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Banda Sonora 101: Pink Floyd de celuloide

Hubo un tiempo cuando –en plena revolución contracultural– Pink Floyd exploró en la composición de música original para películas. Al margen de la muy conocida PINK FLOYD THE WALL (1982), entre 1969 y 1972 –con Roger Waters, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason en la alineación– Floyd musicalizó tres películas fundamentales del cine psicodélico: MORE (1969), LA VALLÉE (1972) y ZABRISKIE POINT (1970). Las dos primeras fueron dirigidas por Barbet Schroeder y la tercera por Michelangelo Antonioni.

En esa época, en octubre de 1972 y con el anfiteatro de Pompeya, Italia, como escenario, también se filmó PINK FLOYD: LIVE AT POMPEII, un rockcumental que capta a la banda en uno de sus mejores momentos creativos.
Después de esas experiencias, Pink Floyd, como banda, no volvió a componer música original para películas ajenas pero sí se concentró en encargar los visuales más impresionantes para sus giras y videos musicales.

En 1982 llegó PINK FLOYD THE WALL, película dirigida por Alan Parker que se convirtió en un clásico instantáneo del cine rock y cuya música original e historia parten del legendario disco The Wall, concebido por Waters en 1979. Waters, como solista, musicalizó WHEN THE WIND BLOWS en 1986 Y Gilmour hizo lo mismo con el documental DRUG-TAKING AND THE ARTS en 1993.

En los años subsecuentes al estreno de PINK FLOYD THE WALL en 1982, se han realizado varios documentales y conciertos grabados en vivo de una calidad sobresaliente, como DELICATE SOUND OF THUNDER (1989) y P.U.L.S.E LIVE AT EARLS COURT (1994). Hay películas-concierto y documentales increíbles sobre Floyd, sobre Waters, sobre Gilmour… pero como agrupación Pink Floyd no compuso más música original para películas después de su experiencia psicodélica de finales de los 60 y principios de los 70 y de la inmortal PINK FLOYD THE WALL de 1982.

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Aquí la historia:

MORE (1969)
Pink Floyd incursionó en la composición de música para cine en 1969, año en el que la banda británica hizo el score original de MORE, de Barbet Shroeder, un clásico del cine psicodélico que se estrenó el 13 de mayo de 1969 en el festival de Cannes. MORE cuenta la historia de Stefan, un joven alemán recién graduado de la universidad que viaja de aventón a París y ahí conoce a una hermosa chica estadunidense llamada Estella. Stefan y Estella hacen química y se lanzan a la paradisiaca Ibiza, donde el consumo de heroína se vuelve un peligroso hábito diario. La música original de Pink Floyd crea una atmósfera sonora perfecta en las escenas de viajes psicotrópicos y enriquece el retrato de la época de manera notable.

 

 

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ZABRISKIE POINT (1970)
Realizada por el célebre cineasta italiano Michelangelo Antonioni, ZABRISKIE POINT (1970) es el intento de sintetizar en una película los lisérgicos años 60 y la corriente contracultural en Estados Unidos. Para ello, Antonioni creó la metáfora de una pareja de jóvenes, hombre y mujer, que se encuentran en el desierto y experimentan un proceso de liberación absoluta. En este caso, la música de Pink Floyd es un personaje más, mismo que representa la expansión de la conciencia colectiva de toda una generación de soñadores.

 

LA VALLÉE (1972)
En LA VALLÉE (1972), el cineasta Barbet Shroeder explora en los temas de la liberación sexual y la expansión de la conciencia mediante el relato del viaje – en los sentidos literal y figurado– de unos franceces aburguesados a un remoto lugar en Nueva Guinea conocido como “El valle”, donde habita la tribu Mapuga y que ni siquiera aparece en los mapas (se le muestra como “obscured by clouds”). La música original de Pink Floyd acompaña a los viajeros en su expedición como si fuera una suerte de guía intangible en el camino hacia la liberación física y mental. En esta odisea, los personajes abandonan todas sus cargas materiales, incluída la ropa, y rompen las paredes mentales que los esclavizan. La música original de Pink Floud se editó en el disco Obscured by Clouds.

 

PINK FLOYD: LIVE AT POMPEII (1972)
Realizado por Adrian Maben en octubre de 1972 –con el impresionante anfiteatro de Pompeya, Italia, como escenario– PINK FLOYD: LIVE AT POMPEII es un rockumental que capta a Pink Floyd en uno de sus mejores momentos (principios de los 70), interpretando en directo piezas inmortales como “Echoes”, “One of These Days” y “A Saucerful of Secrets.” Existen varias versiones de esta película en video y todas se merecen una tanda de aplausos.

 

PINK FLOYD THE WALL (1982)
Clásico induscutible del cine rock, PINK FLOYD THE WALL se estrenó el 22 de mayo de 1982 en el festival de Cannes. Concebida por Roger Waters (autor de la música y el guión) y dirigida por Alan Parker, es de los pocos momentos de la historia del cine en los que un álbum, en este caso The Wall, antecede e inspira la realización de una película.

Waters exorcisa sus propios demonios en la historia de Mr. Pink (Bob Geldof), un rock star atribulado y traumatizado por su pasado que navega entre la realidad y la locura, todo en su intento por derribar la enorme pared mental que lo aisla del resto del mundo. Las secuencias de animación creadas por Geral Scarfe son un referente indiscutible de la época. Una poderosa metáfora sobre los efectos colaterales de la guerra, el vacío existencial del estrellato y la locura de los regímenes dictatoriales. Al cabo los años, PINK FLOYD THE WALL se manifiesta hoy en día tan poderosa y vigente como las negras intenciones del presidente gringo de levantar un inmenso muro fronterizo entre México y EE. UU.

 

PINK FLOYD: DELICATE SOUND OF THUNDER (1989)
Entre el 19 y el 23 de agosto de 1988, el cineasta Wayne Isham filmó a Pink Floyd en vivo en el Nassau Coliseum, en Long Island, Nueva York, para luego editar la película-concierto PINK FLOYD: DELICATE SOUND OF THUNDER (1989), misma que registra los mejores momentos de la serie de cinco conciertos que dieron vida al álbum doble Delicate Sound of Thunder (1988).

La película fue lanzada en video en junio de 1989 y sobresale por la altísima calidad de la música ejecutada en vivo (la mezcla de sonido es impresionante) y los maravillosos visuales realizados ex profeso para la gira A Momentary Lapse of Reason (1987/88).

 

PINK FLOYD: P.U.L.S.E LIVE AT EARLS COURT (1994)
Es una portentosa película-concierto realizada por el británico David Mallet –cineasta especializado en la filmación de conciertos y videos musicales– que regristra la legendaria presentación del 20 de octubre de 1994 de Pink Floyd en el Earls Court de Londres, como parte de la gira Division Bell Tour.

De la grabación de este mítico concierto surguió el álbum doble en vivo P.U.L.S.E., publicado en junio de 1995. Junto con EL ÚLTIMO VALS (1978) de Martin Scorsese y STOP MAKING SENSE (1984) de Jonathan Demme, P.U.L.S.E es sin duda una de las mejores películas-concierto de la historia del cine rock.

 

PINK FLOYD: TE MAKING OF DARK SIDE OF THE MOON (2003)
Realizado en 2003, es un proyecto de lujo que no se estrenó en cines comerciales y sólo se distribuyó en video (DVD y Blu-ray), en la cadena BBC y algún otro canal cultural europeo. Este rockumental registra de manera minuciosa el proceso de creación de uno de los álbumes más relevantes de la historia del rock: Dark Side of the Moon. Son 84 minutos de repaso, canión por canción, del disco clásico de de Pink Floyd de 1973. La cinta compila muy buen material de archivo y lo alterna con entrevistas a Waters, Gilmour, Mason y Wright. Joya.

 

PINK FLOYD: THE STORY OF WISH YOU WERE HERE (2012)
Como se lee desde el título, PINK FLOYD: THE STORY OF WISH YOU WERE HERE (2012) es un documental que cuenta la historia del proceso creativo de uno de los álbumes más importantes e introspectivos de la banda británica: Wish You Were Here, publicado en septiembre de 1975. Puedo decir con plena convicción que el track número 4, “Wish You Were Here”, es una de mis rolas favoritas y cada vez que la escucho y la canto se me enchina la piel. La película, dirigida por el británico John Edginton, incluye entrevistas con Waters, Gilmour, Mason y Wrghit, y material de archivo de grandísima calidad.

Banda Sonora 101: Cine y rock en los 80

Continuamos con los festejos por el aniversario de Rock 101, así que en esta ocasión nos vamos a echar un clavado a los 80, periodo del cual seleccionamos un grupo de 20 películas con bandas sonoras emblemáticas y que de algún modo se convirtieron en referentes de esa década.

Esta selección, lo aclaro desde el principio, no pretende ser una compilación de “lo mejor del cine rock de los 80.” Simplemente es un grupo de películas de diversa calidad pero que tienen un elemento en común: grandes bandas sonoras.

En esta curaduría de soundtracks ochenteros conviven David Bowie, Vangelis, Pink Floyd, Stewart Copeland, Talking Heads, Iggy Pop, Prince, Peter Gabriel, The Cure, Los Lobos, el gran Ennio Morricone y hasta el Dúo Dinámico.

Aquí la selección:

CHRISTIANE F (1981)
El cineasta alemán Uli Edel tiene dos películas memorables: CHRTISTIANE F (1981), sobre la adicción a las drogas duras de una jovencita en Berlín y con la participación de David Bowie en la banda sonora, y LA BANDA BAADER MEINHOF (2008), sobre el grupo terrorista epónimo y la cual también cuenta con música de altos vuelos. En CHRISTIANE F hay una secuencia memorable en la que la protagonista asiste a un concierto en el que David Bowie canta en vivo y completa “Station to Station”.

 

BLADE RUNNER (1982)
Dirigida por Ridley Scott, BLADE RUNNER se estrenó el 7 de septiembre de 1982 en el festival italiano de Venecia. Brillante adaptación de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, esta película marcó, como lo hizo en su momento 2001: ODISEA DEL ESPACIO de Kubrick, un antes y un después en el cine de ciencia ficción. La música original es obra del griego Vangelis. Una película inmortal con una gran banda sonora.

