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El soundtrack de la vida: negro

Hay rolas que llegan a nuestra vida en momentos clave y quedan ancladas a una situación particular, haciendo que cada vez que escuchamos ese canción, no podamos evitar recordar ese momento, ese sentimiento, sacándonos por unos momentos de la realidad. En mi caso la lista es muy larga, pero en esta ocasión, únicamente me referiré a tres tracks que tienen un común denominador, el color negro.

El color negro ha sido mi favorito desde que tengo memoria, se lo atribuyo a mi infancia setentera y que mi ídolo era el mismísimo Lord Vader o tal vez nací punk y rebelde; cualquiera que sea la verdadera causa siempre he tenido un gusto particular por ese color y la música no ha sido la excepción.

No sé ustedes, pero yo a los 14 años era un resentido social que sentía que el mundo estaba en su contra (pensándolo bien, quién no es así a los 14), y entre esa furia hormonal desatada, uno de mis refugios del mundo cruel que me azoraba, era, por supuesto, la música. Fue en esos momentos en que descubrí ‘Paint It Black’ de los Rolling Stones, sin embargo yo llegué a ella a través del cover que hizo Echo and the Bunnymen en 1988: La letra sombría expresaba mis sentimientos hacia el mundo; ese mundo que brillaba de todos los colores y yo lo único que quería era pintarlo del negro más oscuro que pudiera encontrar.

Eventualmente superé esa etapa, pero hasta le fecha ‘Paint It Black’ sigue siendo mi rola favorita de los Stones, el uso del sitar de Brian Jones me parece un genialidad y es una melodía que me recuerda de dónde vengo y que a veces no está tan mal pasarse al lado oscuro de la fuerza.

Quien me conoce coincidirá en que Eddie Vedder y yo tenemos muy pocas cosas en común; sin embargo fuimos compañeros del mismo dolor, ambos fuimos vilmente desechados por quien creíamos sería el amor de nuestras vidas. ‘Black’ del álbum ‘Ten’ de Pearl Jam de 1992, es una “E ballad” compuesta por Vedder que fue considerada demasiado personal por la misma banda para ser lanzada como sencillo, sin embargo alcanzó el #3 de Billboard y fue incluida en la recopilación ‘Rearviewmirror’ y la revista Rolling Stone la eligió como la novena mejor balada de todos los tiempos.

Yo no haría el uso adecuado hasta unos años después, cuando en palabras del propio Vedder, sostendría entre mis manos los fragmentos de lo que lo había sido todo y mi mundo se iba (como en las películas) a negros.

 

Finalmente me referiré a una rola que no es rock, es R&B pero que era interpretada por una de las rockstars más grandes de todos los tiempos, Amy Winehouse y la rola es ‘Back to Black’. Teniendo corazón rockero, algunos otros apéndices siempre están cerca del jazz, el R&B y hasta el folk. Fue la primera rola que escuché de Amy y causó una gran impresión en mi, la letra es muy poderosa y la voz de Winehouse es como una sirena en alta mar llamando a marinos perdidos hacia lo que será su irremediable perdición.

El track es la descripción exacta de un corazón roto, sin embargo este sentimiento puede tener mucho matices, en mi caso cuando escucho esta canción, la mente no me refiere a un amor perdido ni tiempos mejores, la idea de morir mil veces es el sentimiento que me invade cada semana cuando tengo que entregar a mis hijos con su mamá, esos fatídicos domingos en los que con una sonrisa en la cara pero con el corazón destrozado les digo adiós y espero pacientemente, cuento los días para poder volverlos a ver y ser nuevamente feliz.

La vida es así nos da lecciones que nos hacen ver que siempre hay margen para mejorar y también para empeorar, pero sin duda no hay mal que no pueda ser tolerado si va acompañado de la música adecuada. Creo que se eso se trata tener el soundtrack de la vida.

 

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Sonic Arsenal – El rockumental como obsesión

George Harrison, Foo Fighters, Pearl Jam y U2, los documentales sobre ellos en algún momento se convirtieron en una necesidad obligada de cualquier festival, se habló mucho de ellos y su aparición, que parecía acentuar la idea de que el 2011 fue el año del documental sobre música, forzando a diversos canales a crear ciclos y a múltiples festivales a agregar un apartado exclusivo para el tipo de filmes que logran unir el sonido con la historia y la música. Verdaderamente fue un buen año, pero he de decirles algo, en mi casa desde hace varios años vivimos comiendo y soñando rockumentales, por la misma razón cada vez que me preguntan a qué me dedico me la vivo explicando las diferencias entre un rockumental y el cine musical y porque no todo es sobre grandes iconos.

