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Dark Tourist, los viajes alternativos de Netflix

El asesinato, las catástrofes, las zonas de guerra, el narcotráfico y creencias oscuras, entre otros, pueden ser de entrada concepciones con rasgos muy distintivos en lo concerniente a la faz obscura de la humanidad y por lo mismo sumamente enriquecidos de historias muy particulares que podrían ser exploradas a través de interesantes recuentos audiovisuales.

Justo es lo que esperaríamos de una serie que se transmite vía streaming y sí es lo que buscaba realizar el periodista Neo Zelandés David Farrier, me parece que se quedó sumamente alejado de re significar el concepto Dark Tourist para que éste sea explorado desde un punto distante de etiquetas como lo bizarro, el amarillismo y la nota roja, por mencionar algunas maneras de ofertar a la humanidad que se regodea en retorcerse.

Aunque Dark Tourist rompe con el lugar común del turismo, la propuesta solamente se queda en la posibilidad de realizar periodismo y documentalismo de fondo, el producto televisivo devora las posibilidades intrínsecas de la fuerza temática, alimentando solamente el morbo medianamente informado, el cual se ve levemente re direccionado en las últimas dos entregas de este paquete.

A lo largo de ocho episodios recorriendo ciudades y poblados específicos de los continentes de América, Asia, Europa y África, con Dark Tourist logramos es visualizar una riqueza enorme en cuanto a vestigios, referencias y hechos que han conformado un bagaje humano construido desde parámetros alejados de la ética y moral universal; hechos, aspectos y grupos sociales que encuentran en ese otro lado del género humano lo que otros desprecian por su carácter destructivo, sucio, enfermizo, pero que sin embargo, también proviene de nuestros semejantes.

Farrier no profundiza, la frivolidad prevalece y esto por un lado, engancha a un público de la pantalla chica en busca de imágenes escalofriantes y morbosas y por el otro, ahuyenta a los amantes de lo oculto, del mal gusto y las experiencias extremas que se lo toman en serio y no solo como una pose para ser denominados como raros.

Entre lo que vas a explorar a lo largo de los ocho capítulos de Dark Tourist; se encuentra a los seguidores de asesinos seriales como Jeffrey Dahmer y Charles Manson, un viaje a la adoración a la Santa Muerte en CDMX y el encuentro con un lago surgido de una explosión nuclear en Kazajistán, entre otros.

A pesar de que la serie no cuaja del todo, si cumple con romper medianamente con el entretenimiento que rara vez se reinventa, que rara vez nos ofrece salir del lugar común.

¿Otra bioserie más?

Hace mucho que en México no teníamos un movimiento televisivo tan importante que reúna a todos frente al aparato a ver algo en específico, a excepción de eventos como el próximo mundial o los debates presidenciales que ya les falta poco para convertirse en especiales de “El Privilegio de Mandar”. Me refiero a algo como “Siempre en domingo”, las noches del Chavo del Ocho, al jubilado Chabelo o, en el mejor de los caso, a realities como Master Chef o la Academia.

Admitámoslo, ya nadie le ruega nada a la televisión mexicana, que en general sigue un modelo arcaico en sus producciones como si su público fuera el mismo y como si no existieran millones de opciones con un solo click en smartphones, computadoras y televisores. Simplemente dejamos que fluya, enterándonos de sus desperfectos a través de Internet.

Entonces fue cuando Disney y SOMOS Productions crearon uno de los productos más extraños, al menos para la casa del ratón, y llamativos para la audiencia mexicana: “Hasta que te conocí”, la serie que narra las vivencias de Juan Gabriel hasta el punto en el que logra el éxito. A pesar de ser la historia de uno de los personajes más icónicos de Latinoamérica, la serie sólo logró un séquito de fans modesto que mantenía en boca de pocos las vivencias del Divo de Juárez. El verdadero y lamentable gancho fue su muerte el 28 de agosto de 2016, mismo día que el final de temporada se emitiría.

Sin importar errores de continuidad y eventos que no concuerdan en la vida del cantante, la serie tomó por un momento el estandarte de culto, inclusive se volvió a retransmitir días después de su final en Telemundo, TNT y TV Azteca; y fue así como este evento mediático sobrenatural dio nacimiento a la producción desmedida de la bioserie.

Jenni Rivera, Joan Sebastián, Paquita la del Barrio y Luis Miguel han sido portadores de esta nueva tendencia de producción original, en una época donde las dos grandes televisoras del país prefieren comprar series extranjeras por el ahorro en costos, y que ha cautivado a muchos.

¿Qué tiene de grandioso la bioserie? En realidad nada. Si nos ponemos a pensar, lo que le preocupa vendernos a las televisoras es el chisme, esa intriga que nunca han revelado ni siquiera las figuras que intentan representar, sobre la calidad. Al menos dos de los cuatro artistas ya mencionados tuvieron dos bioseries que vagamente fueron etiquetadas como “la autorizada” y “la no autorizada”, emitidas al mismo tiempo. ¿Por qué? ¿Qué me haría ver a mí, espectador, dos series con la misma trama más allá del morbo? Dudo que sean sus excelentes interpretaciones o su buena dirección o sus ambientaciones tan certeras a su época; cada una de ellas tiene sus pecados.

Otra cosa que hay que recalcar es el uso del término serie y es que por contener trece episodios ya sienten que cumplen con el requisito. Todas estas producciones cargan una tonalidad de melodrama digna de telenovela, con situaciones que un poco más mal llevadas y se terminarían convirtiendo en comedia involuntaria, sin sentido, por el exceso de enjundia en el personaje.

La serie por otra parte es drama: es aquel monólogo de Tyrion Lannister hablando por primera vez con los dragones de Daenerys, es aquel final de temporada de Mad Men en el que Don Draper vendiendo la publicidad del carrusel fotográfico, es Jessie Pinkman marcando al celular de Jane después de muerta. El drama no necesita necesariamente un presupuesto excesivo sino un buen guionista que lo sepa llevar.

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Ya por último está el valor agregado de Netflix. Uno de los factores importantes de la cadena de streaming es su capacidad de producir sin tener nacionalidad, otorgando producciones originales a los países y directores que tengan la capacidad de hacerlo. Alemania tuvo a Dark, la cual ya confirmó segunda temporada; las Wachowski tuvieron por un momento Sense 8; y Netflix se encargó de seguir el fenómeno inglés que la BBC no pudo continuar con Black Mirror.

Imaginen cuentas o investiguen costos de producciones, lo cual será más doloroso si nos ponemos a pensar que México tiene como producciones originales a Club de Cuervos de Gary Alazraki (con un spin-off ya confirmado) y la serie de Luis Miguel que termina siendo una coproducción con Telemundo. ¿Ven el contraste entre calidades? Lo hay, y es que al menos la última sólo se vale de momentos metidos aparentemente a la fuerza (como llamar a Sabritas “Saboritas” o poner a la hijastra de Enrique Peña Nieto como hija de López Portillo) y de lo malo que es el personaje de su papá. Al menos por parte del público no existen opiniones que no sean expresadas por medio de memes.

A dos años de la llegada de la bioserie, con más por venir como la de Selena Quintanilla, en México ya hemos quemado el formato. Más que eso, nos venden telenovelas en forma de serie, y por si fuera poco hace hincapié en la escasez de guionistas o el apoyo a ellos en nuestro país. Una batalla de refrito contra originalidad, la cual hace mucho podría haber sido decidida por productores, hoy tiene como motor el gusto del mexicano, el que gusta de calidad extranjera y se condesciende con el mismo tipo de producciones de su país. No es malinchismo exigir calidad en nuestra televisión sino conformismo.

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Series cortas en streaming, que puedes ver en un fin de semana

El pretexto “nunca tengo tiempo de ver series” quedó atrás. Tanto Amazon como Netflix se han dado a la tarea de lanzar series de buena calidad y poca duración, que puedes ver en un fin se semana.

Invierte poco tiempo y diviértete, viendo este compilado de verdaderas joyas en plataformas streaming que te dejarán con un gran sabor de boca.

Good Girls
Tres amigas e inofensivas mujeres se encuentran en un punto crítico en su vida, entre deudas, divorcio y problemas de salud, deciden acabar con todo esto de la mejor manera: robando un supermercado. Esta divertida comedia la encuentras en Netflix, es solo una temporada con 10 capítulos de aproximadamente 40 minutos.

https://www.youtube.com/watch?v=EXJdwEtqaSs

Diablo Guardian

Basada en el exitoso libro del escritor mexicano Xavier Velasco, la serie que encontrarás en Amazon Prime cuenta la historia de Violetta Schmidt, una chica de quince años de edad y sus travesías para huir de su vida en México. Quien leyó el libro quedará seducido por la historia de su protagonista, y claro, por su belleza y astucia.

Aggretsuko

La temporada es breve, con una historia muy simple pero bien elaborada que encontrarás en Netflix. Son diez capítulos de aproximadamente 15 minutos cada uno, que logran plasmar ese sentimiento de adulto joven que comienza a adentrarse en el ámbito laboral como oficinista.

Motzart in the jungle

Esta serie tiene 4 temporadas y sus capítulos duran de 26 a 30 minutos. Está basada en el libro Mozart in the jungle; Sex, drugs, and classical music, que cuenta la historia del oboísta Blair Tindall y su carrera profesional en Nueva York. La premiada serie cuenta con cuatro memorables temporadas dentro de la plataforma Amazon prime, y es protagonizada por el ganador del Golden Globe, Gael García Bernal.

La casa de las Flores
La producción mexicana del momento y original de Netflix, es una divertida comedia de humor negro que si no has visto, te estas perdiendo de mucho. No solo por las increíbles actuaciones de todo el reparto, sino porque tiene un gran mensaje sobre una historia perturbadora.

Black Mirror

Son 4 temporadas de entre tres y seis capítulos autoconclusivos de 40 minutos o una hora aproximadamente. Episodios sin una continuidad argumental que se disfrutan tanto por separado como en maratón. Eso sí, historias llenas de tensión, angustia, dudas, miedo, reflexión y comedia. La encuentras en Netflix.

 

Autor: BRIANDA URQUIZA

(Des)encanto: Matt Groening en plena evolución de la serie

Si Matt Groening tuviera que anunciar su retiro hoy sin duda no tendría que lidiar con la tristeza o el enfurecimiento de los fanáticos, ya que ha dejado un legado temprano de sólo dos producciones populares: Los Simpson y Futurama, con las que ya tiene un lugar en la historia de la cultura pop y de todo tipo de televidentes, inclusive en la gran y extraña minoría que afirma no disfrutar de la familia más famosa del mundo y de su simpático patriarca.

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El fenómeno ha sido tan grande que más allá de las promociones mediáticas como parques de diversiones o los cómics, podríamos parafrasear a Homero y a los habitantes de Springfield por lo menos una vez al día en una situación cotidiana, con frases satíricamente entrañables como “Deja lo apunto en mi máquina de escribir invisible”, recordando que alguna vez estuvimos en el lugar de Milhouse Van Houten o que alguna vez amamos a una mascota tanto como Fry a su perro… Si Matt Groening anunciara su retiro hoy, lo único que nos quedaría es darle las gracias por ser parte indudable de nuestras vidas.

Sin embargo no es el caso ya que Matt ha creado (Des)encanto para Netflix, la cual nos narra la vida de Bean, una princesa que no cree en sus deberes reales buscando forjar su destino mientras se emborracha en los pubs de Dreamland. En su camino se topará con Elfo, un elfo (valga la redundancia) que está cansado de la felicidad en la que viven sus símiles y a Luci, una criatura que se denomina a si mismo como el demonio personal de la princesa.