 

PINK FLOYD THE WALL (1982)
PINK FLOYD THE WALL (1982) es un clásico indiscutible del cine-rock y un referente obligado de principios de los 80. Dirigida por Alan Parker y protagonizada por Bob Geldof (Mr. Pink), esta película lleva al lenguaje cinematográfico la obra musical concebida por el master Roger Waters y compañía. Es uno de los pocos casos en la historia del cine que la música original antecede a la película, ya que el filme parte del álbum The Wall, publicado en noviembre de 1979. Las secuencias de animación son obra del ilustrador Gerald Scarfe y Roger Waters. La música lo es todo.

 

RUMBLE FISH (1983)
Pequeña gran obra maestra de Francis Ford Coppola, RUMBLE FISH se estrenó el 7 de octubre de 1983 en el festival de Nueva York. La protagonizan Mickey Rourke (The Motorcycle Boy), Matt Dillon (Rusty James) y Diane Lane (Patty), y la música original es obra de Stewart Copeland, entonces baterista de The Police, hoy un consagrado compositor de música para cine que ha trabajado en decenas de películas. Sin duda ésta es una de mis películas favoritas del gran Francis Ford Coppola, autor de clásicos como la trilogía EL PADRINO, APOCALIPSIS AHORA, DRÁCULA… También ese año Richard Loncraine hizo una adaptación de Brimston & Treacle con música original de The Police y con Sting como protagonista.

 

STOP MAKING SENSE (1984)
Tal vez el único cineasta que ha logrado competir con el maestro Scorsese en materia de conciertos en vivo es Jonathan Demme en el clásico STOP MAKING SENSE (1984). Mediante un manejo de cámaras perfectamente coordinado, Demme logró captar a los Talking Heads, y en particular al líder de la banda, David Byrne, en uno de sus mejores momentos: una serie de tres conciertos en diciembre de 1983 en el teatro Pantages, en Hollywood. La banda sonora de esta película-concierto es una maravilla.

 

REPO MAN (1984)
Una película bien extraña dirigida por Alex Cox con Emilio Estévez y Harry Dean Stanton como protagonistas. La historia es ésta: Otto, un joven punk que acaba de perder su trabajo, se vuelve un repo man o recuperador de autos robados. De pronto se ve implicado en una investigación del gobierno gringo sobre una sustancia extraterrestre que provoca extraños efectos a quienes la observan. La banda sonora es una joya del punk con rolas de Iggy Pop, Black Flag, Suicidal Tendencies, The Plugz, Circle Jerks. La secuencia inicial de créditos, con “Repo Man” de Iggy Pop, es un gran momento del rock en el cine.

 

ONCE UPON A TIME IN AMERICA (1984)
ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA es una de las películas sobre mafiosos que más me gustan. Dirigida por el italiano Sergio Leone y protagonizada por Robert DeNiro y James Woods, se estrenó el 20 de mayo de 1984 en Cannes. Retrato de la vida de un grupo de mafiosos judíos en Nueva York, esta película cuenta con una banda sonora impresionante, obra del genio Ennio Morricone y que nada tiene que ver con el rock. Un portento de la década de los 80.

 

PURPLE RAIN (1984).
Es posible decir que PURPLE RAIN (1984) es una heredera del cine rocanrolero de los años 50 del siglo pasado, época en la que algunos avispados productores de cine hicieron grandes negocios llevando a los ídolos musicales del momento a la pantalla grande. Ejemplo: Elvis Presley. Dirigida por Albert Magnoli, PURPLE RAIN no es una obra de arte del cine ochentero ni la actuación de Prince mereció el Oscar, pero lo cierto es que la música y el diseño de producción de esta película son un referentes claros de la década de los 80.

 

PARIS, TEXAS (1984)
Wim Wenders ganó la Palma de Oro en Cannes en 1984 por PARIS, TEXAS. Un hombre camina por el desierto de Texas sin recordar quién es. Su hermano lo busca e intenta que recuerde cómo era su vida cuatro años antes, cuando abandonó a su mujer y a su hijo. A medida que va recuperando la memoria y se relaciona con personas de su pasado, se plantea la necesidad de rehacer su vida. La música original es obra de Ry Cooder.

 

THIS IS SPINAL TAP (1984)
Realizado por Rob Reiner en 1984, THIS IS SPINAL TAP es un falso rockumental al que se le rinde culto desde su estreno. Se trata de una hilarante parodia sobre la desastrosa gira americana de los británicos SPINAL TAP, una falsa banda de heavy metal en decadencia que tiene la fama de ser la más ruidosa de Inglaterra. Este filme se burla de todas las costumbres, poses, bobadas y ridiculeces del mundo del rock.

 

FOOTLOOSE (1984)
FOOTLOOSE, realizada por Herbert Ross en 1984, es una película sobre y para jóvenes que cuenta la siguiente historia: Un estricto pastor prohíbe que se baile en un pueblo del medio oeste de EE. UU. Un joven (Kevin Bacon), amante de la música y el baile, decide hacer algo al respecto y de pasada enamora a la hija del pastor. Ja. Todo un éxito de los años 80, con una banda sonora de pies sueltos.

 

PELOTÓN (1986)
PELOTÓN (1986) es la primera entrega de la trilogía de Oliver Stone sobre Vietnam, la cual se completa con NACIDO EL 4 DE JULIO (1989) y EL CIELO Y LA TIERRA (1993). Se trata de una potente película antibélica sobre las andanzas de un pelotón del ejército de EE. UU. durante la guerra de Vietnam. En la banda sonora: The Doors, Smokey Robinson, Jefferson Airplane, Otis Redding…

 

BLUE VELVET (1986)
Realizada por David Lynch en 1986, BLUE VELVET es un thriller desorbitado y fantasmal que se convirtió de inmediato en un filme de culto. Lynch, desde sus primeras películas, demostró ser un cineasta de ruptura que se mueve con total naturalidad en el mundo de lo onírico. En su libro de memorias LINTERNA MÁGICA, el sueco Ingmar Bergman escribió: “cuando el cine no es documento, es sueño.” Pensemos en las películas de Buñuel, Kurosawa y Tarkovsky, por mencionar a tres de los grandes soñadores de la historia del cine. El caso es que Lynch es un cineasta que se mueve como pez en el agua en el mundo de los sueños y que al mismo tiempo ha profundizado en los rincones más oscuros de la naturaleza humana. BLUE VELVET o TERCIOPELO AZUL es una película que vuela en el sentido figurado y cuya música original es obra de Angelo Badalamenti. Comparto una escena en la que Roy Orbison canta en directo “In Dreams”.

 

FULL METAL JACKET (1987)
El cine de la segunda mitad del Siglo XX sería otro sin la obra de Stanley Kubrick. FULL METAL JACKET es una gran película bélica antibélica sobre un grupo de reclutas que se prepara, bajo las órdenes del psicópata e inmisericorde sargento Hartman, para ir a la guerra de Vietnam. Un poderoso alegato en contra de la violencia y la milicia. La música original es de Vivian Kubrick y el soundtrack trae piezas de The Dixie Cups, Nancy Sinatra, The Trashmen y Goldman Band.

 

THE CURE IN ORANGE (1987)
Los días 8, 9 y 10 de agosto de 1986, The Cure se presentó en el Teatro Naranja de Valcouse, Francia. Estos conciertos fueron filmados por el cineasta Tim Pope, quien a partir de ese extraordinario material armó una película-concierto fundamental del cine rock de los 80: THE CURE IN ORANGE (1987).

 

LAS ALAS DEL DESEO (1987)
Por LAS ALAS DEL DESEO Wim Wenders ganó el premio a mejor director en Cannes 1987. Una película portentosa sobre ángeles en Berlín con una banda sonora tan brillante como compleja, que incluye a Nick Cave & The Bad Seeds, Crime & The City Solution, Laurie Anderson, Tuxedomoon… Hay una secuencia inmortal en la que Nick Cave canta “The Carny” y luego “From Her To Eternity” mientras el ángel Cassiel le brinda consuelo.

 

LA BAMBA (1987)
Realizada por Luis Valdez en 1987, LA BAMBA es un filme biográfico sobre Ritchie Valens, una joven promesa del rocanrol latino que murió en un accidente aéreo a los 17 años. La banda sonora incluye música original de Carlos Santana y el soundtrack trae versiones de rolas del repertorio de Valens por Los Lobos, más dos piezas de Bo Diddley y Brian Setzer.

 

LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE CRISTO (1988)
Martin Scorsese es uno de los mejores directores de cine en activo. Su trayectoria como realizador es impresionante y su buen gusto musical es evidente a lo largo de toda su filmografía. En 1988 encargó a Peter Gabriel la música original de la polémica película LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE CRISTO (1988).

 

¡ÁTAME! (1989)
Dirigida por Pedro Almodóvar, ¡ÁTAME! tuvo su premier mundial el 12 de diciembre de 1989 en Madrid y de ahí brincó a Berlín en febrero, donde inició un exitoso recorrido por varios festivales internacionales. La lista de premios es larga. Con Victoria Abril, Antonio Banderas y Loles León en los estelares, ¡ÁTAME! cuenta la historia del secuestro de una actriz porno por parte de un admirador medio chiflado pero en realidad inofensivo. Inmortal la escena cuando los tres protagonistas cantan “Resistiré” del Dúo Dinámico.

 

DO THE RIGHT THING (1989).
Spike Lee es uno de los directores afroamericanos más influyentes y talentosos. En 1989 hizo una de sus mejores películas, DO THE RIGHT THING, y escena en la que suena Fight the Power, de Public Enemy, es una locura.

 

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Banda Sonora 101 – Cine psicodélico

Antes de empezar esta entrega, quiero aprovechar el espacio para expresar mi más profunda indignación y rabia por la desaparición y el asesinato de tres estudiantes de cine en Guadalajara. Mi solidaridad y apoyo al medio cinematográfico y a las familias de los tres jóvenes.

El blog de hoy es tan colorido como un caleidoscopio. Es un viaje, así de loco como el de Alicia, pero en lugar de visitar el país de las maravillas vamos a tener una odisea por la historia del cine psicodélico.

Este blog se llama cine y se apellida psicodélico, y consta de una selección de 20 películas emblemáticas de la psicodelia. Así que abróchense bien los cinturones de seguridad porque vamos a despegar con destino a los años 60 del siglo pasado, década en la cual iniciaremos el recorrido.

