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¿Por qué le temen tanto al reggaeton?

Por: ALEX CASTRO

Mientras una parte de la industria musical latinoamericana abraza con fervor estos ritmos, otra les da la espalda por prejuicios de toda índole. Para nadie es noticia que los ritmos urbanos como el reggaeton y el trap latino están sonando en los teléfonos celulares y las pantallas de la mayoría de los jóvenes de Latinoamérica, entre otras regiones del globo.

Desde la década pasada, cuando la llamada vieja escuela del reggaeton llegó para quedarse –para bien o para mal, eso es decídanlo ustedes– en la corriente principal, de la mano de artistas como Daddy Yankee, Don Omar y Calle 13, el ascenso de estos ritmos fue lento, pero sostenido.

Sin embargo, no todos los sectores de la industria en esta región han recibido con la misma apertura esos estilos musicales.

 

Por una parte, las discográficas trasnacionales están encantadas –y cómo no– con el éxito de estos artistas en las plataformas de streaming, ya que les están generando las ganancias económicas que perdieron cuando fueron incapaces de acoplarse a los nuevos tiempos.

Hace unos meses, un empleado de Universal Music me confesó que odiaba la canción ‘Despacito’, de Luis Fonsi, pero que al mismo tiempo la amaba porque gracias a ella toda la compañía comió en 2017. Así de simple.

 

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Como era de esperarse, ese éxito comercial se ha visto reflejado también en las premiaciones de la propia industria, como sucedió en la pasada edición de los Latin Grammy, que si bien no fue la primera vez en que figuraron por ahí varios artistas de reggaeton, sí fue la primera en que su presencia fue mucho más contundente, reflejándose incluso en diferentes categorías musicales.

 

Es interesante ver cómo la mayoría de los artistas de la llamada corriente principal que no pertenecen al reggaeton tampoco pueden ignorar su preponderancia. Los que lo aman, no dudan en incorporar algunos o varios de sus elementos en su música, como Shakira, Luis Fonsi o Chayanne, que ya tenían una carrera basada en otros géneros, pero lo adoptaron para tratar de mantenerse vigentes en el gusto del público.

Y los que lo odian, como Aleks Syntek o Bunbury, no dudan en criticarlo públicamente con el sobado argumento de que no tiene calidad o de que sus letras explícitas no son positivas para la juventud, como han asegurado también Juanes y Carlos Vives.

 

Hay otra parte de la corriente principal que tampoco le termina de abrir la puerta a estas músicas: la de los festivales masivos, que a pesar de que en todo el mundo se están abriendo hacia horizontes cada vez más comerciales, tampoco terminan de darle mucho espacio a estos artistas.

Al respecto, Nico González, del sello argentino Solo Le Pido a Dior, me comenta no sin cierta ironía: “Me pregunto si los grandes festivales se animarán a incluir artistas de reggaeton y sobre todo artistas semi under de reggaeton dentro de su line up… antes del 2030”.

En México, por ejemplo, son pocos los festivales de música para jóvenes en los que tienen cabida los artistas de reggaeton, y menos aún los de trap, que es un estilo más nuevo en la región.

La cadena EXA lo hizo con un festival llamado Urbánica, en el que reunió a artistas como Wisin, Prince Royce, Maluma, Farruko y Reykon El Líder. Coca-Cola y OCESA también lo han estado haciendo con festivales como Flow Fest y Ceremonia, respectivamente, al incorporar varios estilos de estos géneros en sus carteles.

Mientras tanto, en carteles festivales que se autodenominan “de cultura iberoamericana” como el Vive Latino, hay que hurgar con esmero para encontrar apenas algunos nombres, como el del productor Bruno OG o en ediciones anteriores Toy Selectah y Calle 13.

 

Hay quienes consideran que el reggaeton entró por la puerta incorrecta al mainstream, como Ingrid Suárez, comunicóloga y manager de Ali Masare y Frank PTM, quien me dice que al tomar elementos del reggae y el rap, y hacer algo bailable y candente, los artistas del género perdieron el respeto de seguidores de otros géneros, como el rock y sus variantes, por que considera que fue algo muy fuerte para los puristas… “y al ver como se hacían millonarios, pues más…”

 

No son pocas las voces que señalan las similitudes, no solo en cuanto a cómo han sido recibidos ambos géneros en sus inicios, sino también en cuanto al ascenso estrepitoso en las listas de éxitos, al contenido explicito de sus canciones y sus bailes, y a la polémica que estos provocan entre los sectores más conservadores de la sociedad.

