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El Hombre en el Castillo, dos veces Dick

Es 1962, para nosotros son tiempos tiempos de la Guerra Fría, pero ese no es un tema para Philip K. Dick, el escritor se enfocó en uno de esos tantos “si hubiera” que levantan muchas especulaciones, uno de ellos es el mundo alternativo narrado en ‘El Hombre en el Castillo’, donde las potencias del Eje ganaron la Segunda Guerra Mundial y se dividieron el planeta, por consecuencia los alemanes continuaron con el exterminio de judíos y lo extendieron hacia toa la población de África, mientras que los italianos simplemente se sometieron y los japoneses descubrieron una nueva fascinación por toda la memorabilia de la historia americana anterior a la guerra.

A principios del 2015 Amazon nos dio un pequeño fragmento de lo que ese mundo distópico podría ser, transformándolo en una serie web que olímpicamente ha pasado desapercibida por la temporada de premios. La adpatación de la novela de Dick nos sitúa sin tantas vueltas en la costa del Atlántico de Estados Unidos, el territorio nazi desde 1947 donde se ha instaurado un régimen racista y de terror, la costa del Pacífico está en manos japonesas, para ambos bandos los estadounidenses son ciudadanos de segunda clase que observan en silencio como se gesta una posible guerra entre Alemania y Japón.

En los 10 episodios tal vez no observamos tanto el coleccionismo de “artículos artesanales americanos” y la continua necesidad de verificar todo con el I Ching, sin embargo si percibimos en ‘El Hombre en el Castillo’ la estructura básica que el mismo ‘Libro de los Cambios’ se encarga de contradecir a lo largo de la historia, cada consulta al oráculo nos lleva a la posibilidad que marca otro de los ejes centrales de ésta historia. La serie producida por Ridley Scott nos acerca una vez más a ‘El libro La Langosta Se Ha Posado’, escrito por un tal Hawthorne Abendsen, donde informa a través de una historia novelada que esa amarga derrota no tuvo lugar en el mundo real, revelando que la humanidad podría estar sufriendo un delirio colectivo dentro de un juego de percepciones y contrarrealidades que nos llevan a pensar en esas otras sospechosas capas que el propio Phillip K. Dick percibía en su vida.

Tanto la novela como la serie son sobre lo abstracto y lo visible, de un mundo contaminado que no percibe la falsedad, el hombre en el castillo (que por supuesto tampoco vive en tal lugar) es una persona que antepercibe el universo y espera abrir esa ventana de probabilidades a otros, sin embargo para lograr que la langosta se pose es necesario mostrar que lo que se toca no es precisamente real y lo que el oráculo intenta revelar con cada exagráma es otra historia enmascarada por la ficción.

Es, como muchos otros libros de Phillip K. Dick, un cuestionamiento sobre la historia, quién la cuenta, quién la escribe, quién la retuerce para sus propios fines y, en el caso de la serie, una de esas historias que no ganará toneladas de premios, pero sin duda atrapa con sus premisas, las imágenes y los instantes en que una película prohibida revela una verdad que parece oculta a la vista de todos.

¿Los marcianos todavía existen o ellos también son solo una ilusión?

Cuando el robot Curitosity amartizó exitosamente el lunes 6 de agosto de 2012 los sueños locos de los escritores de ciencia ficción se dispararon, todo por las primeras imágenes, que a pesar de no mostrar mucho hablan de una misión para buscar materia orgánica en el planeta rojo, componente esencial en todas las formas de vida que conocemos. Hoy, 28 de septiembre de 2015 volvemos a enloquecer y hasta empezamos a hacer nuestras maletas, la NASA reporta que el planeta rojo no es tan seco como pensábamos o lo veíamos a la distancia, hay agua salada líquida en el planeta.

 

Mientras los poetas observan la luna, Marte se coloca como el planeta de la ciencia ficción. Con sus dos lunas se convierte en el enigma donde resulta encantador que los marcianos bailen cha cha cha y sean tan bonachones como los de las ‘Crónicas Marcianas’ de Trino, es el lugar donde las pinturas surrealistas absorben su superficie roja a través de Salvador Dalí y la duda de David Bowie se extiende hasta la NASA, preguntando insistentemente: ¿hay vida en marte?

 

 

Seguimos sin conocer la respuesta, aunque Philip K. Dick y Ray Bradbury tal vez ya están poniendo palomitas en su lista de probabilidades, por algo no hablaban de saturninos o venusinos, y se concentraron en la vida en el cuarto planeta del sol para crear la ficción del cuento ‘We Can Remember It for You Wholesale’ (adaptado dos veces al cine como ‘Total Recall’ y donde Marte es como un viaje a Cuba) y la serie de cuentos entrelazados de las ‘Crónicas Marcianas’ (cuyo primer cuento nos hace temer por los primeros exploradores).

 

La colección de historias sobre Marte se extiende más allá de la colonización, la implantación de recuerdos o el futurismo de la estación del metro Chabacano, incluso se sumerge en la política marciana, como lo hicieron Edgar Rice Burroughs en ‘The Martian Tales’, Robert Heinlein en ‘Stranger in a Strange Land’ y Kim Stanley Robinson en su trilogía ‘Red Mars’, ‘Green Mars’ y ‘Blue Mars’. A final de cuentas todos, incluso los que bailan cha cha cha, hablan sobre periodos de impacto en la vida de los individuos involucrados, con sus heroicas y trágicas consecuencias.

 

La idea principal es que los marcianos poseen un conocimiento más allá del entendimiento terrestre, con habilidades telepáticas y la capacidad de crear ilusiones, en otros casos es una parada más en el espacio y refugio de exiliados de diversos planetas al estilo Douglas Adams. En el caso de Ray Bradbury los primeros en dirigirse en forma masiva al planeta fueron los rebeldes, inconformes y los afroamericanos, por supuesto que el libro fue escrito en plena era de lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. En la literatura los rumores de avistamientos de marcianos son algo común, pero todos las expediciones desaparecen sin dejar rastro. La pregunta continúa ¿Los marcianos todavía existen o ellos también son solo una ilusión?

 

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