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Cine y música: Construcción de un ídolo

Es probable que muchos cinéfilos estén familiarizados con el fenómeno de las películas similares, esas producciones que comparten una trama muy parecida que en ocasiones es prácticamente idéntica, como si se tratara de películas al 2×1. No es algo raro, y mucho menos nuevo. Es por lo menos tan viejo como el concepto de la competencia desleal.

Sin embargo, el fenómeno ya mutó y en el año que acaba de pasar, repetir historias parece haberse convertido en un recurso para entender la realidad que atravesamos, a partir de distintos puntos de vista sobre un mismo tema.

En 2018, la música y su impacto en la sociedad se convirtió en la obsesión de los realizadores cinematográficos, y aunque esto empezó como una tendencia que ya se venía manifestando con películas como Song to Song, de Terrence Malick, y La La Land, de Damien Chazelle, al menos cinco títulos compartieron esta fijación por la música, como las exitosas y premiadas

A Star is Born y Bohemian Rhapsody. Desde siempre se han realizado películas que tienen que ver con la música, pero nunca con tanta frecuencia como ahora. Ya no se trata sólo de biopics o de documentales, donde se explica la vida de algún músico reconocido, sino también de músicos ficticios.

¿Por qué sucede esto? Empieza como una moda, o tendencia. Alguna temática que tiene resonancia y funciona con el público masivo se convierte en una opción de negocio, y así proliferan las películas de un mismo tema. Algo que también sucede en la música, cuando algún concepto tiene éxito y es imitado entre compañías disqueras.

El fenómeno de las películas similares se atribuyó originalmente a la competencia entre grandes estudios cinematográficos de Hollywood, donde los guiones pasaban de mano en mano, entre distintos ejecutivos de distintas compañías, y para cuando alguien se animaba a producir la película, esta misma idea ya había sido leída por demasiadas personas. Es así que algunas veces un estudio compite contra otro, con una copia.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que, en la última década, con el apogeo del internet y el exceso de información, se ha vuelto más complejo encontrar conceptos verdaderamente originales, que no estén manoseados por la policía de la democratización.

Incluso, hoy las modas se han ido segmentando cada vez más, por lo que también proliferan las empresas que pronostican tendencias. Aunque las hay muy reconocidas, como WGSN, que cobra suscripciones anuales de más de 80 mil pesos por información sobre lo que se va a poner de moda alrededor del mundo, su existencia aún no es del conocimiento de todos.

Aún es difícil que la gente se de cuenta hasta qué punto son este tipo de empresas las que dictan el gusto popular, y las que deciden qué ropa, qué comida, qué destinos, qué libros, qué películas y, por supuesto, qué música es la que se va a consumir.

Tomando en cuenta a estas pronosticadoras de tendencias, se explica más fácil la proliferación de ciertos conceptos. ¿Es esto es la respuesta al por qué suceden estos fenómenos dentro de la cultura popular? Tal vez no –enteramente–, pero tampoco se debe descartar su poderosa influencia.

Mientras los grandes estudios se hincharon los bolsillos contando la vida de Freddie Mercury, y con el debut cinematográfico de Lady Gaga –sin duda dos ganchos irresistibles para llevar a los fans de la música a las salas de proyección–, otra tendencia se estaba gestando dentro del cine independiente: el análisis de la construcción de una diva; una exploración sobre estas figuras femeninas que provocan idolatría entre sus seguidores.

A Star is Born, justamente, sentó las bases para este tipo de historias con su primera versión de 1937. La película de Lady Gaga ya es la cuarta versión de esta historia, que a través de los años ha pasado de ser un “cuento con moraleja” para advertir a las mujeres sobre los peligros de la industria, a convertirse en una especie de panfleto motivacional.

Títulos como la muy modesta Patti Cake$; el documental sobre Whitney Houston; Vox Lux, con Natalie Portman; la española Quién te cantará, con Najwa Nimri; o la polaca Cold War, nominada al Oscar como Mejor película extranjera, retrataron la vulnerabilidad de personajes femeninos ante la fama.