Para analizar un trabajo de Groening hay elementos más importantes que la historia como lo son su introducción y la animación. En el caso de (Des)encanto, la música del opening y del resto de la serie está a cargo de Mark Mothersbaug (Thor: Ragnarok, The LEGO Movie) cuyo peso no es el mismo que el de Danny Elfman o equiparable al de Christopher Tyng (Futurama). El tema principal le da esencia a la serie, un ritmo carnavalesco y desenfrenado que nos hace predecir el tipo de desventuras que vivirá el trío improbable, sin embargo no es memorable ni atrapante. En cuanto a la animación, Groening hace uso de la dimensión 2.5 (como era anunciada la película de Los Simpson) dándole una gran viveza a los escenarios y a las posiciones de los personajes. Destacan esas bellas escenas de establecimiento, las cuales parecen salidas de un libro pop-up de cuentos medievales. Inclusive es difícil no ver a Bart Simpson en Elfo y a Rafa Gorgory en el despistado príncipe Derek.

Pasando a la historia, Groening se enfrenta al nuevo modelo (al menos para él) de la serialización. Si bien sus dos anteriores producciones tenían arcos dramáticos que se conectaban de manera no tan estricta entre temporadas, (Des)encanto debe lidiar tanto con el formato de diez episodios como con el binge-watching. Como público debemos entender que Netflix habla de estos primeros diez episodios como la primera parte de la temporada, siguiendo la estructura de otras series del servicio como The Ranch; habiendo dicho esto, la publicidad de la serie animada nos la vendía como una historia épica, en la que tal vez Bean fuera en su “camino del héroe” al mero estilo de Frodo o de Luke Skywalker, entregándonos un personaje distinto en el último capítulo. No obstante, nuestra protagonista apenas sale de su lugar de confort en los últimos episodios de la serie, apenas alcanza a desarrollarse la historia.

En cuanto a nuestros personajes protagónicos se trata el mismo fenómeno de la serialización les pega: si bien la princesa y compañía no carecen de alma y de identidad, es el desconocimiento sobre el tiempo que ocurre entre episodios lo que no nos hace conectar del todo con ellos, quitándole merito a las situaciones importantes entro de la serie. Eso sí, el trabajo de Abbi Jacobson, Eric André, Nat Faxon y de otros recurrentes en el trabajo de voces dentro de las producciones de Groening como John DiMaggio (Bender en Futurama) o Tress MacNeille (Agnes Skinner en Los Simpson) es de primera, entregando todo el carácter que requieren sus personajes.

El guión es de los puntos más débiles y no tanto en historia sino en el poco juego que les da a sus personajes. Además de Matt Groening y Josh Weinstein, veterano en Los Simpson, también destacan Shion Takeuchi, Jeff Rowe (Gravity Falls) y Jamie Angell (encargado de escribir los videojuegos The Simpsons: Wrestling y The Simpsons: Night of the Living Threehouse of Horror); sin bastar sus años de experiencia para sacar a nuestros personajes de lo redundante y de los lugares comunes, siendo pocos los gags y situaciones que se sienten brillantes. Las que lo logran son excepcionales, como los episodios “La Princesa de la Oscuridad”, “¡Qué rueden cabezas!” (que dependen más de personajes secundarios) o los últimos dos que son buen cliffhanger para la segunda parte que se estrenará en 2019, a pesar de que dejen más cuestionamientos de los necesarios.

Si bien Matt Groening se vale de viejos colegas que le aseguraron el éxito como Weinstein o David X. Cohen (co-creador de Futurama), (Des)encanto apenas sale bien librada del formato de Netflix, haciendo más lineal el estilo de Groening, ese que ya tenía casi tres décadas acostumbrado al fanático. Esto no quiere decir que lo deja indefenso, puesto que en Bean encontramos características de Lisa, Leela, Homero e inclusive de Bender; siendo más afortunada que otros experimentos como el crossover con Padre de Familia, esclareciéndose por completo el próximo año.

Re: Mind TV Tokyo y Netflix

Al final e inicio de estas últimas centurias, la conversación y el interés por el cine asiático desenvuelto en terrenos del terror, el thriller y la ciencia ficción y la música J-rock/Pop y Visual Kei, fueron un lugar común que por lo menos permaneció presente una década de manera efervescente. Nuestro encuentro con ‘Ringu’ y ‘Ju-on’ (por mencionar las más afamadas) de Hideo Nakata y Takashi Shimizu respectivamente nos mostraron planteamientos estéticos de género realmente exquisitos, lo cual nos llevó a las series de televisión que ahora nos presenta Netflix.

‘Ring: The Final Chapter’ de Yoshihiro Kitayama y ‘MPD Psycho’ de Takeshi Miike, de alguna manera redondearon a una generación de realizadores de las pantallas grande y chica inmersos en un momento muy afortunado de creación obscura y deliciosa que impacto tanto en Asia como en occidente y que de igual manera ocurrió con una basta producción musical.

A mediados de febrero de este 2018 (a una década de aquella efervescencia), Netflix sumó a su oferta asiática, una serie de televisión japonesa, la cual se estrenó en octubre y concluyó en diciembre del 2017 en cadena televisiva de dicha entidad asiática.

Lo que posiblemente ha llamado la atención de un público cautivo del cine y la televisión asiática, sin embrago, la confección estética de los 12 episodios y un especial que conforman Re: Mind dirigida por con Iguchi Mao y Kakizaki Memi se encuentran realmente alejados de un acabado como el que conocimos hace 20 años.

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Incluso podría asegurar que es mucho más cercana a las estéticas del cine estadounidense, a pesar de que la figura femenina es central en el mecanismo de la venganza y que el elemento del agua aparece como un detonante en la paulatina desaparición de las 11 chicas que se encuentran aprisionadas alrededor de una mesa rectangular y sujetas de los pies a grilletes y aún con estos elementos, la serie nipona no logra acercarse a los tratamientos asiáticos que en algún momento dieron una personalidad a su producción.

Me parece que esta entrega esta diseñada para un público joven al incluir tres aspectos de su tiempo. Por un lado un elenco conformado por 11 chicas que a su vez son parte del grupo Idol Keyakizaka46, por el otro, la reflexión sobre el acoso escolar, el cual se desenvuelve desafortunadamente de una manera sumamente común en el tránsito adolescente y por último, la preponderancia comunicacional que Twiter ocupa en las vidas sociales de la juventud de todo el mundo, convirtiéndolo en un personaje sustancial en la reconstrucción de esta historia que comienza en un punto medio narrativo, donde convergen secretos, mentiras y traiciones en el marco contextual de chicos de secundaria..

Más allá de sus características estéticas, la serie nos lleva al encuentro con el suicidio, un tema que ha sido tratado desde distintos puntos y en diversas ocasiones por los japoneses, ésta posiblemente no es la más afortunada de ellas, pensando en su cercanía con la producción estadounidense, el referente más inmediato es la fallida ’13 Reasons Why’, lo que nos lleva a ubicar a Re: Mind, mucho más interesada en cubrir los rubros de su impacto comercial, que en centrarse a cubrir de manera más sesuda e interesante la reflexión sobre el acoso escolar y el suicidio tan presentes en las sociedades de nuestro tiempo.

Si quieren ver una serie que no sea producción occidental, que los acerque a la mirada asiática y a una temática medianamente abordada de gran importancia en la adolescencia de este siglo, esta serie puede ser el inicio para acercarse a otras oportunidades dentro del universo asiático audiovisual mucho más sesudo y que se entrega afortunadamente subtitulado.

 

Netflix vuela por Interjet y… ¿secuestran a Luismi?

Netflix vuela por Interjet y ¿secuestran a Luismi?
Por Maki Carranza
¿Cómo? ¿@netflix vuela? ¿por qué dicen que secuestran a Luis Miguel?
Relax queridos ciberlectores, recuerden que mis textos enamoran a los amantes de los medios de comunicación, a nadie más; aunque a veces, solo a veces, uno que otro me busque para darle algo más que mis exclusivas: mis fuentes.
Pasemos a la noticia de esta semana y no se detenga a comprar palomitas o su @CocaColaMx mejor agarre vueeeelo…
Estoy segura que usted, como yo y muchos otros ‘busca series’ de @Netflix esperaba con más morbo que ganas el primer capítulo de “Luis Miguel, LA SERIE” 
Nada nuevo; la presentaban como una obra audivisual de ficción basada en el libro “Luis mi Rey” de Javier León Herrera, así como hechos reales, artículos e información de dominio público, bla, bla, blaaaaa…
Casi me duermo como miles de los 8 millones de usuarios que tiene @NetflixMexico1 (audiencia total referida de @ExpansionMx) quienes sucumbimos ante la impresión del aburrido Capítulo 1.
https://expansion.mx/empresas/2018/01/22/netflix-suma-833-millones-de-nuevos-suscriptores-al-cierre-de-2017/amp
¿Se imagina que esta (su servidora) ‘cuenta historias’ fuera crítica de series?. ¡Noooo! Para ese mundo existe especialización y todavía hay periodistas preparados como @AlvaroCueva de @Milenio. Solo porque lo leí, ajá, me senté frente a mi pantalla @Samsung para ver una “innovación total en materia de bioseries”. 
http://www.milenio.com/firmas/alvaro_cueva_elpozodelosdeseosreprimidos/critica-luis_miguel-serie-netflix_18_1161063886.html
Mi cara de ¿what? al minuto 10 era más que evidente; aunque entendí que, tal vez era la cruda de la discusión que acababa de sostener con mi best friend sobre el primer debate presidencial del pasado 22 de abril, así que mi opinión podría ser sesgada.
Lo que no debo dejar pasar es, que la revelación de esa noche no fue @DiegoBoneta, actor que interpreta a Luismi, sino mi comadre @azucenau (apúntele bien, Azucena Uresti), quien además de lucirse en el debate a partir del 7 de mayo arrancará noticiero en @Radio_Formula de 6 a 7 de la tarde. No haga mucho caso a este comentario que no es parte de mi historia.
Sin embargo, a muchos se les pasó observar que a los 13 minutos con 24 segundos de “Luis Miguel, LA SERIE”, aparece mi @LMXLM original, de carne y hueso, en el tan conocido @babyoacapulco (que por cierto, creo que fue la única escenografía donde no hubo que cambiarle nada), entre el público, disfrutando del supuesto lanzamiento del video https://youtu.be/gTkJ-nP6pXY
Segundos después, miles identificamos al “Burro” @jorgevanrankin, sí, el amigo de mi rey, el chico malo de “El Calabozo” y el chavo fresco de “Hoy”, programas que impulsaron el rating de mi @Televisa
@Netflix y Luismi cumplieron lo que prometieron desde mayo de 2017, cuando anunciaron la serie que hoy, tras ver el Episodio 2, cada día nos enamoran y enganchan más los capítulos del mejor cantante de México.
https://youtu.be/LubOdyOz5pk
Pero espere, le aseguro que casi nadie observó un detalle que no tiene que ver ni con el debate ni con la trama de la serie…
¿Listos?, puesssss, justo cuando transcurrían los primeros minutos, apareció un nombre especial para el negocio de los medios de comunicación: @MiguelAlemanM
El empresario propietario de @Interjet incursionaba en una nueva faceta personal: productor ejecutivo de @LMXLM LA SERIE. @Netflix lo había anunciado, pero, verlo en los créditos, realmente fue interesante para este mercado. 
A ver, recapitulemos; recuerde que Miguel Alemán Velasco, padre de Alemán Magnani, fue accionista de Televisa y uno de los mejores amigos de “El Tigre”, Emilio Azcárraga Milmo, padre de nuestro friend @eazcarraga quien fue pionero y ejemplo empresarial para cientos de personajes que incursionan cada día en este negocio.
La familia Alemán conocía a la perfección las raíces de los medios, pero tenían años sin involucrarse en un proyecto tan importante, por lo que muchos se preguntaban qué hacía el capitán de @interjet apoyando a nuestro “Sol”.
Pocos lo saben, pero el hijo del ex gobernador de Veracruz es una de las personas más cercanas a Luis Miguel. ¿Qué taaaal?
Cuentan sus amigos, que Alemán Magnani considera al cantante nacido en Puerto Rico como la mejor voz de México y un gran amigo de su juventud.
Luis Miguel nació el 19 de abril de 1970, tiene 48 años. El cumple de Miguel Alemán Magnani es el 25 de abril de 1966. Cuatro años de diferencia, pero miles de anécdotas juntos.
Otros no tan amiguis amiguis, aseguran que, el dueño de Interjet ayudó a Luismi cuando, el también cantante, Alejandro Fernández, demandó a nuestro “Sol” por incumplimiento de contrato, daños en imagen y fraude por 5 millones de dólares.
La mano de Alemán Magnani jamás se vio ni se sabe qué hizo, pero abogados especialistas en este tipo de litigios aseguran que lejos de las estrategias penales, existió una mano amiga que ayudó en todos los sentidos, lo cual jamás sabremos porque más allá de los términos de confidencialidad en la negociación, hay palabra de caballeros entre las partes involucradas.
Asimismo, justo el 1 de diciembre de 2017, la revista @QuienMexico informó que los abogados de @alexoficial nuestro “Potrillo”, retiraron la demanda civil, mercantil y penal que interpusieron hacia Luis Miguel tras la cancelación de la gira que ambos realizarían en Estados Unidos. 
https://www.quien.com/espectaculos/2017/12/01/alejandro-fernandez-retiro-la-demanda-en-contra-de-luis-miguel
Increíble, pero a partir de esa fecha todo cambió para @LMXLM quien comenzó el año con muchísimo trabajo.
Inició en febrero de 2018 con una gira de más de 20 conciertos en el @AuditorioMx y otras ciudades del país, además de “shows” en San Diego y Los Ángeles, en la meritita tierra de mi vecino @realDonaldTrump
Atrás quedó el mal momento de la cancelación del tour “Déjà vu”, mismo que en el 2017 dejaba dudas y señalamientos sobre el futuro de la carrera de Luis Miguel.
Netflix y @MiguelAlemanM secuestraron por la buena a mi Luismi; lo ayudaron a salir de la incertidumbre laboral y emocional. En exclusiva, diseñaron y armaron una serie original, novedosa y real; arrebataron miles de suspiros y nuevos sueños para sus fans; y encendieron, espero, una nueva etapa de mi “Sol”, nuestro Luismi. 
No fue un secuestro, dice la Real Academia Española y jamás lo será. Hay amistad y afecto. Alejandro Basteri, hermano menor del cantante, dice que Miguel Alemán y Luismi, son ‘de esos amigos que uno aspira a tener’.
Miguel Alemán Magnani entra con éxito en esta nueva faceta empresarial. Sus detractores tendrán que voltear hacia otro lado, porque mi Sr. Interjet sí sabe volar, navegar y ahora grabar…
¡Corte y queda!
No te olvides de escuchar https://rock101online.mx y hoy, solo por hoy, me despido con la canción que más me gusta de Luis Miguel, sí, tengo mi corazoncito y mi pasado… 😂
“Por debajo de la mesa”, escrita por Armando Manzanero, interpretada por Luismi en el año de 1997, llegó a la lista Billboard Hot Latin Songs en los Estados Unidos.
Esta canción, más allá de su composición y letra, era una de las piezas musicales que cantaba con mi papá, a quien le dedico esta canción y mi cuarta colaboración en Rock 101. ¡Cheers!
https://youtu.be/giAE7Yz7gHI

