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Peter Saville: Arte y gráfica a nivel de tela

 

Colección urbana y radical, así se definen las 100 piezas que unen a Peter Saville con Paco Rabanne en el 2016, una empatía de cultura popular que permite al diseñador gráfico más impuntual de Manchester encontrarse con Julien Dossena, el actual director artístico de la etiqueta Paco Rabanne, para generar una línea donde el arte y las gráficas parecen libros pictóricos plasmados en telas.

 

Como gran parte del trabajo anterior del diseñador, la inspiración proviene de un libro, en este caso las 100 piezas de edición limitada parten de ‘Nues’ (1969) de Jean Clemmer, un material que es absorbido por Peter Saville, quien al ser conocido por su impuntualidad (razón por la que no se le pidió el diseño de portada del libro de Tony Wilson), esta vez encontró el tiempo justo para cumplir con las expectativas de la marca Paco Rabanne, con la que colabora desde el 2013.

 

Saville ya es todo un diseñador profesional, lejos de las flexibles reglas de La Hacienda o Factory Records, han quedado lejos los días en que la solución a su impuntualidad era regalar carteles y boletos como recuerdos, también ya está en otra liga donde el enamoramiento con un floppy disc (que terminó en ‘Blue Monday’ de New Order) ya no sería una limitante económica.

 

No había muchos diseños minimalistas y modernistas en el Reino Unido antes de Saville. Su interés en el arte constructivista ruso fue transferido a Factory Records y a su búsqueda por tener un impacto duradero en la escena post-punk. Fue visualmente llamativo en el contexto que emergió, en un periodo donde el punk se inclinaba por lo burdo y de bajo presupuesto, el estilo impuesto por Jamie Reid, sin embargo el trabajo de Saville para Factory logró sobresalir y manifestó enteramente la aversión de su director Tony Wilson de utilizar imágenes de los integrantes de la banda en las fundas de los discos.

 

 

Ningún grupo le dio una dirección creativa y Saville realmente no escuchó los álbumes de las bandas para las que trabajó, pero aún así como Director de Arte de Factory logró establecer una cercanía entre diseño/música que más tarde fue evidente en las producciones de 4AD (con el trabajo de Vaughan Oliver y Chris Bigg como 23 Envelope), Warp (que otorgó libertad creativa a Designers Republic) e incluso en la relación de Björk con Me Company.

 

Famoso por las 100 pulsaciones sucesivas de “Unknown Pleasures”, debut de Joy Division, y el diseño del disco “Blue Monday” de New Order, que casi mató a Factory y que a la larga ocasionó pérdidas al sello por la venta de cada copia, Saville se ha mantenido como unos de los diseñadores más venerados por su capacidad para llevar la calidad de una funda a un extremo inconcebible antes de él y por tomar como fuente de inspiración el mundo fuera de la cultura pop, utilizando fotografías de Bernard Pierre Wolff y Trevor Key, dibujos, pinturas de Henri Fantin-Latour y Giorgio de Chirico, esculturas y elementos gráficos puros para crear nuevos iconos para la cultura popular.

 

Durante los 80, y todavía principios de los 90, Saville no encontró límite a sus ideas minimalistas y aún así visualmente interesantes, que a la larga probaron ser tan eternas e influyentes como la música que envolvieron, sin embargo cuando entró en sus cuarentas se empezó a sentir incómodo con el diseño de productos orientados a los jóvenes, cómo álbumes y sencillos, que creativamente lo frustraban con el limitado espacio que ofrecía el disco compacto.

 

Los proyectos de identidad ya no eran un reto creativo para él, la solución llegó cuando una nueva generación de músicos visualmente sofisticados, que descubrieron sus trabajos en la adolescencia, lo cortejó como clientes. Bandas como Pulp y Suede tenían ideas específicas de lo que ellos – y sus fans – querían ver, para alivio de Saville le pidieron realizar su propio concepto visual y le permitieron crear el arte de una generación que él ya no parecía entender. Su aparente retiro de las portadas, que le permitió adentrarse en el diseño y las fotografías publicitarias, no se ha completado todavía, porque insiste en trabajar con New Order y todavía realiza unos pocos trabajos de diseño para la música.

El pulso entre Joy Division y Disney

En cuánto ves el pulso vibrando sobre el lienzo negro piensas en Joy División, el increíble disco ‘Unknown Pleasures’, Factory Records y los distintivos diseños de Peter Saville, sin embargo gracias a Disney algunos no tan involucrados con el sonido de Manchester también pensarán en Mickey Mouse. Definitivamente son tiempos curiosos para hablar de derechos de autor, imágenes del dominio público y apropiación de símbolos de un lado para mezclarlos con otra ideología.

 

Muchos dicen que por la fabricación de camisetas de Disney con la legendaria imagen de ‘Unknown Pleasures’ debería haber demandas, como la que sostuvo The Velvet Underground contra los herederos de Andy Warhol por el uso de la portada de su primer disco en una campaña de Apple, pero posiblemente no las habrá por detalles que tienen que ver con la historia de Joy Division y los diseños de Peter Saville. Por eso sabemos que el ratón de 87 años sale impune, el trato de persecusión que ha brindado a quienes han quebrantado esa extensión de derechos de autor que recibió como ragalo cuando cumplió 50 años, se aplica a todos, menos a él.