En 2019 la tendencia musical continuará con Rocketman, cinta biográfica sobre Elton John; The Dirt, sobre Mötley Crue y Caído del cielo, un homenaje a Pedro Infante, en Netflix; y Teen Spirit, que trata del ascenso de una estrella juvenil de reality shows, encarnada por la actriz Elle Fanning.

En México, salvo honrosas excepciones como la película Gloria, que cuenta la vida de la cantante Gloria Trevi, este tipo de producciones encontraron su espacio natural en el mercado de las series, donde hasta el momento se han contado las historias de Luis Miguel, Juan Gabriel, José José, Paquita la del Barrio y Alejandra Guzmán.

La realidad es que la industria de la música sigue en crisis y busca alianzas más fuertes para llevar su producto hasta las audiencias. Hollywood es hasta hoy la industria cinematográfica más antigua y más exitosa de todo el mundo; en 2018, el cine generó 41.7 billones de dólares en boletos a nivel mundial, y 136 billones en total si se toma en cuenta el entretenimiento para el hogar.

La música, en cambio, generó alrededor de 18.9 billones de dólares en ventas de discos, donde cerca del 38% se debe al streaming. Hoy por hoy, la industria con mayor crecimiento es la de los videojuegos, por lo que también se ha convertido en otro gran vehículo para la música.

Una sombra se posa sobre la industria musical, de sobra conocida por sus excesos. En tiempos de #MeToo y de otros movimientos sociales que han cobrado cuota a diversas instituciones y corporaciones, parece que, siempre sí, la factura más cara la está pagando la música con la caída de sus ídolos.

El fantasma de Michael Jackson sigue arrastrando sus cadenas, y se han vuelto a escuchar a través de toda la industria musical con la aparición del documental Leaving Neverland, que pone otro clavo en su ataúd. Este trabajo es una muestra del poder que tiene el cine para construir, o destruir, una reputación.

Más que el negocio de la música, el verdadero dinero está en la construcción de mitos, algo que conlleva una enorme inversión a través de décadas, y que puede caerse de un momento a otro. A veces, los artistas valen más muertos que vivos, por las regalías millonarias que generan en la venta de diversos productos asociados a su nombre.

Este es un mercado que prospera cuando nuestra admiración por estas figuras se mantiene intacta. Pero, sobre todo, se alimenta de nuestra nostalgia.

Andre Williams: Adiós al narrador más rudo de R&B

Por Garth Cartwright, para The Guardian, Reino Unido

El cantante del Medio Oeste, que falleció a los 82 años, trabajó con todos, desde Berry Gordy hasta los punks, y posiblemente inventó la música rap.

Andre Williams murió en Chicago este domingo a los 82 años de edad después de que le diagnosticaron cáncer de colon dos semanas antes. Para la mayoría de las personas, su nombre será desconocido, pero para Garth Cartwright, reportero de The Guardian, fue uno de los grandes héroes de la música estadounidense.

Nacido en Bessemer, Alabama, Zephire “Andre” Williams escapó de la pobreza rural por las brillantes luces de Detroit alrededor de 1950. Motor City estaba en auge y Williams, consciente de que carecía de voz, pero determinado a triunfar como vocalista, creó un estilo de cantar hablando, mezclando humor e insinuaciones con los estilos musicales dominantes de R&B y doo-wop de la época. Algunos han señalado que esta entrega vocal es uno de los puntos de partida para la música rap.

En 1955, su estilo único le ganó una búsqueda de talento local y un contrato con Fortune Records, una pequeña empresa independiente de Jack y Devora Brown. Williams escribió y cantó y habló una serie de discos lujosos y cómicos, y se ganó el apodo de Mr Rhythm. Su mayor éxito llegó en 1956 con Bacon Fat, un disco de baile maravillosamente grasiento que alcanzó el número 9 en la lista de R&B de Billboard. Su registro más divertido (y el más discutible), Jail Bait, con consejos maravillosamente irónicos a cualquier hombre que piense en una relación con una adolescente, nunca iba a tener un programa de radio.

