivo, o si participan en defender al mundo, si hacen campañas en pro de asociaciones sin fin de lucro, con proyectos ultra viajados que solo un hipster-millennial puede comprender y etcétera. Para que se entienda, no está nada mal todo esto, pero cuando estas acciones rebasan lo esencial es que algo ya no camina bien.

 

Es Metallica señores, los que provocaron el nacimiento de uno de los géneros más nobles y frenéticos; y reivindicaron el camino del sonido conocido como heavy rock. Por eso es importante hablar de un producto de canciones nuevas sin proyectos sinfónicos, conciertos “prueba” para realizar una película o juntar a cuatro gigantes del género para lucirse y decir… nadie como nosotros, llorar a moco tendido en documentales para justificar un trabajo que dejó mucho que desear, trabajar con leyendas como Lou Reed y empeñarse en hacer cosas horrorosas sin que nadie diga nada, al final, son los cimientos de todo un género y los encargados de que el sonido denso y pesado del rock sea aceptado globalmente.

 

Ahora en la estrategia generan video de cada track y poco a poco lo van exhibiendo en la red. De nuevo el mercadeo por encima de lo esencial, algo que en su tiempo intentó The Sun con su ‘Blame It On The Youth’ al sacar el primer álbum con puros videos en lugar de tracks de audio, que obvio no resultó, pues no era una banda reconocida ni mucho menos. Metallica si puede hacer estas cosas y muchas más sin rasgarse las vestiduras, como tocar en medio del infierno, en lo más profundo del mar o en la Antártida en medio de un frio inaguantable. ¿Con que fin?… pues es Metallica y lo que haga será aplaudible y sobre todo redituable.

 

Y así conocimos ‘Hardwire’ como primer single y que sin ser algo brillante, Hetfield y compañía supieron hacer de lo viejo algo novedoso. ¿Hace cuánto no se sentía esa vibra de potencia en una canción de los californianos? La esperanza creció con ‘Moth Into Flame’, una muy buena combinación de melodía, riffs pegajosos, tiempo adecuado, coros y arreglos de muy buena talla. Después nos dan ‘Atlas, Rise!’ que al principio no sorprende y poco a poco nos imaginamos un muy buen homenaje a los viejos Xentrix en cuestión melódica y de duración extensa. Entonces decidimos dejar los videos de lado y escuchar mejor en si orden la obra ya que ha salido al mercado.

 

Pero nos encontramos con que no es una, sino dos partes. No sé si también en la estrategia de marketing y con el boom del vinil, esto haya sido totalmente premeditado, o como se rumora, por la duración de los tracks en donde la mayoría oscila entre los 6 minutos y algunos hasta más. Llega ‘Now That Were Dead’ y nos remonta a los tiempos del Load/Reload solo que se confirma ese deseo de volver a componer tracks eternos y poco a poco se siente que hay algo de más. En ‘Dream No More’ encontramos un riff a la ‘Sad But True’, con James intentando algo en la melodía que termina por ser algo genérico hasta el tiempo del puente donde hay un silencio, para entrar con un solo también poco brillante, y así se van otros seis minutos.

 

La primer parte concluye con ‘Halo On Fire’, la rola de más larga duración con 8 minutos y fracción; y Hetfield arriesgando con una melodía serena para ir aumentando la energía. Buen intento otra vez, pero de la misma manera la monotonía busca justificación en la última parte, aunado a la media velocidad en la que se desarrolla la base rítmica y preguntándonos de nuevo si Robert Trujillo esta en el campo o sigue en la banca, otra vez regresamos a los tiempos noventeros.

 

Por fin llegamos a la segunda parte y creemos que algo trascendente llegará con ‘Confusion’. Encontramos algo más progresivo y un riff más potente, pero Lars tiene algo que no termina por convencer a la hora de golpear los tambores. Todo a medio gas y muy cuadrado, se pierde la magia y hay que aguantar otros minutos de casi lo mismo.

 

Cabe resaltar que tampoco Kirk Hammet muestra algo retumbante en los solos, hasta ahora parece Hetfield y sus músicos. Eso sí, ya encontramos algo más cercano al ‘And Justice For All’ y ‘ManUNkind’ nos lo demuestra desde la intro, de nuevo el mid-tempo que los caracterizó desde el 91, mas atrevimiento en los cambios y James resaltando en la melodía, solo de lira promedio; y terminamos como al principio.

 

‘Here Comes Revenge’ nos da un riff furioso y una base muy a la ‘Enter Sandman’, de nuevo de lo suave a lo enérgico, pero ¿es necesario que dure tanto? Viene ‘Am I Savage?’ de la misma manera comienza como el AJFA pero en cámara lenta, seguida de un riff con crunch pero muy trivial, aquí sí, ni la melodía es tan memorable, vaya, una rola más y el punto más flaco del álbum. Restan dos temas y llevamos ya más de una hora en la duración, sinceramente llega a cansar un poco.  El penúltimo escalón es para el que abiertamente es considerado un homenaje póstumo a Lemmy Kilmister, principalmente en la lírica. Ritmo y melodía puramente rockeros y un solo nada destacable, de nuevo el track se convierte en cansancio.

