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Simulation Theory, la música más simple de Muse en 15 años

Hace veinte años, cuando surgió Muse, sus canciones eran concisas: cuatro minutos de hard indie rock con un gran coro. No había nada que asustara a los caballos en el excelente Plug in Baby o Time Is Out Out, pero en Knights of Cydonia y una sinfonía de tres partes llamada Exogenesis -por no mencionar los conciertos con drones- las cosas se pusieron ridículas.

“Generalmente puedo decir”, dice Matt Bellamy, su cantante principal, que habla a un ritmo imprudente, “que cada vez que vamos a una esfera operística y las letras se vuelven conspirativas, siderales— bueno, esas cosas desaparecen. “¿Disfrutas de eso, dado que su música trata sobre probar límites?” A nadie le gusta ser despedazado”, dice, desconcertado al ser cuestionado. “Pero tenemos una relación complicada con nuestros detractores y fanáticos incondicionales. Incluso ellos odian ciertas cosas. Esta cosa de amor y odio es algo que hemos aprendido a aceptar “.

Me pregunto si él y sus compañeros, Chris Wolstenholme (bajo) y Dom Howard (batería), que se conocieron en la escuela en Devon, entran en cada álbum y adivinan las canciones que la gente dirá “Oh, realmente han hecho un Muse allí”. Bellamy se ríe. Un hombre bajo y delgado con una chaqueta de motociclista roja y negra, es una gran compañía. Honesto y gracioso acerca de su banda de rock extravagante (un Spinal Tap para los fanáticos de Radiohead ), tiene una agradable conciencia de sí mismo, a pesar de ser el tipo de persona que imagina que estará muy decepcionado de pasar toda su vida sin conocer a un extraterrestre.

El nuevo álbum de Muse, su octavo, es la Simulation Theory. Es lo más simple que han tocado por 15 años, con temas como Get Up and Fight y The Dark Side que recuerdan la inmediatez de sus primeros discos, una prisa casi totalmente ausente en su excusión de 2015, Drones. Una canción es disco rock militar, otra muy parecida a Prince. Siguen siendo la banda menos sutil del mundo, con letras en gran parte sobre humanos como engranajes, pero esto fue un esfuerzo consciente, dice Howard, para “recortar la pelusa”, y los resultados solo embellecen la idea de que Muse no encaja tanto en un género como es uno. Es impresionante tener ese peso de dos décadas.

En una entrevista para su álbum de debut, Showbiz, Bellamy dijo que la esencia de sus letras -angustia, en su mayoría- proviene de la muerte de familiares y la separación de sus padres. Entonces, ¿qué le pregunto a este padre millonario de 40 años de edad, padre rock star de aquel que vive en Los Ángeles, cuál es la sustancia detrás de Simulation Theory? “¡Es casi una maravillosa falta de sustancia!”, dice, echándose a reír y sin dejar la carcajada. En un momento de la entrevista, rechaza una segunda taza de café porque “Me pondré nervioso”. Maldita sea.

De todos modos, la línea de “falta de sustancia” era solo una broma, dado que durante la elaboración de Simulation Theory no solo compró unos lentes de realidad virtual para jugar, sino que fue al festival de desnudez y amabilidad de Nevada, Burning Man, cuatro veces. “Es el sentimiento”, continúa, mucho más serio, “de reaccionar ante el panorama político y darme cuenta de que ya no quiero saber más sobre el mundo”. Se trata de querer escapar. Es un deseo de encontrar la diversión y el punto en mi propio cerebro cuando era un niño, y las cosas parecían maravillosas y fáciles”.

¿De qué en particular está tratando de retirarse? “La incapacidad de encontrar un terreno común”, dice. “Cuando enciendes las noticias, ves gente discutiendo todo el tiempo, y es un apagón. La gente se está retirando de comprometerse porque es desagradable. Una de las declaraciones políticas en el álbum es el hecho de que querer desengancharse con el debate es cada vez más atractivo que comprometerse con este”.

