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La atmósfera imposible de tranquilidad

En opinión del maestro Mercelli, nuestro solista de esta noche, el Concierto para Flauta del maestro Penderecki es El Concierto; esto por los requerimientos técnicos de la ejecución tales como un fortissimo en el tono más bajo del instrumento, un pianissimo en el tono más alto o un delicioso recorrido por todas las posibilidades tímbricas de la flauta, lo que conlleva una gran dificultad.

Sin embargo, fuera de estas cuestiones técnicas, este concierto resulta francamente fascinante, en él Penderecki regresa a crear una música un poco alejada de las vanguardias y experimentaciones que caracterizaron su obra por la década pasada de los 70 y el discurso musical es muy fresco y luminoso; el inicio puede parecer tímido, muy suave y poco a poco irá cobrando una intensidad inesperada, el soliloquio de la flauta es atractivo e inquietante, incisivo; a lo largo de la obra va entablando diálogos contrastantes con otros instrumentos como las percusiones, las campanas o el corno inglés y se va tejiendo una trama compleja de sonoridades y timbres contrastantes a través de una tensión creciente que finalmente crearán una atmósfera imposible de tranquilidad e incertidumbre a un mismo tiempo.

En un contraste diametralmente opuesto, también escuchamos el Concierto Jade; el maestro Galliano, que es considerado el más grande acordeonista–bandoneonista de la actualidad y que es reconocido por sus arreglos de obras clásicas para su instrumento lo mismo que por su obra y que incluso trabajó con Piazzolla, crea un concierto para flauta complejo, jovial y alegre, en el que encuentro una fuerte influencia de los valses sudamericanos, esos valses más cercanos a la canción que al baile de salón y en el que la flauta crea un ambiente diáfano, lleno de luz y alegría.

La obra se desarrolla sobre la estructura de temas delicados, melódicos, que de acuerdo a sus tres movimientos van de lo emotivo a lo contemplativo, con un cierto aire de nostalgia pero también de alegría; el final es estupendo, aires de danças brasileiras crean un ambiente festivo, de gran luminosidad y colorido, donde regresa a exponer uno de los temas de los movimientos anteriores pero ahora en un estado de ánimo alegre y bullicioso. Es un concierto verdaderamente encantador.

La Quinta Sinfonía de Mendelssohn, aunque lleva esta nomenclatura, es realmente la segunda de sus grandes sinfonías aunque al no tener el éxito que el compositor deseaba, la relegó al punto de desear destruirla y la dejó en el más completo olvido, fue hasta después de su muerte que se redescubrió y se le asignó este número, la quinta de cinco. Felix, lo mismo que su hermana Fanny, fueron bautizados como cristianos protestantes a fin de protegerlos del tremendo antisemitismo que permeaba en muchas partes de la Europa del siglo XIX y aunque nunca se alejó demasiado de sus raíces judías, también se sentía muy identificado con la mitología judeocristiana en su versión protestante con la que fue educado.

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Este punto es relevante porque Mendelssohn, aún muy joven, quiso estrenar esta obra en 1830, para el aniversario número trescientos del inicio de la Reforma iniciada por Martin Lutero, que resultó en el cisma económicamente más costoso para Roma y que dividió la cristiandad de la Europa occidental. Esta sinfonía, que podríamos considerar aún obra de juventud, no se puede entender como un ente completo y coherente, el compositor está buscando aún su lenguaje propio, el cual se hace evidente en algunos pasajes, sobre todo en el segundo movimiento se percibe ya su estilo personal, sin embargo es también muy evidente la influencia de la música de Johann Sebastian Bach, de quien era un profundo estudioso.

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Cada movimiento se desenvuelve sin un hilo conductor que los una entre sí, por momentos es una música profunda, casi doliente, casi fúnebre y desarrolla una tensión muy intensa; en el desarrollo de los distintos movimientos vamos a pasar a otros estados de ánimo, desde la euforia expresada por la sección de metales que desarrolla pasajes de gran poder, épicos, casi heroicos hasta la placidez y luminosidad de ambientes bucólicos, encantadores y tranquilos. Nos encontramos así ante una obra con demasiadas facetas; expresiones diferentes que no se corresponden perfectamente entre sí pero que finalmente dotan a la obra de una riqueza emocional muy intensa.

Resulta un gran placer escuchar nuevamente al maestro Mercelli con la OFUNAM, sus interpretaciones, magistrales, de ambos conciertos para flauta, tan distintos y contrastantes entre sí, nos da la oportunidad de apreciar desde un nuevo punto de vista las particularidades de cada obra, una respecto de la otra, en sus características, sus colores y los estados de ánimo que cada una expresa. Un concierto magnífico con due Massimi nella Sala Neza.

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OFUNAM Programa 3 Tercera Temporada 2012

Massimo Quarta, Director Artístico

Massimo Mercelli, Flauta

Concierto para Flauta

Krzysztof Penderecki (1933)

Concierto Jade para Flauta y Orquesta

Richard Galliano (1950)

Sinfonía No. 5 en Re Mayor, opus 107, Reforma

Felix Mendelssohn (1809–1847)

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