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RESEÑA OFUNAM, TEMPORADA 1 – 2019 PROGRAMA 11

Escrito por: Samuel Orduño Ponce (pianista)

La primera temporada del año de la OFUNAM cerró de manera destacada con un concierto excelentemente ejecutado por el director de orquesta titular, quien mostró sus dotes en el violín principal, llevándose una gran ovación en la noche del sábado previa a la semana mayor.

El programa comenzó cuando el director artístico Massimo Quarta entró a la sala cargando su violín y desde su podio comenzó una brillante ejecución de las tres partes del Concierto para violín y orquesta no. 1 en sol menor, op. 26 del compositor alemán Max Bruch.

En los más de 20 minutos que duró este concierto se notaba que el público se mantuvo atento a cada movimiento del arco del violín principal, el cual nos regaló frases expresivas, románticas, apasionadas, e incluso pasajes complejos donde el director pudo mostrar su virtuosismo en la interpretación. Y no era para menos, Massimo Quarta comenzó el estudio del violín a los 11 años de edad en Italia y en 1991 ganó el concurso internacional de violín Premio Paganini de Génova, además se ha presentado en diversos escenarios alrededor del mundo.

Para la segunda parte del programa se presentó la Sinfonía no. 4 en mi menor, op. 98 del también compositor alemán Johannes Brahms. Después de deleitarnos con el estilo notoriamente romántico de Bruch, regresamos del intermedio a prepararnos para escuchar al compositor más clásico de los románticos.

Esta pieza, de cuatro movimientos  y 40 minutos de duración, es considerada una de las obras maestras de Brahms debido a que la composición refleja un sofisticado grado de organización mental y dominio técnico que genera estructuras sonoras complejas a partir de frases musicales sencillas.

RESEÑA OFUNAM, TEMPORADA 1 – 2019 PROGRAMA 10

Bajo la batuta del director Marc Moncusi, el penúltimo programa de la primera temporada de la OFUNAM inundó la sala de sonidos andaluces y requintos de cuerdas con la magnífica interpretación del cuarteto de guitarras que cautivó a la audiencia del sábado por la noche.

El primer número fue el parsimonioso Intermezzo de Goyescas del compositor español Enrique Granados.  Una obra envolvente y armoniosa que sirvió como preludio para el número más aplaudido de la noche: el Concierto Andaluz, para cuatro guitarras y orquesta del también compositor español Joaquín Rodrigo. En los 25 minutos que duró este número principal, el público se deleitó con el gran talento del cuarteto “Sensemayá”, quienes ya han obtenido premios internacionales en diversos concursos de guitarra.

Este concierto se estrenó en 1968 en la ciudad de San Antonio Texas y los tres movimientos pasan de ritmos tipo bolero a notas con sabor mucho más andaluz, para cerrar con ritmos mucho más vivos tipo flamenco. La perfecta conjunción del cuarteto con la orquesta despertó una gran ovación del público e incluso provocó que el cuarteto brindara una pieza adicional fuera del programa antes del intermedio.

Finalmente disfrutamos del Cuarteto para violín, viola, violonchelo y piano no. 1 en sol menor, op. 25 del gran compositor alemán Johannes Brahms. La  “variación desarrollada” y la “prosa musical”, dos principales recursos composicionales de Brahms, fueron muy notorios en este arreglo para orquesta del músico contemporáneo Arnold Shönberg. Los motivos musicales son variados y se presentan en secuencia sin un patrón fijo de repetición, además el  excelente arreglo orquestal explota las posibilidades tímbricas de la obra.

OFUNAM Programa 9 Primera Temporada 2019

Por: Samuel Orduño Ponce (pianista).

El último programa del mes de marzo se caracterizó por su ambiente jovial. La audiencia que se congregó la noche del sábado era en su mayoría estudiantil, también, el tener un director huésped y un compositor de la obra principal de la noche que no rebasaban los 30 años de edad, le inyectó mucha frescura a la interpretación de los músicos.

El joven director Iván López Reynoso comenzó a tambor batiente con el aperitivo de la gala: la Marcha Húngara de La condenación de Fausto de Berlioz. Este clásico del compositor francés, de tan sólo cinco minutos de duración, inmediatamente capturó el interés con su estilo épico y dio pie al plato principal: el estreno mundial de El circo de las luces de Pablo Martínez Teutli, egresado de la Licenciatura en Composición de la Facultad de Música de la UNAM. Esta obra sinfónica de siete partes, del compositor nacido en la Ciudad de México hace 27 años, es un homenaje a las víctimas de los crímenes de odio en contra de la comunidad LGBT. Las siete partes de la obra se inspiraron en los siete colores de la bandera de dicha comunidad. Esta obra se puede describir como esencialmente dramática, con los metales y las percusiones en papel protagónico, acentuando el tono triste y doloroso que quiso expresar el autor.

Después del intermedio pudimos disfrutar la Suite de Lady Macbeth de Mtsensk, otra obra de tono dramático para cerrar la velada de forma emotiva. Este arreglo orquestal de James Conlon está basado en la ópera trágica de Dmitri Shostakovich, escrita entre 1930 y 1932. Las doce partes de la obra van de tristes a románticas con algunos pasajes dulces que reflejan la versatilidad y gran talento del compositor ruso.

Stravinski, Lavista y Scmitt: sobre la muerte

OFUNAM Programa 7 Tercera Temporada 2018

Ronald Zollman, Director Huésped

Patricia Morales, Directora Coral

Coro de Niños y Jóvenes Cantores de la Facultad de Música de la UNAM

 

Canto Fúnebre

Igor Stravinski (1882–1971)

 

Réquiem de Tlatelolco

Mario Lavista (1943)

 

Suite de La Tragedia de Salomé, opus 50

Florent Scmitt (1870–1958)

 

El hilo conductor entre estas tres obras es La Muerte que, como pocos temas, ha fascinado el imaginario del ser humano a lo largo de su historia. A ella se puede llegar desde distintos puntos de vista, algunos totalmente incomprensibles. Muchos artistas han abordado este tema, desde los pavorosos y divertidos manuscritos medievales, donde se representa con un cadáver pútrido que a veces baila, a veces ríe y siempre siega; la muerte romántica, agridulce, que une a los amantes imposibles en un lugar paradisíaco más allá de esta tierra o la terrible Muerte provocada por gobiernos autoritarios, que enluta las casas de miles de personas que, supuestamente, debería proteger. Al final, si bien es cierto que todos moriremos, lo trágico es la forma en la que esto pueda suceder y el dolor que generará la pérdida en los que quedamos vivos.

 

 

Stravinski, a la muerte de Rimski–Korsakov, compone su Canto Fúnebre, en el cual rinde un gran homenaje a su maestro. Como es de esperarse, la música es triste, pesarosa; el hombre reflexiona ante la muerte del artista, el cuerpo inerme que deja sin lugar al genio. En una secuencia exquisita, las voces de la orquesta se suceden, una a una, sobre un marco orquestal lento y fúnebre, plañendo su luto. Se pierde toda esperanza, hay gritos de dolor y sin embargo, al final, en un lugar que queremos pensar que está más allá de las cosas del mundo, una luz comienza a resplandecer al acoger la esencia inmortal del compositor; las voces graves, en trémolo, se convierten en un coro que, con la voz quebrada en la garganta, canta, a punto de llorar por la muerte del maestro amado.

Aún hoy, 50 años después, nos es muy fácil reconocernos en el 2 de octubre de 1968. Los infaltables discursos políticos de quienes eran jóvenes en aquel momento, año con año, no nos han permitido olvidar esa fecha –ni las pendejadas de un régimen gobiernícola recién derrotado que cree que pagando miles de millones de pesos en publicidad va a disimular la escoria que fue y ha sido–. Lo malo es que se ha dado un uso político a esta masacre, más allá del dolor de las familias, los amigos, los allegados y los han convertido en mártires de la política mexicana; yo veo aún a “líderes estudiantiles” –que rondan los setenta años de edad– y que se convirtieron en señores burgueses con restaurantes y negocios, cobrando en varias nóminas del erario, mamando del régimen al que pisaron los callos, siendo contestatarios y problemáticos, siempre al servicio del mejor postor. Sin embargo, aún hay buena gente que hace cosas de valor incluso con las tragedias.

 

 

El maestro Lavista estrena este Réquiemmissa pro defunctis– en el que, a través de las voces blancas de un coro de niños, toma fragmentos de la liturgia, siempre en latín y crea una música en la que se siente la gravedad y el frío, el dolor del luto por las vidas jóvenes, segadas en la flor, segadas antes de dar frutos. Hay pasajes sonoros oscuros, acuosos y fríos; hay pasajes en los que el ejército se asoma, a través del redoble de tambores, hay pasajes en los que la esperanza sigue viva, puesta en esa divinidad, elusiva y absolutamente muda, a la que se le pide que dé a nuestros muertos la luz perpetua –como símbolo de bienestar–, que olvide sus faltas, que no los castigue, suficiente castigo es haber muerto.

Salomé es un personaje que cobra gran notoriedad en el siglo xix y principios del xx. Son muchos los artistas que sucumbieron a sus encantos de la misma forma en la que la mitología cuenta que hechizó a Herodes, el baile, promesa de los placeres carnales más deleitables, es el arma de Salomé –la mujer desnuda es la mujer armada– y ella sabe sacar partido de ello, Salomé como encarnación de la sexualidad femenina, que no es un mero objeto de placer masculino, es una mujer deseante y deseada, dadora y receptora de placer; también en su figura encontramos juntas las dos pulsiones más trascendentes en la vida del hombre, el erotismo y la muerte. La música de Schmitt corre por lugares poco comunes al pensamiento musical europeo de su época; como pocos, sabe traer las sonoridades de Medio Oriente, su misterio y su belleza, las transforma y las convierte en una delicia orquestal, en las que podemos apreciar las diferentes escenas de la historia, la sensualidad de la mujer; el deseo obsesivo del anciano rey; la crueldad contra aquel que se atrevió a despreciarla; la venganza y la lujuria, entremezcladas; la muerte y el deseo, entremezclados.