Histeria: Matt Bellamy en Glastonbury en 2016 BEN BIRCHALL

Dice que prefiere jugar un videojuego de Star Trek conectado a personas de todo el mundo, y su punto, supongo, es que si construimos relaciones desde la base, el futuro puede ser más amable. Eso es bonito, pero optimista. ¿Realmente alienta el desapego de la realidad? “No aliento la desconexión por el bien de la desconexión”, dice. “Pero animo a las personas a que recordar lo que es divertirse con otros que no tienen nada que ver con la mentalidad tribal”.

El problema con esta vaguedad positiva es que las canciones de Muse tienden a ser cooptadas por aquellos con quienes no están de acuerdo. Bellamy es un “libertario de tendencia izquierdista”, pero hace unos años, su estridente himno Uprising fue recogido por el experto político de derecha Glenn Beck para sus propios propósitos neoconservadores. Get Up and Fight podría ir de la misma manera, a pesar de ser sobre el cáncer del tío de Bellamy, pero eso siempre es un riesgo cuando una estrella del pop desafía el pensamiento político, sin embargo, no fija sus colores en ningún mástil político actual.

¿No podrías ser más específico? “Nunca me afiliaría a ningún grupo en particular”, responde Bellamy, como se esperaba. “Fundamentalmente, estoy en contra de la política de partidos. El concepto de partido es un secuestro de la democracia ”. ¿Cuál es la alternativa? “Exactamente. ¿Tengo la alternativa? No lo sé ”. Y desde allí se lanza a una especie de lista de deseos económicos para Gran Bretaña: cómo debemos pensar la política en tres dimensiones; la carta de Nolan; oscilaciones meta-modernismo; abolición de los señores; cómo “el concepto de naturaleza debe ser de propiedad estatal, activado a través de impuestos sobre el valor del suelo”. De acuerdo o no, simplemente no obtienes esto de los Kooks.

¿Vota? “Sí, pero yo voto por los más débiles”, dice, sonriendo. “Te daré una pista: tiendo a votar en la dirección ambiental”.

Dom Howard está vestido de negro desaliñado, con un corte de pelo semi-direccional. Él es el tipo de estrella de rock que señala físicamente cuando hace un punto, que es más bien David Brent, pero es un hombre que claramente vive su mejor vida, y ese entusiasmo es bastante contagioso. Le pregunto si alguna vez entiende de qué está hablando su viejo amigo Bellamy. “¡No tengo ni idea!”, dice, y no estoy seguro de que tanto bromea, pero son cercanos, ya que crecieron juntos en el trabajo más extraño posible.

“¿Qué ha cambiado?” Howard pregunta sobre su cambio del álbum Showbiz al showbiz real. “Éramos niños ingenuos, introvertidos. Autoconscientes, descubriendo cosas. Tomamos todo muy en serio y, en retrospectiva, la vida es demasiado corta. Entramos en el segundo álbum que necesita ser un poco más elaborado, y desde que abrimos esa puerta, bueno …”. Se ríe. Su álbum más reciente incluyó una canción de 10 minutos con un crédito de coparticipación para Edward Elgar.

“Yo estaba en un espacio más oscuro en ese entonces”, dice Bellamy sobre su avance. “Luego experimenté algunos cambios rápidos y violentos, porque durante la gira del segundo álbum, tenía que encontrarme con extraños todo el tiempo, y la gente te diría que te odian o te aman. Tienes que encontrarte en eso de alguna manera, y confrontar a miles de personas que esperan que seas bueno todo el tiempo en el escenario. Se hundió o nadó y, básicamente, logré mantenerme a flote”.

En vivo, Muse son ruidosos, terribles e innegables: tres hombres y muchos efectos especiales asombran los estadios de todo el mundo. Cuando los vi en 2007, en el nuevo Wembley, fue una maravilla, y el espectáculo solo se ha vuelto más complejo desde entonces. Bellamy dice que hay algo adictivo en probar cosas nuevas, y esa es la razón por la que Muse en 2018 no se parece en nada a los héroes indie deprimidos — Sonic Youth, Ned’s Atomic Dustbin, the Wedding Present — que adoraron en 1998.

