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Dick Dale, el padrino de la guitarra surf, muere a los 81 años


Músico pionero conocido por su éxito en 1962, Misirlou, el tema de Pulp Fiction.

Por Laura Snapes para The Guardian.

Traducido por Natalia Castañeda.

El guitarrista Dick Dale, el pionero del surf rock conocido por su éxito de 1962, Misirlou, murió a los 81 años.

Murió el sábado por la noche, el bajista en vivo de Dale, Sam Bolle, confirmó al diario británico The Guardian.

Nacido como Richard Anthony Monsour en mayo de 1937, Dale desarrolló su sonido distintivo al agregar influencias del rock instrumental de su herencia del Medio Oriente, junto con un sonido de reverberación “húmedo” y su rápido estilo de selección alternativo.

Dick Dale. Foto tomada de https://bit.ly/2Fb0s9n

En 2011, le dijo al Miami New Times que el agitado tamborileo de Gene Krupa, junto con los “gritos” de animales salvajes y el sonido y la sensación de estar en el océano inspiraron su sonido.

Su quinto single, Let’s Go Trippin’, de 1961, es considerado el primer instrumental de surf rock y se le atribuye el lanzamiento de la locura de principios de los sesenta. El surf “vocal” de los Beach Boys fue pionero en la segunda ola del sonido.

Dale afirmó una vez que Frank Sinatra se había ofrecido a manejarlo, pero lo rechazó porque el cantante quería una reducción del 90% de sus ganancias.

A finales de los años 60, Dale fue fundamental en el desarrollo de la guitarra Fender Stratocaster. “Todo lo que salió de la cabeza de Leo Fender, yo era su piloto de pruebas”, dijo Dale al Miami New Times en 2011. “Solía decir: ‘Cuando puede resistir el bombardeo de castigo de Dick Dale, entonces es apropiado para el consumo humano’. Así que exploté más de 50 amplificadores. Y es por eso que me llaman el padre del heavy metal “.

En la canción de Misirlou, Dale transformó la canción griega tradicional en una actuación acelerada de una sola cuerda, que se convirtió en una sensación nacional después de que Dale la presentara en el Show de Ed Sullivan en 1962. En 1994, Quentin Tarantino la usó como la apertura musical para Pulp Fiction.

“Tener a Misirlou como tu crédito de apertura, es tan intenso”, le dijo Tarantino a Rolling Stone. “Simplemente dice que estás viendo una película épica, que estás viendo una película grande y vieja … Simplemente invita a que la película ahora tiene que vivir”.

Después de retirarse de la música en la década de 1970, Dale volvió a tocar en los 80. En 1995, encontró un nuevo patrón en John Peel, quien descubrió al guitarrista tocando en el Garage en Londres.

“Dick tocó de maravilla”, dijo Peel sobre la experiencia en los VH1’s Ten of the Best. “Quiero decir, él todavía se preocupa por eso. Y se quedó atrapado, y me volví loco, tengo que admitirlo. Bajé al frente, cubrí a todos con cerveza y bailé, que es algo que no hago fácilmente, y le grité entre los actos. Fue simplemente maravilloso “.

Dick Dale. Foto tomada de https://pge.sx/2Hv1i47

En 2015, Dale dio una entrevista al periódico estadounidense Pittsburgh City Paper, en la que dijo: “No puedo dejar de hacer tours porque moriré. Física y literalmente, voy a morir “. Le dijo a la revista Billboard que tenía seguro médico que cubría las facturas de la diabetes, el tratamiento post-cáncer y otras afecciones debilitantes, pero que las aseguradoras se negaron a cubrir la reposición de los suministros que necesitaba para mantener su estoma libre de la infección.

Dale le dijo a Billboard que preferiría quedarse en casa con su esposa y gerente, Lana, si pudiera permitírselo. “Pero también tengo que darme cuenta de que me mantuvieron vivo por una razón. La gente no solo está asistiendo a un concierto, sino que está llegando a un estilo de vida en el que estamos dispuestos a compartir de qué se trata nuestra vida y cómo nos burlamos de ellos (los problemas de salud)”.

“No es: ‘Oh, estoy sufriendo aquí abajo y estás pasando un buen rato allá arriba’. Puedo decirles cuánto dolor estoy sufriendo “hasta allá arriba “. Les dejo saber: tengo la misma mierda que tú “.