Mientras tanto, en las plataformas de streaming es donde se puede medir el verdadero pulso de estos sonidos a lo largo y ancho del Continente, desde México, con Alan Rosales, Rosa Pistola, Alemán, Yoga Fire, Manelyk o Frank PTM; Colombia, con Juan Por Dios o Farina; Argentina, con Coral Casino, Lngchps o Chocolate Remix, o el punto más caliente de la región, que es Puerto Rico, con gente como Bad Bunny, Ivy Queen, Brytiago o Bryant Myers.

Lo mismo sucede en las fiestas y festivales de cada urbe latinoamericana, donde se puede palpar la evolución –o involución, según se quiera– de cada escena, como sucede en la Ciudad de México, sólo por citar un caso, a través de bacanales como los de Traición, Por Detroit, Mami Slut, SUDA, Perreo Millennial, Perreo Pesado, Perreo Católico y todos los demás que empiecen con “Perreo”.

El reggaeton y el latin trap seguirán enfrentando miedos y prejuicios de todo tipo durante un buen tiempo. Lo más curioso será cuando, dentro de algunos años, nos demos cuenta de que quizá no era para tanto, y que al final resultaba que era sólo música que no le hacía daño a nadie… Exactamente como le sucedió al rock and roll.

Cuando el #VL18 se subió al transporte público

Para cuando esto salga publicado, quizás la mayoría de los “ofendidos” reporteros y cronistas de rock en México se encuentren un poco más sosegados tras (léase con entonación de voz en off de película de Luis Buñuel) la “infamia” y el “oprobio” a los que fueron sometidos luego de que el cartel del Vive Latino 2018 se anunciara en las pantallas del metro de la Ciudad de México. Qué osadía, ¡pardiez! No puedo dejar de reír.

 

¿Desde cuándo los medios y los reporteros se creen merecedores de la información o la exclusiva? ¿No hace poco alguien me decía que era responsabilidad del periodista hacerse de la información en vez de estar esperando el parte oficial? ¿Dónde quedó ese bello arte de la investigación? ¿Dónde quedó esa chulada que era apretar las tuercas del vocero, nada más un poquito, para robarle algunas banditas invitadas? ¿Saben en dónde? ¡En la bandeja del correo electrónico y el timeline de Twitter!

 

Porque qué cómodo es ese mantra que reza: ¡dejad que los boletines se acerquen a mí! Estamos en la era del boletín, de los revuelcanotas, de los tepublicosimeacreditas, de los tedoyespaciosimedasboletos, de los blogueros con 20 toques al mes, de los reporteros con resentimiento social, de quienes prefieren phoner para no tener que quitarse la pijama, y no de quienes tienen convicción y ética; pero a eso los acostumbraron desde hace mucho tiempo.

 

Mi reino por saber qué habrá pasado por la mente de los encargados de las estrategias en OCESA, quienes prefirieron las pantallas del Metro que a los pocos medios (verdaderamente) especializados en música que hay en México; ya no se diga a los blogcitos bebé (¡mis vidos!). Quizás se hartaron de ver replicado el mismo boletín gracias a la magia del copy+paste, y borrando el boilerplate de la organización, medio tras medio. O quizás, también, se cansaron de las críticas infundadas de quienes cada año mientan que cada año el cartel es el peor de la historia pero corren por su acreditación con el entusiasmo con el que una quinceañera con retraso corre por su prueba de embarazo.

 

Lo que tenemos aquí, a diferencia de las formas tradicionales, es una campaña bastante bien orquestada, sin un ápice de error porque se saltaron a los medios para tener un buen arrastre orgánico en las redes sociales. “¡¿Cómo que en el Metro y no en nuestras sagradas escrituras?!”, habrán mentado a dos segundos del pánico y con los esfínteres a punto de aflojarse. Y sí, gracias a la ocurrencia, inclusive los detractores están hablando del cartel del VL2018 y ¡están compartiendo el cartel en sus redes sociales! ¿Quién ganó? Muy simple: los organizadores quienes se anotaron un golazo mediático sin recurrir a los medios, y los fans que se ahorraron las pobres crónicas de siempre.

 

Pablo Cam, productor de contenidos y especialista en medios de comunicación, es enfático al referir que, en este caso, “el cliente está buscando otro tipo de impacto; la gente va a festivales independientemente de si se enteraron por ellos en la prensa, que es un medio y no un fin, y está súper chingón, porque, además, en mi opinión, es el mejor cartel del Vive Latino en años. Se trata de medios alternativos y la prensa debe entender que éstos están comiéndose a todos. El Metro es un medio mucho más urbano, que va de la mano con la esencia del Vive Latino, más allá de anunciarlo en un blog o un periódico, es un medio más directo porque el cliente está hablándote directamente, sin intermediarios”.