 

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Banda Sonora 101 – Pink Floyd y el cine psicodélico

Además de ‘The Wall’, entre 1969 y 1972 Pink Floyd musicalizó tres películas fundamentales de la psicodelia en el cine: ‘More’, ‘La vallée’ y ‘Zabriskie Point’. Las dos primeras fueron dirigidas por Barbet Schroeder y la tercera por Michelangelo Antonioni.

 

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Cuenta la historia de un joven alemán que viaja a Ibiza y se engancha tanto con una chica como con el consumo de heroína, esto en plena psicodelia sesentera. La música de Pink Floyd crea una atmósfera sonora perfecta y enriquece el relato de manera notable.

 

 

Escucha el disco completo registrado en #Revolución33

 

Shroeder explora en los temas de la liberación sexual y expansión de la conciencia, mediante el relato del viaje de un grupo de franceses a un lugar en Nueva Guinea conocido como “el valle”. La música de Pink Floyd acompaña a los viajeros en su expedición como si fuera una suerte de guía intangible en el camino hacia la liberación física y mental.

 

Es el intento de Antonioni de sintetizar una época: los años 60 en Estados Unidos. Para ello crea la metáfora de dos jóvenes que se encuentran en el desierto y experimentan un proceso de liberación absoluta. En este caso, la música de Pink Floyd es un personaje más, mismo que representa la expansión de la conciencia colectiva de toda una generación de soñadores.

 

 

Banda Sonora 101: Blow-Up

En diciembre de 1966, horas después de la premier mundial de Blow-Up’ en Nueva York, Herbie Hancock llamó por teléfono a Michelangelo Antonioni para expresarle su desilusión por la manera como el italiano había utilizado su música. “Sólo se escuchan fragmentos”, dijo el compositor, miembro del Quinteto de Miles Davis desde 1963 y que a sus 25 años había sido requerido por uno de los directores de cine más celebrados del planeta.

La respuesta del cineasta, 35 años mayor que Hancock, fue contundente: “La usé como sentí que era correcto”. El pianista, según la entrevista publicada en la edición de aniversario de la banda sonora (Turner, 1996), colgó el teléfono, se quedó helado un instante, sin decir palabra, hasta que se dio cuenta del error: había ido a la premier de Blow-Upa escuchar su música y no a ver la película de Antonioni.

Al cabo de unos días –añade el texto–, Hancock se sacudió el ego, vio de nuevo la película y quedó maravillado. Esa misma noche llamó al cineasta: “Lo siento, tienes la razón: ¡Es cine!.. Esta es una lección que nunca voy a olvidar”. En la obra de Antonioni, comprendió Hancock, la música siempre está al servicio de la película y el director hace con ella lo que mejor considere.



En aquellos años, Hancock ya era considerado una de las mayores promesas del jazz. Además figurar en la selecta alineación del Quinteto de Miles Davis, a sus 26 años tenía un contrato como solista con el sello Blue Note, que le publicó piezas del nivel de ‘Watermelon Man’, ‘Maiden Voyage’ y ‘Cantaloupe Island’.

Pero Hancock nunca había compuesto música para un largometraje y –según lo aceptó años después–, no tenía mucha idea que cuál era la función de un músico en el cine, y menos en las películas de autores como Antonioni o Fellini, por mencionar a dos maestros italianos de la época.

‘Blow-Upestá inspirada en ‘Las babas del Diablo’, de Julio Cortazar. A diferencia del relato original, la anécdota no ocurre en París sino en Londres de mediados de los sesenta, en tiempos de la revolución cultural, cuando la fusión de modernismo y psicodelia abrió una serie de umbrales en el mundo de la música: jazz y funk se volvieron una palabra; el blues se acopló con el rock; Bob Dylan se colgó una guitarra eléctrica y creó el concepto folk rock y los Beatles tendieron un puente con los sonidos de Oriente con el ‘Revolver’.

En el 66, Londres brillaba en glorioso technicolor y por sus venas corría todo tipo de sustancias psicotrópicas. Ese año, el llamado “swinging London” abrió las puertas al movimiento hippie. En las calles rugían las scooters de los mods, quienes pasaron de la rebeldía individual a la revuelta social e hicieron del disco ‘My Generation’, de The Who, la banda sonora de sus días. En los clubes se podía viajar con la música de Pink Floyd (Syd Barret pisó la luna antes que Neil Amstrong) o escuchar el jazz con más onda de todos los tiempos. Miles Davis y Herbie Hancock podían estar tocando juntos en un club, mientras Jeff Beck y Jimmy Page revolucionaban el sonido del rock a unas cuadras de distancia.

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Antonioni se apropió el relato de Cortazar y lo ubicó en esta Londres. La historia es básicamente la misma: un fotógrafo se obsesiona con la idea de haber captado un asesinato con su cámara, pero nunca logra resolver el misterio. El títuloBlow-Upse refiere a “reventar el grano de la foto” mediante la ampliación de la imagen.

¿Por qué Antonioni decidió llamar a Herbie Hancock para musicalizar Blow-Up’? Hay una explicación lógica: el personaje principal del filme, Thomas (David Hemmings), es un fotógrafo especializado en moda y de gustos sofisticados. No es un mod común y corriente, un rebelde callejero (como el personaje deQuadrophenia’), sino un artista interesado en las corrientes de vanguardia. En lugar de una moto scooter tiene un deportivo convertible; y en su estudio fotográfico sonaban finas piezas de jazz, en lugar del acelerado álbum The Who.

Antonioni, apasionado de la música, y en particular del jazz, intuyó bien que Hancock era el músico indicado para crear los sonidos que sintetizaran la energía de la movilización juvenil, la rebeldía mod, con la elegancia del jazz.

Antonioni tomó la decisión correcta: Hancock invitó al bajista Ron Carter y el baterista Jack DeJohnette y al poco tiempo le entregó al director una docena de piezas extraordinarias, la mayoría pensadas para ambientar escenas específicas. En algunas aceleró los ritmos de la batería, en otras dilató las líneas del bajo y en casi todas se dio vuelo con el piano eléctrico.

Hancock construyó la atmósfera sonora que le encargó Antonioni, pero de paso compuso un álbum que hoy es considerado una obra fundamental del jazz de los 60. Y precisamente por eso, por el hecho de haber creado un álbum tan excelso, Hancock se sacó de onda el día de la premier. Su música no era la protagonista de la noche sino un elemento más del filme, que de hecho Antonioni usó como “source music”, es decir, la que se escucha cuando alguien prende la radio o pone un disco en una película.

Como contrapunto al jazz, Antonioni invitó a la banda de rock The Yardbirds, con la que filmó una secuencia delirante mientras tocan ‘Stroll On’ en vivo: el público se mantiene inmóvil, como idiotizado, mientras Jimmy Page se avienta un solo desenfrenado y Jeff Beck destruye su guitarra como lo hacía Pete Townshend de The Who en aquellos años. La cámara sigue el movimiento de Thomas mientras se escabulle entre el público estático y al tiempo que Beck destroza el escenario. A esta memorable actuación de los Yardbirds, hay que agregar dos canciones que Antonioni encargó a Tomorrow, en la que tocaba Steve Howe antes de formar Yes.

Hancock debió sentirse muy desilusionado a la salida del cine, con el ego hecho pedazos. Pero días después, el pianista comprendió que el cine es un es un arte complejo, un lenguaje que integra a varias expresiones, y por ello se disculpó con Antonioni, hecho que demuestra una humildad muy poco común entre los artistas que gozan de fama.

A la fecha, Hancock ha musicalizado una decena de largometrajes, entre ellos una delicia del cine-jazz dirigida por Bertrand Tavernier: ‘Round Midnight’. Su momento cumbre en el cine sigue siendo ‘Blow-Up’.

Hawking incluso inspiró a Pink Floyd

“Este Oscar”, declaró Eddie Redmayne, delirante, “le pertenece a todas las personas alrededor del mundo batallando con ALS. Le pertenece a una familia excepcional”. La familia eran los Hawkings. Redmayne acababa de ser nombrado mejor actor en los Academy Awards del 2014  y, mientras que la copropiedad de la estatuilla de Redmayne puede ser el premio menos sorprendente en la lista de honores de Stephen Hawking, el éxito de La Teoría del Todo fue prueba absoluta de que la historia del físico había trascendido más allá de la academia científica. También sería una para la era cultural. Redmayne había derrotado la representación de Alan Turing de Benedict Cumberbatch en The Imitation Game. Un hecho intrigante no sólo por el capricho de los dos nominados, no es que ambos representaron genios británicos del siglo 20; sino que Cumberbatch también representó al físico, en Hawking, en el largometraje dramático de la BBC Peter Moffat en 2004.

La película de Moffat mostró la vida de Hawking como un estudiante brillante, disciplinado por la enfermedad mediante sus primeros trabajos de la teoría de creación continua en Cambridge y la consecuencia inmediata al diagnóstico de su enfermedad. Cumberbatch conoció a  Hawking dos veces pero no se mantuvieron en contacto, diciéndole a The Guardian: “Obviamente me gustaría tener una relación vía email con él, pero, entonces en qué consistirían nuestras conversaciones. Yo soy un actor y él un físico nuclear”.

Con su historia, lo suficientemente dramática como para ser tomada por dos de los actores más cotizados, una audiencia de masas conoce versiones de la vida de Hawking. Pero las representaciones del científico probablemente serán recordadas con el mismo cariño.

Menciona el Big Bang a algunos y su primer pensamiento puede que no sea el modelo cosmológico en el que Stephen Hawking pasó trayendo a la comprensión del público durante su carrera. Por el contrario probablemente sea el sitcom increíblemente popular de Chuck Lorre, The Big Bang Theory.

Magnífica labor entonces, que Hawking haya aparecido en el show de Lorre en 2012 (más tarde solo apareció como voz) –revisando el trabajo del personaje de Jim Parson, Sheldon, sobre el bosón de Higgs: “Hiciste un error aritmético en la página dos”.

No fue la primera vez que el científico apareció en un show americano de comedia. En los Simpsons debutó un año después del libro mejor vendido de Hawking, Breve historia del tiempo, pero no fue hasta 1999 que Hawking llegó a Springfield para el episodio “Salvaron el cerebro de Lisa”.

