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Un toque celestial en el rock

Recordando una escena de la serie de televisión ‘The Get Down’, en donde el personaje de Mylene Cruz quien quiere ser cantante a toda costa y en contra de los principios de su padre, un devoto cristiano muy fiel a la creencia religiosa de los años setenta, interpreta el tema ‘There But For The Grace Of God Go I’, en una audición para un empresario de una disquera. Esta se lleva a cabo dentro de la iglesia del barrio y con la ayuda de Zeke, el otro protagonista, resulta un muy buen ejemplo de la combinación entre el soul y los coros góspel que desde los años 60 gracias a gente como The Chambers Brothers, se han ido mezclando y hoy en día muchos artistas de distintos géneros han creado temas con arreglos de los llamados Gospel Choirs. Algunos simplemente les dicen Choir Songs a las canciones que no necesariamente llevan gospel pero si tienen esa melodía con tono celestial y emotivo.

Figuras clásicas de la talla de los Rolling Stones, Paul Simon, Madonna o Michael Jackson han compuesto canciones con esta especie de coros conmovedores que enriquecen la melodía y principalmente realzan las presentaciones en vivo. También gente como Damon Albarn con Blur y Gorillaz, Kanye West, Katy Perry o George Michael, entre muchos otros, han sacado rolas con coros gospel.

 

Como siempre, les dejamos algunos de los que más nos gustan sobre dicho tema. Ya saben que pueden comentar si tienen otra rola con este tipo de coros, recomiéndenos algunas más.

 

Uno de los ejemplos que no precisamente son góspel pero sí Choir Songs, es The Polyphonic Spree, banda de Tim Delaughter que se forma a raíz del deceso del bajista de su anterior banda Tripping Daisy. Con más de 20 integrantes, principalmente coristas, sus rolas están llenas de coros emotivos.

 

Los coros que hacía esta banda de hard-progressive rock en los noventa se asemejan mucho al estilo del que estamos hablando. Sin ser forzosamente con coristas, el timbre de Dan Arlie junto con los arreglos de Eric Valentine en la batería y producción, hacían esa atmosfera multitudinaria.

 

Una de las rola características del rock con arreglos góspel es la que mister Harrison nos regala en My Sweet Lord. Clásico que comprueba que la calidad de este miembro de los Fab Four.

 

Muchas de las agrupaciones de Góspel se forman en el Reino Unido, y es por eso que bandas como Primal Scream los invitan a colaborar en sus composiciones. Aquí la maravillosa ‘Movin´ On Up’ que abre el Screamadelica.

 

Bret Michaels junto con Ritchie Kotzen, que había tomado el lugar de C.C. DeVille en la lira principal, componen Stand para el cuarto álbum de Poison y convocan a un coro Gospel a la melodía que sirve como primer sencillo. Aunque ya lo había hecho Michaels en temas como Something To Believe In.

 

Del Hot Fuss, debut aclamado de Brandon Flowers y sus muchachos. Surge este tema que componen con coros emotivos. Recordamos su show en Coachella 2004 en la Gobi Tent donde aparecen con 20 coristas góspel detrás al momento de interpretar esta rola. Ya no lo hacen, pero sigue siendo una de sus mejores canciones en vivo.

 

No podía faltar este rolón de los inigualables Faith No More. El maestro Patton haciendo gala de su gran voz acompañado de bastantes chicas en los coros. ¡Un agasajo!

 

Que Nick Cave ocupe esta clase de composturas en sus creaciones ya es normal. Y aquí les dejamos una exquisita.

 

La última producción hasta ahora de Karen O y Nick Zinner con los Yeahs, comienza de gran manera con Sacrilege, aunque el resto del Mosquito haya decepcionado.

 

El Space Rock de Justin Pierce y su Spiritualized llegan al climax en su tercera producción Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space. Trompetas, cuerdas y un gran coro góspel, sobresalen en esta obra de hace 20 años.

 

Muchas gracias por el tiempo dedicado, esperando sea de su agrado y principalmente nos retroalimenten con sus recomendaciones. Hasta pronto.

Corona Capital 2015: Echando a perder se aprende

 

2015 fue un año tristemente marcado por atentados, sobre todo en Francia en donde se llevaron a cabo 2 de los más notables ataques terroristas y no porque fuesen más importantes que otros, sino porque los atentados se llevaron a cabo en lugares públicos como fueron las oficinas de la revista crítica de Charlie Hebdo, donde murieron 12 personas, el segundo se suscitó en el Teatro Le Bataclán donde durante una presentación de la banda Eagles of Death Metal, un grupo armado tomo la vida de decenas de personas. Esta situación añade un grado más de alerta ante el conflicto contra el Estado Islámico.

