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Pixies: precursores de la música alternativa

Pixies es una de esas bandas que llegaron tarde, pero a tiempo al camino a la fama. En sus primeros años difícilmente fueron escuchados por las masas, pero aún así contaban con la admiración de una muy crecida base de fans, entre los que se encontraban Kurt Cobain, David Bowie, Thom Yorke y Damon Albarn.

Su carrera es amplia, al igual que su catálogo musical y los éxitos colocados. Con tan sólo siete discos lanzados entre 1987 y 2016, han influenciado a cuatro generaciones.

Este 2018 Surfer Rosa, unos de sus larga duración más destacados está cumpliendo 30 años de haberse lanzado. Nevermind (1991) de Nirvana, Pablo Honey (1993) de Radiohead, Rid of Me (1993) de PJ Harvey, Pinkerton (1996) de Weezer y The Lonesome Crowded West (1997) de Modest Mouse son tan sólo algunos álbumes que quizá no existirían de no ser por la influencia de Surfer Rosa, de Pixies. 

Cuando hablamos del cuarteto de Boston, lo hacemos de una banda de culto, cuya influencia cubrió a bandas como Nirvana, Radiohead o Weezer, quienes popularizaron ese particular uso de melodías suaves en las estrofas y explosiones, gritos y guitarras distorsionadas durante los estribillos.

Con claras influencias del post-punk y el surf rock, Pixies es, indudablemente, precursor de la llamada música alternativa.

No hace falta escribir demasiado de una agrupación que de a poco se apoderó de los oídos de una sinnúmero de amantes de la música alrededor del mundo. Pero una banda de su tamaño no está exenta de egos y diferencias artísticas, es así que en 1993 Black Francis, vocalista y líder de la agrupación, a través de una entrevista para la BBC, anunció a sus fanáticos y compañeros de nada, la disolución de Pixies.

Fue hasta 11 años después que la banda se reunió de nuevo para disfrutar en el escenario del éxito y reconocimiento mundial. En 2013 Kim Deal, bajista fundadora, decidió abandonar la agrupación para dedicarse, entre otras cosas a su exitoso proyecto The Breeders.

Kim Shattuck reemplazó a Deal, apenas durante dos meses, y a partir de entonces Paz Lenchantin es la bajista del grupo, acompañando a Black Francis, Joey Santiago y David Lovering.

De nueva cuenta, Pixies visitan la Ciudad de México y previo a su concierto en el Teatro Metropolitan de este 12 de noviembre, tocarán en el Zócalo capitalino, al ser parte de la edición 2018 de La Semana de Las Juventudes, donde estarán a cargo de cerrar el primer día de las actividades musicales este sábado.

Por todo lo anterior, les dedicamos la programación completa de todo este jueves… en Rock101online.mx

 

 

 

Sonic Arsenal – Pixies, historias de sexo, mutilación y perros

Justo cuando todo mundo profesa su amor a Pixies, el grupo regresa a la Ciudad de México, a grandes rasgos… siempre estamos esperando esos años de estridencia y genialidad, ahora en forma de gira Come On Pilgrim, It’s Surfer Rosa, la conjunción de dos discos que heredaron mucha energía a bandas de la actualidad.

Aquellos que los esperaron a lo largo de la década de los 90 y que solo vieron sus sueños medio cumplidos con una tonelada de recopilaciones, discos en vivo y lados B, finalmente ven su anhelo realizado con eso que ya no podemos llamar reunión, aparentemente ya se quedaron para nuestra satisfacción y dejaron esa carrera de altibajos internos, donde sabíamos que no estaban muertos, andaban en parrandas individuales y a 4AD le tocaba mantener vivo el nombre de Pixies a través de su catálogo.

“Sin miedo de mirar abajo, oh no”, esa fue la última frase que escuchamos de Pixies antes de su separación vía fax en 1993. Aunque no es el disco preferido por la mayoría, ‘Trompe Le Monde’ (1991) parecía uno de los puntos más altos del grupo, con 15 tracks que mostraban las múltiples facetas de su sonido, era la amalgama perfecta de sus anteriores materiales, sin embargo en ese momento poco sabíamos sobre el futuro, que incluiría una ruptura, The Breeders convirtiéndose en el proyecto principal para Kim Deal, el trabajo solista de Frank Black, los scores realizados por Joey Santiago y la invasión de varios sillones por parte de David Lovering.

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Si con ‘Trompe Le Monde’ concluyó en alto Pixies, el regreso en el año 2004 fue superado únicamente por la perspectiva de un nuevo material cuando lanzaron el sencillo Bam Thwok, desafortunadamente no pasamos de la descarga digital y continuaron con una prolongada (pero siempre bien recibida) nostalgia en vivo. Curiosamente cuando el futuro del grupo parecía tambalearse nuevamente con la gira de The Breeders, la posterior salida de Kim Deal y su sustitución en el bajo con Kim Shattuck y la llegada de Paz Lenchantin, Pixies decidió abandonar su estatus de banda que vivía de sus grandes éxitos y finalmente lanzar nuevas canciones.

Desde el estreno de ‘Bagboy’ descubrimos que aquella banda de pop, punk, surf y rock que conocíamos todavía conservaba algunos rasgos, incluso nos hacía pensar en los antiguos coros de Kim (aunque ya no estaba presente), pero aquellos Pixies ya no son los mismos desde EP1, escuchamos una inclinación marcada hacia lo que ha estado haciendo Frank Black individualmente. Gil Norton, quien produjo ‘Dolittle’ (1989), ‘Bossanova’ (1990) y ‘Trompe Le Monde’, logró llevar a Pixies en cuatro direcciones diferentes, distintos capítulos de una misma banda, pero no precisamente con cohesión.

Lo que venga no será una continuación de la historia truncada en ‘Trompe Le Monde’, ese fragmento de lo que pudo ser de 1993 a 2004 seguirá siendo un enigma que solo puede traducir el arte de Oliver Vaughan. Lo que como fan puedo ver es que si tendremos discos nuevos, pero mucho pasado, incluso reflexiones sobre como hubiera sido la historia si las acciones hubieran sido otras, así nos lo explicó Frank Black en la canción ‘All I Think About Now’ donde habla sobre Kim Deal; pero más que nada se trata de nostalgia, la eterna nostalgia que ahora celebra dos discos, otra vez esa insistente retromanía.  Yo voy a tratar de dejarme llevar por esa emoción adolescente mientras sigo revelándome contra la frase de viejita ñe ñe sobre cómo era más bonito el pasado… afortunadamente todavía no estamos ahí.

 

On record: Los esenciales de la Semana

ALBUM DE LA SEMANA: CHRISTINE AND THE QUEENS
Chris

Because

No es necesario que hayas visto a Héloïse Letissier tocar en vivo para entender su música y sus ambiciones, pero ciertamente ayuda. La coreografía distintiva de la cantante francesa parece abarcar todo sobre su arte: su mezcla de disciplina y libertad es la manifestación corpórea de las canciones que escribe. El debut en lengua inglesa de Letissier, Chaleur Humaine (2014), anunció la llegada de un artista tremendamente intransigente, jugando con ideas de género, identidad e individualidad en las melodías pop-bright. Chris, nombrada así por su nueva personalidad cuasi masculina, con quien Letissier ocupa y juega en el transcurso de 11 pistas, es un seguimiento vívidamente realizado. Musicalmente, remontó los años a una era en la que Michael Jackson, su hermana Janet y Madonna encabezaban las listas con discos de baile impecablemente brillantes. Líricamente, hay algo de Madonna, una vez más, en la voluntad de Letissier de expresar el deseo carnal de manera tan directa, y de jugar con las nociones de lujuria, machismo y vulnerabilidad, pero nunca te dejan creer que ella está en algo más que el control total. Es posible coquetear con la idea de que algunas de las canciones pueden no parecer tan convincentes sin el equipaje de la historia de fondo, pero eso es un caos. En temas destacados como 5 Dollars, Damn (What Must a Woman Do), The Walker, Comme si y What’s-Her-Face, Letissier le da vida a Chris, gloriosa, estridente, desordenada, triunfante.

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TOR MILLER
Surviving the Suburbs

Glassnot

Un prematuro Elton, el Bowie de la era Hunky Dory, Springsteen antes de la fama: no es un mal conjunto de piedras de toque, y trabajan su magia en este segundo álbum del trovador de Nueva Jersey. Abordando los problemas que enfrentó a Miller (regreso a casa, oposición de los padres a su música, una espiral descendente de hedonismo) una vez que el calor de su álbum debut se calmó, canciones nuevas como Sunday Scaries, Fade y Stop the World poseen una grandeza y pasión que habla de ambición y sabiduría duramente ganada.