 

Para finalizar, destaca que ‘Spit Out The Bone’ llega como agua en el desierto y nos despierta de lo que creímos culminaría igual que casi todo el trayecto. Como al principio, lo viejo se convierte en novedad y frescura. Una canción llena de potencia y velocidad, lo más puramente thrash de todo el viaje y que parece el as bajo la manga para cerrar dignamente el disco. Aquí los siete minutos y fracción no provocan sufrimiento.

La conclusión es que definitivamente Metallica por fin hizo un trabajo sin la necesidad de satisfacer a nadie más que a ellos mismos, por algo duran demasiado los tracks. Pasando por casi todas las etapas de la banda, destacando el tiempo del ‘And Justice For All’ con el de ‘Load/ Reload’. ¿Qué si es lo mejor desde el álbum negro? Sí. Pero tampoco es algo que pueda volarte la cabeza. De doce nos quedamos con seis, lo cual nos habla de algo promedio.

 

No faltaran los fans que perdonan todo y estarán más que gustosos afirmando que no hay nada mejor que este disco en los últimos años. Si verdaderamente les gusta el género, también sigan lo más reciente de Anthrax, Exodus, Testament y varios más de la vieja escuela. Entenderán el por qué Metallica decidió regresar de esta manera.

 

Radiohead, la compleja noche de los últimos años de nuestras vidas

Fotografías: Chino Lemus / cortesías OCESA

Solo que seas el resultado alienígena de un experimento Illuminati o Anunnaki, no has tenido un gran amor. Un amor de esos que te desgarran el alma hasta perderte; ese que creías que te iba a matar porque no lograbas sacártelo del sistema. Ese amor que de una u otra forma te acompaña ya sea porque lo odias aún, porque lo amas aún, porque te traumó y te mandó al psicólogo o simplemente permanece en el álbum de fotografías de tus recuerdos favoritos. Ese amor que te acompaña y se ha hecho incluso parte de tu formación y de tu personalidad, ya que a partir de ahí tomaste decisiones, te hiciste más fuerte, te fuiste al carajo o simplemente te hizo madurar. Ese amor para mi es Radiohead.

Radiohead es uno de nuestros clásicos de los noventa y sólo por eso deberíamos amarlos, si no al menos respetarlos, ya que de esos quedan pocos. Y no, no voy a desgarrarme las vestiduras con cilicio si alguien viene a debatirme su complejidad, su pretensión o falta de talento. A un clásico lo forman otras cosas como poner una canción que dice lo que debe decir, suena como debe sonar en el momento exacto de tu circunstancia; y a partir de ahí te acompaña, te atormenta, te desvela, te seca la boca y te deja sin aliento a ti y a otras miles de personas que, en diferentes momentos, pasan por la misma circunstancia y entonces, sucede la magia: hay alguien sintiendo lo que tu sientes y otro alguien que compuso una canción que te reconfortó y siguió tus pasos. No estas solo, alguien más sufre como tú al mismo tiempo.

Por eso Radiohead es como el gran amor de mi vida, ha estado ahí en los peores y en los mejores momentos como un portarretratos sonorizado que enmarca lo importante. Las mejores fiestas, mi primer trabajo, mi primer amor y el más grande desencuentro. Dilemas preparatorianos, pérdidas irremplazables, dolores inagotables, alegrías iridiscentes, trayectos interminables, viajes inolvidables. Personas llegan y otras se alejan mientras yo me quedo escuchando esas canciones que jamás se van.

Fue en marzo del año 2009 cuando los vi por primera vez; ellos andaban en ‘In Rainbows’ y yo en un viacrusis existencial. Recuerdo no haber parado de llorar casi durante todo el concierto, pero la emotividad no solo partía de mi sino de todos los asistentes. Aún guardo esa noche como una de las mejores de mi vida. Luego en el 2012 recuerdo un evento más eufórico que emotivo. El Foro Sol, permite que la energía fluya y se expanda mucho más rápido y no hay tanta intimidad. Ellos andaban en ‘The King of Limbs’ y yo experimentando, en la radio sonaba ‘Lotus Flower’ y en mi mente sonaba una voz aguda y persistente que me arrojaba a la aventura.

La noche del 4 de octubre no resultó mucho más diferente de lo que describo anteriormente, salvo un rasgo mínimo, pero significativo: Hemos madurado. Yorke, los Greenwood, Selway y O’Brien, ya no son los mismos jovenzuelos de hace dieciséis años, pero su música suena concreta, precisa, atemporal y fuerte, más fuerte que nunca. Quienes escuchamos la música de Radiohead también hemos sufrido transformaciones. Hemos sufrido y llorado, pero también hemos sobrevivido, nunca fue necesario que nos cortáramos las venas. En ninguno de los conciertos anteriores, había notado un público tan homogéneo, de hecho en pocos conciertos se logra ese fenómeno y es maravilloso. Una de las pocas dichas que nos deja la cultura de la masificación: miles de almas acompañándose en una sola emoción.