 

En Estados Unidos se legaliza el matrimonio homosexual, cuando apenas hacía un año que California legalizaba el uso lúdico de la mariguana. Pero cuando todo era risas y diversión para este país, Donald Trump anuncia su precandidatura a la presidencia de su país. En ese momento, cuando aún había algo por hacer.

 

Mientras el mundo se caía cada vez un poquito más a pedacitos, el festival Corona Capital había tomado una decisión trascendental: trasladar el tradicional rocktubre a noviembre, en primera, para dar lugar a la Fórmula 1 en su recién remodelado Autódromo y en segunda, para tratar de remendar un poco lo sucedido el año pasado.

 

 

Y vaya que lo hicieron bien. El festival Corona Capital emergió de sus cenizas como un Fénix con uno de los mejores carteles que haya tenido. Nombrado por algunos como el Corona para rucos, el 21 de noviembre y sin una sola nube que amenazara la paz de los asistentes pudimos contemplar el atardecer con la música de fondo de The Psychedelic Furs, quienes nos hicieron regresar a los ochenta bailando. Terminaron, pero enseguida llegó la nostalgia hecha fiesta gracias a Richard Aschcroft quien se echó varias canciones de The Verve así, al hilo y sin titubear como fueron Sonnet, Space and Time y On Your Own.

 

Me tuve que perder a Beirut una vez más por ir a ver por primera vez a The Libertines, y no me arrepentí nada, favorita entre favoritas, disfruté como muchos cada centímetro de su reciente regreso. Un Pete Doherty bonito y gordito, acompañado hasta el final por Carl Barat, sensual y oportuno que no pierde pista de nada, siempre atento y preciso. En ese acertijo perfecto que combina mugre, cerveza, gritos, desamores, más gritos, y más cerveza, así van los Libertines, los últimos guerreros del rock honesto y sin gel entregándonos clásicos como ‘Can’t Stand me Now’ y ‘Music When the Light Go Out’.

 

Corriendo alcanzamos a ver a Muse con su cada vez más imponente despliegue de tecnología y escenarios majestuosos. Los últimos hijos sobrevivientes del rock para masas en estadios, entregadísimos como siempre sin guardarse una sola gota de energía para ellos mismos. No por nada son los consentidos de los escenarios mexicanos.

 

 

22 de noviembre del 2015, segundo día del festival Corona Capital con dedicatoria a los años 80, 90 y más. Llegué a ver a los Charlatanes UK desde el principio con el cabello güero de Tim Burguess bailoteando a la par del público a ritmo de Weirdo  y North Country Boy. Una embarrada de sándwich de Mew para llegar a ver completito a Spoon, otro favorito entre favoritos. Y es que escuchar en vivo ‘Do You’ y ‘I Summon You’ tiene que ser uno de los placeres más gratos de la vida, de esos que te ponen a llorar y a sonreír al mismo tiempo.

 

Los planetas se alinearon para ver de principio a fin a Primal Scream, por primera vez también, y no sé si es la magia de las primeras veces pero vaya maravilla ante mis ojos.  Primal es una piñata llena de exquisitos excesos. Primal es esa fiesta que no quieres que se acabe nunca, es un beso interminable, un baile extravagante que nadie entiende pero termina contagiándote. Primal es purita pasión. 2013, ‘Jailbird’, ‘Accelerator’, ‘Kill All Hippies’ fueron tan solo algunas de las canciones que tocaron ese día. No te mueras nunca, Bobby Gillespie, por fa.

 

Y aunque Fatboy Slim le quedaba perfecto a esa noche estrellada y fresca de noviembre, tuvimos que pisar y correr, tras escuchar ‘Star 69’ y bailar como locos un poco más, corrimos para ver por segunda ocasión a Pixies, quienes estrenaban a Paz Lenchantin como bajista y quien quedó perfecta, pero no es Kim. Un toque de madurez  y sobriedad destacó frente a su presentación en 2010 donde todo era euforia, locura y estridencia.

 

Así concluyó un año más de festival Corona Capital. Esta semana hace un año cuando nuestro mundo aún tenía a un David Bowie, a un Prince, a un Leonard Cohen y a un Juan Gabriel. Un mundo que aún no tenía a Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Un mundo donde la ilusión de paz y tolerancia nos hacía pensar que aún teníamos esperanza.

 

Pero para concluir felizmente, cabe destacar que recientemente la revista online Cosequence od Sound, acaba de poner en el lugar número 8 de 10 al Corona Capital como uno de los mejores festivales de música en el mundo.