Para brindar pruebas, es necesario buscar más allá de lo informal y saltarse las listas, es necesario sentirlo como un experimento de laboratorio para demostrar la amplitud y profundidad, de otra forma podríamos encontrar ejemplos dispares que tal vez te lleven solamente a los dos títulos más aclamados que parecen ser la marca entre todas las posibilidades, en mi caso en la superficie sigo dividiendo entre las intenciones de ser ‘This Is Spinal Tap’ o ‘Some Kind Of Monster’, pero claro está que entre el documental falso que aborda todos los clichés de la música (rock, pop, jazz, estrella del ukulele) y el documento que desnuda al extremo a punta de terapia psicológica, hay cosas como los perfiles épicos de músicos o grupos desconocidos, exploraciones sesudas de instrumentos y géneros, apasionadas disertaciones sobre el poder de la rima, rápidos y completos documentos de DIY sobre fanáticos, experimentos truncados, tiendas de discos en diminutos pueblos británicos, feudos del rap, rockeros ex integrantes de la iglesia de Pentecostés, severas experiencias cercanas a la muerte y pruebas convincentes de que los grandes personajes hacen grandes documentos.

Es verdad que los documentales de música y las ficciones basadas en ella son una forma de sermones cinemáticos, una extensión a veces del presskit o un escalón más para sobar un ego, pero en muchos casos te ofrecen revelaciones. Son filmes que te llevan al interior de un género o la psique de un músico, son películas construidas sobre la información privilegiada que sólo unos pocos poseen y es entonces, cuando aún sin conocer, saber o haber escuchado mucho de un acto recibes tus primeras razones para adorar tanto el documental y la ficción que surgen de la música.

Porque no se trata sobre una tonta canción o un grupo en ascenso perdido en sus propias frustraciones, sino de una historia que rompe las capas entre los grupos y la cámara, del tiempo y la intimidad que logra que una cámara sea invisible y sin embargo logre capturar lo que el escenario, el juego de luces y la bruma impiden que alcances. Prácticamente es como volver a encontrarte con un disco por primera vez, se trata de ti y la música pasando con la intervención únicamente de los audífonos.

Se trata de un suministro ilimitado de personajes hiperbólicos, situaciones extrañas e imágenes en vivo, el mundo del rock (y de la música en general) es un regalo para el realizador de documentales. Pero yo no dirijo ni produzco, así que me dedico a hacer recorridos personales a través de un catálogo extenso de rockumentales, recordando algunas de las escenas más icónicas que han capturado y que han cumplido con mis parámetros sensoriales: estómago encogido, plena carcajada e inevitable movimiento de pie, que a pesar de ser instintos primitivos, para mi son las características de un buen rockumental, son las evidencias de una historia increíblemente contada.

Muchas de las imágenes más perdurable de la época dorada del rock se han extraído de rockumentales: Jimi Hendrix prendiendo fuego a su guitarra en Monterey Pop, The Beatles conquistando con una gira Estados Unidos, los Rolling Stones en su malogrado concierto en Altamont (donde un miembro del público fue asesinado) en ‘Gimme Shelter’, Sid Vicious disparando al público, Pete Townshend destrozando la misma guitarra que es reconstruida noche tras noche o la magia en vivo o en el estudio que ha provocado que todo grupo, llegado a un momento de su carrera, necesite hacer un vídeo promocional con esas dos energías mezcladas para evidenciar su éxito con las musas y con la gente.

Tampoco se puede olvidar que muchos son sobre rock and roll, drogadicción, recuperación, un final feliz, sentido del humor, una gran cantidad de documentales tratan de tener todo, pero unos pocos en realidad tienen éxito al unir todas las partes. También basta tomar el cuento habitual de un talento destruido por las drogas y decir que ese no es el único final posible, la prueba es que estás viendo un tributo en imágenes a su legado.