 

Por su parte, Gisela Ayala Téllez, periodista con más de 20 años de experiencia en distintas fuentes, señala que “el Metro es el mejor medio para llegar a la gente. En realidad, los reporteros somos un medio para llegar al receptor, y no se trata de atacarlos sino de incitarlos a buscar la nota y, en vez de ofenderse, los medios deberían saber cómo medir esta ‘provocación’. La onda es que la música llegue a donde debe, que es la gente”.

 

En ese mismo sentido, tomando en cuenta que la música y los conciertos son un ne-go-cio, y que nadie puede decirle a nadie cómo publicitar su negocio, ¿cuál es el fundamento real del reproche? La ausencia de protagonismo. Ergo: los medios y sus reporteros deben entender que los protagonistas son los músicos y, en este caso, los organizadores, porque los primeros son, de hecho, por si no se han dado cuenta: un medio y, en el peor de los casos, un tamiz. Ya desde principios de los noventas, algunos analistas estábamos hartos de la misma preguntita de siempre en conferencias de prensa para bandas extranjeras: “¿qué sienten al tocar por primera vez en México?”. ¡Con un demonio! Qué rayos van a sentir sino gozo y un buen aliciente para sus carteras. “¿Qué esperan del público mexicano?”, se afanan. En fin.

 

Sobre ese rubro, Ileana Gordillo, mánager de bandas de rock con mucha experiencia y especializada en el desarrollo de artistas, señala que fue de su agrado que lo anunciaran primero en el Metro ya que “las conferencias del Vive Latino no se caracterizan por ser las mejores, siempre hay mucha paja, muchos medios, le abren la puerta a todo el mundo y no se pone mucha atención a los contenidos. A mí me parece afortunado que haya sido de esa forma”.

 

Definitivamente los medios y las formas han cambiado, y uno de los primeros ejemplos visibilizados fue la campaña para la película ‘Blair Witch Project’ en 2000, cuando la trama de la película se hizo pasar como un hecho real. Finalmente el mensaje debe llegar a la gente sin importar el medio. No obstante, hay quienes aún no están preparados para estas épocas.

Festival Ceremonia 2016

 

Por: Patricia Penaloza / @patipenaloza

 

Con una asistencia considerablemente mayor a la de sus tres primeras ediciones, el Festival Ceremonia 2016, auspiciado por la compañía independiente Tape, este año ayudado un poco por la operadora de conciertos OCESA, llevó a cabo este sábado 9 de abril en el Centro Dinámico Pegaso (Toluca, Estado de México), la que quizá haya sido su mejor edición hasta ahora, sobre todo por el nivel de producción, notoriamente superior a la de otros años, con una mucho mejor elección de temporada climática: día soleado, nada de lluvia ni lodazales, y mucho menos frío en la noche. Instalado ya de forma más clara como un festival esencialmente de música electrónica y géneros bailables afines (funk, soul, rap, entre otros), de inicio a fin, el ambiente fue de alegría festiva, ayudado por una mucha mejor organización en el transporte  (la mayoría de los asistentes son de la Ciudad de México) y en la logística toda.

 

 

Musicalmente, los momentos más altos se dieron con el magnífico productor y virtuoso del bajo, Thundercat (Stephen Bruner), seguido por el cantante de soul, rapper y baterista Anderson Paak & the Free Nationals, y el grupo mexicano de electrónica y rock Titán, que al actualizar viejos temas de culto y sorprender con un nuevo sonido que mezcla industrial con progresivo y psicodelia electrónica, deslumbró a la concurrencia.

 

 

En cuanto a fiesta y gran recibimiento, Disclosure y su house retro cumplió con las altas expectativas y enloqueció a los miles de asistentes con un show impecable, entre secuencias digitales e instrumentos ejecutados en vivo (bajo, teclado, baterías) y voces pop perfectas. Asimismo, el baile se mantuvo exacerbado en el escenario principal, sobre todo con Classixx, Bob Moses, el DJ set de Gessafelstein y el acto en vivo de Flume, quien se dejó acompañar por excitantes visuales.

