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Caifanes – Palacio de los Deportes

Fotografía: Luis Gerardo Salas 

 

Mientras a mi lado un grupo de personas coordinaba un perfectamente coreografiado documental de teléfono móvil de cómo disfrutaban el concierto de Caifanes, mientras lo que menos hacían era ver a Caifanes (una escena que vi demasiadas veces repitiéndose a lo largo de las gradas), otras 19 mil personas llenaban el silencio de la voz de Saúl Hernádez con el grito masivo, la confirmación del culto a un grupo y la importancia de sus canciones a casi tres décadas de distancia.

 

Recientemente tuvimos en Rock 101 una entrevista con Saúl Hernández, afirmaba que el grupo había regresado al estudio y trabajaba en un nuevo álbum, el primero en más de 20 años, lo que me obligó a pensar en lo ocurrido en ese periodo de tiempo sin novedades y las múltiples diferencias entre la banda que vi por primera vez en las islas de Ciudad Universitaria y la que observé a través de los ojos de muchos el pasado viernes 11 de diciembre en el Palacio de los Deportes, incluso me hizo pensar en aquella extensión llamada Jaguares que apareció con mayor constancia en Vive Latino, el mismo escenario donde volvería Caifanes en el 2011.

 

 

El Caifanes de llenos totales es distinto, absolutamente diferente al que tocó en Ciudad Universitaria en apoyo a los estudiantes del CEU, aquella banda que se sumaba a múltiples causas y que realizó un sorpresivo concierto gratuito ahora es rebasada por la importancia de sus canciones, sus autores son el vehículo de las reuniones masivas donde la nostalgia es más importante que aquellos largos discursos que realizaba Saúl Hernández en tiempos de Jaguares y que ahora se reducen a la introducción que acompaña a ‘Antes de que nos olviden’, adecuándose a las diferentes épocas pero con el mismo discurso contra esos “hijos de la chingada” en el gobierno.

 

El grupo que vimos el viernes mucho menos es aquel que abría conciertos en el Hotel de México, pero de la misma forma hace que el público se una al primer aullido de ‘Mátenme porque me muero’, sin embargo aquel que hacía resonar su voz en espacios como el LUCC, Rock Stock y Rockotitlán ahora deja que el público sea la voz de sus canciones cada vez que encuentra la oportunidad, alguien me dijo en ese momento “de ahí viene el poder del karaoke”, pero el significado de orquesta vacía no se aplica completamente a una banda que provoca tantas emociones en el público.

 

 

En noche de caos de peregrinos guadalupanos llegando de todos los rincones del país a la Ciudad de México, Caifanes sale al escenario con cierto retraso, pero a tiempo para abrir el túnel del tiempo con la misma acertada selección de canciones entre cuatro discos que ha mostrado en los últimos años, con Diego Herrera dirigiendo los cambios desde el teclado para amortiguar la ausencia de la guitarra de Alejandro Marcovich. Sin perder de vista el telepronter que sigue recordando las canciones discretamente en el escenario, vamos de un recuerdo a otro, todos enganchados en la garganta del público.

 

A mi izquierda sigue el espectáculo de capturar todo porqué de no hacerlo podría no haber existido, mientras sigo colocando en borrador toda mi cobertura por ausencia de conexión a Internet, van apareciendo las razones por las que permanece el culto a Caifanes: es un grupo de tres generaciones.

 

 

El cariño no es gratuito, fue acumulado por las diversas expresiones culturales que se reunieron en esos cuatro discos. De principio a fin es evidente la acumulación de energía que se siente en ‘Debajo de tu piel’, ‘Los dioses ocultos’, ‘La célula que explota’, ‘Te estoy mirando’ y ‘Ayer me dijo un ave’, no hay falla, la respuesta es el espectáculo de emociones que viene del público, el cual tal vez no espera un nuevo disco, sino la constancia de la nostalgia.

Blur, magnificación de pa kuas y espejos disco

Fotografías cortesía de OCESA

“Un grupo que tiene heladitos y lechitas, debe de tener pura baladita”, alcancé a escuchar que decía un vendedor que extendía sobre una manta en el suelo las camisetas apócrifas del grupo en cuestión. Al mismo tiempo una señora me mostraba sus dedos llenos de pegamento blanco, estaba desde la una de la tarde armando cajitas de leche de papel, por $50 pesos no parecía un mal negocio aquel objeto creado por Hammer & Tongs para el vídeo de ‘Coffee & TV’, que horas después vería sobre el escenario como un perfecto cosplay del britpop en una fanática que se desbordó en euforia y selfies a lo largo de ‘Parklife’.

Podríamos tomar como referencia la cajita que mostraba perdido a Graham Coxon y los helados de vainilla de ´The Magic Whip’, pero Blur es un grupo que cuenta con extraordinarias baladitas, superiores al promedio del colorante artificial,  ‘Tender’, ‘The Universal’ y ‘This Is a Low’ son canciones que estremecen aún más en vivo.

Apenas hace unos meses amanecimos con un nuevo sencillo de Blur, una canción que nos hacía reflexionar sobre un grupo que después del retiro y el regreso, deseaba superar los experimentos que sus integrantes realizaron por separado y al mismo tiempo lograr que un acto sumamente conocido tuviera un segundo aire para no vivir de viejas glorias. Eso nos permite comprender las razones por las que una canción como ‘No Distance Left Tu Run’ ya no aparece tan seguido en el setlist desde que marcó su historia como título de la película que documentó su regreso.

