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Bohemian Rhapsody, la gran hazaña de Rami Malek

Sin duda alguna, Bohemian Rhapsody es uno de los estrenos más importantes del año. La vida de Freddie Mercury lleva bastante tiempo en la fila de espera hollywoodense.

En 2010 se daba indicios de que el director Stephen Frears (High Fidelity, 2000), el guionista Peter Morgan (The Crown, Rush: Pasión y Gloria) y Sacha Baron Cohen (Borat, 2005) querían traer la historia del cantante, misma que reducían a la polémica de este. Fox abandonó el proyecto para que Sony lo intentara adoptar, sin embargo, las diferencias creativas se presentaron con los integrantes de Queen (sobre todo con el guitarrista, Brian May) porque la historia no iba sobre la banda. De las palabras de Cohen: “Nadie va a ir a ver una película donde el protagonista muere por el SIDA y luego sigues viendo a la banda”.

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El actor se terminó rindiendo y el proyecto regresó a Fox, en manos de Bryan Singer (la cabeza principal de las innumerables películas que hemos visto de los X-Men), quien fue desechado de inmediato tras rumores de pederastia en su contra. Eso no fue suficiente para Fox para retirarlo de los créditos, dejando al codirector Dexter Fletcher (quien fue la segunda opción para dirigir la película, pero por problemas de agenda con el entonces protagonista, Ben Whishaw, se retiró) fuera de pantalla.

Como quiera que fuera, ‘Bohemian Rhapsody: La historia de Freddie Mercury’ refleja el desastre de producción en pantalla. La trama se centra en el cantante de origen parsi e hindú, su entrada a Queen, hasta la llegada de la banda al concierto Live Aid.

Lo mencionado anteriormente es el problema del guion: peca de utilizar plot points importantes de la historia de Queen. Esto no sería así si entre ellos nos contaran algo, pero lo que se muestra en pantalla son meros adornos estilísticos y fan service. Por ejemplo, minutos se pierden en transiciones bonitas de la figura de Mercury junto a letreros que anuncian por cuales estados pasó su primera gira en Estados Unidos, cuando nos podrían contar qué pasó en esa gira y por qué fue tan relevante para la banda.

Todo se debe a que la historia carece de estructura, ya que carece de un desarrollo de inicio y de intermedio. La primera hora y veinte se gastan en momentos divertidos de los músicos, con diálogos graciosos para aclimatar a la audiencia para lo escabroso, lo cual nunca llega. Todos conocemos a Freddie Mercury, pero esto no es pretexto para no desarrollar al personaje en pantalla, mostrando sus motivaciones para ser cantante, sus problemas familiares o su proceso creativo. En cambio, el guion se encarga de presentarnos al joven Farrokh Bulsara, quien se encontró con su banda favorita después de una tocada, les propuso ser su cantante y llegó al éxito. Ese nivel de superficialidad maneja toda la película.

Dejando eso atrás, hay dos cosas que destacar: la primera de ellas, y la más importante, Rami Malek. El actor muestra realmente lo que es ser comprometido con un papel, más allá de las ordenes expresas de la producción. Se notan las clases intensivas de canto en Abbey Road (aunque al final su voz sea una mezcla de demos de Freddie Mercury y la de Marc Martel, quien tiene una voz similar a la del ex líder de Queen), las sesiones de coreografías y las gesticulaciones que dan personalidad a su interpretación. Malek demuestra que su rango actoral es similar al rango vocal de Mercury, más si lo contrastan con Elliot en Mr. Robot.

Lucy Boynton (Mary Austin, la primera esposa de Mercury), Gwilym Lee (Brian May), Ben Hardy (el baterista Roger Taylor) y Joe Mazzello (el bajista John Deacon) muestran química en pantalla, haciendo que sus personajes se desarrollen con su rango actoral. El resto del cast es una versión caricaturizada de la representación problemática de Freddie, dejando ver la censura por parte de Fox y del resto de la banda.

El segundo elemento destacable es la propuesta visual: la veracidad de la época se deja ver en escenarios, vestimentas y props; resaltando por completo la presentación en Live Aid, de la que se toman 12 de los 20 minutos de duración que tuvo su emblemática participación en el evento, que cuida hasta el más mínimo movimiento de los integrantes en escenario de Wembley. Otros elementos aportan a la narrativa, como el uso de iluminación cenital en personajes clave dentro de la vida de Freddie (padre, productor, amante); y otros más empeoran la situación, como la alta resolución que presentan las transmisiones a través de los televisores de la década de los setenta.

En conclusión, Bohemian Rhapsody no cumple con la expectativa creada por ocho años de espera. Algo que sabrán perdonar personas que apenas están siendo introducidas a la banda o grandes fanáticos de Malek, ya que lo que se presenta en pantalla es una bella ilustración sin la parte documental que requiere una biopic, dejándonos sólo un collage de los mejores momentos de Queen.

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