En éste, el grupo de la hija mediana de los Simpsons, Mensa, toma el control de la ciudad y necesitan ser amonestados por su utopía sabelotodo. “No sé que decepción es peor”, Hawking dice, “mi fracaso en formular una teoría unificadora del campo… o tú”. Hawking más tarde dice que la teoría de Homero  de un “Universo en forma de dona es intrigante” –una referencia a la teoría de que el universo es toroidal.

La aparición ayudó a Hawking a adquirir cierto estatus de culto –incluso tuvo su propia figura de plástico oficial, copia que guardaba en su oficina–. “Las apariciones en Los Simpsons fueron muy divertidas. Pero no las tomé demasiado en serio. Creo que Los Simpsons han tratado mi discapacidad responsablemente”.

Él hizo tres visitas más a Springfield, y describió el show como “la mejor cosa en la televisión americana”.

Hawking también apareció varias veces en el otro hit animado de Matt Groening, Futurama, y puede que también lo hayas visto como su holograma, en un episodio de 1993 de Star Trek: La siguiente generación, jugando póker con Einstein y Newton. “El principio de la incertidumbre no te ayudará ahora, Stephen”, advierte Einstein durante la partida.

Pero no es sólo en las comedias y en las películas biográficas que Hawking crea sombra. Su trabajo y extraordinaria vida también fueron hechos documental por ningún otro director que Errol Morris. La película de 1991 de Morris, A Brief History of Time (Una breve historia del tiempo), estaba basada en la explicación de científicos sobre los conceptos tocados en el libro y en la vida de Hawkings, millones de personas que habían comenzado a leer A Brief History of Time no habían logrado terminarlo.

Hawking tampoco estaba sobre las cosas de Hawking. Sus comerciales del 2013 de Go Compare, provocaban asombro respecto a como un sitio de comparación de seguros podría convencerlo de venderse, y tan pronto como en 1994, el físico apareció en una publicidad de BT proclamando: “Los logros más grandes de la humanidad han surgido hablando, y los fracasos más grandes por no hablar. No necesita ser así”.

Aquel comercial movió a David Gilmour tanto que probó las palabras de Hawking para la canción Keep Talking en el álbum de Pink Floyd, The Division Bell.

Hawking no eligió a Pink Floyd como uno de sus discos para una isla desértica. Por el contrario en 1992, se decidió por el acto uno de The Valkyrie de Wagner, Please Please Me de Los Beatles, trabajos de Brahms, Beethoven y Mozart, y Non, Je Ne Regrette Rien de Édith Piaf. Pero sus gusto por la música clásica puede que haya sido más reflejada en la pieza, Hawking, del compositor alemán Rolf Riehm, que se lanzó en Los Ángeles en 2011. Fue inspirada en una foto de Hawking sentado frente a un cielo estrellado. Riehm le dijo al LA Times que el científico servía como una “metáfora para las incesantes extensiones de los límites”. El colaborador de Morris, Phillip Glass, también incluyó un personaje que era una versión de Hawking en su ópera de 1992, The Voyage (El viaje).

A pesar de la genialidad de su trabajo, no cabe duda de que la discapacidad de Hawking y su distintiva apariencia física, eran cosas que en conjunto lo encaminaron a su fama como científico, y parte de la razón por la que fue recurrido por artistas tan diversos como Groening y Riehm. Pero la frecuencia con la que Hawking aparecía en programas como Los Simpsons probó que era feliz de estar en sus adentros riendo hacia el exterior.

Traducción libre, texto originalmente publicado en The Times

La sencillez en el concepto

Siempre había tenido la idea errónea de que un disco conceptual era algo en palabras mayores, trabajos muy bien planeados que nos narraban una historia en específico alrededor de ciertos personajes. Vaya, algo así como cuentos fantásticos y obras literarias creadas por la élite del pensamiento, por músicos filósofos y mentes extraordinarias que ocupan un espacio divino en el universo. Cierto es que todos aquellos creadores de dichos trabajos, sí son gente de una capacidad única en la invención de sus obras, en particular de sus discos conceptuales. Sin embargo, la disyuntiva era el cómo entender y descifrar la historia detrás de la instrumentación, la barrera del idioma, y luego la secuencia en sí de los temas, que junto con los arreglos y la estética en el arte del álbum, hacían creer que solo eruditos, letrados y clavados lo entenderían.

 

Mi concepto de álbum conceptual (valiendo la redundancia) era que necesariamente debería de ser algo muy profundo, difícil de comprender y exclusivo para bandas progresivas. Cosas como Alan Parsons Project, Pink Floyd, King Crimson, Emerson Lake & Palmer y hasta STYX, que escuchaba de mis tíos o de mis compañeros de escuela, musicalmente me dejaban impresionado y con la imagen de que era algo muy avanzado o demasiado volado. Honestamente, nunca he sido seguidor del género de rock progre por sus metáforas complejas y temas metafísicos, pero principalmente por ese sentido de pertenencia para solo unos cuantos. Y por eso creía que solo ellos podían componer discos conceptuales derivados de clásicos en los sesentas y setentas donde se empezó a nombrar de esa manera y también como ópera rock a cosas de The Who e incluso de los Beatles.

 

Después de mucho tiempo, con la adicción a conocer y escuchar bandas nuevas, entendí que el término de álbum conceptual no era precisamente una característica para el rock progresivo, sino que en cualquier género musical han existido producciones que se desarrollan con base en un personaje, historia y temática en específico. De ahí que artistas de hip-hop como De La Soul, Jay Z y ahora Kendrick Lamar, también han ganado popularidad con sus propuestas conceptuales. Que hay bandas donde todos o casi todos sus discos sean catalogados como conceptuales, les suena Radiohead, Frank Sinatra, Avantasia, Coheed And Cambria o  Iced Earth por nombrar algunos.

Hay obras magistrales como el Operation Mindcrime de Queensrÿche y el Abigail de King Diamond, entre muchas otras. Trabajos de Metallica, Sufjan Stevens, Green Day, Bruce Springsteen y un largo etc. En español hay cosas de Chary García, Mago de OZ, Los Planetas, y no sé si hasta aquella cosa llamada KUMAN de Cristal y Acero entre como tal.

 

Y así hay muchísimos discos con un concepto definido, que no necesariamente tienen que sonar a progresivo, ni hablar de cosas irreales o enigmáticas (sin demeritar al género). Ahora les dejo muy buenas recomendaciones de bandas con discos conceptuales en diferentes géneros y de muy buena manufactura a ver que les parecen. Como siempre los invitamos a que nos den sus recomendaciones también.

 

Su lider Tim Kasher quiso contar la historia de lamentos, intriga y pasajes dolorosos de una persona que se refugia en su órgano para llorar y desahogarse del odio y la mala fortuna, agradeciendo al final que lo peor se haya terminado y aun sigua vivo.

 

 

 

Mansun es una banda de la época del britpop, logrando llegar a lugares muy altos gracias a la historia de un super héroe que quiere librar a un pueblo de las inmoralidades e injusticias. Una joya que no deben de dejar pasar.

 

 

 

Si bien ya habíamos nombrado al enigmático Will Sheff y su Okkervil River en anteriores posts, no podemos dejar pasar su gran obra conceptual de 2005, Black Sheep Boy. Donde nos narra la historia de un personaje sacado de una canción de un artista de los sesentas llamado Tim Hardin. Sheff decide hacer todo un álbum a través de este personaje, e incluso saca un EP llamado Black Sheep Boy Appendix para terminar su homenaje.

 

 

 

Entrando en terrenos escabrosos y malignos, en los años del auge del Death Metal, Nocturnus debuta con este tétrico álbum que se basa en la historia de un ente cibernético que quiere regresar en el tiempo a acabar con el abuso de la religión cristiana. La banda de Florida fue la primera en incluir teclados en su devastador sonido. Haciendo una especie de death progresivo.

 

 

 

Con su debut Original Pirate Material del 2002, Mike Skinner gano muchos seguidores con su mezcla de hip hop, garage y electrónico. Para su segundo disco, Skinner decide hacer un álbum que gire alrededor de su vida junto a sus mejores amigos.

 

 

 

Una maravilla del underground en los ochentas, el maestro Bob Mould junto a Grant Hart y Greg Norton deciden hacer un disco doble, con la temática de la experiencia de escapar de la familia y sobrevivir la crudeza de la vida exterior. Con la base de punk hardcore que identifica su sonido, en Zen Arcade logran meter sonidos más folk y pop. Dando como resultado uno de los mejores discos de la época.

 

 

 

En Beyond Hell, Dave Brockie o mejor dicho Oderus Urungus (RIP) y su séquito de defensores del universo. Deciden hacer un viaje al mismísimo infierno y enfrentar al demonio. Fantasía thrasher que siempre caracterizo a estos monstruos. Además cuenta con la magnífica producción de Devin Townsend, y hasta un DVD del álbum hay.

 

 

 

Con toda la influencia de Bob Mould, desde Irlanda surge un trió fenomenal catalogado en su tiempo como la mejor banda de ese país, por encima de U2 o Van Morrison, para su cuarto disco en 1994, sin tener la intención de crearlo así, las letras de las rolas se entrelazan y nos dan esa historia de desesperación  y soledad que predomina en el disco.

 

 

 

De Ween podemos esperar cualquier cosa, y justo después de haber lanzado su disco de ¡Country!, nos rematan con The Mollusk, que vuelve al sonido lo-fi y psicodélico que los identifica. Tratando durante el disco su aventura submarina al noreste de  los Estados Unidos. Diversión y mucha calidad.

 

 

 

Uno de mis favoritos, RRR es la carta de presentación de 4 chicos confundidos en los barrios de Brooklyn. En medio de peleas, decesos y mucha depresión, deciden formar la banda y desatar toda la furia contenida en una joya subvaluada de los noventas. Combinación de metal, hardcore y alt-rock, con letras oscuras y directas que poco a poco culminan por orillar al abismo a ese personaje condenado a vivir en la famosa Low Life de los suburbios de Nueva York. La catarsis que provoca Life Of Agony los ha convertido en artistas de culto a nivel internacional con una fanbase muy leal. Por cierto su nuevo álbum ya salió y lo reseñaremos la siguiente semana.