Momentos como esos ayudan a responder la pregunta central de cualquier documental: ¿la película debe llegar al fondo de su tema? ¿Hay suficiente acceso y comprensión para el espectador para entender quién es la persona y cómo llegaron a ese estado? La respuesta es un sí sin reservas, casi, incluso si su enfoque no es crítico, puede sentirse la objetividad que se vuelve subjetiva y te hace salir tarareando de una sala, directito a comprar un disco o redescubrir todas las canciones que has olvidado escuchar.

En retrospectiva, ha habido una gran cantidad de documentales este año, que fue refrescante ver toda clase de proyectos raros, de grupos oscuros de los que no sabes nada, pero con el retrato de la música y los contrastes entre el mundo real y lo hiperreal todo tiene un sorprendentemente movimiento. Dicen que urge repasar la actualidad del rockumental, porque resultaba prometedor años atrás y es decepcionante en la actualidad. Algunos dicen que es por la necedad de los directores en obsesionarse con reconstruir el pasado sin la necesidad de contar las grandes (y las pequeñas) historias, combinando imágenes, declaraciones y canciones, abarcando todo con poca pasión.

También dicen que se debe analizar las razones porque han nacido festivales específicamente para acoger rockumentales, que han surgido para mostrar películas reveladoras que son productos domesticados. Y es cierto, ese mercado existe y acapara todo, sin embargo con un disco duro lleno de rockumentales, una lista de más de 300 películas por ver (y aumentando) puedo decir que no es una generalidad, siempre existe la mirada independiente, la que prohíbe los promocionales y no necesita la aprobación de artistas, mánagers y discográficas para ver la luz.

Ya hemos visto esos documentales (‘Seguir Siendo’, ‘Foo Fighters: Back and Forth’) y se sienten inmediatamente falsos, no porque sus protagonistas no sean reales o finjan, sino porque se notan editados bajo una lupa estricta que debe responder a una imagen y de eso no tratan los rockumentales, su espíritu no es ofrecer una mirada extensiva de una carrera, no debe servir para alimentar las urgencias de los seguidores de un género o ser sobre los grandes triunfos, porque uno empieza a dudar cuando la banda se muestra siempre feliz y creativa o insiste que su mejor momento fue llegar a arrasar con los Grammy como en ‘From a Mess to the Masses’.

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El espíritu no puede ser mejor retratado que en el trabajo que aparentemente inició todo, ‘Don’t Look Back’ (1967) de D.A. Pennebaker, para examinar con honestidad la evolución de este subgénero documental, es una decisión indiscutiblemente lógica empezar por ahí, con Bob Dylan empezando a ser eléctrico, estableciendo la forma contemplativa, reveladora y que encara directamente a la cámara (la audiencia en uno sólo) a través de la entrevista, todos los rockumentales parten de ahí, la mayoría entendieron el concepto y lograron con eso que el personaje central sea tan humano y enigmático como su música.

La distinción exacta de un rockumental puede ser difícil de trazar. Un show en vivo en toda regla no contaría, a menos que contenga una parte documental real (observaciones, entrevistas, historia), el backstage es necesario, la intimidad es ineludible, incluso el reclamo al camarógrafo y el hartazgo por tenerlo al lado todo el tiempo desde hace meses mejoran la situación, pero la realidad es que la edición es crucial, más aún que los efectos creativos de la filmación, porque como en todo documental, la historia surge al momento de yuxtaponer las imágenes y las palabras. Editar es todo, de ahí surgen los músicos que se vuelven dioses, las canciones que se vuelven aún más épicas, los grupos perdidos en interminables pasillos se vuelven más graciosos y el volumen que va más allá de la marca del 10 se vuelve tan necesario.

Temple Of The Dog: del tributo al regreso del súper grupo grunge

A 25 años del lanzamiento del único disco que tiene en su historia, se anunció una gira para festejar el aniversario de Temple Of The Dog, el proyecto que en su momento fue considerado el súper grupo del grunge.

En 1990 el mundo musical se vio opacado por la trágica muerte de Andrew Wood, quien fuera vocalista de Malfunkshun y Mother Love Bone, quien además fue un gran amigo de Chris Cornell, vocalista de Soundgarden y Audioslave, quien tras la pérdida decidió formar Temple Of The Dog.

Andrew Wood, ex vocalista de Mother Love Bone era muy conocido por su participación en las bandas locales de Seattle, ya fuera por su personalidad sobre el escenario y una voz muy parecida a la de Robert Plant, vocalista de Led Zeppelin.