 

 

El penúltimo concierto de este año que, dadas las fechas en las que andamos y lo ridículamente cursi que se pone la gente en períodos navideños, extrañamente nos encontramos con este magnífico concierto que, como lo escribo párrafos arriba, tienen como hilo conductor el tema de la muerte y que quizá sea un tema que no debamos olvidar, no debemos soslayarlo, el ser conscientes de la propia muerte y de que es un suceso que puede ocurrir cualquier día, cualquier hora y que definitivamente nos ha de llegar, debería bastar para hacernos reflexionar, para motivarnos a ser mejores personas, amigos, hijos, padres, parejas, amantes, profesionistas, en fin, la mejor versión de nosotros, que cada cual conoce las virtudes que le adornan; la consciencia de la muerte debería bastar para sacar a la gente de la nube tóxica en la que vive, de la patanería, del chingonismo, del yo pagué por un boleto y me comporto como dueña de la sala, del vivir para el dinero y gastarlo en pendejadas innecesarias. Debería bastar.

Ver al maestro Zollman al frente de la OFUNAM es siempre un gran gusto y un privilegio, lo mismo que presenciar el estreno de la obra del maestro Lavista. Gran trabajo de todos los músicos, directores y los jóvenes del coro, en verdad, fue un concierto estupendo.

 

Juan Dimas Córdova, diciembre de 2018, desde los Jardines Infinitos.

 

 

El son mexicano y la incógnita de Fígaro

Hablar de la música de Wolfie a veces puede ser caer en lugares comunes, como en cualquier podcast o programa de radio, sin embargo, abordarla desde la referencia de la vida propia puede ser también interesante, sobre todo cuando la escuchas con la OFUNAM.

Quizá estas dos obras, la Obertura de Las Bodas de Fígaro y particularmente la Sinfonía No. 40 sean –entre una docena más– de las primeras obras de Mozart que conocí y disfruté; la obertura literalmente abre un mundo mágico, donde todo es alegría y color; abre un mundo donde me siento cómodo y feliz; aunque faltaban muchos años para que entendiera y me divirtiera con los enredos amorosos de esta obra, ya se despertaba mi curiosidad, recuerdo haber preguntado a mi mamá si este Fígaro que ahora se casaba era el mismo Fígaro del Largo al Factotum de la Città del signore Rossini o también que si eran bodas –en plural–, cuántas veces se había ya casado, o cuántas más se casaría, no sé, esas cosas que pueden interesarle a un niño de ocho o diez años y que disfrutaba de esa música de la misma manera que un trozo de flan napolitano o el olor de la paja de avena que daba cada tarde a los caballos.

En cuanto a la Sinfonía No. 40, esta es caso especial, recuerdo que fue la primera obra que supe conscientemente que me gustaba y mucho; el primer LP que teníamos sólo tenía el primer movimiento, que me resultaba francamente fascinante, el primer tema me acompañaba a todos lados y sonaba en mi cabeza durante muchos días, tiempo después llegó otro LP con la obra completa acompañada de la Júpiter –40 y 41– que realmente no me interesó tanto en aquel momento, la 40 acaparaba toda mi atención.

Recuerdo cómo me fascinaba ese primer tema, las reelaboraciones del mismo y cómo las trasladaba yo de la música al movimiento del mundo, al andar de una persona, de un animal, al color de una tarde, a la impertinencia de una tormenta de verano, al frío de enero, al sabor del bacalau, no sé, encontraba en esa música la clave para entender muchas cosas de este mundo, la música me hablaba de ellas y me las explicaba y sí, siempre era un momento gozoso.

Ofrenda es un encargo de la OFUNAM dedicado al maestro Quarta con la intención de que interpretara el violín al mismo tiempo que dirigía la orquesta, aunque en este concierto, que fue su estreno mundial, el violín estuvo a cargo del maestro Kwapisz. Esta obra desarrolla un lenguaje sonoro moderno y complejo, con atonalidades, pero que también abraza algunas sonoridades clásicas, el discurso del violín va de lo experimental hasta el virtuosismo clásico.

Posee momentos de gran vigor orquestal en los que proyecta un discurso que me atrevería a llamar neonacionalista, pues son evidentes las influencias de música como la de Moncayo y Chávez, llegando a asimilarse a las grandes obras compuestas para las películas de la Época de Oro por estos grandes compositores y también que recoge elementos sonoros del folklor nacional. Aquí tengo una duda pues en el programa de mano, en la presentación a través de TV UNAM y en la charla introductoria previa al concierto, el maestro Ruiz Guadalajara refiere que “el son jarocho La bruja, se hace presente hacia la conclusión de la obra.” aunque a mí me parece que el tema que incorpora es del son istmeño de “El Feo”, en fin, seguramente es una confusión.

Lo cierto es que el maestro Vázquez ya había trabajado con elementos del son mexicano, recuerdo hace un par de años el estreno de su obra El Árbol de la Vida donde incorpora de forma exquisita el son de El Cascabel lo que le da una riqueza enorme a la obra además de reafirmar la vigencia de esta música tradicional, tan viva en la actualidad, afortunadamente.

En un gran ejercicio de apreciación musical, después de esta obra vanguardista escuchamos una obra que si bien está a un poco más de un siglo de distancia, en ella se encuentran elementos musicales que la hacen destacar pues a pesar de que podemos sentirla como parte aún del Romanticismo tardío, tiene pasajes de gran virtuosismo y exigencia técnica y que transforman la música en una obra vanguardista, distinta a lo que se componía en aquellos tiempos; aunado a un profundo lirismo que transita a lo largo de todo el concierto, la tremenda energía expresiva del violín hace de este un concierto poderoso, magnífico en verdad, ante lo que uno queda impactado, como ante un impresionante paisaje natural, enorme, inconmensurable, hermoso y devastador.

Un concierto maravilloso en el que disfruté muchísimo de todas las obras, desde mis muy mozartianos deleites, el magnífico estreno de Ofrenda que enriquece el acervo musical de la orquesta y obviamente, del país y hasta el estupendo concierto de Karłowicz, que es un autor que no es habitualmente interpretado pero que es siempre un gran placer escucharlo.

 

OFUNAM Programa 5 Tercera Temporada 2018

Massimo Quarta, Director Artístico

Sebastian Kwapisz, Violín

Obertura de Las Bodas de Fígaro

Sinfonía No. 40 en Sol Menor, K 550

Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791)

Ofrenda

Hebert Vázquez (1963)

Concierto para Violín en La Mayor, opus 8

Mieczysław Karłowicz (1876–1909)

Composiciones contemporáneas para orquesta

Esta fue la primera edición del Premio Internacional de Dirección de Orquesta de la OFUNAM, una competencia singular que sin duda posicionará a los jóvenes talentos participantes en los principales escenarios internacionales. Los finalistas dirigieron en concierto abierto al público una obra en común, Collage del maestro Armando Luna, que es una composición contemporánea y absolutamente ecléctica, mezclando elementos de música vanguardista, mambos, blues y hasta sones, lo que la convierte en una obra muy divertida.

Evidentemente cada director finalista supo imprimir su sello a la obra, la señorita Lai realizó una ejecución muy dinámica, visceral, empujando el tiempo; el joven López–Ferrer, al contrario, la ejecutó con un mood más tranquilo, tomándoselo con calma, sin embargo siento que le faltó un poco de energía en aquellas partes que debían llevarla; el maestro Barráez logró la ejecución más equilibrada a mi gusto, en tiempo y energía, imprimiéndole brillo donde lo llevaba y con astuta calma cuando viene bien, realmente disfruté esta ejecución.

 

 

Además de esta obra, cada director finalista ejecutó una obra de repertorio habitual, la señorita Lai el Primer movimiento de la Segunda Sinfonía de Brahms, el joven López–Ferrer el Primer movimiento de la Quinta Sinfonía de Tschaikowski y el maestro Barráez el Cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Dvořák; en lo personal, creo que la personalidad de la obra influyó mucho en la ejecución, de la muy contemplativa y diáfana segunda Sinfonía de Brahms hasta el brillo y la energía arrasadora de la Novena de Dvořák hubo un mar de diferencia.

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Los tres finalistas realizaron una excelente ejecución y tras una larga deliberación se eligió como ganador al maestro Barráez, elección con la que estoy totalmente de acuerdo pues a pesar de su juventud, encuentro su estilo muy maduro y equilibrado.

Fue un gran placer presenciar la primera edición de este gran premio y espero que sea el primero de muchos eventos de este tipo que ponen a la orquesta y a los jóvenes participantes en la mira de los públicos nacionales e internacionales.

¡Enhorabuena a todos los participantes y muchas felicidades al ganador!

 

OFUNAM Premio Internacional de Dirección de Orquesta 2018

Directores Finalistas

Jiajing Lai, China

François López–Ferrer, Estados Unidos–España

Rodolfo Barráez, Venezuela

Jurado

Massimo Quarta, Italia

Atso Almila, Finlandia

Josep Caballé Domenech, España

Claire Gibault, Francia

Jorge Mester, México

La vanguardia en la música académica

El Foro internacional de Música Nueva es el evento más importante en los foros de nuestro país donde se presentan las vanguardias musicales actuales. Esta edición, la número 40, contó con dos magníficos estrenos ejecutados por la OFUNAM.

XL, de la cual fue su estreno absoluto a nivel mundial y cuyo título en un principio me hizo pensar en Extra Large, sin embargo se refiere a la numeración romana, celebrando la 40 edición del festival. Es una obra interesante, un poco abstracta, que busca más la creación de atmósferas y espacios sonoros que un discurso musical clásico, dando la impresión de un entorno natural, de lluvias y pájaros artificiales, manchado sin embargo por un caótico y sucio entorno urbano.