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SUEDE
The Blue Hour

Warner

No sé si Brett Anderson realmente ha publicado un delgado volumen de verso aún, pero, a juzgar por la sección hablada de Roadkill, es solo cuestión de tiempo. Como sugiere el título de la canción, su visión del campo es más de Ted Hughes que de Wordsworth; otra pista se llama Flytipping. Junto a esta proto-poesía, la banda ofrece tres clásicos de Suede de hierro fundido: The Wastelands, el anhelo de Beyond the Outskirts y el desafiante Do not Be Afraid If Nobody Loves You, que mantendrá a sus fanáticos más que felices.

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VILLAGERS
The Art of Pretending to Swim

Domino

Los primeros trabajos de Conor O’Brien recibieron la aclamación, pero su escaso álbum de 2015, Darling Arithmetic, fue menos fácil de digerir. Su nuevo trabajo como Villagers es un regreso a la accesibilidad. Había planeado un álbum de electrónica instrumental, pero luego se encontró agregando palabras. Es un enfoque poco convencional pero totalmente exitoso, que da como resultado el surco resbaladizo de Long Time Waiting, la belleza basada en muestras de Love Came with All That It Brings y la energía sutil de A Trick of the Light. 

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PRINCE
Piano & a Microphone 1983

Warner

Para marcar el que debió haber sido el 60º cumpleaños de Prince, desde las bóvedas de Paisley Park llega una grabación de 35 minutos de un artista lúdico solo al piano, ronroneando y esparciendo nueve canciones que incluyen obras en progreso (Strange Relationship, finalmente lanzado en 1987) y un fragmento de Purple Rain como lounge jazz), una versión suelta de A Case of You, de Joni Mitchell, y un trío de canciones semiformadas que pronto serán archivadas, especialmente el funky Cold Coffee & Cocaine. Una visión íntima de un genio.

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PLAZA FRANCIA ORCHESTRA
Plaza Francia Orchestra

Because
Su trayectoria en el Gotan Project fue impresionante, pero con esta excursión al tango contemporáneo, Christoph H Müller y Eduardo Makaroff podrían conquistar a los tradicionalistas asustados por la electrónica. Si bien hay suficiente adorno de alta tecnología para atraer a los fanáticos de Gotan, las cuerdas y las voces de los invitados hacen una mezcla sinuosa. Catherine Ringer hace una aparición; la cantante Lura se roba el show.

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ORIGINAL LONDON CAST RECORDING
King Kong

Stage Door
No, no es el monstruo, sino la historia del boxeador sin estrellas que se convirtió en un éxito musical sudafricano. Una joven Miriam Makeba fue inicialmente parte del reparto y, aunque no llegó al West End, la escuchamos en selecciones de la producción original. Son los conjuntos corales tradicionales que suenan más fuertes hoy en día. Los amantes del jazz estarán encantados de encontrar covers de Elaine Delmar y Terry Lightfoot entre los extras.

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PUNTO DULCE DE LA SEMANA
METRIC
Art of Doubt

Crystal Math Music
Los indie querlings de Canadá no suenan como una banda en su séptimo álbum. Al agregar grandes riffs de rock a su sinte pop furtivo – o, mejor dicho, traerlos de vuelta después de años de distancia- Metric ha encontrado un lugar dulce en algún lugar entre Garbage de 1990 y Goldfrapp en sus días de baile. Su cantante, Emily Haines, suena a la vez dulce y amenazante en los momentos más destacados de Die Happy y en el sencillo de construcción lenta Now or Never Now.

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PIXIES
Come on Pilgrim… It’s Surfer Rosa

4AD
Treinta años después del lanzamiento de Surfer Rosa, y en vísperas de una presentación en Roundhouse, en Londres, donde la banda entonará su álbum -y Come on Pilgrim, el demo de escena que lo precedió-, el gambito notable de la abertura de los Pixies recibe las campanas y silbidos. Sonando como salvajes, retorcidos y desquiciados como lo hicieron al escucharlos por primera vez, ambos discos salieron de las trampas, rompiendo las reglas del rock y reorganizando las páginas con alegría. Arrastrando un rastro para Nirvana, son la verdadera revolución.

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Letra de actitud: Black Honey

BLACK HONEY 
¿Quienes son? Un cuatro piezas de Brighton, liderado por el ferozmente carismático Izzy Phillips. Black Honey salió a la superficie en 2014, por lo que ciertamente se han tomado su tiempo, nada mal, teniendo en cuenta la rapidez con que los artistas se aceleran, y luego desaparecen sin dejar rastro. Y su enfoque queda vindicado por la calidad de su debut homónimo. Thrumming con ganchos, propulsión y letras de actitud, las canciones de la banda están indudablemente en deuda (aquí un toque de Blondie y Lana Del Rey, y hay un eco de Lush y Garbage), pero el cuarteto toma estos metales básicos y los golpea en nuevas formas. El antídoto contra el pop fabricado y limpio, Black Honey está jugando un juego largo y sonando como ganadores.

¿Cuándo sale la música? Ahora, en Foxfive; youtube.com/blackhoneyvevo . 

PISTAS MÁS CALIENTES

Au/Ra: Emoji
La nueva canción de la cantante de Panic Room es un sintetizador de sonidos de precisión en su forma más despiadada y sensual.
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Marianne Faithfull ft Nick Cave: The Gypsy Faerie Queen
Inspirada en el Sueño de una noche de verano, esta majestuosa belleza moteada de violines anuncia el álbum de la gran dama.
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Roisin Murphy ft Ali Love: Jacuzzi Rollercoaster
Una bestia aplastante, palpitante y pesada como un sintetizador de una canción, esto es tan loco y brillante como sugiere su título. corriente continua
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Texto tomado de The Sunday Times, traducción Rock 101

Pixies tocará gratis en el Zócalo

Los Pixies serán la banda estelar en la Semana de las Juventudes que se realizará del 5 al 11 de noviembre en el Zócalo capitalino por el Instituto Mexicano de la Juventud (Injuve), y lo mejor es que los fans podrán deleitarse con una presentación completamente gratuita.

El grupo, integrado por Black Francis, Joey Santiago, Paz Lenchantin y David Lovering, se presentarán en el Zócalo de la Ciudad de México el próximo 10 de noviembre.

Así lo dio a conocer la propia agrupación en su cuenta de Twitter, acompañando la buena noticia con una imagen del cártel de presentaciones musicales, que en un periodo de dos días tendrán además de invitados a Lost Acapulco, el Instituto Mexicano del Sonido y Rey Pila, la Maldita Vecindad, Lost Acapulco, DLD y Titán, por mencionar algunos que tocarán en dos escenarios, en la plancha del Zócalo y en la Plaza de Santo Domingo

 

 

Mexico City – Semana de las Juventudes – Nov 10th.
More info at: https://t.co/XJVXDS929B pic.twitter.com/mgq0N6DL5O

— PIXIES (@PIXIES) September 3, 2018

La tocada de los Pixies coincide con la gira que realizarán en noviembre por México, donde se presentarán también los días 12 y 13 en el Teatro Metropolitan.

La Semana de las Juventudes es un evento donde además se realizan talleres, conferencias, foros y desde luego conciertos.

En su quinta edición además, propone

 

La historia de Super Sound, imperdible en el Corredor Cultural Roma Condesa

En un momento en que diversos directores alrededor del mundo intentaban capturar las tiendas de discos en lucha o en plena extinción (luego resurrección), Pilar Ortega va un poco más atrás con ‘Just Like Heaven’, documental que cuenta la historia de Super Sound, la tienda y el epicentro de los sonidos, las formas e incluso las cofradías de conocedores que aún prevalecen en la industria de la música en la actualidad en México.

La directora nos muestra Super Sound a través de una sola fotografía, nunca vemos el ambiente de trabajo o los compradores capturados en instantáneas, mucho menos nos sumergimos en material de archivo, un punto que podría ser extremadamente débil pero que logra sostenerse por una razón: el pasado como periodista de Pilar Ortega. Las carencias de ‘Just Like Heaven’ en el área de las imágenes son cubiertas por las entrevistas.

Las referencias visuales que podrían crear otra dinámica en el documental son pocas, sin embargo todos los entrevistados hacen un gran trabajo al llevarnos hasta ese lugar en Polanco en el que de 1981 a 1993 acogió a excéntricos, conocedores y, como dice Uili Damage, los que intentaban “vivir todos los días de la música”.