 

 

 

México, antes y después de Waters

 

“Así sucede con la estetización de la política que propugna el fascismo. Y el comunismo le responde por medio de la politización del arte”
– Walter Benjamin 

 

Es duro, lo sé, despertar digamos un 27 de septiembre de cualquier año y darse cuenta que eres parte del sistema; de un sistema cruel que te hace pensar que eres libre, que puedes hacer lo que quieras, claro, siempre que tengas algo de dinero. De un sistema que te obliga a levantarte, cepillarte los dientes y comer una manzana diaria porque es lo más sano. Un sistema que te hace sentir que a bordo de un auto estás más seguro que en el subsuelo a lado de todas esas bestias que van a hacer nada más y nada menos que tú: mantener vivo el sistema. El SISTEMA, un reloj de engranaje tan perfecto que incluso la revolución forma parte de él, de tal forma que, si tu ingenuidad crítica por un momento cree que retwitteando un mensaje de protesta o gritando una consigna en una manifestación te hace estar fuera de este sistema, temo que has vivido en un error.

 

Después de leer tanta méndiga opinión de expertos y no tan expertos, me han puesto muy incómoda esas ganas de unos que, por sentirse poseedores de ciertos conocimientos, creen que pueden, justificados siempre por la fantasmagórica y cada vez más abaratada libertad de expresión, pasar por encima de la sensibilidad de las personas. Me pregunto si aquellos que critican la megalomanía de Roger Waters, así como su demagogia y falsa protesta se han puesto a pensar por un segundo que eso que tanto se esmeran en derrumbar, son las ilusiones de una madre que llora por su hijo cuando escucha las canciones de Pink Floyd porque éste ya no está; me pregunto si conocen sobre la soledad de un hijo que anhela platicar con su padre cuando escucha ‘In The Flesh’. Me pregunto si su afán por tener la razón puede más que aquel beso apasionado bajo la luz de la luna escuchando ‘Wish You Were Here’.

 

Debo confesar que antes de asistir a los conciertos de Roger Waters la semana  pasada, yo también tuve miedo. Miedo de enfrentarme a lo obvio; que el ex Pink Floyd es ya un sujeto avanzado en edad que también forma parte del sistema que tanto critica, que tal vez y sólo tal vez, el enorme ego que algunos le subrayan  (como si no tuvieran uno igual) lo mantenga viviendo de glorias pasadas. Tuve miedo de que la música que acompañó mi infancia gracias a la influencia de mi hermano y que posteriormente formó parte de mi personalidad fuera una completa farsa y que ese discurso anticapitalista fuera tan solo aire musicalizado.

 

Tuve miedo de que después de escuchar todo lo que Roger Waters tenía que decir y tocar, todas esas miles de almas quedáramos perfectamente igual que antes de escucharlo, sin experimentar cambio alguno. Puedo decir con alegría que no fue así, ya que su discurso que antes de ser político, es más bien un discurso de amor que sigue más vivo que nunca y deberíamos hacer hasta lo imposible por replicar.

 

Roger Waters tiene algo que decir, algo importante y ha defendido su derecho a decirlo desde que comenzó con su carrera. Supo que no lograría decirlo al lado de Syd Barret. Supo que no lograría hacerlo tocando junto a Pink Floyd. Supo incluso que eso que tiene que decir quizá no sería comprendido en los años setenta y ni siquiera en décadas posteriores. Supo que sería criticado. Supo que tendría que hacer de todo para lograrlo. Supo que tendría que gastar mucho dinero. Supo también que perdería amigos y ganaría enemigos. Supo también que el mundo aún no estaba del todo listo para entender que la guerra no es la solución porque todos somos hermanos. Quizá el mundo aún no esté listo para entender que no necesitamos muros ni fronteras, sin embargo, ahí va el hombre, pregonando su mensaje cual evangelista, anciano, enérgico, alegre pero sobre todo, muy convencido de eso que vino al mundo a decir.

 

 

Jueves 29 de septiembre. Una noche previa, el originario de Cambridge ya había sentado antecedentes del primer capítulo de su temporada México 2016 y fue de lo más increíble. Ya para entonces los que no habíamos asistido la noche del 28 sabíamos bien que Algie había sobrevolado por los ácidos cielos mexicanos con consignas en contra de Donald Trump y pronunciándose por los 43. También ya sabíamos que en esa enorme pantalla de ensueño había aparecido en grande: RENUNCIA YA y por supuesto también sabíamos acerca del pronunciamiento hacia el gobierno mexicano. Lo que no sabíamos era que esas canciones que nos han acompañado desde hace ya varias décadas sonarían tan únicas, tan exactas, tan precisas, tan nuestras. Algo así como si las hubieran hecho ayer solo para ese momento.

 

Como todo concierto organizado por su promotora musical de confianza, resultó todo muy bien como una cabeza con cabello engomado. Nada fuera de lugar; un jueves cálido y sin tormentas que permitió que la gente entrara y saliera en completo orden. Apenas nos habíamos acomodado en nuestros lugares cuando un sujeto y una sujeta de seguridad se atrevieron a revisar nuestros cigarros porque bueno, el lugar (no solo el de nosotros) olía muy sospechoso.

 

 

Esta noche Algie no voló, tal vez la lluvia química de la experiencia anterior hizo estragos en su pachona figura. Así, en completa armonía sonaron ‘Speak to Me’, ‘Breathe’, ‘Set the Controls for the Heart of the Sun’, ‘One of These Days’ (primera vez tocada por Waters), ‘Time’, ‘Breathe (Reprise)’, ‘The Great Gig in the Sky’, ‘Money’, ‘Us and Them’ y ‘Fearless’ extraída del ‘Meddle’ y, según los expertos, nunca antes tocada por un miembro de Pink Floyd después de 1971, mientras sonaba, la imponente pantalla mostraba pintas en paredes y frases en carteles que hablaban de la hermandad, de la conciencia, de la libertad, la humanidad, de la comunidad, el sentido común y la solidaridad para finalizar con una enorme pinta que decía “If you are not angry, you are not paying attention” cerrando con una gran imagen plagada de pequeñas banderas de Palestina en una manifestación. Se registran para entonces varias pieles chinas y las primeras lágrimas de la noche.

 

Siguieron entonces ‘You’ll Never Walk Alone’ de Gerry & The Pacemakers, ‘Shine On You Crazy Diamond (Parts I-V)’, mi favorita del mundo y la temible ‘Welcome to the Machine’, ese soundtrack perfecto para el apocalípsis. Luego vino ‘Have a Cigar’ y ‘Wish You Were Here’, y aunque fue un momento cumbre, yo creí que ese sería el momento del encendedor, pero me parece que ya estoy muy fuera de onda. Continuaron con ‘Pigs on the Wing (Part 1)’, ‘Dogs’, ‘Pigs (Three Different Ones)’, y el fabuloso recorrido visual de Trump satirizado de todas las formas posibles que culminaban en un enorme “Trump eres un pendejo”.

 

‘The Happiest Days of Our Lives’, ‘Another Brick in the Wall (Part 2)’, y el feliz momento del encendedor que me hizo sentir ya no tan fuera de onda, aunque fue con ‘Mother ‘ donde me atrevo a decir que todos necesitamos un Kleenex. Vaya que era la canción que todos los mexicanos necesitábamos escuchar en ese momento, pues hasta el mas macho se rinde ante un “Confía en ti, tranquilo, todo estará bien” en ese dulce resonar de canción de cuna; una dulzura enmarcada por la increíble voz de Holly Laessig y Jess Wolfe, a muchos nos hubiera gustado quedarnos a vivir en ese momento, pero era tiempo de ‘Run Like Hell’, ‘Brain Damage’, y ‘Eclipse’ y fue entonces que todas esas imágenes ochenteras en las cabezotas de los millennials al fin tuvieron sentido.

 

No había otra forma de concluir un concierto de Roger Waters que no fuera ‘Comfortably Numb’, pero antes de el cierre colosal, Waters nos aplicó otra manita de puerco emocional con ‘Vera’ y ‘Bring the Boys Back Home’, y solo que tuvieras atole en las venas, hubieras podido no llorar.

 

El sábado primero de octubre la historia fue ligeramente distinta. Me ubiqué desde las 4:00 p.m en la esquina de 16 de septiembre e Isabel la Católica para observar el fenómeno. Logré ver la emoción de miles de personas, familias completas, ancianos acompañando a sus nietos, niños, vendedores dando informes: “van a tocar los de Pin Floi” decían.

 

Unas adolescentes japonesas perdidas enloquecieron cuando les dije que Roger Waters tocaría en la Plaza de la Constitución. Vi como la euforia y el anhelo por vivir una aventura derrumbaron por al menos tres veces el débil muro de la autoridad a la voz de “¡Portazo, portazo!”. No había muros, había hermandad. No había juicios, había solidaridad.

 

 

Ocho de la noche en punto y un escenario perfecto enmarcaron ese sueño donde Roger Waters no fue el protagonista. Bastaba con ver las miradas y sentir la ligerísima llovizna sincronizada con el vaivén de los cuerpos.

 

Lo que pasó esa noche ya forma parte del soundtrack de nuestras vidas. La noche del primero de octubre cuando Roger Waters, el maniático, obsesivo y egocéntrico causante de la separación de una de las bandas más enigmáticas y populares de la historia, vino a México y tocó en el Zócalo de nuestra Ciudad, donde además le solicitó al presidente que renunciara y escuchara a su gente, y no sé, me gusta pensar que tal vez, en sus desmedidas ganas por querer llamar la atención, logró sembrar una semilla de esperanza y hermandad en el lugar más infértil de la tierra para ese propósito: México.

 

De The Who a Apple en un solo edificio

 

Muchos se desgarrarán las vestiduras, pero debemos apreciar la ironía de que el lugar utilizado para que Algie realizará su primer vuelo, se convierta pronto en parte del corporativo Apple. ‘Animals’ no solo simbolizaba la revuelta en la granja, contenía la crítica política y social que colocó a Pink Floyd lejos de la psicodélia y cerca del álbum concepto.

 

Aquella imagen que Roger Waters concibió junto con Storm Thorgerson alrededor de Battersea Power Station (la misma que vimos en el Zócalo hace unos días) ya estaba integrada en la cultura popular antes del disco de 1977, su perfil sobre Londres es tan reconocible que por esa misma razón trata de preservarse a través de varios proyectos, se propuso un centro nocturno hace algunos años, será una tienda y una oficina llena de manzanas electrónicas próximamente.