El uso de sonidos extramusicales como el percutir las boquillas de los metales y maderas, la frotación de papel celofán e incluso de globos inflados crea sensaciones de lluvia; piano y arpa musicalizan inicialmente este entorno y son el piccolo con el timbre más alto y el contrafagot con el timbre más bajo de la orquesta los que inician un contraste sonoro que lleva las melodías viajando de voz en voz a lo largo de toda la orquesta que, dispuesta de una manera inusual, provoca un efecto de colocación espacialmente definida a cada voz o grupo de voces, dotando al conjunto de una profundidad sonora muy interesante.

Por otro lado, Lines, Desert Whispers, en su estreno en México con la OFUNAM, es una obra formidable, también tiende a la creación de atmósferas, sin embargo estas son claras y diáfanas, como un amanecer hermoso, lleno de amarillos, anaranjados y malvas que proyectan su luminosidad sobre montañas desoladas, de piedra y agua, de viento y frío. Es increíble como el discurso sonoro va trazando líneas que desaparecen después de un momento y resurgen a través de una metamorfosis simple pero evolutiva; el maestro Vergara incluyó la voz una guitarra eléctrica, que él mismo ejecutó en esta ocasión y que me hizo recordar algunos álbumes de jazz del sello ECM y también cierto aire a la guitarra de Bill Frisell, esto le da un toque muy nuevo y fresco a esta obra que es de por sí exquisita.

 

 

El maestro Salonen es muy conocido por su extraordinario trabajo como director de orquesta, sin embargo trabajo como compositor no desmerece esta fama. Helix es una obra compleja, el discurso se va construyendo poco a poco y crea una atmósfera brillante, fresca y luminosa en la cual encuentro reminiscencias muy tenues de música barroca o quizá clásica pero que al mismo tiempo da la impresión de anacronismo dentro de un discurso contemporáneo que va creciendo en voces e intensidad hasta casi provocar una explosión sonora que retrata fielmente la estridencia del siglo xx; Helix es una espiral sonora que lo mismo crece en intensidad que en drama, es un andar vibrante y poderoso que finalmente terminará con una carrera extenuante y un silencio repentino.

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Caballos de Vapor es una de las mejores obras del México de la primera mitad del siglo XX, fruto de la colaboración del maestro Chávez y Diego Rivera. En ella se refleja la pujanza y el esplendor económico de nuestro país en aquella época aunque también plantea un contraste con la absoluta urbanización de las metrópolis estadounidenses y la sociedad medio rural, medio urbana de nuestro país. La suite de este ballet se compone de tres piezas, en ellas encontramos estos la expresión de estos contrastes sociales.

 

 

La referencia a los Estados Unidos totalmente industrializados, donde ciudades como Nueva York proyectan un entorno urbano emblemático, lleno de poder y riqueza y un México aún en desarrollo, en pleno esplendor y crecimiento posrevolucionario; curiosamente la guía musical de este camino se muestra a través de pequeñísimos fragmentos tomados de música popular, un entramado de música de la época como danzones y boleros, que nos lleva al trópico, representado por la inclusión completa de La Sandunga, uno de los sones más emblemáticos de Oaxaca y que proyectan ese México que se construye desde sus puertos, sus industrias y sus campesinos–obreros sin dejar atrás su identidad cultural, en la que una istmeña bañándose con las tetas de fuera logró colocarse en la alta cultura a través del pincel del maestro Rivera.

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OFUNAM Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez 2018

Ludwig Carrasco, Director Huésped

XL

Rodrigo Valdez Hermoso (1978)

Lines: Desert Whispers

Juan Andrés Vergara (1990)

Helix

Esa–Pekka Salonen (1958)

Suite del ballet Caballos de Vapor

Carlos Chávez (1899–1978)

Sinfonías para cine noir

En la edad adecuada leí La Tumba, de José Agustín, Gabriel es un cretinito clasemediero bastante simpático, estudiante de la UNAM y con la vida hecha un desmadre. Algunos de los momentos mejor narrados están enmarcados por la música de Lohengrin y a pesar de que lo había escuchado de niño, fue el momento de entrar a la música de Herr Wagner. El preludio al primer acto de Lohengrin tiene la poderosa virtud de crear atmósferas casi etéreas, irreales de algún modo, en las que todo es bello y perfecto y luminoso e irresistiblemente encantador.

Las tramas sonoras se entretejen delicadamente, poco a poco en las cuerdas, suave y serenamente, imbuyéndonos en una atmósfera delicada, cristalina y muy luminosa; la música no nos habla ya del héroe, heredado de semiolvidadas tradiciones medievales, nos habla a un nivel más personal, prometiéndonos momentos perfectos de tranquilidad e iluminación; eso y una buena copa de vino hacen maravillas.

Lohengrin podemos entenderlo como el parteaguas de la obra wagneriana, donde comienza a abordar la composición de una manera personalísima, llevando el concepto de idea musical a nivel altísimo, que le llevará a proyectar a la ópera como el espectáculo total, libreto, música, escenografía y todo aquello que se involucre en la representación de la obra debe ser atendido y planeado por el compositor. Ya en una etapa más madura y dentro de la etapa de la tetralogía o ciclo del Nibelungo, Sigfrido representa los más altos valores del hombre, pero es un hombre que también sucumbe al amor.

 

 

Ideada en un principio para una pequeña orquesta de cámara, Herr Wagner compone el Idilio de Sigfrido como una obra íntima, dedicada a su esposa que amaba profundamente y dedicada a su hijo Siegfrid –adivine el porqué del nombre– en alguno de sus cumpleaños; si bien la música, contextuada, mantiene una elocuencia narrativa, escuchándola aislada uno se encuentra delante de una obra encantadora, los pasajes sonoros están llenos de dulzura, construidos hábilmente con los muchos colores orquestales de cuerdas y maderas y que nos introducen a un ambiente apasionado –aunque convencionalmente contenido, no va bien que el héroe magree a la doncella en público– cálido e íntimo, hay una particularidad deliciosa, la música se desarrolla de una manera tan delicada que por un momento pierde uno la noción del tiempo, mucho o poco, uno se encuentra raptado por el encanto.

La Modernidad Mediática, el capitalismo rapaz y el desarrollo de la tecnología en el siglo XX ha resultado en una circunstancia que es difícil ver, el ser humano se ha hecho más perezoso, tanto física como intelectualmente; hace cien años Stravinski transformaba el mundo de la música académica, hoy tenemos los Grammys. Todo esto viene porque Korngold es considerado el último niño prodigio de la música, compositor precoz y con una obra grandiosa.

 

 

A raíz de las Guerras Mundiales, su acercamiento a Hollywood fue definitivo, por lo que fue criticado en los círculos de la música seria –su papá incluido, pues era crítico musical– pues consideraban la música cinematográfica como un arte menor, cuando no un desperdicio de talento, sin embargo la música de Korngold está muy lejos de ser algo fútil; después de realizar muchas composiciones para la industria cinematográfica regresa a la tradición musical de sus orígenes y compone su única Sinfonía, una obra en la que nos encontramos ante muy diversos escenarios sonoros, por un lado es evidente la influencia de la tradición sinfónica germana lo mismo que la gran influencia del Romanticismo, que aunque ya está completamente demodé sigue influyendo grandemente a músicos del siglo XX como Rachmaninoff o Kachaturian; por otro lado encontramos la creación magistral de ambientes dramáticos y contrastantes, como de cine noir, donde el suspense es la constante y la acción transcurre con gran vitalidad; es inconfundible el sello de los años 30 y 40 en las atmósferas narrativas de la sinfonía que, de alguna manera, ya define un estilo que influirá profundamente en los músicos cinematográficos de décadas posteriores e incluso hasta en los minimalistas.

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Con este excelente programa termina la Segunda Temporada de Conciertos de la OFUNAM, Wagner aunque no es de mis favoritos, la selección de estas dos piezas fue muy atinada y por supuesto, otro gran acierto es la ejecución de la Sinfonía de Korngold que difícilmente es posible escucharla en vivo. La orquesta bajo la dirección del maestro Gasançon que se ha convertido muy merecidamente en uno de los favoritos de esta sala ¡Excelente trabajo! Regresaremos por ahí de agosto con las nuevas aventuras de la bellísima OFUNAM así que mientras reciban un cordial saludo y nos leemos pronto.

OFUNAM Programa 8 Segunda Temporada 2017

Sylvain Gasançon, Director Huésped

Preludio del Acto I de Lohengrin

Idilio de Sigfrido

Richard Wagner (1813–1883)

Sinfonía en Fe Sostenido Mayor, opus 40

Erich Wolfgang Korngold (1897–1957)

La sinfonía de la efervescencia política

Es difícil sustraerse a la influencia de quienes consideramos los maestros, uno pinta, escribe o compone teniendo en mente la obra de aquellos a los que admiramos, cuando menos en las primeras épocas de creación. Ludwigvan no es la excepción. En este enorme Concierto para Piano No. 3 podemos encontrar construcciones formales que aún corresponden al período Clásico y más aún, a los conciertos de piano de Wolfie, mismos que Ludwigvan interpretaba frecuentemente.

Hay dos peculiaridades que es necesario hacer notar acerca de este concierto; la primera es que a pesar de que, como ya comenté, formalmente aún guarda una estructura clásica, es evidente que el discurso del piano es ya más personal y virtuoso, emotivo, apasionado y hasta visceral; es en voz del piano que Ludwigvan expresa la profundidad de su idea musical, imbricando las voces de la orquesta a la del solista, creando texturas sonoras que nos lleva a conmovernos profundamente; la segunda peculiaridad a la que me refiero tiene que ver con estas texturas, aunque el concierto está escrito en la tonalidad de Do Menor, el segundo movimiento, Largo, está escrito en la tonalidad de Mi Mayor, ello crea una atmósfera, por contraposición, de una ligereza casi etérea, brillante y cálida que es profundamente expresiva y verdaderamente deliciosa.