¿Cuándo-pregunto-fue el punto de inflexión hacia esta extremidad? “Fue gradual”, dice Wembley, argumenta, era absurdo para ellos, luego se engancharon al encontrar el límite. Originalmente apuntaban a clubes y vibraciones sudorosas, pero una vez que te has metido en un estadio con un traje de LED en pilares brillantes del tamaño de un edificio, es difícil volver a jugar con Plymouth Uni.

Tal vez parezca divertido cuando Bellamy me dice que permanece oculto en un segundo plano en reuniones familiares, y que nunca quiso ser una estrella de rock, pero Devon no tenía muchos cantantes, por lo que no tenía muchas opciones. ¿Qué queda por hacer? Sacude la cabeza ante la idea de lo absolutamente inesperado: un disco acústico. “Me encantaría jugar a las pirámides egipcias”, dice.”Eso puede ser interesante.”

 Simulation Theory sale a la venta el 9 de noviembre.

Texto tomado de The Times

Jonathan Dean

 

#Bio101 – Hey Moetz

Hey Moetz es una banda formada apenas el año pasado que ha sorprendido con un sonido fresco y que se ha ganado el apoyo de grandes piezas de la industria musical local como Mario Sánchez, ex Austin TV que ahora los distribuye a través de Industrias Wio y gracias a él pudimos llegar a José quien nos respondió este pequeño cuestionario para conocer más de ellos.

 

 

1. ¿En qué momento la música se volvió parte de tu vida?

Creo que la música en realidad siempre ha sido parte de mi vida, solo que no me di cuenta hasta que me vi obligado a enfrentarlo. Siempre tuve la idea de que dedicarme a la música era algo malo, porque es una profesión que se sale del

contexto en el que siempre me he desarrollado. Hubo un momento en el que veía esa idea como un tabú, pero conforme fui creciendo y madurando entendí que nuestro tiempo aquí es incierto y que lo más importante es hacer lo que más disfrutamos. A partir de que decidí formar Hey Moetz, la música y todo lo que gira en torno a este proyecto se han vuelto la mejor parte de mi vida.

 

2. ¿Cuál fue tu primer instrumento y cómo llegó a ti?

Uno de los recuerdos más antiguos que tengo es el de una navidad en la que Santa (mis papás) me regalaron un teclado eléctrico con diferentes sonidos. En ese entonces yo no tenía ningún conocimiento musical, pero el hecho de descubrir lo que hacía ese nuevo “juguete” me resultó algo verdaderamente impresionante. Nunca me llamaron la atención los videojuegos ni los deportes, realmente cuando era niño nunca me sentí identificado con ninguna actividad de

entretenimiento hasta que descubrí los instrumentos musicales y todo lo que se podía lograr con ellos. Desde entonces me sentí atraído por cualquier objeto que emitiera notas y sonidos.

 

3. ¿Es el instrumento con el que te sientes mejor ahora?

No, de hecho hoy en día el instrumento que más toco es la guitarra, de cierta manera se volvió mi herramienta de trabajo al formar Hey Moetz. Desde siempre me visualicé tocando la guitarra en este proyecto, además de que se me hace el

instrumento más cómodo de ejecutar al momento de cantar y componer. Pero creo que si no estuviera en una banda, trataría de dedicar más tiempo a perfeccionar otros instrumentos como el piano o el violín.

 

4. ¿Quién es para ti el mejor músico de todos los tiempos y por qué?

Hace un par de años empecé a prestarle atención al trabajo de Freddie Mercury. En sí Queen nunca fue de mis bandas favoritas, pero estuve conviviendo mucho tiempo con una persona que es amante del grupo, y al escuchar más allá de sus

canciones populares me di cuenta de que este hombre era un músico con una profundidad impresionante. No creo que exista tal cosa como “el mejor músico”, pero sí genios musicales que merecen reconocimiento, independientemente si

eres fan o no. Y en el caso de Freddie Mercury considero que es uno de los cientos de músicos que han aportado algo sobresaliente a la historia de la música.

 

5. ¿Si pudieras hacer una colaboración con cualquier persona en vida a quién

eliges?