 

Apple anunció que instalará sus oficinas londinenses en la famosa antigua central eléctrica de Battersea, un icono de la ciudad, a orillas del río Támesis que desde 1983 dejó de operar y fue transformado en viviendas y oficinas de lujo, tal vez vimos un anticipo de eso cuando el director Alfonso Cuarón concibió Ark of the Arts, que contenía los artefactos más apreciados de la cultura (incluido Algie) en ese mismo edificio en su película ‘Children of Men’ (2006)

 

 

En realidad el edificio está presente en todos lados, se utilizó como símbolo de la decadencia post industrial en ‘RocknRolla’ (2008), recibió a los Beatles en 1965 para la película ‘Help!’ y fue testigo de la persecución desnuda de ‘The Meaning of Life’ (1983), hasta en el absurdo panorama de Monty Python la estación de energía tenía sentido, tanto como en ‘Superman III’ (1983) como en ‘The Dark Knight’ (2008).

 

 

Sin embargo la aparición más significativa de Battersea Power Station es parte del viaje de ‘Quadrophenia’, la ópera rock, el mapa y las pistas que nos dejó The Who en ese disco parten de ese punto en Londres. Jimmy The Mod fue fotografiado por Ethan Russell en Queenstown Road con el edificio al fondo, el panorama perfecto para llevarnos al instante en que mods y rockers se enfrentan en la playa de Brighton y el desorden de identidad que eventualmente será demostrado a través del sonido cuadrafónico.

 

El icónico LP doble inicia con esa imagen de Battersea Power Station, el impresionante booklet lleno de fotografías que recrean casi exactamente lo que escuchabas en ‘Quadrophenia’, nos llevaba del recuerdo urbano hasta llegar al mar. En 1973 el grupo transportó una idea, la cual próximamente encontrará un nuevo sentido en Apple.

Roger Waters en el Zócalo, todo lo que necesitas saber

Queda inaugurada la semana Roger Waters, que además de incluir dos conciertos en el Foro Sol y acto de presencia en la Cineteca Nacional para la premiere del documental “The Occupation of the American Mind”, el músico británico presentará el sábado 1 de octubre los momentos más importantes de la discografía de Pink Floyd en un concierto gratuito.

Si ya tienes listo tu boleto del metro para escuchar parte de ‘The Wall’, ‘Animals’, ‘Wish You Were Here’ y ‘Dark Side Of The Moon, te brindamos todos los detalles para que te prepares para el concierto.

Así decía #RogerWaters hace algunos años. Vendrá cerdo volador con algo alusivo a #Trump?

©Fernando Aceves. pic.twitter.com/uQquUuKkZp

— Fernando Aceves (@Jazzrockman) 25 de septiembre de 2016

En lo que se espera será el mejor inicio de rocktubre, las autoridades del Gobierno de la Ciudad de México calculan que al menos 200 mil personas acudirán al concierto, por lo que implicará el cierre de las calles aledañas desde días antes para realizar la instalación del escenario, pantallas gigantes y filtros de seguridad.

Se estima que con la realización del concierto de Roger Waters en la principal plaza pública de la ciudad, habrá una derrama económica de 60 millones de pesos y hasta el momento ya se ha realizado la reservación de todas las 60 o 70 habitaciones que dan a la plancha de los hoteles aledaños desde hace dos meses, sin embargo el Gran Hotel Ciudad de México tiene disponible un paquete de parrillada y vista desde la terraza por 2 mil pesos, el cual parece que ya se encuentra agotado. Por su parte el Hotel Zócalo Central realizará un brunch por 800 pesos de 13:00 a 21:00 horas, incluye buffet y bebidas, sin embargo si quieres un lugar tendrás que llegar temprano, ya que no aceptan reservaciones.

Si quieres vivir la otra exprencia, ten en cuenta que se implementará un operativo con el apoyo de elementos de seguridad pública, procuraduría capitalina y protección civil, encargados de realizar uno o dos filtros en las calles aledañas para evitar la introducción de bebidas alcohólicas, banderas, aerosoles y objetos punzocortantes. También se cerrarán las estaciones Allende y Zócalo del Metro y se impedirá que la gente acampe.

Recomendamos a la gente llegar con tres o cuatro horas de antelación al concierto, que empezará a las 20:00, y que utilicen el transporte público, no acudan con niños pequeños o bebés, ni con carreolas, y en caso de requerir atención médica o buscar a alguna persona extraviada, se acerquen a los módulos que estarán disponibles en los alrededores.

El acceso al evento se realizará desde temprana hora del sábado 1 de octubre, pero si no logras acceder a la plancha del Zócalo, se espera que se ubiquen pantallas gigantes con audio en las calles 5 de Febrero, Madero, 16 de Septiembre, República de Uruguay, Pino Suárez y Venustiano Carranza, tal como sucedió en concierto de Paul McCartney.

 

Actualización: Protección Civil te recomienda llevar una ‘Tarjeta de Seguridad’ que incluya tu nombre completo, número de teléfono, tipo de sangre y si utilizas algún medicamento o tienes alguna alergia. El formato se puede descargar de la página web.

¿Crees estar preparado? Entonces atiende el llamado de los fanáticos de Pink Floyd, lleva tu encendedor y prepáralo para ‘Another Brick In The Wall, PT. 2’.

 

El correo de Inglaterra lanza estampillas de Pink Floyd

Mientras Aubrey Powell continúa escribiendo al respecto y Storm Thorgerson sigue siendo recordado por su larga historia visual, acaba de aparecer un set de estampillas en honor a Pink Floyd, incluye algunas de las más conocidas portadas de sus discos, creadas por Hipgnosis.

 

Las 10 estampillas aparecen para celebrar el 50 aniversario del grupo, incluye las portadas de ‘The Piper at the Gates of Dawn’, ‘The Dark Side of the Moon’ y ‘Wish You Were Here’. El set podrá ser adquirido a partir del jueves 26 de mayo y estará disponible hasta el 7 de julio de 2016.

 

Distinguidos por sus locaciones y ambientaciones provocadoras salidas de una pintura surrealista, Hipgnosis fue una de las más grandes firmas de diseño gráfico de los 60 y 70. En el curso de 15 años de existencia produjo imágenes que ya se integraron completamente a la iconografía del rock y que liberaron nuevos temas y títulos para un nuevo lenguaje visual, uno en el que las representaciones teatrales, los trucos fotográficos y el diseño de logos jugaron un papel sumamente importante.

 

Formada por Storm Thorgerson y Aubrey Powell en Londres en 1968 (con la adición de Peter Christopherson en 1974), Hipgnosis se especializó en la fotografía creativa para la industria de la música y desarrolló algunas de las mejores portadas de Pink Floyd, Led Zeppelin, Electric Light Orchestra, Genesis, 10cc, Yes, Peter Gabriel, Black Sabbath, Rainbow, Syd Barrett, Scorpions y Styx, entre otros.

 

Hipgnosis supo aprovechar un momento de tolerancia y apertura hacia la experimentación, tanto del público como de los ejecutivos de las compañías discográficas. Siendo estudiantes de cine y arte, fueron capaces de explotar la portada del disco como un medio único donde es posible ajustar lo bizarro con una viabilidad comercial, términos que parecen tan contradictorios como su nombre: “hip”, lo nuevo y cool, y “gnosis”, el conocimiento espiritual y antiguo.

Los sentidos se abrieron

No conocía nada de Pink Floyd. No había tenido interés en conocerlo. Cuando era niño había conocido la música de Iron Butterfly, de los Doors, los Beatles, Don McLean, Led Zeppelin, Rolling Stones, Monkees, Elton John, Deep Purple, Grand Funk, Gino Vannelli, Doobie Brothers, pero nada de Pink Floyd. Y es que toda esta música la había conocido a través de mi hermano, seis años mayor que yo, de sus amigos y conocidos que aparecían con sus discos en la casa de mis papás.

 

Por mi parte, yo era generación pop. Cuando estaba solo optaba por escuchar lo que aparecía en la radio, en La Pantera, Radio Éxitos, Radio Capital, así que mi gusto era prácticamente comercial solo aderezado por estas filtraciones de jóvenes que, a su vez, eran “rockeros” de temporada, salvo algunas excepciones como mi amigo Martín y su hermano Carlos, que era como 10 años mayor que nosotros.

 

Carlos era clavadazo fan de los Beatles y de la psicodelia de finales de los sesenta, principio de los setenta. Viajaba todo el año a todos los grandes premios de Formula Uno y cuando regresaba a México siempre venia a la moda, en ropa, en forma de hablar, en la música que escuchaba. Fue el primer hippie que conocí, impresionado y fascinado al verlo con sus botas de plataforma, cabello largo a los hombros, chaleco, pantalones acampanados, colguijes, pulseras, barba, bigote desaliñados y un estilo único de hablar, mas cuando hablaba de la música que traía consigo y que nos ponía a Martín y a mi en el estéreo de su cuarto lleno de pósters de Hendrix, Jim Morrison, la famosa imagen de los Beatles en ‘Get Back’, Woodstock, Love Story, la icónica imagen del Che.

 

Mas clavado en el blues y en la protesta antiestablishment, Carlos era súper fánatico de Canned Heat, Ten Years After, Eric Clapton, BB King, Bob Dylan, Janis Joplin, Jimmi Hendrix, los Winter, con por supuesto toques psicodélicos de Jefferson Airplane, Grateful Dead, Genesis, y los infaltables The Who, Cream, y Beatles. Era entre miedo y encanto convivir en ese ambiente cargado de pachuli que siempre tenia esa sensación de estar haciendo “algo prohibido” subrayado por los sonidos del estéreo que no tenían nada que ver con la inofensiva música de esas estaciones de radio que yo escuchaba.

 

Así, Carlos se burlaba de mi preferencia musical, consecuencia de un oído comodino formado en la radio. Esta situación se prolongó por años, toda la década de los setenta, en donde el hippie de Carlos se convirtió en fotógrafo de Formula 1, Martín se clavo de lleno en la música para convertirse en un excelente armoniquista y yo continué con mi gusto comercial. Cada vez que nos veíamos surgía el debate sobre la música, aun cuando Martín se echaba sus bailes al ritmo de los Bee gees –¿quién no?- y Carlos se convirtió en un respetable padre de familia.