En medio de un escaparate de GoPro y proyectores de imágenes aparentemente simples pero ultra coloridos, dos baterías y un ir y venir de instrumentos (tal cual como se lo imaginan: ¡suban el piano, bajen el piano!) los originarios de Abingdon se enfrentaron a dos de las presentaciones más memorables que hayan tenido en nuestro país. Abrieron con cuatro temas del ‘A Moon Shaped Pool’, de los que destaca justamente la exactitud; ‘Burn the Witch’, con un intro perfecto para entrometernos en su idioma, luego ‘Daydreaming’ es entonces que sabemos que Radiohead está tocando, ya conocemos el hueco en el estómago que nos provocan esas notas ¿tristes? Quizá, yo prefiero pensar que son proféticas y que nos tratan de decir un secreto sobre el fin de los tiempos. Para terminar con la gala de su más reciente disco, tocan ‘Desert Isand Disk’ y ‘Ful Stop’, donde al fin la banda logra introducirnos de lleno en ese acertijo sin respuesta llamado Radiohead.

Algo notaron los ingleses sobre el público asistente ese 4 de octubre y es que estábamos dispuestos a todo, quizá por eso hicieron algunos ajustes en el setlist respecto al día anterior; quizá por eso desde la mitad y hasta el final de ese segundo concierto no se detuvo ese viaje sin retorno por un océano de recuerdos. Así fue como escuchamos 12 años de nuestra vida pasar a través de: ‘2+2=5’, ‘The National Anthem’ de la que sigo buscando el intro en español con la que comienza la canción, la cual pareciera extraída de alguna película setentera. ‘All I Need’, y las inevitables primeras lágrimas, luego con ‘No Surprises’ y ‘Bloom’ las lágrimas se hicieron alabanzas a los viejos tiempos. ‘Lotus Flower’ fue la que cerró con esta rueda de la fortuna con un buen baile.

Vinieron después ‘Identikit’ y ‘The Numbers’ también del ‘A Moon Shaped Pool’ y con ellas un vaso de agua refrescante para aproximarnos al largo final que involucraría temas como ‘Bodysnatchers’, ‘The Bends’ que no había sido tocada en vivo desde el año 2010, luego vinieron ‘Nude’, ‘Everything It’s Right Place’ e ‘Idioteque’. Radiohead tuvo que tomar un respiro porque la euforia era demasiada. La chica a mi lado no había parado durante todo el concierto, iba con su pareja y ambos gritaban y lloraban emocionados, tal como yo lo hice la primera vez que los vi.

Nunca hubo un “muchas gracias” ni un discurso memorable en español, no había tiempo para eso, pero en cambio sí hubo muchos murmullos inteligibles por parte de Yorke en el micrófono, al final el hombre tal vez sí sea un poco extraterrestre, pero no importa mientras ello involucre llevarnos a pasear por ese sueño introspectivo tejido acorde por acorde hasta desembocar en una íntima playa.

Así llegaron ‘How to Desappear Completely’ y ‘Preset Tense’ a ritmo de unas maracas sutiles, casi como un bossa nova a la inglesa que por raro que eso suene, pareciera que Radiohead en su madurez ha decidido involucrarse con sutilísimos sonidos latinos. Enseguida, un punto y a parte con ‘You and Whose Army?’ para continuar ahora sí, con el último y más entrañable momento de la noche que comenzó con ‘Paranoid Android’ y ‘There There’.

En el recinto hacía cada vez más calor y los miembros de la banda parecían confundidos y aturdidos ante tanta adrenalina. ‘Exit Music’ y ‘Fake Plastic Trees’ parecían haber puesto punto final al paradójico paseo, incluso se habían encendido las luces como indicio de que el viaje había concluido y era necesario ir bajando los pies, aterrizando poco apoco, pero la rechifla continuaba y era poco más que ensordecedora, algunos comenzaban a salir cuando de pronto las luces se apagaron para dar paso a los primeros acordes nada menos que de ‘Creep’ y con eso, la polaroid de nuestra adolescencia lloraba junto a otros miles, aunque para ser honestos, nadie de los que estábamos ahí necesitábamos ‘Creep’, pudo ser cualquier otra, de cualquier forma ya nos tenían en la palma de su mano.

Esta semana Thom Yorke cumplió 48 años y él no lo sabe pero en el hilo con el que teje la maraña mágica de sus canciones, guarda el elixir de la inmortalidad.

Radiohead a través de sus fanáticos

 

Radiohead, esa banda que aman tanto sus fanáticos que se vuelven el street team voluntarioso, capaz de brindarnos todas las perspectivas para que entendamos su pasión. Los hemos visto organizarse en diversas ocasiones, las más recientes en el lanzamiento físico de ‘A Moon Shaped Pool’ a través de un evento global que desafortunadamente también tuvo un incidente de odio, pero sobre todo hemos sido enganchados con las transmisiones de sus primeras actuaciones a través de Tweet Cam, Periscope y FB Live Stream.