Una prueba de ADN para entender el mundo con Residente

Hace algunas semanas se estrenó en Netflix el documental homónimo del cantante puertorriqueño Residente, quien se conoce por haber sido el vocalista de Calle 13 y levantar polémica por todos lados y nos lleva por una travesía a partir de una prueba de ADN.

El trabajo de René Pérez ha sido sumamente criticado, incluso los virtuosos de la música batallan para encontrarle cabida en un género, las discusiones se centran en clasificarlo, unos dicen que es reggaetón otros lo contrario, pero en realidad el tema es mucho más profundo, porque reggaetón o no, sus letras son mucho más cargadas que las de algunos artistas que sin duda aparecen en las listas doradas del rock.

De cómo conocí la música de Residente, gracias a Calle 13 y de forma meramente circunstancial, acaso ¿me gustó?: no.

Sin embargo, en 2011 llegó a mí un video con parte de lo que había ocurrido en la edición de los premios Latin Grammy de dicho año, de pronto vi el rostro del cantante de Atrévete te te, acompañado por la Orquesta Sinfónica Bolivariana, pero tal hecho no fue el que robó mi atención, sino la consigna de su playera: “una sola estrella” para Puerto Rico, eso me hizo detenerme un poco en ese post… “una sola estrella”, es decir, independencia.

Le di un par de oportunidades y escuché letras que bien representaban lo que muchos latinoamericanos quisiéramos gritar día tras día. El descubrimiento quedó ahí y todo siguió con plácida normalidad.

Recientemente dentro de mis recomendaciones semanales, Netflix, tuvo a bien incitarme a ver el documental que Residente –ya sin Calle 13- realizó al lado del documentalista Marc de Beaufort. El trabajo no es más que el recorrido que hace René Pérez, para crear su más reciente disco (también llamado Residente).

La inspiración se extrae de una prueba de ADN que Pérez se practica con el fin de conocer sus orígenes. Los resultados no son muy sorprendentes y arrojan lo que la mayoría de los mestizos americanos sabemos: nuestra sangre se compone de fragmentos del mundo.

Cámara en mano Marc de Beaufort, Residente y su equipo de producción se embarcan en un viaje que recoge los más puros sentimientos de Siberia, Moscú, El Cáucaso, China, España, Inglaterra, Ghana, Burkina Fasso, Niger y Puerto Rico.

Guerra, dolor, pánico, muerte y esperanza son los cantos que se recogen por estas tierras, que son el génesis de un cantante americano. Las experiencias de vida que se plasman en Residente merecen la atención, nos guste o no su música, porque su origen no es muy diferente al nuestro.

El material histórico y la aportación documental están presentes, pero… ¿cómo vamos con los mensajes de odio?, que fue lo que la gente le criticó al trabajo, ¿la manera en la que se abordó el tema, la selección de los acontecimientos, la investigación…? No, a los espectadores no les pareció correcto que el documental fuese narrado en inglés.

Tal cual, a pesar de todo el discurso que se manejó por 96 minutos, donde se confirma la vieja máxima “no soy de aquí, ni soy de allá”, en el que pobladores del mundo usan su lengua materna para expresarse y enriquecer almas, nuestra atención se centra en despreciar un idioma.

Quizá todos necesitamos una prueba de ADN, que nos invite a realizar un ejercicio como el que llevó a René a buscar los sonidos de su genética, quizá es momento de comprobar –una vez más- que la somos heterogéneos, que la diversidad nos compone y que somos mucho más grandes que el código que utilizamos para expresarnos. Quiero pensar que pronto sucederá.

Dark. No todo es blanco o negro

A lo largo de la historia de la humanidad, han sido diversos los caminos del pensamiento con los que anhelamos la posibilidad de explicar el propósito de nuestra estancia en la tierra, para no aceptar que solamente somos una serie de acontecimientos de repetición mediante los cuales hemos construido una inimaginable civilización. Bajo ésta idea reflexiva de lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, es como la serie ‘Dark’ de Netflix, va construyendo un interesante ejercicio narrativo. 

El tiempo, la ciencia ficción y la desaparición de niños en el poblado de Windem logra cautivar al auditorio amante de historias que no solo contribuyen a la satisfacción del entretenimiento, sino que también activan la exploración de una de las obsesiones del la humanidad por explicar que somos y si fuera poco con la posibilidad de controlarlo todo.

Si quisiéramos representar con números a ‘Dark’; los años 2019/1986/1953 son claves y el 33 que no solo corresponde a la edad de vida y muerte de Jesús, sino también cada treinta y tres años se sincroniza el sol y la luna y la misma cantidad de los que están en el paraíso, entre otros sucesos relacionados con esa dualidad de números tres, son la distancia en años que da sentido al futuro, el pasado y el presente en este poblado alemán.

Esta reciente entrega de la televisión streaming de nuestro futuro/presente, es una creación totalmente alemana de Baran bo Odar y Jantje Friese y bajo la dirección de Nikolaus Summerer, la cual liberó los 10 episodios de su primera temporada, el pasado 1 de diciembre de 2017 y que a finales del mismo mes se anunció el rodaje de la segunda temporada para 2018.

‘Dark’, deja muy claro que los matices entre la luz y la oscuridad son los que enriquecen las posibles explicaciones de esta historia que entrelaza a cuatro familias, donde la causa y el efecto son llevados al análisis minucioso, que los capítulos 7 y 8 son sustanciales, y que en uno de ellos el personaje clave Noah declara “cualquier decisión a favor de algo es en contra de otra cosa”, una afirmación tan cotidiana a la que generalmente hacemos caso omiso de sus repercusiones.

Esta serie enmarcada en el drama de suspenso/sobrenatural, sin duda esta meticulosamente confeccionado por lo menos para esta su primera temporada, lo que nos recuerda aquel maravilloso encuentro con ‘Lost’ de J.J. Abrahams a la mitad de la primera década de esta centuria y de lo cual esperamos, no concluya de la misma manera.

‘Dark’ también utiliza el símbolo de origen Indoeuropeo llamado Triqueta, el cual fue usado en distintos sentidos de trinomio en las culturas celtas, vikingas y romanas y que también funciona para afirmar la importancia del argumento con el juego de lo tríptico; el pasado, el presente y el futuro, la vida, la muerte y el renacimiento, la obscuridad, el gris y la luz.

La serie Dark, en realidad no ofrece un argumento novedoso, pero si una formula que engancha, acompañada de excelentes actuaciones, laberintos narrativos temporales, cruces y convergencias de personajes y extraordinarios score y soundtrack: todo ello con la finalidad de abordar por lo menos dos de las obsesiones de la humanidad; el viaje en tiempo y la posibilidad de cambiar, alterar nuestro destino/futuro una vez que lo conocemos.

El secreto de Adidas para atrapar y vender

MONOCLE

 

Adidas ha diseñado uno de los regresos más dramáticos que el mundo de la ropa deportiva alguna vez ha visto. En 2014, la marca de tres líneas había alcanzado su tercer strike: en el mercado estadounidense, la arena clave para ropa deportiva, la marca había sido rebasada por Under Armour y desplazada hasta el número tres en la tabla de ventas (Nike mantuvo su puesto superior). La compañía de entonces 65 años estaba perdiendo su relevancia en una industria donde lo que se cobra es genialidad e ingenuidad sobre todas las cosas.

Pero se repuso reclutando a Paul Gaudio para ser su primer director creativo global en 15 años.

Gaudio, una fuerza efervescente con penetrantes ojos azules, las iniciales de su esposa tatuadas en los nudillos de sus manos y un gentil tono gangoso de Pittsburgh, ya había pasado 13 años en la compañía (Había trabajado en el departamento digital, desempeño deportivo y diseño). Ahora, por primera vez en un largo tiempo, había alguien que supervisara todos los aspectos de la imagen de Adidas, desde publicidad hasta diseños de la tienda, hasta los últimos modelos de tenis y chamarras. Y, en otro movimiento atrevido, el líder creativo no se sentaría con el CEO en Herzogenrauch, en periferia Bavaria, sino en Portland, Oregon. Fue un golpe: el monstruo alemán iba a tomar América.