Después de cinco ocasiones en México, descubrimos diversos matices de un mismo grupo, el Blur del 15 de octubre de 2015 en el Palacio de los Deportes no es ni remotamente similar al que escuchamos por primera vez el 18 de noviembre de 1999 en el Teatro Metropólitan, entre el grupo maduro que vuelve a disfrutar sus canciones (incluso su primer éxito ‘Boys and Girls’) y aquel que se estaba desmoronando mientras promovía el disco ’13’, pero que todavía insistiría un poco hasta llegar a la ruptura de ‘Think Tank’ en el 2003, hay rehabilitaciones, asperezas limadas y reconciliaciones.

Nos encontramos con Blur y #TheMagicWhipMX con esa propuesta, la de un grupo que conoce perfectamente lo que ocurrirá con cada una de sus canciones, que distingue los momentos que propiciarán las pequeñas flamas de encendedores y los avances del “woo-hoo” aún antes de iniciada la canción, pero no por eso aparece en el escenario un grupo aburrido que repetirá la misma escena una y otra vez revelando su hastío.

Las 17 mil 500 personas que vimos a Blur anoche nos encontramos con un Damon Albarn dispuesto a sumergirse en el público continuamente y a Alex James, Dave Rowntree y Graham Coxon disfrutando la situación, el grupo que vemos en la actualidad se ajusta perfectamente al crecimiento individual, a los discos solistas, los proyectos con diversos artistas, la fermentación del queso y conducir programas de televisión, demuestras que más alla de la cuestión de cchicos y chicas y chicas y chicos hay espacio para correr entrados en el cuarto piso con un “helado en el Reino Unido, un fuego artificial en China y un látigo en un sentido político”.

Blur – Palacio de los Deportes

15 de octubre 2015 – setlist

Go Out

There’s No Other Way

Lonesome Street

Badhead

Ghost Ship

Coffee & TV

Out of Time

Country Sad Ballad Man

Beetlebum

Thought I Was a Spaceman

Trimm Trabb

Tender

Ong Ong

Parklife

(With fans on stage)

Song 2

To the End

This Is a Low

Encore:

Stereotypes

Girls & Boys

For Tomorrow

The Universal

Santana – Palacio de los Deportes

Por: Toño Figueroa / Fotografías: Chino Lemus

El regreso de Carlos Santana a México trajo como siempre sorpresas agradables hasta para los oídos más exigentes. La velada, aun cuando fue iniciada por Journey y las personas podrían haberse agotado, melodía tras melodía nos mantuvo de pie hasta prácticamente la una de la mañana.

Su reportorio fue, como ya es costumbre, una mezcla del pasado, que pareciera apenas ayer y el presente indiscutible de hoy. Su vibra e ímpetu por colmar al mundo de armonía a través de su música, lo llevan a retomar “Black Magic Woman” y explosiones de sabor con “Oye Como Va”. Obviamente no podemos prescindir de la “Samba Pa’ Ti”, de ahí se va internando a su rolas actuales y de premios como “Smooth”.

En cada instrumento debe contar con una dualidad que a la vista pareciera excesiva, ¡pero para el oído imprescindible! Aplica hasta para su esposa; virtuosísima baterista Cindy Blackman, quien comparte la batería con Dennis Chambers. Por más que uno quiera fijar la vista en las manos de estos dos bateristas, no hay forma de entender como estos dos pegan en esos tambores y platillos sin que se rompan.

Dos fabulosas voces comprenden la gran variedad de tonalidades que Santana disfruta en sus líricas con Tony Lindsay y Andy Vargas. Qué decir de las percusiones que aportan al rock latino de Santana los rítmicos: Raul Rekow y Karl Perazzo. En la parte de los fierros: Jeff Cressman en el penetrante trombón y Bill Ortiz en la trompeta delirante.

Hasta el propio Santana permite a su colega Tommy Anthony que comparta con él los créditos de las fabulosas liras, parte esencial de su música. En los teclados su “hermano” Jeff Riley, con él desde sus inicios y el maestro Chester Thompson. El único que no requiere de esta dualidad es el bajista profundo y penetrante de Benny Rietveld.

Carlos se reinventa día con día. Incorpora en sus duetos a ídolos que lo coadyuvan a lograr todo tipo de reconocimientos y premios, desde Grammys, Billboards, hasta ser considerado por la revista Rolling Stone como uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Ojalá nos explique cuál es la pócima con la que rejuvenece en lo musical y espiritual para mantenerse a sus 67 años con esa entrega que llega a la médula! Sus besos a Cindy pueden ser parte de ello.

Para los mexicanos, es un orgullo tener a un rockero con el talento, entrega, ejemplo, que lo han catapultado como maestro de renombrables guitarristas. Hoy y para la historia su guitarra y contribución musical serán históricos.

Como dijera Fher de Maná: “¡¡Échale mi Carlitos!!”

Santana Setlist Palacio de los Deportes, Mexico City, Mexico 2015, Corazón Tour

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