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Privacidad, la realidad virtual que hiela los huesos

Cuando recibí un mensaje de texto en mi teléfono avisando que supuestamente tenía un adeudo por siete mil 600 pesos por el uso excesivo de mi teléfono móvil sentí que algo había hecho mal, quizá sin darme cuenta. Justamente tenía unos días de haber regresado de un viaje de trabajo por Guatemala.

 

Lo primero que intenté recordar fue si usé el servicio de larga distancia. Luego, me pasó por la cabeza que, posiblemente, en algún momento la señal de internet en el hotel en el cual estuve hospedado no funcionó y, entonces,  los cinco días que estuve fuera envié mensajes de texto y correos con mi propio servicio.

 

No puede ser, pensé. Sin titubear entré el hipervínculo que venía incluido en el mensaje, pero no apareció alguna factura. Mi teléfono se apagó como si la batería estuviera agotada y, luego, de inmediato, se reinició. La pantalla no mostraba nada raro; funcionaba normalmente. En Telmex me dijeron que no había adeudo alguno. En ese momento, aún yo no lo sabía pero mi teléfono había sido intervenido por el sistema de espionaje Pegasus; un malware fabricado en Israel a través del cual quienes lo manejan pueden extraer tus correos electrónicos, intervenir tus mensajes de texto y activar el micrófono sin que tú puedas darte cuenta.

 

En esos días, el libro “La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto”  estaba por entregarse a la editorial Penguin Random House Mondadori.  En esos días, intercambiaba mensajes y correos electrónicos con mis colegas Rafael Cabrera, Irving Huerta y Sebastián Barragán para revisar los capítulos, hacer correcciones o quizá agregar algo.

 

¿Cómo supieron que venía un viaje? ¿Por qué mandan un mensaje deliberado sabiendo que, por su contenido, probablemente intentaré abrir la liga de internet? La respuestas a estas preguntas han sido aclaradas, poco a poco, al paso del tiempo: en el  Gobierno sabían dónde había estado los últimos días.

En el Teatro Insurgentes, en la ciudad de México, se ha montado una obra llamada “Privacidad”, dirigida por Francisco Franco y estelarizada por Diego Luna, Luis Miguel Lombana, Martín Altomaro y Mauricio Isacc, Lourdes Echeverría y Amada Farah, entre otros.

La obra deja helada a la gente por la facilidad con la cual cualquier gobierno, incluido por supuesto el de México, puede ubicar dónde estás, qué gustos tienes, cuáles son tus gastos más frecuentes, qué mensajes de texto envías o qué contienen incluso tus correos electrónicos.

La trama te lleva de la risa a la sorpresa, luego de la sorpresa a la reflexión, y más tarde, te deja sumergido en tu asiento sabiendo cuán vulnerables somos ante quienes pueden intervenir en tu teléfono móvil en cualquier momento y, sobre todo, ante las empresas trasnacionales que pueden apoderarse de tus datos para bombardearte con mensajes para que compres los productos que quizá sí necesitas pero será con alguna de las marcas que ponen al alcance de tus ojos.

Cualquiera pensaría que intervenir la comunicación de los periodistas pudiera resultar entendible, pero desde luego, eso puede ser visto así. Sin duda, se trata de intervenir en nuestro oficio, espían para saber quiénes han sido nuestras fuentes para hostigarlas o simplemente para impedir que vuelvan a acercarse a alguno de nosotros. Es decir, frenan las fugas de información sobre un hecho que debería ser público poniendo la bota en el cuello.

Sin embargo, la obra Privacidad deja muy claro y, de forma contundente, que no únicamente los periodistas y los activistas somos vulnerables. Cualquier persona está merced de ellos. No importa realmente a qué te dediques, ni tu posición política o tu forma de pensar. Cuando los gobiernos y las grandes empresas lo necesitan, pueden intervenir tu vida privada o indagar sobre tus actividades profesionales por el simple hecho de que, en ese momento, bajo una coyuntura determinada, esa información les será útil.

Lo peor es que quizá nunca sepamos cuántas veces ya lo hicieron. A través de las redes sociales, ellos obtuvieron nuestros datos personales. Los de todos. Los de tu vida pasada, los de pasajes tan personales que nadie debería de enterarse. Por ejemplo, si tu simpatizas con cualquier candidato a la Presidencia de México, ellos pueden saberlo perfectamente y, por qué no, hasta en tiempo real.

¿Qué harán con este tema nuestros actuales candidatos a la Presidencia de México?. No hay un solo pronunciamiento serio y claro por parte de ellos.  Nada sabemos de las investigaciones de la PGR sobre el espionaje a periodistas y activistas. ¿Quién lo ordenó? ¿Para qué?

Hace unos días, un juez federal resolvió que la PGR debe tomar en cuenta las pruebas ofrecidas por las víctimas de Pegasus las cuales consideró en su sentencia como relevantes para el avance de la investigación.

Los abogados quienes representan a los activistas y periodistas habían advertido la falta de capacidad de la PGR para investigarse a sí misma por lo exigieron la intervención de un panel de expertas y expertos independientes que brindara asistencia técnica internacional y garantías mínimas de autonomía e independencia.

Por eso, la obra “Privacidad” sacude. La gente que vi salir junto conmigo el sábado pasado del Teatro Insurgentes, reflexionaba. Algunos estaban verdaderamente sorprendidos. No era para menos.

Pero justamente eso importante: que la gente se entere de lo que está pasado, que cobre conciencia sobre el espionaje y el robo de información personal.  La democracia mexicana será un poco más sólida en medida de que tengamos ciudadanos mejor informados. “Privacidad”, me dejó claro que también desde el teatro es posible.

Cualquiera podría pensar: ¿Y de qué sirve enterarnos de eso? ¿Para qué cobramos conciencia sino pasa nada en este país? Cierto, la frustración que deja el nivel de impunidad no tiene respuesta.

Pero no todo está perdido. Miremos el ambiente electoral: la poca credibilidad, los altos niveles de corrupción y la ineficacia del Gobierno de Enrique Peña Nieto han puesto al candidato de su partido, José Antonio Meade, en el tercer lugar de las preferencias electorales. El enojo ciudadano, los ha dejado lejos del primer lugar en las encuestas. Efectivamente no ha pasado nada, pero el cobro de esa factura se hará el 1 de julio. La obra “Privacidad” justamente ayuda a tener gente mejor informada. Empecemos por ahí

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