Los efectos han sido sorprendentes. En 2016, el ingreso neto global de Adidas subió 41 por ciento anual (alcanzando mil millones de dólares por primera vez). Después, en el primer cuarto del 2017, superó a Nike en crecimiento de ventas en América del Norte y China. Estos triunfos financieros han ido de la mano credibilidad recién fundada en círculos de estilo y ropa deportiva.

De vuelta en 2014, Adidas era una marca a la que recurrías si buscabas gear básico para el gimnasio. Ahora su mega-hit el tenis Ultra Boost y sus colaboraciones con personajes como Raf Simmons y la marca de culto japonés Hender Scheme son mostradas en las boutiques más exclusivas. De algunas maneras su éxito se debe e incluso ha acelerado la confluencia de los mundos del alto rendimiento y el de la moda. Marcas atléticas se están convirtiendo en iconos de la moda , mientras que las casas de moda lujosa están poniendo tenis en las pasarelas. La segunda compañía de ropa deportiva más grande del mundo está colonizando este campo en común. Además de ser la marca de ropa deportiva del momento, es una de las marcas de moda con más demanda. Y con Gaudio en el mando esta corriendo hacia la grandeza.

MONOCLE: ¿Qué conversaciones tuvo en el 2014 cuando las ventas de Adidas en los Estados Unidos fueron superadas por Under Armour?

PAUL GAUDIO: Esos eventos no fueron el ímpetu, eran más el resultado de desafíos internos. Apenas entrado el 2013 sabíamos que no seríamos capaces de cumplir nuestra metas. Llevamos a cabo un par de advertencias de ganancias. Ese fue el ímpetu de cambio, más que cualquier factor externo o competencia. Nos dimos cuenta de que debíamos hacer cambios estructurales y enfocarnos en diferentes estrategias. En el pasado nuestra metas eran financieras en el sentido más puro  y no había mucha gente conduciendo con dirección. Esa fue la primera cosa que vimos: dijimos que debíamos significar más que un número. Nos preguntamos a nosotros mismos: ¿quiénes somos, por qué estamos aquí, qué es lo que proponemos?

M: ¿Cuál fue el problema principal que trató?

PG: Tacleamos la cultura de la compañía literalmente poniendo el diseño en el centro de todo. Antes, eran departamentos distintos. Cambiamos eso creando equipos de diseño y emprendedores creativos en cada una de las funciones (como basketball y Adidas Originals). Era fundamental poner diseño en el centro de la discusión alrededor del negocio y la estrategia. Ahora se sienta en la mesa con la misma relevancia. Cada función tiene un director creativo y un equipo de diseño que está colocado en conjunto con él, entonces hay emprendimiento creativo de arriba a abajo. En los años anteriores pensábamos, “Mantengamos el negocio y el diseño separados; no quieres limitar lo que los diseñadores están haciendo, no quieres que se preocupen por los márgenes”. Pero yo quiero preocuparme por los márgenes. Quiero hacer esos compromisos y estar envuelto directamente en el proceso.

M: ¿Cómo comenzó a cambiar la percepción de los consumidores de una marca que es tan popular?

PG: No tuvimos problemas de visibilidad o de conocimiento, pero no teníamos un perfil fuerte: éramos amorfos. Entonces la primera cosa que hicimos fue afilar algunos puntos que las personas pudieran sentir. Afilamos el mensaje de la marca, la imagen, y el acercamiento del diseño del producto. No fue como que nos dimos la vuelta y contratamos un puñado de diseñadores nuevos. Solo hicimos nuestra misión más clara y a nuestros diseñadores más libres.

M: ¿Cuáles son algunos ejemplos de estos puntos afilados que las personas sintieron?

PG: El Ultra Boost es un gran ejemplo. Aquí estaba un zapato de 180 dólares (150 euros) con una tecnología de espuma irregular. Recuerdo haber pensado: “Ese es un tenis de correr cool”. Se veía diferente debido a las innovaciones que llevaba en él (como la suela con el impulso de espuma) y cuando te lo ponías se sentía diferente. El chico de ventas dijo, “Nunca venderemos esa cosa,” pero rápidamente comenzó a cambiar la percepción de las personas de cómo se podía ver un tenis de correr. Ese fue el primer golpe que dimos. Una vez que vimos el comienzo moverse, nos dimos cuenta de que podíamos hacer productos atractivos que cambiaran la industria. Ese fue un punto que las personas pudieron sentir.

 M: ¿Qué tan importante es la marca? ¿La gente compra tenis Adidas porque quieren comprar la marca o sólo porque resulta que les gustan esos zapatos?

PG: La marca juega un rol fundamental. Si alguien entra a una tienda y le gusta un zapato pero no conoce la marca, probablemente no lo compre. No voy a decir que es la marca por sí sola: no van a comprar un zapato feo. Tienen que ir de la mano. Creo en el poder de la marca y esos sentimientos que la marca suscita. Es una identidad: ¿Te ves en ella? No creo que los niños hoy en día sean tan leales a las marcas que no mezclen, pero solo hay un grupo de marcas que considerarán. Si tienes una marca en la que un consumidor se mirará, ya estás en la mitad del camino.

M: Vive en Portland, Oregon: ¿Cuál era la mentalidad detrás de que el director de creatividad global estuviera en Estados Unidos en lugar de Alemania?

PG: El problema fundamental era que estábamos en una batalla cabeza a cabeza por el mercado- excepto aquí en los Estados Unidos. Y nos dimos cuenta que esta no solo era nuestra oportunidad más grande para crecer- sino que aquí estábamos y aún estamos bajo índice- sino que también es el mercado más influyente de ropa deportiva. Entonces queríamos estar aquí con una mayor presencia: para estar más cerca de los niños y los deportes aquí para tener una mayor influencia desde este mercado hacia el resto del mundo. También, teniendo a los líderes creativos sentados al lado del negocio estadounidense trae de vuelta la idea de traer creatividad cerca del negocio. Este es el verdadero frente de la marca: estamos aquí para ganar en este mercado.

M: Las personas han hablado de la americanizaciónde Adidas. ¿Ahora la ve como una marca americana?

PG: Somos una marca global y somos relevantes alrededor del mundo. Estamos expresando más de nuestra personalidad americana. Estamos invirtiendo mas en deportes americanos, que proyecta un perfil diferente. Basketball, futbol americano, lacrosse: la cultura del deporte en los Estados Unidos está muy arraigada a la cultura popular. Y lo que pasa aquí es exportado a todos lados en una escala masiva. Como americano, me gusta la actitud alrededor de los deportes americanos. Los viernes por la noche vas a los partidos de futbol y recibes diferentes vibras e influencias. Ves niños usando tus productos, no sólo en el campo, sino en los pasillos. Todos los segmentos de la vida están representados en un viernes en la noches un estadio de futbol. Yo me planto en eso. Eso esta dando a la marca energía.

M: ¿Qué es distintivo del mercado de ropa deportiva de Estados Unidos?

PG: La cultura joven de Estados Unidos está profundamente mezclada con la cultura deportiva, el entretenimiento, música y moda. Se enreda de una manera fascinante aquí –más que en cualquier otro lugar–. Vas a un partido de Basketball y ves raperos en las orillas. Los raperos quieren ser atletas y vice versa. Los niños aquí están influenciados por atletas y artistas de la misma manera. La moda ha cambiado en los últimos cinco o seis años: ahora más atletas conocen Balenciaga o Raf Simons. Los atletas solían vestirse como deportistas, pero ahora los raperos rapean sobre Raf Simons. Entonces si soy un jugador de futbol que escucha ASAP Rocky, escucho sobre Raf. Los niños son mucho más sabios respecto a la moda, no sólo vestimenta deportiva tradicional.

M: ¿Ve Adidas más como una marca de ropa deportiva que de moda?

PG: Somos una marca deportiva. Sabemos que el deporte no acaba en las gradas, pero incluso nuestras declaraciones más a la moda emanan del deporte, ya sean nuestros archivos o siluetas, materiales o tecnología. Sin deporte no tenemos un lado de moda.

M: ¿Quiénes son sus rivales principales?

PG: Cualquiera que compita por la atención de una persona joven. Netflix, Instagram: todos están afuera compitiendo por su pedazo de cartera. Un niño sólo tiene cierta cantidad de dinero que gastar. Debemos darles una razón de gastar más allá de funciones puras. ¿Si tengo 200 dólares y tengo 18, en qué me lo voy a gastar? Un consumidor promedio de preparatoria en Estados Unidos gasta mil dólares al año en ropa deportiva. Eso es más que cualquier otro mercado en el mundo, pero sigue siendo solo mil dólares en todo el año. Entonces, deben de ser capaces de comprarnos varias cosas a lo largo del año. Claro que consumidores mayores tienen más poder de compra y, cuando ves al valor real en el mundo de la moda, esos consumidores tienden a ser mayores y a tener ingresos disponibles. Les gusta sentir que están comprando una marca con caché. Creo que alguna invasión del mundo de la moda en la vestimenta deportiva saca competición, pero estoy bien con ella porque está elevando a la industria entera.

M: ¿Tiene una meta de consumidor?

PG: Si quiero hacer 25 mil productos cada temporada no pueden ser todos para el mismo grupo genérico. Pero la persona a la que nos referimos como nuestra musa se encuentra en sus últimos años de adolescencia y principios de los veintes. Los llamamos “el creador”. Son el niño con más influencia –nos gusta decir “el niño que atrae al niño”–. En todas las escuelas siempre hay un niño que siempre va primero, que es seguro. Ese es el que buscamos. Los tenemos en todos los negocios: el creador del futbol quizá es un niño de 18 años de un suburbio de París y juega una cascarita en la calle. Escucha cierta música, se viste de cierta manera, y compra en ciertas tiendas. Para el corredor creador nos fijamos en los grupos de corredores de Nueva York. No están haciendo maratones en shorts pegados, lo hacen por diversión, pero son rápidos. Irán a correr a las 10 de la noche y después irán por una cerveza. Ese corredor inspiró Ultra Boost. Les importa como lucen mientras corren; no quieren verse como un corredor tradicional. Entonces encuentras a esas personas en cada deporte, en cada cultura, que tienen mas influencia, que imponen esas modas. Esas son las personas para las que creamos.

Debajo de ellas tenemos personas a las que llamamos “amplificadores”. Estos son la mayoría de los consumidores. El amplificador es un niño en el equipo de basketball pero no es el que usa los colores más a la moda. Pero están influenciados por ese niño y quieren comprar una pieza de esas. Pueden comprar un escalón abajo porque no son tan seguros.

Y después obtienes personas –no me gusta la palabra “valor”–, pero la gente que busca ropa básica. Sólo necesitan shorts que les queden bien. Así es como lo hacemos: creador, amplificador, valor.

M: ¿Cuál es el enfoque de su rol? ¿Es más como un editor?

PG: No veo cada producto o pieza de comunicación que se hace. Es imposible: retrasaría todo y creo que nos limitaría porque yo soy un solo punto de vista. Tenemos 650 diseñadores en Adidas. ¿Como sería capaz de hacer ese trabajo? Estoy aquí para desatar a creatividad y para pintar una estructura a la gente. El peligro de que yo juegue un rol editorial es que no nos movemos con suficiente velocidad. Nuestro consumidor valora innovación sobre todas las cosas. La velocidad es un tema importante para nosotros. En el pasado tal vez hubiéramos esperado y pulido hasta la perfección (un producto), pero en algunos casos es demasiado tarde. No es nuevo si es secundario; es mucho más importante ser nuevo. Ahora preferimos decir. “ Aquí es hacia nos dirigimos, pondremos esta idea al aire y te dejaremos saber hacia donde vamos”. Es sobre reclamar territorio. Estamos obsesionados con el progreso, pero no con la perfección.