 

Ya hace varios años, en el espíritu crowdsourcing, que definitivamente es muy Do It Yourself, hace algunos años 50 fanáticos se reunieron en un concierto de Radiohead en Praga, armados con mini cámaras de alta definición grabaron todo el concierto desde diversos puntos. Lograron un video, que a pesar de verse amateur por momentos, es sumamente vívido, porque muestra el punto de vista del espectador.

 

El proyecto se volvió más interesante cuando los integrantes de Radiohead brindaron el audio del concierto, que da un contraste interesante entre la calidad de audio y lo hecho por pura pasión (por eso luego se ve que la cámara brinca con emoción). Fanáticos y grupo permitieron el lanzamiento como free download en todos los formatos posibles, nada más por el gusto de hacerlo y compartirlo.

 

 

Aunque el crowdsourcing es una forma de mantener a los fanáticos felices, los fans ya no se conforman con el que les pidan, también quieren hacer algo para contagiar su gusto por una banda. Son los seguidores los que logran los cambios que hace 10 años eran imposibles, la música en colaboración tiene importancia gracias a ellos, las redes sociales y otras maravillas que se encuentran en la red, como la que ahora comparte un talentoso fan que asistió al concierto de Radiohead en la ciudad de Amsterdam, filmó y editó de forma excesivamente profesional todo el espectáculo para poder compartir el inicio de una gira que pronto pisará la Ciudad de México.

 

Profetas de la rabia desparasitada

A mediados de los años noventas del siglo pasado un grito de rabia parido desde Los Ángeles, California, acompañó alrededor del mundo a la disidencia de moda, la primera revolución digital que conmovió por su aparente inocencia.

 

La movida del EZLN a través de los nodos de internet y los faxes en decadencia tuvo en Rage Against the Machine, principalmente en Zack de la Rocha y Tom Morello, a par de voceros privilegiados. Mientras el grunge entretenía a los padres del emo musicalizando berrinches adolescentes, la banda de LA orientaba las intenciones de un sonido potentísimo e infectado de rabia  hacia la promoción de la conciencia social a niveles globales.

 

Extrañamente, en México fueron más los que voltearon hacia Chiapas gracias a las curiosas insistencias de RATM y no a Panteón Rococó o Santa Sabina, combos adheridos a la causa sin ninguna reserva. Curiosamente, en casa la banda que no se adhería al zapatismo pero cargaba un discurso de hartazgo divertido pero real era Molotov, sin afanes paternalistas.

 

 

Años después el EZLN y RATM se difuminaron hasta borrar casi toda huella de lo que fueron en alguna ocasión, quedando como referentes de una generación que mostró preocupación por un cambio social, algo que no ocurría desde los años sesentas y que no ha vuelto a suceder; al menos no con esos alcances.

 

Recientemente, en una época en que la digitalización del todo va más allá de las cosas y las ideas, poco después de que Radiohead hiciera un interesante mutis de la red global antes de lanzar nuevas y fastuosas producciones, se anunció un “posible” y mentiroso retorno de RATM, algo que picó los corazones de los fanáticos irredentos de la banda angelina, deseosos de un poquito de análisis social musicalizado. Y no exagero, porque el grueso de quienes fuimos seguidores del sonido y la ideología de RATM ya sobrepasamos los 40 años y debemos ir a visitar al médico por un chequeo general al menos una vez al año, así que aquello sí tuvo un impacto directo en nuestra salud provocando una especie de microinfarto.

 

No obstante, la emoción de pensar que quizás RATM aprovecharía la coyuntura de las elecciones en Estados Unidos para reaparecer y dar un golpe de carácter quedó en puras buenas intenciones.

 

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Si bien musicalmente resulta interesante fusionar el sonido de RATM con Cypress Hill y Public Enemy, el resultado no puede ser menos elocuente para quienes bregamos por un nuevo discurso, adecuado a los tiempos que corren. Es decir, que la música retome uno de sus principales motivos: comunicar además de entretener.

 

Y uno amasa las utopías, porque si Julian Assange se acercó a Tom Morello y Calle 13 por qué no habría de hacerlo con RATM y sus visiones incendiarias en contra del imperialismo y todo ese discurso incómodo para extirpar las “revoluciones” de las redes sociales y las mesas de la cafetería más invasiva del mundo. Ucrania es un buen ejemplo.

 

Finalmente, la ocurrencia no está del todo mal. La idea de un supergrupo como Prophets of Rage, con base en músicos maduros, enriquece el escenario artístico, sin embargo, el topping emocional para quienes rogamos por un pilón siempre se queda en las alacenas de un Zack de la Rocha quizás aburrido, quizás desmotivado, o quizás tan disidente que prefiere masticar a solas sus revoluciones personales.