En la década de 1980, una introducción de canciones piratas llamadas Songs the Cramps Taught Us, que recopilaban originales de las canciones que cubrían Cramps, fue mi introducción a Williams, pero la información sobre él fue escasa. Lo que resolví fue que la fortuna era marginal, de modo que cuando Williams se topó con un aspirante a magnate Berry Gordy en la peluquería, aceptó una oferta de trabajo. Gordy contrató a Williams no como artista, sino para producir y desarrollar los nuevos fichajes de Motown. Lo hizo pero no le gustaba la manera autocrática de Gordy, y se fue a Chicago, donde hizo un trabajo similar en One-derful. En 1963, coescribió Shake a Tail Feather para Five Du-Tones, un éxito menor cuando se lanzó, pero casi de inmediato fue un estándar de R&B (fue interpretado por Ray Charles en la película The Blues Brothers).

Al año siguiente, escribió el éxito de R&B y pop Twine Time, para Alvin Cash, y durante toda la década publicó sus propios discos mientras escribía y producía para todos, desde Mary Wells hasta Parliament-Funkadelic hasta Bobby “Blue” Bland. Una llamada de Ike Turner invitando a Williams a trabajar con él en Los Ángeles resultó ser fatal: Williams tomó el hábito de la cocaína de Turner y terminó sin hogar y adicto.

Williams se rehabilitó en algún momento en la década de 1980 y comenzó a trabajar en los clubes de blues de Chicago. Se sorprendió al descubrir que tenía seguidores de culto. Jon Spencer Blues Explosion trajo a Williams al Reino Unido a mediados de los 90 como acto de apoyo, y finalmente pude ver la leyenda. Dirigió el escenario como el veterano maestro de ceremonias que era y, respaldado por la banda de Spencer, creó canciones antiguas (garage R&B, punk rap, su música podía usar muchos mangos) que sonaban indiscutiblemente contemporáneos.

Andre Williams interpretando en Tramps el 30 de mayo, 1998.(Photo by Hiroyuki Ito/Getty Images) Fotografía tomada de: https://www.vibe.com/2019/03/andre-williams-dead-at-82

Él se emparejó con los rockeros de garaje, los Dirtbombs, para su álbum de 1998, Silky, y es una celebración ruidosa y lujuriosa. Black Godfather, lanzado dos años después, es ruidoso pero carece de ideas. Ese año, Williams jugó en el Garaje en Londres, y me fui detrás del escenario. Williams, un hombre apuesto vestido con zapatos rojos y un traje rosa, parecía haber salido del club de Detroit alrededor de 1964. Era muy gracioso, muy callejero, rechazando a Ike Turner como “un P-E-R-R-O – ¡PERRO!”, feliz de aceptar elogios por ser “el rapero original” y amable hacia aquellos que se habían asegurado de que tuviera audiencia después de su larga desaparición. Su banda de apoyo, Countdowns fue un conjunto de trash estadounidense. Nunca antes o desde entonces he visto un artista y una banda tan emparejados. La audiencia de Londres, que no consistía en clientes habituales de Mosh Pit sino en el R&B vintage, quedó en shock cuando la banda hizo sonar cada canción.

En 2007, Vampisoul Records de España emitió Movin’ on With Andre Williams, un excelente álbum doble que ofreció una visión general de su carrera desde 1956 hasta 1970. Esto hizo que Andre volviera a Londres en 2008, y en la entrevista previa al concierto encontré a un hombre roto: Andre bebió Bacardi de la forma en que la mayoría de nosotros tomamos té. Permaneció divertido, pero la actuación de esa noche, con una banda solo un poco menos horrible que la anterior, lo encontró deprimido y tambaleante. Traté de contactarme con Williams más tarde ese año cuando estaba en Chicago investigando mi libro More Miles Than Money (“Más millas que dinero”), pero nadie sabía dónde podía encontrarlo.