 

 

La raíz –y única virtud– de los nacionalismos es el integrar la identidad de un pueblo con base en su cultura. La nación checa, en tiempos de don Toñito, buscaba consolidarse como una nación y liberarse del Impero Austrohúngaro. Esta Séptima Sinfonía nace en este momento de intensa efervescencia política en el que viene muy bien expresar musicalmente los rasgos culturales del pueblo checo.

 

 

Aunque también, fue un momento personal intenso para el compositor, algunas muertes muy cercanas, el reconocimiento de la Sociedad Filarmónica de Londres que lo motiva a componer la obra y el estreno de la Tercera Sinfonía de Brahms, quien era una gran influencia artística para él, hacen que todas estas circunstancias se vean reflejadas en la composición. El espíritu simple del hombre rural, la vasta cultura nacional y el formalismo y solidez de la tradición sinfónica alemana se conjugan magistralmente para dar cuerpo a esta formidable sinfonía que, a pesar de no ser de las más famosas, es increíblemente poderosa.

Un concierto magnífico con la interpretación magistral del maestro Vondráek en el concierto de Ludwigvan, que es complejo técnicamente pero más allá de eso, proyecta el espíritu más que humano del romanticismo ludwigvaniano, el ser humano, más allá de dioses, situado en el centro del discurso, absolutamente emotiva. Esto ocurrió bajo la dirección apasionada y dinámica de la maestra Chan que realiza un trabajo formidable con la OFUNAM en cada visita.

OFUNAM Programa 8 Segunda Temporada 2017

Elim Chan, Directora Huésped

Lukáš Vondrá

ek, Piano

Concierto para Piano y Orquesta No. 3 en Do Menor, opus 37

Ludwig van Beethoven (1770–1827)

Sinfonía No. 7 en Re Menor, opus 70

Antonín Dvořak (1841–1904)

El carnaval, el motor del alma y la sexualidad humana

El Carnaval es aquel momento –necesariamente lúdico– en el que los esbirros de un dios sexualmente frustrado atenúan su feroz vigilancia y voltean hacia otro lado, quizá también debajo de sus sotanas, y permiten que el pueblo llano se desboque, se desnude y le dé gusto a la carne; las Carnes Tolendas, la sexualidad tolerada, suelta y tolerada, en el Carnaval se pierde el respeto al apellido en aras del placer. Don Toñito crea un hermoso tríptico en el que busca representar a los más grandes motores del alma humana, La Naturaleza, La Vida y El Amor.

Con la obertura Carnaval simboliza la vida y quizá más enfáticamente la ludicidad de la misma, el gozo de vivir, el gozo de los placeres ensombrecidos durante todo el año por un dios vigilante y poco congruente con la naturaleza sexuada y erótica de su creación y que en un breve lapso, surge irrefrenable, violenta y animal, igualando blanco con negro, rico con pobre, sabio con tonto, manque sea por un breve lapso… La música es brillante, jocosa y alegre hasta la estridencia, con sabores intensamente eslavos y danzas que hacen que el ambiente se torne festivo en un instante, donde las miradas ávidas hallan cuerpos y sonrisas, los metales nos descongelan las ganas y nos proyectan a los brazos del otro, de la otra, al abrazo del placer con promesa de olvido.

 

 

Si bien Rodolfo Halffter nacido fue español, la muy católica guerra franquista lo arrojó, a lado de muchísimos intelectuales, a recorrer las rutas marinas hasta llegarlos a estas viejas Tierras de Indias, desperdigados desde el Mar de la Plata hasta esta muy noble y leal Ciudad de México y Halffter supo muy pronto entender las ideas de los naturales de estas tierras que ya andaban en pleno auge intelectual post revolucionario y aún nacionalista. Este Concierto para Violín es delicioso, posee una esencia muy mexicana, nacional sin ser nacionalista –trillado, pues–; hay sonoridades folclóricas muy veladas que sirven más como contexto que como discurso, mismo que, en voz del violín, crece radiante, virtuoso, creando ambientes luminosos, casi florales y con un gran sabor romántico –obviamente me refiero al movimiento artístico decimonónico del concepto–. Uno de los pasajes que más se disfruta es aquel donde el violín establece un delicioso diálogo con el cello, creando una atmósfera maravillosa, cálida y vivaz.

La música de César Franck, quizá por su extranjería –nació en Bélgica– o por su gran admiración a la obra wagneriana y la gran tradición musical germánica, no encaja exactamente en la francesitud esperada en un músico muy influyente en la Francia de su época, lo que le trajo innumerables críticas y mala ondita por parte de sus muy franceses y puristas colegas y contemporáneos.

Su Sinfonía en Re Menor, de acuerdo a su tonalidad, tiene un comienzo sombrío, quizá hasta doloroso que sin embargo va creciendo, lentamente e iluminándose poco a poco, hasta lograr en una apoteosis casi ludwigvaniana, resuelve dramáticamente el crescendo de una forma explosiva, magistral, donde la sección de metales imprime un brío tremendo, también el arpa juega un papel importante, introduciendo disimuladamente algunos aires folclóricos; el discurso sinfónico, con una orquestación muy bien elaborada, es denso y complejo, desarrolla temas que aparecerán varias veces a lo largo de los tres movimientos de la obra, enriqueciendo la sonoridad en cada oportunidad, lo que al final nos deja con la sensación de haber recorrido un gran ciclo perfecto.

 

 

Excelente concierto con la ejecución magistral del concierto de Halffter por el maestro Ramos, concertino de la bellísima OFUNAM, quienes estuvieron bajo la dirección del maestro López Reynoso, quien no deja de mejorar día a día ¡Enhorabuena!

 

Iván López Reynoso, Director Huésped

Manuel Ramos, Violín

Obertura Carnaval, opus 92

Antonín Dvořák (1841–1904)

Concierto para Violín y Orquesta en La Mayor, opus 11

Rodolfo Halffter (1900–1987)

Sinfonía en Re Menor

César Franck (1822–1890)

La ciencia como arte, un concierto para El Aleph

Hay frases o conceptos que me cuesta trabajo encontrarles el sentido y Ligeti tuvo a bien trabajar sobre la idea de Música Estática, algo que en un sentido literal carecería de experimentabilidad pues la música es una deliciosa sucesión de sonidos, lo que implica necesariamente un lapso, tiempo, al que aún no encontramos la forma de hacerlo estático, sin embargo quiero entender que Música Estética se refiere más bien a la escena de la que hace el ambiente, escenas que de tan complejas se convierten en algo ininteligible, creando la sensación absoluta de que no sucede nada, como la vacua sensación de mirar un mall durante algunos minutos, acallando nuestros pensamientos.

En su experimentación sonora, Ligeti compone una obra que, con base en complejos recursos técnicos, crea distintos ambientes al mismo tiempo, lo que convierte a Atmósferas en un denso entramado de emociones y construcciones sonoras a las que hay que escuchar atentamente para encontrar significado, desde una tensión creciente instalada en una calma aterradora hasta los momentos de la más genuina instrospección. Mr. Kubrik, sin permiso de Ligeti, usó esta obra en su Odisea del Espacio.

Scriabin, hombre culto con inclinaciones místicas, presumía de padecer sinestesia, condición por la cual un estímulo sensorial es percibido paralelamente por más de un sentido, por ejemplo, oír que la nota La del oboe es de un intenso color verde vejiga; aunque sinceramente no creo que esta condición sea muy cómoda, sobre todo con los olores ¿A qué olerá el amarillo, un do de pecho o qué color será un piquete de aguja?

 

 

La cosa es que para esta Sinfonía No. 5 –que más bien anda a caballo entre el poema sinfónico, el concierto para piano y la música experimental– tomó como inspiración el mito de Prometeo y el otorgamiento del Fuego al Ser Humano y creó esta obra formidable a la que de pilón le hizo el diseño de iluminación, que va mutando los tonos cromáticos en correspondencia al desarrollo de la música, los colores quedan adosados a las paredes, cambiantes a cada momento, el entramado sonoro es complejo, como cuando meticheamos pláticas random en un restaurante repleto y el discurso del piano, a veces estridente, lucha por sobresalir del denso entramado sonoro, creando momentos intensamente vívidos.

Es muy interesante la interpretación que da al mito del otorgamiento del fuego en el que se entiende a este elemento como la materialización del saber y el conocimiento, otorgados al ser humano por un ser divino, el eterno deseo del ser humano por trascender de la triste y persistente condición de la carne.

Uno de los visos más interesantes del Romanticismo es aquel que ensalza el nacionalismo entendido como una identificación plena del individuo con la tierra natal, su cultura y sus costumbres, cualquier cosa más allá de esto tiende a volverse odiosa. Herr Schumann encuentra la inspiración principal para esta Sinfonía No. 3 en una visita a la ciudad de Colonia a la que llega para acudir a un evento de la jerarquía eclesiástica del lugar junto a su esposa Clara. En esta visita tiene dos revelaciones importantes, durante la liturgia concibe uno de los temas principales de la sinfonía el cuál incluso escucharemos en voz de los metales de la orquesta emulando la voz del órgano; la otra es que, fascinado con las actividades cotidianas de los habitantes de las orillas del Rhin, se apropia de esas sonoridades, aires y danzas populares, canciones de algún bar y todos los elementos sonoros que expresarán la identidad de los habitantes de las riberas del Rhin.

La ejecución al piano de la maestra Vassilieva del Poema del Fuego fue verdaderamente estupenda, que junto con la OFUNAM estuvieron bajo la dinámica y precisa dirección del maestro Daye Lin. Un concierto ecléctico realizado en el marco del Festival de Arte y Ciencia el Aleph, en verdad ¡Formidable!