Una abstracción visual llamada Radiohead

Durante dos fines de semana los fanáticos de Radiohead contuvieron la respiración, esperaban noticias del nuevo disco, ‘A Moon Shaped Pool’ llegó con una intensa campaña que hacía notar la ausencia, posteriormente llegaron las imágenes y finalmente el ruido en streaming, ese ser maligno que trataba de combatir Thom York, pero al que no le quedó más que acercarse para mantenerse fiel a estos tiempos donde hasta Apple está a punto de renunciar a la venta de MP3.

 

A las imágenes iniciales del sencillo ‘Burn the Witch’, que ya están alentando una demanda de los creadores de la serie ‘Trumpton’, el otro colaborador de la banda que no es Nigel Godrich empieza a orquestar el lanzamiento de un proyecto paralelo que reunirá diversos artistas visuales inspirados por ‘A Moon Shaped Pool’.

 

Desde su trabajo ‘My Iron Lung’ (1994). Stanley Donwood ha trabajado con Radiohead, Thom Yorke y en los sitios de la banda, sin embargo no llamó la atención hasta que se sumó al arte de ‘OK Computer’, un disco que hacía múltiples referencias a la obra de Douglas Adams y que en varios niveles hablaba sobre tecnología y alienación, era necesario recurrir a algo abstracto, lleno de capas de blancos y escenas fracturadas. Donwood y Thom Yorke trabajaron arduamente en la computadora portátil del diseñador y crearon una serie de collages que transmiten una extrañeza y una tristeza que inmediatamente te remiten a los 12 tracks del disco, pero también logran decir todas las cosas que no se incluyeron en las canciones.

 

En ‘A Moon Shaped Pool’, Staanley Donwood nuevamente se hacer cargo de la dirección artística, pero llama la atención el proyecto que se desarrolla actualmente en Instagram, la galería de Radiohead se ha convertido en una sala de exhibición, el grupo las llama viñetas, interpretan una sección del disco de forma abstracta, sospechamos que realizarán algo más grande con las imágenes en un futuro no muy lejano.

 




Radiohead regresa a México

 

Radiohead inició la semana anunciando una gira por diversos países durante el verano y otoño de 2016, además de las fechas en Estados Unidos e Inglaterra, al final de la lista que publicaron en su página oficial, no encontramos con dos fechas en México, esta vez en el Palacio de los Deportes los días 3 y 4 de octubre de 2016.

Los boletos para ambas presentaciones estarán disponibles ésta misma semana, por lo que recomendamos dejar intacta su quincena, la venta general inicia el día 16 de marzo, para evitar la reventa se limitará a dos boletos por transacción. Estarán disponibles a través del Sistema Ticketmaster, en la página, centros de atención y vía telefónica, así como en las taquillas del inmueble.

Precios:

Pista: $1,680

D: $1,180

E: $550

Historia de un bot sin toalla

Hay bandas que te enseñan a cantar a grito pelado en la madrugada golpeando el volante, Tom Petty and the Heartbreakers es una de ellas, al menos esa es mi primera reacción cuando aparece ‘American Girl’ en el radom de mi reproductor, aunque eso en la memoria colectiva nos lleve a la referencia de una noche en el ‘Silencio de los Inocentes’, en mi caso tiene final feliz, siempre conservo mi piel.

 

Hay grupos que te enseñan a hacer pogo dance como The Jam y The Clash, así como hay otros que te obligan a levantar un puño amenazador en el aire, como Rage Against The Machine y Anti-Flag, pero los que más aprecio son los que me enseñaron a escuchar y me llevaron a salirme de la música para explorar la extensión de las canciones en otros contextos.

 

En Sonic Arsenal de vez en cuando los invito a escuchar con audífonos y cerrar los ojos para descubrir la mezcla y el poder de algunos cortes que remueven las entrañas, un ejercicio que empecé a realizar en la adolescencia cuando apareció el primer discman en mi casa. Armada con unos audífonos empecé a apretar ese botón de dopamina que nos hace repetir constantemente las canciones por la satisfacción que provocan, de forma pausada descubrí que había diversas capas, algunas imperceptibles cuando ponía el disco en el sistema de sonido casero.

 

Desde esa burbuja creada por el ruido de uno, que se percibe extraño desde el exterior cuando se observan los movimientos sin música, empecé a desmenuzar capas con ‘Animals’ de Pink Floyd, que me volaba la cabeza cada vez que aparecía un solo de guitarra, pero también empecé a notar esa serie de sonidos que acoplados de forma perfecta se volvían imperceptibles. Lo mismo me ocurrió con una banda que después me otorgó el gusto por la ciencia ficción de línea enredada pero extremadamente simpática.