Primal Scream – Plaza Condesa

 

Fotos: Óscar Villanueva Dorantes (OVD) / Cortesía

 

La madrugada del 9 de noviembre salieron al campus de Yale múltiples estudiantes a gritar de forma primitiva mientras quemaban parafernalia de una campaña electoral que no solo cansó a los estadounideenses, nos dejó estupefactos al resto del mundo. Ese mismo día, algún político también uso el término Primal Scream para referirse al candidato republicano y a la selección final de los votantes; esa noche mientras bailábamos con ‘Swastika Eyes’ y nos dejábamos llevar por el gospel de ‘Come Together’, el dueño de ese alarido como grupo repetía una consigna que se escuchaba al mismo tiempo en protestas de diversas ciudades de la Unión Americana: “Fuck Trump!”

 

Como en muchos conciertos que se realizaron esa noche en el mundo, además de los antecedentes desde el 2015, la estupefacción fue acompañda por alguna dedicatoria al presidente electo más allá del tuit, en este caso Bobby Gillespie no olvidó que en algún momento de la campaña por la presidencia aparecieron graffitis racistas y en favor de Donald Trump utilizando el símbolo que marcó el miedo en la Segunda Guerra Mundial. La canción escrita en 1999, que es parte habitual del set en vivo de Primal Scream, anuncia un estado militarizado bajo la ilusión de la democracia.

 

Fotos: Óscar Villanueva Dorantes (OVD) / Cortesía

 

Sin embargo lo que podría haber sido un concierto sumamente politizado, en realidad brindó ese remanso a la cruda y ruido electoral, como repitió en diversas ocasiones el vocalista, estábamos en el Plaza Condesa buscando diversión, era la noche para decir “we wanna get loaded and have a good time. We wanna have a party (Yeah!)”. Por el estado general de incredulidad, el público mexicano obtuvo un extra de Primal Scream, ‘I’m Losing More Than I’ll Ever Had’, la canción que se convirtió posteriormente en ‘Loaded’, que habla sobre el reconocimiento de la mentira y la traición, una caricia donde se mezcla la euforia, la esperanza y cierta depresión dirigida por Gillespie.

 

Con un set inclinado a los éxitos, con pocas variaciones de lo que presentaron en las otras tres ocasiones que el grupo visitó México, el Primal Scream de la noche del 9 de noviembre nos mostró una  base que no satisface a algunos, nos falta algo en el sonido, tal vez no terminamos de adaptarnos a los constantes cambios de integrantes, pero no podemos decepcionarnos de la cadencia delicada de Bobby Gillespie, sus movimientos suaves, la figura en traje rojo que parece siempre estar conectada con otro plano mientras canta.

 

Fotos: Óscar Villanueva Dorantes (OVD) / Cortesía

 

Mucho ‘Screamadelica’, un poco de ‘XTRMNTR’, ‘Give Out But Don’t Give Up’ y ‘Riot City Blues’, además de algunos detalles de su nuevo disco ‘Chaosmosis’, Primal Scream sabe muy bien cuales fueron sus discos más fuertes, no dejó fuera ninguna canción que nos lo recordara. En un concierto de no más de 2 horas, el grupo nos llevó del inspirador blues de ‘(I’m Gonna) Cry Myself Blind’, al instante de euforia de brincos del público con ‘Country Girl’, pero la mayor parte del tiempo nos mantuvieron en movimiento.

 

El viaje de los 90 partió con ‘Movin’ On Up’, canción a canción fue unificando al público, con un Bobby Gillespie que continuamente levantaba los brazos para recibir una respuesta de espejo, sobre todo en aquellos instantes en que el gospel nos mantenía coreando “my light shines on” y “Come together as one”, es fácil unirse al olvido al estilo Curtis Mayfield, solo basta dejarse llevar por el sonido de las maracas y los ojos continuamente cerrados de Bobby Gillespie.

 

Primal Scream en el Plaza Condesa / 9 de noviembre de 2016

Movin’ On Up

Where the Light Gets In

Jailbird

Accelerator

(Feeling Like a) Demon Again

Shoot Speed/Kill Light

Higher Than the Sun

Trippin’ on Your Love

100% or Nothing

Swastika Eyes

Loaded

Country Girl

Rocks

Encore:

I’m Losing More Than I’ll Ever Have

Kill All Hippies

Come Together

#SonicArsenal – Hace 25 años Primal Scream creó su propio mundo

 

Este año no tuvo tanta importancia para el grupo como para Creation Records, pero en el 2011 Primal Scream incurrió en la nostalgia de ‘Screamadelica’, un disco que tuvo en su momento una extraordinaria edición de cuatro discos, un álbum en vivo y un booklet que avivaba el inicio de la fiesta en ácido que se extendió a través de una gira, que incluyó a México y algunas crónicas histéricas por parte de lo que ya era Sonic Arsenal.