OFUNAM Programa 6 Segunda Temporada 2018

Daye Lin, Director Huésped

Vlada Vassilieva, Piano

Atmósferas

György Ligeti (1923–2006)

Sinfonía No. 5, Prometeo, el Poema del Fuego, opus 60

Alexander Scriabin (1872–1915)

Sinfonía No. 3, en Mi Bemol Mayor, opus 97, Renana

Robert Schumann (1810–1856)

Música más allá de la seda italiana

El año 1990 comenzaba para mí glamorosamente, era un adolescente y una vuelta de la Fortuna me colocó durante algunos años en la cima, mis ingresos eran escandalosamente altos para un estudiante recién ingresado a la preparatoria de la UNAM. Vestía de traje por el gusto de hacerlo, no por necesidad ni trabajo; gazné o corbatas de seda italiana, lo mismo que los zapatos –como aconseja Apolonio a Laertes, siempre he considerado que uno debe vestir tan decorosa y elegantemente como el bolsillo lo permita– aunque he de reconocer que en aquella época sí me excedía un poco.

Un buen día llegó a mí un VHS en el que un hombre maduro pasaba por una gran crisis, la historia tenía tintes dramáticos y sin embargo, lo que me cautivó fue la estética, la fotografía, los colores, los ambientes, una Roma casi vacía y hombres impecablemente vestidos con trajes preciosos, ese era mi estilo. Miré muchas veces esa cinta, más como quien ojea una revista que interesándome realmente en la trama; a esa edad, la crisis de un hombre maduro me resultaban remotamente ajena y lejana.

Pasó el tiempo y un buen día me di cuenta que esa película me acompañaba más allá de la sedas italianas; había melodías que bullían en mi cabeza, melodías que definitivamente no identificaba pero que me resultaron entrañablemente familiares. Cuando volví a ver por enésima vez The Belly of an Architect, la música absorbió por entero mi atención y me encontré de frente con la maravillosa obra de Wim Mertens. Fue como “ver” la película tan sólo a través del sonido y fue un impacto formidable, un impacto que en aquel momento no alcancé a comprender en su justa dimensión.

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Esta noche de mayo 2018 me instalo en la Sala Nezahualcóyotl y espero que inicie este recital que me causó una gran euforia cuando lo vi anunciado. No me preparé, no desempolvé CDs ni recuerdos, tan sólo esperé la fecha. La Sala estaba iluminada con una media luz azul, piano al centro y después del hermoso ritual de presentación, aplausos y sonrisas, Wim y orquesta toman asiento y comienza la magia. Las primeras notas me llevan a escenarios que construí en la mente hace años y olvidé durante mucho tiempo, me miraba proyectado en una pantalla, la fotografía con el grano reventado de una película de color Kodak obviamente forzada; paredes rosadas iluminadas con las luces doradas del atardecer en contraste con unas muy cuidadas sombras diagonales, yo en un traje cruzado y corbata a tono, ocres, beiges y cafés, accesorios en piel de cocodrilo sentado al lado de una morena preciosa, de enorme y estrafalario peinado y piernas larguísimas, quien servía dos copas de Nebbiolo vestida tan sólo con un saco enorme de hombreras enormes, sonreíamos y brindábamos y la música de Mertens creaba el ambiente absolutamente íntimo; ensoñaciones le llaman…

 

 

Es difícil encasillar en un concepto predefinido la música de Mertens, si bien toca tangencialmente la corriente minimalista estadounidense, la riqueza y suntuosidad de la tradición musical europea –con raíces que se hunden hasta la música antigua anterior incluso al Renacimiento– le da a su música una profundidad inesperada; no es música sinfónica pero tampoco son canciones pop, es música que crea ambientes íntimamente personales, que ejercen un encanto al que es muy difícil sustraerse, creo que es uno de los ejercicios más inteligentes del uso de la orquesta en la música de vanguardia contemporánea y aunque, por otro lado, es perfecta para el lenguaje cinematográfico, no precisa de ese medio para expresarse tan profunda e íntimamente; a una dulzura inesperada puede seguir un ostinato hipnótico que nos acelera en un momento y que nos lleva de la mano en un recorrido delirante y absolutamente delicioso.

Es inevitable hacer referencia a la música de Glass, Reich, Riley y por supuesto Nyman cuando pensamos en Mertens pero el marco referencial sólo sirve durante un breve instante pues su música tiene una gran personalidad, muy bien estructurada y con el sello inconfundible de su voz tan peculiar de contratenor.

Este recital ha sido una de las experiencias musicales más gratas e intensas que he vivido en muchos años –y afortunadamente la bellísima OFUNAM ha sido pródiga en brindar momentos entrañables– El trabajo de Wim con la orquesta fue verdaderamente estupendo, inolvidable.

 

 

Hubo un solo negrito en el arroz y es que mis estimados amigos de Sala Nezahualcóyotl me pidieron que esta vez, por cuestiones de contratos, broadcasting y esas cosas referentes a los derechos de uso y reproducción de la imagen, no tomara fotos del concierto; con todo el dolor de mi corazón tuve que abstenerme de tomar las fotos y eso que me llevé mi colección de lentes largos, en fin, los excesos del capitalismo afectan hasta el ámbito del arte pero nos queda todo lo demás. Les debo las fotos pero espero que hayan disfrutado de esta charla. Abrazo cordial a todos los rockcientoúnicos y amigos que me leen tan amablemente.

 

OFUNAM Wim Mertens Segunda Temporada 2018

Jesús Medina, Director Huésped

Wim Mertens, Voz –Contratenor– y Piano

Joy of Laughter, Cire Perdue, Sovereign Abandon, Initial Detachment, Sprachresten, Holes in Habit, Affine Schemes, Ahead of Itself, Tout ça, c’est Fini, Often a Bird, La Fin de la Visite, Zusammensetzen, Yes, I Never Did, Further Hunting, Birds for the Mind.

Wim Mertens (1953)

Un poema sinfónico para viajeros

Cuando uno piensa en el Mar en Calma suele asociársele a un estado de bienestar, sin embargo Herr Goethe, en un pequeño poema, nos describe la terrible angustia que para un marinero –pescador quizá– significa aquella calma chicha; en otro pequeño poema, Próspero Viaje, ensalza las virtudes de la acción, la travesía, quien viaja mucho conoce mucho y todo conocimiento enriquece al ser.

Un muy viejo Goethe y un muy joven Felix gozaron de la amistad y la admiración mutuas y este toma los poemas de aquel y crea una poema sinfónico que si bien no traslada el sentido literal de aquellos poemas, bien puede interpretarse de diversas formas; la placidez del mar en calma mas no inmóvil, que es la circunstancia propicia para emprender un hermoso y próspero viaje, surcando los mares en una goleta galante y orgullosa, con las velas hinchadas, sintiendo el viento en la cara, el aroma salobre y delicioso del mar y la brisa que de a poco nos va mojando, iniciando un viaje que nos llenará de enseñanzas y, es lo deseable, de cosas buenas y provechosas, gratas experiencias y riquezas.

 

Un poco adelante en el tiempo y después de algunos viajes a la bella Albión, Felix compone su denominada tercera sinfonía aunque realmente es la última en terminar, esto porque tarda más de doce años en completarla, habiéndola iniciado con la concepción de algunos temas en su visita al castillo de la Reina María Estuardo. En lo personal, tengo una relación entrañable con esta obra, que llegó a mi vida a la de sin susto; visitaba a un conocido sin una razón especial y como recordando algo de golpe me dice, oye, a ti te gusta la música clásica, ¿Verdad? ¡Claro! respondí y sin más puso en mis manos una cajita con una veintena de CDs de la Deutsche Grammophon, entre ellos el Requiem Alemán, la Renana de Schumann y esta Escocesa, entre otros y pronto estos tres CDs se hicieron mis favoritos.

La Escocesa me acompaño en mis peripecias por Oaxaca, viajando, reencontrándome, viviendo intensamente la juventud, durmiendo bajo cielos abiertos y estrellados; así me fui imbuyendo en el poder tremendo de esta obra, los matices sombríos, los momentos brillantes, los crescendi del primer movimiento que comienzan, imparables y explotan desbordando poder y energía, estos momentos siempre los he asociado con el poder del mar, ese poder que excita pero que nos mantiene conscientes de que puede destruirnos en cualquier momento.

 

Esta sinfonía, particularmente, la encuentro llena de significados, algunos muy evidentes, otros totalmente abstractos y que sin embargo pueden entenderse y vivirse apasionadamente en cualquier episodio de la vida, desde la calidez de una grata amistad hasta el arrebato pasional de la más deliciosa carnalidad.

Este Concierto para Dos Pianos es una obra singular, llena de finezas estilísticas y demandando un gran virtuosismo en las intérpretes que, como mirándose a través de un espejo, en un reflejo absurdo en el que no se corresponden sino que dialogan, van construyendo un paisaje sonoro rico, extenso, con muchos matices que nos evocan desde la delicadeza de la flor del diente de león que se deshace ante el soplido inocente de una niña, hasta pasajes verdaderamente dramáticos, donde los dos pianos resuelven en un discurso hiriente, histérico, casi frenético para llegar a la conclusión, añorante aunque poderosa y noble.

El concierto de esa noche realmente me conmovió, diferentes estados de ánimo, tan profundos y disímiles que al final, escuchando la Escocesa, no pude evitar que se me rodaran algunas lágrimas. Las hermanas Labèque ejecutando magistralmente el concierto de Bruch y que, fuera de programa, nos regalaron un pedacito de Cuatro Movimientos para Dos Pianos del maestrísimo Philip Glass y que siempre es un gran placer escuchar en vivo, todo ello bajo la dirección del maestro Quarta al frente de la OFUNAM a quienes encuentro cada vez más integrados y que se hace evidente que hay un gran trabajo en los matices que proyectan y enfatizan en cada obra; en verdad, un gran trabajo.