Es a través de las cabezas parlantes como llegamos a conocer no solo a Super Sound, también nos trasladamos a los años en que la música no significaba únicamente consumo, sino centro de reunión, la comunión entre escuchas durante horas en un sólo sitio, las estrictas tribus de sonidos, la carencia de espacios, la selección del personal por aptitudes y perfil excéntrico, el momento en que comprar en Super Sound era un reto o algo no permitido para ciertos compradores y los años de gloria con un catálogo envidiable.

 

 

Como muestra ‘Just Like Heaven’, el impacto de la tienda y de muchos de los que trabajaron ahí significó un cambió en los oídos de otros, sobre todo cuando se incorporaron a otras áreas de la industria, con participaciones en la estación de radio Rock 101 a través de varios programas especializados, la creación de grupos, la realización de viajes masivos hacia el extranjero para ver bandas que parecía imposible que pisaran suelo mexicano y la organización de conciertos en lo que todavía tenía regente y se conocía como Distrito Federal, como el de Blue Öyster Cult, Peter Murphy / Pixies y Front 242, los primeros cancelados, uno por el gobierno de aquella época y el otro por una estafa de un supuesto promotor, del último se realizó una fecha, la segunda se canceló por quejas de los vecinos del Teatro Angela Peralta.

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Nos gustaría ver más imágenes, conocer el lugar, percibirlo en sus brevedades o cambios al exterior en la actualidad, pero ‘Just Like Heaven’ la historia de Super Sound es la recreación de un espacio con base en las anécdotas y el distintivo movimiento de dedos que ves en todos los entrevistados, recuerdo del paso de discos de vinilo invisibles en una búsqueda interminable, una en donde a pesar del desconocimiento del espacio, los cortes abruptos de animación es que marcan cada bloque y la infinidad de detalles en muchas (muchas, muchísimas) declaraciones, logras trasladarte hasta una época nostálgica, que acaba precisamente con la llegada de la cadena de tiendas Mixup.

No te pierdas la proyección de la película en la sede 1 de #Revolución33 dentro del Corredor Cultural Roma Condesa:

Pulquería Insurgentes (Avenida Insurgentes Sur 226, Roma Norte)
DJ sets en vivo del equipo rockcientoúnico
Pop up store de vinilos
Venta de productos de Rock 101
Fecha: 5 de mayo
Horario: 17:00 a 20:00 horas

Entrada Libre

Banda Sonora – cine-rock de 2006 a 2010

En los primeros cuatro programas de Banda Sonora 101 hicimos un amplio recorrido por la historia del cine-rock, desde sus inicios en 1955 hasta el 2005. Así que a la fecha llevamos 50 años de historia de rock en el cine y hemos hablado de más de 80 películas del género.

Ahora vamos a revisar el segundo lustro del siglo XXI, es decir, de 2006 a 2010. Ya verán qué buenas películas y qué buenos soundtracks se hicieron en este periodo. Vamos a avanzar de manera cronológica, año por año, y voy a comentar las películas que considero más representativas de este lustro.

Viajemos entonces en el tiempo para ubicarnos a finales de 2005, justo cuando el cine está transitando al formato digital y como resultado hay un aumento importante en el número de películas producidas al año.

Aquí empieza el recorrido:

NO TUVO TIEMPO: LA HURBANISTORIA DE ROCKDRIGO (2005)
A finales de 2005 y principios de 2006 llegó a un puñado de salas en la CDMX. Retrato fílmico de Rockdrigo González, el Profeta del nopal, y del movimiento rupestre, esta película pasó casi inadvertida salvo por su exhibición en la Cineteca Nacional. Hoy, a la luz de la historia, se muestra como un documento fundamental del cine-rock mexicano.

 

GLASTONBURY (2006)
En 10 de febrero de 2006 se estrenó en el festival de Berlín el documental GLASTONBURY, de Julien Temple, filme celebratorio del 30 aniversario del festival musical más importante de Inglaterra. No se editó soundtrack pero Temple registró para la historia las actuaciones de Björk, Morrissey, Primal Scream, David Bowie, Coldplay, Nick Cave, Blur y Pulp.

 

loudQUIETloud: A FILM ABOUT THE PIXIES (2006)
El 2 de mayo de 2006 se estrenó en el festival de Tribeca un documental que me vuela: loudQUIETloud: A FILM ABOUT THE PIXIES. Esta película registra el tenso y triunfal reencuentro de Pixies pero visto desde adentro, en el día a día, ya en ensayos y conciertos o hasta en el autobús de giras y a la hora de la comida. El registro audiovisual es histórico.

 

MARIE ANTONIETTE (2006)
De Tribeca vamos al festival de Cannes donde el 24 de mayo de 2006 se estrenó MARIE ANTONIETTE, de Sofía Coppola. Un retrato pop de la opulencia y frivolidad que imperaban en el palacio de Versalles justo antes de la Revolución Francesa de 1789. Lo increíble es que es una película de época, ambientada en el siglo XVIII, pero musicalizada con rolas de The Strokes, New Order, The Cure, Bow Wow Wow, Siouxie & The Banshees, Gang of Four…

 

AMERICAN HARDCORE (2006)
Vamos ahora con un documental bien poderoso que se estrenó en marzo de 2006 en el festival de Tesalónica, Grecia. Me refiero a AMERICAN HARDCORE. Dirigido por Paul Rachman, esta película cuenta la historia del punk rock gringo de 1980 a 1986. La banda sonora trae un montón de rolas porque todas duran máximo un minuto.

 

ROCK THE BELLS (2006)
Regresamos al festival de Tribeca de 2006, donde el 28 de abril se estrenó una película muy importante para el mundo del Hip Hop: ROCK THE BELLS, de Denis Hennelly, documental sobre la organización y realización de la última tocada de Wu-Tan Clan en el Rock The Bells Hip Hop Festival.

 

JOE STRUMMER: THE FUTURE IS UNWRITTEN (2007)
El 20 de enero de 2007, en el festival de cine independiente Sundance, se estrenó uno de los mejores rockumentales de la historia: JOE STRUMMER: THE FUTURE IS UNWRITTEN, de Julien Temple. Nuevamente Julien Temple, un crack del cine-rock, ahora con un magistral retrato fílmico de quien fuera delantero de The Clash y The Mezcaleros. Peliculón con una banda sonora inmortal.

 

JOY DIVISION (2007)
Se exhibió en México en el ciclo Rock en el Cine de la Cineteca y en la gira de documentales Ambulante de 2008. Dirigido por el británico Grant Gee, sin duda JOY DIVISION es el mejor documental sobre la banda titular que se ha hecho.

 

CONTROL (2007)
CONTROL se estrenó el 17 de mayo de 2007 en Cannes. Es una adaptación fílmica de la autobiografía de Deborah Curtis, viuda de Ian Curtis, vocalista de la banda post punk Joy Division. La dirige el legendario fotógrafo Anton Corbijn. Un retrato en blanco y negro de la corta vida de Curtis y su banda Joy Divison, después New Order.

 

PUNK’S NOT DEAD (2007)
¿Sigue vivo el espíritu contestatario del punk de los 70s o el punk actual es sólo moda? PUNK’S NOT DEAD (2007) responde a ésta y otras preguntas sobre el género a treinta años de su irrupción. La banda sonora está repleta de cañonazos del género.

 

I’M NOT THERE (2007)
Y para cerrar el 2007 con una joya vamos al festival italiano de Venecia donde se estrenó uno de los filmes biográficos más originales de la historia: I’M NOT THERE, de Todd Haynes, un retrato multifacético de Bob Dylan, con interpretaciones de Cate Blanchette, Christian Bale, Richard Gere, Ben Wishaw y Heath Ledger. Para el soundtrack Todd Haynes armó un supergrupo llamado The Million Dollar Bashers y encargó covers a puro big shot.

 

ANVIL!: THE STORY OF ANVIL (2008)
Empezamos el 2008 en el festival de cine independiente Sundance, donde el 18 de enero se estrenó THE STORY OF ANVIL, película que, como su nombre lo indica, cuenta la historia de la banda metalera canadiense Anvil, fundada en 1978 por dos personajazos: Rob Reiner y Lips. Tras una gira por Europa, Anvil decide sacar disco nuevo… Una película llena de humor involuntario sobre una banda influyente pero que nunca tuvo éxito comercial.