M: Adidas es progresivo con su manufactura. ¿Cómo lo beneficia el uso de tecnologías de producción automáticas?

PG: No necesito moles, ni cortadoras de tintes (máquinas), ni necesito ordenar materiales y enviarlos alrededor del mundo. Puedo ingresar las indicaciones y tener todo hecho en ese mismo lugar, dondequiera que pongamos las máquinas de 3D. Como la mano de obra no es tan intensiva en donde se hace, ahora puedo hacerlo todo en un mercado que se opone a un país de bajo costo de manufactura. Con estos procesos hay mucho menos costos de desechos y transporte. Y, porque estás más cerca del mercado, puedes reaccionar a las diferentes dinámicas en cada una. Ser capaz de hacer en Estados Unidos o en Alemania es un gran beneficio. La gente valora la idea de algo que está producido en un país o ciudad de origen. Todo el futuro de lo que hacemos concluye en estas grandes tecnologías automatizadas.

M: ¿Toda su manufactura va a regresar a Europa y a Estados Unidos?

PG: Hacemos tantas cosas que para decir, “Todo lo que hagamos desde ahora será local” es ambicioso. Queremos hacer productos para China en China y productos para Alemania en Alemania- donde tiene sentido. De momento tenemos una Speedfactory en Alemania, y otra está por abrir en Atlanta. El plan es tener una en cada mercado para cada mercado. Justo como el internet ha aplanado el mundo, esto puede hacer lo mismo.

M: ¿A dónde ve que las industrias de la moda y de la vestimenta deportiva vayan?

PG: El mundo de los proveedores es claramente el mayor área de cambio. Todo está yéndose al e-commerce o comercio online. Tiendas, sabes lo que está sucediendo: la gente está cerrando o batallando para sobrevivir. Porque vendemos directamente nos va bien en nuestro propia tienda. Pero nuestro e-comm está por los cielos. Los niños quieren ir directamente –si es Adidas voy a ir a Adidas a comprarlo– entonces las marcas se está convirtiendo en recursos, mientras que antes era quizás Footlocker. A la gente aún le va a gustar buscar en el futuro, pero creo que será una experiencia diferente: puede ser por medio de showrooms, por medio de tomar productos o probárselos. Especialmente en las tiendas de lujo, será más sobre la experiencia, aprender o probar algo en lugar de sólo en aplastarse en las plazas. Dicen que 80 por ciento de las ventas son online; la gente ve algo online, lo investigan online. Creo que solo es cuestión de tiempo antes de que más cosas terminen online.

M: ¿En la luz de este cambio, como plantean diseñar Adidas en las tiendas bricks- and mortar?

PG: Primero que nada la experiencia de compras debe ser fácil. Cuando entro a una tienda quiero encontrar lo que quiero; debería de hacerse aparente por si solo y no debería necesitar pedir ayuda. Cualquier elemento de diseño que ayude a lubricar el proceso de compras importa. Deshacer del alboroto, hacerme claro que es lo que quieres a lo que le ponga atención. ¿Cuál es la historia importante? Quiero ver productos bellos sobre un fondo limpio, con imágenes inspiracionales. Quiero ser capaz de ver sin esperar en una línea. Soy el rey de esta experiencia, no me hagas trabajar tan duro.

Nuestro diseño de la tienda se inspira en los estadios de futbol americano de las preparatorias estadounidenses. Están pintados con rayas porque no pueden costear cosas elegantes; todos son de concreto, bloques de hormigón, vigas de acero y signos pintados a mano. El color y la vibra de nuestras tiendas viene de productos e imágenes; los (espacios) son accesibles y lucen sucios. Por más que me guste entrar a boutiques austeras de moda, eso no funciona para los volúmenes comerciales que nosotros hacemos. Hay mucho comercio y la gente demanda servicio ahora. Necesita ser accesible y un estadio funciona de la misma manera: yo quiero ir a la cafetería o a los vestidores. Usamos esas analogías para nuestro pensamiento comercial.

The End of the F***ing World

Todos fuimos víctimas de aquel frenesí puberto en el que creíamos que las cosas eran más fáciles de lo que parecen. Cometíamos error tras error para al final llegar a esta madurez aburrida en la que varios de ustedes están leyendo esto. Es la base del “coming of age”, género en el que el protagonista va madurando ante los ojos del espectador, y que en los últimos años nos ha traído grandes experimentos como ‘Boyhood’(Dir. Richard Linklater, 2014) o ‘The Edge of Seventeen’ (Dir. Kelly Fremon, 2016).

Es el turno de Netflix junto al Channel 4 de Reino Unido para traernos ‘The End of the F***ing World’, adaptación del cómic homónimo de Charles S. Forsman que nos cuenta la vida de James (Alex Lawther) un joven de 17 años que se cree psicópata por su falta de empatía a los demás… y porque ha desollado a suficientes animales como para saberlo; es por eso que su nueva meta es asesinar a una persona para probarse a sí mismo lo que es capaz de hacer. Para su suerte, en su vida se cruzará Alyssa (Jessica Bardem) una chica de su edad que está enamorada de él y lo convence de que escape con ella ya que se siente desubicada dentro de su familia.

La serie está conformada por ocho capítulos de veinte minutos y la distribución de la trama está mal empleada: se toman cuatro capítulos para contarte la parte superficial de nuestros protagonistas, repitiendo una y otra vez situaciones redundantes que en su mayoría no llevan a nada, y los cuatro restantes para profundizar en ellos. Lo aconsejable sería verla en un maratón.

Tanto Alex Lawther (a quien vimos en ‘El Código Enigma’ y en el episodio de ‘Shut Up and Dance’ de Black Mirror’) y Jessica Bardem (‘Penny Dreadful’) están en el tono adecuado para esta comedia negra, haciendo que ambos personajes compaginen entre sí. A pesar de que los cambios en sus personajes son abruptos, ambos lo saben sobrellevar perfectamente. La edición con esos flashes desenfrenados de sangre complementan al personaje de James, lo que ayuda al actor ya que nunca refleja ese lado salvaje del que presume.

Al resto del cast hay un dialogo de la serie que los define: “Parece un adulto pero no lo es. Le faltan partes” Durante toda la serie vemos una parodia de gente mayor, escritos de esa forma porque están bajo la perspectiva de dos adolescentes. Eso no evita que parezcan reciclables dentro de la historia por la falta de énfasis que se les da, siendo el personaje de Gemma Whelan (una irreconocible Yara Grayjoy de Game of Thrones) uno de los pocos que se sienten completas dentro de la trama.

El guion podrá se podrá sentir torpe e inconsistente en algunos momentos claves de la serie pero ese es el punto: son adolescentes tratando de salir de un lío más grande del que planearon, escogiendo siempre los caminos fáciles. Las situaciones problemáticas son simples y un tanto parecidas, pero son escalones para que los protagonistas lleguen a conclusiones y comiencen a cuestionar sus acciones. Por otra parte, el final es débil pero da esperanza de una segunda temporada.

El soundtrack, a cargo de Graham Coxon (guitarrista de Blur), y la fotografía se conjugan para traernos un audiovisual muy al estilo de ‘Inside Llewyn Davis’ (Dir. Ethan y Joel Coen, 2013), sin terminar siendo un road trip tan entretenido como el de los Coen.

En conclusión, ‘The End of the F***ing World’ no es para todos. Esta versión millennial de ‘Bonnie y Clyde’ miente un poco en su trama, por lo que si esperas un ‘American Psycho’ o algo con guiños de Tarantino, la serie no es para ti. Sin embargo, si disfrutas del trabajo de cineastas como Seth Rogen o Edgar Wright, la producción inglesa te terminará complaciendo del todo buena. Muyad hoc para recordar tus (enfermos) años de juventud.

#SonicArsenal – De la influencia a la referencia a la retromanía

 

¿Cómo pasamos de la influencia a la referencia? Tal vez es culpa de nuestras pasiones y obsesiones. Lo que anteriormente era contenido basado en el desarrollo de lo observado, se convirtió en la trivia continua, el detalle que solo unos conocedores notan y que en la actualidad se convierte en la serie de listas de referencias que no hablan del análisis del pasado, sino de la voracidad con la que observamos, retenemos y repetimos.

 

Los ejemplos sobran en el contenido referencial, la meta información nos ha brindado grandes detalles en diversos medios, sin embargo el easter egg que el fan buscaba se hizo más evidente con la llegada de ‘Stranger Things’ y próximamente ‘Ready Player One’ de Steven Spielberg, que desde el trailer nos llenó con esa nostalgia que alimenta nuestra actualidad, también podríamos desviarnos hacia la serie ‘The Toys That Made Us’, que prácticamente nos lleva hasta el punto que ya describía Simon Reynolds en su libro ‘Retromanía’, vivimos como adultiños obsesionados con nuestro pasado gracias a nuestro poder adquisitivo.

 

Meta información, el punto central y por el cual giran múltiples formas de obsesión, regresión, acumulación y entendimiento/desentendimiento de la actualidad. El periodista especializado en música Simon Reynolds busca explicar a través de éste libro como en los últimos años el acceso y el exceso han cambiado nuestra forma no sólo de escuchar, sino de relacionarnos con el cine y la literatura, pero sobre todo la música, desde el creciente coleccionismo y la necesidad de acumular canciones en discos duros y nubes virtuales, sin lograr escuchar todas las descargas producto del sharity (share + charity).

Muchos puntos del análisis en los que se basa la adicción de la cultura pop por su propio pasado parten de esa relación entre la música y la forma en que escuchamos en tiempos de reproductores portátiles, servicios de catálogos en línea siempre disponibles, multitasking e información cruzando e intercambiándose a velocidades increíbles a través de espejos negros.

 

 

‘Retromania’ es la necesidad de abarcar diversas épocas de la música, la obsesión provocada por las listas, la historia por medio de diversas películas, libros y múltiples blogs que nos ha llevado a la diversificación de nuestros oídos y la necesidad de curadores que nos sirvan como filtros en medio de la marea de todo lo que está a nuestro alcance. El curador, ya sea crítico, editor o músico logra crear un mapa de influencias, direcciones y posibles caminos futuros, pero en realidad se trata de otra maraña de información que filtra y a su vez hace que vaya desapareciendo la experiencia que brindaba el descubrimiento personal.

 

Reynolds no se atiene a los que escuchan, también alcanza a los que crean, mostrándonos un camino en el que se levantan covers y álbumes tributo como un indicativo de la naturaleza referencial del pop, revelando también un estado de canibalismo de influencias e iconos como si la cultura avariciosamente se comiera a sí misma como un Ouroboros para no revelar más posibilidades, es un retrato del propio artista como un consumidor, “la referencia es la diferencia, mezclada con un poco de gloria reflejada”.

El libro es un recorrido desde los pasillos de museos dedicados a la historia de una sola persona hasta la memorabilia, el registro enciclopédico de cada instante de la historia de la música, pasando por el coleccionista incurable, la llegada del boxset como compresión de catálogos olvidados y Japón como el imperio donde lo retro no lo es, ya que todo continúa en circulación y con ediciones exclusivas.

Al final “todo parece envuelto entre comillas invisibles” que invariablemente buscan llevar el estereotipo hacia el arquetipo, de la nostalgia a moda retro y de ahí al revival como una interpretación actualizada del pasado, convertida en algo tan complejo como la retrospección, donde todo lo old school parece mucho mejor que cualquier actualización. ‘Retromania’ así se revela como una crítica a la ausencia del presente y el enfoque hacia el pasado, visiones que nos niegan completamente una palabra con F que parece en estos momentos más escandalosa que el fuck: Futuro.