 

Pero llegó la universidad y en ella un grupo de “outsiders” que sentíamos que salíamos del estereotipo convencional de la Ibero y que nos agrupamos para vivir nuestra idea contemporánea de On The Road, “caifaneando” –como le llamábamos a nuestras incursiones nocturnas a los bares de ficheras en Avenida Chapultepec, a los asaltos exploratorios a vecindades de la Juárez, a la “gorra” que le aplicábamos a los compañeros adultos, novios de nuestras compañeras, que ingenuamente nos invitaban a bares o “discos” con la idea de que compartiríamos la cuenta y haciendo reuniones para escuchar música, “echar trago” y aspirar a escribir la nueva gran novela mexicana, “hacer una revolución comunista” –como afirmaba un miembro del grupo-, y crear la nueva comunicación nacional que rompiera con, cuando menos, Siempre en Domingo.

 

Fue en una de estas reuniones, una tarde nublada entre semana, en una casa de la calle Patricio Sanz en la Colonia Del Valle, que en ceremonia chamanística entramos al mundo del conejo gracias a las finas artes de un miembro del grupo que había conseguido el medio adecuado. Recuerdo perfectamente como esa sensación de estar en el cuarto de Carlos, rodeado de posters, “…take a little piece of my heart now baby…..” a todo volumen, haciendo algo prohibido, regreso a mi vida 8, 9 años después.

 

La vista de la hierba prohibida, el papel de arroz, el encendido y ese olor, olor que se sumaba a la sensación de estar al margen de la sociedad “decente”, todo, era una sensación magnifica de subversión, de liberación, de emoción acompañada de la típica “desilusión” del “no siento nada… pero deja de inflarte y desinflarte… ja ja ja… de veras, no siento nada…. Nada, soy aire, solo aire… ja ja ja”… tirándome a la cama viendo el techo, sintiendo el contacto del aire con mi piel, el colchón suavizando mi peso, la luz envolviendo mi presencia, la descomposición de las ideas en formas individuales que vistas una a una tomaban otro sentido… “ninguna palabra puede reinventarse… ni reinventarse… ja ja ja…”

 

Y en medio del espesor de la educación, las buenas costumbres, la formación familiar, los códigos de conducta… que poco a poco iban cayendo liberando a los sentidos, todos los sentidos, los 12 o 15 sentidos del momento, se conecto a mi oído una formación musical aparentemente absurda que de repente tuvo sentido. Absoluto sentido. Un sentido que no necesitaba explicación. No pedía explicación, solo la apertura del oído, de la imaginación, a través de todos los parámetros convencionales, rigurosos, ensamblándose perfectamente en la rota geometría que en ese momento mi cerebro dejaba escapar. ‘Animals’ era el nombre del ruido que sonaba a una autentica revolución de colores auditivos que recordé, en medio del viaje, ya había escuchado, seguramente con Carlos y Martín y que no había entendido ni disfrutado, y que ahora eran mágicos sonidos que verdaderamente estaban acariciándome, divirtiéndome, seduciéndome, llevándome.

 

Cuando todo termino, mi sorpresa fue que la puerta había quedado abierta. Escuché el ‘Dark Side Of The Moon’, ‘Ummagumma’, ‘Wish You Were Here’, y esa sensación liberadora la volví a encontrar sin necesidad de ningún aditivo. Como si la primera experiencia de acercamiento a Pink Floyd libre de prejuicios, de parámetros rigurosos, me hubiera permitido aceptar sus sonidos, comprenderlos sin necesidad de explícarmelos, y disfrutarlos de ahí en adelante.

 

Aunque mi descubrimiento de Pink Floyd encuadra en el perfecto cliché, la verdad es que el seguimiento de su música a lo largo de todos estos años, me ha llevado por mundos maravillosos que reconfortan el alma en momentos de angustia, incrementan una buena tarde al sol sobre el mar, me han comunicado sensorialmente con seres humanos a través de nuestras emociones, seguro de estar escuchando una de las aportaciones mas descabelladas, geniales y bellas al mundo de la música de todos los tiempos.

Pink Floyd vs Punk

Parece una contradicción, ayer portaba orgullosamente una camiseta de ‘Never Mind The Bollocks, Here’s the Sex Pistols’ y hoy tengo que escribir de Pink Floyd, sin embargo a eso tengo una respuesta: “Is she really going out with him? / Ah!”.

 

Herencia de una relación muy lejana de la cual ya recuerdo muy poco, conservo muchos lazos con Pink Floyd, a diferencia de algunos que iniciaron con ‘The Wall’ o ‘The Dark Side of The Moon’, mi punto de partida fue un álbum que estaba en oferta en Gigante Miramontes (si, antes también podíamos encontrar discos en el súper mercado), la imagen de “cerditos en el espacioooooo” llamó completamente mi atención, fue mi primer encuentro con Algie y ‘Animals’, el primer disco que compré con plena consciencia y con el que pasé demasiadas tardes de la adolescencia descubriendo cada instante con audífonos, hipnotizada con lo que nunca había escuchado.

 

Por exceso de música dejé durante mucho tiempo mi relación con Pink Floyd, un grupo que hasta que entré a Rock 101 empecé a descomponer en canciones en mp3, antes de eso nunca me había atrevido a fragmentar los álbumes, para mi escuchar al grupo significaba reproducir el álbum completo (sigue siendo así). El lazo nuevamente se estableció nuevamente con ‘Inside Out. A Personal History of Pink Floyd’, libro de Nick Mason en el que no descubrí tanto la música del grupo, pero si la múltiples anécdotas que rodean cada producción, la evolución visual del grupo en vivo (con el paso por el famoso concierto The 14 Hour Technicolor Dream, la pirotecnia no controlada y explosiones de equipo), las crónicas de Algie (el cerdo de ‘Animals’ que debería tener su propio libro) y sus múltiples intercambios de música para películas experimentales por imágenes únicas para sus conciertos.

 

Posiblemente muchos de esos detalles valdría la pena comentarlos en otra ocasión, pero éste texto es sobre la conocida relación de odio entre el punk y Pink Floyd, gracias a los largos pasajes de virtuosismo que motivaron el DIY corto, agresivo y directo.

 

Siempre había leído sobre ese momento desde la perspectiva de Johnny Rotten y toda la horda punk, sin embargo en el libro Mason se toma un momento para hablar de su postura en 1977, cuando el punk dijo que odiaba a Pink Floyd por la indulgencia de lanzar un álbum concepto de sólo seis canciones (una de ellas de 17 minutos), liberar un cerdo gigantesco en el aire tan sólo para crear una portada y realizar una de las giras de promoción más caras que se hayan realizado en esa época.

 

A diferencia de los pasajes psicodélicos y experimentales, para los críticos ‘Animals’ era más agresivo de lo que se esperaba de Pink Floyd, eso se debió a Britannia Row, el estudio de grabación que crearon después de ‘Wish You Were Here’, con el llamado rock de dinosaurios transformándose debido a otras visitas que portaban en el exterior la camiseta “I hate Pink Floyd”.

 

El punk fue una reacción a las compañías disqueras que decidieron concentrarse en las bandas que brindaban ganancias (entre otras cosas), sin arriesgarse a buscar las diferencias, financieramente es justificable, pero eso deja fuera el talento y lo inesperado. Para 1977 el movimiento punk fue el momento en que Pink Floyd se encontró en medio de esa revolución, muy parecida a la que perteneció cuando estaba en el underground entre 1966 y 1967, pero ahora era la figura contra la que se luchaba. Una completa ironía.

 

Sin embargo, a pesar de ser el enemigo y una muestra del arcaico rock contra el que se protestaba, Pink Floyd logró que muchas de las grabaciones del punk no fueran una muestra de texturas inaudibles, su estudio Britannia Row albergó a todas las bandas de la época, incluido The Damned. El grupo originalmente quería a Syd Barrett como productor, pero por obvias y lisérgicas razones no fue posible, Nick Mason no fue el encargado de darle su distintivo toque al sencillo ‘New Rose’ (1976), una canción que descubrí como un riff de una cortinilla de MTV, pero inesperadamente unió a ‘Animals’ (1977) y una de mis bandas favoritas con el punk a través del disco que produjo el baterista, ‘Music for Pleasure’ (1977). Desde entonces repito “Is she really going out with him? / Ah!” y lo acompaño de un “ha ha charade you are”.

Syd Barrett – Under Review

Toda persona que ha mostrado un mínimo interés en la historia de Pink Floyd se ha topado con Syd Barrett, personaje tan fugaz y enigmático que en medio de su retiro dentro de su propio cerebro siguió generando verdaderas leyendas. Hoy recordamos en su cumpleaños número 70 al primer líder, cantante, guitarrista y compositor de la banda, Barrett convirtió a Pink Floyd en ese grupo psicodélico y progresivo que de solo escucharlo podías ver claramente imágenes caleidoscópicas, algo que estaba más cercano a sus experimentos con el LSD que a esos músicos de blues underground Pink Anderson y Floyd Council.

Su abuso de drogas psicodélicas fue afectándole cada vez más, mostrándose incapaz de actuar o pensar con coherencia, algo que para cualquier vocalista de rock es la medida adecuada, sin embargo Syd Barrett pasó esa delgada línea y cruzó hacia un terreno que aún a través de discos como ‘Dark Side Of The Moon’, ‘Wish You Were Here’ y ‘The Wall’ el resto de Pink Floyd trató de entender.

Aún después de ser desterrado de su propio grupo, Syd Barrett intentó continuar en la música con ayuda del músico que lo sustituyó en Pink Floyd, David Gilmour. De ese periodo a la fecha han surgido todas las leyendas alrededor del genio de Syd, que si pintaba de rojo todos los días su puerta, que si su atención estaba centrada en la televisión, que si subió 40 kilos y no había rasgo de ese carismático joven que alguna vez fue, que si no reconocía a nadie más que a su madre y un largo etcétera, etcétera.

De ese largo periodo post-Pink Floyd surgió ‘Syd Barrett- Under Review’, un excelente DVD que muestra raras imágenes en vivo y en el estudio de grabación, donde todavía se muestra ese brillo que se apagó. Y justo para aumentar el culto a Barrett (que es protagonista de cientos de anécdotas de los discos de Pink Floyd y de múltiples libros), el DVD incluye los comentarios de Chris Welch, colaborador de Melody Maker en la década de los 60 y que presenció el fulgor de Syd Barrett.