 

Conozco a Radiohead como todos, desde ‘Creep’, pero también lo conozco a través de las crónicas de mi hermano en ese concierto de Pachuca y otra ocasión que entrevistando a Camilo Lara me contó la travesía del grupo en su primera vez en México y aquella azotea de Guanajuato donde meditaban lo que le sucedería a la banda. Sin embargo conozco a Radiohead más por las exploraciones resultantes de escuchar demasiado tiempo con audífonos, analizando el arte de Stanley Donwood y los booklets ocultos, siguiendo los experimentos sonoros que fueron creciendo y analizando las letras que me llevaron a leer en varias ocasiones la historia donde levantar el dedo pulgar y acarrear una toalla se vuelve fundamental. Gracias a Radiohead me quedé con Douglas Adams, aunque mi disco favoritos siguen siendo ‘The Bends’, ‘Kid A’ y ‘Hail to the Thief’ (en ese orden).

 

Hay bandas con las que uno se conecta de forma emocional, pero que te obligan a observarlas de forma profesional, pero que debido a la conexión te hacen perder la objetividad, para mi Radiohead es una de esas bandas, la disfruto hasta que me lleva a ese glorioso estado gris que me hace enchufarme con la idea de que toda canción tiene un origen, de ahí salió la idea de realizar una columna en Rock Stage, donde mensualmente conté el contexto y las anécdotas que inspiraron una canción durante casi cuatro años.

 

Ya no escucho Radiohead con tanta frecuencia como lo hacía hace algunos años, incluso me perdí su última presentación en México, sin embargo sigo pendiente de lo que ocurre alrededor de sus integrantes, porqué sigo encontrando inspiración y me vuelven a llevar a donde no he estado, porqué hay bandas que te transportan sin separar los pies del suelo.

La verdad es que yo fui otra victima de Creep

En el inicio de 1994 la situación de Rock 101 se desgajó y la consecuencia directa en mi vida cotidiana fue padecer una especie de estrés postraumático que me impedía estar cerca de la música que sonara a Rock 101. Desde ese inicio de 1994 hasta 1996 mi refugio fue el jazz. Siempre había querido tener el tiempo de adentrarme en el mundo del jazz, pero la exigencia diaria de un grupo radiofónico no dejaba tiempo para escuchar algo ajeno a nuestros propios contenidos.

 

Asi que, desapegado –físicamente- de la responsabilidad del grupo, al jazz me metí y es una época de recuerdo entre azules y grises descontrolados en donde la estridencia delicadamente brutal del jazz envolvió mis sentidos, incrementando la barrera emocional que me separaba de cualquier cosa que oliera a rock´n roll.

 

Fue hasta 1996 cuando Martín Hernández me invitó a colaborar en WFM, me reincorporé a un nuevo mundo de música que, en 2 años, había cambiado muchisimo. En un proceso de reprogramación de la estacion fui descubriendo nuevos sonidos, acercándome con cautela a los viejos.

 

Configuré una nueva programación para WFM sin la especialización radical de Rock 101, aderezada con toques mas coloridos de ese momento, y que básicamente eran sonidos “antigrunge” o fusiones que trataban de relajar el ambiente pesado que habia impuesto el rock pesado de Seattle.

 

En 1997 regresé al NRM tratando de colaborar en el rescate de un barco que ya estaba a la deriva. Se propuso un proyecto que iba a llamarse ERA 101 en donde había estado Rock 101. Siempre me encantó el doble sentido del nombre. Hubiera sido un exitazo, pero nunca vio la luz consecuencia, precisamente, del rumbo equivocado por el que ya zurcaba la empresa. Pero bueno, Radiohead y ‘Creep’.

 

Fue en el regreso al NRM, y con la perspectiva de crear una nueva programación enfocada a la modernidad electrónica, incluyente de los nuevos sonidos alternativos, que me reencontré a Radiohead, cuando llegó a mis manos, entregado por un representante de la compañía discografica de la banda, un disco que venia acompañado de grandes reviews y con una pompa que me parecio exagerada en su momento, para una banda que habia hecho una cancion buena, ‘Creep’, pero sin ningun acto de magia sobresaliente. Recuerdo ver la portada de ‘Ok Computer’ y no darle mayor importancia, menos para la idea musical que tenia entonces en mente.

 

Para mi –recordemos que no había escuchado nada de la música de Radiohead, o culquier otra banda que hubiera producido nueva musica entre 1994 y 1996 en el postRock101 state of mind-, no era más que la continuación de una cancion pseudo hard rock, pseudo alternativa, pretensiosamente intelectual, llamada Creep. Como llego el disco lo guardé con los demás discos de mi oficina.

 

Se diseño ERA 101, se propuso su salida al aire, y todo quedo en un intento de medianía creativa llamado 100.Nueva Era. Medianía que nos llevó una vez más a  emigrar a nuevas tierras para 1998.

 

En 1999 lanzaríamos W Radical con el consiguiente éxito de presentar a México el gran movimiento de musica electrónica para el Siglo XXI. En ese lapso, entre enero 1998 y enero 1999 me propuse rescatar los sabores de la música que me habían arrebatado en 1994. Rescatar el placer de escuchar la produccion alternativa y conocer los nuevos caminos de esas bandas que había conocido y de las cuales me había negado seguir escuchando algo.