Lo más notable de ésta tendencia es la nostalgia por el futuro que nunca llegó, la retromania parece ser un síntoma de la decepción al descubrir que nunca llegaría lo que la ciencia ficción tanto nos prometió. Es un verdadero choque de esperanzas, porque mientras nos acercábamos al milenio, más ansiosos miramos hacia atrás por esa simple razón, pareciera que una vez cruzada esa barrera del año 2000 el choque de realidad sin autos voladores, teletransportadores y ropa plateada sólo nos dejó rescatar los años de inocencia, cuando éramos capaces de creer en ese futuro.

Black Mirror: Bienvenidos a la involución social

¿Recuerdan aquella escena en The Truman Show’ (1998, Dir: Peter Weir) en la que Truman Burbank (Jim Carrey) se queda observando al espejo de su baño y a su vez a los productores del reality? Si no es así, pueden recordar que hace unos años el modelo de Big Brother era de los programas más rentables dentro de la televisión, tanto que ciertas compañías de televisión por cable ofrecían costosos paquetes para ver dicho show las veinticuatro horas del día. ¿Qué era tan excitante en ese momento y que ahora simplemente ya no funciona? ¿Habrá sido admiración hacia dichos personajes o simplemente que a contraste con sus vidas, las nuestras podrían parecer aburridas? ¿Alguna vez sintieron culpa de invertir tanto tiempo en alguien que no conocían, como los productores de ‘The Truman Show’, en vez de invertirlo en ustedes?

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Hoy en día tenemos la certeza de que lo atractivo de los reality shows es la cercanía. El creer conocer a alguien es un vicio satisfactorio para nosotros, que nos ciega y que no nos hace ver lo terrible que es espiar a otra persona. Para colmo, hemos usado los avances tecnológicos y las redes sociales para reducir cada vez más la proximidad que ahora no son tipos random elegidos por un productor, sino tu vecino, tu compañera de trabajo o tus propios hijos. En este momento ‘The Truman Show’ podría ser considerada una simple parodia de nuestra situación actual.

Son estas perversiones las que alimentan al escritor y productor Charlie Brooker desde 2011 para traernos ‘Black Mirror’, una antología que muestra el reflejo de una sociedad cuando la pantalla del computador o de cualquier equipo de comunicación se apaga. El creador de la serie de culto se define a sí mismo como un misántropo, por lo que no es raro ver que en el programa se presente una conclusión tan fatídica de la humanidad y su obsesión con los gadgets por hacer nuestras vidas más fáciles, como si se comenzaran a ver los desperfectos de esta cuarta Revolución Industrial.

A primera vista cada capítulo deja un vacío interno tremendo, todo gracias a su simple estructura: semblanza del personaje, la tecnología como factor de empatía entre el protagonista y el espectador, y giro tras giro argumental. Sin embargo, nos deja esa falsa sensación de que hemos sido adoctrinados como si fuera un curso de seguridad online y que con ponerle una cinta adhesiva a nuestra webcam o evitar stalkear a alguien hemos superado todo.

Pero entre tercera y cuarta temporada han sucedido eventos tan escabrosos que nos deberíamos preguntar si realmente le hemos aprendido algo a la serie. Por ejemplo, el desprestigio que han sufrido servicios como Uber y Cabify por la ola de secuestros que han surgido a través del uso de la aplicación a tal grado que Uber ha tomado la mala decisión de poner dentro de sus términos y condiciones que no se hará cargo de la seguridad del cliente.

China está en plena experimentación de un nuevo sistema de crédito social, cuya base es una aplicación que determina tu raiting como ciudadano. A partir de 2020, China vivirá en Nosedive, el primer episodio de la tercera temporada: la aplicación será un referente del modo de pago que tenga el usuario en el sistema de crédito, además de dar una visión general de la ética de la persona ante la sociedad. A su vez esto determinará las oportunidades de trabajo, escuela, préstamos, entre otros de las personas. Suena impactante pero esa clase de status cibernético han existido desde la invención del like en Facebook.

Hemos llegado a tanto que inclusive toda está involución tecnológica ha entrado en campos como la pornografía: un usuario de Reddit quien se autonombra “deepfakes” utilizó un algoritmo de intercambio de rostros para poner a celebridades como Gal Gadot y Emma Watson dentro de videos pornográficos. “No todos los héroes llevan capa” suelen escribir los internautas a este tipo de situaciones pero estamos a un paso de que el software sea una de las herramientas de chantaje y extorsión más grandes de la historia, hasta que alguien se aburra y vaya más allá.

Inclusive los usuarios menos experimentados tenemos la capacidad de abrir una cuenta en change.org, comenzar una petición absurda con la finalidad de que despidan a alguien de un medio de comunicación o de un cargo público porque simplemente no nos gusta su opinión. Estamos en un proceso de volvernos impersonales, en donde todos seamos esa foto de Instagram donde sonreímos, en donde todos usamos el filtro para ser iguales.

Hay que entender que ‘Black Mirror’ no presenta a un protagonista que sufre las consecuencias de la tiranía de la tecnología sino que presenta a personas como nosotros, que simplemente no saben cómo usarla y que las enfrascamos sólo para situaciones inútiles, perjudiciales. El reflejo del “espejo negro” comienza desde el primer segundo del programa y cuando realmente se presenta, con los créditos estorbando, termina siendo un grito satírico anunciando que todos ya somos parte de eso.

‘Black Mirror’ da un efecto de clarividencia: vivimos en un mundo donde una sociedad perfeccionista intenta eliminar imperfecciones, como en ‘Oso blanco’ (segunda temporada); donde cualquiera siente que puede gobernar una entidad, un estado o una nación, como ‘En el Momento de Waldo’ (segunda temporada); donde las relaciones sentimentales se dan a través de aplicaciones, como en ‘Hang the DJ’ (cuarta temporada)… pero realmente sólo es una réplica a la banalidad de la nueva interacción social.

Stranger Things

Hace un tiempo, dentro del catálogo de Netflix, aparecía la entonces desconocida ‘Stranger Things’ de los hermanos Duffer, quienes antes de eso habían realizado tan sólo dos cortometrajes, un largometraje titulado ‘Hidden’ (2015) sobre el posible final de la raza humana el cual es digno de revisarse, y un intento fallido por adaptar It en una serie televisiva, que terminó en manos de Cary Fukunaga (‘True Detective’, ‘Beasts of No Nation’) y después en las de Andrés Muschietti (‘Mamá’). A esto agreguemos el hype de la década de los ochenta, a Wynona Ryder (una de las consentidas de la época) y un reparto de niños frescos en el ámbito cinematográfico para obtener como resultado uno de los proyectos más exitosos del servicio de streaming y ahora uno de los más ambiciosos.

No por eso la primera temporada era perfecta, teniendo como inconvenientes la indefinición de su público: estamos frente a una serie protagonizada por niños, realizada para jóvenes dentro de la época de una generación en la actualidad adulta; lo que conllevaba que el público infantil no entendiera del todo la trama, el joven no conectara por completo y el adulto simplemente se aburriera.

Además de eso, pareciera que Joyce, el personaje de Ryder, era sólo un simple easter egg de los ochentas, entregando a la madre de un niño que no razona y que más de la mitad de sus diálogos eran entre gritos y llantos, mientras corría de un lado a otro. Sin embargo, estos pequeños factores no fueron barrera para que los espectadores estuviéramos ansiosos por el regreso de Eleven, la vida de Will después de su rescate del Upside Down y de su pandilla en general.

Después de un año nos llega la segunda temporada, la cual trata de resolver todos esos cliffhangers, a la vez de introducirnos nuevos personajes y una nueva aventura: la vida de nuestros protagonistas vuelve a la normalidad, excepto la de Will, quien se enfrenta al “mundo al revés” y al “devora mentes”, una criatura que se aferra en su cabeza.

El mayor logro de esta segunda parte es que los Duffer supieron evolucionar a sus personajes directamente bajo las consecuencias de sus decisiones de la primera temporada, haciendo que tengan una perspectiva general de la situación y no velen por sus intereses. Esto logra que la dinámica como grupo (y en algunos casos como pares) en los nueve capítulos sea ágil, sin olvidar darle profundidad a la historia de sus personajes.

La propuesta visual también es interesante, ya sea en desplazamientos de cámara o en la producción de los sets, que son totalmente fieles a la época, pero no compensan las pocas visitas al Upside Down, ya sea a través de Will al mero estilo de ‘Silent Hill’ o a través de Eleven y sus flashbacks, por los que quedaron enamorados de esta zona podrían decepcionarse.

Por otra parte, desde los pósters promocionales se veía venir que esta nueva temporada sería un desfile de easter eggs sin control: desde ‘Mad Max’, ‘Terminator’, ‘Los Cazafantasmas’, ‘Pesadilla en la Calle del Infierno’, ‘E.T’… Inclusive la selección de Paul Reisner y Sean Astin son referencias a ‘Alien’ y a los ‘Goonies’. ¿Esto hace más disfrutable la experiencia de la serie? Para algunos, para otros podría ser chocante ya que se siente la necesidad de los Duffer de estos guiños para construir su guión, sin verlos como un complemento.

Otro gran desacierto es la necesidad de convertir a nuestros protagonistas en pre-pubertos mal hablados. No se trata de una cuestión políticamente correcta, sino que el elenco de jóvenes estrellas se vuelve unidimensional, desdibujando las pocas  características que los distinguen y dándole de manera indirecta todo el protagonismo a Dustin (Gaten Matarazzo), Lucas (Caleb McLaughlin) y Steve (Joe Keery); dejando atrás a personajes como Eleven (Millie Bobbie Brown) y Will (Noah Schnapp), lo cual es peligroso porque ellos deberían llevar el peso de la serie. Se nota a su vez que es influencia directa de Richie, el personaje al que da vida Finn Wolfhard en It, por las que se tomaron estas decisiones de dirección. También la inclusión de Max (Sadie Sink) y Billy (Dacre Montgomery) que pretendían ser misteriosa y espectaculares, con el pasar de los capítulos su fuerza va en declive hasta concluir en un origen típico, dejando al espectador con el sentimiento de que estos personajes no tenían por qué ser. Esto le pesa más a Billy e inclusive a la inmensa criatura que enfrentan los personajes en esta temporada, ya que nunca se siente su peso como antagónicos.

En donde sí peca la serie es en el soundtrack: Desde el uso narrativo, al menos en esta década, que James Gunn le dio a la música en Guardianes de la Galaxia, han salido producciones que han intentado copiar ese molde, unas que lo ameritan (como Baby Driver) y otras que simplemente no lo lograron (como Atómica o la misma secuela de los superhéroes espaciales de Marvel). ‘Stranger Things’ entra en la segunda categoría: cada capítulo tiene como mínimo seis canciones, desde Bon Jovi hasta Queen, que pretenden ser acentos de momentos que en su mayoría no lo merecen, viéndose como un nefasto videoclip que se va por lo denotativo de lo que ocurre en cámara.

A pesar de eso, la continuación de ‘Stranger Things’ es disfrutable pero no goza de lo interesante que era su primera temporada. Es como si estos nueve capítulos (incluyendo el aborrecible número siete) fuesen un puente para la tercera temporada, lo que dará a los hermanos Duffer nuevos obstáculos que enfrentar: además de la expectativa y la presión por parte de los fanáticos, también está el crecimiento (biólogico y artístico) de sus actores y sus nuevos proyectos. ¿Sobreviviremos a un año sin Stranger Things y la excesiva publicidad de sus protagonistas?