 

IT MIGHT GET LOUD (2008)
Vamos al festival de Toronto de 2008, donde se estrenó el 5 de septiembre una película que ya puede ser considerada un clásico del cine-rock: IT MIGHT GET LOUD. Dirigido por Davis Guggenheim, este es un documental sobre el sonido de la guitarra eléctrica con Jimmy Page, The Edge y Jack White como protagonistas. Enormes momentos musicales en la banda sonora, sobre todo cuando tocan juntos los tres.

 

ROLLING STONES: SHINE A LIGHT (2008)
Otra película fundamental del año 2008, estrenada en el festival de Berlín, es ROLLING STONES: SHINE A LIGHT, del gran Martin Scorsese, quien es el maestro de maestros cuando de filmar un concierto en vivo se trata.

 

WHITE STRIPES: UNDER GREAT WHITE NORTHEN LIGHTS (2009)
La siguiente película es de 2009 y se llama WHITE STRIPES: UNDER GREAT WHITE NORTHEN LIGHTS. Resulta que en 2007 The White Stripes (Jack White y Megg White) se fueron de gira por Canadá y los siguió el director de videos Emmet Malloy, quien armó una película bien interesante sobre la banda, las personalidades opuestas del dúo, un Jack White genial y extrovertido y una Meg White silenciosa y tímida. Esta película se estrenó con mucho éxito el 18 de septiembre de 2009 en el festival de Toronto.

 

IRON MAIDEN: FLIGHT 666 (2009)
La siguiente película se estrenó en el BAFICI 2009, el festival de cine independiente de Buenos Aires, Argentina. IRON MAIDEN: FLIGHT 666 es un documental que sigue la gira mundial de Iron Maiden de 2008 por India, Australia, Japón, Estados Unidos, México, Sudamérica… y el viaje es a bordo del Boing 757 de la banda… ¿Y quién creen que pilotea el avión? ¡Bruce Dikinson, el vocalista de Iron Maiden!

 

TAKING WOODSTOCK (2009)
Continuamos el viaje y nos ubicamos el 16 de mayo de 2009 en el festival de Cannes, día del estreno mundial de TAKING WOODSTOCK, película dirigida por Ang Lee y que recrea en tono de comedia la organización del icónico festival sesentero. Una película menospreciada por la crítica pero que guarda sin duda un valor sentimental sobre la nostalgia de una época donde la consigna eran paz, amor… y mucho rocanrol.

 

OIL CITY CONFIDENTIAL (2009)
Y para terminar el 2009, vamos al London Film Festival, donde el 20 de octubre se estrenó otro peliculón de Julien Temple: OIL CITY CONFIDENTIAL, un documental sobre Dr. Feelgood, banda británica de principios de los 70s que rockeaba durísimo.

 

SCOTT PILGRIM VS. THE WORLD (2010)
Empezamos el 2010 en el Fantasia International Film Festival de Canadá. Ahí se estrenó SCOTT PILGRIM VS. THE WORLD, del británico Edgar Wright, una película que rinde culto a los videojuegos pero con toda la actitud del cine-rock. El soundtrack es una bomba: Sex Bob-Omb, Frank Black, Beck, T. Rex, Metric, The Bluetones, The Rolling Stones… uff

 

TRON LEGACY (2010)
Dirigida por Joseph Kosinski, esta película tiene música original (y escena inmortal) de Daft Punk. Pienso que la música de esta película, como la historia que cuenta, es de otro mundo (soy fan desde la original).

 

SEGUIR SIENDO (2010)
Los cineastas Ernesto Contreras y José Manuel Craviotto convivieron unos 700 días con los integrantes de Café Tacvba para realizar SEGUIR SIENDO (2010), un rockumental que resume los primeros 20 años de la banda. La música de esta película es una gran antología de Café Tacvba.

 

NACO ES CHIDO (2010)
Dirigida por Sergio Arau, NACO ES CHIDO es un autorretrato de Botellita de Jerez como sólo ellos lo saben hacer. Una película muy divertida con grandes momentos musicales. Para el soundtrack invitaron a un montón de artistas que hicieron covers de sus rolas.

Surfer Rosa de Pixies, 30 años después

Surfer Rosa rápidamente se consolidó como un álbum imprescindible. Sin sorpresa, escribe Michael Hann, en The Quietus, dado que es prácticamente una declaración de rock clásico.

Como el reloj detenido, incluso Billy Corgan está en lo correcto algunas veces. “Rockeaba sin ser patético”, dijo de Surfer Rosa, el primer álbum de larga duración de los Pixies, que muchos de los admiradores del disco pueden encontrarlo simplista, pero que de hecho es más verdadero que miles de piezas más floridas de análisis devotas a él.

Surfer Rosa era, y aún es un disco increíble.

Es lo mejor de Pixies, algo que se vuelve incluso más aparente con el paso del tiempo (reseñando Bossanova para Melody Maker en 1990, Bob Stanley remarcó que él realmente no entendía la genuflexión antes de los discos de Pixies, cómo tenían tanto relleno; estaba en lo correcto, pero Surfer Rosa es por mucho uno de los que tienen menos relleno). Es un disco monumental porque no suena como algo de sus tiempos, mientras que muchos otros favoritos de los críticos de 1988 sí lo hacen, por razones de tecnología o moda o contexto. NME hizo enemigo público It Takes a Nation of Millions To Hold Us Back, su álbum del año, con Surfer Rosa en No 10, que era una posición perfectamente razonable —Millions es un álbum grandioso y revolucionario– pero 30 años más tarde, Surfer Rosa es uno que ha madurado hacia la atemporalidad en lugar de convertirse en una pieza de un periodo.

Creo que la razón por la que Surfer Rosa suena atemporal, y clásico, es que en el corazón, es un álbum muy tradicional. Escúchalo con atención (incluso mejor, no lo escuches con atención; déjalo como fondo). No es una declaración revolucionaria de intento musical. Es un álbum de Rock Clásico. No, no suena como Boston, o como los Stones, o como ZZ Top, o cualquiera de los gigantes de los formatos de la radio americana; es un álbum sin blues, un producto de las grandes cismas de finales de los 70’s donde no solo el punk, pero también el rock pesado, eliminó el movimiento de la música de guitarras que no celebraba específicamente al blues.

Pero mucho de su ADN está en el Rock Clásico y es fácil ver por qué las audiencias británicas se clavaron en él: mientras satisfacían el fetiche de la novedad de los fans de la música británica como para identificarse en sí mismos, debido a su ruido derviche y perversidad lírica, ofrecía demasiadas comodidades familiares que no necesitabas conocer del underground para amarlo. A la inversa, quizás fue rechazado en América porque los creadores de tendencias notaban el conservadurismo de Pixies, mientras que permanecía demasiado a la izquierda para los fans de Boston y ZZ Top.

Es difícil concebir que, hace 30 años, los compañeros de Pixies los veían como menos novedosos, pero lo hacían. En un repaso de discos que había grabado para la revista Forced Exposure, Steve Albini –quien produjo/ grabó/ diseñó/ lo que fuera Surfer Rosa, por el amor de Dios– descartó este álbum como una “rebanada de una pizca de retazos de una banda que en su cumbre está insulsamente entreteniendo como rock universitario”. Apareciendo en un show de media noche de música de ITV, Thurston Moore descartó a Pixies como patéticos por – esperen – levantar los pulgares en el video para ‘Monkey Gone To Heaven’ (mientras también hablaba efusivamente de Guns N’Roses. Los tiempos eran extraños).

Si fueras a elegir un antecedente de rock clásico para Surfer Rosa, sería Led Zeppelin. Ambas bandas tenían un acercamiento similar a las dinámicas de composición: mientras que el fuerte-callado-fuerte de los Pixies ha sido tratado como si fuera algún tipo de descubrimiento Newtoniano hasta el momento inimaginable, es precisamente lo que Zeppelin había hecho muchas veces antes: ‘Babe I’m Gonna Leave You’, ‘What Is And Never Should Be’, ‘Ramble On’, ‘No Quarter’, ‘In The Light’, ‘Ten Years Gone’, ellos no lo usaban tan constantemente como los Pixies lo harían, pero lo usaban seguido y con un gran efecto.

La otra gran, e inevitable similitud es la construcción del sonido: Albini grabó Surfer Rosa en la misma manera que a Jimmy Page le gustaba que Zeppelin fuera grabado, con el sonido del cuarto presente. En los estudios de Q Division en Boston, el empleó exactamente las mismas técnicas que Page usó con Zeppelin en Headley Grange en Hampshire, usando los cuartos disponibles para crear un eco natural y un gran sonido que amplifica los espacios entre los instrumentos en lugar de disminuirlos.