A lo largo de esos años, Bloodshot Records de Chicago emitió varios álbumes de Williams, con los esfuerzos más apresurados, pero Hoods and Shades de 2012, producido por el notable guitarrista de Detroit Dennis Coffey, fue un asunto sólido. Solicité una entrevista telefónica y obtuve una. Williams estaba sobrio y feliz de reflexionar sobre su vida. Finalmente obtuvo el control de sus derechos de autor para Shake a Tail Feather, llamando a esa canción su mayor creación. Él era, me atrevo a decirlo, suave.

Nunca volví a verlo ni a hablar con él, pero la semana pasada me presenté en el maravilloso No Hit Records de Londres y encontré un nuevo EP de las grabaciones de Williams en Fortune. Por supuesto que lo compré y, al analizarlo, vi que me habían citado. Estoy detrás de mi descripción de él como “un innovador con una sonrisa en la cara y una erección en sus pantalones”. Descansa tranquilo, Andre.

Fuente original: “Andre Williams: farewell to R&B’s raunchiest raconteur” Escrito por Garth Cartwright, para the Guardian, Reino Unido.

https://www.theguardian.com/music/2019/mar/19/andre-williams-farewell-to-rbs-raunchiest-raconteur

Las mujeres mejor pagadas de la música en 2018

Katy Perry, Taylor Swift y Beyoncé ocupan las primeras posiciones. 

Como cada año, la revista Forbes publicó su listado de las 10 mujeres mejor pagadas de la industria musical, siendo Katy Perry quien encabeza la lista, como lo hiciera también en 2015, registrando en aquel entonces ingresos por 135 millones de dólares, mientras que este 2018 alcanzó la cifra de 83 mdd.

Por debajo de la californiana se encuentra Taylor Swift con 80 mdd, quien en 2016 ocupara del primer lugar del mismo conteo. En tercer ligar se encuentra Beyoncé –quien un año atrás liderara esta lista–, con la nada despreciable cantidad de 60 mdd.

De acuerdo con la metodología de la publicación, el resultado comprendió la evaluación de las ganancias obtenidas entre el primero de junio de 2017 al primero de junio de 2018 y antes de la deducción de honorarios de representantes, agentes, abogados, impuestos, etc.

Las fuentes consultadas por Forbes para este fin, incluyen a Nielsen SoundScan, NPD BookScan, así como entrevistas internas y otras estimaciones de la revista.

Hubo, por supuesto, otras muchas cantantes que tuvieron un año lucrativo, pero que sin embargo no llegaron a las lista de las mejores pagadas, entre ellas: Ariana Grande, Mariah Carey, Selena Gómez, Madonna, Halsey y Janet Jackson, quienes sumaron varios millones también.

 

Esta es la lista de las 10 mujeres mejor pagadas en la industria musical: 

  1. Katy Perry (83 mdd)
  2. Taylor Swift (80 mdd)
  3. Beyoncé (60 mdd)
  4. Pink (52 mdd)
  5. Lady Gaga (50 mdd)
  6. Jennifer Lopez (47 mdd)
  7. Rihanna (37.5 mdd)
  8. Helene Fischer (32 mdd)
  9. Celine Dion (31 mdd)
  10. Britney Spears (30 mdd)

 

 

Crisis, cuando la música nos separa

2018, las palabras resuenan en la boca de todos sin mayor problema. Se esparcen en busca de la verdad absoluta sin que importe nada ni nadie. La personalidad es cosa del pasado pues hoy pareciera que las tendencias nos obligan a ser distintos cada día para hablar de todo. Sin duda, las redes sociales son hoy una causa de esta falta de definición pero peor aún, de una crisis de lenguaje. Por lenguaje habré de referirme como el conjunto de todas las formas de expresión, llámese oral, escrito o visual.

La crisis del lenguaje me resulta evidente como estudiante de Ciencias Sociales y como consumidor de la abundante información que hay en Internet todos los días. La realidad es que nunca imaginé que esto fuese posible en el mundo de la música pero ¿qué habría de esperarse de este mundo globalizado? Quizá una primer respuesta sería la forma en cómo se complementan los gustos musicales de distintas generaciones, enseguida de cómo estas se acompañan de letras, idiomas y tradiciones. Una última respuesta sería la fascinante oportunidad de ver en vivo a una banda de Yokohama, Japón un lunes por la noche en la colonia Doctores.