Volviendo en el tiempo, Andrew Wood y Chris Cornell fueron compañeros de cuarto, lo cual los volvió bastante cercanos, pero el 19 de marzo de 1990 una sobredosis de heroína cobraría la vida de Wood, mismo día en que Cornell regresaba de una gira. Unos días después, al viajar a Europa y continuar con la gira de Soundgarden, Cornell se puso a componer temas como tributo a su amigo, los cuales grabó al regresar a territorio estadounidense.

‘Reach Down’ y ‘Say Hello 2 Heaven, fueron los primeros temas compuestos durante la gira, con un sonido más lento y melódico, en comparación a lo que hacía con Soundgarden, por lo que Cornell decidió contactar a los antiguos compañeros de Wood, Stone Gossard (guitarra) y Jeff Ament (bajo), para completar posteriormente con Matt Cameron (batería) y Mike McCready (guitarra), quienes se denominaron como Temple of the Dog, como homenaje a una línea de la canción Man of Golden Words de Mother Love Bone.

El álbum se grabó en tan solo 15 días y fue producido por la banda, lo cual los liberó de la presión de una disquera. También se integró Eddie Vedder al proyecto, después de haber audicionado para Mookie Blaylock, banda que años después se conocería como Pearl Jam.

Vedder colaboró en los coros e hizo de vocalista en dos canciones, además de haber compartido un dueto a lado de Cornell con ‘Hunger Strike’, sorprendiendo la manera tan intuitiva y natural con la que Vedder interpretó aquella canción.

En una entrevista para KISW 99.9 FM el 14 de abril de 1991, Chris Cornell dijo: “Hay una canción en particular, ‘Hunger Strike’, él cantó (Vedder) la mitad de esa canción sin siquiera saber que yo quería cantar esa parte y la cantó exactamente en la forma que yo pensaba hacerlo, simplemente por instinto”.

El álbum Temple Of The Dog, vio la luz el 16 de abril de 1991, bajo el sello de A&M records vendiendo inicialmente más de 70 mil copias tan solo en territorio estadounidense. Poco después del lanzamiento del disco, Soundgarden y Pearl Jam grabarían sus propios materiales discográficos, lo cual marcaba el fin de Temple of the Dog.

El material que grabaran bajo el nombre de Temple of the Dog, recibió muy buenas críticas y para el verano de 1992 volvió a recibir atención dado que Soundgarden y Pearl Jam entrarían a las listas mainstream con los álbumes ‘Badmotorfinger’ y ‘Ten’, respectivamente, por lo que A&M Records, reeditó el disco y lanzó el tema ‘Hunger Strike’ como único sencillo, acompañado de un video musical, entraron al Billboard como uno de los 100 álbumes más vendidos de 1992, con más de un millón de copias y recibiendo certificación de platino por parte de la Recording Industry Association of America.

25 años después

El pasado 20 de julio, la agrupación anunció por primera vez una gira, en la cual conmemorarán el 25 aniversario del lanzamiento de su álbum homónimo ‘Temple of the Dog’. Aquí les dejo el video de Hunger Strike, para que se den cuenta del sonido que obtuvieron previo al lanzamiento de Pearl Jam, con la voz de Eddie Vedder y Chris Cornell. ¡Disfrútenlo!

Pearl Jam – Foro Sol

Fotografías: Chino Lemus / OCESA

Recordando un pequeño debate con un brother  hace dos años acerca de la presentación de los Foo Fighters en nuestro país y todo el hype y opinión de lo sobrevalorada  (en opinión muy personal) que se nos hace la banda de Grohl. Él me decía que los Foo eran la última gran banda de estadio que había surgido después de gigantes cómo los Rolling, AC/DC o U2 por mencionar algunos. Como siempre en una discusión musical es muy ambiguo llegar a un acuerdo y solo se respetan los gustos. De tal manera que le mencioné a Pearl Jam y la calidad de sus presentaciones, que son mucho más que solo un concierto y se convierten en toda una experiencia de vida. Y ahí, si que coincidimos.

 

Y es que desde hace unos meses cuando nos enteramos que la agrupación de Seattle volvería a venir a México, y gracias a un gran hermano que se lució con el regalo de cumpleaños. Conseguimos vivir una vez más esta increíble experiencia.

 

Cerca de las nueve de la noche se apagan las luces y la banda comienza con tres temas muy acordes para que el público se vaya enganchando gracias a la melancolía de “Pendulum”, “Release” y “Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town” siendo el primer momento de emotividad. La gente ya empezaba a corear las canciones y la emoción de la misma banda también se notaba.