 

Así fue como, en la tranquilidad de mi casa, fui descubriendo a Massive Attack, Portishead, rescaté a Underworld, a Björk, a Fluke. Conoci lo que siguio haciendo Pearl Jam –medio desilusionante- el ‘Stripped’ de los Stones, Pink Floyd Pulse, y entre todos esos discos que habian quedado empacados. Un buen día abrí el ‘Ok Computer’ con el prejuicio durisimo de ir picando cada track y darme una idea del álbum, casi casi por compromiso.

 

Cuando comenzó el disco y recibi el primer guitarrazo de ‘Airbag’ me recrimine por unos segundos el esfuerzo inútil de intentar descubrir algo nuevo en esta banda que seguia haciendo un rock previsi… y repentinamente entra una batería que con una sincopa escondida cambia la sustancia del sonido y crea una mezcla que la voz del cantante vuelve compleja, dificil de explicar, asaltando los sentidos de esa forma extraña en la que asaltan los sentidos las sorpresas… desafiandolos a entender, a asimilar, a definir una idea distinta a la geometria auditiva, estetica a la que esperabamos, a la que imaginabamos.

 

Para ‘Paranoid Android’ entendí que estaba escuchando algo que no tenia nada que ver con ‘Creep’. Leer la etiqueta del album, su registro una y otra vez. ¿Era la misma banda? ¿Había aparecido otro Radiohead en mi ausencia auditiva?

 

El disco corrió, y llego el momento de ‘No Surprises’… Claramente recuerdo –como me ha pasado toda la vida en los momentos memorables- la luz de la sala, pasado medio día en el otoño de la Ciudad de Mexico, ese sol glorioso de tintes anaranjados que proyecta nostalgicas sombras sobre la rudeza de su construccion. Precisamente ese equilibrio, entre rudeza e iluminacion, fue la sensación de ‘No Surprises’ en el conjunto total del ‘Ok Computer’.

 

Al día siguiente fui a comprar lo que hubiera de Radiohead, que para entonces solo tenia un album adicional al ‘Pablo Honey’, llamado ‘The Bends’. Explosión incontenible de imaginacion, nuevos sonidos, sorprendentes sonidos, elocuentes sonidos que saben a tecnologia deconstructiva emocionantemente humana. Otra sesion de ‘Planet Telex’ a ‘Street Spirit’. Otra sesión enterita de Radiohead en dos días. La distancia que toma dejar muy atrás ‘Creep’.

 

Pienso que esa dedicacion al jazz y sus laberitnos, en esos dos años, con los oídos abiertos a nuevos aires, me hicieron click con la opción creativa de Radiohead, demoledora de barreras conceptuales. Desde entonces me declaro fan recalcitrante de Radiohead, una de las propuestas mas descabelladas y asimétricas que pudo generar la música en estos 22 años. 20 años desde el lanzamiento de ‘The Bends’ y en donde, desde mi perspsectiva, inicia la propuesta estetica comprometida de la banda. Tecnología deconstructiva emocionalmente humana cargada de sensaciones memorables que celebramos este jueves en Rock 101.

Radiohead y un pensamiento sonoro

La primera vez que escuche a Radiohead fue por una mera coincidencia del destino y el lenguaje. Recorriendo una tienda de discos, ahora desaparecida, en las ofertas infravaloradas (discos que nadie escucha) me encontré una carátula con un bebé/girasol y la leyenda ‘Pablo Honey’. Compré el disco por una inexplicable reacción al ver mi nombre en un disco extranjero.

 

De Radiohead conocía como muchos ‘Creep’ canción que un tiempo fue un himno entre mis compañeros de escuela: niños clase medieros, alienados, Montessori, con problemas de lenguaje. Era nuestro único referente de la banda y tal vez un poco el símil que hacían de mí y de York por tener, ambos, el párpado caído. Escuché el disco entero y de ahí salía entre muchas joyas crudas ‘Creep’ y al fin encontraba un nuevo sentido a la letra, para ese momento. Leí el booklet, canción por canción, y me sumergí en la textura de las letras, luego en la música como un todo y al final quise más de ellos.

 

Con amigos más grandes de edad (y tamaño) con gustos musicales perversos como Premiata Forneira Marconi, Gong, Magma, Pink Floyd (la etapa ácida y perturbadora del A Saucerfull of Secrets), Oliver Messiaen o la experimentación de Tangerine Dream era poca la música que escuchaba en la radio “juvenil” que lograba meterme en lo que escuchaba y Radiohead sonaba demasiado, sin sentido.

 

Se hablaba mucho de ellos, con tropiezos en lugares comunes robados de páginas especializadas mal comprendidas y nunca tomándolos como un grupo experimental, independiente a gustos y géneros musicales.