“Los recuerdo llevando los amplificadores al baño para que pudieran grabar el gran, gran sonido para ‘Gigantic’”, dijo John Murphy –el antiguo Sr Kim Deal– a Josh Frank y Caryn Ganz, autores de la historia oral de los Pixies Fool The World.

“A Albini no le le gustaba el sonido del estudio, entonces tomaron todos los Marshalls y todos los cables que habían traído con ellos al baño que estaba hecho completamente de cemento, y de ahí viene el gran eco de la canción. Él no quería usar el eco del estudio, sino un eco real”.

La claridad de ese espacioso sonido –inusual desde la mitad y finales de los 80, cuando los creadores y productores estaban tomando ventaja de nuevas tecnologías para hacer discos tan completos y abrumadores como les fuera posible– hacía que Surfer Rosa fuera muy fácil de escuchar. Puede no ser exuberante, pero porque evita el maximalismo, significa que las melodías –las melodías vocales, las líneas de guitarra, las contramelodías del bajo– siempre destacan. Todos sus anzuelos son evidentes, y por la ferocidad de las guitarras, la configuración instrumental nunca las disimula.

Ahora, uno podría argumentar plausiblemente que los Pixies habían hecho el mismo álbum musicalmente pero emparejados con las letras de, digamos, The Wonder Stuff, entonces puede que la historia hubiera sido diferente: ¿Los críticos habrían echado espumarajos sobre Surfer Rosa con la misma urgencia si no hubieran estado cantando sobre incesto, violencia, más incesto, más violencia, y otras diversas perturbadoras perversidades?

¿Si los críticos no hubieran espumado –ésta siendo una edad cuando la prensa semanal de música aún ejercía la influencia– la audiencia indie los hubiera acogido con tanto cariño?

¿Si el público indie no los hubiera acogido con tanto cariño, habrían pasado al panteón de las grandes bandas, o hubieran sido otro de esos grupos que ocasionalmente son reeditados, un poco hablados en la prensa especialista, y después olvidados de nuevo, como The Feelies, una antigua banda indie americana que permaneció consignada a los márgenes?

Claro, no lo sé, aunque creo que la historia alternativa es perfectamente razonable. Pero, a la larga, entre más sorprendente la letra, menos significante parece ahora. ‘Broken Face’, ‘Break My Body’ y ‘Bone Machine’ no se leen como las palabras de un hombre trastornado y peligroso: es tan obvio que es una pose. Entre mejor sean las letras, donde haya algo elusivo y misterioso, no cuando te martillean la cabeza con un anuncio que dice “¡No necesitas estar loco para estar en Pixies – pero ayuda!” Entonces ‘River Euphrates’ – y qué tema de más rock clásico puede haber que un viaje al Medio Oriente.

Maneja un poco más y puede que encuentres ‘Kashmir’ – tiene más peculiaridades, en su imagen montando una llanta, en la simplicidad de las letras de apertura de Francis: “ “Stuck here out of gas / Out here on the Gaza Strip”.

Aún mejor es ‘Gigantic’, donde las letras de Deal tienen una sensualidad en las palabras que le faltaba a las de Francis; ella era mayor por cuatro años, casada, y podías escuchar su compromiso mayor con el mundo real, no menos porque su primera persona suena mucho más verdadera que la de Francis: “And this I know, his teeth as white as snow”, es una línea de apertura casi perfecta, una promesa de revelación y deseo. Ella sabe; ella quiere decir. Es la coqueta que seduce, la oblicua mirada.

Surfer Rosa resiste. Continuará resistiendo. Adolescentes continuarán descubriendo a Pixies –los ves en shows– emocionados por la transgresión lírica; los adultos continuarán escuchándolos, reviviendo el pasado. Bandas más jóvenes continuarán reconociéndolos –Kings of Leon, de todas las personas, los citó como una inspiración cuando los dos grupos compartieron un programa en Hyde Park el verano pasado–. Hoy en día, la noción de que Pixies es una banda clásica no es algo que está para discutirse. Eso está a un paso de que los acepten como Rock Clásico.

 

Traducción libre, texto originalmente publicado en The Quietus

Las siete vidas de Rock 101

El número siete está impregnado de magia y misticismo. El siete bíblico que nos acerca a la idea de perfección, incluso se le conoce como el número de Dios ya que, en el séptimo día, Dios descansó para contemplar su obra perfecta.  En la sabiduría labró sus siete columnas, y en la Roca Eterna esculpió siete ojos, mismos que aseguran su omnipresencia.

 

En la mayoría de las religiones, el número siete imprime la Ley Sagrada del Universo. Los siete días de la semana, los siete planetas (explorados y conocidos hasta hace unos días) son siete también los colores en el arcoíris, siete son las maravillas del mundo y siete las notas musicales. Y dentro de ese largo etcétera de misteriosos sietes, embona perfecto el siete de Rock 101.

 

Siete años de trabajo se dicen fácil, pero cuando cargas en tu espalda el peso de la historia, la cosa cambia un poco. Acomodar en una caja musical la mezcla perfecta de pensamiento nostálgico pero a la vez vanguardista, un corazón análogo y al mismo tiempo digital, una actitud madura y crítica pero también dispuesta al cambio, resulta a final el experimento radiofónico ideal para el oído moderno.

 

Siete son las reencarnaciones por las que debía atravesar un gato para llegar a ser humano, según los antiguos egipcios. Estos animalitos excepcionales nos enseñan que no existe reto insuperable ya sea físico, espiritual o mental siempre que estes dispuesto a atreverte.

 

Rock 101 a siete años de haber sobrevivido a la historia, ha resistido, reencarnado, trascendido y transgredido las barreras del tiempo solo con la intención fiel y persistente de hacer del tuyo, el mejor soundtrack de vida.

 

Así transcurrió un año más para esta legendaria estación de radio. La aventura comenzó el pasado 4 de enero donde, de una forma casi cabalística, comenzaba el #GreatAgain101 a la par del #MakeAmericaGreatAgain. Rock 101 se aventuró en un recorrido musical a través de la historia norteamericana y su fuerte e inminente legado e influencia en nuestro país y cultura, no sin dejar claro que para hacer historia, en necesario hacer también una revolución.

 

Como parte final de la vuelta a las 7 vidas de Rock 101 en 30 días, anclamos al fin en la noche del 25 de febrero, donde todos los planetas, los nuevos y viejos, se alinearon para cerrar con broche de oro la celebración de un año más de hacer historia de la única forma posible: proponiendo.

 

Fotografía Alex Salas

 

Fotografía Alex Salas

 

Nada mejor que conocer a una banda en vivo, sin pretensiones, sin recomendaciones. Aunque ya llevábamos una semana escuchando algo de su nuevo material El Futuro, fue en realidad una grata sorpresa enfrentarse a ese fenómeno inusual denominado rock latino. Y digo grato porque (venga el linchamiento) es realmente difícil toparse con una banda de rock en español. Pero eso es harina de otro costal que desmenusaremos luego. Hoy vengo a conarles que AJ Dávila en un estilo muy sui generis, nos narró historias de cómo el amor es lo más agridulce, de cómo es que se siente ser el boricua más chilango y de cómo brillar en la oscuridad.

 

Con @ajdavilasix:

Cristina Moreno- Bajo,

Pablo Mendía -Teclados,

Manu Charritton – Guitarra,

Aarón Bautista -Guitarra,

Manuel Lara – Bateria pic.twitter.com/ppvOYr9ZWD

— Rock101 (@r101ck) 26 de febrero de 2017

 

Sin un discurso propiamente político, AJ Dávila hizo continuas invitaciones a la unión latina en tiempos de opacidad. El caos es el corazón que une a los rebeldes que no creen ni en fronteras ni en los muros, el amor es la clave y hay que usarlo como arma hasta acabar con todo.

 

Salvajes, 17, Es verano ya, Beautiful, Post Tenbras Lux, fueron los primeros cuatro temas con los que AJ Davila se abria camino entre ese nuevo público feroz y hambriento. Luego vinieron, Dura como piedra, 2333, Ya sé, Nena Botella y finalmente, El Futuro y en cada una de ellas, una pequeña chispa de gratitud al invitar a integrantes de distintas bandas de la escena nacional tales como Quiero Club, Candy, La Banderville, División Minúscula y los mismos Crocodriles, con quienes comparten escenario y cuarto desde hace ya varios meses, justo aquí, en la Ciudad de México.