Fuente original: “Dick Dale, godfather of surf guitar, dies aged 81”. Escrito por Laura Snapes para The Guardian. https://www.theguardian.com/music/2019/mar/17/dick-dale-dies-aged-81-misirlou-pulp-fiction

Ésa no me la dediques

A mi amigo El Toronjo se le ocurrió invitarme a su casa para presentarme a su nueva novia. Estaba tan orgulloso que armó una mesa de quesos y carnes frías, un par de botellas de vino Nobile di Montepulciano y otra de mezcal que mercó allá en Oaxaca con artesanos emprendedores. Le decimos El Toronjo por redondo y cacarizo pero tiene tan buen ángel que es como un enorme Oso; ya hay otro amigo al que le decimos El Oso así que se le quedó El Toronjo, ni modo.

El Toronjo también es un gran conocedor de música así que la velada estuvo aderezada con una buena seguidilla de piezas programada en su iPod. El Toronjo es divorciado, como yo, pero a él le costó más trabajo sobreponerse y, por encima de todo, conseguirse una buena novia, así que era evidente su orgullo por la Mafer.

El problema con El Toronjo es que tiene mala memoria en sus cinco sentidos, pero cuando activa el sexto gracias a unos buenos tragos, la memoria fallida parece resetearse, restablecerse sin avisar. Y todo iba bien, inclusive hasta pesadamente cursi cuando puso ‘Lady in red’ de Chris de Burgh, y me dijo, con la confirmación de la Mafer, que ésa era la canción que iban a bailar en su boda. Luego se tomaron de las manos y se besaron generando un momento incómodo al que le reduje los niveles de glucosa empinándome dos mezcales de golpe.

Creí que el tema había muerto ahí, pero dos botellas de vino después, ya con la cara tan chapeada como una toronja, el idiota del Toronjo se puso a recordar su boda fallida y, como me lo temía, conmemoró, con el horizonte de la cordura extraviado por la emoción de esa memoria que por lo visto aún le punza, que su vals de recién casados había sido precisamente el único éxito de Chris de Burgh. Hasta ahí la velada porque la Mafer me dijo en tono de orden: “Bicho, acompáñame a tomar un taxi”.

Alguna vez, platicando en un viaje por carretera de regreso de Acapulco con mi amigo Arturo Flores, hoy editor de Playboy, mientras César Anaya, editor de Rock Stage, caía en coma en el asiento trasero por una infección estomacal y un piquete de abeja, concluimos que es peligroso sacar de contexto una canción y darle poderes más allá de su esencia lúdica. Es decir: no es de caballeros andar dedicando canciones. El meollo del asunto radicaba en la difícil empresa de reciclar canciones cada vez que cambiábamos de novia o de turno al bate, porque por muy analistas musicales que fuéramos se nos terminaban las opciones.

A veces la memoria no es suficiente, sobre todo rebasando los 30 años, por lo que sería muy conveniente llevar un registro, una bitácora, un little black medical book como el de las enfermeras, de acuerdo con Eric Stoltz en ‘Pulp Fiction’, para evitarnos papelones como los del Toronjo y muchos de ustedes, ya me dirán si miento.

Durante un tiempo detesté a Depeche Mode porque a una ex se le ocurrió mentar que era el grupo favorito de su ex más significativo. “Depeche Mode es una girly band, con razón le gusta”, recuerdo que le dije nada más por ardilla.

 

No obstante, la irresponsabilidad no es del todo nuestra ya que, por desgracia, las canciones que más nos llegan, sean románticas o no, tienen la maleabilidad de los sentimientos, se adecúan a nuestro presente y encajan sus engranes con los de nuestra maquinaria emocional tan necesaria de combustible.

 

Cuando dedicas una canción y tu relación se va al retrete sientes como si te arrancaran los órganos y no es del todo descabellado buscar un acuerdo con la rijosa como si se tratase de la separación de bienes: “tú te quedas con el buró, el refrigerador, la sangüichera que nos regaló tu tía la gorda y estas rolas tuyas que ni me gustan y a mí regrésame las mías”, pero el virus ha sido inoculado. No está de más reconocer que tengo algunas canciones prohibidas que no puedo ni postear en Facebook porque, encima, la mayoría de mis ex comparten red social conmigo (sí, ya sé que soy un idiota). Y si acaso se me ocurre mentar alguna de esas piezas corro el riesgo de provocar un espejismo de añoranza. Lo mismo sucede con los bares románticos y a media luz de la Condesa porque la mesera de siempre, la guapa de rulos rojizos, parece disfrutar el momento de decirme: “otra vez por acá, joven”. ¬¬

Finalmente, al salir de casa del Toronjo, le dije a la Mafer que no fuera tan dura con él, le expliqué la teoría de la maleabilidad de las canciones y, con esa sonrisa en donde todo cabe, me espetó: “Ya lo sé, sólo es para disciplinarlo, de todas formas tú me dedicaste esa canción hace un par de años, no se te olvide”. Yo sólo sonreí y me prometí, en silencio, dejar de andar desperdiciando mis canciones.

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