 

Fue en abril de 1989 cuando Alan McGee llevó a Bob Gillespie a un club y le dio su primera píldora de éxtasis. La primera no funcionó. La segunda funcionó tan bien que para junio ya estaba reinventando (junto con muchos otros) el acid house.

 

Dentro de ese periodo de abril a junio los integrantes de un grupo se reunieron alrededor de un televisor en un camerino antes de un concierto frente a 300 estudiantes para ver a Happy Mondays y Stones Roses en el programa Top of the Pops, ambas bandas terminaron de romper algo al interior de Primal Scream.

 

Para Gillespie, el momento de la reivindicación había llegado por fin, tal vez el punk lo había empujado a pertenecer a una banda como Jesus & Mary Chain, pero en ese momento bajo el influjo del éxtasis con Primal Scream sentía una urgencia por redimir el rock and roll, pero su actitud era la de la idea de que debía ser una celebración, una experiencia de alta energía. Sentía que el rock se había vuelto demasiado hacia adentro, “un poco demasiado serio”. Era necesario hacerlo de otra forma, en ese momento era lo que rock and roll debía ser, excepto que era moderno, era futurista.

 

 

Pero las píldoras y las intenciones no hubieran logrado gran cosa si Primal Scream no se hubiera encontrado con el DJ Andrew Weatherall y él no hubiera aceptado remezclar su canción ‘I’m Losing More Than I’ll Ever Have’. Sin ese encuentro no hubiera aparecido el sampleo de un diálogo de Peter Fonda en la película de motociclistas ‘The Wild Angels’ y la línea que definió su estilo en su tercer disco: “We want to be free to do what we want to do… we want to get loaded and we want to have a good time”. Sin eso, nada hubiera tenido significado.

 

El sencillo ‘Loaded’ fue lanzado en marzo de 1990, en un principio parecía una especie de baile/excursión traidor del rock, pero sólo eran los primeros signos de la génesis de Screamadelica, un disco que tenía más en común con el free jazz, John Coltrane y Ornette Coleman que cualquier elemento del rock contemporáneo, era como un salto masivo a otro planeta, un nuevo territorio que llegó con el inicio de una nueva década, la caída de Margaret Thatcher en el poder en el Reino Unido y, para Primal Scream, eso tenía un vínculo explícito entre el acid rock y el acid house. El disco simplemente se convirtió en una serie de letras y títulos robados de Sam Cooke, Can, MC5 y más que pueden escuchar en el siguiente playlist, ‘Screamadelica’ emergió como un libro de recuerdos secreto de sus influencias.

 

 

Siempre tomas un riesgo cuando ves a alguien tratando de recrear el pasado, pero con Primal Scream no se trataba de una simple resonancia emocional, se trataba de la música, que en última instancia, siempre te mueve hasta hacerte bailar y llorar, posiblemente las dos cosas al mismo tiempo.

 

Tan sólo mira el arte del álbum. Lo has visto, todo mundo lo ha visto, tal vez es una de las tapas más reconocibles de la década de los 90. Parece una cara, parece un sol… ¡parece una persona en ácido con los ojos saltando de sus órbitas! El artista Paul Cannell definitivamente estaba sintonizado con la banda o al menos con el parche sin forma que encontró en el techo de las oficinas de Creation Records después de tomar ácido, pero eso no es lo que la hizo perfecta para Screamadelica.

 

Lo que la hizo encajar fue el hecho de que Screamadelica es sin duda un álbum inducido por varias oscilaciones entre los extremos de la euforia y la ensoñación, con Screamadelica, Prinmal Scream quería encontrar unidad (aunque a través de gafas oscuras al día siguiente), sin embargo se sumergió en el contexto de los discos que le abren a uno los ojos a algo nuevo y, en 1991, esa novedad ponía a prueba no sólo los anteriores gustos musicales, también abría el panorama de las texturas de clubes, los remolinos de cintas en loops, los sampleos y los elementos de lo bailable fraternizando con el rock tradicional y el góspel.

 

Tal vez el disco se vio opacado en cierta medida por Nevermind, que salió a la venta un día después, quizás también es la razón por la que un año después de cumplir dos décadas Primal Scream lo retomó completo en vivo y lo volvió a lanzar (en edición de lujo). ‘Nervermind’ suena diferente, pero ‘Screamadelica’ todavía suena a ninguna otra cosa, aún 25 años después de su gestación. Es digerible aún si estás perdiendo la cabeza en un club, mirando tu ubicación en un mapa o musicalizando una noche de seducción. Con dos décadas probándolo, no hay nada que no te sugiera que es un clásico sólido.

 

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