OFUNAM Programa 5 Segunda Temporada 2018

Massimo Quarta, Director Artístico

Katia et Marielle Labèque, Pianos

Mar en Calma y Próspero Viaje, opus 27

Sinfonía No. 3 en La Menor, opus 56, Escocesa

Felix Mendelssohn (1809–1847)

Concierto para dos Pianos y Orquesta, opus 88a

Max Bruch (1838–1920)

Memento mori, una reflexión musical

Un concierto hermoso, donde a la reflexión acerca del memento mori contrasta con la belleza espectacular de la música rusa, dejando claro que la obra trasciende al hombre. Una muy grata sorpresa fue el concierto de Nielsen, el cual no conocía y que me pareció francamente estupendo, una obra compleja y difícil para el solista, esencial para el repertorio del instrumento y que fue ejecutado magistralmente por la muy joven maestra Ana Emilia Castañeda de la Facultad de Música de la UNAM y que, por mérito propio, ganó la oportunidad para presentarse con la bellísima OFUNAM bajo la dirección del maestro Quarta. ¡Enhorabuena!

En este mundo sólo puedo tener la seguridad de dos cosas, que tengo que pagar impuestos y que todos vamos a morir. Sin embargo, a pesar de lo triste que es pagar impuestos, con lo que generalmente no podemos lidiar es con la idea de morir, el egocentrismo del ser humano le hace pensar que una obra tan perfecta –XDXDXD– debería de ser eterna y pues no, la cosa es que generalmente uno se pone triste, cosa muy natural, pero uno no llora por aquel que murió, uno llora por lo triste que queda uno con esa ausencia, lloramos por nosotros mismos, raramente por quien muere.

Así, Sibeluis escribe su Vals Triste, música incidental para una escena teatral en la que una mujer agoniza en su lecho, acompañada de su hijo; ella, más allá de la realidad comienza a imaginar una escena donde aparece rodeada de parejas que bailan este vals, la música suena un tanto rota, un tanto descompuesta, dulce y amarga a un tiempo, desesperada ante la cercanía del momento, los temas son muy íntimos, como un monólogo que debiera ser un diálogo, no hay interlocutor, es la mujer y su muerte, personalísima, encarnada en la efigie de su esposo muerto que viene a recogerla; este vals se apaga con la amarga certeza de una despedida definitiva.

 

 

El Concierto para Flauta de Nielsen es una cosita deliciosa, la flauta crea melodías hipnóticas, altamente rítmicas y a lo largo de sus dos movimientos interactúa de manera fantástica con el clarinete, el trombón o la viola en duetos casi acrobáticos. Dulce y juguetona, la voz de la flauta desarrolla momentos hermosos, monólogos que se convierten en manifiestos, hábiles y delicados pero también precisos, como el vuelo de una libélula. Un concierto modernista, dentro de la vanguardia musical del siglo xx y absolutamente maravilloso.

Durante los últimos siglos de la Edad Media, ya bien afianzado el poder terrenal del clero y la espada, con una Europa más o menos estable geopolíticamente, cambia el discurso iconográfico del yisus pantócrator –el que gobierna todo, el del poder absoluto– como representación del emperador o del papa como cabeza política del poder y migra hacia una conciencia más humana en contraposición a lo divino y por supuesto más individual –recordemos que ya se acerca el Renacimiento y el humanismo como centro del discurso filosófico–.

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Así, aparece un personaje que puede tener las más disímbolas representaciones, desde más las jocosas hasta las horrorosas, su majestad la Muerte. La tradición de representar esta muerte –la gran igualadora–, como la propia, la del caballero, la de la doncella encarnando a la belleza y su transitoria temporalidad, la del otro, también aparece en la música, la Danza Macabra de Saint–Saëns es una de las más hermosas y reconocidas.

No es una obra fúnebre, no es doliente sino jocosa, divertida y terrible, el violín hace hablar a la Muerte, que te recuerda que tú tampoco escaparás de esta danza, la final, donde te podrás despedir alegremente de tu vida, sin resentimientos; tuviste toda una vida para hacer lo que quisiste pero ese tiempo se acaba, ahora te despides festejando como los grandes; el tema que aparece en el xilófono es quizá el más asociado con el sonido que producirían los huesitos de la muerte al chocar. En fin, una obra divertida que nos coloca en el punto de reflexión, a comer y a bailar que el mundo se va a acabar.

 

 

El Príncipe Igor es una ópera de grandes dimensiones que Borodin dejó inconclusa y fue terminada a su muerte por sus amigos Liadov y Rimsky–Korsakov. Las Danzas Polovotsianas son la parte final del segundo acto donde los polovots festejan su victoria sobre los ejércitos de varios príncipes rusos, Igor incluido; esta pieza, una danza coral, refleja todo el esplendor de la música rusa del siglo xix, ambientes suntuosos y brillantes, temas apasionados y una orquestación espectacular hacen de ella una de las más emotivas del repertorio ruso. Magnífica, hermosísima.

OFUNAM Programa 4 Segunda Temporada 2018

Massimo Quarta, Director Artístico

Ana Emilia Castañeda, Flauta

Vals Triste

Jean Sibelius (1865–1957)

Concierto para Flauta y Orquesta

Carl Nielsen (1865–1931)

Danza Macabra

Camile Saint–Saëns (1835–1921)

Danzas Polovotsianas de El Príncipe Igor

Alexander Borodin (1833–1887)

La fábula como curiosidad sonora

Un bellísimo concierto que tuvo como eje la narración de tres hermosos cuentos, dos provenientes de la tradición y una divertida fábula. Un trabajo extraordinario del maestro Mario Iván Martínez, que llevó la narración de los tres cuentos con la ayuda de títeres y muñequitos; como siempre es un verdadero placer disfrutar el talento de este extraordinario artista en vivo y sobre todo, acompañado de la extraordinaria OFUNAM que estuvo bajo la batuta del maestro Luis Manuel Sánchez, también contamos con la presencia en la sala del compositor, el maestro Eduardo Gamboa.

La Leyenda de los Volcanes narra la historia de dos príncipes, él, hijo del sol, de la luna, ella y el amor que en un lugar paradisíaco los unió. El sol les había prometido amor eterno siempre y cuando no bajasen a la tierra y aunque vivieron una larga temporada así, la curiosidad les llevó a bajar a conocer la tierra; el sol, al conocer que habían faltado a lo que les había ordenado los maldijo otorgándoles la mortalidad por lo que al llegar su momento, ella quedó tendida en una alta montaña, encarando hacia oriente, él duerme a sus pies, haciendo guardia por la eternidad.

El Pájaro Cú es un pajarillo que tuvo la suerte de crecer sin plumas, por lo que siguiendo el consejo de una sabia ardilla, amiga suya, se acerca al tecolote y le pide que le regale una pluma para cubrirse durante el invierno, el tecolote ríe ante la petición y decide convocar a todas las aves para que cada una regale una pluma, así pronto el pájaro cú queda forradito de un plumaje multicolor. A la noche decide dormir en la oquedad de un árbol pero el tecolote le advierte que no lo haga pues ahí duerme un duende un tanto maloso; Cú desoye del consejo y se queda a dormir ahí. A la mañana siguiente había desaparecido. Por eso, en las noches, el tecolote canta buscando a su amigo, cada noche, cúcuuu cúcuuu, cúcuuu.

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La música de estos cuentos, un tanto anacrónica, sigue las líneas del nacionalismo mexicano de la primera mitad del siglo XX aunque aderezada de una muy rica y divertida dosis de mambo.

Rinrín Renacuajo, desobedeciendo a mamá, sale a la calle donde se encuentra con un amigo ratoncito con quien va a visitar a doña ratona para gorrearle unas cervecitas, la señora los recibe alegremente y mientras están tertuliando aparece la señora gata y sus gatitos, que sin mayor miramiento se perjudican a la señora ratona y al ratoncito; Rinrín no se queda a esperar el desenlace y sale corriendo sin fijarse mucho por donde corre, por lo que termina dando un brinco hacia el pico de un patito muy vivaz que pasaba por ahí, quien amablemente se lo llevó… dentro de su pancita.

La música de San Silvestre, hermosa y muy divertida, contiene elementos propios del folklore mexicano, no como una representación del mismo sino manteniendo la personalidad moderna y vanguardista del compositor; en un principio fue compuesta para acompañar una representación teatral y se estrenó como ballet en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, un día antes de la muerte de este extraordinario músico.

 

 

OFUNAM El Niño y la Música Segunda Temporada 2018

Luis Manuel Sánchez, Director Huésped

Mario Iván Martínez, Narrador

La Leyenda de los Volcanes

El Pájaro Cú

Eduardo Gamboa (1960)

El Renacuajo Paseador

Silvestre Revueltas (1899–1940)

Belleza y elegancia del discurso romántico de Schumann

En un gran concierto donde pudimos apreciar tres pensamientos musicales totalmente distintos, la energía, belleza y elegancia del discurso romántico de Schumann, la energética propuesta sonora de la reinterpretación beethoviana que inserta elementos ajenos entre sí, forjando una propuesta sólida e interesante y el pensamiento anacrónico de un fervoroso católico (sic) que expresa su pensamiento religioso a través de la vacuidad de un collage sonoro posmodernista. Excelente trabajo en las percusiones del maestro Dominique Vleeshouwers y la OFUNAM bajo la muy dinámica dirección de la maestra Elim Chan.