Sin duda a Matt Bellamy de Muse. Siempre me ha gustado meterme de lleno a analizar cada uno de sus discos, y cada vez me sorprende más cómo desarrolla el concepto de las canciones y como desenvuelve una temática en específico en

cada uno de sus álbumes; una de las cosas que más llaman mi atención son los discos conceptualizados. Aunque no diría que Bellamy es una influencia musical en mi banda, siempre ha sido una de mis motivaciones como persona, y en

definitiva es una mente con la que me gustaría trabajar algún día. Creo que siempre es bueno conocer cuál es el proceso creativo de las personas que admiramos, no para tratar de imitarlo, sino para alcanzar una perspectiva mucho

más amplia de lo que significa hacer música. Y sin duda las grandes mentes se encuentran en todas partes, no solamente en bandas internacionales; solo escuestión de buscarlas. Seguramente en cualquier banda nacional, especialmente de la escena indie, encontraría a muchos otros músicos con quienes disfrutaría colaborar.

 

Texto originalmente publicado en la versión impresa de El Heraldo de México, como parte de la colaboración #ElHeraldoRock101, búscala cada domingo en tu puesto de periódicos más cercano.

Metallica – ‘Hardwire… to Self-Destruct’

No importa cuánto tiempo haya entre cada disco de música original que se le ocurra a Metallica realizar, de cualquier manera siempre la marca en la que se ha convertido la llamada banda de metal más importante de la historia resultará un hit inmediato y no precisamente por la calidad del trabajo.

 

Vamos, se que se puede malinterpretar pero trataremos de ser lo más imparciales posibles, partiendo de que no hemos sido devotos fieles del grupo y que en su tiempo si despotricamos por el camino andado desde principios de los noventa, y que si bien no somos de los true-metal-headbangers-anarchist-antimaistream-diehardfans que echan en cara el paso de la banda después del cuarto disco, tampoco es que desde hace 25 años todo haya sido maravilloso incluyendo el disco negro.

 

¿Entonces por qué escuchar y reseñar un nuevo trabajo de ellos? Porque no creemos que toda reseña sea para alabar los resultados de algo, y siendo una marca comercial como lo son estos cuatro señores, pues nunca pasará desapercibido,  sobre todo cuando estas más allá del bien y del mal y puedes hacer lo que se te pegue la gana. Así le ha pasado a gente como los Rolling Stones, U2, Radiohead e incluso cosas como Muse. Que hagan lo que hagan ya están en zona de confort e importan más los discos en vivo, o si participan en defender al mundo, si hacen campañas en pro de asociaciones sin fin de lucro, con proyectos ultra viajados que solo un hipster-millennial puede comprender y etcétera. Para que se entienda, no está nada mal todo esto, pero cuando estas acciones rebasan lo esencial es que algo ya no camina bien.

 

Es Metallica señores, los que provocaron el nacimiento de uno de los géneros más nobles y frenéticos; y reivindicaron el camino del sonido conocido como heavy rock. Por eso es importante hablar de un producto de canciones nuevas sin proyectos sinfónicos, conciertos “prueba” para realizar una película o juntar a cuatro gigantes del género para lucirse y decir… nadie como nosotros, llorar a moco tendido en documentales para justificar un trabajo que dejó mucho que desear, trabajar con leyendas como Lou Reed y empeñarse en hacer cosas horrorosas sin que nadie diga nada, al final, son los cimientos de todo un género y los encargados de que el sonido denso y pesado del rock sea aceptado globalmente.

 

Ahora en la estrategia generan video de cada track y poco a poco lo van exhibiendo en la red. De nuevo el mercadeo por encima de lo esencial, algo que en su tiempo intentó The Sun con su ‘Blame It On The Youth’ al sacar el primer álbum con puros videos en lugar de tracks de audio, que obvio no resultó, pues no era una banda reconocida ni mucho menos. Metallica si puede hacer estas cosas y muchas más sin rasgarse las vestiduras, como tocar en medio del infierno, en lo más profundo del mar o en la Antártida en medio de un frio inaguantable. ¿Con que fin?… pues es Metallica y lo que haga será aplaudible y sobre todo redituable.