Teniendo presente esta teoría de la música global es que es más fácil identificar una serie de cuestiones que denotan en una crisis de lenguaje. Falta de imaginación, carcomer la imagen de lo femenino e incitar la violencia, son sólo algunos incipientes del mal uso de la palabra dentro y fuera de la música.

Por ello vimos hace unos días a un René Pérez (Calle 13) indignado por su supuesta participación en un festival encabezado por Maná. Por ello existe un sector de la sociedad que deduce que el “rock ha muerto”. Por ello hay artistas que engalanan su trabajo menospreciando el de otros (que hacen reggaeton, por ejemplo). Por ello la música en otro idioma que no sea el español parece otorgar cierto estatus.

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La diversidad en la música y como en otros tantos ámbitos, parece confundirnos en vez de permitir seguir conociendo. Los propósitos de la música nunca fueron ni serán el de dejar como legado una serie de estereotipos.

La indumentaria, las canciones descargadas, el tipo de boleto que compramos, las canciones que nos sabemos y las que no, la forma en cómo bailamos, la forma en cómo nos expresamos; ha sido producto manifiesto del mundo globalizado en el que hoy vivimos y padecemos. En efecto y como expuse al principio, la crisis del lenguaje no es exclusivo de la música y desde luego de la mercadotecnia. A mi juicio, se trata de un efecto de nuestra propia historia, sujeta a la tecnología y la malversación de los medios impresos.

En contraparte, fue inevitable la apertura – por decirlo de alguna forma- de la información y con esto la creación de nuevas formas de comunicación. Por suerte, esta coyuntura dio pie a muchas ventajas en el mundo de la música: la forma de comercializar y exponer proyectos nuevos fue más fácil. Los documentales sobre música tuvieron un nuevo giro que otorgaron mejores contenidos. La fotografía, la redacción e incluso el diseño gráfico se volvieron plataformas de impulso a fin de conocer nuevas bandas y claro, nuevos sonidos.

¿Qué decir de los festivales? La exigencia de nuevos espacios de fomento a la música, aunado a la diversificación de artistas, hoy nos permite tener festivales para todos los gustos. Así pues, el contenido musical ha crecido pero también ha cambiado y por desgracia hay un sector del público que aún se opone a las nuevas formas de consumo, quizá por nostalgia, practicidad e incluso por costos. Al final es válido y enriquece la cultura por igual. Nos muestra estilos y anécdotas de lo sencillo que era hacer música. Desde la poesía de Jim Morrison y Kurt Cobain hasta lo difícil que fue conseguir un vinilo de The Cure o de simplemente conocer un poco lo que fue la represión social en tiempos de Avándaro 71. Lejos de reconciliar al pasado con el presente, pareciera que sólo prevalece una búsqueda constante de autenticidad por encima del otro.

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El ejemplo más claro e instantáneo es el parafraseo que hay alrededor de la escena del reggaeton, donde ciertas personas e incluso artistas asumen la tutela de criticar de forma exacerbada todo lo que devenga de ese estilo de música. De los fans se ha hablado de sus condiciones de vida y hasta de su intelecto. Falso despotismo. En fin.

Ventajas y desventajas que no son casualidad pero sí consecuencia de una confrontación constante entre la diversidad de pensamiento. No hay verdades absolutas pero sí transformadoras. La crisis es un complejo de opiniones de las que todos quieren ser parte sin saber asumir sus consecuencias, para bien o para mal.

Hoy el espacio fue dedicado a la música, sin embargo, esta carencia de diálogo es ya un acontecer social. Hoy se habla del final de una era opresora y de estancamiento político pero lo cierto es que estamos en un punto de incertidumbre que inquieta a algunos y entusiasma a otros. Llámese música o política, el comparar y subestimar el juicio del otro es todavía una enfermedad que a todas luces parece contagiable.

Sin más, el tiempo ha evolucionado a la música pero ha segmentado a sus fans.

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