Debemos empezar por un simple hecho, Joy Division junto con Factory Records nunca generó dinero, incluso perdían con cada cosa que hacían, los integrantes sobrevivientes de la banda obtuvieron verdaderas ganancias gracias al furor de los últimos años, pero no antes, y como explicó Peter Hook durante una sesión de preguntas y respuestas en la presentación del documental Joy Division, a pesar de las dudas de los recaudadores de impuestos sobre la veracidad de su contabilidad y el hecho de que veían playeras con la imagen de Unknown Pleasures por todos lados, la banda nunca comercializó esas camisetas hasta los 90, cuando hicieron la mercancía de New Order.

 

 

A eso también debemos agregar que la filosofía de Tony Wilson se basaba en la libertad de todos los que trabajaban para Factory Records, ninguna imagen fue registrada y el único contrato que existió con Joy Division fue el que firmó con su propia sangre.

 

 

El otro punto es que la imagen utilizada por Peter Saville en Unknown Pleasures, aunque fue tomada de la Enciclopedia Británica y a su vez pertenece a la gráfica de investigación de Jerry Ostriker publicada en la revista Scientific American en 1971, está libre de derechos de autor y es del dominio público. Por lo tanto, aunque odiemos el uso de uno de los iconos de la música para formar una reconocible silueta, Disney la libra hábilmente promoviendo la camiseta como “inspirada en”, pero en ningún momento vemos las palabras Joy Division en el producto.

 

Claro que entender a Mickey Mouse y a Ian Curtis en un mismo contexto, siendo puntos opuestos de cualquier motivo cultural, emocional o incluso en tono de voz, nos hace sentir algo incómodos. Lo que nos queda es el fondo, en este caso no de Joy Division, sino del trabajo de Peter Saville, que junto con Tony Wilson sentía cierta aversión a utilizar imágenes de los integrantes de la banda en las fundas de los discos.

 

De esa forma tuvo una amplia dirección creativa, una que incluso permitía que el diseñador no tuviera que escuchar los álbumes de las bandas para las que trabajaba. Como las pulsaciones de Unknown Pleasures, las portadas de los discos creados por él son distintivas, no tenían que ver con identidad sino con arte, ideas minimalistas y aún así visualmente interesantes.

 

 

Sin duda por $24.95 obtendrás “algo inspirado en” que todos reconocemos, sin embargo a mi me gusta pensar que la gente de la compañía de productos infantiles no consideró que iban a ser relacionados con una banda cuyo nombre hace referencia a la división de esclavas sexuales de los campos de concentración nazis, letras crípticas sobre control,  fracaso, frialdad, oscuridad, presión o caminar en el silencio, sin olvidar que su vocalista cometió suicidó.

 

Sabemos que todo es sobre colocación de producto junto con la frase “we make money, not art” y el continuo uso y apropiación de elementos culturales que fácilmente nos harían entrar en el área de SOPA, PIPA, ACTA, Ley Sinde, Ley Döring, Copyright y Copyleft, además del recuerdo de que Walt Disney inició plagiando la canción Turkey in the Straw y la película Steamboat Bill Jr. para el primer corto de su ratón. Sin embargo hay otras cuestiones detrás del pulso.

 

En 101 palabras

Hace algunos años dos legendarios diseñadores de fundas de discos, Peter Saville (Factory Records) y Sir Peter Blake (The Beatles, entre otros), pronunciaron que el arte del álbum había muerto, cuando el mp3 mostró una increíble portabilidad pero con la carencia de los elementos que nos hacían soñar escuchando música, comprendimos totalmente su declaración. La forma en que la música articulaba imágenes de forma tan íntima se había reducido dramáticamente, en menos de 15 años pasamos del gran formato de 31 centímetros por lado a un lienzo del tamaño de una servilleta a una imagen mínima del tamaño de un timbre postal, pero ahí vamos de regreso y con diversos giros.

Ahora que nos encontramos entre la convergencia del LP y el mp3, la identidad de cualquier banda y su lazo sentimental y profesional nos hace buscar la definición del arte pop. Mientras la nostalgia del vinilo atrapa a algunos, otros buscan desarrollar un arte que sea relevante en el mundo digital, Arcade Fire y el equipo de diseño de AATOAA sabían colocaron todo en un sólo JPG, The Suburbs era una combinación de todas las eras para lograr una conexión certera entre banda-música-audiencia, querían encontrar la forma de acercarnos a la experiencia de hace más de 20 años, lograr algo similar pero con las limitaciones actuales del formato.