 

Y así conocimos ‘Hardwire’ como primer single y que sin ser algo brillante, Hetfield y compañía supieron hacer de lo viejo algo novedoso. ¿Hace cuánto no se sentía esa vibra de potencia en una canción de los californianos? La esperanza creció con ‘Moth Into Flame’, una muy buena combinación de melodía, riffs pegajosos, tiempo adecuado, coros y arreglos de muy buena talla. Después nos dan ‘Atlas, Rise!’ que al principio no sorprende y poco a poco nos imaginamos un muy buen homenaje a los viejos Xentrix en cuestión melódica y de duración extensa. Entonces decidimos dejar los videos de lado y escuchar mejor en si orden la obra ya que ha salido al mercado.

 

Pero nos encontramos con que no es una, sino dos partes. No sé si también en la estrategia de marketing y con el boom del vinil, esto haya sido totalmente premeditado, o como se rumora, por la duración de los tracks en donde la mayoría oscila entre los 6 minutos y algunos hasta más. Llega ‘Now That Were Dead’ y nos remonta a los tiempos del Load/Reload solo que se confirma ese deseo de volver a componer tracks eternos y poco a poco se siente que hay algo de más. En ‘Dream No More’ encontramos un riff a la ‘Sad But True’, con James intentando algo en la melodía que termina por ser algo genérico hasta el tiempo del puente donde hay un silencio, para entrar con un solo también poco brillante, y así se van otros seis minutos.

 

La primer parte concluye con ‘Halo On Fire’, la rola de más larga duración con 8 minutos y fracción; y Hetfield arriesgando con una melodía serena para ir aumentando la energía. Buen intento otra vez, pero de la misma manera la monotonía busca justificación en la última parte, aunado a la media velocidad en la que se desarrolla la base rítmica y preguntándonos de nuevo si Robert Trujillo esta en el campo o sigue en la banca, otra vez regresamos a los tiempos noventeros.

 

Por fin llegamos a la segunda parte y creemos que algo trascendente llegará con ‘Confusion’. Encontramos algo más progresivo y un riff más potente, pero Lars tiene algo que no termina por convencer a la hora de golpear los tambores. Todo a medio gas y muy cuadrado, se pierde la magia y hay que aguantar otros minutos de casi lo mismo.

 

Cabe resaltar que tampoco Kirk Hammet muestra algo retumbante en los solos, hasta ahora parece Hetfield y sus músicos. Eso sí, ya encontramos algo más cercano al ‘And Justice For All’ y ‘ManUNkind’ nos lo demuestra desde la intro, de nuevo el mid-tempo que los caracterizó desde el 91, mas atrevimiento en los cambios y James resaltando en la melodía, solo de lira promedio; y terminamos como al principio.

 

‘Here Comes Revenge’ nos da un riff furioso y una base muy a la ‘Enter Sandman’, de nuevo de lo suave a lo enérgico, pero ¿es necesario que dure tanto? Viene ‘Am I Savage?’ de la misma manera comienza como el AJFA pero en cámara lenta, seguida de un riff con crunch pero muy trivial, aquí sí, ni la melodía es tan memorable, vaya, una rola más y el punto más flaco del álbum. Restan dos temas y llevamos ya más de una hora en la duración, sinceramente llega a cansar un poco.  El penúltimo escalón es para el que abiertamente es considerado un homenaje póstumo a Lemmy Kilmister, principalmente en la lírica. Ritmo y melodía puramente rockeros y un solo nada destacable, de nuevo el track se convierte en cansancio.

 

Para finalizar, destaca que ‘Spit Out The Bone’ llega como agua en el desierto y nos despierta de lo que creímos culminaría igual que casi todo el trayecto. Como al principio, lo viejo se convierte en novedad y frescura. Una canción llena de potencia y velocidad, lo más puramente thrash de todo el viaje y que parece el as bajo la manga para cerrar dignamente el disco. Aquí los siete minutos y fracción no provocan sufrimiento.

La conclusión es que definitivamente Metallica por fin hizo un trabajo sin la necesidad de satisfacer a nadie más que a ellos mismos, por algo duran demasiado los tracks. Pasando por casi todas las etapas de la banda, destacando el tiempo del ‘And Justice For All’ con el de ‘Load/ Reload’. ¿Qué si es lo mejor desde el álbum negro? Sí. Pero tampoco es algo que pueda volarte la cabeza. De doce nos quedamos con seis, lo cual nos habla de algo promedio.