Con Brío es la notación más frecuente en las partituras de Ludwigvan, así, a raíz de una invitación hecha por el director Mariss Jansons para componer una obra contemporánea retomando la técnica musical del grandioso LvB y conjuntarla con las tendencias musicales contemporáneas Herr Widmann crea una gran propuesta musical que titula con esta notación tan beethoviana, reinterpretando las formas estructurales clásicas y trayéndolas a un lenguaje musical actual, con disonancias, atonalidades, recurriendo a técnicas no ortodoxas en la interpretación instrumental como percutir la caja de resonancia de los instrumentos de cuerda o el provocar resoplidos con los instrumentos de aliento y también, por muy breves momentos, existen las citas obligadas a LvB, particularmente de la séptima y octava sinfonías. La obra es un ejercicio sonoro quizá un poco difícil de comprender en un primer momento pero que plantea ideas muy interesantes.

 

 

Realmente me cuesta mucho trabajo entender la religiosidad exacerbada del ser humano después del siglo XIX, yo mismo fui educado por una ferviente católica, sin embargo la figura de dios no resiste un análisis profundo a través de la razón; el postulado nietzscheano que señaló la muerte de Dios no implica que haya ocurrido el deceso de alguien, es hasta infantil pensarlo de ese modo, sucede simplemente que el mito de la divinidad –léase aquí cualquier divinidad, tooooodos los dioses habidos o por haber– se ha vuelto insostenible, aun así existe gente que rige su vida –y la consagra– a ese mito consolador de Dios.

MacMillan es de esa gente, un hombre que, inmerso en la posmodernidad, aún se aferra desesperadamente a la religiosidad huyendo de la razón. Esta obra, que bien puede ser entendida como un concierto para percusiones y orquesta, es un manifiesto religioso que a través de una colección inconexa de fragmentos sonoros proyecta un discurso que denota la completa vacuidad del posmodernismo a través de recortes, pasajes aislados y fragmentos que recuerdan vagamente eras anteriores; citas barrocas, líneas melódicas en las percusiones que ejecutan un gran trabajo con pasajes de gran virtuosismo y belleza y que junto con la orquesta van creando ambientes escatológicamente apocalípticos.

 

 

El final anunciado pronto llegará, alabanzas a una divinidad sorda y evidentemente muda; las cuerdas y las maderas salen cada quien por su lado en planos armónicos distintos que producen disonancias non gratas y finalmente la obra no deja de tener un mood de música cinematográfica. Hacia la conclusión de la obra no me queda muy claro si el fastidioso tañer de las campanas llaman a misa, se tañen pro defunctis, anuncian la venida del señor –esta frase me causa reconcomia cada que la escucho, jajaja– o la llegada del final, final, finalísimo de los tiempos donde vivos y muertos serán juzgados y su reino (suyo de él) no tendrá fin…

La Sinfonía Cuatro de Schumann es, a mi gusto, una de las obras más profundas del romanticismo. Aunque es de sus primeros trabajos sinfónicos, no la concluyó sino hasta después de la tercera, la famosísima Renana por lo que está marcada como la cuarta y está dedicada a Clara, su esposa. Esta obra describe diversos ambientes sentimentales como la jovialidad, la fuerza y el empuje de la juventud; la grandiosidad del pensamiento a través de sonoridades vibrantes y espectaculares; sin embargo pronto pasamos a un ambiente triste, fúnebre, muy profundo e intenso del cual nos rescata el solo del violín principal, que aparece como un trino o como un refrescante trago de agua. La obra se renueva, luminosa y reflexiva para desarrollar los últimos movimientos con una alegría visceral, deliciosa e intensa, donde los metales y cuerdas acometen con gran impulso hasta lograr un cierre casi beethoviano, magnífico en verdad.

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OFUNAM Programa 3 Segunda Temporada 2018

Elim Chan, Directora Huésped

Dominique Vleeshouwers, Percusiones

Con Brío

Jörg Widmann (1973)

Veni, veni, Emmanuel

James MacMillan (1959)

Sinfonía No. 4 en Re Menor, opus 120

Robert Schumann (1810–1856)

Felix Mendelssohn, el pensamiento musical ya es maduro de cierta forma

Es difícil hablar de períodos tempranos de un músico que fue precozmente creativo pero en este delicioso concierto de la OFUNAM escuchamos obras tempranas de Felix Mendelssohn, con la singularidad de poder apreciar sus Conciertos para Piano No. 1 y 2 –uno seguido del otro en la virtuosa y excelentísima interpretación del maestro De Maria– lo que nos permite apreciar de forma amplia el crecimiento natural del compositor; en el primero encontramos un ímpetu irrefrenable, la necesidad ontológica de demostrar al mundo quién se es y hacerlo de forma espectacular, el pensamiento musical ya es maduro de cierta forma.

En las condiciones ideales, el talento humano es capaz de realizar creaciones asombrosas. Felix y Fanny Mendelssohn, la una quizá más talentosa que el otro, nacieron en el seno de una familia que poseía grandes riquezas materiales y –esto es lo más importante– una gran inclinación por la creación artística, bueno, no todos, algunos siguieron siendo banqueros como el padre; sin embargo Felix y Fanny, desde niños demostraron estar grandemente dotados de habilidades musicales y la familia fomentó la preparación artística de ambos, logrando criar a dos músicos excepcionales cuya obra quizá no sea actualmente tan apreciada como lo merece.

 

 

La personalidad de Felix está plasmada en su peculiar sonoridad aunque aún notamos influencias muy grandes de Ludwigvan, del Romanticismo temprano de Schu–Schu (Schubert y Schumann, pues) y sin lugar a dudas, de la técnica contrapuntística de San J S Bach que es evidente aunque no es plagiada, la integra perfectamente a su estilo y discurso musical; en el segundo se advierte un discurso definitivamente más personal, las influencias ya no son tan evidentes, asimiladas totalmente al sonido Mendelssohn y aunque el primero resulta magnifico y brillante, quizá por el empuje de la primera juventud y su gran virtuosismo desplegado en él.

 

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El segundo es una delicia más madura, virtuosa, pero también más personal y profunda; en ambos, el piano establece un diálogo cordial con la orquesta, la interacción se da de forma preciosa, abriendo espacio para el discurso propio de cada uno y para el lucimiento de las diferentes texturas sonoras de la orquesta.

El ímpetu poderoso del discurso, lo mismo que en esta gran Primera Sinfonía, es equilibrado deliciosamente por el uso cálido de cuerdas, cornos y maderas, a las que adereza con un discreto pero enfático brillo de timbales y trompetas. Los movimientos de estas obras son emocionalmente muy intensos, tanto en los alegres, en los que casi llega a la festividad de la danza, como en los lentos que llegan a provocar una profunda melancolía, casi rayando en la tristeza.

Un concierto exquisito de la OFUNAM, bajo la dirección del maestro Quarta, en el que pudimos apreciar más a detalle la grandeza musical de Felix, inmersa totalmente en la expresividad del Romanticismo pero que desarrolló un discurso musical deslumbrante y precioso aderezado con ideas musicales muy profundas. Siempre es una gran idea escuchar su música.

 

OFUNAM Programa 2 Segunda Temporada 2018

Massimo Quarta, Director Artístico

Pietro de Maria, Piano

Concierto para Piano No. 2 en Re Menor, opus 40

Concierto para Piano No. 1 en Sol Menor, opus 25

Sinfonía No. 1 en Do Menor, opus 11

Felix Mendelssohn–Bartholdy (1809–1847)

El American Way of Life a través de la música orquestal

Un programa muy curioso con el que inicia esta segunda temporada. Dos músicos estadounidenses del siglo XX, ambos de origen judío, que crean una estética sonora que dará forma al American Way of Life dentro del ámbito de la música orquestal. Excelente ejecución en el clarinete por parte del maestro Manuel Hernández, quien es titular del instrumento de nuestra bellísima OFUNAM a quien hemos tenido varias oportunidades de escucharlo como solista y todos bajo la dirección del maestro Quarta quien dejó ver cuánto disfruta de las obras que compusieron este magnífico concierto.

El Salón México fue, en la primera mitad del siglo XX, el lugar más importante de la vida nocturna de esta abigarrada Ciudad de México. De un testimonio de primera mano, sé que en aquel lugar se congregaban representantes de todas las clases sociales de la ciudad, gente proveniente de un ambiente rural, recientemente urbanizada, lo mismo que gente económicamente poderosa y por supuesto, era El Lugar a conocer para todos los extranjeros que quisieran probar un poquito de mexicanidad en estado puro.

 

 

Así llega un Mr. Copland de la mano de su amigo, el maestro Carlos Chávez y conoce este lugar que debió causarle una profunda impresión y aunque desconozco en qué sentido fue esta, puedo imaginarme que quiso atrapar el ambiente del lugar y por supuesto del México de aquellos años a través de estampas sonoras altamente coloridas y un tanto edulcoradas para entrar sabrosamente en el gusto del público gringo que, como en la película de ‘Los Tres Caballeros’ de Disney, miraba de una manera totalmente romántica e irreal hacia Latinoamérica con la misma fascinación que causó el exotismo de Medio Oriente en la Europa del siglo XIX.

 

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En este recorrido sonoro vamos a encontrar la música que caracterizó al cine mexicano en su Época de Oro, rancheras bellamente ajuareadas, música cubana que va a caballo entre el mambo y el danzón y sobre todo, que Copland supo capturar la esencia de la música académica mexicana que en aquellos momentos andaba en su nacionalismo e imprimió las influencias que tuvo de San Silvestre Revueltas, Moncayo y el propio Chávez.

Otra obra muy interesante de Mr. Copland es su ‘Concierto para Clarinete’ en el que sigue el ejemplo de Gershwin y coloca al jazz en el espacio privilegiado de la música académica y en el que explora la amplia gama tímbrica del instrumento, indicado una ejecución verdaderamente virtuosa; con sólo dos movimientos, este concierto va del bullicio a la reflexión, haciendo del discurso del clarinete algo muy emotivo. Una de las características de la obra que aunque no es muy evidente sí es importante es la influencia de la música tradicional judía en ella, sobre todo en el uso del clarinete, que es uno de los instrumentos que más ha destacado en la interpretación de esta música.