 

Las percusiones y el bajo son dos personajes importantes en mi formación auditiva. Para bien o mal crecí con música clásica a diestra y siniestra, metido en clases de composición y orquestación, solfeo, apreciación estética y artística, matemática musical y estos dos elementos eran la columna vertebral de la personalidad de una banda. Radiohead los sacaba del lugar común (de la época) y con inteligencia sonora y musical los trasladaba a un concepto propio. No buscaban emular a otras bandas, al final una honestidad pretenciosa que sólo la genialidad puede manejar.

 

En ese mismo periodo histórico ‘High and Dry’ sonaba con bastante frecuencia en los horarios vespertinos de las ya desaparecidas estaciones de radio. Tanta melancolía contenida en 4:25 minutos no los pude superar sin llorar la primera vez que la grabe en un cassette, y la reproduje hasta memorizarla, luego cada disco conceptual se tornó en un asombro  y confrontación continua con el ser escucha.

 

Desde el ‘Ok Computer’ no puedo escuchar canciones aleatorias de Radiohead, me es imposible separarlas de su contexto, de su útero musical. No son “singles” son piezas interdependientes de un concepto, de un discurso complejo, que además es polisémico, es decir contiene un mundo de posibilidades de apreciación y significados para quien lo escucha. Cada disco es arte por su capacidad de interdisciplinar.

 

Con el ‘Kid A’, me encontré con el diseño gráfico y sonoro, la composición, la matemática electrónica, la naturaleza orgánica de la voz, la lírica, el manejo de múltiples capas sonoras que nunca se invaden, la ingeniería en audio y un sin fin de elementos que podría ser ejemplos para clases de arte y análisis contenidos que me permitieron aventurarme y correr riesgos sonoros. Fue mi puerta de entrada John Zorn y al avant garde actual.

 

Cuando se presentaron en vivo en un estadio me sorprendí y bajo reservas fui; fue una experiencia irreverente, distópica. No había relación con lo que sucedía en el escenario y las gradas, Kraftwerk servía de introducción y no había ninguna reacción en el público, pedían las canciones repetidas mil veces y el ‘In Rainbows’ sonaba lejano sobre una audiencia con oídos de pescado esperando en momento ‘Creep’ de la noche para cantar y desfogarse. Solo bajo el influjo de los audífonos pude transitar por el arcoíris sin volver a esperar verlos en las mismas circunstancias y seguir creyendo que son una de las bandas más grandes, honestas y de genio inagotable en activo.

2 + 2 = #Radiohead101

1985, un grupo de jóvenes se reúne para trabajar en una banda que no prometía nada. La escuela Abingdon les permite utilizar la sala de música únicamente los viernes, adoptan la fecha como primer nombre de batalla: On a Friday. Treinta años después, en un jueves, Rock 101 celebra aquello que se detuvo para asistir a la universidad, revivió con un Pablo hecho de miel y que está a punto de colapsarse constantemente por diferencias extremadamente artísticas: #Radiohead101.

 

Presentamos en los #12EspecialesMás1 el antepenúltimo programa de la serie de otoño, antes de encontrarnos con el invierno, un nuevo disco y una serie de protestas de Thom Yorke en Francia por el cambio climático, trataremos de modificar nuestra huella de carbono con la música de un grupo que vende millones de discos, nos reta al hacer sus producciones cada vez más complejas y frecuentemente habla en contra del gobierno y el capitalismo.

 

Desde el lanzamiento de ‘OK Computer’, Radiohead ha sido etiquetada como la mejor banda del mundo o la mejor banda que surgió en la década de los 90, a la larga esas etiquetas no son más que molestas frases para sus integrantes, quienes a pesar de la fama abrumadora han decidido hacer música brillante, pero sin ser aclamados. La realidad es que seguimos sin conocerlos a profundidad y en Rock 101 preferimos las múltiples historias que ellos mismos han creado para alejarse del reflector.

 

El proyecto, que en un principio fue conocido como On A Friday, fue abandonado al poco tiempo debido a la presión de los padres de los integrantes, quienes no le veían gran futuro a la banda y los obligaron a asistir a la universidad. Por casi cuatro años no realizó ninguna presentación, sin embargo en cuanto sus integrantes obtuvieron sus títulos universitarios regresaron en el otoño de 1991 para grabar un demo que nos depositaría en el inicio de Radiohead en 1992, cuando firmaron contrato con EMI. Con el sello retrabajaron sus primeras canciones y editaron el EP ‘The Drill’, que a pesar de tener una pobre recepción los encaminó hacia la realización del disco ‘Pablo Honey’.

 

El jueves 3 de diciembre nos encontraremos con el grupo de los álbumes concepto, que no intentó cambiar o ponerse en contra de la industria discográfica, pero que buscó distribuir con mayor rapidez sus producciones, que siempre obtiene un excesivo ruido mediático y que parece ya no estar tan incómodo con la fama. De ‘Pablo Honey’ a ‘The King of Limbs’, Radiohead examinado desde sus orígenes, influencias y herederos. Diez horas de un grupo que siempre busca ser consistente y coherente con sus ideas, canciones y ruidos.

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