 

No faltaran los fans que perdonan todo y estarán más que gustosos afirmando que no hay nada mejor que este disco en los últimos años. Si verdaderamente les gusta el género, también sigan lo más reciente de Anthrax, Exodus, Testament y varios más de la vieja escuela. Entenderán el por qué Metallica decidió regresar de esta manera.

 

Corona Capital 2015. Primer día, segunda visión

Fotografías cortesía de OCESA

 

Una edición más del festival Corona Capital llego a su fin y con ello los recuerdos y ecos de lo acontecido comienzan a rondar nuestras mentes.

 

El reloj marcaba la 1:30 y arrancaban oficialmente las actividades con The New Regime, pero sin restarles valor e importancia el primer acto serio se presentaba en el escenario Corona Light y este corría a cargo de Wild Nothing. Jack Tatum y compañía nos deleitaron con su dreampop ensoñador combinando en su mayoría temas de ‘Gemini’ y ‘Nocturne’, además de un par de temas de su próxima producción.

 

El ambiente iniciaba un poco reservado por ser de los primeros actos del Festival, pero poco a poco iba levantando, sobre todo cuando comenzaron a sonar temas como ‘Only Heather’, ‘Nocturne’, ‘Shadow’, ‘Summer Holiday’  y ‘Paradise’ que fueron los temas más celebrados. Al final Wild Nothing cumplió y seguramente se hizo de muchos más seguidores quienes atraídos por la belleza y finura de sus temas quedaron con un buen sabor de oídos.

 

‘Alvvays’ eran los encargados de iniciar actividades en uno de los escenarios principales y lo hacíeron de buena manera, entregándose por completo a su pequeño pero ruidoso grupo de seguidores que corearon (y contagiaron) en todo momento los temas de su álbum debut, y haciéndonos olvidar por momentos el inclemente sol gracias a la frescura de su propuesta que gracias a la voz y encanto de Molly Rankin nos recordaba por momentos a Best Coast, Cults y más reciente a Wolf Alice. Los canadienses cumplían y cerraban con uno de sus temas estelares: ‘Archie, Merry Me’.

 

Para ese momento el número de asistentes se iba incrementando y los escenarios comenzaban a verse cada vez más llenos, tal es el caso del escenario Corona Light, que como segundo acto, presentaba una de las propuestas más interesantes de los últimos años: DIIV, a quienes un solo disco les ha bastado para estar en boca de crítica y público.

 

Tocando varios temas del fantástico ‘Oshin’ además de presentarnos temas de su nuevo álbum ‘Is the Is Are’, los lidereados por Zachary Cole Smith (miembro de Beach Fossils, quienes días antes se habían presentado en los actos gratuitos del Festival Capital) encendieron los ánimos con su ruidoso pero fino Shoegaze que con temas como ‘Doused’ y ‘How Long Have You Known?’ de inmediato se convirtió en uno de los mejores actos del Festival.

 

 

Las actividades continuaban con Humans, Benjamin Booker y Halsey y las grandes masas de público se hacía cada vez más evidente. El Escenario Corona presentaba en su tercer acto al dúo compuesto por  Caroline Polachek y Patrick Wimberly, acompañados por un par de músicos, quienes tocaron en su totalidad tracks de su nuevo álbum, dejándonos con ganas de escuchar mas temas de su fantástico y último disco ‘Something’. Aun así para los viejos fans no perdieron la oportunidad de regalarnos uno de sus temas clásicos y que a la postre resultaría de los más coreados, la genial ‘Bruises’. El synthpop armonioso y elegante de Chairlift se volvió perfecto para el atardecer que comenzaba a caer en la Ciudad de México.

 

Tocaba el turno de los legendarios The Psychedelic Furs quienes nos daban un recorrido por sus temas clásicos y demostraron que están más vigentes que nunca. La brecha generacional comenzaba a hacerse evidente en el público en uno de los actos nostálgicos del Festival. El post punk y new wave del grupo que lidera Richard Butler nos hizo viajar a través del tiempo con temas como ‘Love My Way’, ‘Heartbreak Beat’ y  ‘Heaven’.