 

Fotografía Karina Cabrera

 

Algo de honestidad y cinísmo es justo esa chispa que te atrapa de AJ Davila y es un fenómeno exquisito ese de dejarte sorprender por sonidos no archivados en tu registro cerebral. Un inesperado punk melódico y contagioso entre Pixies, Nirvana y Velvet Underground pero ¡paren todo! ¿de dónde proviene ese acento? Es AJ Davila contando y cantando una mala historia de amor.

 

Luego de una breve pausa, arrivaron los Crocodriles al escenario, mucho más maduros que hace ocho años en el Salón Caribe, pero mucho más enérgicos y contundentes. Aún recuerdo el escenario semi vacío en el que los Crocodriles se daban a conocer en escenarios mexicanos. Muy extraño, por cierto aquel solón lleno de espejos y luces neón que ambientan muy bien al cine de ficheras y de paso al pop noise de los recién nacidos Crocodriles.

 

Fotografía Karina Cabrera

 

En esta ocasión, con una audiencia mucho más enriquecida, Teardrop Guitar, Neon Jesus, Crybaby Demon, Mirrors, Billy Speed, Heavy Metal Clouds, Marquis de Sade, Telepathic Lover, I Wanna Kill, Jet Boy sonaron como nuevas, como enardecidas por una fiebre contenida. ¿Acaso los Crocodriles se han dejado seducir por el calor mexicano?. Oscuros y radiantes, Crocodriles presentan un setlist sobrio pero nutrido lleno de hits por los que recorren sus casi diez años de carrera musical.

Así concluye e inicia esa espiral infinita de la música. Concluye pues, un año de celebraciones para Rock 101 pero a su vez, inicia un año que se pretende intrépido y voráz en cuanto a rock se refiere y ahí estará una estación de radio que no es una entre muchas, sino aquella que es testigo, parte y protagonista del sountrack más importante, el de tu vida.

 

Corona Capital 2015: Echando a perder se aprende

 

2015 fue un año tristemente marcado por atentados, sobre todo en Francia en donde se llevaron a cabo 2 de los más notables ataques terroristas y no porque fuesen más importantes que otros, sino porque los atentados se llevaron a cabo en lugares públicos como fueron las oficinas de la revista crítica de Charlie Hebdo, donde murieron 12 personas, el segundo se suscitó en el Teatro Le Bataclán donde durante una presentación de la banda Eagles of Death Metal, un grupo armado tomo la vida de decenas de personas. Esta situación añade un grado más de alerta ante el conflicto contra el Estado Islámico.

 

En Estados Unidos se legaliza el matrimonio homosexual, cuando apenas hacía un año que California legalizaba el uso lúdico de la mariguana. Pero cuando todo era risas y diversión para este país, Donald Trump anuncia su precandidatura a la presidencia de su país. En ese momento, cuando aún había algo por hacer.

 

Mientras el mundo se caía cada vez un poquito más a pedacitos, el festival Corona Capital había tomado una decisión trascendental: trasladar el tradicional rocktubre a noviembre, en primera, para dar lugar a la Fórmula 1 en su recién remodelado Autódromo y en segunda, para tratar de remendar un poco lo sucedido el año pasado.

 

 

Y vaya que lo hicieron bien. El festival Corona Capital emergió de sus cenizas como un Fénix con uno de los mejores carteles que haya tenido. Nombrado por algunos como el Corona para rucos, el 21 de noviembre y sin una sola nube que amenazara la paz de los asistentes pudimos contemplar el atardecer con la música de fondo de The Psychedelic Furs, quienes nos hicieron regresar a los ochenta bailando. Terminaron, pero enseguida llegó la nostalgia hecha fiesta gracias a Richard Aschcroft quien se echó varias canciones de The Verve así, al hilo y sin titubear como fueron Sonnet, Space and Time y On Your Own.

 

Me tuve que perder a Beirut una vez más por ir a ver por primera vez a The Libertines, y no me arrepentí nada, favorita entre favoritas, disfruté como muchos cada centímetro de su reciente regreso. Un Pete Doherty bonito y gordito, acompañado hasta el final por Carl Barat, sensual y oportuno que no pierde pista de nada, siempre atento y preciso. En ese acertijo perfecto que combina mugre, cerveza, gritos, desamores, más gritos, y más cerveza, así van los Libertines, los últimos guerreros del rock honesto y sin gel entregándonos clásicos como ‘Can’t Stand me Now’ y ‘Music When the Light Go Out’.

 

Corriendo alcanzamos a ver a Muse con su cada vez más imponente despliegue de tecnología y escenarios majestuosos. Los últimos hijos sobrevivientes del rock para masas en estadios, entregadísimos como siempre sin guardarse una sola gota de energía para ellos mismos. No por nada son los consentidos de los escenarios mexicanos.

 

 

22 de noviembre del 2015, segundo día del festival Corona Capital con dedicatoria a los años 80, 90 y más. Llegué a ver a los Charlatanes UK desde el principio con el cabello güero de Tim Burguess bailoteando a la par del público a ritmo de Weirdo  y North Country Boy. Una embarrada de sándwich de Mew para llegar a ver completito a Spoon, otro favorito entre favoritos. Y es que escuchar en vivo ‘Do You’ y ‘I Summon You’ tiene que ser uno de los placeres más gratos de la vida, de esos que te ponen a llorar y a sonreír al mismo tiempo.

 

Los planetas se alinearon para ver de principio a fin a Primal Scream, por primera vez también, y no sé si es la magia de las primeras veces pero vaya maravilla ante mis ojos.  Primal es una piñata llena de exquisitos excesos. Primal es esa fiesta que no quieres que se acabe nunca, es un beso interminable, un baile extravagante que nadie entiende pero termina contagiándote. Primal es purita pasión. 2013, ‘Jailbird’, ‘Accelerator’, ‘Kill All Hippies’ fueron tan solo algunas de las canciones que tocaron ese día. No te mueras nunca, Bobby Gillespie, por fa.

 

Y aunque Fatboy Slim le quedaba perfecto a esa noche estrellada y fresca de noviembre, tuvimos que pisar y correr, tras escuchar ‘Star 69’ y bailar como locos un poco más, corrimos para ver por segunda ocasión a Pixies, quienes estrenaban a Paz Lenchantin como bajista y quien quedó perfecta, pero no es Kim. Un toque de madurez  y sobriedad destacó frente a su presentación en 2010 donde todo era euforia, locura y estridencia.

 

Así concluyó un año más de festival Corona Capital. Esta semana hace un año cuando nuestro mundo aún tenía a un David Bowie, a un Prince, a un Leonard Cohen y a un Juan Gabriel. Un mundo que aún no tenía a Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Un mundo donde la ilusión de paz y tolerancia nos hacía pensar que aún teníamos esperanza.

 

Pero para concluir felizmente, cabe destacar que recientemente la revista online Cosequence od Sound, acaba de poner en el lugar número 8 de 10 al Corona Capital como uno de los mejores festivales de música en el mundo.

Corona Capital: 2010, el inicio de una eufórica necesidad

2010 fue un año fuera de lo común para un país como México, pues resulta que se conmemoraron cien años de la Revolución Mexicana y 200 años de Independencia. Alrededor de estas celebraciones, se amontonaron un millón de eventos fuera de lo común; desde la inauguración de circuitos viales, parques conmemorativos, monumentos falocentricos en homenaje a galletas suavecitas hasta conciertos y eventos conmemorativos a los que se sumó un largo etcétera. En México también, la denominada guerra contra el narcotráfico declarada por el presidente Felipe Calderón ya había cobrado algunas miles de vidas.

Países como Argentina, Chile y Colombia celebran también los bicentenarios de sus independencias y Uruguay celebraba el ascenso al poder del único presidente medio decente que ha tenido un país latino en los últimos años: José Mujica. Chile y Haití padecen los estragos de terribles terremotos y el peruano Mario Vargas Llosa gana el premio Nobel de Literatura, en aquellos años cuando los escritores ganaban estos premios.

En el mundo, Grecia se encuentra en una de las peores crisis económicas de su historia, misma que lleva a toda Europa a replantearse sus objetivos financieros. Rusia y varios países de Europa sufren atentados terroristas y se lleva a cabo la décimo novena Copa Mundial de Fútbol en Sudáfrica de la que España resulta ganador. Por primera vez una mujer gana el Oscar a mejor director: Kathryn Bigelow por ‘The Hurt Locker’.