También aparece uno de los tantos biografos de Barrett, el experto David Parker; el editor de la revista Uncut, Nigel Williamson; el bajista original de Soft Machine, que apoyó a Syd en el disco ‘Madcap Laughs’, Hugh Hopper; y una larga serie de periodistas que estuvieron presentes cuando Syd brillaba más que nunca.

Este DVD te dará múltiples pistas de lo que fue (vídeo, audio, archivos), pero sobre todo te dejará conocer la música que pudo ser el sonido de Pink Floyd varios años después. Junto con su música como solista, también aparecen las primeras presentaciones de Pink Floyd en el club UFO presentando ‘Arnold Lane’, ‘See Emily Play’, ‘Jugband Blues’ y ‘Apples And Oranges’.

50 años sumergidos en la comunidad Pink Floyd

No fue escuchar ‘Animals’ en vinilo, con un equipo de sonido que permitía sentir cada textura ubicada de forma precisa en los surcos; tampoco conmoverse con homenajes  de auténticos fanartist mientras buscaban transmitir su obsesión sonora; ni dejarse llevar por los connaisseurs a través de la historia y el ensayo de sus experiencias, no fue eso lo más fascinante de Pink Floyd el pasado fin de semana en el festival realizado en el Centro Nacional de las Artes, fue la comunidad que se formó entorno a este mundo sonoro fantástico, político y humano dónde todos somos al menos un personaje.

 

Un crisol de fanáticos, entusiastas y descubridores recorrimos cada uno de los espacios sensoriales que se mantuvieron abiertos para todos, en un espacio diseñado para la interacción, el ritual, la introspección sonora y el debate. Cada zona pensada de, forma orgánica, para la interacción con Pink Floyd. Tanto la Plaza de las Artes como la Aula Magna José Vasconcelos fueron los centros neurálgicos que parecieron diseñados ad hoc para dar lugar al Pink Floyd Fest. Cinco décadas escuchando los mismos sonidos y cada uno encontrando diferentes historias.

 

 

El Cenart funcionó como un facilitador para recibir de lleno la experiencia floydiana con una curaduría tan rica y heterogénea como el mismo Pink Floyd lo permite en una experiencia multimedia. Cada uno de los elementos que forman el microcosmos del grupo estuvo presente.

 

Tener contacto directo con quienes han estado del mismo lado histórico de la banda, convivir con quienes conocieron y compartieron el espacio-tiempo de una época en convulsión artística y social nos hace íntimos con Floyd.

 

 

Personajes como el Dr. Caraveo locutor mítico y activo de Radio Alicia, Juan Carlos Colín, Oscar Sarquis, Alex Rubli, David Cortés o Xavier Quirarte compartieron desde la experiencia y la vivencia radial o vinílica un mundo que sonaba diferente y que fuera punto de partida, para muchos, para descubrir nuevos panoramas sonoros.

 

Permitiéndose expandir en anécdotas musicales, biográficas empapadas de referencias oscuras, por ejemplo la sobriedad lisérgica de la mayoría de los miembros o la importancia de Bob Klose para el grupo tienen un impacto real, acercan al mito sonoro para humanizarlo y hacerlo asequible para un público ávido de enchufarse en la textura. O la fotografías inéditas de Fernando Aceves que muestran un Pink Floyd fragmentado por la tecnología y la “Institución Floyd”. Entre el cotilleo de datos curiosos y ejemplos sonoros hicieron la portada perfecta de un festival memorable.

 

 

También las voces jóvenes fueron importantes, herederos de los sonidos patriarcales o de hermanos mayores sienten al grupo cercano. Desde el aspecto musical hasta el literario, desmembrando cada elemento artístico como el concepto de diseño en las portadas, la arquitectura en la composición y construcción de las obras musicales, la importancia y dedicación de cada miembro en la ingeniería de audio y el “concepto” como un conductor de la idea.

 

Escuchar a Glenn Povey fan, clavado musical y biógrafo del grupo (‘In The Flesh’, 1998 y ‘Echoes’, 2010), que ha convivido tanto con el arte como con el objeto de nuestro afecto, que ha recorrido cada surco sonoro y humano puede aportar al público una gama de sensaciones que trascienden el mismo hecho de escuchar a Pink Floyd en vivo -experiencia inigualable- en una intimidad generosa. O la emoción que transmite Roddy Bogawa documentalista de Syd Barret, que sin llegar a revelaciones da cuenta de una visión diferente sobre un personaje del que se ha hablado y cantado mucho, su importancia más allá del mundo Floyd.

 

Cada uno de ellos, cercanos a la historia y que no son “el primo de un amigo de un amigo” fueron guías y gurús en el recorrido de una banda “sin límites técnicos, económicos y creativos”.

 

Lo audiovisual, fue el invitado especial, permitiendo acercarnos a diferentes versiones de Pink Floyd. Una, la más pura, original y sin transformación que sólo puede tenerse en un vinilo reproducido en un aparato cuadrafónico – o Margules mexicano- que permite descubrir todas las texturas que se pierden con la remasterización de la idea. Esto nos permitió (a quienes el acetato no llegó) el descubrimiento de toda una capa de texturas que se ha perdido tras la compresión de los archivos y su trasmutación al plano digital, nos mostró vivo al elemento sonoro y con ello la superpervivencia de la obra.

 

 

Otra en vivo. Las bandas tributo son todo un riesgo. Desde los que imitan con cueros y pelucas –que no pulsan una nota-hasta quienes se creen ungidos por el espíritu que interpretan y pulsan cada sonido con memorización perfecta pero se olvidan del alma musical no son ni serán lo que esperamos escuchar. La Atom Heart Band o Ekos tienen espíritu, y demuestran que Pink Floyd puede ser interpretado y apreciado más allá de los conceptos y los preciosismos. El público no espera más que la interpretación en vivo de una idea musical, que es bien ejecutada y entendida, aplaudimos porque el simple hecho de personificar la música nos acerca al concepto original.

#F101, las consecuencias de poseer una bestia

Adrenalina y ritmo, autos y música, comparten casi el mismo espíritu. No es ninguna coincidencia que existan cientos de canciones escritas sobre los coches y la sensación de la velocidad mientras que el lodo salta en el parabrisas y el olor a llanta quemada se percibe en el aire, ambos alimentan la idea de poder, movilidad, emoción e incluso la consecuencia de poseer una bestia

 

Rock and Roll y hot rods, casi fueron inventados exactamente en el mismo punto de la historia, ambos eran la culminación de una larga marcha hacia el progreso impulsado por la electricidad y la potencia del motor V8. Los grandes movimientos de la juventud del siglo XX en la era de la posguerra fueron alimentadas por barras calientes y kilómetros de música.

 

El movimiento de esas ruedas literalmente ha hecho girar al rock, el sonido del motor fue la banda sonora de Pink Floyd mientras sus integrantes participaban en la carrera Panamericana en 1991 y ha sido la obsesión de Jeff Beck, Brian Johnson, Jay Kay, Mark Knopfler y Bruce Springsteen, coleccionistas que nos hacen pensar en las voluptuosas curvas por las que circulará el low rider de rock101online.mx el próximo jueves 29 de octubre en un especial de 10 am a 8 pm dedicado completamente a la música inspirada por el ronronear de un motor, comuníquense con nosotros con el hashtag #F101.

Daft Punk detrás de los cascos

Mientras los actos de shock rock se regodean en el maquillaje para lograr un impacto, la música electrónica tiene otro tipo de relación con el cosplay. El acto de desaparecer dentro del disfraz se convierte en el elemento que en vez de anonimato brinda distinción masiva, la representación del ente se convierte en el centro de atención y brinda ideas para extender la representación.

 

Lo que para The Knife y Deadmau5 es un atributo sobre el escenario, para actos como The Residents, Ghost y Daft Punk es la oportunidad de desaparecer al fondo, el concepto se vuelve vital y es la herramienta que les permite continuar con una vida normal sin tener que crear un muro como el que Roger Waters construyó para separar a Pink Floyd de la fama y sus seguidores.

 

Así como sucedió con ‘The Wall’ y las múltiples explicaciones que se han escrito del álbum concepto, surge la necesidad de explicar y escudriñar en la historia. Afortunadamente no todo se trata de conocer a las personas dentro del disfraz, sino la idea detrás de su creación, por eso se vuelve imperdible el mini documental que realizó Mixmag sobre los característicos cascos de Daft Punk, que en pocos minutos explica el trabajo del artista de efectos especiales Tony Gardner, la persona que está dejando ir un gran negocio, sobre todo si consideramos que está en el top 10 de reproducciones caseras para día de brujas.

 

Los cascos robóticos usados por Thomas Bangalter y Guy Manuel de Homem Christo son uno de los elementos más emblemáticos que ha tenido un artista en los últimos años, lo que originalmente inició como máscaras que dejaron a los fans intrigados por el misterio de las caras detrás de ellas, evolucionó a cascos que han mostrado diversos cambios y etapas en la historia de Daft Punk.

No te pierdas a las 9:00 horas #Sonorock 9, dedicado a la discografía de Daft Punk. 

28 de septiembre – Semblanza

29 de septiembre – ‘Homework’

30 de septiembre – ‘Discovery’

1 de octubre – ‘Human After All’

2 de octubre – ‘Alive’

5 de octubre – ‘Random Access Memories’

Baloncesto y música en un solo tenis

El diseñador danés Patso Dimitrov reunió su gusto por las portadas de discos y los tenis para básquetbol para crear una serie de clásicos en la línea NIKE KD 8 que muestran álbumes de Daft Punk, Guns n’ Roses, Joy Division y Pink Floyd.

La serie reúne en un solo lienzo, en forma de tenis por supuesto, motivos, símbolos y colocres relacionados con el arte clásico del álbum, lo lleva a la suela, al interior y la textura, Dimitrov recrea “Dark Side of The Moon” de Pink Floyd, “Unknown Pleasures” de Joy Division, “Alive” de Daft Punk y “Appetite for Destruction” de Guns n’ Roses, a cada tenis le otorga una paleta de colores única y con características que nos hacen pensar que inmediatamente tenemos que iniciar una nueva colección.

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