 

El Corona Capital comenzaba a ponerse adulto y mientras propuestas como Goldroom y Kygo sonaban en el Escenario Doritos y Claro Musica Tent respectivamente, en el Escenario Capital se presentaba uno de los actos más interesantes del dia: Father John Misty, alterego de Josh Tillman antiguo miembro de los Fleet Foxes, quien traía bajo el brazo uno de los mejores discos del año, el ensoñador ‘I Love You, Honey Bear’, quien además nos deleito con temas de su primer disco el genial ‘Fear Fun’, demostrando el por qué es uno de los mejores actos Indie Folk que podemos encontrar hoy en día, perfecto para el anochecer sobre todo con temas como ‘I Love You, Honey Bear’ y ‘ Chateu Lobby #4’ entregándonos uno de los momentos más inspiradores del día.

 

Como en todo festival comenzaban las complicaciones por el empalme de horarios y se presentaban 3 actos bestiales: Richard Ashcroft, Run the Jewels y DFA 1979. El exlíder de The Verve llevaba la delantera por iniciar primero y no fue un error, pues a Richard Ashcroft solo le basto una guitarra y su presencia para cautivar a los miles de asistentes que crecieron con el Brit Pop como bandera y con The Verve como uno de los grupos pilares de ese movimiento o genero. Temas como ‘Sonnet, ‘Drugs Don´t Work’ y el himno generacional ‘Better Sweet Symphony’ hicieron llorar a más de uno, convirtiéndose así en uno de los actos más emotivos e inolvidables del Festival.

 

La distancia y el tiempo eran “enemigos” para tratar de alcanzar a otro de los actos imperdibles del Festival: DFA 1979, quienes estuvieron brutales con su dance punk ruidoso. El dúo canadiense compuesto por Jesse F. Keeler y Sebastian Grainger entregaron uno de los actos más bestiales y energéticos del día e hicieron que valiera la pena la espera por ver a los DFA 1979 en México.

 

Tocaba el turno de tomar otra decisión pero esta parecía un poco menos difícil, decidir entre Ryan Adams, Beirut o The Libertines, lo cual para muchos no representó mucho dolor de cabeza pues a pesar de que Ryan Adams y los liderados por Zach Condon eran propuestas atractivas, The Libertines eran el Festival Capital en sí, pues era su primera vez en México, y era algo con lo que miles de fanáticos soñában y que parecía imposible en algún punto del tiempo.

 

Es así como Doherty, Barat y compañía se apoderaban del Escenario Doritos y paralizaban por más de hora y media a los miles de asistentes que contemplábamos la respuesta británica de The Strokes, a los que influenciaron a los sobrevalorados Arctic Monkeys y The Vaccines. Post punk garage irreverente, una a una comenzaban a sonar sin piedad las rolas clásicas y legendarias: ‘Can´t Stand Me Now’, ‘Time for Heroes’, ‘Music When the Lights Go Out’, ‘What Katie Did’, ademas de temas de su más reciente producción provocaron la euforia y el éxtasis de todos los ahí presentes.

 

El Festival Capital lo volvía a hacer, cumplía una vez más como ya lo había hecho al traer a Pixies la primera vez, a The Strokes, Portishead, Beck, New Order, Queens of the Stone Age y demás bandas que al igual que The Libertines, nos dejaron una huella difícil de borrar. Después de ver a The Libertines, Muse y Porter Robinson no tenían nada que hacer ante el listón tan alto que los ingleses le habían puesto al Corona Capital.

Corona Capital 2015 – Día 1

Sexta edición y en continua renovación. Corona Capital ha seguido creciendo con pruebas y errores, sin embargo no podemos negar que en el 2015 agradecimos enormemente que el largo recorrido entre escenarios ya no fuera una prueba de resistencia, las camisetas a la salida con la leyenda “sobreviví a CC” en el 2015 ya no tuvieron sentido, eso nos hace abrigar la esperanza de que en algún momento los vendedores de cerveza y comida, que continuamente bloquean la vista o le brindan empujones al público, dejarán de ser tan importantes o la constante de todas las fotografías que tomamos.