 

Vedder sacó su tradicional guión en español y saludó al público diciendo que estaban muy contentos de regresar una vez más. Siguieron cortes con más punch como “Why Go”, “Mind Your Manners”, “Do The Evolution” y “Breakerfall” la respuesta era cada vez mayor y los coros masivos no se hicieron esperar con la increíble “Corduroy” pasando por “Garden”, ”Evenflow” y “Daughter”, aquí se ven los primeros destellos de los encendedores. Para entonces el foro ya era una locura y Eddie anuncia la siguiente canción en homenaje a los Eagles of Death Metal por los incidentes de unos días antes en el Bataclán de Francia (incluso en el parche del bombo dibujaron la torre Eiffel), interpretando su cover “I Want You So Hard”.

 

Pearl Jam - Chino Lemus / OCESA

 

De ahí para adelante siguieron puros grandes momentos como en “Sirens”  la dedicatoria para Fernando, un cuate muy fan de la banda que falleció a los 25 años y su familia se encontraba en el recital. Aplausos, gritos, coros y mucha vibra ya hacían de este evento memorable ¡Y lo que faltaba!

 

Para cerrar lo que le podemos llamar la primera parte del show, continuaron con otro bloque de grandes canciones. “Given to Fly”, “You Are”, “Lightning Bolt” y una extensa y enorme versión de “Rearviewmirror” con un jammin impecable. Aquí se meten por primera vez unos minutos y regresan para dar el primer encoré Eddie Vedder saca su silla para darle el toque acústico a la noche tocando la versión de Hunters & Collectors “Through Your Arms Around Me” ligada de “Sleeping By Myself” material de su producción como solista.

 

Retomando el homenaje a los atentados en Francia, Eddie pide a la gente que saquen sus celulares para tocar “Imagine” de Lennon, que aunque esto ya era esperado por la mayoría gracias al poder de las redes sociales. Fúe uno de los highlights más nostálgicos y emblemáticos. Para donde volteabas el recinto lucía impecable entre las luces de los teléfonos y las llamas de los encendedores acompañados de las más de 60,000 voces. Sin duda algo realmente inolvodable que continuó con otro cover, ahora fue turno de “Comfortably Numb”  de Pink Floyd y la euforia se hizo aun más grande.

 

Pearl Jam - Chino Lemus / OCESA

 

Después de casi dos horas llega el turno de “Animal” y “Save You”, al término de esta última. Eddie hace una pausa para pedir una ovación a “Legs”, camarógrafo del grupo desde hace 28 años y que esa noche era su despedida. Acto seguido, le echa ojo al programa y menciona que tendrán que alterarlo  y pide que le arrojen una bandera de México que llevaba una chica del público. En la bandera iba escrito “Faithful”, tema del Yield que no entraba en los planes de esa noche y que decidieron tocar para complacer a la dichosa fan, bajándose del stage a cantarla enfrente de ella.

 

En medio de la gran fiesta en lo que se había convertido el Foro Sol, se escuchan los primeros acordes de “Black”, de nuevo las luces de los encendedores lucían en todo su esplendor y la melodía interpretada al unísono de principio a fín, con todo y el legendario “Tu ru rú, tu tú ru rú”. Cabe mencionar que de tal sentimiento y berreo a todo pulmón de parte de su servidor, hasta las de cocodrilo se nos salieron! Y no era para menos, tantos momentos y recuerdos de más de 20 años pasan en minutos llenos de nostalgia. Acto seguido, llega “Porch” y tómala, el festejo a todo lo que da, la gente abrazándose y cantando. Rostros  conmovidos reflejando memorias y alegría.

 

Pearl Jam - Chino Lemus / OCESA

Para el regreso de la última pausa, antes de interpretar otra rola, Vedder nos pide una ovación para el bataco Matt Cameron que cumplía años ese día. El púbilo le canto el Happy Brithday y las Mañanitas. Además le sacaron su pastel. Al instante, llega “Last kiss”  de Wayne Cochran, versión que los ídolos del grunge se apropiaron y también es un “must be” que no puede faltar. “Jeremy” y “Better Man” aparecen para continuar con el regocijo y la euforia; acercándose la parte final con la fenomenal “Alive”, el extasis es total, la lluvia de vasos comienza  y también “Rockin´in the Free World” de Neil Young, otra versión ya muy de ellos que no puede faltar. Sacan los panderos, se encienden las luces y todo es baile, brincos y hasta slam. Como es la tradición, se despiden con “Yellow Led Better” el magistral one last chance para que todos cantemos y nos comencemos a despedir de otro inolvidable concierto de una de las agrupaciones más grandes que existen.