De regreso en América, Estados Unidos pone fin a su intervención armamentista en Irak y en Chile (2010 no fue el año de este país, definitivamente) una mina en la ciudad de Cipiapó, Atacama se derrumba dejando atrapados en su interior a 33 trabajadores. Finalmente, en el mes de octubre de este año, son rescatados con éxito y mientras en España, José Luis Rodríguez Zapatero es elegido presidente, en México se celebra por primera vez, el Festival Corona Capital.

 

Recuerdo que el rumor de que Pixies tocaría en suelo mexicano se expandía cada vez más, y sé muy bien que a nadie tiene por qué importarle mi vida pero en ese año precisamente, quien suscribe comenzó a participar como integrante de un grupo de covers de la banda originaria de Boston. Mis amigos, aún más fanáticos que yo de estos, ya saboreaban, como niño en sobredosis de azúcar, la idea de ver en vivo a los interpretes del soundtrack de sus vidas. Y resulta que el rumor se materializó un 16 de octubre del año 2010. Pixies, Interpol, James y Echo and the Bunnymen fueron las joyas de la primera edición de este hoy tradicional Festival.

Si rebasas el umbral de los 30 años de edad, a menos de que seas deportista o tengas una excelente condición física, comprenderás que es altamente probable terminar en ridículo nacional un maratón categoría masivo, si te atreves a llegar antes de las 4 de la tarde. Así fue como me perdí los números nacionales de las encantadoras Le Butcherettes, Dirty Karma, She’s a Tease, Dapuntobeat, 60 Tigres, Napoleón Solo, Rey Pila, Chikita Violenta y Furland, Adanowsky y a mis favoritos no tan nacionales Triángulo de Amor Bizarro. Varios de estos ya no existen hoy, otros están en pausa y los menos comenzaban a girar por escenarios de los que hoy se han apropiado con éxito.

Fueron tres escenarios con la mejor/peor distribución que haya tenido este festival. Mejor porque recuerdo no haber tenido que caminar obscenamente de un escenario a otro. Peor por que si las bandas se empalmaban, ya se imaginan la chula confusión de sonidos. Tampoco existía el despliegue capitalista de food trucks ni bebidas alcohólicas hechas paletas de hielo, mucho menos un pasillote dedicado al merchandising de marcas, porque el pasillo de mercancía oficial de bandas estuvo desde esta primera vez y parecía una gran idea pues encontrabas de todo tipo de cositas de tus bandas favoritas.

Guardo el primero de los festivales Corona Capital en un lugar muy especial, no sólo porque trajo por primera vez a mi grupo favorito, sino porque además, en su primera edición supo interpretar los deseos de un sector ávido por un evento como este. El 16 de octubre de 2010 fue una tarde soleada y calurosa que se fue tornando fresca hacia la noche, el ambiente se saboreaba dulce, lleno de camaradería y paz. El público coreaba las canciones de las bandas y convivía armónicamente, sin empujones ni enojos. Por un instante podías cerrar los ojos e imaginar que estabas en los años sesenta rodeado de hippies buena onda.

En el fondo mientras caía el sol, el fondo musical era una canción de Regina Spektor que te llevaba a quien sabe qué lugar bien lejos de cualquiera que fuera el dolor que te aquejara, quizá era ‘Two Birds’, quizá por un segundo fuiste feliz.

Luego vinieron los de James, y tal vez como yo, recordaste en ellos tus canciones de cuna. ‘She is a star’ y luego ‘Say Something’, esa canción que te recuerda a todas las cosas más tristes del mundo. Lo bueno es que no vas solo, vas con tus mejores amigos que lloran contigo por las mismas cosas tristes.

Apenas a unos pasos hacia la derecha estaba el siguiente escenario donde ya sonaba Echo and the Bunnymen y con ellos la película de toda una vida, corta o media, pero la recorriste en una canción de apenas cinco minutos: ‘Killing Moon’ ametrallando tus más sórdidos recuerdos y solo que estuvieras aún sobrio pudiste contener tus ganas de llamarle a alguien, aunque afortunadamente en ese año la telefónica de confianza aún no podía sostener su señal en un evento masivo.

Enseguida vinieron los de Interpol que para entonces ya habían cosechado un buen numero de seguidores en México, lo que les permitió tener un escenario casi lleno. Sonaba aún el ‘Our Love to Admire’ y la banda en vivo tocaba bastante duro. A mi aún me gustaban y emocionaban. Escuchar ‘Evil y ‘Slow Hands’ fue todo un acontecimiento efervescente que tristemente se ha ido desvaneciendo con los años. Recuerdo aún sonaba ‘Obstacle 1’ cuando comenzaron a tocar los Pixies. Una canción después, Interpol habiendo concluido o no su set, decidieron callar para dar paso a los de Boston.

Pixies, fotografía Karina Cabrera

Abrieron con ‘Bone Machine’ y continuaron con ‘Wave of Mutilation’. Luego ‘Holiday Song’, ‘Nimrod’s Son’, ‘Here Comes Your Man’ y después un largo etcétera de hits. No paré de llorar como quien contempla un milagro ante sus ojos. Todos a mi alrededor estaban igual. No hay como ver a tu banda favorita en vivo. No hay sensación como contemplarla acompañado de miles de sujetos que están tan emocionados como tú. Había perdido a la mayoría de mis amigos esa tarde porque nos fuimos dispersando de escenario en escenario, caminé por horas para encontrar transporte de regreso a casa pero todo había valido la pena.

Definitivamente, la primera edición de este festival forma parte del álbum de recuerdos imborrables.

Del under al mainstream y la extinción

La música alternativa no inició con Nirvana y su ‘Smells Like Teen Spirit’, mucho antes de ‘Nevermind’ existió toda una cultura underground que era considerada alternativa para la música convencional. Mucho antes de convertirse en una sección en las tiendas de discos, que sólo indica que lo que no sepas definir puede acomodarse ahí, existieron una serie de grupos que eran lo opuesto a la corriente principal, básicamente podemos decir que han existido desde el nacimiento del rock.

 

Elvis Presley era la alternativa al pop meloso de los 50, los Rolling Stones eran la alternativa malosa a los Beatles, Bob Dylan era la respuesta aguerrida al folk tradicional y los Ramones fueron la oposición a las largas canciones del rock progresivo. Bajo esos simples términos, todo grupo ha pasado por una fase alternativa hasta que se los traga el mainstream. Aunque desde hace varios años el mismo término ya es una herramienta de la corriente principal, la palabra en algún momento tuvo una connotación que exigía respeto y marcaba una independencia ideológica, que muchos grupos pertenecientes a las grandes disqueras no podían presumir.

 

LA CULTURA IGNORADA

El término alternativo fue manoseado constantemente durante la década de los noventas, sin embargo la palabra fue acuñada desde los 70 y 80 para describir la tendencia post-punk que se iba extendiendo y que era asociada con otras formas de cultura que iban en contra de lo que dictaban los medios de comunicación o cualquier estilo de vida más popular. Simplemente, en esa época se empezó a utilizar el término para definir ese estilo que era ignorado por las grandes compañías y que se mantenía orgullosamente al margen de esa línea.

 

A la par de ese movimiento surgieron formas de expresión en los medios de comunicación, unas pocas publicaciones (la mayoría fanzines) y estaciones de radio (predominantemente colegiales o que trasmitían de forma ilegal, piratas para terminar pronto) dedicaban grandes espacios a la música alternativa, que en esos momentos todavía no alcanzaba gran popularidad, pero estaba a punto de convertirse en uno de los géneros más perseguidos por su naturaleza vanguardista.

 

El rock alternativo se volvió más popular a mediados de los 80’s, en gran parte gracias a la insistencia del locutor de la BBC John Peel, que tuvo uno de los pocos espacios alternativos antes de que existiera la palabra, y las estaciones de radio colegiales, la cuales trataron de alejarse del término alternativo y acuñaron la etiqueta college rock para albergar a todos esos grupos eran escuchados exclusivamente por adolescentes y universitarios. Dentro de esa línea los favoritos de la escena alternativa y las estaciones de radio estudiantiles eran R.E.M., Husker Dü, Pixies, XTC, New Order, The Smiths, U2 y Sonic Youth, que posteriormente superaron la no-existencia relacionada con lo alternativo y encontraron el éxito comercial o al menos el reconocimiento masivo.

 

Próxima semana: la deuda con el punk en este blog.