 

 

Y siguiendo la línea jazzística, escuchamos las Danzas de la obra ‘West Side Story’, el eterno retorno a los clásicos que en esta ocasión nos lleva la trágica historia de Julieta y Romeo a las calles de Nueva York, una chica portorriqueña y un joven estadounidense que encuentran el amor en medio del conflicto, racial en este caso. Esta suite la conforman diversas piezas que destacan por su ritmo, desde mambo y chachachá hasta lo que podríamos música incidental, donde se retrata la acción de las escenas como el encuentro de los amantes o el conflicto entre bandos opuestos.

OFUNAM Programa 1 Segunda Temporada 2018

Massimo Quarta, Director Artístico

Manuel Hernández, Clarinete

El Salón México

Concierto para Clarinete

Aaron Copland (1900–1990)

Danzas Sinfónicas de West Side Story

Leonard Bernstein (1918–1990)

La leyenda de primera mano con música, OFUNAM cierra temporada

La creación artística, a lo largo de muchos siglos, giró alrededor de las cosas relativas la mitología judeocristiana, siempre fomentada desde el poder pastoral y terrenal y a pesar de los cismas heréticos siempre se mantuvo una misma forma de administrar la fe; uno de los grandes aciertos de la división germana del corporativo cristiano fue el de traducir el mito al idioma vulgar, así, los creyentes laicos pudieron acercarse y conocer estas leyendas de primera mano, nosotros pudimos escucharla en compañía de la OFUNAM.

Bach, fervoroso cristiano, con el pensamiento puesto en la divinidad, musicaliza el relato de La Pasión según San Juan, en la que hace una narración cantada de aquella situación buscando provocar los sentimientos más profundos en su audiencia a través de la combinación de las voces de instrumentos y solistas; el evangelista, representado por un tenor, lleva la guía de la narración, Jesús, Poncio Pilatos y –don ich bin nicht– Pedro en voz de los solistas, lo mismo que otros personajes incidentales o narradores a través de las arias; las partes del coro llevan el grueso de la narración de la mano con el evangelista.

La Culpa es uno de los pilares en los que la iglesia católica y demás sectas judeocristianas han cimentado su poder. Tú naciste en el pecado y por tus pecados ha de sacrificarse al cordero de dios para que expíe en su muerte, tus culpas y puedas acceder al paraíso y al descanso eterno –o arder en las llamas del infierno, si no te comportas como nuestros dogmas requieren y cumples con tu aportación económica a lo largo de toooooda tu vida, para la mayor gloria de nuestro señor –obispo o pastor, lo mismo da–; además está ese otro elemento paralizante, ese que quizá sea la fuerza más grande que impulse o detenga/retenga/contenga al ser humano, el miedo; si cuando vino dios lo apresamos, lo torturamos y lo crucificamos, imagínate lo que te vamos a hacer a ti –Inquisitio dixit–. Así se legitima la tortura, la guerra santa, el sacrificio; cuántas vidas humanas, creyentes o no, se han sacrificado a este dios de oro y guerra, de amor y de sangre.

 

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Al adoctrinar a los feligreses, principalmente a edades tempranas, se pone especial énfasis en el pasaje de la pasión y muerte del susodicho, con lo que se apela a la empatía, a la compasión por el débil, por el “bueno” y así, como con la muerte de la mamá de Bambi, se le da un golpe demoledor a la capacidad de reflexión del individuo y apelando a su empatía, se programa a aceptar como bueno al ben Yusif, carpintero, pobre, justo y talentoso y como malos a sus antagonistas sin ningún tipo de reflexión o duda.

El mensaje final es claro, Dios en persona vino a sacrificarse para tu salvación, te toca ofrendarle tu vida para hacerte merecedor de su gracia y salvación –y sobre todo, entregar tus recursos materiales y económicos a su administradora para seguir consiguiendo clientes per secula seculorum–. A lo largo de siglos, este mito se ha repetido hasta el hartazgo, desde la tradición oral y escrita hasta las películas con Enrique Rambal o Mel Gibson, producidas por el santo madero –Holywood pues–, siempre como una cuestión de propaganda, enalteciendo los mismos valores y envileciendo a los mismos malos.

Fuera de la temática que de tan común ya resulta aburrida, la música es una gran obra de arte, la música es compleja, profunda y emotiva, las suntuosas texturas orquestales y vocales son realmente conmovedoras y enfatizan a la perfección los pasajes que van siendo narrados, ciertos recursos como el acompañar al narrador con cello y órgano o clavicordio haciendo el bajo continuo le da un matiz especial a la narración y nos coloca en un espacio/tiempo determinado de la historia, diferente al momento del solista/personaje, de las arias para solistas y aun de la narración misma del coro que, por otro lado, a través de contrastes va construyendo espacios sonoros que realmente dan la sensación de ascender a los cielos. Finalmente tenemos una narración muy interesante enmarcada con música excelsa.

Una ejecución formidable de la música de Johann Sebastian Bach a cargo de la bellísima OFUNAM, con interpretaciones magistrales de solistas y coro además del uso de instrumentos de la época que muy raramente vemos en las salas de concierto, como la viola da gamba, el clavecín y la tiorba; excelente cierre de primera temporada.

OFUNAM Gala de Clausura Primera Temporada 2018

Massimo Quarta Director Artístico

Anabel de la Mora Soprano

Guadalupe Paz Mezzosoprano

James Way Tenor

David Oštrek Bajo

Armando Gama Barítono

Orlando Pineda Tenor

Daniel Cervantes Bajo

La Pasión según San Juan, BWV 245

Johann Sebastian Bach (1685–1750)

Ennio Morricone y Nino Rota en la Sala Nezahualcoyotl

El arte es la expresión más alta del intelecto humano y aun así, como todo, necesita un contexto sobre el cual construirse; las narraciones visuales o sonoras pueden llegar a prescindir de la palabra que les da origen, llevándonos a elaborar una interpretación de la historia a través de las atmósferas que son creadas con música o secuencias fotográficas. Así, en el cine disponemos de un abanico muy amplio de medios para lograr una gran obra que gloriosamente fue presentada en la en la Sala Nezahualcoyotl.

Ennio Morricone es un prolífico compositor que ha creado música para más de medio millar de películas. Esta dos piezas de ‘La Misión’ son las más famosas y acaso las más dulces, el tema del jesuita encarnado por Jeremy Irons es una delicia en voz del oboe, dulce y a la vez, doliente, mágico, casi como una plegaria en la que despliega los matices más dulces y delicados del instrumento al construir un tema que tendrá gran importancia en la película.

Nino Rota crea la música para la versión cinematográfica más clásica de ‘Romeo y Julieta’; el uso de leitmotiv y la creación de ambientes para las escenas requeridas son magistrales, la intensidad desbocada del amor juvenil, la danza, las adversidades y disputas familiares, incluso la cabalgata y sobre todo, el tema de amor de la pareja –que desgraciadamente ha sido usada hasta el hartazgo– completan una gran obra de música incidental.

 

 

‘Como Agua para Chocolate’ fue, literalmente, un libro que me bebí en menos de cuatro horas, delicioso, así que cuando salió la película fui corriendo a verla. Adolescente en aquel momento, la música no me causó una gran impresión y este reencuentro con ella lo confirma. Es una música ligera, con muchou cielitou lindou para mi gusto, sonoridades artificiales con las que los gringos describen lo mexicanou. El Huapango es una mala cita –buena si sólo lo vemos desde un punto de vista musical– a la obra de Moncayo y aderezada con sonoridades de rancheras y huapangos de Miguel Aveces Mugía. Sinceramente, me gustó tanto el libro y la película que siento que en la música me quedaron a deber.

En el principio, el hombre creó a dios, conoció el poder y vio que era bueno. Zarathustra subió a la montaña y se hizo sabio, después se aburrió y bajó. Y bajó anunciando la muerte de dios, no porque alguien haya muerto sino porque el mito de dios es ya insostenible. En el mundo que el hombre ha construido los hechos no tienen un significado per se, es el hombre mismo quien los interpreta, la verdad es la mentira que nadie puede derribar; el poder reside en imponer la verdad propia; el filósofo hace de la vida una deconstrucción de la gran comedia humana, el Übermensch como el hombre pensante que trasciende al hombre creyente de dios.

 

 

‘Así habló Zarathustra’. La música es románticamente delirante, dionisíaca, entre canciones y valses escuchamos la voz sacralizada del órgano que de a poco queda ahogada, como metáfora de la muerte de dios. Strauss crea una exquisita interpretación de la filosofía a través de su música, la música como metáfora de la filosofía, el mundo natural como metáfora de la perfección, la danza como metáfora de la alegría dionisíaca de vivir; el poder, el hombre, los escenarios filosóficos, los conceptos filosóficos representados por profundas ideas musicales que pueden resultar abrumadoras pero que no están exentas de brillo, belleza y el gran brío que mantiene en todo el poema musical. Una obra fascinante. *hueso sale volando y en sus circunvoluciones se asemeja a la rotación espacial de un satélite…*

El maestro Gasançon al frente de la OFUNAM ejecutando de manera impresionante la obra de Herr Strauss y las obras escogidas para ser presentadas en esta edición 2018 del FICUNAM.

 

 

OFUNAM Programa 6 Primera Temporada 2018

Sylvain Gasançon, Director Huésped

Selecciones de La Misión

Ennio Morricone (1928)

Suite de Romeo y Julieta

Nino Rota (1911–1979)

Suite de Como Agua para Chocolate

Leo Brouwer (1939)

Así Habló Zarathustra

Richard Strauss (1864–1949)

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