Little Evil

El cine de horror se ha convertido en cosa seria en los finales de esta década, tanto que cada año tenemos una “Mejor película de todos los tiempos” aclamada por la crítica, sin importar la dosis de miedo que impregne en el espectador. Hoy los expertos se basan más en la originalidad y en el miedo psicológico, es por eso que todos vimos ‘The Babadook’ (2014, Dir. Jennifer Kent), ‘The Witch’ (2015, Dir. Robert Eggers), la soporífera ‘It Follows’ (2014, Dir. David Robert Mitchell), y las más recientes ‘Raw’ (2016, Dir.Julia Ducournau) y ‘Get Out’ (2017, Dir. Jordan Peele); dejando una sensación de vacío en nuestras almas en búsqueda de gore, sangre, monstruos mórbidos y desmembramientos.

Esto a su vez, provoca que el público deje en el olvido producciones como ‘The Autopsy of Jane Doe’ (2016, Dir. André Øvredal) o ‘The Last Shift’ (2014, Dir. Anthony DiBlasi), cintas que probablemente cubren nuestras necesidades y a otro peldaño importante dentro del género: la comedia, cuyas exponentes más recordadas podrían ser ‘Ghostbusters’ (1984, Dir. Ivan Reitman) y ‘Shaun of the Dead’ (2004, Dir. Edgar Wright), y no sagas como la de ‘Scary Movie’, que se van por el chiste fácil o ‘Actividad Paranormal’ con su humor involuntario.

Es por eso que, en su segundo intento por incursionar en este subgénero, Netflix nos presenta ‘Little Evil’, nos cuenta la travesía de Gary (Adam Scott), un hombre que acaba de contraer matrimonio con una madre soltera cuyo hijo podría ser el mismísimo anticristo.

Más allá de tomar prestada la premisa de ‘The Omen’, la película dirigida por Eli Craig (encargado de dar vida a la serie de ‘Zombieland’) se preocupa por plantear ciertos vicios de nuestra sociedad que utilizar escenas icónicas del clásico de 1976: la madre incrédula ante las acciones malvadas de su hijo, las familias con miembros transexuales, las acciones negativas de la iglesia y los jóvenes que se sienten cineastas por tomar una cámara, son los nodos que van construyendo de manera indirecta la historia.

Eso no quiere decir que se olvide de burlarse de su predecesora y de otras películas como ‘Poltergeist’, ‘El Resplandor’ o ‘Child’s Play’ (Owen Atlas, el niño que da vida al hijo del Diablo, tiene un look idéntico a Chucky), utilizando elementos sutiles que no se usan más que en su presentación. El problema para muchos podría ser la limitante del director al seleccionar escenas no tan icónicas de ‘The Omen’, descartando la secuencia del zoológico o el ahorcamiento en la fiesta de cumpleaños, haciendo de esta parodia algo light con situaciones exageradas fuera de lugar.

Por otro lado, el error que le cuesta todo a esta propuesta es que sus tres actos no encuentran una línea de conexión. Mientras la introducción nos plantea la situación del ser “padrastro primerizo”, el intermedio se preocupa por demostrarnos lo malo que puede ser el niño para que el principio de la conclusión haga que éste olvide su propósito de la nada. Se nota aún más cuando el tercer acto es el mejor desarrollado de todos.

Además de ser inverosímil, utiliza chistes recurrentes de otras películas del estilo que ya hemos visto una y otra vez: el enano bad ass, los negros bromistas, el compinche alocado (interpretada por una Bridget Everett totalmente sobreactuada), la esposa exasperante (interpretada por Evangeline Lily)… cayendo muy pronto en la redundancia de sus interacciones, sin que ninguno aporte al desarrollo del personaje principal ni a su búsqueda. Daría igual si todos estos personajes, secundarios e incidentales, estuviesen en el camino o no, nuestro protagonista llegaría a la misma conclusión.

Eli Craig no se preocupa en lo absoluto por encontrarle un tono a su producto final y se nota en la dirección de sus actores. Sus esfuerzos por ser graciosa en momentos y terrorífica en otros se desploma por las reacciones blandas que tienen los personajes a las circunstancias que deberían marcar pauta a su evolución. No existe un balance entre su despreocupación, convirtiendo todo en un sketch de hora y media.

Aunque sus efectos son decentes y podrías llegar a pasar un rato agradable, ‘Little Evil’ se queda a medias tintas: Da igual que ocurre en pantalla, no obtendrá tu atención total. Podría ser considerado un calentamiento para esos maratones de horror que nos esperan en octubre si no tienes considerado rememorar a Shaun, a Pegajoso, a Emma Stone matando zombies o ver por curiosidad a los tres vampiros que forman el falso documental What We Do in the Shadows (2014, Dir. Jemaine Clement, Taika Waititi).

The Defenders

Dejemos a un lado nuestro fanatismo y seamos honestos por un momento, en cuanto a Marvel y DC podríamos decir que uno es el rey de la pantalla grande y el otro de la chica, respectivamente. Ambas compañías han tenido sus grandes momentos y caídas, con modelos de producción y narración completamente distintos.

Aclarando esto, es momento de hablar de ‘The Defenders’, la nueva apuesta de Marvel/Netflix que involucra a Daredevil (Charlie Cox), Jessica Jones (Krysten Ritter), Luke Cage (Mike Colter) y Iron Fist (Finn Jones). Y si tuviéramos que decidir en qué punto se encuentra de la escala que acabo de definir en la introducción, encontraríamos que apenas logra localizarse en el punto medio.

Lo visual es lo predominante en esta serie: las transiciones y colores característicos de cada personaje toman gran relevancia en la producción, usados a gran escala en los primeros capítulos sin interferir en la narrativa. Otro aspecto destacable son las peleas, las cuales lucen espectaculares en tomas y locaciones cerradas. El problema es el cambio a planos generales, donde las corografías terminan siendo un tanto torpes y evidencian los pocos errores de filmación dentro de ellas.

* SPOILER ALERT

A continuación encontrarás dos datos menores que, si no has visto la serie, podrían ser considerados spoilers.

En cuanto a los personajes hay mucho que decir, pues las temporadas que se emplearon para cada uno (a excepción de Daredevil, que son dos) parecen haber afectado su construcción de manera diferente. El Diablo de Hell’s Kitchen muestra un cambio abrupto al personaje que nos presentó Charlie Cox durante 20 episodios, el cual podría ser justificable si hubiera pasado en algún intermedio y no en su final de temporada, dándonos un ser totalmente pasional y disminuyendo la racionalidad en él; Krysten Ritter muestra a una Jessica Jones estable y fiel a sus aventuras en individual; Mike Colter es sobajado para convertirse en “un personaje más” al mero estilo Hulk; y Finn Jones es un caso especial.

Iron Fist arruina por completo la trama de la serie, siendo el mismo personaje torpe que nos presentaron en su serie individual. Y no es culpa de Finn Jones, sino en la manera en la que está escrito. Añadan a esto que Danny Rand es el motivo principal de toda la trama y que la mayoría de los capítulos replantean sin cesar al “Inmortal Iron Fist”, la situación en K’un-Lun y lo poderosa que es “La Mano”, prometiendo mucho y dando poco.

El mismo guión convierte a los enemigos principales de las demás entregas (en particular a Madame Gao) en simples sirvientes de Alexandra, interpretada por Sigourney Weaver, la cual es totalmente desaprovechada siendo lo más fuerte del personaje su relación con Elektra (Elodie Yung).

También existe una necesidad de conectar a todos los personajes secundarios de alguna u otra forma, lo que termina sintiéndose un tanto innatural al igual que la forma en la que conectaban las series con Claire Temple (Rosario Dawson). La química entre ellos se siente forzada, aunque sus espacios con sus correspondientes superhéroes son un tanto esenciales.

Si bien ‘Defenders’ tenía todo para ser un crossover digno (dos personajes decentes, Sigourney Weaver y la posible aparición de The Punisher), termina convirtiéndose en la serie que intenta reivindicar a Iron Fist, logrando totalmente lo contrario. Tal vez si colocas tus expectativas entre Daredevil/Jessica Jones y Luke Cage/Iron Fist, puedas disfrutar del todo la mega producción de Netflix.

Atypical

Siempre me ha resultado difícil asimilar ciertos términos para identificar a un grupo de personas cuyo dinamismo los envuelve en un laberinto llamado realidad. La deficiencia en la salud de las personas engrandece una serie de obstáculos en las que el estereotipo de la normalidad luce como un indicador engañoso. ¿Qué es ser normal o raro?, ¿qué y quién determina las capacidades o discapacidades del individuo? Es largo ya el tiempo en el que una enfermedad es vista de forma excluyente en la sociedad, formulando un sinfín de prejuicios y enterrando en lo más profundo de nuestra conciencia una gran variedad de valores.

En pleno 2017 se agradece que la plataforma Netflix conduzca hasta nuestros ojos un modelo de aprendizaje, reflexión y retroalimentación desde la voz del autismo y sus detractores del día a día. ‘Atypical’ demuestra que la normalidad de la que se jactan los que desconocen de forma sustancial una enfermedad es por sí sola conflictiva y quizá peor que la del propio enfermo.

Durante ocho capítulos, Robia Rashi (creadora y escritora) establece al amor como un medio natural y humano que no reconoce enfermedad alguna, al contrario, es un espacio de sanación dentro de una familia común que al final del día refleja la verdadera discapacidad de las personas que la forman y rodean: infidelidad, envidia, egocentrismo y la complicación eterna de las cosas que por sí solas son sencillas.

Complejidades de seres que buscan ser amados con miedo a perder, a volver a casa y regalar un abrazo, de seres que se esfuerzan por no saber convivir con sus diferencias y que en su juego de perfección se hallan perdidos en personalidad y principios.

Lo que resulta aplaudible es que no se trata de una historia particular del adolescente promedio, pues las personalidades que se adquieren dado el espectro del autismo llegan a “conectar” con distintas etapas del tiempo en un solo espacio: el hogar.

‘Atypical’ es sin duda una cita con la humildad de las cosas y personas, un espectro que logra crear un puente mediante el amor entre el ser y el deber ser. Una historia que deja en claro que no existen formularios ni guías para amar y conocer a las personas ni mucho menos excepciones cuando se trata de convivir y vivir.

La sanación no es superficial ni es la ausencia de la enfermedad; es la voluntad del hombre por sentirse parte de los demás.

En 101 palabras

En el 2015 creamos la sección En 101 palabras para incluir las colaboraciones de las diferentes voces que colaboran en Rock 101, la hemos continuado a través de las palabras del Luis Gerardo Salas y el Rocktor, a partir de hoy la ampliamos con una serie de recomendaciones rápidas para sumergirse en los diferentes aspectos que forman la programaación y nuestras redes en la actualidad.

 

– Cinco discos para hablar de OMD en español ()

1. El eterno femenino – La Mode

2. Size (Grabaciones completas) – Size

3. Locura – Virus

4. Corazones – Los Prisioneros

5. Un amor mató al futuro – Ciëlo

 

– Tienes que ver a el grupo argentino El Mató A Un Policía Motorizado este domingo en el Foro Indie Rocks!, el show es para todas las edades (John Villicaña)

– Si andas por el centro puedes pasar a echar un taco en los Cocuyos, una cerveza al Gallo de Oro, ambos en Bolivar y de paso caminar a #TOBAGallery para ver la expo de Jis con Yurex Omazkin (John Villicaña)

 

– Rick and Morty (Karipunk)

Todo seguidor de Adult Swim tiene marcado en el calendario el 30 de julio, después de 3 años regresa la serie de Justin Roiland y Dan Harmon, que para algunos es demasiado soez y sin sentido, pero para el fanático de la ciencia ficción es una verdadera maravilla de posibilidades, si terminaron la serie en Netflix, pasen por el vídeo que compartimos antes de que arranque la nueva temporada.

 

 

– ‘The Defenders’ (Andrea Calles)

Durante la Comic-Con de San Diego, se presentó el primer avance de la serie de Marvel: The Defenders, en donde ser reúnen por primera vez Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist para luchar contra el crimen en Nueva York, la serie  se estrenará el 18 de agosto de 2017 en la plataforma Netflix.