Concierto tributo a David Bowie por Skype

El concierto en el que participarán Pixies, Blondie, Michael Stipe, J Mascis y The Flaming Lips, planeado antes de la muerte de David Bowie y que debido al suceso cobró mayor relevancia, será transmitido desde Nueva York a través de Skype.

El primer concierto tendrá lugar el 31 de marzo en el Carnegie Hall, el segundo en el Radio City Music Hall el 1 de abril, este último estará disponible a través de Skype a cambio de una donación a diversas instituciones de caridad seleccionadas por The Music of David Bowie, “sugerimos una donación mínima de $20 dólares”, informaron los organizadores.

Otros actos que participarán en el concierto son Mumford & Sons, Rickie Lee Jones, Esperanza Spalding, Ron Pope, Jherek Bischoff, Amanda Palmer y Anna Calvi en compañía de Kronos Quartet, Ann Wilson de Heart, The Roots, The Polyphonic Spree, Perry Farrell, Jakob Dylan y Holy Holy, se espera que también se unan Mark Guiliana, Jason Lindner y el productor de diversos discos de David Bowie, Tony Visconti.

Si el hombre es 5, entonces #666…

Alguna vez Kurt Cobain declaró que el disco ‘Nevermind’ de Nirvana no hubiera llegado a ninguna parte si no hubiera existido ‘Doolittle’ de Pixies. La furia salpicada de punk y reflexiones surrealistas fueron la pauta para la escena independiente subterránea, que desde entonces ha alcanzado la superficie para hipnotizarnos con maestría. Simplemente los Pixies cambiaron el rock de los 90, a pesar de que el grupo no logró superar sus propios conflictos.

Doolittle’ incluyó catorce excelentes canciones, sin embargo la que ilustraba mejor la música de los Pixies sin duda es ‘Monkey Gone To Heaven’, que sin ningún problema puede mostrarse simple y enigmática. El corte es una mezcla perfecta entre guitarras pop que se cruzan sin avisar hacia las texturas punk y surf, mientras que una voz femenina en segundo plano afirma las palabras de Black Francis. La voz de quien se convirtiera después en Frank Black flota como en una conversación, que poco a poco va subiendo de tono hasta alcanzar dolorosos alaridos.

La marca de los Pixies se deja sentir a través de la guitarra de Joey Santiago, poniendo el toque agresivo que sustenta las enigmáticas letras y la estridencia de Francis. La parte sutil queda a cargo de Kim Deal, enlazada con el ritmo pausado y consistente de David Lovering en la batería. ‘Monkey Gone to Heaven’ es una compresión de reverberaciones y retroalimentaciones cargadas de la formula esencial de la banda: canciones directas que asientan sus bases en lo simple y rápido, que algunas veces permite la entrada de un riff de guitarra y el aguardiente pasando a través de la garganta de Black Francis.

Gran parte de ‘Monkey Gone To Heaven’ habla sobre un gran desastre ecológico, que tal vez no puede percibirse por las particularidades de la voz de Francis. Las primeras líneas muestran a “un hombre subacuático” que es asesinado en medio de fango y desperdicios, una metáfora clara sobre la contaminación de los océanos. La segunda parte aborda directamente la capa de ozono perforada (“ahora hay un agujero en el cielo”) de la mano del calentamiento global (si la tierra no se enfríatodo se quemará). Como si predijera un futuro no muy lejano, cada estrofa cierra con la lamentación “éste simio se fue al cielo”.

El gran enigma de ‘Monkey Gone To Heaven’ surge en la tercera parte del corte, cuando emerge una especie de orden divino: “si el hombre es 5, entonces el diablo es 6, entonces Dios es 7”. Según explicó Black Francis, las frases son una “referencia a la numerología hebrea..Sólo recuerdo que alguien me dijo que era un dato del lenguaje hebreo. Especialmente en la Bibliapuedes encontrar un montón de referencias… no sé si es una jerarquía espiritualEs un dato puro, es un dato”.

Algunos de los seguidores de Pixies, que no se conformaron con la explicación del vocalista, dicen que las enigmáticas frases están relacionadas con la numerología satánica de Draconis Blackthorne, quien dice que el número siete fue asignado a Jehová y el número seis (claro que repetido tres veces) es el número de la bestia. El cinco está relacionado con el Pentagrama, símbolo de la voluntad del hombre, que puede dominar con su espíritu el mal, al que es asignado el número cuatro. De cualquier forma que observes esos últimos versos, los números no tienen nada que ver con el resto de la canción, parece una referencia cabalística que sonaba fresca y provocativa. Obviamente funciona muy bien en el contexto general de ‘Monkey Gone To Heaven’, que ya es considerado como uno de los cortes más exitosos de la escena independiente.

The Libertines – ‘Anthems For Doomed Youth’

“Una de las últimas bandas de rock”, así podríamos describir a The Libertines. Dos discos aclamados ‘Up the Bracket’ (2002) y ‘The Libertines’ (2004). En sus filas dos líderes carismáticos y rockstars en toda la extensión de la palabra, Carl Barat y Pete Doherty, confrontaciones, peleas, sexo, adicciones, desintegración y el culto inmediato marcando así una época.

 

Infinidad de imitadores y bandas influenciadas por The Libertines brotaron por todo el Reino Unido además de otras partes del mundo (Arctic Monkeys, The Vaccines, Palma Violets, etcétera). Una reunión parecía imposible sobre todo por las adicciones de Doherty, las constantes peleas con Barat, además de la creación de proyectos musicales por separado por parte de ambos (Babyshambles, Dirty Pretty Things).

 

Después de 6 años de separación, regresaron en 2010 para tocar por última vez  en el aclamado festival de Reading-Leeds. Se dijo que The Libertines se desintegraban de forma definitiva o por lo menos parecía un hecho irreversible. Pero Pete Doherty, Carl Barat, Gary Powell y John Hassall aún tenían capítulos e historias que contarnos, esta vez ya no de drogas, sexo, o historias sucias de Londres, ahora tocaba el turno de hablarnos de las cicatrices mentales de su presente y pasado.

 

Es así como después de algunas presentaciones el año pasado, estaban de vuelta con su primer material en 11 años, el esperado ‘Anthems For Doomed Youth’, disco que cuenta con 12 tracks que nos transportan de forma nostálgica a mediados de la década pasada.

 

‘Barbarians’ abre el disco y de inmediato se nota el estilo clásico del cuarteto, coros gloriosos, cambios de ritmo sello de la casa y con ciertos toques oscuros, un sencillo inmediato. ‘Gunga Din’ un tema donde la ironía sobre su reunión, sus peleas y sus noches frenéticas esta presente en todo momento, donde las guitarras de Barat y Doherty se conjugan como en sus buenos tiempos. ‘Fame And Fortune’ con sonidos circenses muy al estilo de Blur.

 

‘Anthem for Doomed Youth’, el track que da título al disco, es sin duda la más representativa, la que más nos recuerda los mejores momentos de la banda, himno inmediato. El asunto sigue emocional con ‘You´re My Waterloo’ otra baladita muy al estilo de The Libertines. ‘Belly of the Beast’ cambia un poco el estado de ánimo, mostrando un poco de irreverencia, pero contenida.

 

La acústica ‘Iceman’ baja de nueva cuenta el tono del disco, tono que se recupera de inmediato con la  juguetona y por momentos punk ‘Heart of the Matter’. ‘Fury of Chonburi’ y ‘The Milkman´s Horse’, aunque con cierto encanto, son el claro ejemplo del porqué el regreso de The Libertines bien pudo redondearse con un álbum de 10 tracks.

 

‘Glasgow Coma Scale’ pone de nuevo a tono el disco, con un estilo garaje post punk que nos recuerda por momentos a Wire y Pixies. ‘Dead for Love’ se encarga de cerrar el esperado regreso de The Libertines, un disco cargado de nostalgia, un álbum que llega a tiempo pero tarde y que nos recuerda que aunque Doherty, Barat y compañía se fueron, realmente todo este tiempo seguían con nosotros a través de sus canciones y su legado.

 

‘Anthems For Doomed Youth’ no es el gran disco de The Libertines, pero su honestidad y valentía están presentes en los 12 tracks que conforman el álbum, dignísimo regreso que nos prepara para su próxima presentación en el Festival Capital como uno de los actos estelares.

 

Canciones Indispensables: ‘Barbarians’, ‘Fame And Fortune’, ‘Anthem for Doomed Youth’ y ‘Glasgow Coma Scale’.

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