Libres de contadores de pasos y amenazas de tormentas eléctricas (aunque en los alrededores del festival los vendedores de impermeables realizaban la danza de la lluvia), nos encontramos con un público diferente, dispuesto a bailar solo, sumarse a la idea de verano en pleno otoño con guirnaldas en el cabello e incluso ansioso por usar sus ojos, finalmente empezamos a notar una baja en el uso de teléfonos móviles para registrar todo (ahora somos los periodistas móviles los groseros con el teléfono en alto).

Como cada año, el cartel fue sumamente criticado, para algunos parecía no tener una cohesión, con headliners fuertes, cierta nostalgia y una serie de bandas que muchos desconocían, principalmente porqué no habían estado en rotación constante en las estaciones de radio locales. Afortunadamente Corona Capital decidió centrar su atención en otros medidores de popularidad, se enfocó en los proyectos que encuentran mayor aceptación en streaming, así nos dio la oportunidad de encontrarnos con diversidad de sonidos, alejándose del indie de diferentes nombres pero con estilos demasiado similares que aparecen más de 10 veces en la programación de 24 horas.

Aunque la mayor expectativa del primer día la generaron un grupo consolidado como Muse y el regreso de The Libertines, como siempre, lo mejor del festival ocurrió durante las horas previas. En esos mismos escenarios, durante el día encontramos la firme prueba de que una batería, una guitarra y un violín pueden crear un poderoso blues grasoso, Benjamin Booker se reveló con un solo disco y nos llevó a territorio cajún, NOLA en el oído con todas sus raíces en un solo nombre.

Ahí mismo, en el escenario que veía caer en cascada a las personas en la tirolesa, apareció el punk bailable de pocas pausas de Death From Above, el regreso de un dueto que tiene como característica dejarle un sabroso tinnitus al público. La misma sensación nos dejaron Run the Jewels y Diiv, dos propuestas que se aproximan a ese delicioso ruido que se siente en las entrañas desde el rap y el shoegaze, dos géneros que renuevan con su perspectiva.

Un programa bien pensado, indie para calentar el ambiente del festival, toques electrónicos para animar el ambiente y atardeceres cargados de nostalgia, pasiones humanas, poetas y marchas zapotecas. Las manos ondulantes de Richard Butler provocaron diversas emociones, The Psychedelic Furs nos llevaron por esa oleada de ideas musicales que nos hicieron vibrar tanto en el cielo como en el fantasma que llevamos dentro, derrochamos sin pena nuestros recuerdos de los 80, incluso aquel de la que era bella en rosa.

A partir de ese momento una zona del Corona Capital se desbordó con emociones acumuladas, empezando por Father John Misty, entregado a la interpretación de las palabras desde el momento en que inició ‘I Love You Honeybeay’; seguido por Ryan Adams en su versión de festival que no perdió por eso la intimidad poética que había derrochado días antes en el Plaza Condesa.

Mientras empezaba a cambiar nuevamente la atmósfera del festival, con The Libertines revelando ese tiempo para héroes que buscan lo simple en la complejidad que resulta de capturar la vida en los squats de Londres, apareció Zach Condon acompañado de Beirut, el proyecto que vía Nuevo México nos logró envolver en el punto donde las ideas convergen, desde las marchas zapotecas, lo barroco, el folk, aires balcánicos y lo electrónico, el grupo perfecto para enviarnos hacia el final de Doherty-Barat y el inicio de Muse, que afortunadamente dejó sus conexiones con HAARP y permitió que el cielo se mantuviera despejado.

Rock para estadio que sin parar nos llevó de ‘Psycho’ hasta ´Knights of Cydonia’, las teorías de conspiración encadenándose en serie mientras en otro lugar ya empezaba la euforia que nos depositaría en esa alegría bailable que escuchamos horas antes en Skylar Spence, Keisha y Kygo, Porter Robinson nos permitió cerrar con esa sonrisota que posiblemente no habríamos tenido si los kilómetros de años anteriores no se hubieran reducido.

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