 

 

Por su parte, el escenario secundario ofreció guiños de menos alcance masivo pero mayor refinamiento sonoro, no sólo con Thundercat sino con el rapero guatemalteco (avecindado en México) Jesse Baez, el pop chileno de Marineros, los retruécanos grime-jungle-dubstep de RL Grime y por supuesto, el rap de vieja escuela de NAS. La carpa esférica Camp Roswell fue la delicia con filas larguísimas para acceder a ella, llena de motivos espaciales y alienígenas, con muchos artistas mexicanos de avanzada, tales como Theo Mago (nuevo alias de Bufi), Alemán, Finesse All Stars, Superstudio, Clumbers, o figuras como Alizzz (España), Gaika (UK), Anna Lunoe (Australia) y Total Freedom (EU). Sorpresa oscura y sucia, fue la mini carpa Spotify, que ofreció sonidos correosos, subterráneos, inesperados, con pinchadores alocados nacionales como DJ Chrysler, Damián Romero, Rosa Pistola, Niño Árbol o BBY Alone Soundsystem. El cierre con los mash-ups de Dj Z-Trip a las 3 de la mañana fue estruendoso y feliz, para los aferrados de la madrugada.

 

Globos, shorts, falditas, descamisados, colores.

 

Desde la una de la tarde, a diferencia de otros años, en que la gente solía llegar hasta cerca de las 6 de la tarde aproximadamente, la concurrencia, que oscilaba entre los 15 y los 30 años de edad, se fue agolpando en la entrada con el alboroto y algarabía propios de las hormonas en flor, mientras globos metálicos, insignias, banderas de colores, aros circenses, tiendas de ropa, productos orgánicos, publicaciones; stands de moda, dinámicas y juegos relacionados con la cultura skate, los recibían en un ánimo que equilibraba el consumismo con el disfrute y el posicionamiento de actitudes e imágenes. Carpas donde elaboraban tu propia máscara de animal en formas geométricas, donde te regalaban banderas de colores para agitar en lo alto,  juegos mecánicos intensos que te agitaban el cerebro y te hacían girar de cabeza, stands para probar la destreza y tino de los asistentes, mantenían de inicio a fin, la sensación de feria interactiva, de festejo celebratorio de la juventud desbordada.

 

 

La comodidad fue un rasgo singular en la edición de este año: las rutas para caminar estaban mejor diseñadas y señalizadas, los escenarios estaban muy cerca entre sí, y eso hacía que uno casi no se cansara, a pesar del calor. Las grandes carpas de sombra aliviaban a quien no quisiera estar bajo la inclemencia del sol atronador y brillante de primavera. Asimismo, resultó muy efectivo y bien instrumentado, sin fallas, el sistema de pre-pago: en pulseras individuales uno podía cargar efectivo para así agilizar la compra en los stands de  bebida; si sobraba dinero pre-pagado, uno podía recibir reembolso al final: una actualización digital de la antigua kermesse con boletitos.

 

De igual forma, las risas, los grupos de amigos abrazados, las falditas y los shorts coquetos, los varones descamisados, los bailes en grupo o en círculos con aros y máscaras, completaban el cuadro de chamacos gozando de la vida.

 

Tino musical

En cuanto a la curaduría de esta edición, los artistas fueron elegidos de una forma mucho mejor pensada y acorde con los gustos locales. Malas experiencias del pasado fueron cuando por ejemplo cerró Julian Casablancas and the Voidz (2014) y había muy poca gente viéndolo por evitar los grandes pantanos de lodo que dejó la lluvia por la tarde; o esa misma noche, en que Tyler the Creator tuvo muy poco eco. En cambio, los DJ’s y productores de música masiva bailable tienen más acogida en el público mexicano, de ahí que lo seleccionado esta vez, armó mucho mejor la fiesta e hizo que los ánimos, en vez de ir decayendo hacia el final como otras veces, al contrario, fuera creciendo hasta estallar con Disclosure. Sin duda, un gran gol.

 

 

Lo implacable del R&B, el soul, el dubstep, como tendencias arrasadoras actuales, también fueron rasgo atrayente y un cambio singular en la estafeta sonora de este año, no sólo en Ceremonia, sino como tendencia mundial, ya no sólo a nivel pop, sino también entre artistas un tanto más subterráneos y experimentales, cosa que el festival supo olfatear bastante bien, como para dar en el clavo al invitar a artistas de este perfil, haciendo que el cartel fuera mucho más cohesivo que otros años, menos de “dulce, chile y de manteca”. El mensaje fue tan bien manifestado, que resultó exitoso y harto divertido. De seguir así, se consolidará como una de las mejores experiencias musicales del año en México.

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