Anclados en la era del CD que algunos ya no usan tanto, los experimentos con arte sincronizado de Arcade Fire, muchos estudios de diseño han decidido crear grandes objetos de colección, que obligan a los seguidores de un grupo a comprar algo más que un disco. Si las ediciones normales ofrecen una gran portada y música excelente, la edición limitada es la que presenta el mayor atractivo (y el reto de busar el mejor lugar para colocarla en la casa). Y ahí es donde entra totem, el objeto que solía servir como emblema de una familia o un clan o un símbolo reverenciado, y Matthew Dear, que para su tercera producción discográfica quería algo excepcional, que retara y recompensara a la misma música. Buscaba algo más que una edición limitada, quería ofrecer una propuesta para reconsiderar nuestra relación con la música en la era digital.

El objeto nombrado The MDBC Totem fue creado por el sello Ghostly International y los diseñadores de producto Constantin y Laurene Boym de Boym Partners, quienes se especializan en objetos pequeños pero con una gran resonancia cultural. Es tanto una escultura como una representación visual de los temas explorados en el disco Black City de Matthew Dear, pero también es un vehículo de la misma música.

Matthew Dear – MDBC Totem from Ghostly International on Vimeo.

 

Después de pensar el arte que se encoje, el que se anima, el que crece y el que desaparece, nos encontramos con el diseñador Robert Beatty, que creó la portada de “Currents” de Tame Impala, un claro regreso a los grandes años del vinilo en aerógrafo y la estética de ojo casi mágico que corresponde claramente al sonido de sintetizadores, capas de detalles y el ritmo setentero creado por Kevin Parker.

Kevin Parker tenía un claro concepto en mente, pero fue una libre interpretación de esas ideas por parte del diseñador, un vórtex que fluye turbulentamente en una especie de líquido psicodélico, pero sin verse retro, eso se debe a que no fue realizado con los elementos de la vieja época, fue creado con Adobe Illustrator y Photoshop, pero inspirado por las creaciones del italiano Franco Grignani para los libros de ciencia ficción de Penguin en los 70 y los collages fotográficos de la época. Es un claro ejemplo de como una imagen puede reflejar el proceso creativo de un material.

Escucha a Karina Cabrera en Sonic Arsenal los martes, miércoles y jueves de 14:00 a 18:00 horas.

Peter Saville, la visión de Madchester y el código FAC

 

No había muchos diseños minimalistas y modernistas en el Reino Unido antes de Peter Saville. Su interés en el arte constructivista ruso fue transferido a Factory Records y a su búsqueda por tener un impacto duradero en la escena post-punk. Fue visualmente llamativo en el contexto que emergió, en un periodo donde el punk se inclinaba por lo burdo y de bajo presupuesto, el estilo impuesto por Jamie Reid, sin embargo el trabajo de Saville para Factory logró sobresalir y manifestó enteramente la aversión de su director Tony Wilson de utilizar imágenes de los integrantes de la banda en las fundas de los discos.

Ningún grupo le dio una dirección creativa y Saville realmente no escuchó los álbumes de las bandas para las que trabajó, pero aún así como Director de Arte de Factory logró establecer una cercanía entre diseño/música que más tarde fue evidente en las producciones de 4AD (con el trabajo de Vaughan Oliver y Chris Bigg como 23 Envelope), Warp (que otorgó libertad creativa a Designers Republic) e incluso en la relación de Björk con Me Company.

Famoso por las 100 pulsaciones sucesivas de “Unknown Pleasures”, debut de Joy Division, y el diseño del disco “Blue Monday” de New Order, que casi mató a Factory y que a la larga ocasionó pérdidas al sello por la venta de cada copia, Saville se ha mantenido como unos de los diseñadores más venerados por su capacidad para llevar la calidad de una funda a un extremo inconcebible antes de él y por tomar como fuente de inspiración el mundo fuera de la cultura pop, utilizando fotografías de Bernard Pierre Wolff y Trevor Key, dibujos, pinturas de Henri Fantin-Latour y Giorgio de Chirico, esculturas y elementos gráficos puros para crear nuevos iconos para la cultura popular.

Durante los 80, y todavía principios de los 90, Saville no encontró límite a sus ideas minimalistas y aún así visualmente interesantes, que a la larga probaron ser tan eternas e influyentes como la música que envolvieron, sin embargo cuando entró en sus cuarentas se empezó a sentir incómodo con el diseño de productos orientados a los jóvenes, cómo álbumes y sencillos, que creativamente lo frustraban con el limitado espacio que ofrecía el disco compacto.

Los proyectos de identidad ya no eran un reto creativo para él, la solución llegó cuando una nueva generación de músicos visualmente sofisticados, que descubrieron sus trabajos en la adolescencia, lo cortejó como clientes. Bandas como Pulp y Suede tenían ideas específicas de lo que ellos – y sus fans – querían ver, para alivio de Saville le pidieron realizar su propio concepto visual y le permitieron crear el arte de una generación que él ya no parecía entender. Su aparente retiro de las portadas, que le permitió adentrarse en el diseño y las fotografías publicitarias, no se ha completado todavía, porque insiste en trabajar con New Order y todavía realiza unos pocos trabajos de diseño para la música.

 

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