 

Pearl Jam - Chino Lemus / OCESA

 

No podemos irnos sin mencionar que durante todo el espectáculo, los miembros de la banda mantuvieron esa actitud honesta, Eddie siempre tratando de comunicarse en nuestro idioma con una vibra de hermandad y humildad que sobrepasan el estatus de rockstars,  Mike se aventó a la gente a tocar, Jeff y Stone con una sonrisa toda la noche y Vedder moviéndose de un lado a otro. Podemos entender la velada como una comunión masiva en donde todos nos vamos muy contentos y agradecidos. No es mentira ni exageración decir que fuimos testigos de un concierto que quedará grabado como uno de los mejores en nuestro territorio.

 

Pearl Jam - Chino Lemus / OCESA

 

El circo dejó una cruda de grunge, #Seattle101

En cierto momento de los 90 Seattle parecía el epicentro de todo lo más o menos interesante en la música, la moda, la comida, ustedes nombren algo, seguramente existió más de un pretexto para mencionar la ciudad y enfundarse en la moda que inicialmente respondía al clima. Las múltiples capas de ropa, las camisas de franela y las botas, antes de convertirse en la imagen del género musical que dominó la década, respondían al espíritu de toda una zona que alejada del resto de Estados Unidos encontró la manera de desarrollar su propia identidad.

Sin embargo la historia de los 90 es una de las múltiples consecuencias de la década de los 50, a diferencia de muchos relatos del rock and roll, este no inicia con el blues o el country, sino con un cha-cha-chá, la reinterpretación del ritmo hacia el doo-wop con acento jamaiquino y la apropiación de una canción de 1956. ‘Louie Louie’ es el punto de partida del grunge, es reinterpretada por la escena que circulaba entre Portland, Tacoma y Seattle en la década de los 60, donde emergía la idea de intentar cualquier cosa, hacer el ruido posible, “adaptar todas las fuentes disponibles para hacer que se moviera el espíritu”.

La frase “Let’s give it to ‘em, right now!” no es precisamente el inicio, habían una pujante escena de folk y jazz, pero si fue el detonador para que las múltiples versiones se fueran alejando de la original de Richard Berry, incluso de la fuente de inspiración El Loco Cha Cha Cha de Rene Touzet, ahí están las bases de lo que posteriormente ocurriría con Paul Revere & the Raiders y The Kingsman, dos bandas que surgieron en un paraje frío y desolado donde hasta principios de la década de los 90 tuvo como base las apuestas, el alcohol y la prostitución.

Washington, el que no se parece al otro donde la educación y la política movilizan a todo un país, el de la costa oeste que en 1981 ya mostraba el primer síndrome de Seattle, dónde no había mucho por hacer, más que drogarse y emborracharse. Mediáticamente parecía el lugar donde el cansado rock de los 80 había encontrado una fuga y renovación, recuperando su energía en ese frío lugar al este de Estados Unidos, el constante bombardeo hacía pensar en algo nuevo, pero todo el movimiento se venía gestando desde una década antes, con múltiples facetas antes de poder llegar a la frase del productor Jack Endino: “The circus left town, and the town had a grunge hangover”.

A principios de los 90s, la escena de la música estadounidense cambió irrevocablemente por la explosión de bandas de un pequeño sector de Seattle. Parecía que la programación de las estaciones de radio eran dominadas por Alice In Chains, Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden. Pero como toda ráfaga de energía, la explosión pronto se consumió a sí misma dejando una serie de sueños rotos, bandas desilusionadas y una ciudad fastidiada con la sobre exposición.

El próximo jueves 26 de noviembre Rock 101 realiza una nueva expedición a Seattle y la costa oeste de Estados Unidos, dejamos la postura de turista de rock, nos alejamos de la aguja espacial, Microsoft y Starbucks para adentrarnos en la ciudad de muchas capas y eras con el especial #Seattle101, acompáñanos de 10 de la mañana a 8 de la noche.

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