 

 

– ‘Salvation’  (Karipunk)

La extinción masiva debido al impacto de un meteorito, tema común y recurrente, pero… ¿qué tal si en este caso se acepta que el planeta no se salvará y se tiene que crear la tecnología para escapar en solo 186 días? Solo dos episodios, pero el interés crece con conspiraciones y un genio tipo Elon Musk/Jeff Bezzos/Richard Branson/Tony Stark.

 

 

– ‘Archer Dreamland’ (Karipunk)

Si disfrutaron salirse del espacio común de la agencia de espionaje en ‘Archer Vice’, les encantará el toque de novela negra, el cínico detective privado y todos los aspectos que James Elroy nos ha aportado a través de sus novelas, Los Angeles desde la perspectiva del crimen.

 

– Wild Years: The Music and Myth of Tom Waits (Karipunk)

La verdadera visiòn del fanático, ese que busca en todos las declaraciones una nueva perspectiva, Jay S. Jacobs lleva su investigación al cruce de leyendas con el objetivo de hacer crecer el mito, olvídense del humano, el personaje que ha creado el músico es mucho más interesante.

 

– Aniversario de discos: Blur (Andrea Calles)

En febrero de 1997 la banda inglesa Blur nos presentó su quinto álbum de estudio titulado Blur, de aquí salieron los éxitos ‘Song 2’, ‘Beetlebum’ y ‘You’re So Great’, primera canción compuesta por Graham Coxon. La portada consistía en una imagen borrosa en donde vemos a un enfermero llevando una camilla en un hospital.

 

– Mishima  (John Villicaña)

El grupo catalán Mishima lanzó un disco perfecto para la melancolía que provocan estos días nublados, dale play y acompaña con una tasa de té

 

– SQÜRL – EP #260 (Karipunk)

En lo que se organizan para ver ‘Paterson’ en la Cineteca, Jim Jarmusch acaba de estrenar un nuevo EP de la banda que tiene con sus colaboradores Carter Logan y Shane Stoneback, aprecien como el psych-noise-drone rock va cambiando el panorama de lo que escuchamos, sobre todo en tiempos de millennial whoops.

 

 

Superchunk (Andrea Calles)

Banda que se formó en 1989 en Carolina del Norte, actualmente cuentan con 10 discos en su carrera y este verano lanzaron un nuevo sencillo titulado “I Got Cut “, además de la redición de su  álbum debut en vinyl.

 

 

– 31 canciones que sonaron a partir de 31 canciones en #Rockósfera101, un libro de Nick Hornby ()

1. Teenage Fanclub – “Your Love Is the Place Where I Come From”

2. Bruce Springsteen – “Thunder Road”

3. Nelly Furtado – “I’m Like a Bird”

4. Led Zeppelin – “Heartbreaker”

5. Rufus Wainwright – “One Man Guy”

6. Santana – “Samba Pa Ti”

7. Rod Stewart – “Mama, You Been on My Mind”

8. Bob Dylan – “Can You Please Crawl Out Your Window?” / The Beatles – “Rain”

9. Ani DiFranco – “You Had Time” / Aimee Mann – “I’ve Had It”

10. Paul Westerberg – “Born for Me”

11. Suicide – “Frankie Teardrop” / Teenage Fanclub – “Ain’t That Enough”

12. The J. Geils Band – “First I Look at the Purse”

13. Ben Folds Five – “Smoke”

14. Badly Drawn Boy – “A Minor Incident”

15. The Bible – “Glorybound”

16. Van Morrison – “Caravan”

17. Butch Hancock and Marce LaCouture – “So I’ll Run”

18. Gregory Isaacs – “Puff, the Magic Dragon”

19. Ian Dury and the Blockheads – “Reasons to be Cheerful, Part 3” / Richard and Linda Thompson – “Calvary Cross”

20. Jackson Browne – “Late for the Sky”

21. Mark Mulcahy – “Hey Self-Defeater”

22. The Velvelettes – “Needle in a Haystack”

23. O.V. Wright – “Let’s Straighten It Out”

24. Röyksopp – “Röyksopp’s Night Out”

25. The Avalanches – “Frontier Psychiatrist” / Soulwax – “No Fun / Push It”

26. Patti Smith Group – “Pissing in a River”

2016 y su alcurnia ochentera

Regalar un disco compacto en Navidad es tan retro y vergonzoso como entrar en un bar y pedir un muppet o un “desarmador”. Ya no hay moral.

¿Qué tienen en común Netflix y el cementerio de músicos y artistas en que se convirtió 2016? En que ambos parecen dedicar su tiempo y sus esfuerzos en hacer un involuntario homenaje a los años ochentas.

Mientras la muerte cargó con David Bowie, Prince y Gene Wilder, entre muchos otros cuyo mayor impacto fue ochentero, el servicio de streaming más importante adhirió a su carrusel verdaderas joyas de la cinematografía palomera como ‘Purple Rain’, ‘E.T.’ y ‘Lethal Weapon’, además de la serie Stranger Things’(con muchas referencias a dicha década y reposicionando a Winona Ryder en pantalla), los episodios V y VI de ‘Star Wars’ y prometió una nueva serie comandada por la otra novia de los ochentas: Drew “My Love” Barrymore.

 

Por otro lado, en ese aparente festival ochentero, el siempre fiel México musical se desbocó con dos bandas de estirpe ochentas como Guns N’ Roses y Metallica, además de los embalsamados en botox Tom Jones y Rod Stewart; y el anuncio de Pet Shop Boys en el Corona Capital y de Neón y Hombres G en el Vive Latino 2017 te hizo pensar en sacar tus gumis, los pantalones de pinzas y el gel Studio Line.

 

¿Por qué ocurre esto si los (no) enterados refieren que los ochentas fueron años en los que hubo menor calidad musical?

Hace unos días una amiga me preguntaba si iba a publicar en Rock 101 una lista de las mejores canciones o los mejores discos del año y le dije que no por una razón muy clara: no tengo meretriz idea de qué se publicó en 2016 por otras dos razones: no tengo tiempo de escuchar la radio o entrar en páginas de novedades musicales y, en realidad, tampoco me interesa mucho. Quizás eso puede sonar irresponsable en un texto de un analista musical pero tampoco hallo la motivación suficiente para hacer investigaciones faltando unos días para que acabe el año.

¿Es por desinterés o por falta de cariño? Porque en todo caso la culpa recaería precisamente en la falta de interés, o bien, en la ausencia de ejemplos que realmente rompan los paradigmas y te muestren que la música ha encontrado un nuevo punto de ebullición, por eso no extraña que G&R y Metallica agoten los boletos en minutos y se abran fechas a granel.

Esto me lleva a pensar en 2015, cuando señalé que quizás el mejor disco del año era el ‘Music Complete’ de New Order, un grupo veterano que supo refrescar su identidad sonora sin encontrar rival a nivel en ese ámbito. New Order, una banda que estalló precisamente en los ochentas como escisión de Joy Division. Curiosamente, un año antes, en 2014, Pink Floyd regresó a los estudios con un disco tan promocionado como estéril llamado ‘The Endless River’ sin encontrar ese cruzado a la mandíbula que permitiera a la banda recuperar un sitio que quizás no les interesa pero que merma su credibilidad ante el curso corriente de las producciones musicales.

Quizás otro rasgo importante para el trazo ochentero de 2016 sea precisamente su aparente escasez musical y no por producciones sino por la falta de trascendencia en todo sentido.

Por eso, uno de los propósitos para el próximo año es estar más pendiente de los noveles y, acaso, de alguna producción sensacional, que debe haber, de esos viejos grupos con una pizca de vanguardia.

El año pasado, para el intercambio navideño-godín, y para continuar con esa tendencia retro, una compañera de la oficina pidió un disco ¡de The Cure! ¿Así o más ochentero el clima? Encima el gobierno está hablando del TLC y hay por ahí un espectáculo llamado Rock en tu Idioma. ¿Qué falta? ¿Una película de acción sobre Ronald Reagan? ¿Una nueva entrega de Rocky? ¡Un momento! ¡La hubo en 2015! En fin.

¡Felices fiestas para todos!

Desde el infernal 1977, ‘The Get Down’ llega a Netflix

 

No había suficientes empleos, el dinero escaseaba, los cuerpos policiacos eran insuficientes, las escuelas eran deficientes y los servicios sociales no podían atender a toda la población. El verano de 1977 tuvo a un asesino serial, un apagón de 25 horas y una tasa de crímenes 75% más alta que la actual.

 

La nostalgia ha llegado a Netflix con una nueva serie original, llega en el momento adecuado donde la frase #BlackLivesMatter cada vez es más contudente, creada por Baz Luhrmann y gran obsesión con la música, recuerda músicos, MCs, Djs y clubes y ese año de 1977 en el que la ciudad de Nueva York parecía caerse a pedazos sobre la suciedad en las calles, el gobierno en bancarrota, un asesino guiado por la voz de un perro y un legendario apagón que desembocó en más asaltos y destrucción, pero fue el caldo de cultivo perfecto para los sitios underground, pero también es el plano donde se gesta ‘The Get Down’.

 

Bajándose del ‘Soul Train’, vemos el hip-hop emergiendo en el Sur del Bronx, el punk dominando el lower eastside y la música disco dirigiendo los pasos en Queens y el bajo Manhattan, todo rodeado por las elaboradas decoraciones del graffiti en los vagones del metro, los break-dancers asaltando las calles sobre cartones, la liberación sexual y la industria de la pornografía en plena ebullición.

 

 

Preparen su fin de semana, tienen 6 episodios para adoptar los movimientos con irreverencia, esa combinación de juventud + drogas + hormonas que había en todas las tendencias culturales que explotaron durante ese tumultuoso año.

‘Stranger Things’, bajo la influencia de los 80

Dos generaciones, tal vez tres si contamos a los que vieron todas las referencias a las que hace alusión ‘Stranger Things’ en el momento exacto en el que aparecieron. La serie es una verdadera amalgama de retromanías enlazadas por una excelente historia donde la ciencia ficción, el horror y el suspenso hacen que Netflix nuevamente haya batido su récord de personas cautivas un fin de semana sin provisiones suficientes para sobrevivirlo.

Alimentando la idea de que la cultura popular se reinventa a través de la fascinación en su propio pasado, nos encontramos con la serie escrita por los gemelos Matt y Ross Duffer sobre un chico perdido, una chava con telequinesis y un montón de amigos que actúan bajo el manual de todo lo que no debes hacer en un filme según lo aprendido en el manual del terror de los 80 y el regreso de Winona Ryder como el eco ochentero en carne viva.

En tan solo ocho episodios nos encontramos con referencias a Stephen King, la música de Halloween y una combinación de eventos que nos recuerdan por escenas películas como ‘Poltergeist’, ‘E.T.’, ‘The Goonies’ y ‘The Thing’, es un verdadero acto de nostalgia que te hace aislarte del mundo para observar como las múltiples subtramas se entrelazan al final, con saltos del corazón efectivos, pero nada traumatizante.

‘Stranger Things’ definitivamente fue cínicamente diseñada para la nostalgia, pero utiliza sus influencias orgullosamente. Los hermanos Duffer nos muestran la dieta de su infancia bajo el cuidado de John Carpenter y Stephen King, nos cuentan una historia donde la inocencia se ve comprometida, sin ironías, busca inmediatamente nuestra simpatía a través de las referencias, que se muestran desde la introducción de la serie (pongan atención a la música), la composición de ciertos encuadres (los ojos de Spielberg y Tarantino incluiídos) y hasta el mensaje luminoso de aquellos ‘Encuentros Cercanos del Tercer Tipo’.

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